Mientras tanto, un día después de que Shiryu tomó el avión, Seiya está disfrutando de unas merecidas vacaciones junto a Saori en Venecia. Después de tantas batallas por salvar a Athena y al mundo, un descanso le vendría muy buen. Los primeros días, la pasaron muy bien, entre compras, turismo y noches en clubes nocturnos. Envidiable, sin duda alguna. Seiya no pensaba en ningún momento que algo malo podría surgir.

-Seiya¿podrías buscar el vino que dejé en la cocina?- preguntó Saori.

-Luego de que me bañe, lo haré.- dijo Seiya, mientras se acercaba a la ducha. Se alistaban porque esta noche iban a salir a una reunión que Saori tenía planeado con unos amigos.

De pronto, Saori se queda dormida. Y empieza a soñar sobre un mundo feliz, en el que ella y Seiya se amarían por el resto de sus vidas. Algo que Saori anhelaba en vida real, pero que todavía no se concreta. Se imaginaba una vida libre del peligro y de la muerte, algo ideal para ella. Pero como en toda aventura que los Caballeros del Zodiaco han tenido, pues ella era siempre la que tenía que ser salvada. Y de pronto por un segundo ve la imagen de Sebastián, con lo cual despierta algo asustada, como si se hubiera despertado de una horrible pesadilla. Ella mira a su alrededor, pero no pasó nada malo en donde ella estaba. Y decide buscar por si misma la botella de vino. Y justo cuando lo encuentra, se aparece una imagen ante ella. Y luego, ella desparece rápidamente, a la vez que se oye el sonido de una botella de vino impactando con el suelo.

Seiya sale del baño, pero no encuentra por ningún lado a Athena. Pero logra ver la botella rota. Y también un papel con un dibujo sobre la mesa. El dibujo lo logra reconocer, como si lo hubiera visto antes. Ahora, se dirige a un cuarto y saca la armadura de Pegaso, listo para rescatar a Athena, no importa donde estuviera. Luego de unos minutos, Seiya llega al templo. Pero se queda sorprendido de reencontrarse con un gran amigo.