Disclaimer: Todos los personajes y lugares que aparecen en esta historia pertenecen a J.K. Rowling; esta historia no está escrita con fines lucrativos.
Capítulo 3: "Y de nuevo, llegas tú"
A primeros de agosto los rumores de que Dumbledore pronto permitiría que Harry fuese a Grimmauld Place crecían con facilidad. Al parecer Ron había esperado hasta aquellos momentos para soltar un par de indirectas dirigidas a su hermana. Indirectas que la pequeña de los Weasley no se tomaba nada bien, precisamente porque eran demasiado claras y siempre se referían a lo mismo: aquel chico tan especial que le escribía a diario y, que por alguna razón, su hermano ya sabía quién era.
Lo que Ron hacía con toda su 'buena voluntad', Ginny lo tomaba como una excusa para empezar una discusión.
–¡No es asunto tuyo con quien salga o deje de salir! – las orejas de Ginny comenzaban a tomar un tono rojizo - ¡Te he dicho que dejes ya de meterte en mi vida!
–¡Claro que es asunto mío¡No pienso que ese imbécil sea bueno para ti y punto! – Ron se cruzó de brazos y se levantó de un salto de la cama de su hermana, donde se había sentado antes de que comenzaran a discutir de nuevo sobre lo mismo.
–¿Cómo puedes llamarlo imbécil¡Se supone que es amigo tuyo! – repuso Ginny indignada."¿Por qué tiene que molestarle tanto a Ron?".
–Precisamente porque es mi amigo y le conozco, no quiero que salgas con él.
A Ginny el último comentario la hizo ponerse aún más furiosa. "¿Dónde diablos puse mi varita?" se preguntó echando un vistazo rápido a la habitación.
–¿Qué pasa¿Qué no voy a poder salir con ninguno de tus amigos? – repuso ella distraídamente, sin darse cuenta de lo que estaba diciendo.
–Yo no dije eso – contestó Ron con una sonrisa. Ella solita había llegado al punto que él quería. – No todos mis amigos son imbéciles – aseguró calmadamente mientras volvía a sentarse en la cama.
Ginny miró a su hermano con el ceño fruncido, entendiendo perfectamente a dónde él quería llegar.
– Harry ya no me interesa de ese modo¿te queda claro? – ¿Por qué todo el mundo se empeñaba en recordarle que antes había estado enamorada de Harry? Ni tan siquiera ella pensaba que hubiese estado enamorada: "obsesiones de una cría" era lo que, según ella, había sentido por el niño-que-vivió durante los últimos años.
Sin embargo, aunque ella misma veía el salir con Harry como algo de lo más extraño, Ron llevaba días con el tema. Hermione también opinó al respecto, pero sólo una vez al ver el gesto de progresivo enfado que aparecía en Ginny cada vez que se tocaba el tema.
–A mí no me engañas hermanita –añadió Ron sonriendo aún – Aunque no lo creas, yo sé mucho del tema.
–Ah¿sí? –esta vez le tocó el turno de reírse a Ginny. – Pues déjame decirte que para ser un experto en el tema se te escapan muchos detalles ¿sabes?
–No te metas en mi vida –contestó él secamente – No sabes lo que dices, enana.
Ron debió evitar el último adjetivo, porque la calma aparente de su hermana se esfumó, consiguiendo que ella buscara frenéticamente su varita. Cuando la encontró se dio la vuelta y apuntó a su hermano, que volvía a estar de pie frente a ella.
– ¡Qué no sé lo que digo! Pues pregúntale a…
– ¡RONALD Y GINEBRA WEASLEY! – la señora Weasley entró como una exhalación al cuarto, seguida de Hermione, que miraba a los hermanos con resignación. No era la primera discusión que tenían ese verano, y sospechaba que tampoco sería la última.
Después de la riña de Molly los ánimos permanecieron calmados unos días, aunque ambos hermanos apenas se dirigieron la palabra. Su sistema de comunicación se basó en gruñidos y miradas de enfado que se lanzaban mutuamente.
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A pesar de lo poco que Fred y George les habían dicho sobre la llegada de Harry, aún tuvieron que pasar dos semanas más para saber algo definitivo.
Durante la cena de un caluroso 25 de agosto, el señor Weasley les confirmó que algunos miembros de la Orden irían a buscar a Harry al día siguiente. Los gemelos se ofrecieron voluntarios para la escolta pero el señor Weasley no aceptó la oferta, alegando que la razón de traer a Harry volando era para no llamar la atención y pasar desapercibidos, no para montar un espectáculo aéreo.
El 26 de agosto pasó muy rápido para todos, especialmente para Ginny, que lo había pasado terminando sus deberes a última hora, como siempre. Y que viniese Harry… pues tampoco le importaba mucho. Si él no había querido contestar a su carta allá él; a Ginny ahora le importaba más volver a Hogwarts.
¿Pero quién dice que uno no puede llegar a mentirse a sí mismo sobre lo que le importa o deja de importarle? Eso fue precisamente lo que Ginny pensó al ver entrar a Harry por la puerta principal: que se había mentido a sí misma si creía que lo que aquellos ojos verdes tuvieran que demostrarle no significaba nada para ella.
Lo observó desde las escaleras, viendo como todos le abrazaban y cómo él intentaba sonreírles en agradecimiento por la bienvenida. Ginny recordó uno de los tantos sueños que se habían repetido aquel verano y, temiendo su reacción, se acercó a Harry, que hablaba con Ron y Hermione. Sin embargo, todos los temores de la pelirroja desaparecieron cuando sus miradas se cruzaron. No estaba en sus ojos ni el resentimiento que ella temía, ni tampoco el dolor y la tristeza que esperaba ver. Aquellos ojos verdes por los que tantas veces había suspirado se hallaban, simplemente, vacíos.
–Hola – saludó Harry con voz queda. Y sin esperar a que ella le respondiera se adentró en la cocina, donde hacía un instante se habían metido Ron y Hermione.
Ginny se quedó allí de pie, como clavada en el suelo. Había pensado mucho en cómo estaría Harry, pero para nada se había acercado con su imaginación a lo que acababa de presenciar: un chico alto, mucho más delgado que dos meses atrás, con el pelo igual de alborotado que siempre… pero con un rostro que dejó ver por un momento al otro Harry, al que maduró bruscamente, al que se siente más solo que nunca…
La pelirroja sintió como un escalofrío se apoderó de su cuerpo, y deseó que los demás también se dieran cuenta de lo mismo. Porque Harry se encontraba ahora mucho más débil, más frágil que nunca y necesitaría de la protección y el apoyo de sus amigos.
"Tú no eres su amiga" le recordó una voz en su cabeza. Si fuera su amiga podría abrazarle sin dar explicaciones; un abrazo era lo que ella sentía que él podría necesitar… Pero si ni siquiera había esperado a que ella le respondiera al saludo¿cómo iba ella a acercarse para abrazarle?
La voz de su madre llamándola para cenar la sacó de su ensimismamiento.
La cena fue extrañamente tranquila. Nadie sacó el tema de Sirius, ni tampoco hablaron de las nuevas noticias acerca de Voldemort. Seguramente por Harry estuvieron hablando de Quidditch, de las asignaturas del colegio, de la tienda de los gemelos…Temas triviales para evitar que él se sintiese peor de lo que ya estaba. Aunque, cualquiera que no se fijara mucho podría decir que Harry era un adolescente flacucho al que seguramente le preocupaban cosas típicas de su edad y nada más. Porque esa era la imagen que Harry daba en aquel momento, una imagen totalmente diferente a la que había mostrado nada más llegar.
Ginny se pasó casi toda la velada sin poder dejar de mirarle, sin duda el tenerlo sentado en frente ayudaba a ello. De todas formas él estaba tan pendiente de la conversación de Quidditch entre Ron y su padre que ni se dio cuenta.
–Harry cariño, coge un par de trozos de tarta. No sé qué te habrá dado tu tía de comer este tiempo, pero estás demasiado delgado. – indicó la señora Weasley mientras partía la tarta y colocaba dos grandes trozos en el plato de Harry. – Así que cómetelo todo.
El joven esbozó lo que parecía el rastro de una sonrisa y comentó con burla que su primo Dudley había estado a dieta, por lo que él se vio obligado a comer lo mismo.
Cuando Harry terminó su postre se echó un trozo más, aquella tarta era lo más bueno que había probado en dos meses. Fue en ese momento: cuando él se inclinó hacia delante para coger el trozo de tarta y subió un poco su vista. Allí se encontró con los ojos castaños de Ginny, que le miraban fijamente. Ella, al sentirse descubierta, se sonrojó levemente y bajó la mirada al instante.
A Harry le sorprendió bastante esta actitud. Le recordaba a la época en que Ginny se ponía colorada nada más verle, un par de años atrás. Época que pensaba que ella ya había superado, según le dijo Hermione el año anterior.
El joven tuvo tiempo de perderse en esos pensamientos un rato después, cuando estaba en la habitación intentando dormir sin éxito, gracias a los ronquidos de Ron.
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El día siguiente comenzó siendo bastante extraño para Harry. Hermione se pasó la mañana ayudando a Ron con los deberes que aún le quedaban; Ginny desapareció de su vista tras el desayuno (por lo que él pensó que aún le quedarían deberes también), y de los miembros de la Orden sólo quedaba en la casa la señora Weasley, que iba de un lado a otro preparando algunas cosas para cuando los chicos volvieran al colegio.
Al principio ayudó a la señora Weasley con algunas cosas, pero al poco rato ella le dijo que no importaba y que ya seguiría ella. "Seguramente ni eso hago bien" se fue pensando mientras buscaba algo que hacer. No quería quedarse quieto porque sabía lo que ocurriría, sobre todo estando en aquella casa. Pero no encontró nada interesante que hacer (el aburrimiento en Privet Drive había conseguido que antes de su cumpleaños ya hubiese acabado con los deberes), así que fue a su habitación, donde Ron y Hermione hacían las tareas, cogió uno de sus libros y se marchó a otra habitación a leer.
Subió un tramo más de escaleras y se dirigió a la última puerta del pasillo, en esa habitación nadie le molestaría. Abrió la puerta con sigilo, no queriendo asustar al hipogrifo que aún vivía allí. Cuando cerró la puerta tras él se dio cuenta que allí había alguien más.
Ginny no estaba haciendo sus deberes como él había imaginado, estaba sentada en un rincón de la habitación, con Buckbeack echado a su lado. Acariciaba tan distraídamente la cabeza del animal que no vio a Harry hasta que él la saludó.
–Hola Ginny, no sabía que estuvieras aquí.
Ella al oírle se levantó de un salto.
–Hola – contestó acariciando al hipogrifo de nuevo, que se había sobresaltado por el movimiento brusco de ella. – Eh… ya acabé los deberes, así que me vine aquí para que mamá no me mandase limpiar algo más. – se volvió hacia Harry y acabó diciendo: – Creo que ya no debería esconderme más, podría enfadarse.
Pasó junto a Harry mientras se dirigía a la puerta. Él al principio no entendió por qué se marchaba, y en un intento por no quedarse solo añadió:
–Siento no haber contestado tu carta – con esas pocas palabras Harry consiguió que ella se volviese a mirarlo. Iba a explicarle por qué no le había escrito – Yo…
–No importa, Harry – interrumpió ella encogiéndose de hombros antes de desaparecer tras la puerta.
Él se quedó un poco decepcionado. Le hubiera gustado que ella se quedara allí y así poder contarle por qué no le había escrito de vuelta. Contarle lo difícil que había sido el día que recibió su carta, que estaba enfadado con el resto del mundo y que ella, sin tener culpa, también formaba parte de aquel mundo. Decirle que ni siquiera llegó a leer completamente la carta aquel día, sino mucho después, cuando su enfado y mal humor eran ya menores. También quería explicarle que para él fue una carta especial, y que si no se decidió a contestarla era porque habían pasado un par de semanas desde que la recibió. Pensó que ella estaría molesta y realmente no deseaba recibir una carta llena de reprimendas de ella…o aún peor, no recibir nada.
También le hubiera gustado que ella se quedara allí con él, aunque no hablasen de nada, sólo quería tener compañía a parte de Buckbeack, lo necesitaba. Pero ella se marchó, como evitándole…
Lo que él no supo era que para Ginny el significado de ese 'lo siento' era mucho más de lo que él podía imaginar. Había suspirado aliviada al salir de la habitación. Harry no estaba enfadado.
Bajó las escaleras en busca de su madre, pero vio primero a su hermano Ron que venía subiendo con Hermione. La etapa 'no me hables que te hechizo' ya había terminado entre los hermanos. Al fin y al cabo no iban a estar peleados siempre… se necesitaban demasiado para eso.
–¿Has visto a Harry? – preguntó Hermione.
–Sí, está con Buckbeack arriba.
Ginny iba a seguir bajando cuando su hermano comentó algo.
–Por la sonrisita que llevas imagino que Dean volvió a escribirte¿no?
Ella no contestó. Se quedó parada a la mitad de la escalera mientras los otros dos seguían subiendo.
Pero Dean aún no le había escrito aquel día, es más, no se habría acordado de él si su hermano no le hubiera mencionado. ¿Y entonces¿Por qué de repente ya no tenía tantas ganas de volver a Hogwarts para verle?
Hola! Siento muchíiisimo haber tardado tanto en subir el nuevo capi... pero esta semana estuve muy liada con el trabajo y justo ahora he podido conectarme a internet :S
Quiero daros las gracias a las que estais ahí, apoyándome y leyendo (a pesar del retraso jeje), un beso enooorme para todas (Neckna, Delaila, Sirenita, la-sifri, mune-potter).
Para el próximo capi os daré las gracias una por una, que hoy ya no tengo tiempo jiji.
Un beso!
NaSiRiD
