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CAPÍTULO 3: Maggie May
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A las nueve en punto, Ayaka traspasó el umbral del restaurante Chez Perrier que, por cierto, era un sitio precioso, con una decoración moderna sin resultar extravagante, todo en verde y marrón claro, con litografías de Gougain adornando las paredes y ramos de flores frescas por todas partes.
Llevaba un vestido azul celeste, de corte estilo años cincuenta, con una flor de tela color blanco prendida del tirante izquierdo, unos zapatos de medio tacón de charol blanco y un chal, también blanco, sobre los hombros. Para completar su atuendo, Ayaka se había puesto un collar de perlas y unos pendientes a juego, regalo de sus padres por su décimo noveno cumpleaños. La verdad era que estaba muy guapa pero, por desgracia, su cara era más propia de alguien que tiene una cita con un inspector de Hacienda que con su novio.
Le dijo al mâitre, un caballero alto y con cara de francés, ataviado con frac, que estaba citada con el señor Hiroshi Nakano.
- La está esperando, señorita – Y le hizo una seña a uno de los camareros para que la acompañara a la mesa.
Entraron en el comedor, donde un pianista, también vestido con frac, amenizaba la velada. Hiro, que la estaba esperando en una de las mesas sorbiendo una bebida, se puso de pie al verla y la saludo, sonriendo de oreja a oreja. Cuando Ayaka le vio, le entraron ganas de llorar.
Hiro llevaba un traje negro, que Ayaka no había visto nunca (De lo cual dedujo que se lo había comprado para la ocasión), camisa color mostaza y hasta se había puesto corbata. ¡Con lo poco que le gustaban a Hiro las corbatas! Parecía un galán de película. Ayaka se sintió la persona más despreciable del mundo. Hiro se había vestido así para gustarle a ella, incluso siendo, como era, tan poco amigo de la ropa formal, y ella sabía que no se lo merecía.
- Hola, cariño – Le dio un besito – Estás preciosa.
- Hola. . . – El camarero le retiró la silla para que se sentara.
- ¿La señorita tomará algún aperitivo?
- ¿Has probado el cóctel de champán? Está delicioso – Delante de los camareros, Hiro prefería utilizar palabras "finas".
- No, no me apetece nada, gracias – El camarero se retiró.
- ¿Seguro que no quieres probar el cóctel? – Insistió Hiro, que no estaba dispuesto a permitir que faltara de nada – De verdad que está riquísimo. Yo no lo había probado nunca, pero creo que a partir de ahora, me aficionaré, jeje.
- Seguro, seguro – Intentó sonreír, pero lo dejó por imposible.
Hiro le preguntó por su familia, si había tenido buen viaje, si estaba contenta de volver a verse y cincuenta mil cosas más, mientras se pasaba, de tanto en tanto, el dedo por el cuello de la camisa. Era evidente que la corbata le molestaba. Ayaka contestaba a todo con monosílabos.
- ¿Te gusta este sitio, cariño?
- Mucho – Pero ojalá no le hubiera gustado. Ojalá aquel restaurante fuera el tugurio más detestable del mundo, ojalá el pianista no tocara tan bien, ojalá no hubiera un jarroncito con flores adornando cada una de las mesas, así no se sentiría tan culpable. Ojalá estuviera en cualquier sitio menos en aquel. Hiro le acarició la mano por encima de la mesa y le susurró otra galantería.
El camarero volvió para traerles la carta.
- ¡Ostras, qué bueno tiene que estar todo! – Dijo Hiro, nada más abrirla. Todos los platos tenían nombre francés, y él no conocía ninguno.
"Oh, por favor¿es que no puedes estar un rato callado?" La incomodidad de Ayaka por estar recibiendo tantas atenciones inmerecidas, por estar rodeada de tanto lujo y, a la vez, en una situación tan incómoda, se iba transformando en una reacción inconsciente de agresividad contra Hiro.
Regresó el camarero para tomar nota.
- Yo tomaré. . . vichyssoise, y de segundo. . . crepes de bogavante con salsa de cangrejo – Hiro nunca había probado esos platos, pero intentó que su voz sonara como si los comiera todos los días. El camarero le intimidaba.
- Excelente elección, señor. ¿Y la señorita?
- Lo mismo – Contestó, cerrando la carta de golpe. No tenía ganas de pensar, y mucho menos de comer. El camarero recogió las cartas y volvió a retirarse.
Hiro estaba un poco amoscado. Las cosas no estaban yendo como él había previsto. Él pensaba que Ayaka iba a estar exultante de felicidad de poder tener una cena romántica en un sitio como aquel, como en las películas, o que por lo menos le dijera lo bien que le sentaba el traje, con lo que le gustaban a ella esas cosas (¡Y con el daño que le estaban haciendo los zapatos nuevos!) y, desde luego, no se esperaba tener que sacarle las palabras como si le estuviera sacando las muelas. Pero no se dejó desanimar. Ya reaccionaría al ver la sorpresa que le tenía preparada, jeje.
Les sirvieron la cena. Hiro siguió intentando animar la velada hablando sin parar. Lo malo era que, sin darse cuenta, insistía en que Ayaka que le diera alguna muestra de que estaba disfrutándola, preguntándole una y otra vez que si le gustaba el sitio, que si verdad que el pianista era muy bueno, que a que el restaurante estaba decorado con un gusto muy europeo, que si verdad que la comida era riquísima. . .
Ayaka, por su parte, no apartaba la vista del plato. No tenía nada de hambre, pero las pocas ganas de hablar y de mirar a Hiro a la cara la hacían llevarse los cubiertos a la boca una y otra vez, con un ritmo constante y mecánico. Se acabó la sopa y las crepes mucho antes que Hiro, y sin haber notado siquiera a qué sabían.
Cuando les trajeron el postre, carpaccio de frutas con salsa de frambuesa, Hiro decidió que era el momento de atacar.
- Tengo un regalo para ti – Anunció, poniendo cara de pillín.
- ¿Un. . . un regalo? Pero Hiro, no hacía falta. . .
- ¡Por supuesto que hacía falta! Es tu cumpleaños – Le hizo una seña al camarero.
- Hiro, todo esto es demasiado.
- Nada es demasiado para la persona que más quiero en el mundo – Proclamó, con sincero cariño - Ah, aquí está – El camarero había vuelto con un paquetito y se lo entregó a Hiro.
- Para ti – No había escapatoria, tendría que abrir su regalo.
- Em. . . muchas gracias – Sin dar ninguna muestra de alegría, Ayaka empezó a deshacer el envoltorio. Sintió un vacío en la boca del estómago cuando vio el estuche de la joyería y, al ver el contenido, estuvo a punto de salir de allí corriendo. Su regalo era una pulsera de oro y brillantes, muy sencilla, pero no por ello menos espléndida, preciosa, cuyas piedras brillaban a la luz del restaurante como sólo las gemas de primerísima calidad pueden brillar. Hiro, por lo visto, se había vuelto completamente loco.
- ¿No te gusta?
- Sí, sí. . . claro que me gusta. . . pero es que. . .
- ¡Pues aún hay más!
- ¿Más? – Preguntó Ayaka, presa del pánico. "Oh, dios mío. Espero que no se le haya ocurrido contratar a un violinista para que venga a tocarme serenatas o algo parecido"
- ¡Ta-naaaan! – Hiro había metido la mano en el bolsillo de su americana y ahora le mostraba lo que había sacado - ¡París! – Efectivamente, Hiro le estaba enseñando unos billetes de avión para París - ¿Qué te parecería pasar el próximo fin de semana en París, cariño? Como ni tú ni yo hemos ido nunca a Europa, he pensado que esta era la ocasión ideal. ¿Y qué mejor destino que París?
- Hiro, yo no. . .
- Y también he reservado una suite en un hotel. Seguro que a tus padres no les importará, con el tiempo que hace que salimos. Y si les importa, ya me encargaré yo de convencerles, no te preocupes.
- Hiro. . .
- También había pensado en Roma, pero en la agencia de viajes me dijeron que por estas fechas Roma está muy masificada y que hay que hacer unas colas eternas para entrar en cualquier sitio. Además, que París es la ciudad del. . .
- ¡Basta! – Gritó Ayaka, dando un golpe en la mesa. Varias personas sentadas cerca de ellos interrumpieron sus conversaciones y se volvieron a mirarles. Hiro se había quedado inmóvil, todavía sosteniendo los billetes, con cara de susto.
- Em. . . ¿Ocurre algo?
Ayaka abrió la boca como si fuera a decir algo, pero pareció pensárselo mejor y, en vez de eso cogió la copa de champán y se bebió lo que quedaba de un trago. Después empezó a tamborilear con los dedos sobre la mesa y a pasarse la otra mano por la frente. Se la veía muy alterada.
- No sé, Ayaka. . . Yo pensaba que te haría ilusión un. . .
- Esta tarde he ido a casa de Eiri y he intentado acostarme con él.
Hiro parpadeó un par de veces.
- Perdona. . . ¿Qué has dicho?
- He ido a casa de Eiri y le he dicho que quería acostarme con él, pero me ha rechazado – Hiro siguió sin reaccionar, esta vez sin parpadear siquiera – Lo siento mucho. Será mejor que me vaya.
Y Ayaka cogió su bolso y su chal, y se dirigió hacia la salida con rápidos pasos, dejando sobre la mesa el estuche con la pulsera, y a Hiro igual de inmóvil que antes.
-.-.-
Oh, Maggie I couldn´t have tried
Anymore (1)
Hiro no lloró, no tenía ganas de hacerlo.
Sólo notó el picor en los ojos cuando el camarero le trajo la cuenta. Se sintió tan ridículo al ver aquella cifra desorbitada, la guinda del cúmulo de sinsentidos en el que se había metido, que le entraron las ganas de llorar, entre otras cosas porque estaba seguro de que el odioso camarero, detrás de su cara profesionalmente inexpresiva, se estaba riendo de él. En cuanto le devolvieron la tarjeta de crédito, salió de allí incluso más deprisa que Ayaka.
Ahora caminaba sin rumbo por un parque francamente mal iluminado, aunque con bastante dificultad, porque los zapatos le seguían haciendo daño, con el nudo de la corbata deshecho y las manos en los bolsillos. Había preferido meterse allí porque le resultaba insoportable seguir en la calle, rodeado de gente por todas partes, mientras que a él le habían dejado solo de aquella manera.
Sentía una horrible sensación de vacío.
I know I keep you amused
But I fell I´m being used
Oh, Maggie, I couldn´t have tried anymore (2)
Claro que él ya lo sabía. Él siempre había sabido que a quien realmente quería Ayaka era a Yuki, pero no lo había querido reconocer ante sí mismo. Se lo había estado negando, absurdamente.
No le cabía duda de que Ayaka había intentado quererle, pero que, en el fondo, nunca había olvidado a Yuki. Por supuesto que lo sabía, igual que sabía que si Ayaka había empezado a salir con él fue, en gran parte, porque Yuki la convenció, y también para no sentirse tan sola y despreciada.
La misma soledad y el mismo desprecio que sentía él en ese momento.
You lured me away from home
Just to save you from being alone
You stole my heart, and that´s what really hurts (3)
Pero bueno¿qué demonios tenía el maldito Yuki Eiri que no tuviera él, a parte de la costumbre de tratar a todo el mundo a patadas, una mala leche que no había quien le aguantara y una adicción a la nicotina que rayaba en lo absurdo¿Es que acaso no se había comportado él como el mejor de los novios, no había hecho todo aquello por lo que las chicas suspiran¿Es que todo eso no había sido suficiente, o quizás él no era lo bastante bueno para la "Princesa Ayaka" y sus encopetados padres, que siempre le habían mirado por encima del hombro¿Por eso no había consentido nunca que le pusiera un dedo encima pero, en cambio, ofrecía voluntariamente su inmaculado cuerpo virgen al jodido escritor¡Pues al diablo con ella!
All you did was wreck my bed
And in the morning kick me in the head.
Oh Maggie, I couldn´t have tried anymore (4)
Poco a poco, la explosión de rabia se iba abriendo camino, pero no iba dirigida hacia Ayaka, sino hacia él mismo. Ni siquiera en esa situación podía creerse lo de "Al diablo con ella" Tenía que reconocer que Ayaka le seguía importando.
¡Mierda, pero qué estúpido había sido al montar todo aquel circo¿A quién se le ocurre intentar sobornar a su propia novia para que le quiera? Lo que más le irritaba era que no podía culpar a nadie más que a él, porque siempre había sabido lo que era evidente, pero no lo había querido admitir. Por eso mismo había querido llevar a Ayaka a un restaurante pijo, para dejarla con la boca abierta, y le había comprado todas aquellas cosas, cuando él era el primero que predicaba que no se podía comprar el afecto de nadie, y por eso se había puesto aquel estúpido disfraz de Rodolfo Valentino. ¡Maldita sea!
You made a first-class fool out of me
But I was blind as a fool can be.
You stole my heart, but I love you anyway (5)
En plena rabieta, se quitó la corbata de un estirón, y a punto estuvo de tirarla a una papelera, pero se detuvo justo a tiempo.
Bien pensado, era una corbata bonita, a rayas en diagonal rojas, negras y color mostaza. Sería una lástima tirarla. Se la podía regalar a su hermano, que ese mes tenía la boda de unos amigos y no paraba de quejarse del gasto que le iba a suponer hacerles el regalo y comprarse ropa adecuada, con lo mal que andaba de pasta. Mejor aún, que se quedara el traje entero, si es que le iba bien.
La verdad era que el traje tampoco estaba tan mal. A Hiro no le gustaba llevar traje ni corbata porque no se sentía a gusto vestido de esa manera. Si a otros les gustaba, pues mejor para ellos, pero él tenía la sensación de ir disfrazado. Pese a todo, cuando se vio en el espejo de la tienda, tuvo que reconocer que su aspecto no le desagradaba en absoluto. "En fin, algo útil habrá salido de todo esto."
Suspiró y volvió a colgarse la corbata del cuello. También tenía solucionado el regalo de cumpleaños de su madre, gracias a la pulsera que ahora le estaba quemando el bolsillo. A punto había estado también de dejarla encima de la mesa del restaurante pero, afortunadamente, pudo encontrar el suficiente sentido común en medio de su ofuscación como para no hacerlo.
El dolor en los pies empezaba a ser insoportable, así que decidió que lo mejor sería irse a casa, donde podría compadecerse igual de sí mismo pero, al menos, descalzo. Pero antes pasó por un lugar del parque que ya le era conocido. Allí encontró, como ya esperaba, a un par de chavales que vestían, hablaban y gesticulaban como si fueran los delincuentes más peligrosos del mundo, y que se quedaron bastante sorprendidos cuando aquel tipo vestido de etiqueta les dijo que quería comprarles 6500 yenes (6) de costo.
I suppose I could collect my books and get back to school
Or steal my daddy´s cue and make a living out of playing pool
Or fing myself a rock´n´roll band that needs a helping hand
También pasó por un supermercado 24 horas que había cerca de su casa y se compró tres paquetes de galletas de chocolate, otros tres de palomitas de microondas y un cartón de tabaco.
Oh Maggie I wish I´d never seen your face (8)
(1) Oh, Maggie, no podría haber puesto más de mi parte.
(2) Sé que te sirvo de distracción, pero me siento utilizado. Oh Maggie, no podría haber puesto más de mi parte.
(3) Me arrastraste lejos de casa tan sólo para salvarte de tu soledad. Me robaste el corazón, y eso es lo que realmente me duele.
(4) Todo lo que hiciste fue destrozar mi cama, y por la mañana darme un coscorrón. Oh Maggie, no podría haber puesto más de mi parte.
(5) Me convertiste en un idiota de primera clase, pero yo estaba tan ciego como puede estarlo un idiota. Me robaste el corazón, pero yo te quiero igual.
(6) 50€, aproximadamente.
(7) Supongo que podría recoger mis libros y volver al colegio. O robar la herencia de papá y pasarme la vida haciendo el vago. O buscar una banda de rock que necesite que les echen una mano.
(8) Oh Maggie, ojalá no te hubiese conocido nunca.
Maggie may es un tema de Rod Stewart, de su álbum Vintage.
AL FIN, AL FIN LO HE TERMINADO¡ He tardado, pero al fin lo he conseguido (Música triunfante) Aix, lo que me hace sudar esta gente. . .
Vale, dejémonos de tonterías y pasemos a comentar los rw:
Yuki: Sí, lo reconozco, este es un fic no apto para fans de Ayaka. Pero qué quieres, hija, es que no la puedo soportar. Siempre me he preguntado qué le habría hecho el pobre Hiro a la autora para que le enviara semejante castigo XDDDDDDD
Mochita-chan: Lo siento, pero no puedo darte pistas sobre el final porque le quitaría toda la emoción. Pero creo que el próximo capítulo también tendrá miga, jejeje.
Riwanon: Vale, creo que esto sí que lo puedo decir: No va a ser un KxHiro. Aún no lo tengo del todo decidido, pero tengo algo distinto preparado para Hiro. Espero que también te guste.
Cyrana Ann: Pues sí, al final a Hiro-chan le han roto el corazón, pobrete mío, snif. Y tienes razón, Yuki es sexy, sexy. . .
Sangomikarin: Sobre lo de la ojeada. . . Estoy en ello, estoy en ello, no te preocupes.
Daniela Lynxs: Ups, espero que no te hayan declarado persona non grata en el cyber. . . Ah, y respecto a tus fics, no me los estoy leyendo porque no conozco esas series. Lo siento T.T
Yaired: "Hiroesco-Esplendor" XDDDDDDDDD Muy bueno, de verdad. Espero que el tercer capítulo te haya gustado tanto como los otros (sonrisita)
Rikku-Tomoe: Saludo desde aquí a tu nuevo ordenador. Sí, soy una personita ocupada, pero no te preocupes que cosas como esa no marean, jejeje.
Me gustaría dar también las gracias a todas aquellas personas que me siguen enviando rw de otros fics, y que sepáis que me emociona muchísimo enterarme de que, por ejemplo, he podido ayudar a alegrar a alguien que tenía un mal día. Significa mucho para mí.
AH! Y muchísimas gracias a todos aquellos que me ayudaron con el asunto del plagio. Tan solo espero no tener que enfadarme nunca más con nadie por una cosa así, uf.
