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CAPÍTULO 4: My baby loves you II
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La cancioncita de su teléfono móvil despertó a Shuichi.
- Mmm, ñm, ñm. . . ¿Sí?
- Shu, soy Hiro – Sabía que a amigo había que darle más datos de lo habitual si acababa de despertarse.
- Ah, hola Hiro. ¿Qué pasa?
- Nada, sólo quería decirte que. . . – Vaciló un poco antes de continuar, pero luego lo hizo con firmeza, de un modo brusco y cortante que no admitía réplica – Que hoy no iré a trabajar. Diles que estoy enfermo.
- ¿Eeeeeeeeeh? Hiro¿qué te pasa¿Te encuentras mal¿Quieres que pase a verte? – Shuichi se sentó de sopetón en la cama, despertándose del todo.
- No, no te preocupes – Respondió, cortante. Se notaba que tenía ganas de acabar la conversación - Tú ve y acaba los arreglos con Suguru. Si alguien quiere algo, que me llame a casa.
- ¿Seguro? Entonces pasaré por tu casa a la hora de comer. ¿Necesitas que te traiga algo? Ya sé, pasaré por el super y te compraré. . .
- ¡He dicho que no, joder! – Hubo unos segundos de silencio al otro lado de la línea. Shuichi no estaba acostumbrado a que su amigo le hablara así, especialmente si no había dicho ninguna tontería – Perdona. . . – Hiro sonaba realmente arrepentido, y como si no acabara de encontrar las palabras adecuadas para expresarse – No necesito nada, Shu. Gracias.
- Hiro¿qué te pasa? – No valía la pena intentar disimular con Shuichi, se conocían demasiado. Suspiró.
- No me pasa nada, Shu. Es solo que. . . me apetece estar solo. Eso es todo. No te preocupes¿vale?
- Mmmm. . . Vale.
- Bueno, pues. . . Ya hablaremos. Adios.
- Adios, Hiro.
Hiro colgó el teléfono, apesadumbrado. Se quedó unos minutos mirando tristemente el aparato, sin pensar en nada en concreto.
"Maldito Yuki Eiri. . . Oh, mierda." Avergonzado de sus propios pensamientos, abrazó sus rodillas y apoyó la barbilla sobre ellas. Se había propuesto que no lo haría porque nada bueno podía derivar de eso, pero no podía evitarlo: En ese momento, Hiro odiaba amargamente a Yuki Eiri.
En otro tiempo, ante una circunstancia similar, lo primero que hubiera hecho Hiro hubiese sido llamar a Shuichi y pedirle que estuviera con él, algo a lo que sabía que el pelirrosa hubiera accedido en el acto. Shu, seguramente, no hubiera hecho nada más que meter la pata y decir todas esas cosas que no se deben decir en estos casos, pero su sola presencia y su cariño incondicional hubieran bastado para animarle. Sin embargo, ahora se veía obligado a apartar a su amigo de su lado porque sabía que, estando con Shuichi, no haría más que pensar en la persona hacía la que más rabia sentía en ese momento: Yuki Eiri.
Hiro era perfectamente consciente de que el escritor no era en absoluto responsable de lo que había pasado. Es más, estaba convencido de que Yuki debía de sentirse muy incómodo con aquella situación, (Es decir, todo lo incómodo que el rubiales era capaz de sentirse, o de sentir algo) pero para el caso, era lo mismo.
El resultado era que él estaba solo porque Ayaka y Shuichi, las dos personas más importantes de su vida, amaban a Yuki Eiri.
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Yuki volvía a su casa con un aspecto irreconocible: Iba en chándal¡figuraos! La explicación de este Expediente X era que, entre Tohma, Mika y Shuichi, le habían convencido para que fuera a correr un rato por las tardes, al menos uno o dos días a la semana, que tenía que cuidarse un poco, que estaba delicado de salud, y esa vida sedentaria que llevaba, todo el día metido en casa, sentado frente al ordenador o frente a la tele, no era lo que más le convenía. Además, que el rato que estuviera corriendo no podría darle al tabaco ni a la cerveza, que eso tampoco es que ayudara mucho.
Le habían hinchado tanto la cabeza entre los tres que al final había dicho que sí, que vale, pero que le dejaran en paz de una vez. Así que Yuki se había comprado un chándal y, todos los miércoles a las cinco, salía de su casa vestido de aquesta guisa, se iba al parque más cercano, y se pasaba la tarde leyendo el periódico cómodamente sentado en un banco, cigarrito en mano.
Pues lo que iba diciendo, que Yuki volvía a casa, reventado de tanto ejercicio, y al llegar al salón se encontró a Shuichi hecho un ovillo en el sofá, mirando fijamente la televisión apagada.
- ¿Disfrutando de la programación, Shu-chan? – Dijo, con sorna.
- Ah, eres tú, Yuki. No te había oído entrar – Respondió, casi sin mirarle.
Yuki alzó una ceja, extrañado. Qué raro, lo normal al llegar a casa, si Shuichi ya estaba allí, era que su koi se abalanzara sobre él al grito de "¡Yukiiiiiiii!", le tirara al suelo y empezara a mordisquearle las orejas. Pero esta vez su integridad física no había corrido peligro alguno, y eso sólo podía significar que lo del día anterior había tenido consecuencias.
- Oye, Shu. . . – Estaba a punto de dar explicaciones cuando se lo pensó mejor. No valía la pena adelantar acontecimientos. Tal vez lo que le pasaba a Shuichi no tenía nada que ver con lo de Ayaka, y de ser así, lo mejor sería que el cantante continuara ignorándolo - . . . ¿Qué te pasa?
- Aix. . . – Suspiró – Es que Hiro está triste. . . – Yuki empezó a sudar frío, todo lo que no había sudado mientras, supuestamente, hacía deporte - . . . y no quiere hablar conmigo.
- Vaya – "Uuuuuuuuuf" Yuki dejó de contener la respiración. La camiseta del chándal volvía a llegarle al cuello.
- He ido a verle hace un rato, pero me ha dicho que prefería estar solo.
- Bueno, pues a ver si así aprendes de una vez por todas que a veces en mejor dejar a la gente en paz cuando te lo piden.
- ¡Pero es que a Hiro no le gusta estar solo! – Protestó con energía el cantante, poniéndose de rodillas sobre el sofá - ¡Hiro siempre me lo ha contado todo, y ahora no quiere hablar conmigo! Eso es muy raro, Yuki. Le he preguntado si estaba enfadado conmigo, pero me ha dicho que no, así que no lo entiendo. Y Suguru también le ha llamado, pero a él tampoco le ha contado nada. Estoy muy preocupado, Yuki.
Shuichi acabó esta última frase con uno de sus adorables pucheritos. La inquietud de Yuki desapareció, convirtiéndose en una incómoda sensación pesarosa, en parte de culpa y en parte de compasión. Sentía que Shuichi estuviera tan preocupado por su amigo, especialmente porque él conocía los motivos que Shu había estado intentando averiguar con tanta insistencia pero, sobre todo, lo sentía por Hiro.
Nunca se había parado a pensarlo, pero la verdad era que Hiro le caía bien. Como no solía prestar demasiada atención a las personas que le rodeaban, Yuki no se había dado cuenta, hasta ese momento, de que admiraba sinceramente al guitarrista de Bad Luck. Sí, lo cierto era que admiraba a aquel melenudo que, pese a ser tan joven, había demostrado más de una vez tener la cabeza muy bien amueblada, y no sólo por su sensatez, sino también por su integridad y la generosidad que había mostrado siempre hacia sus amigos, cualidades de las que Yuki era perfectamente consciente de no andar sobrado.
Su actitud también le resultaba sorprendente. Hubiera sido mucho más fácil contarlo todo, acusar a Yuki de haber seducido a Ayaka con sus malas artes, y dejar que se las apañara con las consecuencias (O sea, lidiar con un Shuichi histérico, celoso y que le responsabilizaría del sufrimiento de su amigo del alma) Sí, hubiera podido valer como una especie de venganza. Pero, en lugar de eso, el chico había decidido quedarse a solas con su dolor, sin mezclar a nadie más, y Yuki no estaba seguro de si él se hubiera comportado con la misma nobleza en una situación así.
Vaya, ahora resultaba que el guitarrero había conseguido despertar esa parte de sí mismo llamada "conciencia", que Yuki tenía tan abandonada.
"En fin", suspiró, "Supongo que tendré que hacer algo"
Mientras la mente de Yuki andaba perdida en su examen de conciencia, Shuichi había vuelto a darle vueltas a la cuestión de la ansiedad que le estaba produciendo el bajón emocional y el secretismo de su amigo. Por eso, pese a que ya estaba acostumbrado al desinterés de su amante por sus temas de conversación, se indignó en sobremanera cuando Yuki, sin mediar palabra, salió del salón dejándole con la palabra en la boca.
- Es que además, fíjate, ni siquiera me ha dejado entrar en su. . . ¿Yuki¿A dónde vas¿Yuki¡YUKI¿ES QUE NO VAS A ESCUCHARME NI SIQUIERA CUANDO NO ESTOY HABLANDO DE MI!
Por su parte, Yuki se había metido en el dormitorio para cambiarse de ropa. Como no había sudado ni una miserable gota, no hacía falta ducharse. Bastaba con ponerse unos vaqueros, una camisa y cambiarse de zapatos. Una vez vestido, fue a la cocina y sacó de la nevera un pack de seis latas de cerveza.
Mientras tanto, Shuichi seguía dando rienda suelta a su enfado.
- ¡YUKI, ERES UN FRESCO¡COMO NO VENGAS AQUÍ AHORA MISMO Y ME ESCUCHES, ME VOY A ENFADAR DE VERDAD! –En medio de semejante rabieta, es normal que Shu se quedara paralizado de la sorpresa, con los puños en alto y una mueca de desconcierto cuando Yuki, que siempre hacía oídos sordos a sus protestas, volvió a aparecer en el salón, vestido de calle y con las cervezas en la mano. ¿Acaso había decidido que sí que le escucharía y se había provisto de una buena reserva de alcohol para hacerlo más llevadero? Bueno, eso lo podía entender, pero que se hubiera arreglado para la ocasión. . .
- Voy a salir – Anunció Yuki, incomprensiblemente.
- ¿Eing? O.O ¿Y a dónde vas?
- Pues. . . A hacer lo que tengo que hacer. . . supongo – Respondió en un tono entre burlón y melodramático, como si se estuviera cachondeando de sí mismo – Bueno, hasta luego.
Shu-chan ya se había medio habituado a la costumbre de Yuki de largarse sin dar ninguna explicación, o muy pocas, y el hecho de que se echara a la calle cargado de cervezas le hubiera preocupado de haberse tratado de cualquier otra persona, pero esta vez se quedó más o menos tranquilo. Extrañado, pero tranquilo.
Después de todo, un "hasta luego" significaba que pensaba volver. . .
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Si Hiro había accedido a abrir la puerta era sólo porque pensaba que Shuichi, cabezón como siempre, había vuelto para intentar que hablara con él. Así que, solito y falto de amor como estaba, decidió que le permitiría pasar pero que le dejaría claro desde el principio que hablarían de cualquier cosa menos de eso.
Pero¡oh, sorpresa, no era Shuichi, sino Yuki Eiri, tan alto y tan rubio como siempre, el que estaba plantado en el rellano de la escalera. Hiro no pudo disimular su fastidio.
Durante unos segundos, se quedaron los dos en el portal, Yuki con el semblante herméticamente inexpresivo y Hiro con cara de haberse comido un limón.
Al final, Hiroshi consiguió sobreponerse a su irritación y decidió que sería correcto pero rotundo con Yuki. Tampoco estaban las cosas para andarse con milongas.
- Buenas noches. ¿Ocurre algo? – Preguntó en tono petulante.
- No.
- Bien, pues entonces. . . Mira, no te lo tomes a mal, pero eres la última persona a la que me apetece ver en este momento.
- Me lo imagino. . . – Vale, Yuki parecía hacerse cargo de la situación, pero no se le veía con actitud de volver sobre sus pasos. Eso volvió a irritar a Hiro.
- Bueno, y entonces¿se puede saber para qué has venido? – "Porque si es para decirme que lo lamenta mucho y que siente lástima por mí, lo voy a mandar de una patada en el culo a su puñetera casa"
- Pues. . . – Yuki puso cara de no saber exactamente qué decir, y es que ciertamente no sabía qué decir. Al final, como único argumento, levantó las latas para enseñárselas a Hiro y puso cara de "Pues eso. . . Que traigo cervezotas. . ."
Hiro se lo pensó unos instantes. Hombre, mucho no es que le apeteciera tener en casa al rubiales, pero la verdad era que su gesto le había parecido bonito, lo de traer cervezas e intentar (muy torpemente) ser amable. Bueno, que pasara. Si la cosa salía mal, siempre podía decirle lo que pensaba de él: Que era un capullo egoísta y que no se merecía que le quisiera nadie.
- Está bien, pasa.
Debo decir que Hiro tenía un aspecto francamente malo. No es que fuera sucio ni que le oliera el sobaco, nada de eso, pero tenía unos marcados surcos grises bajo los ojos y ese color macilento en la piel propio de alguien que ha dormido poco y mal, a parte de una sombra de barba que le daba un aire de dejadez muy lastimoso. Como llevaba metido en casa desde la noche anterior, tampoco se había preocupado mucho del estado de su pelo, que llevaba recogido de cualquier manera con un pasador. Para completar la estampa, comentaremos que Hiro vestía sus vaqueros desgastados de andar por casa y una camiseta que ponía "Mi hermano fue a Londres y lo único que me trajo fue esta birria de camiseta".
Yuki siguió a Hiro hasta la sala de estar, que no tenía mejor aspecto que su dueño. Las persianas estaban bajadas y la única iluminación provenía de la televisión, que Hiro había dejado encendida pero le había quitado el sonido (1). La televisión estaba encarada por un sofá y una mesa baja llena a rebosar de cosas: Cajetillas de cigarrillos llenas y vacías, un paquete de galletas abierto, el mando de la televisión, un paquete de hojas de papel de fumar, el mando del vídeo, un par de mecheros, un cenicero repleto, un bol con palomitas, y un largo etcétera. Hacía calor y el aire estaba muy cargado, cosa muy comprensible porque, como ya he dicho, la casa llevaba casi 24 horas herméticamente cerrada.
Para explicar este abandono, tanto de su persona como de su hábitat, aclararé que el pobre Hiroshi había caído en el agujero negro de pensamientos autodestructivos y desprecio hacia uno mismo que suele acompañar a los desengaños amorosos. Se había atrincherado en su casa, intentando superar sólo aquella sensación de que, de repente, todas las metas que se había marcado en la vida habían perdido su razón de ser, se habían convertido en asuntos que ya no le inspiraban casi ningún interés. Su mente andaba perdida en oscuras y nada saludables reflexiones del tipo "Nunca me volveré a enamorar, nunca podré volver a sentir por nadie lo que sentía por ella", "¿De qué me sirve conseguir esto o aquello, si no puedo compartirlo con Ayaka?", "A Yuki Eiri es a quien todo el mundo quiere. De mí sólo se aprovechan. . ."
La llamada de Suguru le había enternecido, es verdad. Pese a sus primeras diferencias, los tres miembros de Bad Luck habían llegado a apreciarse sinceramente, y que el chiquitín se interesara por su estado de ánimo y le ofreciera su ayuda, cuando siempre se esforzaba por aparentar que no le importaba nada ni nadie excepto su carrera, le había emocionado. Aún así, decidió alejarse también de Suguru porque no estaba seguro de que el chaval, con su nula experiencia en asuntos amorosos y, siendo como era una persona que rechazaba rotundamente cualquier actitud que no resultara práctica (Es decir, algo como el mal estado mental en el que se encontraba Hiro en ese momento), hubiera sido capaz de entender su situación, por mucho que se esforzara.
Hiro no tenía ganas de hacer nada, ni era capaz de llevar a término ninguna de las pequeñas tareas que se había obligado a hacer. Sabía que quedarse sentado en el sofá mirando hacia ninguna parte y fumando sin parar era una mala idea porque entonces empezaba la espiral de pensamientos atormentadores y acababa llorando, pero cuando se decidía a hacer algo, no sabía qué podía ser ese algo, y se dedicaba a vagar sin rumbo por las habitaciones de la casa. Se sentía atrapado en su propia desgracia y acababa otra vez llorando. Lo único que quería hacer era dejar de existir momentáneamente, sólo un poco, pero dejar de existir hasta que desapareciera el dolor, la humillación y el desengaño. A veces se encontraba tan mal, que tenía la impresión de que si ese dolor no desaparecía pronto, no lo iba a poder soportar.
Los accesos de llanto eran intermitentes y más o menos cíclicos. Aparecían cuando la depresión llegaba al máximo nivel de la resistencia de Hiro, purgaban un poco su melancolía, y desaparecían tan suavemente como habían llegado.
Casi no había comido. Había sentido hambre en diversos momentos, pero su cuerpo se negaba a tolerar la comida. Sólo había picoteado palomitas, unas cuantas galletas y medio sándwich que se había preparado, pero la otra mitad había acabado en la basura.
También había hecho varios intentos de dormir. Realmente lo necesitaba porque estaba muy cansado, de cuerpo y de mente pero, en cuanto cerraba los ojos, le asaltaba la horda de reflexiones lúgubres y autodestructivas que había ido fabricando a lo largo de su encierro, y el tener esas cosas rondando por la cabeza de uno en el estado de semiinconsciencia que precede al sueño, donde todo se hace más grande, más abrumador, más negro, es todavía peor que enfrentarse a ellas despierto.
Y este es el Hiro con el que se encontró Yuki.
Al llegar a la sala de estar, Hiro no hizo ninguna ceremonia respecto al hecho de tener visita. Al fin y al cabo, él no había invitado a nadie. Se sentó frente a la mesa, en el suelo, con la espalda apoyada en el bajo del sofá, y cogió la guitarra que había dejado apoyada al lado. Yuki tampoco contempló ningún protocolo y se sentó, sin esperar a ser invitado a ello, en el otro extremo del sofá. Después dejó las cervezas en un hueco que encontró entre los trastos que había encima de la mesa, abrió una, y se limitó a observar el desorden que le rodeaba y como Hiro punteaba distraídamente la guitarra, como si estuviera sólo.
- ¿Y bien, Yuki Eiri? – Dijo por fin, dejando de tocar y quitándose el pasador del pelo para volver a recogérselo. Maniobra bastante inútil porque, casi inmediatamente, los mismos mechones rebeldes que antes le tapaban la cara volvieron a su posición inicial - ¿Has venido a contarme qué se siente cuando la novia de otro se abre de piernas frente a ti?
Yuki ni se inmutó. Peores cosas le habían dicho, y él ya esperaba que Hiro se mostrara hostil. Se limitó a dar un sorbo de cerveza antes de responder.
- Pues no, entre otras cosas porque tampoco creo que necesites que te lo explique. Las novias de otros van a tus conciertos y gritan que quieren un hijo tuyo. Sírvete – Y volvió a beber.
- Hnnnnnnnnn. . . – Hiro se enfurruñó como un crío de cinco años - ¿Ves? Esa es una de las cosas que hacen que todo esto resulte tan humillante. La cuarta parte de las mujeres de este país están deseando meterse en mi cama, menos la princesita Ayaka, que no me considera digno de ponerle mis plebeyas manos encima. No como a otros, hn – Agarró una lata de cerveza con un gesto lleno de rabia - ¡Bah! Incluso buscarme una civernovia hubiera sido más provechoso. Por lo menos me habría enviado fotos guarras y me hubiera hecho numeritos por la web-cam, glub, glub, glub, glub.
Yuki se lo quedó mirando en silencio. Qué lástima de chaval, estaba realmente hecho polvo. Hasta el punto de decir cosas que no pensaba en absoluto, como si lo único que le molestara sobre el asunto de Ayaka fuera la cuestión del sexo.
Como volvía a no saber qué decir, optó por no decir nada y dejó que Hiro siguiera rasgando la guitarra y dando largos tragos de cerveza. Sacó la cajetilla de cigarros.
- ¿Quieres? – Preguntó, maquinalmente.
- No, ya tengo los míos – Respondió el otro, muy digno.
Mientras Hiro buscaba su tabaco, Yuki se fue quedando poco a poco abstraído en su propia maraña de cavilaciones sobre el desengaño, el amor no correspondido, la decepción, el hecho de preguntarse una y otra vez por qué esa persona te ha traicionado, cuando tú sólo querías hacerla feliz. . . hasta que le llegó un olor extraño, pero conocido.
Volvió la cabeza hacia su anfitrión y comprobó que, efectivamente, Hiro, con la guitarra todavía sobre el regazo, se estaba liando un porro.
¡Ajá¡Ajajá! Vaya, vaya, vaya. . . Yuki se arrellanó en el sofá, con un brillo de intensa satisfacción en los ojos, pero esforzándose por no sonreír (Cosa qué, por una vez, le costó trabajo evitar) "Bueno, bueno, de lo que se acaba enterando uno. . ." ¿Qué pensaría Shuichi si viera lo que estaban viendo sus ojitos brujos¿Qué pensaría al ver que su amigo del alma, el poseedor tantas y tan valiosas virtudes, su modelo a seguir, su paño de lágrimas, el intachable Hiro, el que siempre encontraba las palabras justas para todo, fumaba porros¿Eh¿EEEEEEEEEEH?
"¿Y qué hubiera pensado – Le amonestó la voz de su conciencia – si te hubiera visto a ti cayendo redondo en el suelo de tu propia cocina, después de haberte pasado la noche emborrachándote solo en casa, como solías hacer hasta poco antes de conocerle¿EEEEEEEEEEH?"
Yuki se desinfló como un globo. Toda la satisfacción y la prepotencia que acababan de hincharle el pecho desaparecieron tan rápido como habían llegado. Se sintió bochornosamente avergonzado de lo que le acababa de pasar por la cabeza. Tan sólo esperaba no haberse sonrojado.
Hiro, mientras tanto, acabó de liarse el chino. Después de dar la primera calada, se lo ofreció a Yuki con un gesto, pero éste lo rechazó también mediante la mímica. Eso exasperó nuevamente al guitarrista. Hiro sabía perfectamente que su irritación no tenía ninguna razón de ser, pero aún, así el enfado seguía creciendo, y cuanto más lo pensaba, más se enfadaba. "Claro¿cómo va a fumar super-Yuki-menuda-polla-tengo esta porquería? Seguro que le da repelús y todo. Pijo de mierda. . ." Echó otro trago de cerveza. Estaba muy buena. Era una marca alemana que a Hiro no le sonaba haber visto nunca en el supermercado. Shuichi le había dicho algunas veces que Yuki era muy sibarita y que hacía la compra en un supermercado de productos de importación. "Por supuesto. Para el príncipe azul, sólo lo mejor. Todo lo bueno para él, hn." Y la elegante cajetilla de su tabaco, que tampoco era de una de esas marcas que suelen encontrarse en las máquinas de los bares, bien diferente del modesto tabaco negro que estaba fumando Hiro, no hacía más que afianzar esa percepción.
Cuantas más vueltas le daba a la cuestión, más asco le daba a Hiro toda la persona de Yuki en su conjunto. Llegó a la conclusión de que no le gustaba su ropa, que sus zapatos eran una horterada, que la manera en que se movía era afectada, pura pose de a-mí-me-la-sopla-todo, y que seguro que si su foto no saliera en las contraportadas, en la vida hubiera vendido un puto libro.
- ¿Sabes, Yuki Eiri¿Sabes lo que realmente me molesta? – Dijo, con una media sonrisa que era la expresión del desprecio más absoluto - No es el hecho de que tengas la desfachatez de venir a mi casa a traerme chucherías y a hacerme saber que cuento con tu apoyo moral y tu miserable compasión. Ni mucho menos. Lo que realmente me cabrea. . . - Hiro dio una enérgica calada y sacó el humo por la nariz. Cuando volvió a hablar, lo hizo con más energía - . . . es que después de todo lo que ha pasado desde que te conocí, todavía tengo que aguantar verte todos los malditos días con esa cara de amargado que llevas siempre – Hiro se iba calentando a medida que hablaba, y gesticulaba airadamente con la mano con la que sujetaba el porro - ¿Pues sabes lo que te digo, Yuki Eiri? Que no tienes ningún derecho a venir aquí a recordarme que tú también eres muy desgraciado, porque con todo lo que tienes, con tu cara bonita, tu mente privilegiada, tu dinero, tus jodidos coches de snov, con toda esa gente que te quiere, el diablo sabrá por qué¡no tienes ningún derecho a ser infeliz¡Así que ya lo sabes, yo no pienso confraternizarme contigo ni sentir ninguna lástima por ti¿Y sabes qué más te digo, Yuki Eiri? Que puedes coger tu mierda de compasión, tu tabaco rubio y tu cerveza de importación¡Y METÉRTELO TODO POR TU CULO DE MARICÓN!
La última frase de Hiro se extendió por la habitación como el hongo de una bomba atómica. Justo cuando su respiración estaba recobrando el ritmo habitual y su colapsado cerebro empezaba a procesar el hecho de que acababa de llamar "maricón" al novio de su mejor amigo, Hiro se dio cuenta de que Yuki tenía lagrimitas en los ojos y que, a juzgar por como apretaba los labios, estaba conteniendo un sollozo.
Ostras. . . Tal vez había ido demasiado lejos. Tal vez Yuki sí que tenía alguna razón para sentirse desgraciado. Una razón tan poderosa que no podía quedar del todo compensada ni siquiera por todas esas cosas por las que debería sentirse afortunado. Una razón que, como él desconocía, no tenía derecho a juzgar.
- Em. . . Esto. . . yo. . . Lo siento, me he pasado. . . Lo siento mucho.
- ¿Y qué coño es lo que sientes, a ver? – Contestó el otro, en un tono no menos airado que el que había usado Hiro antes - ¿A qué te crees que he venido¡Pues a esto, imbécil¡A que me insultes, a que te enfades conmigo y me escupas a la cara, si eso es lo que necesitas¡Maldita sea, concédete el derecho de enfadarte con alguien que no tiene la culpa de lo que te ha pasado por una vez en tu puñetera vida, como hacen todos los mortales! No tienes porque ser siempre tan jodidamente legal. ¡Venga¡Nos daremos un par de ostias, incluso, si es lo que te hace falta!
Esta vez, el que se quedó sin saber qué contestar fue Hiro.
- No – Respondió al fin – Con lo hecho polvo que estoy, para pegarme contigo tendría que usar la guitarra, y no pienso romperla – Dijo, abrazando maternalmente su instrumento.
Yuki, también más sereno, volvió a arrellanarse en el sofá.
- ¿Por qué no? – Preguntó, unos segundos después.
- Pues porque es una Fender¿no te jode? – Respondió Hiro, como si Yuki le hubiera hecho la pregunta más estúpida del mundo – Y suena que te cagas.
A partir de este punto, la conversación siguió por caminos completamente intrascendentes e inofensivos.
Discretamente, Yuki hizo durar su cerveza todo lo que pudo y dejó que Hiro fuera bebiendo una lata tras otra, de modo que, para cuando se acabó la bebida, Yuki había consumido dos de las seis cervezas y Hiro las otras cuatro.
El comer poco y beber mucho, ya sabemos todos lo que tiene. A Hiro le fue entrando la tontería y, cuando iba por la tercera lata, empezó a explicarle a Yuki, con la lengua bastante torpe, todos los cambios que haría si él fuera el presidente de la nación, que más de uno se iba a enterar. Después cantó un par de canciones acompañándose con su guitarra. . . y Yuki comprendió por qué los coros de Bad Luck los hacía siempre Suguru. Finalmente, se quedó dormido como un bebé con la cabeza encima de la mesa.
Con mucho cuidado, Yuki le quitó la guitarra de entre los brazos y lo acostó en el sofá. Hiro estaba tan cansado y tan amodorrado por la cerveza que no se enteró de nada. Entonces Yuki llamó por teléfono a su casa y le dijo a Shu que estaba en la de Hiro, que fuera para allá y que se quedara a dormir con él. Como era de esperar, Shuichi se puso muy nervioso y pidió explicaciones sobre lo que estaba pasando, pero Yuki se limitó a prometerle que ya le contaría, que Hiro ya estaba más o menos bien y que si quería ser útil, que se callara de una vez y viniera. Mientras Shu llegaba, Yuki abrió una ventana para que la habitación se ventilara un poco, que ya casi no se podía ni respirar de tanto calor y tanto humo, y recogió los envoltorios, cajas vacías y demás trastos que había por ahí.
De este modo, cuando Shuichi llamó a la puerta, ésta fue abierta por Yuki, que sujetaba una enorme bolsa de basura con la mano izquierda.
- Has tardado mucho, baka.
- Ya, es que. . . no encontraba ningún taxi.
- ¿Y no se te ha ocurrido pedir uno desde casa?
- No, es que estaba muy nervioso. ¿Qué le pasa a Hiro?
- Ya nada. Está durmiendo en el salón.
- ¿En el salón? – El extrañado Shuichi se fue hacia el susodicho salón, donde se encontró a su amigo durmiendo el sueño de los justos sobre el sofá – Yuki¿qué le ha pasado?
- Ya te lo explicará él mismo mañana – Pero incluso Yuki reconoció que era demasiado dejar a Shu-chan con aquella incertidumbre – Le ha pasado. . . algo con Ayaka. No te preocupes más porque, de todas maneras, lo único que le queda por hacer a tu amigo es aceptarlo y ya está.
- Ooooooooh.
Después de esta aclaración, Shuichi al menos pudo hacerse a la idea de cuál era el problema de Hiro, y lo sintió mucho por su amigo, ahora que podía imaginarse perfectamente cómo se sentía. Si él perdiera a su Yuki, también se sentiría muy mal. . .
Yuki observaba a Shuichi, que a su vez observaba a Hiro durmiendo la mona. La carita de pena que estaba poniendo el pelirrosa mientras miraba a su amigo le pareció una de las cosas más tiernas que se podían llegar a ver. Sintió una ligera punzada de envidia: Realmente, aquellos dos tenían mucha suerte de tenerse el uno al otro. Ah, si él hubiera tenido un amigo así cuando era más joven. . . Bueno, tal vez las cosas hubieran ido de otra manera.
Shuichi notó una mano acariciando su cabeza.
- ¿Uh¿Qué pasa, Yuki? - Yuki, pillado in fraganti en un momento de debilidad, reaccionó poniéndose nervioso y hablando con un poco más de brusquedad de la que era habitual en él.
- Estooooooo. . . Que lo cuides bien¿me oyes, baka? Y no organices ningún desastre de los tuyos. Ala, yo me voy – Y así, el azorado escritor agarró la bolsa de la basura y se fue de allí enfurruñado, como siempre que su koi le tocaba la fibra sensible.
Como estos exabruptos de su novio Shuichi ya los tenía muy vistos y sabía a qué se debían, el cantante sonrió y los mofletes se le colorearon de satisfacción, hasta que recordó que no era el momento de emocionarse por esas cosas, teniendo al pobrecito Hiro con el corazón roto (snif).
- Hirooo. . . Hiro-chan. . . – Susurró, acariciándole el pelo.
- ¿Eing? Ñm, ñm, ñm – Sin despertarse del todo, Hiro entreabrió los ojos, pero no fue lo bastante como para ser plenamente consciente de quién le estaba llamando ni para qué.
- Anda, vamos a la camita.
Y Hiro-chan, totalmente sonámbulo, se dejó conducir por su amigo hasta la habitación.
(1) ¿No lo habéis hecho nunca eso de dejar la tele encendida sólo para que os haga compañía? Yo sí, y hay que reconocer que es bastante deprimente T.T
(2) My Baby Loves You es una canción de Maceo Parker, de su álbum Dial: Maceo. No he usado la letra porque no me pegaba, pero la idea para este fic lo saqué de su canción, jiji. Se la recomiendo a todo el mundo, sobre todo si os gusta el funcky¡
UEEEEEEEEEEEEEEEE¡ Tras más de un mes de inactividad, tras superar un constipado de verano e incidencias varias, por fin lo he finiquitao¡ FIESTAAAAAAA¡
Vale, voy a ponerme un poco seria, ejem, ejem.
Disculpadme si esta vez no contesto los rw. No es q no quiera jugarme el físico quebrantando la supuesta nueva regla absurda del ff, es q tengo muchas cosas por acabar todavía y quiero ir al lío, jiji (gotita de sudor).
Bueno, pues el próximo creo q ya será el último. Pero aún estáis a tiempo de hacer sugerencias, reclamaciones, críticas, etc. Venga, que este gran invento de los hits me ha permitido ver q hay bastante gente q lee y no se anima a comentar. Comentad, hombre, comentad¡ Q hace mucha ilusión y ayuda mucho¡
Venga, nos vemos en el próximo¡
ADIOSITOOOOOOO
