ADVERTENCIA: Este capítulo contiene un pequeño spoiler sobre K. Se trata de algo completamente inofensivo y creo que no pasa nada si se lee (Si no, no lo habría puesto), pero yo aviso por si acaso, no se me vaya a enfadar nadie. Si alguien decide que no quiere leerlo, basta con que se salte la parte en la que sale K, que tampoco pasará nada. . . A parte de que se perderá el trozo que creo que me ha quedado más gracioso, jujuju.
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CAPÍTULO 5: Consuélate. . . quieras o no
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Se despertó con un sobresalto cuando algo suave y calentito se enroscó alrededor de su cuello, seguido de un cosquilleo en la barbilla.
Abrió los ojos, desconcertado, e intentó incorporarse, pero no pudo porque tenía a Shuichi ( ¿Qué estaba haciendo Shuichi en su cama? Es más¿qué estaba haciendo ÉL en su cama? ) abrazado al cuello, y lo que le había hecho cosquillas era la mata de pelo rosa de su amigo.
- Shuichi. . . – Le movió un poco para despertarlo.
- Mmmm. . . Kumagoro-chan. . . jujuju.
- Shuichiiiiiii. . . – Nuevas sacudidas.
- Msmnñ, zzzzzzz. . .
- ¡Shuichi!
- ¿Eh¿Eh¿Eh¿Qué pasa?
- Eso digo yo. ¿Qué estás haciendo tú aquí? Sin ningún ánimo de ofender, que conste.
- Oh, bueno. . . Yuki me llamó anoche por teléfono y me dijo que me quedara a dormir contigo – Respondió el cantante frotándose los ojos.
- Urgh. . . – Hiro se dejó caer hacia atrás en la cama.
Qué vergüenza. No había sido suficiente pérdida de prestigio que Yuki le viera en aquel estado lamentable, por no mencionar las barbaridades que le había dicho, sino que encima se había quedado KO a causa del alcohol y el rubiales había tenido que buscarle niñera. Oh ¿pero por qué¿Por qué le dejó entrar en su casa?
- Hiro. . . – Le llamó una vocecita tímida.
- ¿Qué pasa, Shu?
Shuichi también volvió a acostarse, acurrucándose al lado de su amigo.
- Yuki me dijo que te había pasado algo con Ayaka. . . pero no me ha dicho el qué.
Hiro sonrió tristemente. En fin, habría que contarlo tarde o temprano. Se acostó de lado para mirar a Shuichi y apoyó la cabeza sobre la mano izquierda.
- Pues, verás. . . Ayaka me confesó que había ido a casa de. . . a vuestra casa, y que había intentado, digamos, "seducir" a Yuki. Pero no empieces con tus ataques de histeria, Shuichi, porque no pasó nada – Se apresuró a aclarar, cuando vio que los ojos del cantante empezaban a abrirse desmesuradamente – Yuki se la quitó enseguida de delante y entre ellos no hubo ningún tipo de intercambio de fluidos. . . Porque Yuki no quiso, claro – Y Hiro volvió a tumbarse de espaldas, mirando al techo con los brazos detrás de la cabeza.
- Oh, Hiro. . . – Dijo Shu-chan, tras unos segundos de incertidumbre, y se abalanzó otra vez sobre su amigo para volver a enroscar los brazos alrededor de su cuello – Lo siento mucho, mucho. . .
- Bueno, bueno, ya está – Respondió el guitarrista, dando unas palmaditas tranquilizadoras en el hombro que Shuichi le estaba clavando en la barbilla – Las cosas han ido así y no se puede hacer nada. En realidad, yo ya sabía que Ayaka seguía enamorada de Yuki.
- ¿Uh¿Lo sabías?
- Sí, la verdad es que sí. Pero no quise verlo – Dijo, volviendo a sonreír y sentándose en la cama – En fin, UAAAAAAAA, supongo que peor hubiera sido que me lo hubiese ocultado. Ahora no me queda nada más por hacer que aceptarlo y seguir adelante, poco a poco. Del mismo modo que a Ayaka no le queda más remedio que aceptar que Yuki está enamorado de otra persona¿verdad? – Muy a su pesar, Shuichi notó como la cara se le iba enrojeciendo hasta la punta de las orejas. Aix¿cuándo conseguiría controlar la emoción que le producía el oír decir que Yuki le quería, sobre todo en situaciones tan inapropiadas como aquella?
- JA JA JA JA – Hiro se rió con ganas de la reacción de su amigo. Ya era completamente de día. Por la ventana entraba bastante luz y el sonido del tráfico, la gente, los pajaritos. . . - ¿Qué me dices, Shu¿Un bañito?
- ¡Siiiiiiiiiiii¡Bañitooooooo!
-.-.-
Mientras preparaba el desayuno (Por nada del mundo hubiera permitido a Shuichi acercarse a los fogones. Aún le quedaban muchos años de hipoteca y no quería tener que pagar por una casa quemada) Hiro escuchaba a Shuichi hablar por teléfono con Yuki.
- . . . Ah, pues está bastante bien. . . Sí, sí, lo que tú decías. . . Sí, te lo dejaste aquí. Estaba encima de la mesa. . . Pues nada, hemos dormido hasta tarde. . . Sí, en su cama, sí. Y nada, luego nos hemos dado un baño y hemos estado chapoteando. . . Sí, juntos, clar. . . ¡Jo, Yuki¿Y ahora por qué me gritas? Snif. . .
A Hiro se le escapó una risita cuando sacaba los huevos fritos de la sartén. Vaya, al final iba a resultar que Yuki Eiri era humano, después de todo.
-.-.-
Como suele pasar con las cosas que no son asunto de nadie salvo de los interesados, la ruptura entre Hiro y Ayaka fue una noticia que se extendió como la pólvora entre el personal de NG Records.
Al ser Hiro una persona muy apreciada por todos los empleados con los que trataba (Por ser un chico muy educado y no dárselas de divo), el guitarrista casi no podía dar un paso sin que alguien le dirigiera unas palabras de apoyo. Hiro se lo agradecía, claro está, pero hubiera preferido que no lo hicieran. Cada vez que alguien le preguntaba cómo se encontraba o le decía que se animara, le hacía volver a pensar justamente en lo que estaba tratando de olvidar, y aquella sensación de tristeza no acababa de desaparecer nunca.
Incluso Tohma se permitió bajar momentáneamente de su trono de grandeza para solidarizarse con el chico.
- Ah, Nakano-san¿cómo se encuentra? Últimamente le he visto algo alicaído. Empezaba a preocuparme por su salud. . . y su rendimiento.
Muy propio de Seguchi eso de hacer ver que el motivo de su inquietud era un posible descenso en la productividad de su subordinado. Pero hubo algo, un ligerísimo, casi imperceptible matiz en la expresión de su cara y las inflexiones de su voz, que le hizo pensar a Hiro que el presidente se estaba interesando sinceramente por él. Como persona, no como músico a sus órdenes.
- Estoy bien, Seguchi-kun. Gracias por preguntar.
- Lo celebro, entonces. (Sonrisita) En fin, Nakano-san, si por casualidad necesitara usted algo. . . cualquier cosa. . . ya sabe dónde estoy.
- Se lo agradezco mucho, señor.
- Fantástico, fantástico – Respondió Tohma, retomando su papel de Qué-importante-soy-y-qué-bonito-es-vivir – Ahora si me disculpa, Nakano-san, tengo a unas personas esperándome en la sala de reuniones. ¡Que tenga usted un buen día!
- Buenos días, Seguchi-kun.
En cuanto a su entorno más cercano, las reacciones fueron efusivas, en algunos casos sorprendentes, y no siempre acertadas. . .
Shuichi ya había sido aleccionado por su amigo de que prefería no tocar el tema, así que el pelirosa, obediente, no volvió a mencionar en presencia de Hiro el nombre de Ayaka. En cambio, se pasaba el día haciendo el mono delante de su amigo, con la intención de hacerle sonreír. Total, que cuando Hiro veía a su amigo de la infancia sacando la lengua y haciendo muecas delate de su cara para provocarle la risa, volvía a recordar que tenía un gran motivo para estar triste y por el cual Shuichi tenía que esforzarse para provocarle un momento de hilaridad.
Por su parte, Suguru reaccionó desarrollando un sentimiento de profunda animosidad y desprecio hacia Ayaka. No tenía para ella nada más que insultos: Que si era una fresca, una sinvergüenza, una traidora, una perraca. . . Hasta el punto de que el mismo Hiro tenía que decirle que vale, que ya estaba bien, que tampoco hacía falta pasarse. Lo malo era que a Suguru, cuando empezaba por aquel camino, se le calentaba la sangre y seguía con su retahíla de reproches hacia Ayaka, aunque Hiro le hubiera pedido ya que lo dejara, y la cosa solía acabar en una discusión entre el teclista y el cantante de Bad Luck.
- ¡Qué te calles ya, Fujisaki! – Le gritaba Shuichi, al ver que a Hiro se le entristecía el rostro.
- ¡Me callaré si me da la gana¿No te fastidia, el payaso este?
- ¿A quién llamas tú payaso, niño de papá?
- Pues a ti mismo, pa-ya-so, que además te has pasado todo el ensayo desafinando como un borrego.
- ¡Te voy a. . .!
- Venga chicos, no os peleéis. . . – Acababa pidiendo Hiro, con voz cansada. ¿Cuándo se iba a olvidar la gente de aquello?
El encuentro con K fue especialmente rocambolesco. El americano empezó proponiéndole, a la salida del edificio de NG Records, que se fueran los dos a tomar unas copichuelas para alegrar el cuerpo y el espíritu.
- Le agradezco su oferta K, pero la verdad es que no me apetece mucho. . .
- ¡Venga, venga chaval, no seas tonto! Estás en la flor de la vida y tienes que disfrutar, caramba. Ya verás, te voy a llevar a un sitio que está lleno de churris (1), JE JE JE – Y agarrando a Hiro por el brazo, se lo llevó casi a rastras hasta su coche.
Acabaron en un bar decorado con un estilo que pretendía imitar el de los bares de country norteamericanos y en el que las camareras llevaban unos uniformes de cheerleaders bastante horteras. Se sentaron en la barra, donde enseguida fueron atendidos por una camarera a la que el uniforme le sentaba especialmente mal y que les llamó "guapitos". Sin preguntarle qué le apetecía tomar, K pidió dos whiskis con hielo.
- ¿Qué te había dicho, eh? Todo un mar lleno de peces, JUA JUA.
Hiro echó un receloso vistazo a su alrededor. Efectivamente, el local estaba lleno de "churris". Desgraciadamente, todas tenían la edad de su manager, o incluso más, e iban pintarrajeadas como monas y con ropa que les quedaba demasiado ajustada, en un intento de resultar atractivas. Era imposible que aquellas mujeres inspiraran a Hiro algún tipo de emoción, a parte de lástima.
- Mira Hiro, como tú y yo ya nos conocemos bastante bien, te voy a hablar en confianza. Todo ese rollo de la fidelidad es, en realidad, algo muy subjetivo, got me?
- Pues la verdad, K-san, no sé si le entiendo. . .
- Lo que quiero decir, Hiroshi, es que vivimos en una sociedad que está obsesionada con la fidelidad y el celibato, cuando al mismo tiempo nos bombardea con todo tipo de estímulos que nos empujan a lo que se suele llamar "libertinaje". En realidad, las cosas son mucho más sencillas.
- ¿Ah sí?
- ¡Y tanto! Verás, te voy a hablar desde mi propia experiencia. No sé si sabrás que yo estoy casado.
- Sí, algo había oído. . .
- Pues eso. El caso es que desde el principio, Judy, mi mujer, y yo, dejamos las cosas bien claras. Y los dos llegamos a la conclusión de que todo lo que se haga de mutuo acuerdo, está bien.
- Entiendo. . . – Dijo Hiro, que en realidad no tenía ningunas ganas de seguir con aquella conversación.
- No, no, no, no, chaval. A mí me parece que sigues sin entender. Mira, desde el primer momento, yo le dije a Judy que no podía prometerle que ella sería mi única mujer, y ella contestó que le parecía fantástico, que ella tampoco tenía ganas de atarse a un solo hombre.
- Esto. . . No quisiera ser impertinente pero. . . Entonces¿por qué se casaron?
- ¡Porque lo importante es lo que hay aquí, my friend! ¡AQUÍ! – Contestó el americano, golpeándose el pecho con el puño izquierdo como si fuera King Kong – Verás, yo quiero a mi mujer y sé que ella me quiere a mí, entonces¿qué importancia tiene con quién se acueste cada uno si después del revolcón vamos a volver a los brazos de nuestro querido cónyuge, que es a quién realmente amamos? Eso es lo esencial Hiro, quererse y respetarse para lo que realmente importa. Todo lo demás son convencionalismos. Porque, imagínate. . . – prosiguió – Supongamos que un día te encuentras con un pedazo de mujer, una tía que está buenísima y que te pone bruto¿comprendes?
- Perfectamente, perfectamente. . .
- Bien¿y qué ocurre? Pues que empiezas a obsesionarte con esa mujer y te pasas el día pensando en lo maciza que está y las ganas que tienes de acostarte con ella. Pero no puedes, porque estás "atado", así que desarrollas un sentimiento de frustración e, inconscientemente, empiezas a estar resentido con tu pareja, y no paras de pensar y pensar en esa otra mujer que te atrae. En cambio, si fueras libre para acostarte con ella, lo harías, porque se trata tan sólo de una atracción física, y después de eso volverías contento y feliz con tu mujercita a la que adoras porque, entre sus muchas virtudes, está la de ser lo suficientemente comprensiva como para permitirte esos pequeños esparcimientos – Y K, muy satisfecho con su discurso, sonrió de oreja a oreja mostrando todos los dientes.
Hiro también sonrió. Le parecía muy divertida la manera que tenía K de explicar su concepto de lo que era "un pequeño esparcimiento".
- Pues eso, Hiroshi, que si Ayaka se siente atraída por Eiri-san – Hiro dejó de sonreír – tienes que tomártelo de otra manera, hombre. No se consigue nada deprimiéndose uno por esas menudencias. Le dices que te parece bien, que se divierta, siempre y cuando tú tengas permiso para hacer lo mismo. ¡Y todos contentos! Además, que a las mujeres no les gusta que las aten a la pata de la mesa. Quieren libertad, independencia. Si se las deja ir a su aire, entonces lo quieren más a uno, jejeje.
- Ya. . . Mire, K, de verdad que entiendo perfectamente lo que quiere decir, pero es que mi problema con Ayaka no va por ese camino.
- Ah. . . ¿no?
- No, no. . . Verá, el caso es que nuestro problema está precisamente "aquí" – Hiro se golpeó el pecho igual que lo había hecho antes K, pero con bastante menos fuerza.
Entonces fue el turno de Hiro para explicarse. Le contó que el problema de su relación no era que su novia se sintiera atraída físicamente por otro hombre, sino que estaba loca, irremediable y perdidamente enamorada de ese otro hombre, no de él. En vista de esto, K podía figurarse que los asuntos de cama pasaban a tener una importancia entre escasa y nula.
- Vaya, pues. . . Sí, esto lo cambia todo, for sure. . .
Después de la explicación del guitarrista, los dos estuvieron unos minutos sorbiendo los whiskis sin decir nada, cada uno pensando en sus cosas.
- Ah, l´amour. . . – Dijo por fin el americano – Sí, el amor es siempre lo más complicado. De hecho, creo que no hay nada que complique tanto las cosas como el amor. ¿Sabes? Toda esta conversación me ha hecho recordar lo mucho que echo de menos a mi Judy y a mi chico, jejeje. . . – K rió de un modo nostálgico, mirando al fondo de su vaso.
- Sí, me imagino que debe de ser duro estar trabajando tan lejos de ellos, teniendo que ocuparse las veinticuatro horas del día de unos niñatos como nosotros en vez de estar con su hijo – Hiro le dedicó a su manager una simpática sonrisa.
- ¡Eso es lo de menos, chaval¡Sabes que a mí me encanta mi trabajo! JUA JUA JUA – Y K, inconsciente como siempre de su fuerza animal, rodeó el cuello del guitarrista con su brazo y lo atrajo hacia sí con un movimiento brusco que produjo un crujido en las cervicales de Hiro – Oye¿te gustaría ver unas fotos de mi chico?
- Sí, sí, claro. . . Urgh – Cualquier cosa con tal de librarse de aquel abrazo asfixiante.
- Pues mira, aquí tengo unas cuantas – K sacó su cartera, la abrió y, flap flap flap, se abrió un kilométrico desplegable de fotografías - ¿Ves? Aquí estamos los tres en Disneyland. Entonces Michael era muy pequeño, así que supongo que tendré que llevarle otra vez. Ah, este es Micky en su primer partido de baseball. ¡Uf, este chico lanza las bolas rápidas como nadie! Tendrías que verlo. . . Aquí estoy enseñándole a Micky a limpiar una recortada. . .
(Treinta minutos después. . .)
- . . . Esta creo que nos la sacamos en Las Vegas. No lo recuerdo bien porque, como puedes ver, tanto Judy como yo estábamos bastante borrachos, jejeje. Oh, y esta última, donde también sale Ryuichi, nos la sacaron en el aeropuerto justo antes de coger el avión para Tokio. Bueeeeeeeeno, pues ya está. ¿Qué te han parecido?
- Fantástico, K-san, fantástico. . . – Respondió Hiro, que llevaba conteniendo los bostezos desde la quinceava fotografía.
- Ah, cómo les echo de menos. . . My loving cookie Judy (2). . . And my baby boy. . . snif. . . BUAAAAAAAA, I miss youuuuuuuuuuu¡
A Hiro le empezó a temblar el párpado izquierdo y le resbaló una gota de sudor por la sien cuando K desplomó la cabeza sobre la barra y empezó a llorar a moco y baba mientras gritaba "I miss you! I miss you!"
- Venga hombre, no se ponga usted así. . . Piense que ya falta poco para las vacaciones y. . . K, por favor, que la gente está empezando a mirarnos con cara rara. . . – Cielos¿hasta qué punto podían llegar a ser de desaforadas las emociones de aquel hombre?
En definitiva, que aquella "juerga de machotes" cuyo objetivo inicial era que K ayudara a Hiro a superar su mal de amores, se acabó convirtiendo en una escena totalmente absurda, digna de una película de Woody Allen, en el que el chico, y minutos más tarde también la camarera, se pasaron tres cuartos de hora largos intentando consolar a K para que dejara de llorar. Si es que. . .
Lo de Sakano también le impresionó bastante. Se cruzó con el buen hombre por un pasillo y, después de mirar a un lado y al otro, éste se acercó a él y le dio un fuerte e inesperado abrazo.
- Nakano-san, no sabe cuánto lamento lo que le ha sucedido – Dijo el productor, con un volumen que a Hiro le pareció demasiado alto para estar hablándole al lado de la oreja – Las cosas del amor son así, Nakano-san, son así. Hay veces que nuestro cariño y devoción no son correspondidos, y no nos queda otra opción que consolarnos con nuestros propios medios, Nakano-san, con nuestros propios medios, snif.
Efectivamente, Sakano empezó a sollozar. "No, por favor, otra vez no", pensó Hiro, empezando a exasperarse. Ya estaba bien de tanto numerito¿no?
- Pero en fin, Nakano-san, en este mundo tan injusto uno debe ser fuerte – Prosiguió el productor, separándose por fin de él – Debe ser fuerte y soportar los golpes del destino con entereza y dignidad. Y si la vida no nos da lo que queremos, pues cogeremos lo que podamos, claro que sí – Y Sakano se abalanzó sobre Hiro para darle un nuevo y fortísimo abrazo – Es un sitio respetable y muy, muy discreto – Le susurró al oído – Diga que va de mi parte y le conseguirán lo que pida. Son gente de grandes recursos, se lo aseguro. Unos parecidos sorprendentes. . . – Y le dio unas palmaditas en el bolsillo de la chaqueta.
Finalmente, Sakano siguió su camino pasillo abajo pasándose las manos por el pelo para volver a colocarlo en su lugar. A Hiro le pareció oírle susurrar "Ah, señor presidente. . ." mientras se alejaba. No sin cierto temor, metió la mano en el bolsillo que le había indicado, donde encontró una tarjetita roja, bastante sofisticada, con unas letras impresas en negro y el logo de una camelia en la esquina superior izquierda.
KURUMI
-- Casa de citas --
¿El amor platónico te atormenta?
¿Crees que nunca podrás conseguir lo que deseas?
Nosotros podemos hacer realidad tus sueños
Hiro se quedó allí plantado parpadeando de estupor, mirando la tarjeta sin poderse creer lo que estaban viendo sus ojos. "Pero bueno. . . ¿Es que se han vuelto todos locos?" Ciertamente, eso parecía.
En cuanto a Yuki. . . Desde el día en que se enteró de que Shuichi y Hiro habían compartido cama y bañera, al escritor le dio por ir a recoger a su koi al estudio casi todos los días. Shu-chan no cabía en sí de gozo, atribuyendo este nuevo comportamiento al amor apasionado e incondicional que su querido Yuki sentía por él. Hiro, ante aquella conducta irracional de su pseudo-rival, no podía evitar un cosquilleo de regocijo en su interior. Al fin y al cabo, y aunque fuera mezquino (Uno es humano al fin y al cabo), se podía considerar como una especie de victoria eso de que el hombre del que estaba enamorada su ex-novia sintiera celos de él. Pero al cabo de un par de días de miradas esquivas por parte del rubiales y de contener la risa, decidió que sería mejor dejar las cosas claras.
- ¿Cómo va todo, Yuki? – Preguntó alegremente, mientras el escritor esperaba a que Shuichi acabara de recoger el cable de su micro.
- Hnnn. . . Bien – Gruñó el otro, desviando la mirada.
- Me alegro, me alegro. . . Oye, quería comentarte. . . – Dijo, acercándose más a Yuki para hablarle de forma confidencial - . . . que Shu y yo hemos dormido juntos como un millón de veces, desde los tiempos del parvulario en el que los dos íbamos a la clase de los girasoles. Y nos habremos bañado juntos más o menos el mismo número de veces, jeje. Así que, como podrás imaginarte, verlo desnudo me produce exactamente el mismo efecto que verlo vestido de arriba abajo y con anorak. Te digo todo esto porque. . . bueno, no quisiera que ahora pensaras. . . En fin, que no tienes nada de qué preocuparte, vaya.
- ¿Y QUIÉN DEMONIOS ESTÁ PREOCUPADO, IMBÉCIL? – Voceó Yuki, mostrando dos hileras de colmillos afilados - ¿ES QUE ESCUCHAR SIEMPRE LA MÚSICA TAN ALTA TE HA DERRETIDO EL CEREBRO¡YO NO ESTOY PREOCUPADO POR NADA, POR-NA-DA¿ME HAS OÍDO BIEN¡BAKA, NOS VAMOS! – Y agarrando a Shuichi, que en aquel momento estaba hablando con Suguru, por el pescuezo, se lo llevó de allí a estirones.
- Pero que bestiajo llega a ser este hombre – Dijo Suguru, tras unos momentos de estupefacción – Sólo le ha faltado pegarle un mazazo en la cabeza y llevárselo de los pelos, como los trogloditas.
- JUA JUA JUA JUA. Y que lo digas, JUA JUA.
Lo que Hiro y Suguru nunca supieron fue que, una vez en el coche, cuando pararon en el primer semáforo en rojo que se encontraron, Yuki se abalanzó sobre Shuichi y empezó a meterle mano como un desesperado, con un brillo de enajenada alegría en los ojos.
Y así estaban las cosas, día tras día, encuentro tras encuentro, todo el mundo le animaba a que se consolase, quisiera o no.
-.-.-
Sorprendentemente, el mejor mensaje de consuelo que Hiro recibió fue el de su madre.
Hiro iba a cenar a casa de sus padres todos los domingos. A veces también iba su hermano, si es que estaba en la ciudad, pero Yûji se dejaba caer más bien poco por allí.
La señora Nakano seguía tratando bien a su hijo pequeño, pero desde que vio que Hiro había decidido definitivamente convertirse en músico y no estudiar medicina, había adoptado hacia él una actitud fría. No le hacía ningún reproche, pero tampoco ningún elogio, ningún mimo y, por supuesto, jamás se interesaba por cómo le iban las cosas en la discográfica.
El señor Nakano se lo había tomado mejor, aunque eso se debiera al éxito que había conseguido su hijo. Si las cosas no hubieran salido bien, seguro que su postura habría sido muy diferente.
Hiro no discutía con su madre, aunque le entraba dolor de estómago cada vez que percibía aquellas vibraciones de resentimiento dirigidas contra él. Consideraba que no tenía ningún sentido hacerlo, puesto que si no quería aceptar las cosas como eran, bueno, entonces la que tenía un problema era ella. Ya se le pasaría cuando quisiera que se le pasara. Pero de no haber sido por su padre, es muy probable que Hiro también hubiera dejado de visitarles.
Por eso estuvo a punto de no contarles nada de lo que había pasado con Ayaka. Le daba pavor la reacción que podría tener su madre, y no se sentía con fuerzas para aguantar nuevas recriminaciones, no sobre ese tema.
Y es que la señora Nakano estaba encantadísima con Ayaka. Repetía una y otra vez que salir con ella era lo único sensato que había hecho su hijo desde que acabó el instituto. Una chica tan fina, tan educada, de tan buena familia. . . Justo lo que ella siempre había querido para su Hiroshi. ¿Qué sería capaz de decirle si se enteraba de que Ayaka le había dejado de aquella manera?
Sin embargo, y como ya era de esperar, fue imposible ocultárselo. Hiro se había pasado toda la cena contestando a las preguntas de sus padres con monosílabos y con la vista fija en el plato, así que a la señora Nakano no le costó nada imaginarse que a su hijo le pasaba algo, que para algo era su madre.
- ¿Me ayudas a recoger la mesa, Hiroshi?
- Sí, claro.
Ahora que se habían quedado solos en la cocina, mientras Hiro estaba metiendo los platos en el lavavajillas, la señora Nakano lo acorraló para que no pudiera escapársele.
- Muy bien¿vas a contarme qué te pasa?
- ¿A. . . a mí? No me pasa nada, mamá – Contestó Hiro, nerviosísimo.
- No me vengas con lo de "No me pasa nada", Hiroshi, que estás hablando conmigo – Respondió ella, poniendo los brazos en jarras.
No, tenía que aceptarlo, no había escapatoria. Si no había podido ocultárselo a los demás¿cómo iba a ocultárselo a su madre? Así que Hiro tuvo que explicar, por milésima vez, lo que había pasado entre Ayaka y Yuki, más lo de la cena catastrófica en el restaurante francés, las flores, los regalos, la humillación. . . Cuando acabó, esperó con la cabeza baja a que la tempestad se desatara. Pensaba que su madre le iba a gritar que era un calzonazos, un pardillo, que cómo había podido dejar escapar a una chica como aquella, que si no era capaz de luchar por lo que era suyo ni tampoco de enfadarse por que se la pegaran de aquella manera, que a ver si tenía horchata en las venas. . .
Hiro esperaba el chaparrón de reproches que se le iba a venir encima en cualquier momento, pero esperaba y esperaba y no pasaba nada. . . Hasta que notó una mano acariciándole la mejilla.
Para cuando se quiso dar cuenta, estaba llorando desconsoladamente sobre el regazo de su madre, que se había sentado en una silla y le acariciaba el pelo mientras él se desahogaba.
- Vamos cariño. No te tortures más, no tiene ningún sentido. . .
- ¿Pero cómo pudo hacerme eso? Ella sabía que yo la quería mucho.
- Claro que lo sabía, cielo, y estoy segura de que Ayaka también te quería. De hecho, me atrevo a asegurar que aún te quiere. . . pero no de esa manera.
- ¿Entonces, por qué salió conmigo¡Me ha estado utilizando¡Sólo quería tener cerca a algún tonto que le hiciera caso para no sentirse despreciada!
- No, no, no, Hiro, no pienses eso. Verás, yo creo Ayaka estaba tan enamorada de ese escritor que, cuando supo lo de. . . bueno, lo de Shuichi, pues entonces no supo que hacer con todo ese amor que estaba sintiendo, así que decidió desviarlo hacia ti, porque debió pensar que tú te lo merecías. Desgraciadamente, no es tan sencillo decidir de quién nos enamoramos.
- Snif, pero es que yo la quería mucho. . .
- Hiro, me parece que últimamente te has estado engañando a ti mismo. Por lo que me has contado, lo tuyo con Ayaka hacía tiempo que no iba del todo bien. Hace cinco minutos te estabas quejando de que nunca hacíais nada juntos, que se aburría contigo y, aunque no me lo hayas dicho, deduzco que tú también te aburrías bastante con las cosas que le gustaba hacer a ella. En cuanto a lo de no querer quedarse a solas contigo, ni dormir en tu casa, ni nada de nada. . . – Hiro se ruborizó. Cielos¿en qué estaba pensando cuando le contó eso a su madre? – Bueno, nene, tú dices que no te importaba, pero yo te aseguro que eso no es cierto. Te importaba, y mucho, porque todos sabemos, Ayaka incluida, que cuando a una chica le gusta de verdad un chico (y éste ha jurado respetarla) a ella no le da miedo quedarse a solas con él. Hiroshi, está muy claro que esa relación no funcionaba, y los dos os estabais aferrando a ella porque no queríais enfrentaros a lo que suponía admitirlo.
- Pero. . . Es que. . . – Hiro estaba algo desconcertado. Lo que decía su madre tenía mucho sentido, eso no podía negarlo, pero había algo que no acababa de encajar – Es que yo la quería. . . De verdad. . .
- Claro que sí, cariño, no lo pongo en duda. Pero a veces pasa que nos ilusionamos tanto con la idea de haber encontrado a alguien a quien amar, que no nos queremos dar cuenta de que las cosas no son como creíamos que iban a ser. A veces, más que de una persona en concreto, nos enamoramos del amor. . .
Hiro dejó de llorar. Vaya, tal vez sí que había sido eso. . . Tal vez tanto él como Ayaka tenían tantas ganas de enamorarse, y se alegraron tanto de encontrarse el uno al otro, que luego ninguno quiso ver que el otro no era lo que estaba buscando.
- Y ahora, Hiroshi. . . – Dijo su madre, poniéndose de pie – Ve a lavarte las manos y los dientes, y ponte el pijama.
Esa noche Hiro se quedó a dormir en su antigua habitación, abrazado a un dinosaurio de peluche que se llamaba Kuromomotaro. Al día siguiente, volvió a casa de sus padres y le regaló a su madre la pulsera, sin esperar a que fuera su cumpleaños.
(1) Chicas.
(2) Nota para Yukii: Jijiji. . .
LA LI OH:
Vale, antes de nada quiero hacer un par de aclaraciones. Como habréis podido comprobar, me ha quedado un capítulo bastante filosófico (Me estoy refiriendo a los discursos sobre el amor y la vida que sueltan K y la madre de Hiro). Me gustaría dejar claro que no estoy intentando adoctrinar a nadie sobre lo que tiene que hacer ni presentaros ningún dogma de fe. Sencillamente, he intentado pensar como creo pensarían los personajes y dar una explicación a lo que está pasando en este fic como creo que ellos lo harían. Si a partir de ahí alguien cree que algo de lo que ha leído puede servirle para aplicarlo a su propia conducta, me alegraré mucho, pero en ningún momento he escrito esto con la intención de moralizar ni de enseñarle nada a nadie.
Una vez aclarado esto, dejémonos de cosas serias, jejeje. Ya sé que muchos estabais pensando (y deseando. . .) que Shu-chan consolara a Hiro ofreciéndole "calor humano", y esa fue una de las cosas que me inspiraron para hacer que el pobre Hiro recibiera consuelo de todo el mundo, pero no de ese XDDDDDDD
Ah, verdad que dije que este sería el último capítulo? Bueno, pues como siempre que me atrevo a decir algo así, mis ideas se revelan y empiezan venirme un montón de cosas a la cabeza. Así que, obviamente, este no será el último. Además, que hubiera sido muy cruel por mi parte dejar a Hiro de esta manera. ¿Será el próximo el siguiente? Ves a saber, depende de lo que se me ocurra. . .
Bien, pasemos al comentario de rw´s:
Rikku-Tomoe: Aix, no te pongas así, q sabes que a mí me gusta que me conmentes los capis en tiempo real, snif.
Mochita-chan: Otra que quiere lincha a Ayaka. . . No, si la verdad es que a mí también me apetecería meterle un buen soplamocos. Bueno, ya veré qué hago con ella, porque sobre eso aún no tengo nada en concreto pensado.
Yukii: ¡Vivan los hits y las galletitas rellenas de amor! Jejeje, me alegro de que Ayaka ya no te caiga tan bien. . . (Sonrisa perversa)
Yaired: No, no, no, por supuesto que no me he olvidado del fic. ¿Cómo iba a dejar de aquella manera al pobre Hiro-chan? Como ves, esta vez he ido un poco más rápida. Espero que este también te guste.
Elanor: Aix, cómo me gustan la avalanchas de rw´s! No veas qué sensación eso de abrir un día el correo y encontrarme con 4 avisos de golpe, toditos de este fic. Graciaaaaaas!
