PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo 1
"De vuelta en casa"


Janus sintió que algo lo jalaba otra vez. Lo estaba arrastrando, casi llamándolo desde el castillo. No estaba seguro de lo que era¿sería él mismo? O tal vez había algo allí dentro. No estaba seguro, pero de lo que estaba seguro era de la forma más rápida de descubrirlo.

Aterrizó al pie del pequeño y sucio portal del edificio de piedra. No hizo mucho ruido al caminar los escasos metros que le faltaban del porche, hacia la puerta principal.

Sobre él estaba el cielo nocturno. La luna creciente estaba muy oculta por las nubes, pero él conocía el camino. Había estado ahí muchas veces antes, sin importar el tiempo. El castillo había permanecido incólume durante la ausencia de su dueño. Janus estaba sorprendido, había estado seguro de que o Guardia o el clima lo destruirían.

Ninguna de esas cosas había ocurrido, y el castillo siguió perfecto mientras abría la puerta.

Sintió el jalón más fuerte cuando la puerta crujió y se abrió, casi arrastrándolo a la fuerza. Peleó contra el tirón, pero entró de cualquier manera. Resolvería este misterio.

Cuando entró, casi estuvo tentado a gritar el "¿Quién vive?", pero contuvo su lengua, cerrando la puerta tras él e ignorando los braseros gemelos que estaban a los lados. Se encendieron, asombrosamente aún teniendo algo de aceite.

"¿Qué hago?"

La voz del niño lo sorprendió, haciendo que mirara a su alrededor fieramente en búsqueda de la fuente. No vio señales de nadie. Un rápido relampagueo de su mente y todos los braseros del cuarto se encendieron. No había nadie.

"Lo sabrás con el tiempo. Créeme, tendrás un deber muy importante algún día."

Janus caminó por el cuarto, sin importarle hacerlo en silencio. Sus zapatos hicieron un fuerte eco en el cuarto. Aparte de él, no había nadie más. Aún así, Janus reconoció esa voz. Era Ozzie. La voz vino otra vez.

"Ven conmigo por un segundo, te mostraré el castillo."

"¿Por dónde primero?"

La voz del niño era muy familiar también. Casi podía localizarla. También podía sentir que ya había pasado por esto. Sacó el pensamiento de su cabeza, necesitaba concentrarse.

"Por el sótano. Empieza desde el fondo, y dirígete hacia la cima."

Muy bien. Janus caminó hacia el sótano; mientras avanzaba, las antorchas a su alrededor se encendían por la energía que liberaba de manera inconsciente.

——-

Janus pisó el ultimo escalón, entrando al cuarto grande que era el sótano. Estaba vacío. Ligeramente desconcertado, Janus avanzó, examinando esa zona, donde había intentado invocar a Lavos.

Estaba igual que cuando había sido arrojado de esa época. El portal la había dejado entera, obviamente, pero estaba sorprendido de no encontrar una sola rajadura u otra seña de destrucción. Avanzó otra vez, poniéndose en el centro del círculo de braseros, que de repente se encendieron con llamas escarlatas, haciendo que Janus mirara a su alrededor rápidamente.

"Voy a terminar con mi asunto ahora. Ustedes tres, mantengan a todo el mundo fuera de aquí mientras me encargo de eso."

Era otra voz la que llegó desde sus alrededores. Antes de que Janus pudiera decir algo, otra voz se escuchó, era Ozzie otra vez.

"¿Y qué si mueres?"

"No moriré. Ni siquiera Lavos puede detenerme ahora. Nunca asuman que me fui. Siempre regresaré."

Janus conocía esa voz. No eran voces reales, sin embargo. Janus no sabía qué estaba pasando. ¿Cómo podía estar escuchando eso?

Las voces se fueron otra vez, terminando la conversación entre Ozzie y él mismo. Janus se puso de pie en el centro de las llamas, tratando de decidir qué hacer.

—Hola, Janus.

La voz que vino a él no era una de las anteriores. También sabía que ésta iba dirigida hacia él. Se volvió hacia su procedencia y vio una figura. No podía distinguir los detalles, estaba cegado por el fuego.

—¿Ya lo descubriste? —preguntó la figura.

—¿Quién eres? —preguntó Janus a su vez, tratando de proteger sus ojos

—Baja tus manos y quédate donde estás. Pienso hacer un trato contigo, pero el trato se irá si desobedeces cualquiera de ésas órdenes.

Janus bajó su mano aprehensivamente, sintiendo curiosidad por el extraño. La figura no se movió, simplemente lo examinó.

—¿De qué trato estaríamos hablando? —interrogó Janus finalmente.

—¿Te gustaría tener de regreso a tu hermana? —replicó la figura calmadamente.

—Imposible —se mofó Janus, y entonces se dio cuenta de algo—. ¿Cómo sabes de mi búsqueda por mi hermana?

—Confía en mí, lo sé —fue la insatisfactoria respuesta de la figura.

—¿Quién eres? —repitió Janus, peleando contra el impulso de atravesar el fuego y averiguarlo por sí mismo.

—Nadie, por ahora. Aún no es momento de eso. ¿Te gusta mi parte del trato?

Las voces que había escuchado antes habían sido olvidadas por Janus, de momento. Ahora estaba tratando de descubrir las intenciones de esa persona.

—Yo recupero a mi hermana. ¿Qué tengo que hacer para eso?

—Simplemente recolectar ciertas cosas para mí.

—¿Simplemente? Si fuera así de fácil, lo harías por ti mismo —Janus empezaba a desconfiar de la figura.

—Esto haciendo esto por tu bien, no por el mío, niño tonto. ¿Aceptas los términos?

—Estoy muy lejos de ser un niño tonto —le recordó Janus a la figura—. No trates de insultarme en mi propio castillo.

—¿Tu propio castillo? —pareció burlarse la figura—. Basta de esto. ¿Aceptas?

—Quisiera saber primero que debo recolectar —dijo Janus, molesto por la descortesía del extraño.

—Un puñado de nieve del cabo norte de Zeal. Regresa con eso y hablaremos más.

Janus miró con una furia sombría a la figura.

—¿Estás jugando conmigo? Me gustaría que te explicaras ahora mismo.

—El objeto es trivial, de hecho, pero recuerda que es para tu propio beneficio, no el mío. Cumple con el encargo y encuéntrame aquí otra vez para que te diga el siguiente paso.

Las flamas a su alrededor murieron repentinamente, el carbón en los braseros se oscurecía. Cuando la luz se acabó y sus ojos se ajustaron a ello, se dio cuenta de que estaba solo.

Esto era demasiado extraño para que Magus lo comprendiera. Aún así, era algo simple, difícilmente merecedor de no hacerlo. Le daba una oportunidad de encontrar a Schala, y eso era suficiente para él.

Se volvió y subió las escaleras, retirándose de su castillo. Esta vez, ninguna voz lo persiguió.