PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo 3
"Paraíso perdido"
"¿Dónde encontraré la capital de Zeal?", se preguntó Janus mientras dejaba su castillo. "Se hundió en el océano hace años."
Salió a través de las puertas gigantescas, entonces se detuvo y se reclinó contra la pared del castillo, meditando profundamente.
—¿Dónde se estrelló? —murmuró para sí.
"Aquí yace Zeal. Toda su gloria y riquezas están en el fondo del mar…"
Janus pasó por alto la voz, simplemente suspirando ante su regreso. No tenía tiempo para eso. Tenía que discernir dónde podría haber aterrizado la isla flotante, dónde podría estar sumergida. Cerró los ojos para ayudarse a pensar, pero no se le ocurrió nada. No podía recordar el lugar.
Entonces otro pensamiento lo golpeó. Él no sabía dónde estaba, pero alguien más podría saberlo. Las semi-congeladas aguas eran peligrosas, pero aún había algunos pescadores en ellos. Seguramente uno habría encontrado el lecho de muerte de la isla. Aunque odiaba hablar con otras personas, admitía que era su única opción
"Pero… ¿porqué estás haciendo esto?", se preguntó a sí mismo.
Janus no sabía que pasaba con él. Estaba haciendo todo con la simple esperanza de que pudiera regresarle a su hermana. Era una remota probabilidad, Janus ni siquiera sabía quién era el extraño. Era demasiado sospechoso como para ser una coincidencia. Esa persona tenía una razón para hacer eso.
Pero sólo con paciencia podría descubrir la identidad de ese misterio.
Janus se separó de la pared y empezó a elevarse del suelo. Era hora de regresar al portal y dirigirse a Zeal.
Mientras empezaba a volar, empero, se dio cuenta de algo. Las alucinaciones coincidían con la aparición del extraño. Janus, al principio, creyó que eran simples memorias revividas por ver lugares familiares por primera vez en mucho tiempo. Recuerdos extraídos de una mente cansada.
Pero ése no era el caso. Janus estaba seguro que el fantasma tenía algo que ver con ellas. Sin embargo, todavía le faltaba descubrir el motivo. Otro misterio por resolver. Janus cerró su mente a los pensamientos perturbadores y se concentró en la misión actual.
La mejor manera de averiguar todo sería hacer lo que la persona le decía. Siempre y cuando las peticiones fueran razonables, Janus al menos lo intentaría.
———
—No podría decir que he oído donde podría estar.
Janus asintió a la persona, suspirando ante otro callejón sin salida. Le había preguntado a cerca de una docena de pescadores, y ninguno tenía siquiera una pista. Janus empezó a alejarse de la persona, pero el hombre continuó hablando.
—Si me lo permites¿podría recomendarte una posada o algo así? Pareces medio muerto y medio dormido. ¿Por cuánto has estado despierto? .¿Dos días seguidos?
Janus se aguantó las ganas de hacerle una mueca al individuo.
—Estoy bien por ahora. ¿Sabes de alguna otra persona que tenga al menos una pista decente para que lo encuentre? Es importante.
—Claro que es importante, considerando lo que estás haciéndote para encontrarlo —sonrió ligeramente el hombre, pero sacudió la cabeza—. Nadie que yo conozca. Pero no te preocupes, hay alrededor de cincuenta de nosotros en el puerto ahora, seguramente alguno de ellos sabe.
Janus tomó una profunda inspiración, y luego la soltó. Éste iba a ser un largo día. Tal vez debería…
—Puedo ayudarte.
Los pensamientos de Janus se detuvieron al instante y rápidamente se volvió para encarar al dueño de la voz. Su emoción terminó en conmoción cuando comprendió quién estaba frente a él.
La persona tenía cabello castaño hasta el hombro, que cubría parcialmente una banda alrededor de su cabeza. Atado a la banda había un círculo de tela, que cubría un ojo como un parche. Vestía andrajos, pero parecían familiares, en una forma semejante a ropas de la nobleza. Él era…
—¿Dalton?.! —Janus se preparó para reunir sus energías para un hechizo, listo para pelear.
El único ojo de la persona se desorbitó cuando comprendió lo que estaba pasando. Sus manos se levantaron en una actitud defensiva y empezó a retroceder.
—¡No, no, no¡No soy Dalton¡Me llamo Antold!
Janus siguió mirando con furia a la figura, todavía con su magia lista, preguntándose qué clase de truco sería éste. La persona estaba temblando visiblemente. El mago comprendió que él no era quien creía. Se había equivocado. Finalmente, Janus desvaneció su hechizo y miró fijamente a la persona, asombrado por el inmenso parecido.
—Vaya, trato de ayudarte y tú tratas de matarme —continuó Antold cuando comprendió que el otro no iba a lanzar su ataque.
Janus pasó por alto el reproche.
—¿Qué quieres…? Quiero decir¿qué dijiste antes?
—Dije que… eh… lo olvidé… Oh, claro, dije que podría ayudarte —asintió Antold—. Sé donde está el castillo de Zeal.
Janus sonrió ligeramente en su interior, tal vez esto acabaría mejor de lo imaginado.
—¿Dónde está?
—¡No lo puedo decir en público, hombre, es un secreto! —regañó Antold a Janus—. Pero te llevaré.
—¿Llevarme? —Janus abrió un poco de más los ojos—. ¿Cuánto costaría este viaje?
—Oh, es gratis. Sólo sígueme a mi bote y tendré todo listo para zarpar, nos iremos mañana por la mañana —Antold hablaba bastante rápido, con prisa, Janus tenía dificultades para entender lo que decía.
El sujeto se volvió y empezó a alejarse tan rápido como hablaba. Janus podía seguirle el paso, pero con bastante dificultad. Antold siguió hablando, divagando sobre cosas sin sentido que a Janus no podían importarle menos. Dejó de escucharlo y no se dio cuenta cuando Antold le preguntó algo.
—Hey¿estás ahí? —preguntó Antold con curiosidad, deteniéndose para encarar al pensativo Janus—. ¿Cómo te llamas?
Janus sacudió la cabeza.
—Magu-… Janus.
¿Porqué diría Magus?
—Conque Janus¿eh? Bien, yo soy Antold —la persona siguió caminando, sin importarle que Janus ya hubiera escuchado su nombre, dirigiéndose a su bote.
El mago suspiró, de todo lo que podría haberle pasado, tenía que zarpar con un imbécil. Mañana por la mañana.
———
—¿Está bien? —preguntó una voz femenina.
—No estoy segura, no está respirando del todo bien —contestó otra.
Las dos figuras estaban agrupadas alrededor de una persona bastante cobijada, que dormía en el suelo. Estaban adentro de una pequeña cabaña con un fuego extinguiéndose al lado.
—¿Cuánto durará así? —cuestionó la primera.
—No lo sé —la segunda parecía suspirar ante el montón de preguntas, pero mantenía la cabeza fría—. Los comas pueden durar bastante.
La tienda que se batía ante la entrada de la cabaña fue hecha a un lado y un hombre entró. Empezó a caminar hacia delante, pero el fuego murió repentinamente, dejando todo a oscuras.
———
—¡Janus¿Adivina qué hora es?
Janus abrió los ojos, despertando ante el sonido de su nombre y de alguien golpeando la puerta. Si miraba por la ventana, podía ver que era de mañana.
Lentamente salió de su catre y se preparó para el viaje hacia las ruinas de Zeal.
