PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo
6
"Cordura cuestionable"
"Zeal, la tierra de los sueños, te da la bienvenida."
Janus no hizo caso de las voces que regresaron, desando descubrir de algún modo su origen. La voz era femenina, tranquilizante. No la reconocía, pero estaba seguro de que la había escuchado antes en algún lugar.
Se detuvo en la cima de la montaña, viendo al frente, hacia las ruinas que alguna vez fueron el castillo, su hogar.
El aterrizaje no le había sentado bien, pero todavía se mantenía un poco. Muchas partes de él se habían colapsado, y mucho más estaba agrietado, pronto para desintegrarse también. Pero, por ahora, aguantaba.
"Entra, Magus."
Janus suspiró al oír la voz, que le había llamado otra vez con otro nombre. Invariablemente, empezó a avanzar, sentenciando ante el vacío.
—Mi nombre no es Magus.
"¿Preferirías ser llamado Profeta?"
—¡Me llamo Janus! —gritó, sin notar que estaba perdiendo su compostura y probablemente su cordura.
Dejo de caminar, de pie frente a la entrada. La puerta no estaba, probablemente se había arrancado durante la caída. Janus miró hacia arriba brevemente, aún de pie frente a las ruinas. Meneó su cabeza y forzó su mirada para buscar en el interior de las profundidades de la oscuridad dentro de las paredes.
"Entonces entra… Janus."
El mago tomó una inspiración profunda, tratando de aliviar su cansancio y su estrés. Estaba llevando esto muy lejos, sobre-trabajándose de más. Perdía la compostura con rapidez. Después de que se calmó un poco, avanzó, entrando en la oscuridad.
Momentos después, una chispa de luz se encendió alrededor de su mano levantada, guiándolo como una antorcha. Después de haberse preparado, recordó lo que se suponía que hiciera.
"Ve a las ruinas del castillo de Zeal. Ahí, toma un libro de la biblioteca y tráemelo."
Bastante simple. Un libro. Janus miró alrededor suyo, tratando de recordar dónde estaba la biblioteca. No leía mucho cuando era niño.
"A la izquierda."
La voz parecía un susurro. Pero lo estaba guiando.
—¿Porqué me estás ayudando? —preguntó Janus, sin seguir la indicación por el momento.
"Deseo reunir lo que ha sido separado."
—¿Reunir? —Janus estuvo confundido por un momento—. Quieres decir mi hermana y yo, .¿no es así?
No recibió una respuesta, sólo el silencio y el viento soplando afuera. Janus resopló, molesto, se volvió a la izquierda y caminó. La mayor parte del suelo estaba mellado y, en unos pocos lugares, destruido. Pasó sobre ésos lugares con cuidado, asegurándose de no pisar una parte donde el suelo pudiera caer.
Mientras caminaba, empezó a notar que o había cuerpos ahí, no había cadáveres. Había docenas de personas viviendo en el castillo cuando cayó, .¿dónde estaban?
"Fueron los saqueadores. Se robaron los cuerpos, buscando dinero y algunas ropas. Después, los arrojaron al mar."
Janus se detuvo para escuchar la voz, que sonaba triste. Parecía deprimido más allá del consuelo mientras describía lo que pasó a la gente de Zeal. Janus no entendía eso, pero tampoco sintió la necesidad de pedir más detalles.
"Las personas se destruyen unas otras. Aun así, pude sobrevivir a esto. Empecé a pensar que estaba por sobre los humanos, empecé a creer que yo no era humano del todo. Ahí es donde estoy mal. Yo simplemente era más sutil en mi forma de destruir a mis prójimos. Era peor, porque no podía admitirlo."
Janus notó que de repente la voz ya no era femenina, sino masculina. De algún lugar, una persona distinta había empezado a hablar. Empezó a caminar otra vez, dándole vueltas a eso, aún mientras la voz seguía hablando.
"Entonces decidí que la única manera de estar por sobre la humanidad era destruirla. Ya no soy humano, soy mi propia raza, una especie única. Estoy más allá de las personas, porque ahora veo la necesidad de lo que hago. Tú también la verás. Muy pronto."
—¿De qué estás hablando?
"Ya lo verás."
No lo sorprendía que las voces ahora conversaran con él. Al principio eran lejanas, le hacían sentir que las estaba escuchando a escondidas. Ahora hablaba y las escuchaba como si estuvieran en el mismo lugar que él. Si estuviera plenamente consciente de lo que estaba haciendo, habría pensado que estaba loco.
Pasó sobre una porción derruida y se encontró en lo que solía ser la biblioteca. Las repisas habían caído, y los libros estaban desparramados por doquier. La mayoría, sobre el suelo.
Janus entró al cuarto, olvidando las voces e inclinándose para recoger el libro más cercano a él. Se quedó viendo la portada por un momento. Estaba completamente en blanco, simplemente forrada en rojo. Rápidamente frotó su cara con su mano libre mientras abría el libro con la otra para dar un rápido vistazo al contenido.
De frotar su cara pasó a frotar sus ojos mientras trataba de ver las palabras en las páginas. No podía leerlas. Las palabras parecían un simple borronazo ante sus ojos y no podía clarificar su vista. Finalmente, molesto, cerró el libro de golpe y lo puso bajo el brazo, preparado para irse. Podría descifrarlo después. Además, aquel sujeto no le había especificado qué libro, aún los libros indescifrables deberían bastarle.
Se volvió para irse, pero otro libro llamó su atención. Regresó y miró la portada.
Antold
—¿Qué dem…? —susurró, acercándose e inclinándose para levantar el libro.
Rápidamente abrió el libro en la primera página y no encontró más que dos palabras escritas ahí.
Antold Dantol(d)
Volteó la hoja.
Antold Dantol(d) Dalnto(l)
En trance por este extraño giro de los eventos, pasó a la última página. No estaba seguro de qué era eso, y empezaba a asustarse un poco.
Antold Dantol(d) Dalnto(l) Dal(n)ton Dalton
Dalton
—¡¿Qué es esto! —gritó Janus, preguntando a las voces que callaban a su alrededor.
Volteó el libro y miró la contraportada.
Azel Za(z)el Zea(e)l Zeal
Zeal. Dalton y Zeal. Los nombres pasaron rápidamente por su mente una vez más.
Alguien le estaba jugando una broma.
Janus arrojó el libro al suelo y se volvió para salir corriendo del cuarto, pero se encontró cara a cara con Antold.
—¿Qué haces aquí, Dalton? Te dije que te qued—
Azel entró tras el capitán, callada como siempre. Janus le lanzó una mirada furiosa por un momento, y continuó.
—Les dije que se quedaran en el barco, ¡a los dos!
—Verás, Magus… —empezó Antold.
—Me llamo Janus —dijo Janus apretando los dientes—. Métetelo en la cabeza de una Buena vez.
—Entonces no me estés llamando Dalton. Mi nombre es Antold.
¿Lo llamé Dalton?, se preguntó Janus, intentando recordar.
—Eso está en duda por el momento —dijo Janus, sin perder su fría mirada ni un poco.
—¿Cómo es eso?
Janus se volvió para recoger el libro que acababa de tirar al suelo, pero se dio cuenta de que ya no estaba. Rápidamente escudriñó el piso a su alrededor, tratando de encontrar el lugar donde había aterrizado. Ya no estaba.
—Pregunto de nuevo, .¿cómo es eso? —lo presionó Antold.
—¡Dame un segundo! —le espetó Janus, para sumergirse en la pila de libros y empezar a buscar como enajenado.
—Ya te he dado dos días. No puedo perder más tiempo, Magus —dijo Antold, deteniendo la excavación de Janus.
—Sólo me he ido por unas horas, viejo estúpido… —empezó Janus, sin molestarse en reprender el "Magus" esta vez.
—Te fuiste por dos días. Soy muy poco estúpido y bastante joven comparado contigo, así que no empieces a arrojarme insultos —gruñó Antold.
—Me estás mintiendo, justo como mentiste sobre tu nombre.
—¿De qué estás hablando?
—Estos… éste libro que encontré aquí. Antold es un anagrama de Dalton, al igual que Azel es un anagrama de Zeal.
—No sé de qué…—intentó cortarlo Antold, pero Janus continuó.
—Dime qué está pasando justo ahora —replicó Janus, con una voz sombría, más sombría de lo que había sido momentos antes.
—¡No entiendo de qué estás despotricando! —gritó Antold por fin.
Janus se le acercó y lo tomó del frente de la camisa, y lo levantó del suelo con una fuerza descomunal.
—¡Quiero saber qué rayos quieres! ¡Llamarme "Magus", sus nombres, sus apariencias! ¡Dímelo o te mato ahora mismo!
"Justo lo que esperaba de ti, Magus."
—¡No me llamo Magus! —Janus arrojó a Antold y se giró para encarar a la voz.
Sólo se encontró con un cuarto vacío.
"Tal vez no sea el nombre de tu elección, pero tu mente, cuerpo y alma son los de Magus."
Antold se levantó lentamente, encarando a Janus. Pero, en vez de miedo, parecía sentir satisfacción, al igual que la silenciosa Azel. Observaron con calma mientras Janus discutía consigo mismo.
—¡NO soy Magus! ¡Soy Janus!
El libro que llevaba bajo el brazo resbaló, y cayó al suelo con un golpe seco. Janus se agachó con furia, tratando de levantarlo.
Su mirada se tropezó con un libro, un libro diferente del que se le había caído. En la portada, leyó "Sabemos quién eres tú, Magus. ¿Porqué tú no?"
Janus se petrificó, mirando aterrorizado el libro. Sus ojos se alejaron con rapidez, mirando a los demás. Todos los libros eran iguales. Mismo color, mismo tamaño. Mismo título.
Janus gritó, levantando el libro más cercano y arrojándolo a través del cuarto. Golpeó la pared y rebotó, aterrizando sobre una pequeña pila de libros, una pila de libros iguales.
"La única forma de estar sobre la humanidad es destruirla. Ayúdame a hacer eso."
—¡Sal de mi cabeza! —gritó Janus, cubriéndose los oídos con las manos.
"No puedo. Soy tu cabeza, tu mente."
—¡Cállate!
"Ríndete, mi sirviente. Sé mi cuerpo y seré tu mente. Juntos, podemos crear un alma omnipotente."
Janus se volvió, tropezando y yéndose de bruces. No sintió dolor, y se levantó para salir corriendo del cuarto. Estaba listo para empujar a Antold fuera de su camino, pero ninguno de los dos estaba ahí. Estaba solo. Janus se tambaleó hacia fuera de la biblioteca y empezar a regresar hacia el exterior del palacio.
"Dame el control para que pueda forjar mi profecía oscura. Eres un falso profeta, yo soy el oráculo verdadero, el verdadero heraldo de lo que está por venir. ¡Ríndete!"
En algún lugar a sus espaldas, la risa resonó casi como si hubiera caído en una cascada hacia sus oídos, siguiendo las palabras. De cualquier manera, la risa fue opacada por el grito de Janus. Finalmente, salió del palacio, pero siguió corriendo. No podía saber dónde estaba.
Tras él, el palacio se desvanecía. Y, tras cada paso que daba, también la isla.
