PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo 7
"Una Última Misión"


Janus finalmente llegó a la playa donde el bote había anclado. No le sorprendió encontrar la playa vacía.

Estaba sudando profusamente por el estrés en el que estaba, tanto física como mentalmente. Alguien estaba jugando con él, y tenía una muy buena idea de quién era el manipulador.

Siguió corriendo hacia la playa, sin importar la falta de barco y simplemente saltó cuando llegó a la costa. Con su magia, se empujó hacia el aire y empezó a volar hacia el portal, donde regresaría a su propia época.

Pero antes de que hubiera ido demasiado lejos, sintió un jaló en el aire, como si fuera un pesado y breve soplo de viento. Casi perdió el control mientras empezó a girar, tratando de volver a domar su magia. El viento se detuvo abruptamente y se encontró cayendo hacia las heladas aguas. Rápidamente se envolvió en su capa como si fuera un escudo.

Entonces golpeó la superficie con fuerza. El impacto dejó oír un fuerte azote mientras el agua era desplazada con violencia. Se le salió el aire de golpe y varios moretones aparecieron. El agua fría rápidamente lo atrapó, paliando el dolor del porrazo a un grado en el que ni siquiera lo sintió. Rápidamente apartó su capa de sí y dio brazadas como enajenado para regresar a la superficie antes de que inhalara involuntariamente para reemplazar el aliento que le había sido arrebatado.

Rompió la superficie con un jadeo angustioso, la cara ya se le estaba poniendo azul. El agua en su cabello rápidamente se congeló por los vientos helados y sintió algo pellizcándole en la cara, sabiendo que el agua también se estaba congelando ahí.

Con su respiración casi normalizada, dio una rápida ojeada a la isla para ver que causó la explosión de aire. La isla ya no estaba.

Tal vez me di la vuelta por el impacto, pensó Janus para tranquilizarse, girando con dificultad en el agua.

Pero estaba solo en el océano. No había nada alrededor de él en todos los horizontes. La isla había desaparecido. No quedaba nada.

Janus se empujó fuera del agua, y volvió a intentar reunir su magia. Lentamente se elevó del agua, agitando rápidamente la cabeza para sacar algo del hielo. Cuando estuvo fuera, dio un desconsolado suspiro y se volvió para seguir hacia su destino.

¿Qué está pasando?

———

Janus entró hecho una furia al sótano de su castillo, caminando justo hacia el centro de los braseros y encendiéndolos con su propia magia. Las llamas bailaron alegremente, haciendo escocer sus ojos por un momento, pero no le importó. Miró en derredor suyo brevemente, buscando al extraño.

—¡Ya volví¿Dónde estás? —gritó, mucho más alto de lo necesario.

"Bienvenido a casa, Magus."

Janus hizo caso omiso del falso nombre, pero contestó.

—¡Cierra la boca, Ozzie! No quiero tener nada que ver con tus insensatas divagaciones. ¡Ya tuve suficiente!

—Más o menos.

Janus se giró hacia la voz del extraño, pero no había nadie a su alrededor. Rápidamente volvió su cabeza de regreso, tratando de encontrar al dueño de la voz. No había nadie en el cuarto.

—¡Muéstrate! —gritó al fin—. ¡Estoy harto de hablar con fantasmas!

Alguien se rió en la distancia, un breve cloqueo. No podría decir quién era, pero estaba casi seguro de que era el extraño. El cloqueo terminó, y la voz regresó-

—Ni hablar. Parece que estás descontrolado, por ahora. Mejor me quedaré aquí.

—¡Ya tuve bastante de estos jueguitos! Muéstrate y dime qué estás haciendo; ¡dime porqué lo estás haciendo! —Janus siguió dando vueltas. Aunque sabía que no encontraría a la persona, estaba llegando a la histeria.

—Estás lleno de preguntas, .¿verdad? —replicó la voz con sarcasmo.

—Y tú estás lleno de motivos para desconfiar de ti —contraatacó Janus.

—Tengo mis razones.

Janus meneó la cabeza, con un breve y silencioso ladrido de risa.

—¿Y yo no?

—Dame el libro y te daré tu última asignatura. Entonces encontrarás tus respuestas —la voz ahora sonaba irritada.

Janus llevó su mano al interior de su capa para sacarlo, y recordó que lo había arrojado en Zeal. Lentamente sacó su mano y buscó sombríamente en el área alrededor de él.

—Parece que se me cayó.

Hubo silencio por un momento, el extraño obviamente estaba analizando la situación. Finalmente, volvió a hablar.

—No te preocupes… sólo acepta tu última misión, y tendrás lo que quieres.

—¿Y qué sacas tú de esto? —replicó Janus.

—Lo que fue separado, será reunido.

Janus se encogió de hombros. Había escuchado lo mismo de las voces de Zeal. Ellos querían reunirlo con su hermana. Pero no había ningún motivo oculto que pudiera descifrar por el momento. La figura y las voces estaban unidas en esto.

—¿Simplemente deseas reunirnos a Schala y a mí? Si lo quisieras en serio, no me estarías enviando en estas misiones insensatas. ¡Quiero saber qué está pasando¡Voces y fantasmas me persiguen¡ que estás detrás de esto y quiero mis respuestas!

Janus empezó a escanear el área, entrometiéndose en la mente del extraño . Cogido por sorpresa, el extraño no pudo arrojarlo hasta el último segundo. Aún cuando no encontró información, Janus al menos pudo descubrir su localización.

Corrió hacia esa dirección, pero se topó con una barrera. Rebotó en la pared invisible y cayó al suelo. Lentamente intentó levantarse, pero, de repente, algo lo presionó contra el suelo… otra barrera. Janus forcejeó contra ella, pero era demasiado pesada.

—Tendrás tus respuestas cuando termines con lo que te haya asignado —la voz seguía sin rostro y Janus no podía reunir su magia para buscar otra vez—. Termina esta tarea y obtienes a tu hermana. Así de simple —la presión aumentó un poco—. ¿Aceptas?

Janus empujó inútilmente la barrera por otro momento, entonces volvió a hundirse en el suelo. Era absurdo intentar, había gastado demasiada magia en otros asuntos.

—Acepto. Pero ésta será la última.

—Bien… muy bien. Para que te entretengas, escala del Monte Denadoro y tráeme una roca —era otra misión estúpida—. Y ésta es la última. Confía en mí.

Confiar era lo último que se le ocurriría a Janus.

La presión que retenía a Janus desapareció y se puso en pie rápidamente. Se sacudió el polvo lentamente, mirando a su alrededor. Finalmente, se decidió a hablar.

—¿Quién eres? Respóndeme eso. Me debes un nombre, mínimo.

—Desde hace como dos años no tengo nombre. Pero puedes llamarme Vili, por ahora.

—Vili… —repitió Janus, meditabundo.

Se volvió y abandonó el castillo.

——-

—¿Todavía está inconsciente?

—Sí, esto empieza a ser bastante desolador.

—Sigamos intentando. No quiero que esto se ponga peor.

—Yo tampoco. Pero, por ahora, esto es lo mejor que puedo hacer.