PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo 11
"Retribución Accidental"
Crono veía el bosque desde lejos, sobrecogido. Algo estaba pasando ahí, y demasiado cerca de donde suponía estaba el hogar de Glenn para estar cómodo. Entonces empezó el retumbo. Al principio pensó que era una ligera sacudida, que hacía castañetear sus dientes. Después, la tierra crujió y Crono cayó de rodillas dolorosamente. El pequeño paquete de medicinas cayó con estrépito a su lado mientras él se sujetaba al suelo para evitar caer.
Momentos después de que empezara el temblor, el sonido del evento llegó a sus oídos. El inconfundible ruido de rocas que se partían y árboles que caían hizo eco a través de la distancia, diciéndole que lo que fuera que estaba pasando allí era mucho más grande de lo que había creído en un principio.
Unas rocas golpearon y cortaron sus manos y rodillas mientras él seguía "trepando" por el suelo. Hizo una mueca de dolor, pero no podía remediarlo. Apretó los dientes para evitar que castañetearan y uno o dos se rompieran.
Su brazo derecho se dobló por el golpeteo y cayó sobre su hombro, girando para quedar sobre su espalda. La tierra volvió a subir, haciendo que su cabeza se levantara y cayera, golpeando el suelo. La vista se le puso borrosa por un momento, y su cabeza volvió a golpear el suelo.
Se desmayó.
———
Glenn fue sacado bruscamente de su cama cuando el temblor comenzó. El edredón y la almohada fueron arrastrados con él, lo que agradecía. El sonido de los cristales rompiéndose vino del otro lado de la habitación, cuando los recipientes fueron derribados de la mesa.
Envolvió su cabeza en la almohada, como si fuera un casco, y la aferró firmemente, deseando que todo terminara pronto. Afuera, había sonidos definitivamente antinaturales, y comenzó a vislumbrar lo que había ocurrido.
Ciertamente, ellas habían encontrado a Magus.
Con una breve oración por su seguridad, apretó más la almohada y se quedó tan quieto como le fue posible, esperando que acabara. Sus heridas aún no habían sido tratadas del todo, y todavía seguía ligeramente lastimado. El temblor no le estaba haciendo bien.
A su lado, en el fondo de la cueva, escuchó un sonido desgarrador. Lanzando una mirada en esa dirección, vio que el techo de tierra empezaba a rajarse, y finos hilos de polvo llegaron al suelo.
¡Se va a derrumbar!, su mente pasó del nerviosismo al pánico.
Un trozo del techo, de aproximadamente el tamaño de su cabeza, se derrumbó y golpeó el suelo a un metro de su cuerpo postrado, rompiéndose en una nube de polvo.
¡Sal de aquí! Esta vez, su mente fue directamente al grano y no dio mucho lugar para discusión.
Afortunadamente, las raíces de los árboles que habían atravesado el subsuelo por tantos años sostuvieron la mayor parte de la tierra firmemente. Desafortunadamente, no era suficiente. Para probar esto, más polvo empezó a llover desde la grieta que crecía lentamente.
Glenn se levantó trabajosamente, agarrando una de sus heridas con una mano y la almohada con la otra. Apenas se había levantado, fue arrojado hacia atrás, cayendo sobre su cama. Se jaló hacia arriba lentamente, soltando su herida y sosteniéndose en la cama. Haciendo su mayor esfuerzo para mantener su equilibrio, empezó a avanzar a lo largo de la cama, hacia la salida de la cueva.
Tras él, la grieta se había agrandado más. Las rocas perdían su sostén y caían con estrépito al suelo. Se separó de la cama y cayó contra una pared. Ahora, usando la pared como una especie de barandal, siguió hacia la escalera que lo sacaría de la caverna.
Varios segundos después, tiró la almohada y se estiró para intentar sujetarse a la escalera. El techo se colapsó atrás de él. Las piedras y el polvo cayeron como una cascada cuando el techo cayó y se volvió parte del suelo.
Algo duro golpeó a Glenn en la parte de atrás de la cabeza, derribándolo. Miró brevemente hacia la escalera, aturdido. Entonces, algo pesado cayó sobre él y su memoria se perdió el conocimiento.
———
Crono abrió lentamente los ojos, sintiendo un dolor extremo en la cabeza y uno punzante en las manos. Lentamente intentó levantarse, sintiéndose demasiado aturdido para hacerlo en la primera oportunidad.
¿Cómo pasó esto?, se preguntó a sí mismo, tratando de sacar algo de su mente.
El terremoto. No, algo en el bosque. Los recuerdos regresaron lentamente mientras miraba a su alrededor. No había recibido ningún daño real, claro que sólo quedaban millas de planicie vacías a su alrededor. Pero se había acabado.
Se inclinó para levantar las medicinas, preguntándose si había traído alguna pócima para curar el dolor de cabeza. Lo abrió, y sacudió la cabeza. Su mala suerte apenas comenzaba. Éste sería un largo día…
Con otro vistazo a su alrededor, cerró el contenedor y avanzó hacia el Bosque Maldito, esta vez apretando el paso. Acababa de recordar que los otros tres habían estado en un peligro mayor que él.
El paso rápido pronto se volvió carrera.
———
Algo lastimaba sus ojos. Glenn se estremeció cuando se dio cuenta de que no sentía sus piernas por alguna razón. También le dolía la espalda, al menos sentir dolor indicaba que no se había roto el cuello. Además, tenía una increíble jaqueca.
Lentamente abrió los ojos, notando que era la luz solar lo que lo había incomodado. Sacudió la cabeza para aclararla, percatándose de que estaba cubierto de polvo que se había pegado a su viscosa piel como pegamento. Tosió un poco por el polvo que aún seguía en el aire, y escupió la tierra que había en su boca.
Suspiró y trató de levantarse. Sin embargo, algo lo mantenía abajo. Dio un gruñido alto cuando su espalda se quejó por el movimiento, luego miró hacia atrás. Había tierra y rocas apiladas sobre sus piernas por el colapso. Estaba atrapado. Mirando por sobre de él, vio que la escalera había caído, sosteniéndose sobre la cama y flotando sobre su cabeza. Detenía una piedra muy grande, lo suficiente como para dejarlo en coma si no fuera por la escalera.
Glenn se jaló otra vez, tratando de liberarse, pero la pila sobre él apenas y se movió. Gruñó por el esfuerzo, pero nada. Glenn dejó de jalarse por la tierra y estiró el brazo, sujetando un peldaño de la escalera con ambas manos. Entonces volvió a jalar, usando la palanca. Lento pero seguro, sus ensangrentadas piernas surgieron de la temblorosa montaña de escombros.
Cuando estuvo libro, empezó a arrastrarse a través del suelo hacia la cama. Tenía que tomar la Masamune. Llegó al lado de la cama, que también estaba cubierta de polvo. Glenn estiró los brazos otra vez y empezó a cavar con sus propias manos. Era doloroso, pero no le importó en ese momento. Finalmente, la brillante espada estaba libre. Metió las manos en el pequeño agujero y la sacó cuidadosamente. No había resultado dañada por el derrumbe, pero eso no lo sorprendía.
Mientras deslizaba la espada a su lado, volvió a ver los escombros y notó un pequeño pedazo de tela que sobresalía. Era su sábana. Podría necesitarla para sus heridas. Estaba sucia, pero necesitaba detener el sangrado. Jaló el desgarrado edredón, y empezó a vendar sus heridas apuradamente.
Cuando hubo anudado la última tira alrededor de su pierna, intentó levantarse otra vez. Volvía a sentir las piernas, pero no podría viajar por el momento. Tomó la Masamune y la usó como bastón, presionándola contra la tierra como una palanca para levantarse.
Entonces trastabilló hacia la salida, trepando por la montaña de tierra y piedras para llegar a nivel del suelo una vez más.
———
Crono saltó los troncos caídos mientras atravesaba el bosque, sin molestarse en perder el tiempo rodeándolos. Ante él, el pequeño claro que era el hogar de Glenn era visible por fin. Pero algo estaba mal.
Mientras se acercaba al agujero, de correr pasó a trotar, y de ahí, a caminar. La cueva había sido cavada, por lo que podía ver.
Están todos muertos.
Intentó callar su mente, deseando que no fuera verdad. Cuidadosamente, avanzó hacia el socavón. Era demasiado obvio que cualquier cosa que estuviera ahí dentro no tenía muchas posibilidades de sobrevivir. Y tres personas…
Sus pensamientos se detuvieron cuando vio a alguien cojear para salir.
Glenn había sobrevivido.
Crono saltó unos arbustos, precipitándose al claro. Frente a él, Glenn se tambaleó un poco y se vio forzado a usar su espada para no derrumbarse por completo. Estaba en una terrible condición. Crono dejo de correr y caminó cuidadosamente hacia el herido.
—Hey, Glenn¿estás bien?
Glenn levantó la mirada hacia Crono, dio un ligero asentimiento, y trató de ponerse en pie nuevamente. No lo logró, empero, y Crono tuvo que adelantarse para sostenerlo.
—Estaré bien —se atrevió a responder Glenn, a pesar de eso.
—Tal vez en una o dos semanas, pero no por ahora —dijo Crono, negando con la cabeza—. ¿Dónde están Lucca y Marle?
—No sé —Glenn gruñó y empezó a caminar hacia un tronco caído cerca de la orilla del claro.
—¿Qué quieres decir con "no sé"¿Están atrapadas allí abajo? —Crono se apanicó y volvió a mirar el hogar derrumbado; nada podría sobrevivir a eso…
—No. Habían ido a buscar a Magus y…
—Magus —lo cortó Crono—. Él fue quién hizo esto¿o no?
Glenn asintió y tosió.
—También me habían llevado mis pensamientos a esa conclusión. Más aún, creo que él regresará pronto.
Glenn se levantó de su asiento tambaleantemente y sostuvo su espada.
—Sería mejor si te fueras. Tengo que terminar esto por mi cuenta.
—No lo creo —Crono avanzó y sujetó a Glenn por los brazos—. No podrías ganar.
—Pero…
—Que no lo mates hoy no significa que no lo matarás mañana. ¿Sabes qué tan lejos estaba yo cuando empezó el temblor? Debían ser ocho kilómetros, y aún así me derribó. Los dos, en estas condiciones, no duraríamos un segundo contra él.
Glenn miró hacia el bosque de mala gana, como si estuviera buscando a Magus para terminar su duelo. El bosque estaba callado y vacío. Finalmente, Glenn asintió, y empezó a cojear hacia la dirección por donde había venido Crono.
—Bien. Hemos de regresar a Dorino.
—Bien, no me siento como para explicar tu muerte por ahora —dijo Crono, ayudando a Glenn a avanzar—. Y no es por sonar hipócrita, pero tan pronto como te lleve al pueblo para que te atiendan, regresaré y buscaré a Lucca y Marle.
Glenn suspiró.
—Haz como desees. Considerando mi estado, dudo que pudiera detenerte a ti más de lo que tú pudieras detener a Magus.
Estaban varios metros adentro del bosque antes de que Crono respondiera.
—Gracias… creo.
