PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo 16
"Utopía"


—¿Qué es esto? —exigió saber Janus, apartando la vista por fin de la ilusión.

Vili estaba fuera de su rango de visión, pero siguió hablándole a Janus. Su voz surgió de algún lugar, pero el eco hizo imposible determinar cuál.

—¿Crees que te mentiría? Hice un trato contigo y tú cumpliste tu parte. Ésta es la mía.

—Tú lo supiste todo todo el tiempo —lo acusó Janus—. Ayudaste a poner a Magus en el pedestal, y ahora arreglas algo que pueda atarme aquí para que él pueda vivir sin obstáculos.

—Naturalmente —replicó Vili, sin emoción alguna—. ¿Preferirías existir en la oscuridad, con una vida tan aburrida que te enloquezca? Te ofrezco una forma de que puedas seguir "existiendo" sin importar tu nueva desventaja. ¿Aceptas?

—No acepto —espetó Janus con una mueca desdeñosa—. Quiero salir.

Janus giró sobre su eje lentamente, tratando de encontrar al esquivo Vili. Sin embargo, no había nada además de las paredes del castillo, la oscuridad, él mismo, y Schala. Pero aún así la voz le contestó.

—No puedes escapar, ya habíamos hablado de eso. Crea un mundo alrededor de ti para existir en él; sin importar si es una ilusión o no, es todo lo que puedes hacer. Te pregunto otra vez¿aceptas?

Janus giró para mirar a Schala, quien lo miraba pacientemente, pero no se movía un centímetro. Ella no era real…

Pero en su mente lo podría ser. Cualquier cosa podría serlo. Aquí había la oportunidad de vivir en una utopía de su creación, sólo para terminar con lo que hizo la vida de Magus. Tenía un raro presentimiento de que Vili tenía razón, él no podría escapar jamás. Era él solo contra otros dos, sus iguales; pero juntos, su amo. No le quedaba nada más que su mente¿porqué no usarla para reemplazar lo que había perdido? Incluida su hermana.

Pero… ¿lo vale?

—Sí —respondió por fin.

———

—Bien… —dijo Crono por fin, enganchando su espada recién comprada en su ciento—. ¿Estamos todos listos?

—Tan lista como puedo estarlo —asintió Marle, cuya cara aún parecía cansada—. Aunque me gustaría haber traído mi ballesta conmigo.

—También me gustaría haber traído mi pistola; pero sí, estoy lista —concordó Lucca.

—Recuerden que es Glenn el que estará haciendo del daño —dijo Crono a amabas—. Él tiene la Masamune, que es lo que bloqueará la magia de Magus. Ésta espada —dio un golpecito a su arma—, no hará mucho; más que defenderme si Magus empieza a atacar físicamente. Y eso es improbable, permanecerá lanzando hechizos, y ahí es donde ustedes entran a la perfección.

—Sí, lo sé, lo sé —Marle meneó brevemente la cabeza—. Pero extraño mi ballesta.

—Considerando el tiempo que ha pasado desde que aquel sujeto vio a Magus en los bosques y ahora, yo diría que está a mitad del camino del castillo. Tendremos que apresurarnos un poco para alcanzarlo —prosiguió Crono.

Lucca adivinó sus pensamientos.

—Si podemos alcanzarlo antes de que llegue al castillo, bien para nosotros; si llegamos demasiado tarde, bien para él. Si vamos a ganar esta batalla, necesitamos la ayuda del castillo. Podríamos acorralarlo entre nosotros y los guardias, y esa sería nuestra mejor oportunidad para derrotarlo.

—Exacto —asintió Crono, y sonrió—. ¿Alguna pregunta?

Había sido una pregunta retórica, no esperaba que alguien no hubiera entendido algo. Sin embargo, Glenn tenía una pregunta.

—¿Matamos a Magus, o le dejamos inconsciente para que podamos ser capaces de discernir qué extraño mal le ha causado el convertirse en un esbirro malévolo?

Crono y Marle se volvieron a Lucca, quien meneó la cabeza.

—Odio tener que decirlo, pero sería más seguro matarlo. Si encontramos una manera no-letal de dejarlo fuera de combate, bien. Sé que hay algo mal aquí, pude verlo cuando se volvió loco en el Bosque Maldito. Pero, al final, matarlo sin consideraciones sería lo más seguro.

—De acuerdo —dijo Crono, tratando de sonar neutral—. Entonces empecemos de una vez. Una casualidad es suficiente, pero no quiero ver muerto a un castillo entero.

———

El niño caminó calmadamente por los pasillos, pasando junto a personas ricamente vestidas que difícilmente lo notaron. A su lado, su gato lo seguía obedientemente, trotando en silencio. El gato era morado grisáceo, combinando con el cabello del niño. De hecho, combinaba con el cabello de la mayoría de la gente ahí. Había otras criaturas, redondas y azules, esparcidas por aquí y por allí en los cuartos y corredores del pasillo. Sin embargo, el niño les puso tan poca atención como a la gente. Tenía un destino en mente.

Janus, de ocho años, dio vuelta en una esquina y empezó a subir por un pequeño tramo de escaleras, dirigiéndose a los cuartos principales del castillo de Zeal. Llegó a la cima, pasó entre dos guardias inmóviles para entrar al cuarto que ellos vigilaban. Alfador, el gato, se detuvo un momento para olisquear con curiosidad el pie de uno de los guardias, luego se alejó y saltó hacia la dirección por la que iba Janus.

Janus golpeó la puerta interior, esperando una respuesta. Desde adentro, escuchó un débil "Pase", y eso hizo. Dejando la puerta entreabierta para que Alfador pudiera entrar tras él, saltó rápidamente por las escaleras y se volvió a su derecha para encontrar a Schala.

—Oye¿estás lista? —preguntó, curioso.

Schala se volvió hacia él, intentando que la confusión no se viera en su cara.

—¿Lista para qué, Janus?

—Hoy vas a llevarme abajo, a la ciudad —le recordó.

—Oh, sí —reconoció—. Lo siento, por poco lo olvido.

—Eso quiere decir que no estás lista¿o sí?

—Sólo por ahora —rió Schala—. Dame un minuto.

Fue hacia el clóset y tomó su capa, envolviéndose en ella.

—Pero recuerda que nuestra madre me necesita más tarde, más o menos en cinco horas, para ser exactos.

—Claro, claro —dijo Janus, enfurruñado—. Pero todavía tenemos tiempo.

Schala lo siguió hacia la puerta, dando una breve Mirada atrás para ver si llevaba todo lo que necesitaba. Satisfecha, se volvió y caminó hacia la puerta, cerrándola tras de sí.

Janus estaba reviviendo los momentos más felices de su vida. Antes de Lavos, antes de la destrucción, y antes de la pérdida. Tal vez esto no era tan malo después de todo, poder vivir una mentira. Una mentira que, al final, trae alegría en vez de dolor. ¿En serio eso era tan malo?