PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo
18
"Acertijos
y Enigmas"
Janus empezaba a entender lo que estaba pasando. Al principio, sólo había estado él. Luego, cuando Lavos lo arrojó al siglo séptimo, había sido capturado por Ozzie. El encarcelamiento había sido brutal, algo en su mente se partió y la persona de Magus fue creada.
Como Magus, subió de rango y al final tomó el lugar de Ozzie. Allí, intentó convocar a Lavos, pero algo salió mal y fue enviado de regreso a Zeal. Los recuerdos, los lugares familiares, las personas conocidas fueron suficiente para reestablecer la mente, dejando que Janus retomara el control. Ahí, en un intento de arreglar su pasado previniendo que Lavos enviara su anterior yo al futuro, adoptó el disfraz de profeta. Usando su conocimiento de los eventos futuros para ganar la confianza de la reina, tuvo la oportunidad de llegar hasta Lavos al ser invocado. Había fallado y, otra vez, Janus se había perdido.
Sin embargo, su presencia como oráculo fue conocida. Tomándolo como un verdadero profeta, sus palabras fueron recordadas y recopiladas en un libro de profecías. Siglos después, Magus encontró eso libro y malinterpretó la sección que hablaba del surgimiento de Lavos en el siglo séptimo. Ahora cree que él es el que traerá el armaggedon a este mundo.
Era extraño; en resumen, Janus se había ordenado que destruyera el mundo. Y se había obedecido. Sin embargo, aún había un gigantesco hoyo en la historia. Vili no encajaba en ninguna parte. Tal vez podría preguntarle de dónde había venido. Pero, con su suerte, seguramente Vili evadiría la pregunta, como siempre.
Una vez, la mente de Janus se puso a pensar en la posibilidad de escapar. ¿Cómo podría hacerlo? Podría intentar pelear contra Magus, pero Magus tenía a Vili de su parte. La mejor alternativa sería convertir a Vili en su aliado, pero era casi imposible, considerando que Vili jamás diría sus razones para estar de parte de Magus. Estaba atrapado.
Y no había otro escape que la muerte. Y no su muerte, sino la de Magus. Y no podía controlar eso.
———
Magus avanzó por el puente levadizo, que estaba abajo y daba a la entrada del castillo. Ante él, dos guardias de pie bloqueaban la entrada abierta. Lo examinaron, esperando que cruzara y mostrara que podía entrar. Magus sonrió por dentro, no podían rechazar su identificación. Avanzó, sus pies no hicieron otro sonido sobre el puente que un ligero crujido. Los guardias siguieron esperando pacientemente.
Otro paso, más crujidos. Magus inclinó su cabeza mientras se acercaba, ocultando su cara. Los guardias se pusieron tensos, llevando la mano a sus espadas con nerviosismo. Era un extraño, y uno muy sospechoso. Además, tenían una buena razón para estar asustados. Ya estaba a medio camino. Se retorció ligeramente para dejar que su guadaña saliera a la luz por el más mínimo de los momentos. No lo suficiente para mostrar malicia, pero sí para ponerlos aún más nerviosos. Funcionó.
—¿Quién va? —preguntó el guardia de la derecha, sin mostrar su nerviosismo en la voz.
Magus no respondió, pero mantuvo la cabeza inclinada, con la capa cubriéndolo de pies a cabeza en la oscuridad. Estaba a sólo diez pasos. El otro guardia desenvainó su espada bruscamente, haciendo que el que había hablado diera un salto de sorpresa. Repitió la pregunta de su compañero. Magus dio un paso más, el puente volvió a crujir bajo sus pies. Los dos soldados estaban armados.
—¡Detente¡Detente ahora mismo, he dicho! —empezó a gritarle a Magus el guardia de la derecha.
Cinco pasos de distancia. Magus levantó la cabeza lentamente, la luz se escabulló hacia su capucha, iluminando primero su cuello, luego hasta la nariz. Mientras miraba fijamente al guardia que hablaba, su cara se hizo visible. Y el guardia lo reconoció.
—Mag- —empezó, y fue forzado a detenerse cuando Magus acortó la distancia.
Otro destello de luz, acompañado de un sonido metálico. Algo largo y afilado subió en el aire y se balanceó hacia la cabeza del hombre. El guardia levantó su mano temblorosa, haciendo que su espada bloqueara la guadaña que descendía. Las dos hojas se encontraron con un sonido metálico. Magus estiró el brazo derecho y sujetó al soldado por el frente de su cota de malla y lo arrojó a la derecha, tirándolo del puente.
Desviando la mirada del guardia caído, vio al otro correr hacia el castillo para pedir ayuda. Tranquilamente, estiró el brazo de su mente y detuvo al soldado. El hombre fue jalado hacia atrás, gritando y llamando la atención de otros guardias. Aterrizó a los pies de Magus, para morir cuando la guadaña se encajó en su pecho. Magus retiró el arma y pasó sobre el cuerpo. Sin emoción en la cara, entró en el castillo.
Con el poder de su mente, cerró y aseguró las puertas tras él, para evitar cualquier intento de escape.
———
—¿Vili?
Janus todavía estaba echado sobre su cama, en su cuarto. Estaba solo, su hermana se había ido a algún lugar por las próximas horas.
—¿Qué pasa?
—Tengo otra pregunta que hacerte —dijo Janus, sentándose en la cama—. ¿Cómo es que tú empezaste a existir?
—¿Porqué te interesa eso tan de repente?
Janus suspiró, tratando de encontrar las palabras que no ahuyentaran a Vili.
—Estoy empezando a entender un poco de tu plan, por lo que dijiste sobre el profeta; pero me gustaría saber de dónde vino tu persona. Magus fue creado por Ozzie, yo era el original, pero no puedo encontrar un lugar para ti.
—¿Quién dice que tú eres el original? —la voz de Vili sonaba sorprendida.
—¿Estás diciendo que tú eras el original? No puede ser, yo recuerdo toda la niñez del anfitrión. Sé…
—Ya te he dicho antes que no es tu asunto preguntar lo que no entiendes —Vili ya no estaba sorprendido.
—¿Porqué no me lo dices? —presionó Janus—. Estás escondiendo algo, casi como si tuvieras miedo de mí.
—No eres una amenaza —se defendió Vili.
Janus se puso en pie.
—Entonces dime lo que quiero saber.
—No te escondo información por miedo, Janus, lo hago porque quiero.
—Y eso es porque… —preguntó Janus sarcásticamente, empezando a enojarse también.
— No mereces saber todo lo que pasa a tu alrededor. Nadie lo merece. Aprende a vivir en la ignorancia, como todos los demás.
—Puedo apren… —Janus empezó a gritar.
—¿Janus¿Estás bien? —la voz de Schala vino del otro lado de la puerta.
Janus hizo una mueca de disgusto al aire a su alrededor.
—Lo hiciste a propósito. ¡Haz que se vaya de nuevo y hablemos de esto de una vez por todas!
La perilla rechinó por un momento, entonces la puerta se abrió para revelar una Schala preocupada.
—Janus¿con quién estás hablando?
No hubo respuesta por parte de Vili, lo más probable era que se hubiera ido, usando a Schala como escudo. Janus resistió el impulso de usar su voluntad para destruir el mundo creado a su alrededor. Era todo lo que tenía. En vez de eso, se volvió a sentar en la cama.
—Nada… quiero decir, con nadie. Estaba hablando conmigo mismo.
—Bien —dijo Schala, sin darle importancia al asunto—. Nuestra madre quiere que vaya con ella a la reunión de esta noche para dar ideas sobre la construcción, así que tal vez no vuelva en toda la noche.
—¿Construcción de qué? —Janus no estaba realmente interesado, por el momento.
—Del Palacio del Océano¿recuerdas? —Schala ladeó la cabeza—. ¿O acaso no te lo dije?
El Palacio del Océano. Lavos. ¿Qué le estaba haciendo en la utopía de Janus? Se suponía que este fuera un mundo arreglado sin problemas¿qué estaba pasando? Algo estaba realmente mal. Tan pronto como Janus sentía que estaba comprendiendo las cosas, alguien arrojaba más cosas a la pila. Sacudió la cabeza, pero no por disgusto. Estaba respondiendo a la pregunta de Schala.
—No, no que me acuerde.
