PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo
19
"Invasión"
—Hey¿cómo…? —Magus se volvió hacia el guardia que gritaba y lo arrojó contra la pared de enfrente con el poder de su mente. Se escuchó un golpe seco y el guardia se resbaló de la pared. No volvió a levantarse.
Magus le dio la espalda al soldado herido y siguió caminando, entrando al vestíbulo. A su izquierda, media docena de guardias se arrojaron hacia él desde las barracas, agrupándose en la esquina. Un destello de su mente y se vieron forzados a detenerse ante el muro de fuego que surgió frente a ellos, bloqueándoles el camino. Momentos después, un dardo de ballesta voló a través de las llamas hacia el mago, indicando que los guardias tenían más que sólo espadas. Sin embargo, el dardo se desintegró en el aire, a medio camino de su blanco.
Magus ni siquiera les dio una breve mirada. Más soldados entraron provenientes de la cafetería, desenvainando sus espadas y preparándose para pelear, aunque con un poco de dudas. Sólo unos pocos de ellos llevaban armaduras, probando que se habían lanzado a la defensa sin planificar mucho. Pero eso no importaba. Sus armaduras no eran nada contra la magia.
Una pequeña bola de fuego se encendió alrededor de la mano de Magus. Tranquilamente, levantó su puño para que los guardias lo contemplaran. Varios de ellos retrocedieron, temerosos de la magia. Magus sonrió. Entonces disparó la bola de fuego desde su mano hacia el pequeño grupo. El blanco estaba listo para agacharse y esquivar el ataque, pero la explosión alcanzó a golpear el guardia tras él en pleno pecho. El calor lo desgarró mientras sus ropas se incendiaban. El impacto lo arrojó por el aire, aterrizando de espaldas varios metros atrás, envuelto en llamas. Muerto antes de que tocara el piso.
—¿Dónde están los caballeros? —gritó uno de los guardias, molesto. Uno de los otros meneó la cabeza.
—Muchos de ellos fueron enviados a explorar el bosque al sur.
—¿Depende de nosotros, entonces? —preguntó tristemente el guardia, el otro asintió.
Otra bola de fuego se había formado en la mano de Magus. No tenían elección.
—Despídanme de mi familia —digo el guardia que había empezado con las preguntas, agachando la cabeza. Entonces volvió a levantar la mirada, con determinación en ella—. ¡A la carga!
La bola de fuego se dejó ir una vez más, mientras los soldados de Guardia probaron su valor.
———
—¿Escucharon eso? —preguntó Crono, girando su cabeza a un lado.
Estaban a medio kilómetro de la entrada del bosque. Frente a ellos, con claridad, se divisaban las torres del Castillo de Guardia. Estaban muy cerca, pero aún no veían señales de Magus.
—No… —contestó Marle, intrigada.
—Sonó como una explosión, pero no estoy seguro.
—Si ese es el caso, llegamos demasiado tarde —dijo Lucca.
—Entonces hemos de apresurarnos —intervino Glenn—. Pues la vida de Marle bien podría depender del resultado de este conflicto.
Glenn apuró el paso, y los otros se vieron forzados a seguirlo. Aún si era demasiado tarde para Guardia, todavía tenían una obligación para con el resto del mundo. Un rato después, estaban en el bosque, moviéndose rápidamente a lo largo del sendero que dirigía a su destino.
———
—¡Su Majestad, debe salir del castillo! —dijo un guardia apuradamente, empujando al rey para que usara la salida de emergencia.
El rey siguió rechazando el empujón del guardia, sin embargo. No quería irse.
—Saquen a la reina de aquí¡no se preocupen por mí! Sólo denme una espada.
Abajo se escuchó otra explosión, seguida de gritos de dolor. Estaban siendo mermados. El guardia escuchó por un segundo y sacudió la cabeza.
—Siga por la puerta, Su Majestad.
El rey miró airadamente al guardia por un segundo, y después suspiró.
—Muy bien. Pero más les vale salvar mi castillo.
—Con mi vida, Su Majestad —el guardia saludó mientras el rey se daba la vuelta para marcharse, después desenvainó su espada y partió para luchar.
———
Magus sonrió oscuramente al ver a los guardias que le bloqueaban la entrada al cuarto del trono. No entendían su propósito. Se movían nerviosamente, sólo quedaban unos pocos. El vestíbulo había quedado cubierto por decenas de cuerpos de la guardia del castillo. La protección del rey y la reina. Derrotados como si no fueran nada.
Magus hizo como si fuera a avanzar hacia el pequeño grupo, quienes evidentemente se avergonzaban de sí mismos por su cobardía. Entonces dio media vuelta, caminando hacia el pequeño tramo de escaleras cercano a la cafetería. Yendo hacia abajo.
Los guardias reaccionaron inmediatamente, volviendo a cargar contra él. Pero se detuvieron cuando dos de ellos fueron asesinados con magia. Magus ni siquiera se molestó en volverse para encararlos.
—¿A dónde va? —preguntó uno de los guardias, inclinándose contra la pared, a la vuelta de la esquina por donde Magus se iba.
Otro guardia meneó la cabeza, mientras otros se encogían de hombros. Uno de ellos habló:
—Tal vez está perdido. Yo esperaba que fuera por el rey.
Las puertas del salón del trono crujieron al abrirse, atrayendo la atención del grupo. Entró otro guardia, aquel que había sido responsable de la partida del rey y la reina. Se apoyó en la madera de roble y la puerta se cerró con un sonido apagado. Dio un ligero resoplido y caminó hacia los otros guardias, su espada chocaba con su armadura.
—¿Está el rey a salvo, señor? —preguntó uno de los guardias, dirigiéndose al comandante.
—Está usando el pasaje de escape —contestó el otro—. ¿Llamaron a los refuerzos?
—Sí —asintió el guardia.
—¿Y Magus?
Otro guardia sacudió la cabeza lentamente.
—Se fue por allá —dijo, señalando el pasaje—. No sabemos porqué.
El comandante asintió solemnemente, y pasó la mirada por el suelo a su alrededor, cubierto de cadáveres.
—¿Esto lo hizo un solo hombre?
Aunque era una pregunta retórica, aún sentía que una respuesta le ayudaría.
Pero no recibió ninguna. En vez de eso, surgió otra pregunta.
—Señor… ¿qué hacemos?
—No llegarán refuerzos hasta que pase por lo menos un día, y para entonces Magus ya se habrá ido hace tiempo, y nosotros llevaremos un tiempo muertos. Eso es lo que tenemos, pero el castillo NO, NO caerá ante ese monstruo.
El comandante desenvainó su espada y apartó al soldado que tenía en frente de su camino.
—Vamos tras él.
———
—¡Magus!
El mago se volvió desde la puerta y miró hacia atrás, escrutando los más o menos quince guardias que lo seguían. Intentarían detenerlo, como todos los demás. Y como todos los demás, fallarían. Olvidando la puerta por el momento, echó atrás su capa para revelar su guadaña re-encogida. Su mano se deslizó por ella lentamente, preparándose para invocar todo su poder en un instante. Su magia podría encargarse de ellos, pero a veces era necesario un poco de esgrima
—Alto, Magus. ¡Ríndete o muere! —uno de los guardias, probablemente el líder, avanzaba valientemente hacia él, con la espada desenvainada.
Magus sonrió oscuramente y levantó su mano. Se incendió con una llama alegre, la energía chispeaba alrededor de su mano. Se preparaba para terminar con la vida de otra persona
—¡Deja tu magia y peleemos como hombres! —gritó el comandante, deteniéndose a diez pasos del hechicero—. ¡Hoja contra hoja y fuerza contra fuerza determinarán nuestro destino, no trucos mezquinos!
La mano de Magus se deslizó otra vez por la hoz, anticipando un truco, aunque deseando una batalla. Estiró la mano, preparándose para apuntar hacia el soldado, pero se contuvo. No quería molestarse con algo tan trivial, pudiendo derrotar al sujeto tan fácilmente con su magia. Sin embargo, era el destructor de todo, el que terminaría la existencia de la humanidad. Ser retado así desafiaba todo eso y no podía ser pasado por alto. La llama murió en su mano.
—Peleemos, entonces —contestó Magus, sujetando el báculo de su arma.
Varios de los guardias se prepararon para pelear también, envalentonados por el hecho de que sería un combate sin magia. Sin embargo, el comandante los silenció y retuvo.
Sólo él y el mago.
Sostuvo en alto su espada, dio un paso adelante, avanzando hacia Magus. El mago aún no desenfundó su hoz. Como si esperara algo.
—¡Desenvaina y pelea, hechicero! —gritó el comandante, deteniéndose a tres pasos de Magus.
Magus miró fríamente hacia los ojos del soldado, sin moverse. Sin sacar su arma.
—Entonces, muere —el comandante dejó caer su espada sobre la cabeza de Magus. Los guardias tras él observaban, expectantes, creyendo que el golpe de gracia llegaría tan rápido.
La espada siguió descendiendo y el comandante también creyó que tenía la batalla ganada. Pero antes de que se hicieran más esperanzas, se hubo un sonido metálico y un relampagazo de luz. La hoz de Magus había subido para prevenir el golpe, aún sin extenderse. Los dos combatientes saltaron hacia atrás y Magus giró la muñeca. El mango de la hoz se extendió, convirtiéndose en un báculo largo. La hoja se extendió desde el extremo del báculo, terminando la transformación. Magus usó el rango extra de su arma para dar el próximo golpe.
El comandante dio un salto atrás para esquivar el ataque a su cabeza y la guadaña golpeó el suelo con un sonido metálico, unas chispas saltaron del punto del impacto. El comandante aprovechó el fallo de Magus para agitar su espada hacia el báculo de la guadaña, intentando romperlo. La guadaña se hizo a un lado, pero Magus logró mantener su agarre. Los guardias empezaron a lanzar vítores, notando que la probabilidad de victoria de su comandante estaba subiendo..
El comandante volvió a atacar, esta vez al desprotegido torso de Magus. El mago rápidamente retractó su guadaña, haciendo que su capa girara a su alrededor. Enganchó el arma que se aproximaba con la hoja de su guadaña, y giró. El giro hizo que la espada fuera jalada del comandante. Sin embargo, el soldado se sujetó a ella y fue disparado hacia delante, tropezando del otro lado de Magus. Se giró rápidamente, casi a punto de caer sobre sus rodillas para ver a Magus atacar a su cabeza otra vez. Había demasiada fuerza en ese ataque, no podría bloquearlo. En vez de eso, rodó para alejarse, manteniendo su espada lejos de sí para evitar cortarse él mismo.
La guadaña golpeó el suelo con un chasquido y una pequeña dotación de chispas. El comandante giró con su espada en el ángulo correcto. Sin embargo, Magus había recuperado su posición óptima mucho más rápido de lo que habría esperado. La guadaña volvió a hacer acto de presencia, bloqueando el golpe. Entonces, atrapando la baja de guardia del comandante, la guadaña volvió a girar, atrapando la espada y jalándola. Esta vez, la espada escapó de sus manos y cayó al suelo.
La mano izquierda de Magus se había lanzado y lo había sujetado por el cuello, levantándolo sin esfuerzo. El comandante inútilmente se resistió y tiró de la mano, rechazando la fuerza sobrehumana contra la que no tenía esperanzas. Sus pies daban patadas a lo loco, golpeando a Magus a la altura de los intestinos, pero él no parecía notarlo. Siguió con el comandante en lo alto y ahorcándolo.
La mano del comandante soltó la de Magus y se dirigió a algún lugar bajo su armadura. Jadeando, sacó una daga. Magus no pareció notarlo, empero. Con sus últimas fuerzas, dirigió el cuchillo hacia el pecho de Magus. Desafortunadamente, la hoja golpeó cerca de su hombro derecho.
Magus se encogió de dolor brevemente, pero no dio muestras de aflojar su agarre.
El comandante gritó su última orden
—¡Máten…lo!
No hubo necesidad de repetirlo, aún mientras Magus dio un apretón más con su mano para romper el cuello de su víctima. Los soldados salieron a la carga mientras Magus alistaba su magia una vez más.
———
—La puerta está abierta —notó Crono sombríamente mientras se aproximaban al castillo.
—Lo sé —Marle sacudió la cabeza mientras sacaba su ballesta—. Pero sigo aquí, así que no es tan malo como parece… o eso espero.
Se escuchó una pequeña explosión en el interior del castillo, haciéndolos ponerse por reflejo en posición de defensa. La explosión fue acompañada poco después por el sonido de metales entrechocando. Había una batalla allá adentro.
—¡Apúrense! —gritó Crono, corriendo hacia el castillo, con los otros tras él.
———
El mundo alrededor de Janus ondeaba, giraba y se entremezclaba. Janus se tambaleó, con su figura oscilando entre la del niño y la del mago de mediana edad. Algo estaba mal ahí. Ya no podía ver a su hermana mientras caía contra la cabecera, y trastabilló hacia atrás. De repente, un dolor desgarrador atacó su hombro derecho, algo que jamás habría imaginado. Sujetó su brazo en agonía mientras su cuerpo volvía a tomar la apariencia mayor.
Algo estaba mal, tal vez Magus estaba muriendo. Janus miró alrededor del cuarto con frenesí, preguntándose que vendría después. La pared giraba y cambiaba, convirtiéndose en un cielo nublado un momento, y en la pared de su castillo después. La cama contra la que se estaba inclinando desapareció también, aunque aún sentía el apoyo de algo invisible.
La puerta también cambió de forma, pareciéndose a él un momento, luego a Schala, luego a una roca. El cambio siguió, desorientando a Janus.
—¡Vili! —gritó por fin. No le llegó respuesta alguna—. ¡Muéstrate, Vili¡Tenemos que hablar!
Janus intentó levantarse lentamente, pero no pudo encontrar un punto de apoyo en un mundo que cambiaba a su alrededor. Cerró los ojos, lo que lo ayudó mucho.
De repente, todo acabó. El dolor se había ido, el ruido también. Janus abrió lentamente los ojos para encontrarse de nuevo dentro del dormitorio, que era perfectamente normal. Y otra vez era un niño.
Rápidamente, su mente sopesó las posibilidades. Obviamente algo le pasaba a Magus. Tal vez estaba muerto, o tal vez estaba herido; Janus no tenía idea. Pero sabía que tenía que ponerle fin a esa situación.
Esa misma noche, escaparía.
—¡Vili! —llamó una vez más, otra vez sin respuesta.
