PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo 22
"Segunda Oportunidad"


—¿Y adónde lo llevamos? —preguntó Crono, levantando una roca de la pila—. Me imagino que a algún lugar seguro, pero… ¿dónde es eso?

Lucca se inclinó y rodó una piedra para alejarla de Magus, casi rompiéndose el pie cuando se alejó de su camino.

—Eeh, todavía no lo he pensado.

Crono asintió, un poco molesto, pero sonriendo ligeramente.

—Genial.

Pateó una roca del tamaño de una calabaza, tratando de aflojarla. Marle lo miró de reojo.

—No seas tan rudo, Magus aún está ahí abajo.

Crono dejó de hacer tonterías con su pie y se inclinó para levantar la roca.

—Lo siento. Sólo intento pensar.

Glenn sujetó los brazos de Magus y empezó a jalar suavemente, pero el peso de las rocas lo resistió. Tendrían que quitar más o cortar a Magus por la mitad. Crono casi pateó otra roca, pero se detuvo.

—¿Saben? Habría sido mucho más fácil si Magus lo hubiera planeado un poco mejor antes de saltar del techo del castillo

—Deja de quejarte tanto —espetó Lucca—. Ya casi acabamos.

—Dime eso cuando sea cierto, como en dos horas —replicó Crono, arrojando otra piedra de la pila. Golpeó el suelo tras él con un fuerte crujido, haciéndolo encogerse—… ups.

—No las tires, Crono —Marle meneó la cabeza—. ¿Quieres hacer otro agujero hacia el sótano?

No era tan pesada. Y además, no es como si otro agujero importara mucho, considerando que aquí hay uno, y por allá otros dos.

—Mantengamos contento al Rey —agregó Lucca—. Está poniendo las manos al fuego por nosotros. Sería de muy mal gusto corresponderle destruyendo más su castillo.

—¿Dónde está el rey, a propósito? —preguntó Marle, dando una pequeña mirada alrededor.

—Dijo que iba a su cuarto a pensar. Igual le haremos saber cuando terminemos —respondió Lucca, prosiguiendo con su tarea.

Crono hizo rodar otra roca, asegurándose de no arrojarla, mientras Glenn sujetaba a Magus e intentaba jalarlo una vez más. El mago se deslizó por debajo de la pila unos centímetros, haciéndola temblar. Marle rápidamente tomó una de las rocas más grandes que había sobre su estómago y la levantó con un quejido.

Cuando Magus estuvo lo suficientemente afuera de la pila, Glenn giró sus brazos, haciéndolo rodar. Las piedrecillas que aún quedaban sobre él cayeron y Glenn lo sacó por completo. Cuando estuvo lo bastante lejos de los escombros, lo soltó y se desplomó en el suelo.

—Hecho —dijo Crono, mostrando sus grandes habilidades perceptivas—. Voy por el rey.

Y con eso se fue, subiendo las escaleras para decirle a Su Majestad las buenas nuevas. Cuando se perdió de vista, Marle repitió la pregunta que había hecho más temprano.

—¿Y adónde lo llevamos?

———

—¡Janus¡Regresa!

Janus no hizo caso de la vacilante voz de Vili tras él mientras corría a través de la luz, alcanzando el punto que le daría el control del cuerpo otra vez. Magus había caído, derrotado y débil. Era su momento para recuperar lo que era suyo y posiblemente advertir a quienes podían ayudarlo. Estaba seguro de que había una manera de sellar a Magus. Pero, si no la había, tendría que matarse a sí mismo.

—¿Janus?

—¡Intenta detenerme, Vili! —gritó Janus por sobre su hombro.

Aparentemente, Vili no lo escuchó. Siguió gritando tras Janus.

———

—¿La catedral? —la idea tomó por sorpresa a Marle.

—No, es una gran idea —retrucó Crono—. Está abandonada¿no?

—Sí —el rey asintió—. Lo ha estado desde el incidente de hace años.

—Ahora, el siguiente problema¿cómo salimos a través de los caballeros? —agregó Crono—. El Rey está de nuestra parte en esto, pero ellos están algo… molestos… con Magus ahora, y si se enteran de que el Rey lo dejará ir así como así, no estarán nada contentos.

—La moral caería demasiado para mi gusto —comentó el Rey. El grupo quedó en silencio por un momento, pensando en cómo salir del embrollo. Entonces el Rey volvió a hablar—. Mi salida trasera.

—¿Salida secreta? —preguntó Lucca, intrigada.

El Rey tosió y después asintió.

—Sí, así fue como yo… escapé.

—Eh… ¿Marle? —dijo Crono de repente, llamando la atención de los demás.

—¿Sí? —Marle se volvió hacia él, para encontrarlo viendo a Magus.

—Está… eh… despertando —respondió, dando un paso atrás—. Ponlo a dormir otra vez.

Súbitamente, el cuerpo de Magus se agitó salvajemente, doblándose mientras gritaba de dolor. Magus se retorció y lentamente se arrastró, alejándose de la montaña de rocas. Crono se hizo para atrás rápidamente.

—¡Ponlo a dormir¡Ponlo a dormir!

—Ayúden… me… —Magus levantó la mirada hacia las personas que lo rodeaban, viendo cómo Marle empezaba a preparar su hechizo—. Por favor no…

—¿Qué eres tú? —preguntó Crono, rodeando la lastimada figura para reunirse con los demás.

Sin embargo, cuando se acercó lo suficiente, Magus estiró el brazo y sujetó su pierna. Crono perdió el equilibrio y cayó de frente, tirando de su pierna para intentar soltarla de Magus. Pero Magus tenía un agarre de hierro. Crono giró y trató de encontrar un punto de apoyo para arrastrarse. Lucca corrió hacia él para ayudarlo a alejarse. Levantó la vista por un instante y se topó con la mirada del alma torturada frente a ella.

Los ojos de Magus no eran lo que ella esperaba. Sintió que flotaba en sus abismos,

perdiendo la noción del mundo a su alrededor. No oyó los gritos de ayuda de Crono, pues podía jurar que estaba escuchando súplicas de la mente de esa persona. Magus necesitaba ayuda, algo no estaba bien.

Entonces los ojos cambiaron, pasando a la completa ausencia de pensamientos. Lucca salió de su hechizo y volvió a mirar. Marle había terminado su conjuro. Magus se desplomó, soltando a Crono. El chico dio un tirón de su pierna para sacarla de lo que quedaba del agarre e inclinó la cabeza hacia Marle.

—Gracias.

—No hay de qué —contestó ella, viendo al durmiente.

—Bueno, se la ganó —Crono se serenó a sí mismo—. Ésta es la cosa más extraña que me ha pasado. Estaba pidiendo ayuda, pero atacándome al mismo tiempo.

—No te estaba atacando —intervino Lucca, distante.

—¿Eh? —Crono se volvió hacia ella—. Él como que me agarró la pierna.

—¿Y? —Lucca se irguió y lo encaró, con la voz más firme que antes—. Vi sus ojos. Estaba asustado. Algo está pasando en su mente, algo que realmente lo está afectando, y viene de su interior.

—¿Un trauma? —aventuró Marle, entendiendo de lo que hablaba Lucca.

—No lo sé —Lucca sacudió la cabeza y dio un vistazo al durmiente—. Simplemente llevémoslo a la catedral.

———

Janus golpeó el suelo de rabia ante su nuevo fallo. Dos veces había tenido la oportunidad de retomar el control, y ambas veces había sido despachado por los mismísimos sujetos que había aceptado como sus amigos. Lo estaban dañando más de lo que imaginaban. ¿Cómo podrían saber lo que le pasaba? Su mente rápidamente recordó sus últimos momentos, Lucca obviamente había visto algo. Se atrevió a no subestimar la mente de la chica, había estado viéndolo los últimos segundos antes de que la magia lo dejara inconsciente.

No tenía sentido lamentarse por el pasado, sin embargo. Janus se levantó y miró la negrura a su alrededor. La nada que lo rodeaba en las bóvedas de su mente. Magus estaba ahí, había vuelto otra vez a las llamas de su propio enfermo con la única cosa que podía destruirlo.

Y también estaba Vili. La enigmática tercera persona que parecía haber escogido a Magus, pero sin ayudarlo. ¿Qué pasaba con él? Janus sopesó eso mientras exploraba a su alrededor, buscando al misterioso Vili. Tendría que hablar con él otra vez.

Mientras vagabundeaba, empezó a preguntarse si en serio se estaba moviendo. La negrura a su alrededor no era nada, no podía ubicarse de ninguna forma, ninguna dirección o movimiento podría ser verificado. Janus se detuvo por un momento, pensando en si él debería establecer todo eso. Entonces una voz llegó a sus oídos y se paralizó de terror.

—Hola, Janus —dijo Magus desde las sombras.