PROFECÍAS
por
Jerm
Capítulo
30
"Resoluciones"
Tras eso, no hubo más que silencio. El único movimiento venía de las llamas crepitantes en los braseros, y el ligero moverse del grupo derrotado, respirando silenciosamente. La estatua se erguía impávida, coloreada de rojo por el fuego que ardía a su alrededor. En el centro del círculo de fuego yacía la Masamune. Descansaba, intacta a pesar de la batalla que acababa de presenciar.
Derribado ante la estatua, boca-abajo, estaba el cuerpo derrotado. Sin poseer ya un nombre: Vili, Magus y Janus estaban caídos. Había acabado.
Posiblemente…
Lejos del mago caído, algo se movió. Las manos de Lucca se deslizaron lentamente sobre el suelo, mientras intentaba levantarse con debilidad. Sus lentes estaban estrellados, el derecho había perdido la mitad de su cristal. Gruñendo ligeramente, giró para acostarse de espaldas y trató de sentarse. El dolor era insoportable.
Lavos los había golpeado severamente. Pero no había tenido tiempo para acabar con ellos… algo había pasado. Lucca giró la cabeza y miró hacia el suelo para encontrar nada, estaba vacío. Forzó la vista, pero seguía viendo borroso. Molesta, arrojó sus lentes. Se hicieron añicos en el suelo. Intentó levantarse una vez más, ignorando el dolor, y se puso en pie. Sus piernas temblaron bajo el peso, aún débiles y entumecidas por el dolor. Entonces comprendió que su vista no estaba borrosa por los lentes rotos, el golpe casi la había dejado ciega.
Empezó a toser y cayó a cuatro patas, cuando las piernas le fallaron por el súbito movimiento. Cuando dejó de toser, respiró profundamente varias veces y se arrastró hasta donde estaba Crono, el más cercano a ella. Alargó el brazo para girarlo, y al tocarlo notó que él estaba temblando. Sus músculos se estaban contrayendo por reflejo. Miró su rostro y vio que estaba despierto.
Se sentó y agitó su mano frente a la cara de Crono.
—Crono¿estás bien?
Él asintió levemente, tenía la cara llena de manchas negras. Lucca se alegró de no tener un espejo, porque probablemente se viera igual. Puso su mano bajo la suya y lo ayudó a sentarse. Gimió de dolor, su brazo izquierdo dio un tirón de repente, otro reflejo.
—Algo le pasó a Lavos —explicó Lucca—. Se ha ido y el edificio aún está intacto.
—Magus —replicó Crono con la voz ronca.
—No puedo ver —prosiguió Lucca—. No sé lo que hay alrededor.
—Tus lentes… no puedes ver porq-… —la voz de Crono no pudo seguir y susurró lo demás.
—Sí, me los quité —asintió Lucca—. ¿Puedes ver algo que yo no?
Crono asintió, y señaló un punto delante de él.
—Magus.
—¿De pie o caído?
—No-… —Crono empezó a toser, la garganta le raspaba demasiado.
—Bien —Lucca suspiró aliviada—. Tengo que hacerlo ahora, pues.
Se dio la vuelta y empezó a arrastrarse hacia la dirección que Crono había señalado.
—Espera aquí.
———
Janus miró hacia arriba con una sonrisa lúgubre mientras Vili se desplomaba sobre el suelo ante él. Ojo por ojo.
Caída por caída.
Por un momento, el "cuerpo" de Vili siguió sin moverse, como si estuviera meditando sobre su situación, preguntándose qué hacer con Janus. Ya no le importaba. Si iba a morir hoy, ya se había retrasado demasiado. Ningún hombre podría haber sobrevivido las cosas que él había visto. Siguió vigilando al caído, con una sonrisa en los labios. Entonces, cuando comprendió todo, empezó a reír.
Eso llamó la atención del otro mientras lentamente se levantaba. Los dos se miraron, uno riendo, otro con una mirada llena de ira desprecio. Esta vez, sin embargo, Janus vio el rostro de aquel que le había causado tanto dolor.
Al haber esperado ver a alguien que se viera idéntico a él y a Magus, había tenido razón, pero a medias. La cara ante él era una versión de sí mismo deformada y pervertida. Un rostro, atado al oscuro deseo de venganza y poder, se había convertido en una mueca inhumana de odio. Y de dolor.
De tanto dolor…
Janus dejó de reír mientras contemplaba el rostro de su enemigo. Vili pareció permitirle esta única mirada, pero lentamente se colocó la capucha sobre la cabeza segundos después. Tras esa capucha, sólo dos ojos fúricos penetraron la oscuridad.
—¿Qué… has… hecho? —dijo Vili lentamente, sobrecogido por la ira.
Janus no respondió, no aún. Seguía vigilando a la figura, esperando tener suficiente para someter de una vez y para siempre al hechicero oscuro (N/T: Para Vili, Jerm usa el epíteto "dark mage", así como para Magus "dark wizard". Si bien "mage" tiene más resemblanza con "mago", es una palabra un poco menos usual, como "hechicero". De ahí el cambio). El silencio hizo que la ira de Vili aumentara, y el avatar parecía estar a punto de saltar hacia Janus y matarlo.
—Yo fui el primero —continuó Vili—. Tú no tenías derecho a quitarme mi vida. Y aún así lo hiciste. No tenías derecho a negarme mi intento de retomar esa vida. Y aún así… lo has hecho. ¿PORQUÉ!
Esta vez, Janus habló.
—Tú no tienes más derechos que yo. De hecho, tienes menos. Planeabas abusar del poder, usarlo para el propósito equivocado. Usaste a todos para tu propio beneficio¿y ahora te sorprendes cuando alguien usa a otro contra ti?
—¡Rompiste la profecía! —gritó Vili, y su voz hizo eco en el vacío—. ¡Yo fui el primero¡Tengo derecho a hacer lo que quiera!
—Así que yo rompí tu patrón —se burló Janus—. Nos pusiste el uno contra el otro por tanto tiempo que crees que las reglas dicen que no podemos ponernos contra ti. He vivido mucho más tiempo con este cuerpo que tú¿y qué si siento que tengo tantos derechos como tú?
—¡Yo… fui… el… primero…! —repitió Vili—. ¡Me lo robaste¡No eres más que un ladrón!
—Ahora estamos parejos —respondió Janus—. Así que no tenemos otra opción.
Al instante, Vili se envolvió en una energía oscura, un aura.
—No tenemos otra opción… —su voz estaba mucho más calmada, al haber comprendido que era más fuerte que Janus—. Entonces veremos, de una vez por todas, quién es el auténtico…
—Y quién es el falso profeta —terminó Janus.
———
Lucca intentó levantarse una vez más, pero nada más logró lanzarse hacia delante, sus piernas seguían insensibles. Golpeó el suelo con un gruñido, pero ignoró el dolor. Extendiendo el brazo una vez más, se arrastró otros centímetros hacia su blanco. Ante ella, una figura borrosa podía verse al fin. Una desmigajada figura de negro. Magus.
¿O Janus?, vino una voz leve en su cabeza.
Dejó de pensar en eso, no había tiempo para divagar. Siguió a su paso de caracol. Rozó algo y giró la cabeza. Entrecerrando los ojos, pudo adivinar la figura de un brasero elevándose ante ella. Nada.
Siguió.
Tras ella, escuchó algo que se arrastraba y miró hacia atrás. Crono intentaba seguirla. Había llegado hasta Glenn y recuperaba su espada. Lucca, confundida, volvió a su tarea. Poco más de un metro y llegaría hasta él.
Crono tomó la espada de las manos inmóviles de Glenn e inspeccionó al guerrero caído. Glenn seguía caído, pero también seguía inconsciente. No había tiempo para revisarlo ahora, empero. Crono se alejó y empezó a levantarse, usando la espada como báculo.
———
El fuego envolvió a Janus mientras él débilmente lo contrarrestaba con una barrera de hielo. Las leyes de la física eran como tú quisieras en el reino de tu mente, pero aún así peleaba lógicamente, y el hielo era la primera cosa que le venía a la mente cuando se encaraba con el fuego. En la realidad, no era más que la fuerza de su mente oponiéndose a la de Vili.
Janus se levantó de sus rodillas y lanzó un rayo de llamas, combatiendo el fuego con el fuego. Vili simplemente se envolvió en su capa y se agachó, el fuego lo envolvió. Janus escudriñó más allá del fuego para buscar a su adversario, pero no encontró ni rastro de él.
Entonces Vili saltó desde el fuego, su capa se extendió como si fuera un par de alas. Había cambiado, sus dedos ahora eran garras y su cuerpo parecía más deforme. Entonces Janus comprendió que la capa en efecto era un par de alas, Vili había alterado su apariencia. La capucha se hizo atrás y la cabeza de Vili apareció de una nuevo forma, algo bestial. Casi como un lobo, pero más amenazante. Un monstruo creado directamente de la mente trastornada de una víctima.
El monstruo aterrizó ante Janus, quien fue tomado por sorpresa por su asombrosa velocidad. Lo atenazó con las manos, sus dedos eran ahora lo suficientemente grandes para rodear su cintura. Janus forcejeó mientras era elevado a la altura del rostro de la bestia, cuya mirada iracunda era como dagas para sus ojos.
Podía ver su destino en esos ojos, que era una muerte desagradable. Comprendió que el monstruo iba a arrancarle la cabeza de una mordida o bien iba a comérselo entero.
Pero no pudo hacer ninguna de las dos. Janus soltó una patada, dando con su pie en el estómago del monstruo, y empujó. La fuerza lo arrancó del agarre de la bestia y lo lanzó disparado hacia atrás. Aterrizó incómodamente sobre su espada, deslizándose lejos del monstruo que lo embestía. Rápidamente se puso en pie, e intentó pensar en un hechizo rápido.
Extendió un dedo y un relámpago nació de su mano y golpeó al monstruo, haciéndolo tambalearse por la inercia. Janus se hizo a un lado, esquivando a duras penas las garras.
¿Cómo puedo pelear contra alguien tan poderoso?
———
Crono finalmente alcanzó a Lucca, quien estaba inclinada sobre el quieto cuerpo de Magus. El chico se tambaleó y cayó de sentón. Lucca le echó una mirada por un segundo y regresó a su trabajo. A su lado, estaba su morral abierto, del que había sacado un pequeño recipiente.
—¿Qué es eso? —susurró Crono. Su estado no le permitía un tono más alto de voz.
—Un tratamiento para su condición.
Tomó una de las sustancias, de color azul, y la filtró sobre un pequeño vaso ante ella. Se mezcló con el líquido amarillo que ya estaba ahí, haciendo un verde opaco.
—Es un virus —terminó.
—Eso no me suena a mí como una cura —Crono estaba desconcertado—. ¿Qué hace?
—De hecho, son nanobots —se corrigió Lucca—. Entran al cerebro y están programados para "sacar" células falsas —agitó el vaso por un segundo y lo dejó reposar por un momento—. El cerebro envía impulsos eléctricos a través de unas cositas llamadas neuronas. Sin embargo, mentes diferentes envían diferentes "ondas cerebrales". Lo que esto hará —sostuvo el vaso en alto y lo observó horizontalmente—, será encontrar las "ondas cerebrales" más débiles y eliminará su fuente. Las ondas más débiles son las enviadas por las personas mentales que fueron creadas desde la original. Lo que es decir, las creadas después del original.
Crono sacudió la cabeza y resopló.
—No entendí casi nada de eso, pero no me suena bien. ¿No causa algún daño el destruir partes del cerebro?
—Destruye sólo las partes que envían funciones, debería ser seguro —le garantizó Lucca—. Había algunas advertencias sobre posible daño cerebral al anfitrión, pero creo que son bastante raras.
—Lucca¿cómo conseguiste esto? —dijo Crono, yendo al grano.
—Lo robé —admitió Lucca, encogiéndose de hombros.
Sin darle importancia a la expresión impactada de Crono, sacó otro tubo de ensayo y vertió su contenido. Cuando llegó a los 20 miligramos, se detuvo y bajó el vaso medio vacío. Entonces colocó el líquido en una jeringa, presionando el pistón hasta que un pequeño chorro escapó de la aguja; no querría poner aire en la cabeza de Janus.
—¿Y qué pasa si Janus no es el "original"? —preguntó Crono por fin.
Lucca sostuvo en alto la jeringa por un momento, observando el contenido, después dio un vistazo a la espada que Crono había traído.
—Entonces mátalo.
—¿Cómo vas a inyectarlo? —inquirió Crono—. Su cráneo es un poco duro como para que una aguja lo atraviese.
—Por el ojo —dijo Lucca sencillamente.
—¿El qu…? —la voz de Crono se elevó, y empezó a toser de nuevo.
Entonces Lucca encajó la aguja en el ojo derecho de Magus y lo inyectó.
—¡Oh, diablos! —Crono volvió la cabeza y empezó a jadear.
Lucca sacó lentamente la aguja vacía. Se sentó y la arrojó al suelo sin cuidado.
—Vamos, Janus…
———
Janus fue arrojado por el aire, con cuatro arañazos rojos cruzando su pecho donde el monstruo lo había alcanzado. Golpeó el suelo y se deslizó unos metros, por fin deteniéndose con una pila inmóvil.
Estaba acabado con toda seguridad… pero al menos había detenido a Vili.
—Tan pronto como te extermine —dijo aquél—. Volveré a mi propósito, esta vez sin tu interferencia.
Janus inclinó la cabeza hacia delante y se encontró con una figura humana otra vez. Vili lo miró con odio, con su cara oculta como de costumbre. Janus intentó levantarse, pero falló.
—¿Y qué si no lo logras?
—Entonces al menos estaré feliz de tener una vida de nuevo.
Janus empezó a dar patadas, empujándose para alejarse de la forma ante él, arrastrándose lentamente, no lo bastante rápido. Vili empezó a caminar, rodeando al caído.
—Cuando me encontré con Magus, tenía el poder de Lavos fluyendo a través de mí. Tal vez lo haya perdido temporalmente, pero todavía tengo el poder suficiente para destruirte tal como lo destruí a él.
—Entonces acaba conmigo —Janus dejó de arrastrarse y simplemente cerró los ojos, aceptando su destino.
Más allá de sus ojos cubiertos, escuchó la voz de Vili.
—Muy bien.
Hubo un sonido que aumentaba de velocidad. Vili preparaba su conjuro. Esperó, preguntándose cómo sería el olvido. ¿Cómo sería no existir?
—¿Qué dem…? —preguntó Vili, y fue cortado por el aullido que surgió alrededor de ellos.
Janus abrió de golpe los ojos. Todo a su alrededor ondeaba, girando de alguna extraña manera, como si hubiera un hoy negro en su mente. Frente a él, Vili estaba forcejeando con el jalón que venía de la nada. Janus también se sintió jalado por el tornado invisible.
—¡No! —ordenó Vili al vacío, mientras aferraba al vacío en el que estaba parado.
Janus se levantó lentamente, notando que el jalón no era tan fuerte para él, era apenas una brisa fuerte. Algo estaba en contra de Vili. ¿Tal vez era Magus?
Janus se resistió al tirón mientras observaba a Vili. ¿Seguía Magus con vida? Vili lo miró con furia, la capucha se le hizo atrás y su cara se reveló de nuevo. Seguía igual, pero esta vez había confusión y miedo en ella.
—¡Ayúdame¡Por favor!
Janus sacudió la cabeza, dando un paso atrás. Más allá de donde estaba Vili, el torbellino había cobrado vida. Miles de colores se mezclaban en la forma de un remolino. Era gigante, medía miles de kilómetros a la escala de Janus. Pero estaba tan lejos que apenas aparentaba tener 5 metros de diámetro. Sin embargo, mientras Janus lo observaba detenidamente, se dio cuenta de lo que eran los colores. Eran pensamientos, recuerdos, ideas, todo lo que había existido en la mente de Vili. Cada fragmento de la existencia de Vili estaba siendo resquebrajado y vuelto a armar como un mosaico cambiante e indefinido. ¿Qué estaba pasando?
Vili siguió aferrado con las uñas, pero no resistiría mucho más. Lanzó una mirada suplicante a Janus una vez más.
—¡Por favor! Hagamos un trato…
—No más tratos —dijo Janus con resolución—. Ya no.
Vili aflojó su agarre por un momento, y se deslizó unos metros. Sus ojos estaban llenos de pánico; ya no había oído, sólo miedo puro. Parecía estar perdiendo las fuerzas una vez más y súbitamente saltó hacia delante, usando su poder para impulsarse. Se sujetó al brazo de Janus y lo jaló para derribarlo.
Los dos fueron cayendo hacia la abertura. Janus extendió su brazo libre, tratando de sujetarse a algo. Pero no había nada, estaba en un vacío absoluto. Trató de liberarse del agarre de Vili, pero no pudo. Vili se iba a llevar todo con él.
"…Sólo disfruta de tu vida aquí, es todo lo que puedes hacer. Sin dolor, sin sufrir. Y todos tus deseos pueden manifestarse ante ti. Sé feliz con lo que tienes."
Las viejas palabras llegaron a oídos de Janus una vez más. Algo que Vili le había dicho hace mucho tiempo. Y todos tus deseos pueden manifestarse ante ti…
Rápidamente, la mente de Janus se disparó, tratando de usar sus menguados poderes para crear algo que lo ayudara. Ante él, algo surgió del éter, una creación de su mente confundida. Estiró el brazo para sujetarlo, pero se rompió por la fuerza. Siguió cayendo.
El remolino se estaba cerrando sobre él, tragándose cada fragmento de la memoria de Vili, y posiblemente a Vili también. Janus intentó no pensar en eso y crear otro salvavidas.
Una pared del éter surgió, bloqueando por un momento el remolino de su vista. Se asustó, preparándose para un dolor inexistente por el impacto. Y se estrellaron contra la pared.
Y la pared se rompió por el impacto. Volaron a través de ella, como si nunca hubiera existido. Tras él, Janus vio cómo la pared rota se desvanecía en la oscuridad, entonces comprendió la velocidad a la que ahora se desplazaban. El remolino se elevaba ante ellos, estaban demasiado cerca. Ya podía distinguir las imágenes, los pedazos de los pensamientos y recuerdos de Vili. Habían millones, casi billones. Cada fracción de segundo de su vida estaba grabada y almacenada como una imagen. Y ahora estaban juntos, sumergiéndose en un agujero que llevaba a una nada mayor que en la que ahora estaban.
Yo tampoco me voy a salvar…
Janus no hizo caso del pensamiento, TENÍA que salvarse. Era su última oportunidad.
Janus intentó alcanzar su guadaña, y recordó que la había arrojado a un lado durante su enfrentamiento con Magus. Estaba perdida… no, eso sólo era su imaginación. Podía crear otra. No… algo más…
Janus extendió su mano libre, que se incrustó contra el suelo invisible negro. Y se concentró en su mano. Si Vili podía convertirse en un monstruo, él también…
Su mano mutó de una forma imposible, transformándose en otra cosa. Sus dedos se unieron, y se hicieron de un color más suave y brillante, casi como el del acero. Entonces de doblaron y alargaron, formando una larga hoja que llegaba hasta un punto. Una guadaña a la medida.
—Adiós, Vili —dijo Janus al llorón que se aferraba a su brazo (n/t: exceso de licencia literaria. Demándenme)
Apuñaló el suelo. La inercia era mucha, y siguió deslizándose. Pero mantuvo la guadaña clavada en la nada, aunque dejara un rastro a su paso.
Se iba deteniendo.
Janus se concentró una vez más, y de la guadaña surgieron hojas gemelas a los lados, bajo tierra. La reacción fue inmediata. Janus se detuvo bruscamente. Si hubiera estado en el mundo real, se habría arrancado el brazo. Vili pareció resbalarse de su mano por un segundo, pero logró conservar su agarre. Era levantado del suelo por el jalón.
Janus lo miró, y al furioso remolino tras él. Estaban obviamente demasiado cerca de él para su bien. Su parte alta abarcaba todo el "cielo", elevándose demasiado alto como para que Janus supiera hasta dónde llegaba. Estaban definitivamente demasiado cerca.
—¡Por favor, Janus! —pidió Vili, resbalándose notoriamente—. ¡Yo fui el primero!
Su agarre se deslizó aún más, no iba a salvarse.
—Entonces yo seré el último —sentenció Janus.
Vili finalmente se soltó y fue en picada hacia el abismo, girando mientras iba por el aire. Janus llevó su mano libre hacia su otro brazo, aunque ya no era necesario porque el jalón no era tan fuerte en él.
Observó mientras Vili volaba, gritando. Agitaba los brazos en un intento de ir contra la corriente, lo que era inútil. Varios segundos después, llegó al fondo. Pasó entre las imágenes de su memoria, que se resquebrajaron como si fueran de cristal mientras las atravesaba. Los fragmentos ondearon a su alrededor, atrapados por la inercia. Entonces, Vili pasó rápidamente delante de ellos y desapareció en el agujero.
La respuesta fue inmediata. Como si hubiera habido una explosión, el lugar se agitó y tembló con violencia, Janus escuchó un trueno. Todas las imágenes alrededor se rompieron en miles de piezas cada una al mismo momento. Janus vio con dolorosa admiración como el torbellino se convirtió en un volcán en erupción , que vomitaba fragmentos de imágenes —recuerdos resquebrajados— fuera de sí. Las piezas lo alcanzaron y cayeron como granizo más allá de su cabeza. Estaban por todas partes.
Janus dejó descansar su cabeza contra la negrura bajo él y simplemente cerró los ojos. Esperaría. Había terminado, Vili estaba obviamente acabado. Aunque no pudiera explicárselo, lo aceptaba. Lo había visto con sus propios ojos, y algo así era demasiado como para que Vili lo manifestara sólo para "jugar con la mente de Janus". Había terminado.
El temblor se detuvo momentos después y Janus levantó la cabeza lentamente. Su mano había regresado a la normalidad, obviamente tan pronto como se había olvidado de ella. Lentamente se puso de pie y miró al vacío a su alrededor. Ahora estaba en serio solo.
Pero había acabado.
Janus, todavía débil, vagabundeó por la oscuridad sin ningún destino particular en mente. Al menos, ahora tenía el control absoluto.
