Hola, hola, Luna de Acero reportándose.
Comisión a pedido de Hanasaki, la verdad su idea me fascinó. Este primer capítulo es un regalo de mi parte, espero que ustedes lo disfruten, el resto será una comisión, así que tengan la seguridad que lo estaré publicando cada 15 días o tal vez menos, quien sabe. Pero seguro cada dos semanas estará actualizado. Son un total de 4 capítulos.
El arte de la portada es una comisión que le hice a Fa Teufell en FB, en Twitter la encuentran como (arroba) mr_dteufel, fíjense en sus tablitas de comisiones, que sus dibujos son una divinura, es mi MAMOL, y le agradezco mucho por usar su talento para la portada.
Espero se animen a este tipo de fics sobrenaturales y llenos de misterios y aura oscura, porque a mí se me cae la baba por escribir sobre estas temáticas. Bueno, aquí se los dejo para su disfrute, nos vemos en la próxima!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.
Advertencias: Palabras altisonantes, uso indiscriminado del OoC para los personajes principales, maltrato infantil, bullying, trama oscura y negra. Vamos, léelo, sé que quieres, te va a gustar!
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"Voy a volverme cómo el fuego, voy a quemar tus puños de acero.
Y del morao de mis mejillas saldrá el valor pa cobrarme las heridas".
Bebe
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Iba a cumplir ocho años dentro de tres meses, con seguridad la celebración se reduciría a una escueta reunión con su madre en la pieza que alquilaba en esa casa llena de humedad y silencios.
El año anterior su mamá había intentado hacerle un pequeño festejo con sus compañeros de la escuela, pero no había asistido nadie. Ni uno solo, está bien que en su fiesta no había piñata, ni tampoco habían contratado un mago como en la fiestita de Moblit, uno de los vecinitos del barrio, pero la mujer se había esmerado comprando globos de colores, papeles con los que durante un par de tardes ellos hicieron los gorros, el cartel, hasta había comprado un pastel y todo, esperaron en vano por varias horas. Como había sido un fracaso, este año Levi no quería intentar nada, era mejor no tener cumpleaños que tener uno vacío.
La economía era escasa, su madre se la pasaba trabajando toda la tarde y parte de la noche, y en la pensión donde estaban siempre se quejaban de que Levi "era ruidoso", como no había presupuesto para contratar una niñera, lo único que podía hacer Kuchel, la madre de Levi, era dejarlo en el parque que tenían en el barrio, quedaba cerca de la habitación rentada, de manera que si Levi tenía que volver para usar el baño o esperarla si era muy de noche, podía hacerlo en pocos minutos.
Vivían en "Villa Rosales", que a la fecha nadie sabía por qué le habían puesto ese nombre al lugar porque no había rosas en ninguna parte, lo que sí había era una especie de bosque que los rodeaba, debido a que la conglomeración de casas venidas a menos estaba en las márgenes de la ciudad, así que luego estaban los árboles y el monte. La municipalidad había habilitado un sector de ese lugar para que la gente se esparciera, saliera a correr o a hacer actividad física, pero lo cierto es que casi nadie usaba esos senderos, ya que se apostaban maleantes que asaltaban a los desprevenidos. Lo que sí usaban mucho era el parque que estaba pegado al bosque, era un espacio limpio, con algunos columpios, toboganes y otros juegos que se averiaban la mayoría de las veces, además había un arenero que era lo más concurrido por los niños donde jugaban a gusto.
A la mujer se le estrujaba el corazón dejar ahí solito a su hijo, porque a pesar que no era un chico violento, ni travieso, absolutamente todos los niños que asistían al lugar pasaban completamente de él. Además por muy inteligente que su hijo fuera estaba expuesto a que cualquier persona pudiera hacerle daño o llevárselo, pero estaba fuera de discusión llevarlo con ella al trabajo, eso no era posible.
Algunas veces, el niño era invisible para todos, otras veces era el blanco de insultos, burlas y pedradas, no había lugar para él. De forma que la mayoría de las tardes se quedaba en algún rincón juntando palitos, por lo general llevaba una botellita con agua, con una cuchara raspaba la tierra y hacía barro, lo cual era muy útil para construir casitas. Levi pasaba horas y horas entretenido armando pueblitos, a veces podía ser una trinchera de guerra, otras un castillo, le sobraba imaginación.
El parque del barrio era como su segundo hogar, pasaba más horas allí que en la escuela u otra parte. Nunca pudo entender por qué los otros chicos lo rechazaban, generalmente no respondía a las provocaciones, a menos que dijeran algo malo de su madre, allí si se ponía como una fiera. Más de una vez Kuchel le había limpiado heridas de esos enfrentamientos, y aunque le preguntara un millón de veces, Levi no decía a qué se debían esos altercados, por eso para evitarlos, lo mejor era aislarse.
De tanto en tanto, niños más pequeños que él veían sus construcciones, entonces se acercaban para jugar, y allí era cuando sus padres acudían y se los llevaban con una cara de preocupación que parecía que Levi tuviera alguna clase de enfermedad mortal y contagiosa. Lo miraban con desagrado y les pedían a sus hijos que no se juntaran con él. El infante no entendía que pasaba, él no había hecho nada, al principio pensó que ese trato se debía a que era pobre, pero no era el único pobre de la zona, la mayoría lo era de hecho, pero otros como él lo evitaban también. No los entendía, con el paso del tiempo desistió de tratar de entenderlos.
Se acostumbró a esa realidad, era más sencillo aceptar que no había posibilidad de estrechar lazos con otra gente que sufrir pensando en cuándo tendría esa oportunidad.
Cierta tarde estaba en su rincón preferido, había juntado muchas piedras planas y quería hacer las paredes de una torre con ellas. Mientras se debatía en cómo colocarlas para que no se cayeran, escuchó el revoloteo de una bandada de pájaros que salieron espantados de las copas de los árboles cercanos. Nadie notó ese revuelo, pero como Levi ya sabía de memoria los ruidos y sucesos del lugar, le pareció curioso, parecía como si las aves se hubiesen asustado. No vio a nadie tirando piedras en los alrededores, tampoco gatos, de manera que fijó su vista por la zona para adivinar el motivo de lo que había pasado.
Notó entonces que había como una especie de mancha borrosa en una de las copas de una algarroba, Levi dejó de prestarle atención a su torre y apretó un poco los párpados para enfocar mejor al lugar. ¿Qué era eso? ¿Era un panal de abejas? Le dio un poco de miedo porque él era alérgico, así que si había un panal lo más sensato sería irse, sin embargo no escuchaba el zumbido que normalmente harían esos insectos.
Estaba en cuclillas y giró sus pies para mejorar su ángulo de visión, a medida que pasaban los minutos comenzó a darse cuenta que "eso", que estaba como colgado ahí arriba, definitivamente no era un enjambre de abejas, era, era… no sabía qué era. Parecía una sombra, como esas que veía cuando el sol comenzaba a ocultarse pero mucho más oscura, no parecía tener una definición exacta en los bordes, pero a la vez tenía alguna forma… ¿animal? No, o al menos no sabía de un animal que fuera así. Se refregó los ojos y luego volvió a enfocar. Sí, tenía forma, había una cabeza que se inclinaba hacia abajo, era oscura, pero a la vez se veía a través de ella, como si fuera una especie de gelatina, una gelatina color negra. Esa cabeza contaba con dos ojos, no podía apreciar muy bien otros rasgos a la distancia, pero esos ojos tenían el iris completamente blanco. Levi nunca había conocido ojos de ese color. Parecía estar apostado en una de las ramas, camuflado por las hojas del árbol, pero sin duda que estaba mirando donde el arenero que a esa hora estaba lleno de niños.
La vista de Levi iba del arenero al árbol todo el tiempo, ¿qué es lo que miraba esa sombra? ¿Se le habría caído algo? Más minutos transcurrían, más se acostumbraba a esa presencia, se quedó vigilándolo largo rato, atento a qué es lo que quería o qué estaba buscando. Tan compenetrado estaba que pegó un salto cuando sintió que apoyaban una mano en su hombro. Cayó hacia adelante raspándose un poco las rodillas, y al girarse se encontró con el amoroso rostro de su progenitora.
—¿Levi? ¿Te asusté? Lo siento, hijo, ven —dijo ayudándolo a ponerse de pie—. Mira cómo estás, lleno de tierra como siempre —soltó divertida, de ninguna manera era un regaño, sacó un pañuelo de su cartera y mojó una punta con su lengua para luego limpiar una de las mejillas de su hijo—. ¿Te divertiste mucho hoy?
—¡Sí! —respondió Levi sonriendo, ver a su madre siempre le generaba una enorme alegría—. ¿Te fue bien en el trabajo?
—Sí, cariño. Tan bien que hoy vamos a poder comer sándwich de pollo caliente, ¿qué te parece?
Levi saltó en el lugar, su sonrisa dejaba a la vista el espacio que tenía en una de las paletas dentarias superiores que se le había caído hacía dos meses, "una ventanita", como le llamaba su madre a ese faltante. Se prendió a la mano de ella y se fueron caminando a su hogar, mientras Kuchel le daba un caramelo, ella siempre le traía uno cuando regresaba. Su mamá era la mejor mamá del mundo entero. Tan contento estaba por comer pollo que se olvidó completamente de la sombra que había vigilado esa tarde.
Hasta que celebró su cumpleaños número ocho, tres meses después, continuó observando a la sombra día tras día. A veces no estaba en el mismo lugar, así que para Levi era muy entretenido buscarla con la mirada y descubrirla escondida en alguna parte, pero siempre observando donde la mayoría de los niños se agrupaban, así que, como era de esperarse, a él no lo tenía demasiado en cuenta, ya que siempre andaba solo.
Su fiesta fue con la única participación de su madre, quien ese día se había levantado temprano para usar la cocina de la pensión, mientras él cabeceaba sobre una de las sillas –porque quería acompañarla-, ella horneó el pastel. Hizo un glaseado, he incluso había conseguido un bonito color comestible azul para mezclar con el mismo y con eso cubrió el bizcochuelo, adentro la rellenó con crema y melocotones frescos. Para Levi fue el pastel más hermoso que habían visto sus pequeños ojos. Ese fue su regalo, el niño saltó por toda la habitación bailando contento, mientras su madre batía palmas animándolo y uniéndose a él.
—Cariño —dijo su madre esa noche mientras compartían la cama de una plaza que tenían en la habitación—, eres lo más hermoso y valioso que tengo en esta vida, nunca lo olvides.
Levi se acurrucó contra su madre, olisqueando el perfume tan característico de ella, a flores, flores silvestres.
Al día siguiente cuando volvió al parque, se encargó de observar a la sombra de nuevo, después de tantos meses se le hacía un adorno más del lugar, nunca le tuvo miedo, más bien le generaba curiosidad, ¿qué buscaba la sombra? En todo ese tiempo, desde la primera vez que lo había descubierto, nunca le había visto un movimiento, solo que parecía tener sus ojos apuntando hacia donde se dirigieran los grupos de los otros niños.
Sin embargo ese día, por algún motivo que Levi nunca supo, la sombra giró su rostro repentinamente, enfocando sus ojos blancos y fríos en él, como si hubiera hecho algo que llamara su atención. Se quedó estático, ambos mirándose fijamente. Levi recordó que su madre alguna vez le había dicho que mirar de esa manera a otras personas era rudo, que no lo hiciera, y ahora que él estaba recibiendo ese trato de aquella cosa… por algún motivo entendió que la sombra le estaba retando a un duelo, una batalla de miradas, así que sostuvo la suya elevando un poco el mentón, como dando a entender que iba a aguantar. El tiempo fue transcurriendo, el pequeño no sabría decir si fue mucho o poco, pero estuvieron observándose sin desviar los ojos, en cierto punto no había ánimos de "ganarle" al otro, sino simplemente de estudiarse a la distancia.
La actividad fue interrumpida cuando su madre llegó a recogerlo. Levi se dio cuenta que lucía desganada, como si estuviera completamente agotada, incluso su bonito cabello negro estaba desordenado.
—Mamá, ¿estás bien? —preguntó auténticamente preocupado y la mujer le sonrió sin verdadera alegría.
—Sí, cariño, no te preocupes —se acercó, besó su frente y juntos retornaron a la pensión.
Agarró la mano de su madre, pero luego giró la cabeza para saber qué hacía la sombra, y esta seguía observándolo. Levantó su mano y la movió para despedirse, se sorprendió cuando algo parecido a una mano salió de ella, era como una especie de tubo del mismo color que la sombra, la cual imitó el gesto, era la primera vez que alguien le respondía a un saludo suyo y eso le produjo alegría.
Lo que sucedió en los siguientes días quedó grabado a fuego en Levi, experiencias que nunca olvidaría, como la primera vez que pudo comunicarse con ese extraño ser. Desde que se habían mirado mutuamente, ahora la sombra parecía tener interés en su persona, varias veces la descubría observándolo desde lejos, pero cuando él caminaba hacia ella, que siempre estaba escudada por los árboles, ya sea en las copas o detrás de sus troncos, la misma se escondía.
Pero la sombra se fue acostumbrando a la actitud de Levi, la de querer acercarse, había días en que ya no se escondía tanto, a lo mejor medio cuerpo, y otros, como esa tarde, en que quedaban como a un metro de distancia.
—Hola —dijo Levi con suavidad, buscando hablar con "eso". Nunca lo había visto tan de cerca.
—Hola —repitió más fuerte, tal vez pensando que no lo había escuchado antes. Pero la sombra solo lo miraba por toda respuesta. Levi frunció el entrecejo con molestia—. Mi mamá dice que no responder es de mala educación.
Ninguna palabra se desprendió del ser, por lo que Levi levantó su mano a modo de saludo, como había hecho aquella primera vez y notó asombrado que el otro lo imitaba.
—Mmm —dijo como un sabio que está analizando alguna fórmula complicada—. A lo mejor te cuesta conversar, o no te enseñaron tus papás, ¿no?
Levi se puso frente a la sombra y dio un paso más cerca, levantó la cabeza hacia arriba percatándose de lo alta que era, aquella entidad lo miraba fijo todo el tiempo. El niño levantó su mano derecha de nuevo y el ser lo imitó.
—Así se dice "hola", y también se usa para decir "adiós". Hay que saludar. Parece que no puedes hablar, ¿puedes mover tu cabeza? Mira, así es cuando algo te parece bien, algo te gusta, entonces dices "sí" —explicó moviendo su cabeza de arriba hacia abajo—. Y esto es cuando algo no te gusta, dices "noooo" —continuó mientras movía su cabeza a uno y otro costado.
La sombra repetía todo lo que el niño hacía.
—Veamos, ¿tú entiendes lo que te quiero decir, eh?
La sombra movió la cabeza de arriba hacia abajo y Levi sonrió victorioso, mientras aplaudía contento. Ahora que la sombra podía decir "si" y "no", el niño comenzó a hacerle muchas, muchas preguntas, fascinado con esta nueva interacción. Al final era como él creía, la sombra no podía hablar, aunque parecía entender lo que se le decía. Le preguntó si le gustaba ver a los niños jugar y el ente dijo que sí, pero no habiendo otros léxicos que pudiera utilizar, Levi no podía saber el motivo que llevaba a la sombra a observar niños todo el tiempo.
—Por cierto, mi nombre es Levi, mi mamá lo eligió —dijo señalándose a sí mismo, la sombra asintió y el niño esperaba que pudiera recordar su nombre por mucho tiempo—. Tú, ¿tienes un nombre? ¿Cómo debo llamarte?
La sombra negó y Levi se sintió un poco triste, ¿la sombra no tenía un nombre? ¿Nadie, jamás le había dado uno?
—Oi… necesitas un nombre, así puedo decirte, oye tú, Pepe, o como sea que te llames. Pero no tienes, entonces, ¿qué te parece si te buscamos uno?
Los ojos blancos del ser se abrieron de una manera grotesca, casi que parecía que el globo ocular, o lo que fuera esa cosa blanca, estaba por saltarle para afuera, luego asintió repetidas veces.
—De acuerdo, buscaremos un nombre adecuado para ti. Déjame pensar —dijo mientras se sentaba en el suelo y se tocaba la barbilla, pero nada vino a su mente.
Tanto pensó que cuando se dio cuenta el sol estaba bajando.
—Mmm, tendrá que ser mañana, entonces —concluyó un tanto desilusionado—. No, mejor pasado mañana, voy a buscar los mejores nombres del mundo y tú podrás elegir uno que te guste, ¿qué te parece?
La sombra movió su cabeza de arriba hacia abajo y Levi sonrió, le complacía tener una forma de comunicarse con la sombra.
Fue en ese tiempo también, cuando su madre se empezó a ver ojerosa, bostezaba todo el tiempo, esos detalles le preocupaban, principalmente porque siempre había sido una mujer activa y movediza. Sin embargo, ella no dejó de trabajar ni un solo día. Nunca dejó de sonreírle, cada noche cuando iban a dormir ella acariciaba su cabeza y le contaba alguna historia que inventaba, porque no tenían dinero para comprar libros, aunque en su opinión las historias de su madre eran las mejores de todo el universo entero, para él era una verdad irrefutable. A pesar de su agotamiento, seguía cocinándole cosas deliciosas y no dejó las tareas de limpieza del hogar. Levi estaba atento para ayudarla en todo lo que podía y siempre le sugería que fuera a acostarse, ya que a sus escasos años creía que era cuestión de un par de siestas para que se solucionaran las cosas.
Por las mañanas Levi asistía a la escuela, que también estaba a unas cuadras de su casa, en la dirección opuesta al parque, no disfrutaba mucho de asistir debido a que sufría de bullying. Durante las clases los abusivos no decían nada, pero bastaba que sonara el timbre que anunciaba el receso para el almuerzo que se desataba un mini infierno para él.
Solía salir disparado hacia la biblioteca del lugar, siempre escondiendo la lonchera debajo de su remera, porque si se daban cuenta que traía comida se la arrebataban para tirársela, a veces escupían en ella y lo obligaban a comérsela, hablaban de que su madre cocinaba horrible, lo que provocaba que el niño se les fuera encima, pero como ellos siempre lo atacaban en grupos nunca podía ganarles. Más de una vez terminaba arrastrándose hasta la enfermería, de nada servía buscar esconderse en otros rincones de la escuela, ni en el patio, ni en otros salones vacíos, ni en el gimnasio, donde fuera ellos lo encontraban, en los baños menos que menos. La única excepción era la biblioteca, allí siempre estaba la bibliotecaria, la señorita Adams, que era extremadamente estricta con respecto a los ruidos. Los abusivos ni se acercaban al lugar, era su zona segura.
La rutina consistía en tomar algún libro y fingir que estaba estudiando algo, hasta que la bibliotecaria se levantaba para ir a acomodar los libros devueltos, entonces Levi con mucho sigilo iba a esconderse a algún rincón apartado, recién allí sacaba su lonchera, como la mayoría de las veces su almuerzo consistía en un sándwich sorpresa (así los llamaba su mamá), no llamaba la atención con olores que lo delataran. Como un ratón se mantenía en algún rincón, las orejas atentas a escuchar los tacones de la señorita Adams acercándose, mientras masticaba a velocidad récord. Era la única manera de poder ingerir algo, luego si se entretenía leyendo.
Ese día mientras estaba en eso, sus ojitos revolotearon por los libracos arrumbados de ese sector del lugar y una brillante idea vino a su cabecita, si existían tantos libros para tantas cosas, de seguro existía uno para elegir nombres, ¿cierto? Una vez que terminó su sándwich, se sacudió las migas y se refregó la boca con su antebrazo, fue hasta el sector de la entrada. La señorita Adams lo miraba de reojo, desde su posición a Levi le parecía una especie de ser superior, tragó saliva y habló bajito mientras sus dedos bailaban por la madera del mostrador.
—Se-señorita, eh, usted sabe, bueno debe saber, ¿hay algún nombre de libros, no, digo libro de nombres por ahí? Solo lo voy a usar un minuto, tengo las manos limpias —dijo mostrando sus palmas, ya que una vez había sido regañado por haber manchado las hojas de un libro de cuentos.
—¿Libro de nombres? Pero ya sabes que no te puedes llevar nada de aquí —le habló con esa voz ruda que parecía como si alguien le tirara de la ropa y lo sacudiera.
—Lo leeré aquí, un rato nada más.
—Bien, deja que me fijo —dijo buscando en la nómina que tenía—. Tercer pasillo, la sección "N", hay libros para nombres de bebés, mascotas, puedes tomar uno y fijarte. Y no andes comiendo por los rincones o te sacaré de las orejas, ¿has entendido?
—Sí, señorita. Gracias.
Levi con algo de esfuerzo llegó a ese lugar y agarró el libro que le pareció más bonito, se sentó en el suelo con una hoja que tenía en el bolsillo, donde esa mañana había garabateado algunas opciones. Al principio comenzó a leer el significado de los nombres, pero al darse cuenta de que avanzaba muy lento y que encima le daba sueño, desistió de la tarea, sería mejor abrir al azar las páginas y elegir lo que saliera, tal vez no era tan importante que el nombre significara algo, con que sonara bien era suficiente. Luego de casi media hora tenía cerca de cuarenta nombres anotados, "con esto deberías ser suficiente", pensó. Lo que haría la próxima vez que fuera al parque sería preguntarle a la sombra cuál le gustaba más de esa lista y ya, asunto arreglado. Dejó el libro en su lugar y regresó a las clases justo cuando volvía a sonar el timbre de fin de receso.
Esa tarde fue todo emocionado al parque, al fin su sombra podría tener un nombre, los nombres eran valiosos, eso le había dicho su madre, que eran parte de la identidad, aunque Levi no sabía qué era, ni dónde estaba, pero sonaba a cosa importante.
Lo encontró donde siempre, cerca de los niños más pequeños, fue por detrás y la sombra se giró para encararlo, era un ser extraño, y nunca había visto otro como él ni parecido, pero al menos trataba de comunicarse, le prestaba atención y le respondía, podían hablar a través de movimientos.
—Hola —saludó Levi, luego movió la mano y la sombra lo imitó.
Levi notó que incluso si la sombra se pasaba todo el día mirando a los otros niños, cuando él se acercaba dejaba de lado su acto de vigilancia y se enfocaba en él, de alguna manera esa actitud siempre lo ponía feliz. Nunca había sido más importante que el resto para nadie, excepto para su madre, y eso le generaba una sensación nueva, agradable.
—Cumplí lo prometido —dijo con orgullo mientras sacaba la lista de su bolsillo y se la mostraba al ente.
La sombra asintió como si entendiera lo que estaba pasando, recién entonces el niño notó que este ser no parpadeaba, ¿por qué no lo hacía? Pero no era momento de preguntar esas cosas, había una tarea impostergable y debían llevarla a cabo, luego averiguaría al respecto.
—¿Sabes leer? Es cuando miras letras y entiendes lo que dice, ¿sabes?
La sombra negó.
—Ya veo, entonces yo te iré leyendo los nombres y si alguno te gusta debes hacer así, ¿vale? —le explicó mientras asentía, la sombra lo imitó—. Bueno, aquí vamos…
Fue leyendo los nombres uno por uno dándole algunos segundos para que reaccionara, pero no se movió ni un centímetro, cuando ya llevaba como la mitad de la lista se detuvo y lo observó.
—Sí sabes que debes mover tu cabeza cuando algún nombre sea de tu agrado, ¿no?
El ser asintió por sí mismo, así que Levi entendió que estaba prestando atención y siguió con la lectura. Cuando ya estaba llegando al final de la lista, hizo un paso atrás cuando notó que la sombra se había movido, pero de una manera muy curiosa, era como si hubiera saltado en el lugar, o se hubiera estirado hacia arriba, no estaba seguro porque cuando levantó la cabeza solo llegó a vislumbrar como varias "chispas" azules se revolvían por dentro de la figura. A Levi le dio un poco de miedo ya que le recordó a una vez que por travieso había tratado de meter los dedos dentro de un enchufe de su casa y la electricidad le dio un sacudón que terminó como dos metros lejos y con el brazo muy dolorido.
—¿Eren? —repitió el último nombre que había leído con cierta cautela y ahí sí pudo ver como "saltaba".
Levi abrió grande su boca con asombro, era tan extraño, la figura se elevaba unos centímetros del suelo para bajar despacio, como si pudiera flotar.
—Eren —dijo con mayor seguridad y la sombra volvió a brincar de esa manera—. Eren, Eren, Eren —y Levi se echó a reír divertido con cada salto—. ¿Te gusta Eren, entonces?
El ser se quedó quieto del todo y luego asintió.
—Bien, entonces te llamarás: Eren.
De pronto escuchó un gran alboroto que provenía del arenero colindante, Levi se giró y observó a la distancia a un grupo de niños, estaban jugando, riéndose, compartiendo palas y baldes, hacían cosas juntos. A él le dolió en su tripa, pero no por algo que hubiera comido, sino por sentirse excluido. Siempre era el rechazado, y aunque supiera que no podía cambiar eso, cada vez que era consciente, le dolía. Miró a su costado, con desilusión, de seguro la sombra quería ir con esos niños que eran ruidosos, alegres y divertidos, de seguro quería formar parte de ese grupo, claro, por eso es que los observaba y los vigilaba tanto, sin embargo Eren lo estaba mirando a él. Con esos ojos grandes y blancos, sin pestañear, sin expresión alguna, con su piel oscura, con su aparente forma de persona, solo a él. La sombra le hacía compañía.
—Eren, ¿quieres ser mi amigo? —preguntó con timidez, retorciendo el borde de su remera con sus dedos flacos.
La sombra movió su cabeza de arriba hacia abajo con rapidez y Levi sintió que su corazón se aceleraba dentro de su pecho. Acaba de hacer un amigo, y uno muy importante porque era su primer amigo. Ya no estaría solo, Eren estaría con él.
A partir de este suceso, durante todo un largo año, Levi se la pasaba internándose en el bosque para estar junto a Eren, se le volvió algo habitual, nunca se percató si los demás niños podían verlo o no, pero de alguna manera quería acapararlo, como si fuera un tesoro que no merecía ser compartido con otros. Ese sentimiento opresivo y deprimente de soledad constante, al fin había desaparecido por completo.
Como la sombra no parecía moverse demasiado rápido, Levi sabía que había juegos de los que no podría participar, primero se propuso enseñarle a agarrar cosas. Probó con piedritas pequeñas, pero la sombra parecía no tener fuerza en sus extremidades, era como si se le deslizaran las cosas por las manos, como si resbalaran. El niño comenzó a llevar su mochila al parque, traía hojas y le mostraba a Eren como podía dibujar, notó que captaba el interés de la criatura, de manera que le tiraba lápices para que los levantara, pero le costaba bastante.
Lo bueno es que Levi era paciente y persistente, no se rendía con facilidad. Cierto día, viendo que a Eren se le seguía dificultando agarrar, tomó su lápiz y con sus dos manos juntó los dedos (si es que a esas franjas se le podía llamar dedos) del ente y los apretó alrededor de un lápiz, para mostrarle como tenía que hacer. El contacto con la sombra le produjo varias sensaciones, la primera fue frío, "su piel" se sentía suave y esponjosa, como si no tuviera huesos debajo, pero Levi se acordó de una tortuga que habían llevado una vez a la escuela, pero no era rugosa como el animal, solo fría. Lo otro, y que fue lo alarmante, es que apenas sus manos hicieron contacto comenzó a sentir una gran cantidad de cansancio, como si todo el sueño de la noche se le hubiera ocurrido venir de repente. Tal fue el impacto, que estuvo a punto de perder el conocimiento, cuando Eren notó esto lo soltó de inmediato y se alejó, entonces las fuerzas regresaron a Levi.
—¿Qué pasó? —preguntó el infante confundido y la sombra solo seguía negando y alejándose—. Oye, Eren, no te vayas, mira ya estoy bien —dijo poniéndose de pie.
La sombra se quedó quieta y luego poco a poco se acercó de nuevo.
—Eso que me pasó, ¿fue porque toqué tus manos?
Eren asintió.
—Ya veo, bueno, no importa, igual y puedo sacar la mano rápido si vuelvo a sentirme cansado y listo.
La sombra negó con vehemencia y aunque Levi le argumentó que en realidad no había gran daño y que deberían seguir dándose las manos, tristemente entendió que si no aceptaba esa regla no podría seguir siendo amigo del ente. De manera que aceptó esa norma de "no poder tocarse", como él mismo la definió.
Todos los días acudía, le enseñaba cosas nuevas a su amigo, le contaba sobre su vida, de lo que aprendía en la escuela, y en poco tiempo volvieron a intentar hacer que Eren tomara un lápiz, eventualmente pudo sostenerlo, de manera que Levi comenzó a enseñarle el abecedario y las sílabas. Mes tras mes estuvo aleccionando a su amigo sobre el arte de leer y escribir, estaba muy orgulloso de sus avances.
Una de esas tardes, viendo que su madre no volvía y que el sol hacía rato que se había ido, decidió regresar a su casa por sus medios. Guardó las cosas, saludó a Eren, se puso la mochila y se fue. Había pocos niños en la plaza, pero aún había, al igual que padres. Bostezó y siguió su camino cuando de repente lo empujaron con fuerza desde atrás, lo que hizo que cayera de bruces, golpeándose duro en el proceso.
—¡Miren, ja, el hijo de la puta! —gritó su agresor, un chico dos años mayor que él apodado Juancho.
El mocoso se reía estruendosamente, mientras otros dos que lo secundaban le festejaban la fechoría. Levi se quedó tirado en el suelo, controlándose de no responder o defenderse, sería más rápido si lo evitaba, ellos se cansarían paulatinamente y lo dejarían en paz, siempre era de ese modo.
—¿Te comieron la lengua los ratones, hijo de puta? —continuó Juancho sin piedad.
—Hueles a pis —dijo otro de sus secuaces.
—¡Qué asco, eres sucio! ¡Hueles a pis, hueles a pis! —Gritaba el otro y los otros niños de la plaza comenzaron a unirse y a corear la descalificación—. ¡Está sucio, está sucio, huele a pis, huele a orines!
Levi temblaba, apretaba sus puños y sus labios, solo debía resistir un poco más, los padres de los otros niños observaban a la distancia y se hacían los desentendidos. El niño se sentó en el suelo y notó que la sombra lo estaba mirando detrás de un árbol a la distancia, sintió vergüenza, impotencia, mientras los abusivos seguían gritándole cosas y las palmas de sus manos escocían por el golpe.
—¡Tú mamá es puta! —subió la apuesta Juancho, y si bien Levi no sabía qué significaba esa palabra, entendía perfectamente que era un insulto horrible, de manera que no pudo permanecer imperturbable.
Fue como si viera todo rojo, se levantó de un salto y le dio vuelta el rostro al otro niño de una bofetada limpia, luego gruñó y se le fue encima para tirarlo al suelo de un topetazo, tal como hacen las cabras. El niño cayó sobre el piso y Levi se le trepó encima para cubrirlo de golpes, pero no pudo dar ni dos que lo tiraron bruscamente hacia arriba para despegarlo del otro que ya gritaba y lloraba a todo pulmón.
—¡Déjalo en paz, chiquillo violento! —dijo una mujer hablándole con autoridad, Levi no sabía ni de dónde había salido.
Pero el volcán había explotado, no había manera de contener el magma.
—¡Cállese, vieja de mierda! —contestó hecho una furia.
No pudo evitar el golpe de la mujer contra su rostro.
—No cabe duda que eres así debido a que te has criado con esa mujer que es una, una…
Levi no dejó que terminara la frase, como un perro rabioso fue y le mordió una de las pantorrillas aprovechando que la mujer estaba usando un vestido.
—¡Levi! —gritó su madre a la distancia que venía corriendo al ver el alboroto.
La mujer aprovechó para patear al niño con fuerza con la misma pierna que le mordiera, para entonces Kuchel llegó al lugar.
—¡Oiga, no trate así a mi hijo! ¡¿Qué carajos le sucede?!
—¿Qué no ve que ese salvaje me estaba mordiendo? ¿Es ciega o qué? —replicó la mujer.
—¿Y qué? ¡Sigue siendo solo un niño!
La discusión comenzó a escalar alto, los tonos eran agresivos y por momentos solo se gritaban, otros adultos se acercaron, todos parecían apoyar a la señora que lo había golpeado, su madre estaba sola frente a esa turba de gente, defendiéndolo de todos. Levi miró a todas partes tratando de buscar ayuda para su madre y se encontró con Eren observando todo desde aquel árbol, Juancho le seguía gritando aprovechando el jaleo. Levi susurró un "¡te odio, Juan, te odio con toda mi alma!". Bajó la vista y apretó los ojos para intentar evitar que se les escaparan las lágrimas, entonces lo sintió, una mano fría y pesada sobre su cabeza, acarició sus cabellos, al parecer los demás no podían verlo, sintió cansancio, mucho menos que la primera vez, pero necesitaba algo de apoyo así que no lo evitó.
No pudo decirle nada a Eren porque de repente su madre lo tomó del brazo y tiró con fuerza de él llevándoselo a rastras. Levi miró hacia atrás, la sombra se alejó rápidamente y volvió a escudarse detrás del árbol, desde allí lo vio levantar su mano, pero no pudo hacer lo mismo, o tal vez no quiso, lo cierto es que tenía mucho miedo que esa fuera la última vez que pudieran verse, no quería despedirse para siempre.
Su madre no dejó que volviera al parque, para colmo a los pocos días los expulsaron de la pensión. Con seguridad los adultos de esa plaza hicieron lo posible para que eso sucediera. Se quedaron, literalmente, en la calle y les llevó unos días conseguir nuevo alojamiento, el siguiente hogar fue una casucha solitaria para él y ella, a pesar de que estaba alejado del parque, se ubicaba del otro lado del bosque, de ese sector que aún nadie había explorado. Levi no tuvo más opción que quedarse en su casa a esperar a su madre cada tarde, ya que esa zona era bastante despoblada y por su seguridad le había pedido que permaneciera todo el tiempo dentro.
En la escuela los insultos y agresiones recrudecieron, solían gritarle hasta el cansancio que era un sucio por ser hijo de una puta, que era asqueroso, insistían en que olía feo, ninguno de sus maestros intervenía en los altercados. El niño comenzó a obsesionarse con la limpieza, a veces llegaba a bañarse varias veces por día, jamás usaba una remera dos días seguidos, así tuviera que lavarlas a mano y con detergente, lo hacía a diario con diligencia. Aunque sus ropas no fueran nuevas, siempre intentaba mostrarse lo más ordenado y limpio posible. Su madre notaba estos cambios y cada vez que podía lo abrazaba, besaba su frente y le recordaba lo buen niño e hijo que era, en esos breves momentos Levi recuperaba la tranquilidad.
Ahora la rutina era: ir a la escuela, volver y quedarse esperando a su madre, como a veces ella regresaba muy tarde, le dejaba la cena lista sobre la mesa pequeña del comedor y siempre le insistía hasta el cansancio que no le abriera la puerta a nadie. Su vida solitaria regresó, si bien estaba acostumbrado, como en el pasado, había momentos en que extrañaba mucho a Eren, su fiel amigo. Solía preguntarse si estaría bien, si él también lo recordaría o no, si ya habría hecho otros amigos. Aunque pensar en esa posibilidad lo ponía demasiado triste, después de todo era su primer, y único, amigo.
Luego de un mes del suceso nefasto en el parque, Levi iba caminando para la escuela cuando se topó con varios carteles pegados en las paredes de las calles, había una foto en blanco y negro de un niño, se acercó porque le resultaba familiar, era Juancho. El cartel decía que estaba extraviado desde hacía unos días y que no podían encontrarlo, que si alguien tenía datos sobre su paradero sería bien recompensando.
Levi se quedó unos minutos de pie frente a uno de los carteles, su corazón latiendo a toda marcha, luego notó que había pasado un rato largo y echó a correr para no llegar tarde a su clase.
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By Luna de Acero.-
