Hola, hola, Luna de Acero reportándose.

Llegamos al último capítulo pero, pero, peeeeerooo, falta un epílogo, así que espérenlo y ahí si ya estará completamente finalizada. La idea de esta historia es de Hanasaki, ella comisionó esta historia y estoy feliz de que haya confiado en mi para vivir esta aventura.

Muchas gracias por haber elegido esta historia, gracias por seguir confiando, gracias por existir mis lunaceros amados!


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.

Advertencias: Mención de muertes, muertes de personajes, escenas de violencia, leer con discreción, ya están debidamente advertidos. Es un capítulo con mucha tensión, tristeza, angustia, en fin, disfruten.


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"La agonía física, biológica, natural de un cuerpo por hambre,

sed o frío dura poco, muy poco. Pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida"

Federico García Lorca

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Las cosas parecieron volver a la normalidad durante cierto tiempo. Sin embargo algo comenzó a cambiar en su relación. Levi estaba algo esquivo, no participaba mucho cuando Eren le contaba algo, sus respuestas eran monótonas, comía menos y a veces no cenaba, simplemente se iba a dormir, todo el tiempo parecía estar muy cansado.

Al cabo de una semana sucedió un hecho extraño, Levi no quería entrar a la casa, deambulaba por los alrededores con una linterna, buscando entre los árboles.

—Tiene que estar por aquí, estoy seguro.

—Levi, ¿qué estamos haciendo? ¿Qué estás buscando?

—¡Tú sabes lo que estoy buscando! —soltó de manera violenta mirando iracundo a Eren.

—No, realmente no lo sé.

—Lo escondiste, ¿cierto? —Eren lo miró desconcertado—. Por supuesto que lo hiciste.

—¿Esconder qué? No entiendo de qué estás hablando.

—¡Basta de hacerte el tonto! —explotó a los gritos mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y su barbilla temblaba.

—Bueno, tienes que calmarte, de verdad, no tengo ni puta idea de lo que me estás hablando, ¿esconder qué?

—¡Tú, tú! Lo, lo escondiste, lo escondiste para que cuando yo me durmiera pudieras… ¡Pero no lo voy a permitir, ya no!

Salió corriendo mientras buscaba con la linterna, tenía la frente perlada de sudor, algunas lágrimas corrían por sus mejillas, Eren estaba destrozado, no entendía qué estaba sucediendo, ni por qué Levi lo acusaba de esa forma.

—¡Ven, ven aquí, no te haré daño, te lo juro! —Levi gritaba a la nada alumbrando a uno y otro lado—. ¡Vamos, te llevaré con tus padres, te lo prometo!

—Levi, estamos solos en este bosque, solo hay animales.

—¡No trates de engañarme! —le gritó apuntándole con la linterna como si fuera un arma—. ¡Sé lo que harás! I-iré a dormir y tú, tú, entonces tú lo vas a devorar, ¿cierto? Nunca te detienes… nunca lo harás…

Eren lo observó en silencio, no sabía cómo hacer que volviera a sus cabales, parecía realmente desquiciado. Levi se limpió las lágrimas frotando uno de sus brazos en el rostro y miró hacia la oscuridad a su espalda.

—¡No llores, por favor! Te ayudaré, te lo prometo, solo, solo ven a mí, te juro por mi vida, te voy a cuidar, lo juro.

—Estamos solos.

—¡No! Sé que lo tienes escondido, lo encontraré, no te lo llevarás, ya… basta —y cayó de rodillas sollozando con fuerza.

Eventualmente Eren se acercó y lo rodeó con sus brazos, al principio quiso resistirse pero terminó cediendo, lloró con ganas sobre el pecho de la sombra hasta que luego de un largo rato se apaciguó.

—Te llevaré a casa y ahí hablaremos con calma —dijo Eren levantándolo en sus brazos con facilidad.

Levi temblaba y seguía balbuceando cosas sobre un niño que lloraba y estaba perdido, que no se lo llevara. Eren tuvo que soplar sobre su rostro hasta que logró que se durmiera profundamente. Entonces se puso de pie y regresó al bosque, Levi había llegado muy cerca pero no había descubierto su escondite, chequeó todo, la niña dormía, era imposible que hubiera hecho algún ruido, así que no tenía idea cómo hizo Levi para saber. Esta vez tendría que comer con rapidez, quería regresar antes que Levi despertara.

A pesar de sus esfuerzos, cuando regresó a la casa Levi estaba esperándolo en el portal, ¿cómo es que se había despertado tan temprano? Cuando soplaba sobre su rostro por lo general dormía más de seis horas. No le preguntó nada, no le gritó, simplemente bajó su cabeza y comenzó a llorar de nuevo. Eren no supo qué decir, era la primera vez en todos esos años que su pequeño lo trataba de esa manera, que lo miraba así, con un dolor tan amargo y del que sabía era el responsable.

Ambos entraron en silencio a la casa, Levi regresó y se acostó, Eren hizo lo mismo, pero cuando se giró y quiso tocarlo Levi le pidió que no lo hiciera. La sombra sintió como si le hubieran estrujado el núcleo con un cuchillo de carnicero, podía soportar muchas cosas, pero el rechazo de su pequeño era lo peor.

—Todas las noches no dejo de tener pesadillas —había susurrado Levi mientras tiraba de sus cabellos con fuerza—. Me atormentan, sin cesar, sus pequeñas manos me agarran de los brazos, de los hombros, me arrastran al infierno…

Eren lo observaba con infinita tristeza.

—Ya no sé qué hacer, Levi —le había dicho con la voz agria y profunda, pocas veces lo llamaba por su nombre—. De acuerdo, no quiero que sufras más, no volveré a alimentarme, tal vez eso te dé un poco de paz.

Levi no pudo decir, ni replicar nada, estaba muy inestable como para poder dialogar de una manera coherente. Pensó que se le pasaría con los días, pero no fue así, Eren cumplió con su palabra y tal como había sucedido antes, comenzó a deteriorarse, día tras día, se ponía más y más blanco, sus hermosos ojos verdes se estaban opacando hasta quedar de un gris cemento alarmante. No tenía fuerzas así que la mayor parte del tiempo estaba tirado en el sofá, la cama e incluso el suelo.

Dejó de ir a la universidad porque le aterraba que le sucediera algo mientras él no estuviera en la casa. La sombra dormitaba en el suelo la mayoría de las veces, se quitaba la ropa y parecía entrar en alguna especie de sopor que lo dejaba inconsciente, Levi sabía que Eren no necesitaba dormir, su cuerpo comenzaba a oscurecerse, y a ponerse ligeramente transparente en sus piernas y manos. Mojaba compresas en agua con hielo y se las colocaba en la frente mientras lloraba a su lado.

No quería que muriera, Eren la persona, o el ser, más importante de todo su mundo, no concebía vivir sin él a su lado, si su destino era la soledad, prefería morirse él. Abrió grande sus ojos ante este pensamiento y miró a su amado que jadeaba sobre su regazo, no pudo soportarlo más.

Se puso de pie, quitó las nuevas lágrimas de sus ojos y fue a la cocina, sacó un pequeño cuchillo afilado y volvió con él, temblaba, volvió a llorar, hasta que finalmente se armó de valor y cortó sobre su antebrazo, se abrió la carne de manera algo profunda y comenzaron a brotar gotas carmesíes por doquier, ubicó la herida cerca de la boca de Eren y apretó su brazo mientras gritaba de dolor, algunas gotas ingresaron entre los labios entreabiertos y eso pareció despabilar un poco a la sombra. Se relamió con gusto mientras lanzaba un gemido agudo, parpadeó un poco y lo siguiente sucedió tan rápido que Levi no supo en qué momento estaba contra el piso y con Eren encima mirándolo de una forma aterradora.

Le había agarrado de la muñeca y sus ojos refulgieron, como si hubiera llamas verdes dentro de ellos, respiraba de manera irregular y hacía un ruido extraño, como si alguien soplara por un tubo largo y hueco de metal. Levi lo miró asustado, pero tuvieron que pasar varios minutos hasta que la sombra se calmó, como si hubiera recobrado sus sentidos de golpe. Lo soltó y se alejó como si fuera ácido, mientras miraba a todas partes aterrado.

—¿Qué pasó? ¿Dónde…? ¡Estás lastimado! ¡Levi! ¿Quién te hizo esto?

Sin dejar de tiritar, el joven se sentó lentamente sobre sus piernas y lo miró angustiado.

—Lo… lo hice yo.

—¿Cómo? ¿Fue un accidente, cómo te has herido así? Debes ir al hospital.

—¡No! —Levi se arrastró hasta Eren porque no podía juntar fuerza en sus piernas para ponerse de pie—. No voy a ver como te mueres y me dejas aquí abandonado y solo, ¡no voy a dejar que mueras! Sé que estás hambriento, y probablemente yo no sea tan delicioso como… como un… niño, pero… seré suficiente para que te recuperes un poco.

Eren abrió sus ojos a su máxima capacidad y se relamió los labios para darse cuenta con pavor que tenía sangre de Levi en sus labios, todo su cuerpo se estremeció de puro placer y sintió sus dientes afilados en su interior empujando para aparecer de un momento a otro.

—¡No!

—De-devórame…

—¡No, estás demente, aléjate!

—¡DEVÓRAME, MALDITA SEA! ¡No dejaré que mueras! Por favor, Eren, si tú mueres, yo también lo haré, no me dejes solo, déjame hacer esto por ti, te lo debo, toma mi vida.

—¡No! —Eren se puso de pie y lo miró con profundo dolor—. Jamás, nunca de los nunca te haría daño, no pidas cosas imposibles.

—¡Vas a morir si no comes, idiota! ¡Devórame y termina con todo! Te lo suplico —soltó entre lloriqueos y ahogos por las lágrimas.

Eren se agachó y buscó la mirada de Levi, se puso muy serio y tomó su rostro entre sus dos manos para que lo escuchara.

—Solo por esta vez voy a perdonarte que hayas hecho una cosa tan estúpida, pero escucha bien, Levi, nunca vuelvas a lastimarte o siquiera a sugerir que vas a alimentarme con tu cuerpo, porque te juro por lo más sagrado, que si vuelves a decir una mierda como esa otra vez… me iré tan lejos que jamás volverás a saber de mí, ¿has entendido? Dije, que si has entendido.

Levi asintió y volvió a llorar, Eren lo abrazó con rudeza, resistiendo el hambre con todas sus fuerzas, aun podía sentir el sabor más exquisito desapareciendo de su boca.

Esa noche Eren vendó el brazo de Levi y ambos se acostaron en la cama, cuando amaneció, la piel de Eren estaba casi toda negra y respiraba con dificultad. Levi estaba desesperado, no sabía qué hacer, por lo que se fue rápido a la ciudad para buscar remedios o alguna forma de ayudarlo, pero ¿qué podía hacer? Se sentía tan inútil y tonto, de ninguna manera se arriesgaría a que Eren se enojara de nuevo y se fuera a morir solo en algún rincón donde él no pudiera encontrarlo.

Se estaba volviendo loco, balbuceaba incoherencias y la gente lo miraba raro y se alejaban de él. Se sentó en el banco de una plaza mientras observaba las palomas comiendo las golosinas dejadas en el suelo, migajas, volando, yendo y volviendo, haciendo sus ruidos, se sintió perdido.

—¿Señor?

Levantó la cabeza y se encontró con una niña de unos cinco o seis años, llevaba una caja de zapatos llenas de medias dentro y lo miraba curiosa.

—¿Quiere comprar un par de medias? Son calientes y están a buen precio, señor. Por favor, cómpreme un par.

La miró enfocando mejor, vestía ropa muy malograda, prácticamente parecían harapos, tenía los cabellos alborotados y un moño que casi estaba deshecho, el rostro sucio y mocos asomando de sus fosas nasales, las uñas con tierra, y para el frío de esos días estaba bastante desabrigada.

—Hola, ¿cómo te llamas? —dijo en un tono suave.

—María.

—Qué lindo nombre, María. Dime, ¿por qué estás vendiendo medias en vez de estar en tu casa?

—Ayudo a mi papá.

—Ya veo, ¿y dónde está tu papá?

—Está en el bar de allá —dijo señalando con su pequeño dedo hacia un costado.

—¿No te hace frío?

—Un poco, pero no importa.

Comenzó a conversar con la niña y le compró dos pares de medias, poco a poco la menor le contó que en su casa no tenían calefacción, que a veces su papá se iba por días y una vecina cuidaba de ella, que su mamá se había muerto cuando ella nació, que a veces sentía mucho hambre.

—¿Quieres una chocolatada caliente?

A la niña le brillaron los ojos y asintió varias veces.

—De acuerdo, espérame aquí, compraré una y regreso, si me esperas te compraré más medias.

Levi cruzó la avenida que estaba cerca, encargó una chocolatada para llevar en una cafetería y mientras se la preparaban se cruzó a la farmacia de al lado para comprar varias pastillas de alzopralam, un fuerte antidepresivo que en dosis altas provoca sueño. Retiró el vaso térmico, pulverizó una buena cantidad de pastillas y le puso suficiente azúcar para tapar el sabor. Luego regresó, nadie parecía reparar en ellos dos, la niña lo estaba esperando obedientemente.

Le dió el vaso junto a una dona de vainilla que también había comprado en el mismo lugar y le contó de cuando era niño y jugaba en la plaza cercana a su barrio. Compró otro par de medias como había prometido.

—Vivo cerca de aquí, tengo mucha ropa que podría irle bien a tu papá, verás, tengo un tío que… murió hace poco, si quieres puedes llevársela a él, yo iba a tirarla de todas maneras.

La niña pareció dudar.

—Es aquí cerca, a diez minutos, no es muy lejos, prometo traerte de regreso, pero primero termina tu desayuno, ¡vaya, se nota que te gustó!

—Sí, es delicioso —dijo sonriendo mientras se terminaba hasta la última gota.

La niña caminó a su lado dócilmente y comenzaron a acercarse a la parada de autobuses, Levi miraba a todas partes pero la mayoría de las personas parecían estar muy ensimismadas.

—Te daré mi bufanda —le dijo a la pequeña y luego la enrrolló alrededor del flaco cuello.

—Gracias, huele bien —contestó la pequeña mientras lanzaba un bostezo grande.

Luego de un buen rato notó que comenzaba a caminar de una manera algo errática.

—Señor, estoy… muy cansada, mi estómago, duele…

—Oh, ven, siéntate un momento —dijo metiéndola en un callejón y la dejó apoyada contra una pared, la niña se deslizó hasta el suelo, se notaba que intentaba mantenerse despierta pero sin éxito.

Finalmente se durmió del todo, Levi sentía que su corazón estaba por saltar de su boca al suelo, estaba alterado. Buscó por el callejón y encontró varias cajas de tamaño mediano, vacías, en un costado al lado de un enorme contenedor de basura. Miró a su alrededor pero no parecía haber nadie más, tomó una de las cajas, reforzó el piso de la misma con otras del lugar y luego cargó a la niña entre sus brazos, no pesaba gran cosa. La depositó dentro de la caja y luego se detuvo a pensar. ¿Qué haría ahora?

Salió del callejón luego de dejar la caja con la niña en un rincón alejado y caminó un buen rato hasta que abordó un taxi, regresó a su casa, y decidió sacar el auto que tenían. Por lo general, las pocas veces que lo habían usado, era Eren quien conducía, aunque le había enseñado él tenía miedo de manejarlo y nunca se había animado a agarrar el volante, pero ahora… en su cabeza solo estaba la imagen de Eren agonizando, no podía pensar en absolutamente nada más.

Metió la llave y lo encendió, apretó los dientes y se dirigió de regreso a la ciudad, estaba transpirando a chorros, no solo no tenía carnet que lo habilitara, tampoco sabía si al llegar la niña seguiría allí, ¿y si despertaba y avisaba a todos que habían tratado de secuestrarla? De seguro terminaría en la cárcel, o tal vez una horda enfurecida de personas acabaría con su vida antes, como fuera, tenía que correr el riesgo, ¡Eren estaba muriendo!

De alguna milagrosa manera llegó hasta el callejón de nuevo, estacionó como pudo y abrió la puerta trasera del vehículo, fue por la caja y afortunadamente, para él, todo seguía como lo había dejado antes, no tenía idea si había pasado una hora, dos, o cinco, tenía tanta adrenalina en su sistema que todo era un desastre en su cabeza. Cargó la caja en el asiento de atrás y subió, se quedó petrificado con las manos alrededor del volante, pensando y pensando. Pero, ya no había vuelta atrás.

Casi grita cuando un policía le tocó la ventanilla del lado de afuera, bajó el vidrio y lo miró asustado.

—¿Sabe usted que está estacionado en un sector para discapacitados?

Levi parpadeó y miró a su alrededor.

—Oh, n-no, no lo sabía, dis-disculpe, o-oficial. Ya me iba.

—Como sea, le haré la multa de infracción, no se va a salvar, la próxima vez mire bien, no intente quedarse con privilegios que no le pertenecen —lo regañó mientras confeccionaba la boleta y se la entregaba.

—Lo siento, lo siento mucho, oficial.

—Como sea, circule de una buena vez.

Levi tomó la multa, la dejó en la guantera y arrancó para irse, apenas podía respirar, estaba completamente aterrado, comenzó a llorar mientras se dirigía a su casa, no supo cómo encontró el camino de regreso y para cuando arribó, ya el sol se estaba ocultando. Cuando bajó del carro, parecía como si hubiera estado vagando por un desierto por días y días, tenía la boca seca, se sentía mareado y finalmente vomitó a un costado lo poco que tenían sus tripas.

Descargó la caja y la dejó del lado de afuera de la casa, a un costado, realmente no quería que cuando Eren se alimentara, "hiciera eso" dentro de la vivienda. Notó algunos ruidos ahogados provenientes de la niña y corrió para traer a Eren, no tenía idea si podía despertar antes.

Cuando ingresó a la habitación, se llevó las manos a la boca, Eren estaba en el suelo, con su forma de sombra, parecía como si se estuviera "descongelando", porque varias gotas negras le cubrían el cuerpo y caían sin cesar al suelo, trató de agarrarlo mientras le hablaba, pero se le resbalaba de las manos, y a poco de tocarlo comenzó a sentir que se descompensaba por lo que lo soltó. No podía tocarlo o se desmayaría.

—¡Eren, Eren, por favor! ¡Despierta! ¡No te mueras, Eren!

Desesperado cogió el edredón de la cama y lo cubrió, con eso comenzó a empujarlo, se resbaló y cayó duramente al suelo por el agua viscosa que dejaba a su paso, finalmente lo dejó en el salón de entrada, entendió que ya no podía moverlo más, estaba agotado. Salió y fue hasta la caja, ni modo, tendría que ser así.

Abrió la tapa y encontró a la niña, seguía profundamente dormida, lanzó un grito desgarrador y la tomó entre sus brazos, mientras las piernas le temblaban, entró y la depositó cerca de un metro de la sombra.

—Aquí, por favor, por favor, ¡Eren! —sollozó descontrolado y empujó a la niña hasta la cabeza de la criatura.

Tomó uno de sus brazos y lo colocó encima de la sombra, la cual pareció mover sus ojos blancos.

—Aquí, aquí, vamos, por favor, debes… debes hacerlo, por favor…

No supo cuánto tiempo estuvo tratando de hacer que la sombra reaccionara, hasta que en cierto momento escuchó un aullido que le erizó todos los poros de la piel, el ambiente se puso extremadamente frío y su instinto le sacudió por dentro ordenándole que se alejara lo máximo posible.

Trastabillando se apostó en un rincón del salón y entonces la sombra se elevó respirando de una manera tétrica, jadeante, sus ojos blancos se fijaron en la niña sobre el suelo y tal como había sucedido aquella vez en que había devorado la cabeza de su tío, se abrió un tajo de manera vertical sobre su cabeza, mostrando las hileras de dientes blancos y retorcidos, algunos gruesos como dedos. Se abalanzó contra el pequeño cuerpo y se metió la mitad del mismo en esa abertura para comenzar a triturar sin piedad.

Levi jamás podrá olvidarse del ruido que hicieron los huesos y las vísceras dentro de la boca de la sombra. Quedó pegado a la pared, con las piernas replegadas sobre sí mismo, llorando en silencio y completamente abrumado por la brutalidad del acto. Eren en su estado más primitivo y terrible, el puro instinto buscando sobrevivir, peleando por no morir. No fue rápido, o si lo fue, para él duró una eternidad, no podía cerrar los ojos o taparse los oídos, nada en su cuerpo funcionaba. Era como una marioneta sin vida que había quedado tirada y olvidada en algún lado.

Las siguientes dos semanas no pudo hablar, estaba como ausente, Eren regresó a su forma humana al día siguiente y a partir de entonces se encargó de vestirlo, bañarlo, darle de comer y arroparlo sin moverse un solo minuto de su lado. Levi estaba como en un estado catatónico del que pudo regresar, poco a poco.

Su estado mental era tan frágil, que semejaba al de un niño, se aferraba a la criatura como un bebé y a veces lloraba bajito, pero se calmaba cuando Eren le ronroneaba y le tarareaba la canción del muñeco pim pom. Los días fueron pasando, de manera lenta recobró su independencia, pero abandonó sus estudios, no quería dejar la casa por nada, lo máximo que se permitía era salir a caminar por los bordes del lago cercano, siempre de la mano de Eren. Conversando del clima, de las flores, del paisaje, de planes a futuro que parecían demasiado lejanos, casi inalcanzables.

Cierto día, Erwin fue a visitarlos, estaba preocupado porque no veía a su amigo hacía varios meses, por el celular nunca respondía a las llamadas y las respuestas a sus mensajes eran demasiado parcas. Sin embargo, al arribar se dió cuenta que estaba bien, Eren les preparó un budín para la merienda y bebieron un excelente y delicioso café en la galería.

—Por cierto, ya nació Atahualpa —contó Erwin contento—. Como futuro padrino, deberías al menos ir a visitarlos, Han me dijo que te llamó varias veces y no la atendiste.

—Levi estuvo bajo mucho estrés últimamente —explicó Eren con voz tranquila mientras ponía sus manos encima de los hombros de su pareja—. Ha estado tratando de recuperarse, lamento que se hayan preocupado.

—¿No sería mejor si fueras a terapia? —le preguntó Erwin mirándolo mientras fruncía el ceño.

—No, yo, no quiero, no quiero hacer eso. Ahora ya me siento mejor, de verdad.

—Escucha, si es una cuestión de dinero, tengo contactos en la ciudad con la clínica de un conocido y-

—No, Erwin, no es necesario, de verdad, ya me siento mejor, Eren cuida muy bien de mí.

—¿Gustas un poco más de café? —preguntó la sombra al invitado.

—Si, por favor, está en verdad exquisito, igual que el budín.

Apenas se retiró, Erwin se acercó a Levi y le habló en voz baja.

—¿De verdad estás bien? Escucha, amigo, si estás en alguna situación difícil, solo dime y nos vamos ya mismo en mi auto.

Levi rio con tranquilidad.

—No, estoy en verdad muy bien, tú tranquilo, te prometo que si llego a necesitar tu ayuda, sin dudar te llamaré, en serio. Eren es lo mejor de mi vida, no pienses que estoy en contra de mi voluntad o algo como eso, todo lo contrario, él ha sido en extremo paciente y amable conmigo, me provee de todo lo que necesito.

Eren regresó con la tetera para servir de nuevo.

—De acuerdo, entonces me quedo más tranquilo. Por cierto, el viernes iré a visitar a Hange, ¿quieren venir conmigo? Te echa de menos y quiere que conozcan al bebé.

—¿Qué dices, amor? ¿Vamos de visita? —dijo Levi mirando a Eren.

—Claro, de hecho creo que salir te hará mucho bien.

—Opino lo mismo —se sumó Erwin.

—Bueno, le avisaré a Han, que iremos el viernes entonces.

Luego de quedarse un rato más, Erwin saludó y se retiró. Subió a su auto y mientras manejaba a su casa volvió a preocuparse, Levi no estaba bien. Conocía a su amigo desde hacía muchos años, siempre había sido un chico tímido y tranquilo, pero ahora… parecía como si llevara una máscara, como si estuviera ocultando algo, su intuición le decía que tenía que ver con esa relación tan estrecha que mantenía con ese otro hombre, Eren. Había investigado un poco y era como si hubiera aparecido de la nada, sin familia, sin antecedentes de ningún tipo, parecía como si ejerciera alguna especie de "control" sobre Levi, quería ayudarlo, pero si su amigo no quería, poco podía hacer. Por lo pronto sería positivo que saliera de su encierro.

Ese viernes todos fueron puntuales a la reunión. Hange estaba radiante, ya habían pasado tres meses del nacimiento de Atahualpa, un bebé sano, llorón y regordete que era la luz de los ojos de sus padres. Moblit estuvo presente, ayudando y asistiendo en todo momento a su futura esposa.

Levi se sentía algo nostálgico, cuando vio a su mejor amiga cargando al pequeño bebé, su rostro estaba tan pacífico y lleno de brillos, le hizo recordar a su madre. Últimamente había pensado mucho en ella.

—¿Ya les conté que mandamos a imprimir las invitaciones a la boda? —comentó Hange mientras Erwin y Moblit servían los postres—. Para mí no, cielo —le dijo a su prometido—. Es muy duro, debo hacer dieta o no entraré en el vestido —lloriqueó tocando su barriga.

—Pero estás espléndida —halagó Levi con honestidad.

—Sí, bueno, he perdido la mayor parte del sobrepeso del embarazo, pero aún tengo muchos kilos que faltan, quisiera ir al gimnasio pero Atahualpa es muy demandante.

—Podemos ayudarte a cuidarlo si nos organizamos —ofreció Erwin.

—Chicos, son tan lindos, pero lo cierto es que no quiero despegarme de él, al menos hasta que cumpla un año, la presencia de una madre para un recién nacido es muy importante. Por cierto, ¿ustedes cuántos años llevan juntos ya? —preguntó la mujer mirando a Eren con intriga.

—Más de diez, como pareja, aunque nos conocíamos de antes —explicó la sombra.

—¡Válgame! Una década, ¿y nunca antes han pensado en casarse?

—Han —dijo Erwin mirándola con insistencia.

—¡Ay, vamos! Somos todos confidentes, nos conocemos desde hace mucho.

—Pues, la verdad, nunca hemos hablado de eso —respondió Levi con cautela y llevándose una cucharada de postre a la boca.

—A mí me encantaría, mi vida es él —dijo Eren mirándolo con adoración, el de cabello negro bajó la cabeza un tanto avergonzado pero luego tomó su mano por debajo de la mesa—. Tal vez deberíamos pensarlo, ¿no?

—Oigan, no se vayan a casar en la misma fecha que nosotros, lo vengo planificando desde hace tiempo —amenazó Hange y todos echaron a reír.

Luego de la cena, mientras Moblit y Hange se encargaban de lavar la vajilla, Erwin estaba preparando café, Levi había ido un momento al baño y mientras se lavaba las manos escuchó a Atahualpa llorar en su cuna, donde hacía un buen rato había quedado dormido. Se secó las manos y salió para chequearlo.

—Han, yo voy a verlo —le avisó a la madre que estaba en la cocina para que no se preocupara.

—Gracias, enano.

Bufó, hacía años que no lo llamaba de esa manera. Esa noche todo parecía tan perfecto, todos ellos llevándose bien, incluso Erwin había contado que se estaba conociendo con un chico que trabajaba en un negocio al que iba a comprar regularmente. Aunque hacía tanto que no se juntaban, todo seguía intacto, la camaradería, las risas, las miradas cómplices, y-

Se quedó congelado en el marco de la puerta que daba a la habitación del niño. Eren estaba sobre la cuna, sus manos agarradas del borde de madera y mirando fijamente al bebé, sus ojos refulgiendo, tal como… igual a cuando…

—¡NO, ALÉJATE! —gritó con la voz agrietada y se escuchó un vaso quebrándose en la cocina.

En menos de tres segundos el resto también estaba en la habitación, Levi sostenía al bebé contra su pecho y se lo notaba visiblemente perturbado, mientras que Eren lo miraba desde una esquina con sorpresa.

—¿Qué sucedió? —dijo Hange angustiada mientras se acercaba a Levi y tomaba a su hijo.

—Lo, lo siento, había un, un insecto cerca y… —las manos de Levi temblaban, Erwin lo tomó de los hombros.

—¿Quieres sentarte un momento?

—No, no, yo… uh, estoy bien, bien, solo me asusté, no me gustan los… insectos. Eren, volvamos a casa, por favor.

—¿Seguro? —preguntó Hange mirando a uno y a otro—. ¿Realmente tienen que irse?

—Sí, sí, es urgente, recordé que, tengo cosas que hacer, lo siento. Volveremos en otra ocasión, Han. Gracias por recibirnos, Moblit, nos vemos otro día. Erwin, adiós.

Levi se dirigió rápidamente a la salida y Eren suspiró pesado, saludó y salió detrás de él.

—Cariño, oye, pequeño, ¡espera! —dijo corriendo y tomándolo del brazo.

—Vamos a casa, ahora.

Subieron al auto y Eren lo puso en marcha, estuvieron en silencio todo el trayecto que era bastante largo, pero Levi no quería hablar, solo estaba recostado en el asiento mirando por la ventana, todos los recuerdos, los traumas y las pesadillas revolviéndose en su interior.

Cuando llegaron a casa, Levi entró y sacó un vino de la alacena, lo abrió y llenó una copa grande hasta el borde. Eren cerró la puerta de entrada y lo observó con dolor, el joven se bajó todo el líquido de un solo trago, agarró la botella para servirse más, pero Eren lo agarró de la muñeca impidiéndoselo.

—No, si bebes de esa manera te hará daño.

—Suelta.

—No, te hará mal, el vino te cae del diablo.

—¡Que me sueltes! —gritó tirando de su brazo y la botella terminó sobre el suelo desparramando su contenido.

—Dilo, de todas maneras no será la primera vez que dudes de mí —soltó Eren con amargura.

—¡No soy idiota! ¡Te vi sobre, sobre el… sobre él, así!

—Carajo, ¿realmente crees que ando detrás de cualquier niño que me cruce? ¿De verdad piensas que hubiera saltado justamente sobre el hijo de tu mejor amiga? ¿Acaso no me conoces?

—Yo creí que si —su voz salió lastimada, llena de esquirlas y heridas—, yo… creí que si. Pero luego, ese día —comenzó a temblar de tal manera que tuvo que afirmarse de la mesa para no caer—. Ya no sé quién soy, quienes somos, no puedo hacer de cuenta que no sucede y si deja de suceder te mueres y ¡no! ¡Maldita sea! No puedo encontrar una solución, no encuentro manera de arreglar esto y cada día es peor, la culpa me aplasta, no lo soporto. Cada día, cada maldita respiración me cuesta, lo intenté, intenté fingir que no me importa, ¡no puedo! No puedo —dijo casi sin voz mientras las lágrimas comenzaban a caer de sus ojos—. Te necesito, y te amo, ¡diablos, te amo tanto! Cuando te vi a punto de morir yo simplemente enloquecí, me atreví a juzgarte, a señalarte, creyéndome mejor y luego yo… hice aquello, soy un monstruo, no merezco vivir.

Eren lo miró desgarrado por sus palabras. Hay cosas que se rompen que no se pueden reparar de ninguna manera por más que se intente. Se acercó despacio y lo envolvió en sus brazos, Levi se aferró con fuerza e intentó respirar para dejar de llorar. Eren quitó las últimas lágrimas de sus bonitos ojos azules con sus pulgares.

—Lo siento, ojalá las cosas fueran diferentes, ojalá no te hiciera sufrir tanto. Los leones, los tigres, los jaguares, viven de acuerdo a su naturaleza y nadie les reclama por las vidas que arrebatan para poder sobrevivir.

—Lo sé, no es tu culpa, no me pidas perdón, es solo que a veces… ya no puedo seguir guardando todo y exploto, y sé que no mereces escuchar esto, pero entonces ¿qué puedo hacer? Dime, ¿qué debo hacer, por todos los cielos? ¿Por qué debe ser tan difícil? Solo quiero que estemos juntos, disfrutar nuestro amor, ¿este es el precio de querer un poco de felicidad? Maldita sea…

—Vamos a descansar, estás agotado, ha sido un día largo.

—N-no, no soples en mí, no lo hagas.

—No lo haré.

Se quitaron la ropa y se acurrucaron en la cama, a Levi le llevó mucho tiempo poder cerrar sus ojos y dormirse.

Se despertó sobresaltado porque escuchó pasos extraños en el salón de la casa, se refregó los ojos y se sentó, Eren no estaba a su lado.

—¿Amor? —dijo con tono de dormido aún, pero los pasos se detuvieron en seco.

Se levantó y caminó descalzo hasta el lugar, las luces estaban apagadas y aún era noche cerrada, de repente sintió algo húmedo entre sus pies y se sorprendió, por lo que a tientas buscó el interruptor de luz, al activarlo se quedó sin aire.

El living de su casa era un verdadero río de sangre, las paredes estaban cubiertas de pedazos de carne, huesos, sangre escurriéndose, el piso también y sus pies manchados por ella. Algo más allá se movía, una masa sanguinolenta que se arrastraba hacia la puerta. Se acercó por inercia, sus pensamientos estaban apagados, y cuando llegó hasta esa cosa, se dió cuenta que era la mitad de un cuerpo humano, uno muy pequeño, vestido con harapos y sus manitos con uñas llenas de mugre, la niña giró su rostro, al que le faltaba un ojo, y le dijo:

—Mi padre me está buscando...

Se cayó de la cama, cubierto en sudor, respirando de manera dolorosa, y se sentó en el suelo mientras se daba cuenta que había sido otra pesadilla más.

—Pequeño, ¿qué sucede? ¿Te caíste?

Eren lo levantó y lo devolvió a la cama, ya estaba amaneciendo, Levi se aferró a su torso y se quedó ahí respirando ruidosamente mientras la sombra acariciaba su espalda con cariño.

Los siguientes días disfrutó la compañía de Eren, pero le pidió que de ahora en más comieran en la galería, cada vez que entraba al living podía ver toda esa sangre y vísceras esparcidas por doquier. Finalmente, tomó una decisión. No podía vivir sin Eren y si se quitaba la vida, Eren de seguro sufriría, pero eventualmente… seguiría matando.

—Mañana es nuestro aniversario —dijo Levi mientras comía una manzana.

—¿Mmm? Es cierto, ¿quieres hacer algo divertido? Podemos ir a la ciudad, comer en un restaurante lujoso, ver una película, ¿qué tienes ganas de hacer? También te compraré un buen regalo.

—No, no quiero nada de eso. Nos quedemos aquí —propuso Levi mirándolo con amor—. Hace mucho que no… que no lo hacemos.

Eren se acercó por detrás y lo abrazó para luego besar su cuello.

—Yo también tenía ganas.

—¿Y por qué no lo dijiste?

—Estabas bajo mucha presión, no era el momento.

—Pues dicen que hacer el amor libera mucho estrés, por si no sabes —comentó de manera juguetona y se giró para besar a la sombra.

¡Ah, había extrañado tanto esa cercanía!

Eren se veía feliz, él también lo estaba, casi que por un momento se olvida de sus verdaderas intenciones. Pero quiere amarlo y sentirse amado también, ellos dos, en su mundo, en su burbuja, alejados de la corrupción del mundo, y de la suya propia. El amor purificaba todo, los elevaba, les permitía robar un pedazo del paraíso que estaba prohibido para seres como ellos.

—Podemos, mmm, ¿hacer un adelanto? —sugirió Eren mientras sus besos se volvían más voraces.

—Esperemos hasta mañana, así, ah, habrá muchas más ganas.

—¿Mi pequeño quiere torturarme, eh?

Se rieron antes de fundirse en otro apasionado beso y esperaron.

Levi le había pedido algunas cosas a Eren para preparar la cena, aunque sabía que solo sería para él, pero se le antojaba un buen filete con papas doradas, su comida favorita. Puso música melosa, de esa que casi nunca elegía y llenó el lugar de velas antes de que su pareja volviera. Dejó todo perfectamente preparado, hasta el más mínimo detalle.

Eren se sorprendió con el camino de flores silvestres que le dieron la bienvenida en la galería. Levi estaba cocinando desnudo y lo único que tenía puesto era el mandil, lo que lo dejó boquiabierto. Normalmente era él quien atacaba primero y esta iniciativa lo llenó de emoción.

Decidió que desnudarse sería lo mejor para acompañar a su amado, y cocinaron juntos prodigándose caricias, besos y piropos de lo más cursis. Se respiraba pura miel, espesa y pesada. Eren bebió junto a Levi, haciendo un gran esfuerzo, pero quería acompañarlo en ese detalle, bailaron entre las penumbras y las velas, y la música candente. Levi disfrutó de su cena con una erótica dosis de gula y luego fueron a la cama donde Eren lo complació de todas las formas imaginables, y algunas que no.

—Eren, E-Eren —el pequeño invocaba su nombre a cada momento, buscaba su mirada y le gemía con fervor—. ¡Te amo, te amo, te amo tanto!

—Y yo a ti, mi amor, mi mundo, mi todo.

Una vez que Levi estuvo completamente satisfecho, tomó la mano de Eren y besó su mano con devoción.

—Ahora te toca a ti disfrutar, mi amor —dijo con la mirada rebosante de deseos.

—¿No estás cansado?

—No hasta que ambos estemos satisfechos, déjame hacerlo, por favor.

Eren tuvo un poco de miedo, desde aquella vez que casi muere, no había vuelto a mostrar su forma de sombra a Levi, no planeaba hacerlo tampoco, porque no quería ver esa expresión de miedo que le lastimaba tanto, otra vez. El más bajo notó su duda.

—Está bien, puedo hacerlo.

—¿Estás seguro?

—Sí, es tu verdadera forma y la amo, así que no te preocupes, confía en mí.

Eren lo besó de nuevo, con veneración, completamente entregado.

—Te amo, Levi, gracias por esto.

El muchacho de cabello negro se quedó sentado en la cama, observó a su amado volviendo a su cuerpo original y tuvo ganas de llorar pero se contuvo. La sombra se acercó y se miraron un largo rato, los ojos azules reflejándose en los blancos y grandes, luego se irguió y comenzó a crecer muy lentamente.

Levi se puso de pie, volvió a mirarlo una vez más y estiró sus brazos para meterse a su interior como ya sabía que debía hacer, suave y lento. La sensación de electricidad, de calidez en el interior y una inmensa angustia se alojaron en él. Al cabo de varios minutos estuvo completamente dentro de la sombra, flotando y sintiéndose relajado por el líquido transparente.

Giró y giró muchas veces, sabía que todo eso haría feliz a Eren y entonces lloró, ya no podía seguir aguantándolo, y no podía detenerse. Nadó hasta su núcleo, el mismo vibraba y resplandecía, ese pequeño sol, el centro de la vida de Eren, lo contempló largo rato, mientras seguía llorando y sintiéndose la peor escoria, levantó sus manos hacia la bola de luz dorada y notó que apenas era un poco más grande que el tamaño de un puño cerrado.

Parecía palpitar, cada vez que bombeaba, una muy sutil aureola de luz se esparcía a todo el lugar. Apretó los dientes y cerró las manos alrededor del núcleo con toda la fuerza que pudo. Quiso gritar pero el líquido se lo impidió, quemaba en sus manos, no fue como la primera vez, era como hierro al rojo vivo.

Todo a su alrededor tembló, la electricidad se volvió intensa y sintió que le aguijoneaba por toda la anatomía en toda la extensión de su piel. Tiró del núcleo con todas sus fuerzas, pataleando y echando su cuerpo atrás, era difícil sin tener nada de donde agarrarse, escuchó que chillaban en sus oídos hasta dejarlo casi sordo, tiró y tiró, la bola de luz le comenzó a quemar la piel, era como ácido, pero se negó a soltarla, estaba como anclada en ese lugar y luego de luchar y luchar, finalmente se desprendió.

Salió despedido con fuerza y cayó contra una de las paredes de la habitación, cubierto de una sustancia viscosa y de color oscuro, soltó el núcleo que ahora era como una pelota de gelatina que comenzaba a perder su brillo con rapidez. Sus manos estaban en carne viva y miró al frente donde la sombra yacía en el suelo, iba desarmándose, deshaciéndose, como un hielo bajo el sol.

Se arrastró hasta ella y trató de tomarla entre sus manos pero era como querer agarrar un jabón.

—¡Eren, Eren, lo siento, lo siento! ¡AAAAAAAHHHHHHHRRRGGG!

Gritó de una manera tan brutal que sintió a sus cuerdas vocales desgarrarse ante el esfuerzo.

—¡Lo sientoooo, lo sientoooo! ¡Noooo!

Lloró a los gritos, como nunca antes, se le estaba yendo su vida, su amor, su mundo, se le estaba escurriendo entre los brazos. Esa había sido su elección, su dolorosa decisión. Sollozando miró a la criatura, cuyos ojos blancos comenzaban a ponerse grises y se iban secando.

—Le… viii… Le… Le…

Y de repente dejó de moverse del todo. Levi lloró y lloró, desgañitándose hasta quedarse completamente afónico, y cuando ya no había más que agua sobre el suelo, se arrastró hasta la cama y sacó el afilado puñal que escondía debajo del colchón. Un mundo sin Eren, era un mundo en el que él no quería seguir viviendo, apuntó el cuchillo a su cuello pero antes de terminar con su vida, por el rabillo del ojo divisó el núcleo. Aún se notaba cierta luz, muy tenue, en el interior.

Se acercó hasta él y lo tomó entre sus manos lastimadas, ampolladas y sangrantes.

—¿Aún sigues ahí, mi amor? —dijo casi de manera inaudible debido al daño en su garganta, las lágrimas seguían cayendo.

Lo llevó hasta sus labios y lo besó con profundo pesar. Nunca más sus abrazos, nunca más su mirada, nunca más sus besos, jamás volvería a escuchar su voz diciéndole todas esas cosas hermosas, se había aprovechado de su ingenuidad, de su ciega confianza, el verdadero monstruo… siempre había sido él.

Abrió sus labios y trató de tragar la bola, pero era demasiado grande, de manera que mordió con fruición, era blando como un durazno y se partió de inmediato, tenía un sabor ligeramente dulce y suave, lo tragó, y en menos de tres bocados nada quedó de él.

Sintió como el interior de su cuerpo se calentaba ligeramente y sonrió de una manera desquiciada y patética.

—Ahora somos uno solo, mi amor, ahora y para siempre, siempre, siempre juntos.

No pudo cortarse el cuello, aunque se hizo mucho daño, las personas mueren de manera más poética en las películas, pero en la vida real todo es cruel y brutal.

Se tajeó los brazos, intentó apuñalarse en el corazón, pero lo único que lograba era herirse y botar más sangre. Cuando ya no tuvo más fuerzas, se acostó en el suelo, sobre la mancha que había dejado Eren y que ahora cubría con su propia sangre, sintió frío y se dio cuenta que finalmente estaba muriendo.

—Eren… a… abrázame, ¿quieres?

El sol bañaba el horizonte, se alzaba victorioso una vez más, pero dentro de la casa de Eren y Levi, allí donde se amaron tanto y trataron de construir su propio mundo… reinaba el silencio más profundo y desolador.

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By Luna de Acero.-