Lamento no haber dejado un comentario sarcástico o algo parecido luego de que anunciaran mi ascendencia divina pero es que ...
¡Mi madre es Hestia! ¡¿No era virgen?!
Y también descubrí que Percy es mi primo técnicamente, bueno todos aquí son mis primos técnicamente hablando, pero eso es lo de menos. Pasemos a lo importante.
¡¿Hestia no había jurado ser virgen por el resto de la eternidad?! ¡¿Sobre el río Styx y en el nombre de Zeus y las papas fritas sagradas del titán primordial o algo así?!
¡Zeus y Poseidón no fueron los únicos en romper su juramento, mami Hestia también lo había hecho!
Respira, cálmate un segundo, esto es duro ... Solo cálmate. Bien, espero no haber sido fruto de un amor de una sola noche o algo así, aunque creo que eso sería algo más de Afrodita.
Espero que la diosa del amor no me maldiga por eso decir eso.
[Si me maldijo a la final ...]
Pero bueno, fue un gran shock todo el anuncio, aún las miradas estupefactas siguen presentes en mi mente. Sin embargo, creo que lo más duro fueron las miradas de Quirón y Hope.
Me miraban exactamente como lo hizo Chloe la última vez que la vi, como si empezarán a escoger cuales serían las mejores flores para mi funeral.
Quiero recalcar que quiero ser cremado y mis cenizas sean repartidas en Alaska.
Pero en fin, prosigamos con los acontecimientos que sucedieron luego de la captura a la bandera, el ataque del sabueso del infierno y que Quirón nos ordenara a dormir en nuestras cabañas.
A la mañana siguiente, Quirón traslado a Percy a la cabaña tres.
No tenia que compartirla con nadie. Tenía toda una habitación para sus cosas: el cuerno del Minotauro, un set de ropa de repuesto, y una bolsa de aseo. Se podía sentar en su propia mesa, seleccionaba todas sus actividades, mandaba apagar las luces cada vez que a él daba la gana, y no escuchaba a nadie más.
Y era totalmente miserable según me dijo.
Justo cuando había empezado a sentirse aceptado, a sentir que tenía un hogar en la cabaña once y que podía ser un chico normal (o tan normal como puede ser uno cuando es un mestizo) lo habían separado como si tuviera alguna rara enfermedad.
Y yo lo acompañé si dudar.
Hay algo muy curioso con Hestia, ella no tiene una cabaña en el Campamento, aunque fue una Olímpica o eso es lo que sé. Sin embargo, siento que no necesitaría una cabaña, ella no es como Hera o Artemisa que necesitan algo honorario.
Aunque sería bueno que tuviera un santuario o algo, pero creo que le bastaba con la hoguera.
Y hablando de la hoguera, ella siempre recibe una pequeña comisión de cada sacrificio en la llama. Así que prácticamente todos le damos ofrendas, pero ahí viene el problema o más bien ... La curiosa situación en la que me encontraba.
Como soy el único Hijo de Hestia y no tengo cabaña, puedo dormir en cualquier cabaña del campamento o la casa grande. Incluyendo la de Zeus, Hera o Artemisa.
Rechacé la de Zeus y Artemisa al instante, había una estatua del Rey del Olimpo en la primera que sería imposible dormir con eso, sus ojos en su rostro fruncido parecían seguirme. Y en cuanto a la de Artemisa ... Mi sexto sentido varonil me gritaba que saliera de ahí sin dudar.
La de Hera era bastante elegante ... Pero para nada útil ni práctica para dormir o habitar ahí, no servía para eso. Se nota que era solo decoración y apariencia.
Por lo tanto hice lo más sensato y me quedé en la cabaña tres junto a Percy, me di cuenta rápidamente que si lo dejaba solo algo malo pasaría.
Nadie mencionó al perro del infierno, pero tenía el presentimiento de que había rumores detrás nuestra. El ataque había espantado a todo el mundo. Envió tres mensajes: uno,
que Percy era el hijo del Dios del Mar; dos, yo era el hijo de la Diosa del Hogar; y tres, que los monstruos no pararían hasta matarnos a ambos aparentemente. Ellos podrían incluso invadir un campamento que siempre había sido considerado seguro.
Solo podía pensar, que suerte la mía.
Los otros campistas se mantenían alejados de nosotros tanto como les era posible. La cabaña once estaba demasiado alterada y nerviosa como para tener clase de espada con nosotros, después de lo que Percy le había hecho a la gente de Ares en los bosques y la patada que le había dado al perro infernal así que nuestras lecciones eran solo con Luke, aunque a veces usaba la lanza. Él nos forzaba a practicar más fuerte que nunca, y no temía la posibilidad de lastimarnos en el proceso.
- Van a necesitar todo el entrenamiento que puedan conseguir. - Prometió como si pudiese ver el futuro, mientras trabajábamos con espadas y antorchas encendidas. - Ahora vamos a intentar ese golpe decapitador otra vez. Cincuenta repeticiones más, chicos. -
Annabeth siguió enseñándonos griego por la mañana, pero parecía distraída. Cada vez que Percy decía algo, le fruncía el ceño, como si la hubiera golpeado. Después de las lecciones, se alejaba hablando para sí misma:
- Buscar ... ¿Poseidón? ... Hestia
... Es una desgracia ... Tengo que preparar un plan ... -
Hope me ayuda a practicar con el manejo de la lanza y la lucha libre debido a la poca disponibilidad de la cabaña de Ares, y créanme cuando les digo, esos siete años que estuvo en el campamento no fueron en vano.
Ella era buena en todo tipo de arma y combate griego. Espada, lanza, arco, desarmada ... Si no fuese por mis instintos hubiera ido mucho a la enfermería con los hijos de Apolo.
Pero aún sentía una tensión proveniente de ella.
Incluso Clarisse mantuvo las distancias, aunque sus miradas envenenadas dejaban claro que quería matar a Percy por romper su lanza mágica, la cual no tuve la desgracia de conocer. Percy me decía que deseaba mil veces enfrentarse a Clarisse que ser ignorado por ella.
No obstante, había alguien en el campamento nos guardaba rencor, o al menos a Percy, porque una noche entramos a la cabaña del tío Poseidón y encontramos un periódico de mortales (Aunque tampoco sabía si había un periódico de inmortales o algo parecido) tirado en la entrada, una copia del New York Daily News, abierto en la página de Metro. Le tomo una hora a Percy leer el articulo, de la rabia que sentía, ya que la mayoría de las palabras flotaban en la página. Por lo menos a mí costo unos quince minutos, pero aún así me enojé ... Y también me sorprendí.
DOS CHICOS Y SU MADRE SIGUEN DESAPARECIDOS DESPUÉS DEL
TERRIBLE ACCIDENTE DE COCHE POR EILEEN SMYTHE.
- Sally Jackson y sus hijos Percy y Diomedes siguen desaparecidos una semana después de su misteriosa desaparición. El incendiado Camaro del 78 de la familia fue descubierto el pasado sábado en el norte de Long Island con el techo arrancado y el eje delantero roto. El coche había dado varias vueltas y había patinado unos cien pies antes de explotar. -
- Madre e hijos se habían ido de vacaciones de fin de semana a Montauk, pero desaparecieron bajo misteriosas circunstancias. Se encontraron pequeños rastros de sangre en el coche y cerca de la escena del accidente, pero no había ningún otro signo de los desaparecidos Jacksons. Los residentes de la zona rural reportaron no haber visto nada extraño en el momento del accidente. -
- El marido de la Señora Jackson, Gabe Ugliano, afirma que su hijastro, Percy Jackson, es una chico problemático que había sido expulsado de numerosos internados y que había mostrado conductas violentas en el pasado. Mientras el segundo chico, Diomedes Jackson era un niño de los barrios bajos de New York que fue acogido por la señora Jackson, el señor Ugliano afirma que el chico ha tenido interacciones con drogas y diversos estupefacientes, además de tener una actitud explosiva y errática en varias ocasiones. -
- La policía no ha dicho si Percy o Diomedes son sospechosos de la desaparición de su madre, aunque no han descartado su posible implicación. Abajo se encuentran fotos recientes de Sally Jackson, Percy y Diomedes. -
- Recientemente, nos han contactado unos testigos a favor de la inocencia de Percy y Diomedes, pertenecientes del orfanato de este último. -
- La policía insta que cualquiera que sepa algo llame al siguiente número de línea directa gratuita contra la delincuencia. -
El número de teléfono estaba señalado con permanente negro.
Percy arrugó el papel y lo lanzó a lo lejos del interior de la cabaña, luego cayó en su litera.
- Vamos a dormir. - Dijo en un tono tan miserable que me dolió hasta mí.
Pero como podía decir para calmarlo, por lo tanto yo también me dejé caer en mi cama.
- Apaga la luz. -
...
Esa noche, tuve uno de mis peores sueños.
Estaba en una roca en medio del océano, con una inmensa tormenta azotando el lugar. Rayos caían a mi alrededor, trombas de agua se alzaban hacia los cielos, como si el cielo y el mar trataran de matarse entre sí.
Me costó un poco, pero pude divisar las sombras de algo feroz en el agua y algo oculto en las nubes. El primero era una serpiente marina, con la misma longitud y tamaño que un tren, de color verde musgo. El segundo parecía un águila del tamaño de un helicóptero de color dorado. Ambos monstruos se gruñian el uno al otro, lanzando rayos y torrentes de agua contra el otro, provocando que la tormenta se volviera más y más grande.
Tenía que pararlos. No sabía el por qué de ello, pero no podía moverme de aquella roca. Intentaba gritar, pedirles que paren pero mi voz era enmudecida por el resonar del trueno y las olas.
En las nubes y las olas se formaron unos rostros gigantes, el rostro de las nubes aulló hacia el rostro de las olas: ¡Devuélvemelo! ¡Devuélvemelo! como un niño con una rabieta por un juguete.
Un gran resplandor me cegó, y un tercer monstruo se hizo presente. Era un mono, su pelaje era dorado y su cabeza parecía resplandecer con llamas del mismo color. Iba montado sobre un caballo rojo sangre. El mono mostraba sus colmillos de manera amenazante.
El quería masacre, lo podía sentir en cada célula de mi cuerpo. Aquel mono montado no venía a detenerlos, venía a desgarrar a cada cosa a su paso.
- ¡Hahaha! - Una risa familiar hizo eco sobre el sonido de la tormenta.
Cuando volteo, me encuentro con mi copia de ojos azules y con cruces doradas en vez de pupilas.
- ¿Creíste que te escaparías de mí? ¡Estas muy equivocado! ¡Te lo dije, tu fin se acerca! ¡Hahahahaha! -
Con el retumbar de su risa, la roca donde estaba parado empezó a temblar, otra risa más horrible se unió a la de mi contraparte solo que esta provenía de lo más profundo de la tierra.
Luego, una voz tan profunda y malvada que hizo helar mi sangre se hizo presente canturreando. - ¡Tráelos a mi, pequeño monstruo! ¡Haz que bajen! -
La roca donde estaba de pie se hizo añicos, y empecé a caer en un pozo de oscuridad en medio del océano.
Lo último que vi fue mi copia de ojos azules riendo gustoso al ver a aquel mono de fuego dorado atrapar al águila por su ala y morder a la serpiente marina.
...
Me desperté cayendo en el suelo desde la litera. Cuando me di cuenta que estaba en la cabaña, noté a Percy respirando irregularmente en su cama tan despierto como yo. Y supongo que igual de pálido y asustado que yo.
Mi reloj interno me dijo que era temprano por la mañana, pero aún seguía oscuro. Los truenos resonaban a la distancia por las montañas, donde empezaba a formarse una tormenta. Escuché un ruido en la puerta, un casco golpeando en el umbral.
Percy habló inseguro, y tenía razones, ¿Quien tocaba a esta hora?
- ¿Adelante? -
Grover trotó hacia dentro, se veía preocupado. - El Señor D quiere verlos. -
- ¿Por qué? - Le pregunté yo.
- Él quiere matar … Es decir, será mejor que te lo cuente él. -
Me le quede mirando un segundo, luego mis ojos se encontraron con los de Percy, quien lucía nervioso. Solo me digne a responder.
- Grover, ese ha sido el tercer peor buenos días que me hayan dicho o hecho, el primero fue cuando Chloe me hizo un suplex alemán porque llegábamos tarde a clases. -
Nadie se río de mí comentario, tampoco era la idea. Solo quería bajar la tensión de mi cuerpo luego de aquel sueño y lo dicho por Grover.
Nerviosos, nos vestimos y seguimos al sátiro, seguro de que estábamos metidos en un gran lío cada uno. Durante algunos días, Percy había estado esperando una llamada de la Casa Grande, y yo también debo de admitir. Ahora que Percy fue declarado hijo de Poseidón, uno de los tres grandes dioses que se suponía que no debían tener hijos, me di cuenta de que era un crimen incluso el simple hecho de estar vivo.
En cuanto a mi ... Hestia había jurado ser virgen desde los comienzos del reinado de los dioses, un juramento tan antiguo como la humanidad o más. Yo era un error en su vida inmortal y para muchos más, y sin embargo ... ¿Por qué me reclamó tan abiertamente? Puso mantenerlo oculto hasta que muriera por causas naturales o causas no tan naturales.
Sin embargo, los otros dioses probablemente habían estado debatiendo la mejor forma de castigarnos o incluso erradicarnos, y ahora el señor D estaba a punto de deliberar su veredicto.
Que divertido.
Por encima de Long Island Sound, el cielo parecía una sopa a punto de hervir. Una cortina de lluvia venía en nuestra dirección. Percy le preguntó a Grover si necesitaríamos un paraguas, yo me preocupaba de que sí.
- No. - Respondió él, aunque Lucía inseguro. - Nunca llueve aquí si así no lo queremos. -
Señalé la tormenta. - ¿Qué demonios es eso en el cielo, entonces? -
Alzó la vista hacia el cielo algo inquieto. - Va a pasar por nuestro lado. El mal tiempo siempre lo hace. -
Me di cuenta de que tenía razón. En la semana que habíamos estado aquí, nunca había estado nublado. Las pocas nubes de lluvia que había visto habían bordeado las afueras del valle. Pero esta tormenta ... Esta era enorme en comparación a las anteriores que parecían simples rociadores de césped.
En el hoyo de voley, los chicos de la cabaña de Apolo estaban jugando a un partido matinal contra los sátiros. Los gemelos de Dionisio estaban caminando por el campo de fresas, haciendo crecer las plantas. Todo el mundo estaba con sus cosas habituales, pero parecían tensos. Mantuvieron sus ojos en la tormenta.
Grover, Percy y yo caminamos hasta el porche delantero de la Gran Casa.
Dionisio se sentó en la mesa de póker con una de sus camisetas hawaianas de rayas de tigre (Que son geniales) y con su lata de Cola de Dieta, tal y como estaba en nuestro primer día. Quirón se sentó en la mesa en su silla de ruedas falsa. Estaban jugando contra adversarios invisibles, es decir, dos sets de cartas flotaban en el aire flotando.
Básicamente era la versión mágica de jugando contra la computadora.
- Bueno, bueno. - Dijo el Señor D sin alzar la vista. - Mira que tenemos aquí, nuestras pequeñas grandes estrellas del campamento. -
Ninguno dijo nada, creo que era mejor así.
- Acérquense. - Nos dijo el Señor D. - Y no esperen que me incline para ustedes, mortales, solo porque el viejo Barba Percebe sea tu padre y mi tía favorita sea tu madre. -
De hecho, me alegra que no lo hiciera. Me hubiera hecho sentir muy incómodo.
De repente, el resplandor de los rayos se hizo presente en lo alto de las nubes. El retumbar del trueno hizo estremecer las ventanas de la casa.
- Bla, bla, bla. - Balbuceo Dionisio restándole importancia los rayos.
Quirón fingió interés en sus cartas. Grover se encogió por la barandilla, y sus cascos volvieron a hacer ruido entre sus idas y venidas nerviosas.
- Si estuviera en mis manos. - Empezo diciendo Dionisio mirando a Percy con dagas en los ojos. - Haría que tus moléculas estallaran en llamas. Barreríamos las cenizas y se acabarían tantos problemas. Pero Quirón parece pensar que eso iría en contra de mi cometido en este maldito campamento: el manteneros a vosotros, mocosos, seguros de daños. -
- La combustión espontánea es una forma de dañar, Señor D. - Le intercedió Quirón. Y no sabes cuánto me alegra de tener al maestro centauro con nosotros aquí.
- Tonterías. - Dijo Dionisio. - El chico no sentiría nada. No obstante, he acordado contenerme. Estoy pensando en convertirte en delfín en lugar de eso, enviándote así de vuelta con tu padre. - Luego me miró a mí. - Y quizás a ti te convierta en burro, y así tapamos el error que eres para tu madre. -
- Señor D. - Le advirtió Quirón. Y en serio me alegra que estuviera aquí, ya que ese último comentario del dios me estaba molestando.
- Oh, esta bien. Hay una opción más. Pero es una locura mortal. - El señor D se levantó, y las cartas del jugador invisible cayeron en la mesa, el juego había terminado. - Me voy al Olimpo por una reunión de emergencia. Si el chico de Barba Percebe sigue aquí cuando vuelva, le convertiré en un delfín mular atlántico. ¿Entendido? Y Perseus Jackson, si eres lo bastante listo, verás que es una decisión mucho más razonable que lo que Quirón siente que debes hacer. -
El señor D levantó una de las cartas de la mesa y la giró, y se transformó en un ... ¿Pase de seguridad? Luego chasqueó los dedos y el aire pareció plegarse y rodearlo. Él se convirtió en un holograma, y a continuación en viento, después, se marchó, dejando solo el aroma de uvas frescas tras de él.
Por lo menos sabe irse con estilo.
Quirón nos sonrió, pero parecía cansado y algo tenso. - Siéntense, Percy, Diomedes, por favor. Y Grover también. -
Lo hicimos. Quirón dejó sus cartas sobre la mesa, había una mano ganadora que no había llegado a utilizar.
- Cuéntame, Percy. - Comenzó nuestro maestro centauro. - ¿Qué paso con el perro del infierno? -
Note a Percy estremecerse, sus pupilas se dilataron por un momento. Pero luego habló.
- Me asusté. Si no fuese por Dio y por ti estaría muerto ahora. -
Esa posibilidad me hizo estremecer peor que cuando me enfrenté a aquel sabueso infernal.
- Ya veo. - Dijo Quirón en un tono solemne, pero parecía satisfecho con la respuesta sincera de Percy. Luego me miró a mí. - ¿Y tú, Diomedes? -
Hice una mueca. - Mentiría si dijera que no me asusto, la verdad estaba aterrado cuando apareció ante mi y los demás chicos. Me congelé pero cuando ese monstruo iba atacar a Beckendorf estando indefenso, sentí que no debía permitirlo. -
Quirón asintió satisfecho, pero su rostro se volvió sombrío. - Pero eso no es todo. Encontraras cosas peores, Percy. Mucho peores, antes que acabes. -
- ¿Acabar? - Le pregunto Percy, y yo también me preguntaba lo mismo. - ¿Acabar con qué? -
- Tu misión, por supuesto. ¿La aceptas? - Respondió Quirón como el que no quiere la cosa.
Me gustaría ser tan frívolo como el ...
Noté a Grover, quien estaba cruzando los dedos. Deseando que el aceptase ... Obviamente me preocupé.
- Mm, esto, ¿Señor? - Intercedi. - Aún no ha explicado de qué trata. -
Quirón hizo una mueca. - Bueno, esa es la parte difícil, los detalles. -
Un trueno retumbó en todo el valle. Las nueves de lluvia habían alcanzado ya la orilla de la playa. Por lo que podía ver, el cielo y el mar estaban hirviendo juntos.
- Poseidón y Zeus. - Dijo Percy, conclusivo. - Ellos están luchando por algo valioso … algo que fue robado, ¿No es así? -
Quirón y Grover intercambiaron miradas.
Quirón se inclinó hacia delante en su silla de ruedas. - ¿Cómo sabes eso? -
Percy se sonrojó ligeramente, estaba nervioso. - El tiempo desde Navidad ha sido raro, como si el mar y el cielo pelearan. Entonces hablé con Annabeth, y ella había oído algo sobre un robo. Y ... He estado teniendo esos sueños. -
Ay no ...
- Lo sabía. - Dijo Grover airadamente.
- Calla, sátiro. - Le ordenó Quirón, nunca mejor dicho.
- ¡Pero es su misión! - Los ojos de Grover brillaron de emoción. - ¡Debe serlo! -
- Solo el Oráculo puede determinarlo. - Quirón acarició su barba erizada. Tenia una expresión un tanto sombría. - No obstante, Percy, estas en lo cierto. Tu padre y Zeus están teniendo su peor disputa en siglos. Se están peleando por algo valioso que fue robado. Para ser precisos: por un rayo. -
Me reí con nerviosismo. - ¿Un qué? -
Espero no haber escuchado bien.
- No se lo tomes a la ligera. - Nos advirtió Quirón. - Y no estoy hablando de un zigzag cubierto de papel de aluminio que verías en una obra de segunda. Estoy hablando de un cilindro de dos pies de largo de bronce celestial de alta calidad, coronados ambos extremos con explosivos a medida de dioses. -
- Ah. - Vociferó Percy, como si tuviese sentido.
- Vaya, eso explica muchas cosas. - Dije yo de la misma manera.
- Seee. -
- El rayo maestro de Zeus. - Dijo Quirón, metiéndose en ello. - El símbolo de su poder, de donde es patrón de todos los otros rayos. La primer arma hecha por los Cíclopes para la Guerra contra los Titanes, el rayo que escarpó en la cima del Monte Etna y que arrojó a Cronos de su trono; el rayo maestro, el cual amontona suficiente poder como para hacer que las bombas de hidrógenos mortales parezcan fuegos artificiales. -
- Y desapareció. - Dije concluyente.
- No, robado. - Me corrigió Quirón.
- ¿Por quién? - Le pregunto Percy.
- No por quien, sino por ti. - Dijo Quirón dirigiéndose a Percy.
Nos quedamos sin aliento.
¿Percy? ¿Ladrón? ¡El ni siquiera puede robar una galleta de la cocina! ¡Menos podría robar una arma súper poderosa!
- Al menos. - Quirón alzó una mano, evitando que pudieras protestar. - Eso es lo que Zeus cree. Durante el solsticio de invierno, en el último concilio de los dioses, Zeus y Poseidón tuvieron una discusión. Las tonterías de siempre: "A la Madre Rea siempre le he gustado más", "Las catástrofes del aire son más espectaculares que las del mar", etc. Después, Zeus se dio cuenta de que su rayo maestro no estaba, lo habían tomado de la sala del trono en sus mismas narices. Inmediatamente culpó a Poseidón. Eso sí, un dios no puede usurpar el símbolo de poder divino de otro directamente, eso esta prohibido por la más antigua de las leyes divinas. Pero Zeus cree que tu padre uso a un héroe humano para tomarlo. -
- Pero yo no ... - Intento hablar Percy, pero fue interrumpido por Quirón.
- Paciencia y escucha, niño. - Dijo Quirón rotundamente. - Zeus tiene buenas razonas para sospechar. La forja de los Cíclopes se encuentra bajo el océano, lo que da a Poseidón algo de influencia sobre los fabricantes del rayo de su hermano. Zeus cree que Poseidón ha cogido el rayo, y que ahora en secreto los Cíclopes lo tienen para construir un arsenal de copias ilegales, lo que puede ser usado para derrocar a Zeus de su trono. Lo único de lo que Zeus no estaba seguro era qué héroe usaría Poseidón para robar el rayo. Y ahora Poseidón te ha reclamado abiertamente como hijo suyo. Tú estabas en New York durante las vacaciones de invierno. Fácilmente te podrías haber colado en el Olimpo. Zeus cree que ha encontrado a su ladrón. -
- ¡Pero yo nunca he estado en el Olimpo! ¡Zeus esta loco! - Exclamó Percy indignado.
Quirón y Grover alzaron la vista con nerviosismo hacia el cielo. Las nubes no tenían planeado pasar por nuestro lado aparentemente como había prometido Grover. Estas parecían estar acercándose a nuestro valle, sellándonos como una tapa de ataúd.
- Esto ... ¿Percy...? - Dijo Grover con nerviosismo. - Nos usamos la palabra con "L" para describir al Señor del Cielo. -
- Tal vez paranoico. - Nos sugirió Quirón sutilmente. - Por otra parte, Poseidón ha intentado derrocar a Zeus antes. Creo que esa era la pregunta treinta y ocho en tu examen final ... - Él miró a Percy como si de verdad esperara que el acordara de la pregunta treinta y ocho.
Espero que sí la recuerde. En cualquier caso, ¿Que clase de familia intenta derrocarse entre sí o acusar al otro de ladrón?
- ¿Algo de una red dorada? - Se aventuró Percy. - Poseidón, Hera y unos cuantos dioses más ... ellos, como que, atraparon a Zeus y no le dejaron irse hasta que hubiera prometido ser un mejor gobernante, ¿Cierto? -
- Sep, Apolo y Minerva, digo, Atenea estaban esa ecuación. - Proporcione ligeramente. - Todos fueron castigados, excepto Atenea porque era la niña de papi si no me equivoco. -
- Correcto, más o menos. - dijo Quirón, un poco dudoso de lo último. - Y desde entonces Zeus no ha vuelto a confiar en Poseidón. Por supuesto, Poseidón niega haber robado el rayo. Él se tomó la acusación como una gran ofensa. Los dos llevan discutiendo de un lado a otro desde hace cuatro meses, amenazando con la guerra. Y ahora, tú has venido, el colmo proverbial. -
- ¡Pero solo soy un niño! - Le reclamo Percy indignado.
- Percy. - Le cortó Grover. -Si tú fueras Zeus, y tú ya pensases que tu hermano esta conspirando para derrocarte, y entonces tu hermano de repente admite que ha roto el sagrado juramento que tomó después de la Segunda Guerra Mundial, que ha engendrado a un nuevo héroe mortal que puede ser usado como arma contra ti … ¿No sería eso poner un nudo en tu toga? -
- Creo que el no debió romper el juramento primero. - Murmuré yo molesto.
Un rayo retumbó intensamente.
¡Pero es verdad!
Genial, ahora discuto con el cielo.
- Pero yo no hice nada. Poseidón, mi padre, en realidad él no tiene ese rayo maestro robado, ¿Verdad? - Pregunto Percy inseguro. Y entiendo como se siente, todo estaba pasando muy rápido e intenso.
Quirón suspiró. - La mayoría de los observadores estarían de acuerdo en que el robo no es del estilo de Poseidón. Pero el Dios del Mar es demasiado orgulloso como para convencer a Zeus de eso. Zeus ha exigido que Poseidón le devuelva el rayo en el solsticio de verano. Eso es el veintiuno de Junio, dentro de diez días. Poseidón quiere una disculpa por haber sido llamado ladrón por la misma fecha. Esperaba que la diplomacia pudiera prevalecer, que Hera o Demeter o Hestia hicieran entrar en razón a los dos hermanos. Pero tu llegada ha empeorado el humor de Zeus. Ahora ningún dios retrocederá. A menos que alguien intervenga, a menos que el rayo maestro sea encontrado y devuelto a Zeus antes del solsticio, habrá una guerra. ¿Y sabes lo que una guerra de esas dimensiones podría parecer, Percy? -
Vaya, mi madre está evitando una guerra entre sus dos hermanos, debe ser difícil tomando en cuenta el cómo son, si la mitología me ha enseñado algo, ambos no darán su brazo a torcer. Y ahora con mi aparición ... ¿Ella qué pensará de mí?
- ¿Malo? - Se aventuró de decir Percy.
- Imagina el mundo en el caos. La naturaleza en guerra consigo misma. Los Olímpicos obligados a escoger un bando entre Zeus y Poseidón. Destrucción. Una carnicería. Millones de muertes. La civilización occidental se convertiría en un campo de batalla tan grande que haría que la Guerra de Troya pareciese una guerra de globos de agua. -
- Malo. - Confirme yo.
- Y tú, Percy Jackson, serías el primero en sufrir la ira de Zeus. -
Gracias, Quirón. Tu si sabes aliviar el ambiente, debes ser el alma de la fiesta.
Y lo peor de todo, para confirmar las palabras del centauro milenario, empezó a llover. Los jugadores de voley dejaron su partido y miraron atónitos en silencio al cielo. Había llegado una tormenta a la Colina Mestiza. Zeus estaba castigando a todo el campamento por la existencia de Percy.
El frunció el ceño como siempre lo hacía cuando se enojaba. Pero debo de admitir que yo también me estaba molestando con las acusaciones de Zeus.
- Así que tengo que encontrar el estúpido rayo. Y devolvérselo a Zeus. - Concluyo Percy.
- Qué mejor ofrenda de paz. - Comenzó Quirón. - Puede haber que el hijo de Poseidón le devuelva lo que es de su propiedad a Zeus. -
Pues quizás una caja de galletas también ayudan.
- Pero. - Tercie, captando la atención de todos. - Si Poseidón no tiene el dichoso rayo, ¿Dónde esta esa cosa? -
- Creo saberlo. - La expresión de Quirón era sombría. - Parte de una profecía de años atrás ... Bueno, algunas líneas han cobrado sentido para mí, ahora. Pero antes de poder decir más, Percy debe oficialmente
asumir la misión. Percy, busca el consejo del Oráculo. -
- ¿Por qué no puedes contarme de antemano donde esta el rayo? - Le cuestiono Percy.
- Porque si lo hago, estarías demasiado asustado para aceptar el desafío. -
Vaya, no encuentro fallas en tu lógica, Quirón.
Percy tragó saliva. - Si, parece una buena razón. -
- ¿Entonces estas de acuerdo? - Le pregunto Quirón.
Percy miró a Grover, el cual asentía fervientemente. Fácil para él. Era a Percy a quien Zeus quería matar.
Luego, el me miró. Lo único que pude hacer fue darle una sonrisa sincera. Sentí de nuevo el tirón de mi estómago, pero nada destacable. Percy pareció calmarse cuando me di cuenta.
- Esta bien. - Dijo Percy resuelto. - Es mejor que ser convertido en un delfín. -
- Un delfín mular atlántico. - Le corrigi sonriendo.
- Lo que digas. -
- Entonces es el momento de que ñ consultes al Oráculo. - Le dijo Quirón. - Sube las escaleras, Percy Jackson, hasta la buhardilla. Cuando vuelvas a venir, suponiendo que aún sigues cuerdo, hablaremos más. -
Me dio pena, pero tuve que dejar que Percy fuera solo.
Adiós, Percy. Que la fuerza te acompañe ... De nuevo.
Y así me quedé solo con Quirón y Grover.
Mire a Quirón, necesitaba hacer unas preguntas.
- Entonces, ¿Que piensa el Olimpo ee mi existencia? - Le pregunté sin rodeos.
Grover se estremeció, pero el centauro mostró un rostro sombrío.
- Bueno, ciertamente la sala del trono y muchos dioses están haciendo alboroto por ti. Tal vez incluso más que con Percy, pero por otro motivo. - Se explayó Quirón, pero pude notar que el tema no era de su agradó.
No le di importancia. - ¿Que otro motivo? -
- Lady Hestia ... Se podría decir que es la mujer perfecta en cuanto a cariño, sinceridad y cuidado se refiere. Pero ella nunca demostró interés en casarse o en los hombres, al igual que Lady Artemisa. Sin embargo, que haya tenido un hijo es ... Un hecho sin precedentes. -
- Por su juramento, ¿No? -
Quirón asintió gravemente. - La cantidad de hombres que fueron a cortejarla se pueden contar con la mano, pero es obvio que muchos se vieron atraídos por ella. Poseidón, Apolo, y muchos más lo intentaron. -
Guau, el padre de Percy lo intentó con mi madre ... Perturbador.
- Pero ... - Siguió Quirón. - Ella los rechazó, sin importar el regalo o el dios, ella rechazó a cada uno. Pero un mortal logro hacer aquella hazaña, muchos dioses se han ofendido con eso. Y tú vida puede que corra peligro de alguna u otra forma. -
Me estremecí, recordé que Percy lo quería matar Zeus, pero puede que a mi me quieran matar dioses como Poseidón o Apolo.
- ¿Entonces por qué no lo hacen ahora? O lo que dijo el señor D, convertirme en un burro, aunque no se porque. -
- El burro es el animal sagrado de Hestia. - Me informó Grover. - Uno la salvó de un ataque, y desde entonces son sagrados, no solo para ella sino también las ciudades. En las fiestas, lo burros tenían laureles representando su importancia. -
Eso tiene sentido.
- ¿Quieres saber por qué no te destruyen? - Me pregunto Quirón, su voz denotaba una seriedad mortal.
Yo asentí con nerviosismo.
- Porque temen ofender y molestar a Lady Hestia, y el último que hizo aquello fue quemado vivo ... Lo cual es un dolor insoportable cuando eres inmortal. -
Guau ... Mami Hestia no se anda con pendejadas.
- Hestia te reclamó abiertamente, Dio. - Hablo Grover. - Si fueses un error jamás hubiera hecho eso, ella de verdad te quiere. -
Es fácil para el decirlo, tu no fuiste abandonado a tu suerte en un auto en un bosque en la nieve.
- Diomedes. - Hablo Quirón. - Quizás no lo veas ahora, pero en el futuro desempeñaras un papel muy importante. Te lo puedo asegurar, el Oráculo también ha hablado de ti. -
Sus palabras me provocaron un escalofrío, ¿Eso quiere decir que mi nacimiento estaba previsto? Pero antes de que pudiera indagar más, Percy volvió con nosotros.
Su audiencia con el Oráculo había terminado.
Percy se dejó caer en una de las sillas de póker, lucia pálido.
- ¿Y qué tal? - Le pregunté yo, el chico parecía haber visto un fantasma.
[Parecía una momia de hecho]
- Ella dijo que recuperaría lo que fue robado. - Respondió Percy, pero parecía bastante tenso.
Grover se reclinó para delante, mascando con emoción los restos de una lata de cola de dieta. - ¡Eso es genial! -
Seria más genial si Percy no pareciera tan pálido, algo no estaba bien.
- ¿Qué es lo que dijo exactamente el Oráculo? - Le presionó Quirón. - Eso es lo importante. -
- Ella … - Comenzó mi hermano del alma, pero se le notaba tenso. - Ella dijo que iría para el oeste y vería al dios quien se ha rebelado. Recuperaría lo que fue robado y lo traería devuelta de forma segura. -
- Lo sabía. - Dijo Grover, una gran sonrisa apareció en su rostro cabrío.
Sin embargo, Quirón no parecía tan satisfecho.
- ¿Algo más? - Le cuestionó.
Y tenia razones para hacerlo, yo también vi a través de Percy. El ocultaba algo, pero hablaré con el al respecto en otro momento.
- No. Eso es todo. - Respondió Percy, pero era un mal mentiroso.
Quirón lo miro detenidamente pero no dijo nada al respecto. - Muy bien, Percy. Pero debes saber esto: las palabras del Oráculo suelen tener doble significado. No te preocupes mucho por ello. La verdad no es siempre clara hasta que los acontecimientos tienen lugar. -
Quirón lo dijo de manera tranquilizadora, sabiendo muy bien como yo que Percy ocultaba algo.
- Vale. - Dije yo, notando que Percy quería cambiar de tema. - Así que, ¿A dónde vamos? ¿Quién es ese dios del oeste? -
- Ah, piensa, Dio. - Me dijo Quirón. - Si Zeus y Poseidón se debilitan el uno al otro en una guerra, ¿Quién saldría ganando? -
- No lo sé, ¿Alguien más que quiere hacerse cargo? - Me aventuré a decir eso.
- Si, bastante. Alguien que guarda rencor, que ha sido infeliz con su suerte desde que el mundo fue dividido hace eones, cuyo reinado crecería muy poderoso con las muertes de millones. Alguien que odia a sus hermanos por obligarle a un juramento de no tener más niños, un juramento que ambos han roto ahora. -
Pensé en mis sueños, y esa terribles voz en el fondo de la tierra. Me estremecí ante el pensamiento.
Percy y yo nos miramos, ambos habíamos llegado a la misma conclusión.
- Hades. -
Quirón asintió. - El Señor de la Muerte es la única posibilidad. -
Un trozo de aluminio se escurrió de la boca de Grover por tal revelación. - Whoa, espera ¿Q-Qué? -
- Una Furia vino tras de Percy. - Le recordó Quirón. - Ella lo observó hasta que estuvo segura de su identidad, después intentó matarlo. Las Furias solo obedecen a un señor: Hades. -
- Sí, pero ... Pero Hades odia a todos los héroes. - Le protestó Grover. - Especialmente si se ha enterado de que Percy es hijo de Poseidón ... -
- Un perro del infierno se metió en el bosque. - Continuó hablando Quirón. - Estos solo pueden ser convocados desde los Campos de Castigo, y tiene que ser convocado por alguien dentro del campamento. Hades debe de tener aquí un espía. Él debe esperar que Poseidón intente usar a Percy para limpiar su nombre. A Hades le gustaría mucho matar a ese joven mestizo antes de que este puede llevar a cabo su misión. -
- Genial. - Escuche a Percy murmurar. - Ya van dos dioses mayores que quieren matarme. -
Si ... Que divertido verano.
- Pero una misión al ... - Tragó Grover asustado. - Es decir, ¿No podría estar el rayo en algún lugar como Maine Maine es muy bonito en esta época del año. -
Me gustaba como sonaba Maine, pero dudaba que tuviéramos tanta suerte.
- Hades envió a un siervo a robar el rayo maestro. - Nos insistió Quirón con su conclusión de los hechos.
- Lo escondió en el Inframundo, a sabiendas de que Zeus culparía a Poseidón. No pretendo entender los motivos del Señor de la Muerte a la perfección, o porque eligió este momento para iniciar una guerra, pero uno cosa es cierta. Percy debe ir al Inframundo, encontrar el rayo, y revelar la verdad. -
Aunque todo lo que decía Quirón tenía sentido, había algo que me daba un mal presentimiento. Y como para darme una señal, ese mal presentimiento se sintió como un ardor en los ojos.
Algo no se sentía para nada bien a todo esto ...
Aquella voz terrible, aquel modo de fuego, aquella copia mía, todo se sentía mal.
Percy parecía abrumado, pero noté un fuego en su interior. Grover estaba temblando, había empezado a comerse las cartas como si fueran patatas fritas. El pobre necesitaba completar una misión con nosotros para así poder conseguir su licencia de buscador, lo que sea que fuera, ¿Pero en serio era justo acompañarnos a una misión tan peligrosa?
- Mira, si sabemos que es Hades. - Le dije a Quirón. - ¿Por qué no podemos decírselo a los otros dioses? Zeus o Poseidón podrían bajar al Inframundo y arreglar sus asuntos ellos mismos. -
- Sospechar y saber no son lo mismo. - Me dijo Quirón. - Además, aunque los otros dioses sospechen de Hades, e imagino que Poseidón lo hace, ellos no pueden recuperar el rayo por si mismos. Los dioses no pueden atravesar los territorios de los otros sin ser invitados. Esa es otra antigua regla. Los héroes, por otra parte, tienen ciertos privilegios. Ellos pueden ir a cualquier parte, desafiar a quien sea, siempre y cuando sean lo suficientemente audaces y fuertes para hacerlo. Ningún dios puede dominar las acciones de un héroe. ¿Por qué crees que los dioses siempre operan a través de los humanos? -
En primer lugar, estupidas reglas. En segundo lugar ...
- Lo que quieres decir, es que somos utilizados. -
Aunque lo dije tranquilamente, se notó que hubo indignación en mi voz. ¿Y cómo no? Primero conflictos entre familias, ¡Y ahora somos herramientas! ¡Somos sus hijos por todos los chimpancés!
- Estoy diciendo que no es casualidad que Poseidón y Hestia los hayan reclamado ahora. Es una apuesta muy arriesgada, pero está en una situación desesperada. Ellos lo necesitan para evitar esta guerra. -
Nuestros padres nos necesitan.
Hilarante, en verdad hilarante.
Nosotros, y hablo en nombre de todos los campistas, los necesitamos alguna vez en nuestras vidas y nunca aparecieron. Pero cuando ellos no necesitan debemos recorrer la tierra, dividir los mares y surcar los cielos por ellos ...
Saben, nunca tuve pensamientos así. Pero creo que como mi madre es la diosa de la "Familia" esto me afecta demasiado.
Percy miró a Quirón, tenía el ceño fruncido. - Tu ya sabías que era el hijo de Poseidón, ¿No es así? -
- Tenía mis sospechas. Como ya dije ... También he hablado con el Oráculo. -
Nos ocultaba algo, pero no le vi relevancia. Por lo menos ahora no.
- Entonces déjame aclarar esto. - Dijo Percy. - Se supone que tengo que ir al Inframundo y enfrentarme al Señor de la Muerte. -
- Correcto. - Asintió Quirón.
Okay, tenemos un problema.
- Encontrar el arma más poderosa del universo. -
- Así es. -
Bien, que sean dos problemas.
- Y llevarla de nuevo al Olimpo antes del solsticio de verano, en diez días. -
- Como tú has dicho. -
Tenemos muchos problemas.
Mire a Grover, quien se trago el as de corazones.
- ¿He mencionado ya que Maine es muy bonito es esta época del año? - Preguntó el sátiro con voz débil.
Maine me estaba tentando la verdad.
- No tienes que venir. - Le dijo Percy, su tono era comprensivo. - No puedo pedirte eso. -
- Ah ... - Arrastro sus pezuñas. - No ... Es solo que los sátiros y los lugares bajo tierra … bueno … - Inspiró profundamente, después se levantó, quitándose de encima los restos de las cartas y el aluminio de su camiseta. - Me salvaron la vida, Percy, Dio. Si ... Si de verdad me quieren con ustedes, no los decepcionaré. -
Es la cabra más valiente que haya conocido. Tampoco es que haya conocido alguna, pero dudo que en el futuro lo haga.
Pero siendo claros, Grover estaba siendo muy valiente para acompañarnos en esta misión tan peligrosa. Puede que solo lo conozca de solo unos pocos días, pero tiene mis respetos.
Y aunque puede que no sea muy útil en el ámbito guerrero, era reconfortante tener a alguien como el a bordo.
- Hasta el final, G-man. - Percy se volvió hacia Quirón. - Así que, ¿A dónde vamos? El Oráculo solo dijo que fuera al oeste. -
- La entrada del Inframundo siempre esta en el oeste. Se mueve de un lugar al otro, igual que el Olimpo. Justo ahora, por supuesto, esta en America. -
- ¿Dónde? - Le pregunté, había muchas ciudades y lugares hacia el Oeste.
Quirón se veía sorprendido. - Pensé que sería lo bastante obvio. La entrada al Inframundo esta en Los Ángeles. -
... Ya ni me sorprende.
- Ah. - Dijo Percy, al parecer pensaba lo mismo que yo. - Naturalmente, si tiene sentido para mí. Entonces solo tenemos que tomar un avión … -
- ¡No! - Le gritó Grover, espantado por la idea. - Percy, ¿En qué estas pensando? ¿Has estado alguna vez en tu vida en un avión? -
Percy se sonrojó, pero negó con la cabeza. Yo tampoco he viajado en avión, soy huérfano. Pero Sally ni tenía dinero para viajes en las aerolíneas, además de que sus padres habían muerto en un accidente de avión. Me imaginé que tenia un trauma con ellos.
- Percy, piensa. - Le reprochó Quirón. - Tú eres el hijo del Dios del Mar. El enemigo más letal de tu padre es Zeus, el Señor del Cielo. Tu madre sabía que era mejor no meterte en un avión. Estarías en el dominio de Zeus. Nunca regresarías con vida. -
Encima de nosotros, un rayo ilumino el cielo, y un trueno retumbó. Como si confirmara las palabras del centauro.
Eso no me hizo sentir bien
- Esta bien. - Dije, decidido a no mirar a la tormenta. - Entonces, viajaremos por tierra. -
No pensaba arriesgar a Percy a un viaje en primera clase al inframundo ... De la mala manera, si saben a qué me refiero.
- Así es. - Asintió Quirón. - En circunstancias normales, puedes elegir dos compañeros, Percy, pero hemos hecho una excepción. Grover es uno, y es obvio que Diomedes te acompañará. El otro se a ofrecido voluntario, si es que quieres aceptar su ayuda. -
¿Circunstancias normales?
- Caray. - Dijo Percy, fingiendo sorpresa. - ¿Quién más sería lo bastante tonto como para ofrecerse voluntario para una misión como esta? -
El aire resplandeció detrás de Quirón. Y entonces Annabeth se hizo visible, metiendo su gorra de los Yankees en su bolsillo trasero.
¿Estuvo aquí todo el tiempo? Eso es ... Raro sinceramente.
- He estado esperando mucho tiempo por una misión, cerebro de algas. - Dijo ella. - Atenea no es fan de Poseidón, pero si vas a salvar el mundo, soy la mejor persona para ayudarte a no echarlo todo a perder. -
- Si te dices eso a ti misma. ¿Debo suponer que tienes un plan, chica sabia? -
Sus mejillas se pusieron coloradas. - ¿Quieres mi ayuda o no? -
No estaba mal una cabeza más, y si era la cabeza de la hija de la diosa de la sabiduría mejor aún.
- Un cuarteto. Eso funcionará. - Dije respondiendo por Percy.
- Eso espero ... - Decía Quirón, parecía nervioso por la idea.
- ¿Por qué los dices? -
- Como dije, en circunstancias normales, solía tres personas deben ir a una misión. El tres es un número sagrado, las tres parcas, los tres grandes, las tres furias, todo radica en en el número tres. - Se explayó Quirón. - Es decir, no permitiría que Annabeth los acompañara siendo ya tres con Percy, Grover y contigo. Pero siento que será necesario ... Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Además, creo que tu llegada al campamento Diomedes no fue una simple coincidencia. -
Me quedé meditando sus palabras un momento, dejando que la información sea procesada por si cerebro. ¿Mi madre de alguna forma hizo que llegara aquí?
- Entiendo. El equipo está listo entonces. -
- Excelente. - Dijo Quirón. - Esta tarde, os podemos llevar lo más lejos hasta la terminal de autobuses de Manhattan. Después de eso, están
por vuestra cuenta. -
Que confortante.
Un rayo rompió. La lluvia caía en los prados donde se suponía que nunca tenían climas violentos. La situación empeoraba a cada segundo.
- No hay tiempo que perder. - Dijo Quirón gravemente. - Creo que todos deben hacer las maletas ahora. -
Y así empezamos nuestros preparativos para nuestra primera misión suicida.
...
