No nos tomó demasiado tiempo empacar. Percy y yo dejamos los cuernos del minotauro en su cabaña, y metimos todo los necesario que se podría llevar a una misión suicida. Pero cuando termine de empacar mis cosas tuvimos un cierto visitante en la cabaña tres.
- Dio. - Ahí estaba Hope, lucia fresca pero parecía que algo la alarmaba. - Necesito que vengas conmigo un momento, prometo que no tomará mucho tiempo. -
Le di una mirada a Percy, el cual me dio un pulgar arriba.
- Te veo pronto, Aquaboy. -
- ¡Hey! -
No me quede para recibir la riña de Percy y segui rápidamente a la pelirroja.
- ¿Entonces para qué me necesitas? - Le pregunté curioso, supuse que debía ser por algo importante.
A menos que ...
- Vamos a la cabaña de Hefesto. - Me respondió casualmente. - Beckendorf quiere verte. -
- Oh ... - Eso me tomó por sorpresa, aunque me decepcionó un poco la verdad.
No es como si esperará una charla privada o un "buena suerte" de Hope, pero si hubiese sido genial. Aunque tengo que admitir que me tomo por sorpresa el hecho de que el consejero de la cabaña de Hefesto me llamará.
¿Por qué será? ¿Tendrá algo que ver con lo que pasó en el captura la bandera? ¿Es por su cañón? ¡Si es así que culpe a Leonardo! ¡El lo rompió, no yo!
- Entonces lidera el camino, estrellitas. -
- Oh, cállate, Mowgli. - Bufo Hope divertida.
- ¿Mowgli? ¿En serio? Te tomaste en serio lo del niño salvaje. - Dije yo indignado. - ¡Además, no soy una rana! -
- Cierto. - Ella meditó por un momento. - Pareces más un chimpancé. -
Suspiré irritado. - Solo sigamos. -
Hope río suavemente.
Luego de esa pequeña charla llegamos a la cabaña de Hesfeto, Hope tocó la puerta. Al instante se abrió para mí sorpresa, saliendo de ahí estaba Beckendorf algo ansioso.
Un leve sonrisa apareció al reconocerme.
- Diomedes, me alegra mucho verte. - El hijo de Hefesto miró a Hipe a mi lado. - Muchas gracias por traerlo por mi, Hope. -
Ella sacudió las manos, desestimando el favor. - No hay problema, además, tiene una peligrosa misión por delante, si podemos ayudarlo de alguna manera entonces que sea así. -
Estaba un poco confundido.
- Espera, ¿Saben de la misión? -
- Tengo mis métodos para conseguir información. - La hija de Astrea sonrió orgullosa. - Y se lo informé a ciertos consejeros de confianza, como Luke y por supuesto a Beckendorf aquí presente. -
- Oh ... Ya veo, ¿Y en qué me pueden ayudar exactamente? - Pregunte curioso. - No me malentiendas, aprecio el gesto, pero tengo curiosidad de la ayuda que puedan proporcionarme. -
- Y ahí es donde entro yo. - Dijo Beckendorf al instante.
- ¿Tu? ¿En qué me puedes ayudar? - Le pregunté interesado.
- Necesitas un arma, y no hay nadie en el campamento que pueda proporcionarte una que la cabaña de Hefesto. - Declaro el con orgullo.
Mire sorprendido al consejero de cabaña.
- Wow, en serio gracias, ¿Pero por qué me ayudas? - Dije sorprendido. - Lo aprecio, pero tengo dudas, no hemos hablado mucho por no decir nada. -
Sin embargo, Beckendorf hizo algo que me tomó por sorpresa. Puso sus grandes manos sobre mis hombros y me miró con seriedad, pero pude sentir gratitud de él.
- Diomedes, tu me salvaste en el bosque de aquel perro infernal. - Lo dijo con obviedad. - Si no fuese por ti ... Leonardo y Gray terminaron bastante heridos, y ellos son bastantes resistentes, en cambio yo no tanto ... Si no lo hubieras distraído, yo ... En verdad no quiero pensar en eso. -
- Yo ... - No sabía que decir, nadie me había agradecido de esa manera. - Solo hice lo mejor que pude. -
Beckendorf sonrió. - Y lo hiciste excelente, como se esperaba del hijo de Hestia. -
No sabía como sentirme por la forma en que llamó, pero asentí cortésmente por sus palabras.
- Bien, ahora vamos a la armería a buscarte tu arma. - Beckendorf me dio una sonrisa. - Y creo que tengo la perfecta en mente. -
Me llené de intriga pero me tragué las preguntas, aunque si estaba muy emocionado por tener una arma propia ... Espero que la Hermana Ilia no se entere de esto.
Proseguimos los tres juntos un camino hacia la armería del campamento, la cual estaba un poco lejos de las cabañas.
Cuando por fin llegamos no pudo evitar asombrarme con la cantidad de armamento que tenía la edificación. Entiendo que sea un campamento para entrenar héroes griegos ... ¡Pero había suficientes armas como para armar un legión!
Habían espadas, lanzas, escudos, hachas, martillos, dagas. De todo un poco, fue impresionante, pero Beckendorf ignoró todas olímpicamente hasta llegar a una sección de la armería llena de polvo y suciedad.
Hasta que finalmente se detuvo junto a una repisa, ahí mismo había una pequeña caja de metal con un símbolo de martillo en llamas, el símbolo de Hesfesto.
- Bueno, ahí está. - Dijo Beckendorf algo tenso, mientras miraba la caja.
¿Era peligrosa? ¿Me darán un ametralladora espartana? ¡Increíble!
- Así que le darás eso, ¿Eh? - Dijo Hope contemplativa.
Me pregunto si alguien podría explicarme ...
- Bueno, Diomedes. Tu arma está en esa pequeña caja, ábrela ... Si puedes. -
Tremendo suspenso ... Pero no queda de otra, es mejor terminar con esto ya. Debo estar listo para la misión, así que sin más preámbulos fui a abrir la caja ...
La cual se abrió sencillamente.
No es lo que esperaba ... Pero estoy satisfecho.
- Lo hizo ... - Escuche un jadeo y esas palabras detrás de mí. Al voltearse vi a Beckendorf boquiabierto y a Hope parecía a punto de desmayarse.
- ¿Eh? ¿Que les pasa? - Les pregunté confundido por su aparente sorpresa. - ¿Hay algo que no me han contado? -
- A ver ... ¿Como te lo digo? - El hijo de Hefesto lucia nervioso.
- Solo dilo y ya. - Le recriminó Hope frunciendo el ceño. Al parecer se había recuperado rápido del shock inicial.
- Pues ... Todos los que han intentado usar esa arma no han salido bien parados. -
- ¿Como así? - Alce una ceja.
- Mi padre, el mismísimo Hefesto la forjó hace mucho tiempo. Forjada en el río de fuego del inframundo, el Flegetonte y luego enfriado en el río Estigio ... Mi padre la dejó en el campamento, quizás por capricho, pero todo aquel que intentaba usarla salía quemado gravemente, incluso con la ambrosía y el néctar las quemaduras tardaban un buen tiempo en sanar. Eventualmente Quiron dejó el arma en esa caja, la cual ganó las propiedades de quemar a todo aquel que sea indigno ... No es un arma que deba usar un Mestizo, quizás un monstruo ... Pero no un mestizo. - Se explayó Beckendorf tenso.
- ¿Y dejaron que abriera la caja sin saber las consecuencias? - Les reclamé indignado.
- No hubieras tenido valor para hacerlo. - Replicó Hope sonriendo tímidamente.
- ... No encuentro fallas en tu lógica. -
Resignado miré lo que había en el interior de caja. Decir que me sorprendí fue decir poco.
Eran dos anillos, era de bronce brillante pero tenían una línea en el centro de color gris. Ambos anillos estaban unidos por una cadena de plata, que parecía estar agrietada pero en realidad eran diseños intrincados y ornamentales en la cadena.
Me quedé levemente embelesado al ver los anillos.
- No son un arma ... - Comenté.
- ¿Recuerdas que me preguntaste por armas mágicas? - Me pregunto Hope con los brazos cruzados. - Pues justo tienes una de esas en tus manos. Claro, si no te quemas. -
Me quedé mirando los anillos, al instante recordé lo que había dicho Beckendorf ...
No es un arma para un mestizo, sino para un monstruo.
- No sería la primera vez que me llaman monstruo. -
Tome los anillos por la cadena que los unía y deje la caja a un lado, y me puse los anillos en mi mano derecha. Un anillo en mi dedo medio y el otro en el meñique.
Cuando lo hice, las marcas negras en la cadena se tornaron doradas ...
Oh ...
- Se siente bien. - Dije alzando mi mano hacia arriba, como si quisiera tocar el techo.
- Y no te quemaste. - Añadió Hope sonriendo. - Sabia que podías hacerlo. -
Beckendorf sonrió complacido. - Hoy he saldado mi deuda. -
- ¿Y qué? ¿Peleo con unos anillos o que? - Les pregunto, porque en realidad no veía la parte del arma de estos anillos.
- Mm, creo que leí como funcionaban en unos planos viejos que estaban en la cabaña. - Meditó el hijo de Hefesto. - Quítate un anillo. -
Haciendo caso su orden, me quité el anillo del medio.
- Ahora gíralo. -
...
- ¿Que? -
- Ya escuchaste, gira. Que de vueltas, como una onda. - Dijo Hope.
- ... Me voy a sacar un ojo. - Murmuré pero les hice caso y comencé a girar el anillo que me saqué como si fuera a lanzar algo.
- ¡Atrápalo! - Exclamó Beckendorf.
Instintivamente deje de girar el anillo y lo tome con mano, al instante algo se abrió paso y tomó forma fuera de ella.
Una lanza.
Era de buen tamaño para manejarla, una punta de bronce brillante y además ...
- Es pesada ... Me gusta. - Sonreí, el peso de esta lanza era ideal, me sentía cómodo con ella. - Diathikes no está mal. -
- ¿Diathikes? - Me cuestiono Hope con una ceja levantada.
- Así se llama la lanza. - Dije yo, notando que la cadena que había tenido el anillo que se volvió la lanza ahora rodeaba mi muñeca como un brazalete.
Balancee un poco la lanza, contemplando y probando su peso. Pero no importaba cómo lo viera, era perfecta.
- ¿Y el otro anillo? ¿Vas probarlo? - Me pregunto Hope con curiosidad.
Me quité la cadena de la muñeca y la junté con la lanza, al instante el arma volvió a ser un anillo y me lo volví a colocar en el dedo medio.
- Debe ser en otro momento, ya se hace tarde. Pero es suficiente saber que uno de los anillos es una lanza, así puedo suponer que el otro anillo es algo completamente lo opuesto ... O eso es lo que pienso. -
Hope se me quedó viento sorprendida. - Eso es muy inteligente, Mowgli. -
Le di una mirada en blanco. - No se si tomarlo como un cumplido o un insulto. -
Ella solo se dignó a darme un guiño. Así que me volteé a ver a Beckendorf que parecía complacido.
- Gracias de nuevo, Beckendorf. Te aseguró que esto me ayudara en gran medida en la misión. -
El solo me sonrió y negó con la cabeza. - No tienes nada que agradecer, solo salde mi deuda, amigo. Ahora no te retraso más, que los dioses estén contigo en tu misión, Diomedes. -
Yo asentí agradecido por sus palabras, aunque me ponía de los nervios la parte de los dioses ... Espero que estén para bien y no para hacerme la vida más complicada.
[Lamentablemente al ser mestizo las cosas te salen completamente diferente a como las planeas]
Me despedí de Beckendorf y salí junto a Hope de la armería.
- También te deseo suerte, Diomedes. - Para mí sorpresa Hope se acercó a mí me dio un beso en la mejilla.
Creo que mi expresión fue muy buena porque ella se rio a carcajadas de mi.
- Jajaja, ahora la diosa Astraea está contigo. Así que tienes el deber de volver al campamento, hijo de Hestia ... O sino como la hija de la diosa de la justicia deberé juzgarte. -
Esta chica me recuerda mucho a Chloe, no se si eso es bueno o malo, pero eso me agradaba.
- Si, si, lo que digas, estrellitas. -
Luego de eso, terminé mis preparativos para la misión con la ayuda de Hope. La tienda del campamento me prestó cien dólares en dinero mortal y veinte dracmas de oro.
Los dracmas era monedas del tamaño de galletas con las imágenes de diversos dioses de un lado y el edificio del Empire State del otro. Los dracmas antiguos eran de plata, pero los dioses no usaban nada inferior al oro. Hope me dijo que iban a ser útiles para transacciones no mortales, sea lo que signifique eso. Hope me consiguió una cantimplora llena de Néctar y una bolsa de plástico con cierre hermético llena de ambrosía, en caso de emergencia. Ella me recordó que era comida de los dioses, podía curar las heridas de los semidioses, pero si comía demasiado me quemaría ... Literalmente.
Finalmente nos reunimos con Percy, Annabeth y Grover al frente de la Casa Grande.
Annabeth traía su mágica gorra de los Yankees, que Hope me dijo que fue un regalo de su mamá en su doceavo cumpleaños. Llevaba un libro sobre la arquitectura clásica famosa, escrito en griego antiguo, para leer cuando se aburriera supongo, y un largo cuchillo de bronce, escondido en la manga de su camisa. Solo espero que no tengamos que pasar por algún detector de metales, o nos caerían más problemas.
Y no estamos para más problemas.
Grover usaba sus pies postizos y sus pantalones para pasar por humano. Llevaba una gorra verde con rastas, porque, cuando llovía, su pelo rizado se aplastaba y justamente podías ver la punta de los cuernos en ese momento. Su mochila de color naranja brillante estaba llena de chucherías y manzanas para merendar al parecer. En su bolsillo había un conjunto de flautillas de caña que su padre cabrío había tallado para él, aun así sólo sabía dos canciones: Concierto de piano de Mozart nº 12 y "So Yesterday" de Hilary Duff, cualquiera de las dos sonaba muy mal en flautillas de caña, pero no tuve el corazón para decírselo.
Percy ... Bueno, llevaba su mochila llena de las mismas cosas que yo supongo. Estaba tan listo como yo para completar esta misión mortal ... Que no es tan preparado pero si estamos algo preparados.
Dijimos adiós a los otros campistas, tomamos un último vistazo a los campos de fresas, al océano, y a la Casa Grande, luego subimos junto a Hope que nos quiso acompañar a la Colina de los Mestizos hasta el alto pino que solía ser Thalía, la hija de Zeus.
Quirón nos estaba esperando en su silla de ruedas. Junto a él estaba un tipo surfista que había visto alguna que otra vez. Se supone que tenía ojos en todo su cuerpo, así él nunca podría ser sorprendido. Hoy, sin embargo, vestía un uniforme de chófer, por lo
que sólo podía ver por los ojos extras ubicados en sus manos, cara y cuello.
Hope me susurró. - El es el jefe de seguridad del campamento. -
- Este es Argos. - Nos lo presentó Quirón. - El los llevará hasta la ciudad, y bueno ... Les tendrá un ojo encima. -
Es un chiste tan malo que da risa, pero me la tragué por la seria situación.
Entonces, escuche pasos detrás de nosotros y ese sentimiento incómodo que había sentido de la cabaña de Hermes se hizo presente, pero mucho más fuerte que se me puso la piel de gallina.
Cuando me percaté, Luke estaba frente a nosotros con un par de zapatillas de baloncesto en sus manos.
- ¡Dioses! - Jadeo el hijo de Hermes. - ¡Me alegra haberlos alcanzado! -
Annabeth se sonrojó, al parecer siempre lo hacía con la presencia de Luke. Vi a Hope darle una sonrisita malvada a la chica mientras golpeada suavemente si costado, para mayor nerviosismo de la rubia.
- Sólo quería deciros buena suerte. - Luke nos dijo. - Y pensé ... Uh, tal vez podrían utilizar esto. -
Le dio las zapatillas a Percy, aunque parecían normales. Pero cuando me enfocaba mucho en ellas sentía mis ojos cambiar, como si no hubiese nada normal ese par de zapatos.
Entonces, Luke gritó: - ¡Maia! -
Alas blancas de pájaro brotaron de las zapatillas, tomándonos por sorpresa, especialmente a Percy quien las soltó de inmediato. Los zapatos se agitaron por el suelo hasta que las alas se plegaron y desaparecieron.
- ¡Increíble! - Dijo Grover con ojos saltones.
Luke sonrió. - Estos chicos me sirvieron de mucho cuando yo estaba en mi búsqueda. Es un regalo de papá. Por supuesto, ya no los uso mucho en estos días ... - Su expresión se volvió triste.
Wow, no sabía que decir, y al parecer Percy estaba igual. Es muy considerado de su parte haber venido para decirnos adiós y además darnos sus zapatillas mágicas, aunque se las dio a Percy, eso significa que nos apoya. Hehe, ¿Que veo? ¿Percy se sonrojó tanto como Annabeth? Hahaha, que hilarante.
- Hey, hombre. Gracias en serio. - Le dije a Luke, agradecido por su apoyo. Aunque esas zapatillas me ponían la piel de gallina, decidí no darle importancia.
- Si, muchas gracias. - Dijo Percy avergonzado, no pude evitar reírme entre dientes por ello.
- Escucha, Percy ... - Luke empezó a parecer incómodo. - Muchas de las
esperanzas están puestas en ti, en ustedes ... Así que mata a algunos monstruos por mí, ¿De acuerdo? -
Le dio la mano a Percy y a mi. Luke luego acarició la cabeza de Grover entre sus cuernos, y luego le dio un abrazo de despedida a Annabeth, que lucía como si se fuera a desmayar.
Después de que Luke se fuera, Hope le dijo a Annabeth: - Estas hiperventilando. -
- No lo estoy. -
Entonces Percy se unió a la conversación. - Lo dejaste capturar la bandera en tu lugar, ¿No es así? -
- Oh, me pregunto porqué quiero ir contigo a esta misión. - Ella bajo pisoteando por el otro lado de la colina, donde esperaba una camioneta blanca en la orilla de la carretera. Argos siguió, haciendo sonar las llaves de su coche.
Hope suspiró. - Esa pequeña lechuza orgullosa. -
Hice caso omiso del afán de ella de ponerle sobrenombres relacionados a los animales a la gente.
Vi a Percy levantar las zapatillas de Luke, pero noté que se estremeció por un segundo. Mirando a Quirón le pregunto: - No podré usarlas, ¿Verdad? -
Entonces recordé que eran zapatillas voladoras ... Y el cielo estaba prohibido para Percy.
Quirón sacudió la cabeza. - Luke tenía buenas intenciones, Percy. Pero en el aire ... Eso no sería nada conveniente para ti. -
Percy asintió decepcionado pero entonces miró a Grover con los ojos brillantes. - ¡Hey, Grover! ¿No querrás por casualidad algún objeto mágico? -
Los ojos del chico cabra centellaron. - ¿En serio? ¿Yo? -
- Ay wey ... - Vociferó Hope con un estremecimiento.
En poco tiempo nosotros atamos las zapatillas sobre sus pies falsos, y el primer niño cabra volador estaba listo para su lanzamiento.
Era un pequeño paso para la cabra, ¡Pero un gran salto hacia las enchiladas!
- ¡Maia! - Exclamó Grover.
Él despego bien, pero luego cayó hacia un lado de forma que su mochila se arrastro por la hierba. Los zapatos con alas se mantuvieron yendo arriba y abajo como pequeños potros.
- Practica. - Dijo Hope. - ¡Solo un poco más de práctica, cabrita! - Al final le gritó a Grover.
- ¡Aaaa! - Grover salió volando de lado colina abajo como una cortadora de césped poseída, en dirección a la camioneta.
Me alegra que Percy no me haya dado esas zapatillas diabólicas.
Antes de que pudiéramos seguir, Quirón nos tomó del brazo a Percy y a mi. - Los debí haber entrenado mejor, Percy, Dio. Lo siento ... Si hubiéramos tenido más tiempo, un poco más. Hércules, Jason, todos ellos estaban más preparados. -
Hope nos miró con tristeza.
- Esta bien, Quirón. No se puede evitar. - Le dije con una sonrisa ligera, no era culpa del centauro.
- Si, pero quizás ... - La voz de Percy de apagó.
Entonces Quirón miro mi mano con los dos anillos, y sus ojos se iluminaron.
- ¡Que tonto soy! - Exclamó el. - Diomedes ya tiene su arma, es justo que yo te entregue la tuya. Además, sería una grave falta de mi parte dejarte partir sin esto. -
Sacó un bolígrafo del bolsillo de su chaqueta y se lo entregó a Percy. Se trataba de una pluma desechable ordinaria, de tinta negra, tapa extraíble. Probablemente costo treinta centavos.
Pero ... Sentí tanta tristeza en ese bolígrafo que me hizo dudar si en verdad era un bolígrafo ordinario.
- ¡Vaya! Gracias. - Le contesto Percy, aunque sonaba algo sarcástico.
Si Sally estuviera aquí le daría una buena.
- Percy, este es un regalo de tu padre. Lo he mantenido durante años, sin saber que tú eras por el que yo estaba esperando. Sin embargo, la profecía es clara para mí. Tu eres el elegido. -
Entonces, Percy pareció tener una revelación. Le quitó la tapa al bolígrafo y la pluma se hizo más larga y más pesada en su mano. En medio segundo, Percy tenía una espada de bronce brillante con una hoja de doble filo, agarre forrado en cuero, y una empuñadura plana afianzada con clavos de oro. Y parecía cómodo con ella.
- La espada tiene una larga y trágica historia en la que no tenemos
que entrar. - Quirón nos dijo con tristeza. - Su nombre es Anaklusmos. -
Riptide, traduje mentalmente. Aún me impresiona lo bien que mi cerebro procesa el griego antiguo, a la final, me será más fácil el griego que el latín.
- Úsala sólo para emergencias. - Le dijo Quirón - Y sólo contra los monstruos. Por supuesto que ningún héroe debe dañar a los mortales a menos que sea absolutamente necesario, pero esta espada no les haría daño, en cualquier caso. -
Miramos la perversa hoja afilada. La hoja de bronce tan similar a la punta de mi lanza.
- ¿Qué quieres decir con que no dañaría a los mortales? ¿Cómo no podría? - Le pregunté con dudas.
- La espada es de bronce celestial, al igual que tu lanza. - Dijo Hope antes de que Quirón tomara la palabra.
- Forjada por los Cíclopes, templada en el corazón del volcán Etna, enfriada en el río Leteo. - Volvio que hablar Quirón. - Es mortal para los monstruos, para cualquier criatura del inframundo, siempre que no te maten a ti primero. -
- Pero la hoja pasará a través de los mortales como una ilusión. - Hope volvió a hablar. - Simplemente no son lo suficientemente importantes para que la hoja los mate. Y debería advertirte: como un semidiós, puedes ser asesinado por cualquiera de las armas celestiales o normales. Somos dos veces más vulnerable. -
- Es bueno saberlo. - Dijo Percy.
- ¡Hey, no me explicaste eso antes! - Le reclamé a ella.
Sin embargo, Hope se encogió de hombros. - Te di mi bendición, ¿Que más quieres? - Me dio una sonrisa burlona.
- Espera. - Hablo Percy. - ¿Bendición? ¿Lanza? ¿Tienes una arma mágica? -
- Dos de hecho. -
- ¡Hope! - Le reclamé.
- Déjame verlas. - Dijo mi mejor amigo.
- Primero, guarda la espada. - Le pidió Quirón con un suspiro cansado.
Percy tocó la punta de la espada con la tapa de la pluma y al instante Anaklusmos volvió a su estado sellado, es decir, su apariencia de pluma. Lo metió en su bolsillo con nerviosismo, supongo que recordó la frecuencia con la que pierde sus plumas.
- No puedes. - Dijo Quirón de repente.
- ¿No que? - Le interrogó Percy.
- Perder la pluma. Esta encantada, así que siempre va aparecer en tu bolsillo. Pruébalo. -
Percy parecía indeciso, pero tiró la pluma lo más lejos posible colina abajo, vi claramente como aterrizaba y se perdía entre la maleza.
- Puede tomar un momento. Ahora comprueba tu bolsillo. - Le informó Quirón.
Percy hizo lo que dijo, y sacó la pluma. Sonrió complacido. - Esto está genial, ¿Pero no sería peligroso que un mortal me vea sacar una espada? -
Esa era muy buena pregunta.
Pero Quirón lo desestimó con una sonrisa. - La Niebla es algo muy poderoso, Percy. -
- ¿Niebla? - Interrogué yo.
- Si, Niebla. - Dijo Hope tomando la palabra. - Deberían leer la Ilíada. Está llena de referencias de esas cosas. Siempre que los elementos divinos o monstruosos se mezclan con el mundo de los mortales, generan la Niebla, que oscurece la visión de los seres humanos. Veras las cosas igual que ellos, siendo un mestizo, pero los humanos interpretan las cosas de manera muy diferente. Notables, en realidad, los extremos a los que los seres humanos se van para adaptar las cosas en su versión de la realidad. -
No comprendí lo que dijo, pero si entendí que no debo preocuparme por sacar mi lanza o la otra arma oculta en mi otro anillo.
Percy guardó la pluma en su bolsillo y por un momento lo vi ... Estaba abrumado. Y tiene sentido, eramos unos jóvenes chicos que debían ir al Oeste dejando el único sitio seguro en la tierra para nosotros los mestizos, solos nosotros. Sin adultos en medio, sin algún plan de emergencia, ni siquiera un celular (Que no podemos usar, los celulares alertan a los monstruos cuando son usados por mestizos, es peor que disparar una bengala), solo teníamos una espada, una lanza, un cuchillo y una flauta de juncos para luchar contra todo monstruo que venga hacia nosotros y llegar a la Tierra de los Muertos ... Y esperar salir vivos de ahí.
Yo estaba asustado.
Pero no podía permitir que los otros se asustarán.
Le coloqué mi mano en el hombro a Percy, el cual se sobresaltó y me miró. No sabía que decirle, pero le di mi mejor sonrisa sincera.
Todo estará bien.
Quise decirle, pero no estaba seguro de ello. Pero era lo mejor que podía hacer.
A la final, el se relajó un poco.
- Quirón ... - Empezó Percy. - Cuando dices que los dioses son inmortales ... Quiero decir, hubo un tiempo antes de ellos, ¿Verdad?
- Cuatro épocas antes de ellos, en realidad. El tiempo de los Titanes fue la Cuarta Edad, a veces llamada la Edad de Oro, que es definitivamente un nombre inapropiado. Este, el tiempo de la civilización occidental y el imperio de Zeus, es la Quinta Edad. -
- Entonces, ¿Cómo fue ... Antes de los dioses? - Le pregunté curioso.
Hope hizo una mueca, Quirón frunció los labios. - Aún yo no soy lo bastante viejo para recordar eso, niño, pero sé que fue una época de oscuridad y salvajismo de los mortales. Kronos, el señor de los Titanes, llamó a su reino de la Edad de Oro, porque los hombres vivían inocentes y libres de todo conocimiento. Pero eso fue mera propaganda. El rey de los Titanes no se preocupaba por los de tu especie, excepto como aperitivo o una fuente de entretenimiento barato. Fue sólo en el principio del reinado del Señor Zeus, cuando el titán Prometeo trajo el fuego a la humanidad, que tu especie comenzó a progresar, y aun así Prometeo fue catalogado como un pensador radical. Zeus lo castigó severamente, como recordaran. Por supuesto, eventualmente los dioses se hicieron más afectuosos con los seres humanos, y la civilización occidental nació. -
- Pero los dioses no pueden morir ¿Verdad? Quiero decir, siempre que la civilización occidental esté viva, ellos estarán vivos ... Así que incluso si fallo, nada tan malo podría suceder que estropearía todo, ¿Verdad? - Dijo Percy.
Hice una mueca, fallar ... Siempre estaba esa posibilidad, pero realmente no quiero pensar mucho en ella.
Hope nos dio una mirada compasiva.
Mientras Quirón nos dio una sonrisa melancólica. - Nadie sabe cuánto tiempo la Edad de Occidente va a durar, Percy. Los dioses son inmortales, sí. Pero entonces, también lo eran los Titanes. Ellos todavía existen, encerrados en sus diferentes cárceles, obligados a soportar dolor sin fin y castigo, reducidos en poder, pero todavía muy vivos. Pueden las Moiras prohibir que los dioses alguna vez deban sufrir tal castigo, o que alguna vez debemos volver a la oscuridad y el caos del pasado. Todo lo que podemos hacer, hijo, es seguir nuestro destino. -
- Nuestro destino ... Suponiendo que sepamos cuál es. - Murmuré entre dientes. Si algo me ha enseñado el destino, es que es una perra. Una mala perra ...
- Relájate. - Nos dijo Quirón. - Manténgan la cabeza despejada. Y recuérdenlo, que pueden estar a punto de evitar la mayor guerra de la historia humana. -
- Relajado. - Vociferó Percy. - Si estoy muy relajado. -
Lo dije antes, y lo digo ahora, si que eres el alma de la fiesta. Un pequeño consejo, mejor no seas consejero en alguna escuela a la que tengas que ir en cubierto.
Cuando llegamos al extremo de la colina, miramos hacia atrás. Bajo el árbol de pino que solía ser Thalía, hija de Zeus, Quirón estaba de pie en
forma de hombre-caballo, con su arco alto en señal de saludo. A su lado estaba Hope sacudiendo su mano lentamente. Justo tú típica despedida del campamento de verano por tu típico centauro y la guía pelirroja de turno.
...
Argos nos saco en coche del campo y entro en el oeste de Long Island. Se sentía raro estar en una carretera de nuevo a pesar de no hace mucho haber estado en una, con Percy, Annabeth y Grover sentados junto a mi como si estuviéramos en un viaje compartido normal. Después de dos semanas en el Campamento Mestizo, el mundo real parecía una fantasía.
Aunque una parte de mi extraño a la ciudad, especialmente a la Hermana Ilia, Chloe y a Mike, la otra parte de mi extrañaba la paz que el campamento me generaba ... ¿O era el aislamiento por culpa de los monstruos? Meh, es lo mismo.
- Hasta ahora todo bien. - Escuche la voz de Percy, al parecer se lo decía a Annabeth. - Diez millas y ningún solo monstruo. -
¿En serio? ¿No tienes nada mejor que hablar que eso? Vaya forma de romper el hielo tienes, Percy ...
- Trae mala suerte hablar de esa manera, sesos de alga. - Le respondió ella irritada.
- Recuérdame otra vez porque me odias. - Le interrogó Percy.
- Yo no te odio. -
Guau, solo imagina si de verdad lo odiará.
- Vaya, podrías habérme engañado en serio. -
Suspiré, íbamos a una misión suicida y estos se ponen a pelear.
- Mira ... Nosotros no se supone que nos llevemos bien, ¿De acuerdo? Nuestros padres son rivales. -
- ¿Por qué? -
Ugh, aquí viene una lección de historia.
Escuche que Annabeth suspirar. - ¿Cuántas razones quieres? Una vez mi mamá pesco a Poseidón con su novia en el templo de Atenea, lo cual es muy irrespetuoso. En otro momento, Atenea y Poseidón competían por ser el dios patrono de la ciudad de Atenas. Tu papá creó un estúpido manantial de agua salada como su regalo. Mi madre creó el olivo. La gente vio que su regalo era mejor, así que ellos nombraron la ciudad así por ella. -
- Realmente les deben gustar los olivos. -
- ¡Hahahahaha! - No pude evitarlo y comencé a reír por la ocurrencia de Percy.
- ¡Olvídenlo! - Dijo Annabeth, sus mejillas se estaban poniendo rojas.
- Bueno, si ella hubiera inventado la pizza, entonces tu madre tiene mi voto definitivo. -
- ¡Pfff! ¡Hahahahaha! ¡Tu los dicho, Aquaboy! -
- ¡Dije, que lo olviden! - Refunfuñando la chica se cruzó de brazos y volteó su mirada.
En el asiento delantero, Argos sonrió. Él no dijo nada, pero un ojo azul en la parte posterior de su cuello nos guiñó el ojo. Ignoraré lo perturbador que fue eso.
El tráfico nos retrasó en Queens. En el momento en que entramos en Manhattan fue la puesta de sol y empezó a llover. Que buena suerte, en serio.
Argos nos dejó en la estación de Greyhound en el Upper East Side, no lejos del apartamento de Gabe y Sally. Pegado a un buzón de correo estaba un volante empapado con la foto de Percy y mía: ¿Has visto a estos chicos? Decía el cartel.
- Hey, Aquaboy. - Le llamé sutilmente. - Mira aquello. -
Confundido miró el lugar donde señalé, y su rostro se llenó pánico. Rápidamente fue a donde el cártel y lo rasgó antes de que Grover o Annabeth pudieran notarlo.
- Hay que estar alertas con eso. - Dije en contemplación. - No podemos olvidar que somos buscados. -
Percy suspiró. - Como si esta misión no pudiera ser más difícil. -
- Prefiero no tentar a la suerte. -
Argos descargo nuestras maletas, se aseguró de que teníamos nuestros tiquetes de autobús, y luego se alejó, el ojo en la parte posterior de su mano se abrió para vernos cuando salió del estacionamiento. Aunque es raro, es un agradable sujeto. Un buen ejemplo de que no debes juzgar a un libro por su portada.
Percy dejó salir un suspiro melancólico, no tuve que ser un genio para saber que pensaba en Sally. Rodeé mi brazo por sus hombros en señal de apoyo.
Aunque algo me decía que algo más lo molestaba.
Vi a Grover echar su mochila sobre su hombro. Y miro a la calle donde nosotros dos mirábamos.
- ¿Quieren saber por qué se casó con el? -
Me tomo un segundo concluir que hablaba de Gabe.
Aquaboy miro a G-Man. - ¿Lees mentes o algo asi? -
- ¡Ah! Grover controla la Fuerza, debí saberlo. - Dije sorprendido, explicaba muchas cosas ... Y su afán por las enchiladas.
Pero el sátiro puso los ojos en blanco. - No, no uso la Fuerza, simplemente puedo sentir las emociones de otro. Olvide comentar que los sátiros tienen esa habilidad. Pensabas sobre tu madre y tu padrastro, ¿No es así? - Le pregunto a Percy.
Aquaboy y yo nos miramos, a la final asentimos mirando a Grover. Tanto por curiosidad como por consternación, o al menos por mí parte eso último. ¿Como una persona tan maravillosa como Sally termina con alguien tan ... Desagradable?
- Tu madre se casó con Gabe por ti. - Le dijo Grover a Percy. - Ustedes lo llaman "El Apestoso", pero no tienen idea. El tipo tiene esa aura ... De que asco. Lo huelo desde aquí. Puedo oler rastros de él en ti y un poco en Diomedes y no han estado cerca de él por una semana, sería impresionante sino fuese tan asqueroso. -
- Vaya, gracias, hombre. - Le respondió Percy con sarcasmo.
- Ahora si me gustaría una ducha. - Murmuré entre dientes asqueado.
- Deberían estar agradecido, Percy, Dio. Gabe huele tan repulsivamente a humano que podría ocultar la presencia de cualquier semidiós. Tan pronto como olí el interior de su Camaro, lo supe: Gabe ha estado cubriendo tu aroma durante años, Percy. Si no hubieras vivido con él cada verano, probablemente habrías sido encontrado por los monstruos hace mucho tiempo. Tu madre se quedó con él para protegerte. Era una mujer inteligente. Debió haberte querido mucho para soportar a ese tipo, si eso te hace sentir mejor. -
Realmente, esas palabras describen muy bien a Sally ... Sin embargo, ni a Aquaboy o a mi nos hizo sentir mejor al respecto con mamá Sally. Sin embargo ...
Lo que de verdad me ponía nervioso de esta misión fue el deseo de Percy de recuperar a su madre de la Tierra de los Muertos.
¿Como lo sé? Luego de hablar con Quirón, mientras empacabamos me habló sobre la posibilidad de sacar a Sally del inframundo.
Casi le grité por la decisión irresponsable que sería ... Pero también quería verla y que este con nosotros. Esto no lo sabe ni Grover o Annabeth, y me alegra que Percy haya tenido la confianza como para decirme eso.
También le quise preguntar sobre lo que el Oráculo le dijo, pero parecía que iba a desmayarse en el acto. Así que lo dejé pasar.
Cuando me contó su deseo de sacar a Sally, recuperar el rayo de Zeus, salvar al mundo o ayudar a Poseidón pasó a segundo plano al instante. Aunque sabía muy bien que Percy estaba enojado con su padre, y puedo entenderlo, estuvo lejos casi toda su vida y lo reclama justamente para limpiar su nombre, ¿No les parece eso curioso?
Y realmente no se si pensar lo mismo de madre Hestia, ¿Fue por necesidad? ¿Le importó acaso? ¿Sabe algo al respecto de la muerte de mi padre?
Esas y un sin fin de preguntas más me llegaba a la cabeza haciéndome dudar, haciéndome sentir impotente y vulnerable.
Como un pequeño niño en una tormenta.
La lluvia siguió cayendo.
Estábamos inquietos (supongo que por el Déficit de Atención y demás) esperando el autobús y decidimos jugar un poco al Hacky Sack con una de las manzanas de Grover. Annabeth era increíble. Podía rebotar la manzana contra su rodilla, su codo, su hombro, o lo que fuera. Percy no lo hacía nada mal, y yo podía hacerla rebotar con cualquier parte de mis piernas, punta de pie, talón, rodilla, etc.
El juego terminó cuando Aquaboy tiró la manzana a Grover y esta se acercó demasiado a su boca. En una mega mordedura de cabra, nuestro Hacky Sack desapareció, el corazón, el tallo, y todo, no hubo piedad alguna con la pobre.
Grover se ruborizó. Él intentó disculparse, pero Percy, Annabeth y yo estábamos demasiado ocupados riéndonos como para escucharlo.
Luego de un tiempo, el autobús por fin llegó. Mientras estábamos en la línea de embarque, Grover comenzó a mirar alrededor, olfateando el aire como si fuera un sabueso. Parte cabra, parte canino, increíble.
- ¿Ocurre algo? - Le pregunté.
- No sé. - Respondió con nerviosismo. - Tal vez no es nada. -
Pero me di cuenta que si había algo. Empecé a mirar alrededor con cuidado. Me sentí aliviado cuando por fin llegamos a bordo y nos sentamos juntos en la parte trasera del autobús. Guardamos nuestras mochilas. Annabeth se mantuvo golpeando su gorra de los Yankees nerviosamente contra su muslo.
Pero cuando los últimos pasajeros subieron, la escuché a ella decir. - Percy, Diomedes. -
Una anciana acababa de abordar el autobús. Llevaba un vestido de terciopelo arrugado, guantes de encaje, y un sombrero naranja sin forma que ensombrecía su rostro, y llevaba un bolso grande de Paisley. Cuando alzó su cabeza, sus ojos negros brillaban con maldad.
Era una anciana diabólica.
- La señora Dodds. - Susurró Percy acurrucado en su asiento.
Mi mente hizo clic, la señora Dodds había sido la Furia que había atacado a Percy en aquel viaje al museo.
Ciertamente parece un monstruo, y ni siquiera he visto su verdadera forma.
Detrás de ella llegaron dos viejas más: una con un sombrero verde, otra con un sombrero púrpura. Por lo demás, eran exactamente iguales a la maestra de matemáticas de Percy, mismas manos nudosas, bolsos de mano Paisley, arrugados vestidos de terciopelo, mismo rostro malvado.
Porque, ¿Que es mejor que una anciana demoníaca? ¡Pues tres!
Se sentaron en la primera fila, justo detrás del conductor. Las dos en el pasillo cruzaron las piernas sobre la calzada, haciendo una X. Parecía una acción casual, pero pude captar un mensaje: nadie sale de aquí.
El autobús salió de la estación, y nos dirigimos por las pulidas calles de Manhattan.
- Ella no se quedó mucho tiempo muerta. - Dijo Percy tratando de mantener su voz calmada, aunque fallaba un poco. - Pensé que habías dicho que podían estar alejadas por una vida. -
- Creo que si tenias suerte. - Le dije algo nervioso. - Claramente no podemos sacarnos la lotería. -
- Tres de ellas. - Grover gimió. - ¡Di Inmortales! -
- Está bien. - Annabeth dijo, evidentemente maquinando un plan de escape con todas sus fuerzas. - Las Furias. Tres de los peores monstruos del inframundo. No hay problema. No hay problema. Vamos a salir inadvertidamente por las ventanas. -
- No se abren. - Se quejó Grover.
- ¿Alguna salida trasera? - Sugirió Percy esperanzado.
No había una. Incluso si hubiera estado allí, no habría ayudado mucho. Para ese momento, estábamos en la Novena Avenida, en dirección al Túnel Lincoln.
- Ellas no atacaran con testigos alrededor, ¿Cierto? - Pregunte con dudas.
- Los mortales no tienen buena vista. - Annabeth nos recordó. - Sus cerebros sólo pueden procesar lo que ven a través de la Niebla. -
- Entonces, ¿Van a ver a tres ancianas malvadas matarnos? No es la forma más digna de morir. -
Aquaboy hizo una mueca, mientras G-Man empezó a temblar.
Nuestra chica inteligente lo meditó un segundo. - Es difícil de decir. Pero no podemos contar con los mortales por ayuda. ¿Tal vez una salida de emergencia en el techo ... ? -
Alcanzamos el Túnel Lincoln, y el autobús quedó a oscuras a excepción de las luces de marcha por el pasillo. Estaba extrañamente tranquilo sin el sonido de la lluvia, como la calma antes de la tormenta.
La anciana diabólica número uno se levanto, supuse que era la maestra de matemáticas de Percy. En una voz apagada, como si lo hubiera ensayado, anunció a todo el autobús: - Tengo que usar el baño. -
- Yo también. - Dijo la segunda hermana demonio.
- Yo también. - Dijo la tercera hermana demonio.
Ugh, al igual que las mujeres que viven juntas sus periodos se sincronizan, las vejigas de estas demonios están sincronizados. No hay nada más tétrico que eso.
Todas ellas empezaron a venir por el pasillo.
- Ya lo tengo. - Annabeth dijo. - Percy, toma mi gorra. -
- ¿Que? - Le interrogó Percy.
- Tú eres al que quieren. Vuélvete invisible y ve por el pasillo. Déjalas pasarte. Tal vez puedas llegar a la parte delantera y salir. -
- Pero ustedes ... - Su voz se apagó.
- Hay una posibilidad de que no pudieran notarnos. - Annabeth dijo, aunque no parecía del todo segura. - Eres hijo de uno de los Tres Grandes. Tu olor puede ser abrumador. -
- No puedo simplemente dejarlos aquí. -
- No te preocupes por nosotros. - Le dije. - Estaremos bien. -
Prepare el segundo anillo en mi mano, el anillo en mi meñique. En un lugar tan estrecho como este autobús no podría usar mi lanza, solo espero que la segunda arma sea más efectiva en esta situación.
Debí probarla antes ...
- ¡Vete, Percy! ¡Rápido! - Le dijo Grover.
Le temblaron las manos y pude sentir su duda, pero tomó la gorra de los Yankees y se la puso. Al instante no estaba.
Muy bueno para salir de clases ...
Aunque no podía ver a Percy, podía ¿Sentirlo? No lo sé, pero sabía que ya no estaba ahí. Pero lo dejé pasar al ver las ancianas diabólicas acercarse hacia nosotros. La que tomaba la delantera se detuvo de repente, volteó su mirar hacia su costado donde había un asiento vacío mientras olfateaba el aire.
Oh, dioses, si me escuchan, por favor ... ¡Les doy ofrendas a todos, me la deben!
Solo unos pocos segundos más y la anciana principal siguió su camino hacia aquí, sus dos hermanas la siguieron de cerca.
Ya casi salíamos del túnel Lincoln cuando las tres furias se presentaron ante nosotros. Y como para ponerlo peor, las tres revelaron sus verdaderas formas.
Sus rostros siguieron siendo los mismos (Se que esta mal decirlo, pero creo que no podían ser más feas de rostro), pero sus cuerpos se habían arrugado en correosos marrones cuerpos de bruja con alas de murciélago y las manos y los pies como garras de gárgola. Sus bolsos se habían convertido en látigos de fuego. Las tres Furias nos habían rodeado a Annabeth, Grover y a mi con sus amenazadores látigos de fuego.
Yo quiero uno ... ¡Maldito TDAH!
- ¿Donde está? ¿Donde? - Susurraban entre dientes de manera escalofriante.
Los demás pasajeros gritaban y se escondían bajo los asientos. Al menos veían algo ... O sólo se dieron cuenta de los feas que son.
- ¡No está aquí! ¡Se ha ido! - Respondió Annabeth.
Las Furias levantaron sus látigos, al parecer no les gustó la respuesta. Annabeth saco su cuchillo mientras Grover una lata de su mochila y se a lanzarla.
Yo ya me había sacado el anillo en mi meñique y empecé a girarlo un poco antes de atraparlo en mi mano. Y lo que me sorprendió fue la arma que salió ...
¡¿Nudilleras?!
Nudilleras de un brillante bronce se hizo presente en mi mano.
No es lo que esperaba, pero estoy satisfecho ... Bueno, más o menos.
Bueno, quería una arma para usar en este espacio, y me dieron lo que quería. Sin más opción, levante mis puños listos para golpear ancianas demoníacas.
Jamás creí que diría eso.
Entonces pasó algo extraño, el autobús se fue a la izquierda de golpe. Todo el mundo aulló al ser lanzado hacia la derecha, y las Furias se fueron contra la ventana violentamente.
No de que ocurría exactamente pero el autobús se movía erráticamente de un lado al otro. Como si el conductor estuviera perdiendo el control o ...
Percy.
Salimos alocadamente del túnel Lincoln y de nuevo en la tormenta, personas y monstruos siendo sacudidos dentro del autobús, mientras los coches eran apartados o derribados como si fueran bolos.
De alguna manera el conductor encontró una salida. Salimos disparados de la carretera, a través de media docena de luces de tráfico, y terminamos embarrilados por uno de los caminos rurales de Nueva Jersey donde no puedes creer que haya más que nada a través del río de Nueva York. Había bosques a nuestra izquierda, el río Hudson a nuestra derecha, y el conductor parecía estar virando hacia el río.
De repente frenó.
Percy, juro que si fuiste tú ... ¡Jamás dejaré que te saques el permiso de conducir!
El autobús gimió, giró en un círculo completo en el asfalto mojado, y se estrelló contra los árboles. Las luces de emergencia se encendieron. La puerta se abrió. El conductor del autobús fue el primero en salir (Que valiente), los pasajeros como una estampida salieron después de él gritando despavoridos.
Las Furias recuperaron el equilibrio. Azotando sus látigos hacia mi, mientras mantenía mis puños en alto, listo para golpear a la primera que se acercara con mi puño armado de la nudillera, mientras las retaba y al mismo tiempo les decía que retrocedieran tanto en latín como en griego.
Ellas vacilaron por unos segundos, pero mantuvieron amenazantes.
Grover daba fuego de apoyo con sus latas, note a Annabeth tratando de acercarse para ayudarme pero una Furia saltó hacia ella, cortándole el paso.
- ¡Hey!
¡¿Pero qué?!
Percy se había quitado la gorra de Annabeth y llamó la atención de las Furias. Las tres ancianas murciélagos se voltearon y le mostraron sus colmillos amarillos amenazantes.
La primera Furia se acercó peligrosamente hacia Percy, mientras su látigo danzaba con llamas rojas bailaban a lo largo de la piel de púas.
Sus dos hermanastras saltaron por encima de los asientos en cada lado de su hermana y se arrastraban por los asientos hacia Aquaboy como si fueran dos enormes lagartos peligrosos.
- Perseus Jackson.- Le dijo la primera Furia, con un acento que era definitivamente de alguna parte más al sur de Georgia. - Has ofendido a los dioses. Vas a morir. -
- Me gustabas más como profesora de matemáticas. - Fue la ingeniosa respuesta de mi amigo.
Pero ala Furia no le gusto y gruñó furiosa.
Annabeth, Grover y yo avanzamos detrás de las Furias con cautela, buscando una apertura.
Entonces, Percy sacó su bolígrafo y lo destapó. Anaklusmos se manifestó como la hermosa y reluciente espada de doble filo que era.
Las Furias vacilaron.
- Ríndete ahora.- Dijo la principal entre dientes. - Y no sufrirás el tormento eterno. -
Suena tentador ...
- Buen intento. - Le contesto Percy.
- Percy, ¡Cuidado! - Annabeth gritó.
Una Furia enroscó su látigo en la espada de él, mientras las otras dos se le abalanzaron contra el.
Y yo instintivamente me abalance contra la del medio, la que parecía ser la maestra de matemáticas de Percy.
Le lancé un puñetazo, pero logró esquivarlo. Sus ojos negros me miraron con odio ilimitado.
- No suelo golpear ancianas, pero puedo hacer una excepción contigo. - Dije mientras empezaba a pelear con mis puños y alguna que otra patada.
La Furia jugó con su látigo, pero sus movimientos eran lentos ante mi vista, aunque sería problemático alcanzarla.
Así que hice algo tonto.
Baje la guardia atrayendo la atención de la Furia, tentada me atacó su látigo en llamas. Vi como en cámara lenta se acercaba hacia mi rostro para dejarme una grave herida.
Pero atrape el látigo de fuego con mi mano izquierda.
Sorprendentemente no me quemé, solo sentí mi mano más caliente pero no llegaba a ser ni siquiera una quemadura de primer grado.
Recordé que mi madre es la Diosa de la Hoguera, supongo que tengo cierta inmunidad a las llamas.
Escuche a una Furia aullar de dolor y explotó en una nube de polvo. Percy tenía su espada lista para atacar. Mientras, Annabeth le había hecho una llave de lucha a la última, (la cual había tenido atrapado la espada de Aquaboy), y le enterraba el cuchillo en el estómago.
Grover le había logrado quitar el látigo a esa Furia.
- ¡Ay! ¡Caliente! ¡Caliente! - Chillaba el sátiro.
- ¡Bien, acabemos con esto! - Exclamé mientras enrollaba el látigo alrededor de mi muñeca, con una fuerza sobrehumana jalaba al monstruo hacia mí.
De esta no se escapa.
La Furia intentó recuperar su látigo, pero la superaba en fuerza. Cuando la tuve lo suficientemente cerca le lancé un puñetazo en la quijada que le voló unos cuantos colmillos amarillos, además de dejarla aturdida.
Me apodere de su látigo, genial.
Luego tomé a la Furia y la lancé hacia atrás en el pasillo. La demonio gimió de dolor, tanto por el duro aterrizaje y su mandíbula adolorida.
Intento levantarse, pero no tenía espacio para batir sus alas de murciélago y aún estaba aturdida.
- ¡Deuz the destuira! - Prometió la Furia, pero hablaba bastante mal. ¿Quizás se que dislocó la mandíbula? - ¡Tuh sala seda del Ave!
¿Que cosa dijo?
- ¡Braccas meas vescimini! - Le grito Percy en respuesta.
Comete mis pantalones, en latín o al menos sería una traducción cercana. Al parecer las clases de Quirón en la escuela de Percy le sirvieron, buen latín.
Una explosión sacudió el autobús. El cabello se me erizo en la parte de atrás de mi cuello.
Oh, no ...
- ¡A fuera! ¡Ahora! - Annabeth nos gritó. No necesitaba ninguna otra razón.
Corrimos afuera y encontramos a los demás pasajeros deambulando en un estupor, discutiendo con el conductor, o dando vueltas en círculos gritando: - ¡Vamos a morir! -
Exagerados ... ¡Nosotros vamos a morir!
Un turista de camisa hawaiana con una cámara chasqueo una fotografía antes de que pudiera guardar mis nudilleras, el látigo de la Furia o Percy su espada.
Sinceramente, genial.
- ¡Nuestros bolsos! - Grito Grover alarmado. - Dejamos nuestros ... -
¡BOOOOOM!
Creo que es un poco tarde ...
Cuando las ventanas del autobús explotaron los pasajeros se pusieron a cubierto. Un relámpago hizo un enorme cráter en el techo, pero un furioso grito desde el interior me dijo que la Furia aún no estaba muerta.
- ¡Ella esta pidiendo ayuda! - Grito Annabeth.
- ¡Corramos! ¡Salgamos de aquí! - Vociferó Percy.
Nos sumergimos en los bosques mientras llovía, con el autobús en llamas detrás de nosotros, y nada más que oscuridad por delante.
¡Que buen comienzo!
...
