El sol ya se estaba hundiendo tras las montañas para cuando llegamos al parque acuático. Puedo juzgar que por el cartel que alguna vez se llamó originalmente "WATERLAND", pero algunas de las letras se han ido perdiendo con el pasar de los años, y ahora solo se podía leer "WAT R A D".
No sabía el porqué, pero eso me pareció gracioso, hehe.
La puerta principal estaba cerrada con candado y protegida con alambre de púas para los invasores. En el interior había enormes y secos toboganes, los tubos y tuberías se enroscaban en todas partes en dirección a unas piscinas vacías. Viejas entradas y anuncios revoloteaban alrededor del asfalto. Con la llegada de la noche, el lugar tenia un aspecto fúnebre y ominoso. Nada bueno podría salir de aquí ...
Pero aún así tenemos que ir, que gran vida la de un semidiós, ¿Eh?
- Si Ares de verdad trajo a su novia aquí para una cita. - Comenzó a decir Percy mirando el alambre de púas de la entrada bloqueada. - Ni siquiera me quiero imaginar como luce ella. -
- Percy. - Dijo Annabeth en un tono de advertencia. - Tienes que ser mas respetuoso. -
- Curioso. - Comente mirándola. - Pensé que odiabas a Ares. -
- Sigue siendo un dios a pesar de todo, y su novia es muy temperamental. -
- No querrás insultar su apariencia. - Añadió Grover en un tono soñador.
- ¿Quien es entonces? ¿Equidna? - Bromeó Aquaboy.
Aunque sería gracioso pensar en eso, sentía que la respuesta sería más obvia de lo que creía.
- No, es Afrodita. - Dijo Grover aún con su tono embelesado. - La diosa del amor. -
- Pensé que estaba casada con alguien. - Dije frunciendo el ceño recordando las historias de la Hermana Ilia. Afrodita … Venus, entonces su esposo era Vulcano. - Hefesto, ¿No es así? -
- ¿Cual es el punto? - Dijo en respuesta.
- Oh. - Percy y yo nos miramos incómodamente, y de repente sentí la necesidad de cambiar de tema. - Entonces, ¿Como entramos a este lugar? -
- ¡Maya! - De repente de los zapatos de Grover brotaron alas ante su comando.
Voló por encima de la cerca, haciendo unas volteretas innecesarias en el aire y tropezando al aterrizar al otro lado en una plataforma. Se limpio sus pantalones como si hubiese planeado todo.
- Vamos, chicos. Se están tardando. - Dijo con una sonrisa un poco engreída.
Con que así quieres jugar, ¿Eh?
Percy, Annabeth y yo tuvimos que entrar de la forma tradicional, lo cual implica escalar la verja. Teníamos que sujetarnos el uno al otro el alambre de púas para poder pasar por debajo sin recibir ningún pinchazo.
Las sombras parecían crecer mientras caminábamos por el parque, examinando las atracciones del lugar. Habíamos pasado por "La Isla de lo Mordedores de Tobillos", "Los Pulpos Locos" y "Encuentra tu Bañador".
Por algún milagro, ningún monstruo se acercó a nosotros. No había nada más que silencio en este sitio. Eso solo me hizo sentir más preocupado que seguro. Encontramos una tienda de recuerdos que habían dejado abierta. Las mercancías seguían ordenadas en sus estantes: globos de nieve, lápices, postales, e hileras de ...
- Ropa. - Dijo Annabeth mirando fijamente los percheros de ropa. - Ropa limpia. -
- Si. Pero no puedes simplemente … - Comenzó a decir Percy, antes de que la listilla lo interrumpiera.
- Solo mírame. - Dijo ella desafiante antes de tomar un poco de ropa de un estante y desaparecer dentro de un vestidor.
Percy lucia indignado, eso me hizo reír levemente.
Unos minutos después regreso con unos shorts de Waterland con flores impresas, una camiseta roja de Waterland y unos zapatos conmemorativos de Waterland también.
- ¿Saben que? - Comencé a decir. - No vendría mal un poco de ropa fresca. -
- Por los dioses del Olimpo, claro que no. - Concordó el G-Man completamente de acuerdo conmigo. Y en cuestión de minutos estábamos completamente vestidos con ropa publicitaria del parque.
Usaba una camisa manga larga de color de blanco. Unos shorts grises con nubes impresas, con otra camiseta manga larga de color azul atada a mi cintura. Y como no, unos zapatos nuevos. Cabe destacar que todos los artículos tenían el sello publicitario de Waterland. Sep, todo combinaba muy bien con mi antifaz verde en la cabeza.
Continúanos nuestra búsqueda del Túnel del Amor. Aunque, me dio la impresión de que el parque me estaba respirando en la nuca.
- Entonces, Ares y Afrodita. - Comenzó a decir Percy, como para distraerse de la oscuridad infinita del parque. - ¿Ellos tienen algo? -
- Eso es chisme muy viejo, Percy. - Le respondió Annabeth rodando los ojos. - Un chisme de tres mil años. -
- ¿Y que hay con el esposo de Afrodita? ¿Hefesto? - Pregunté un poco interesado, es decir, tu esposa se la pasa muy cariñosa con otro (cabe destacar que el otro es su hermano) en vez de estar contigo, no me quiero imaginar el cómo se siente el pobre Hefesto.
- Bueno, ya sabes ... - Ella empezó a decir. - Hefesto. El dios herrero. Se quedó lisiado cuando era bebé, cuando Zeus lo tiró desde el Monte Olimpo. Así que digamos que no es exactamente guapo. Bastanate hábil con sus manos, y todo eso, pero Afrodita no se fija en los listos con talento, ¿Sabes? -
- Le gustan los motoristas. - Comentó Percy.
- Lo que digas. -
- ¿Y Hefesto lo sabe? - Pregunté preocupado.
- Oh, claro que sí. - Respondió Annabeth. - Una vez los encontró juntos una vez. Quiero decir, literalmente los encontró juntos, infraganti. Entonces los atrapó con una red de oro, e invito a todos los dioses para que se rieran de ellos. Hefesto siempre intenta ridiculizarlos. Por eso se encuentran en lugares apartados,
como ... - Su voz se apagó mientras miraba justo hacia al frente. - Exactamente como ese. -
Era una piscina que habría sido alucinante para patinar, de por lo menos cuarenta y cinco metros de ancho y con forma de cuenco. Alrededor del borde, una docena de estatuas de Cupido montaba guardia con las alas desplegadas y los arcos listos para disparar. Al otro lado se abría un túnel, por el que probablemente corría el agua cuando la piscina estaba llena. Tenía un letrero que decía: "EMOCIONANTE atracción DEL AMOR: ¡ÉSTE NO ES EL TÚNEL DEL AMOR DE TUS PADRES!".
Grover se acercó hacia el borde. - Chicos, deben ver esto. -
Abandonado en el fondo de la piscina había algo rosado y blanco, un barco de dos plazas con un dosel por arriba lleno con pequeños corazones. En el asiento izquierdo, brillando en la penumbra de la tarde, estaba
el escudo de Ares, un circunferencia de bronce pulido.
- Esto es demasiado fácil. – Dije teniendo un mal presentimiento sobre todo esto. - ¿Así que solo hay que bajar, tomarlo y todo listo? -
Annabeth pasó los dedos por la base de la estatua de Cupido más cercana. - Aquí hay una letra griega grabada - dijo. - Eta. Me pregunto … -
- Grover. - Llamó Percy. - ¿Hueles algún monstruo? -
Empezó a olisquear el aire. - Nada. - Concluyó.
- ¿Nada como cuando estábamos en el arco y no olfateaste a Equidna, o nada de verdad? - Siguió cuestionando Aquaboy.
Grover se veía entre herido y molesto por el comentario. - Se los dije, eso fue bajo tierra. - Refunfuñó.
- Percy. - Dije mirando al susodicho por su comentario tan insensible.
- Vale, lo siento. - Respiró hondo y dijo, - Voy a bajar. -
- Te acompaño. - Grover no parecía demasiado entusiasta cuando lo dijo pero me dio la impresión de que intentaba enmendarse por lo sucedido en San Luis.
- No. - Le dijo Aquaboy. - Te quedarás arriba con las zapatillas voladoras. Eres el Barón Rojo, un as del aire, ¿Recuerdas? Cuento contigo para que me cubras, por si algo sale mal. -
A Grover se le hinchó el pecho. - Claro. Pero ¿qué puede ir mal? -
- No digas eso, por favor. - Suplique. Lo último que necesitamos es tentar a la suerte.
- No lo sé. Es un presentimiento. Annabeth, ven conmigo. - Dijo Percy mirando a la listilla.
¿Oh? Creí que me pediría a mí que lo acompañara.
- ¿Estás de broma, verdad? - Dijo Annabeth en respuesta.
- ¿Cual es el problema? - Le pregunte curioso. La listilla parecía alguien testaruda que no se dejaría vencer por ningún desafío, pero esta vez parecía renuente a bajar para simplemente recoger algo e irse.
- Yo, con Percy en … - Ella se sonrojó ligeramente. - En la "emocionante atracción del amor"? Me da vergüenza. ¿Y si me ve alguien? -
Bueno, si lo pone así a mí tampoco me hubiese gustado acompañar a Aquaboy … Lo siento Percy, que la fuerza te acompañe.
- ¿Quién te va a ver? - Le cuestiono Percy, pero note que también se sonrojó un poco por aquel minúsculo detalle. - Vale. - Le dijo enfurruñado. - Lo haré solo. -
Aquaboy comenzó a bajar a la piscina. Iba a ir a acompañarlo para ayudarlo, pero Annabeth se me adelantó. Ella lo seguía mientras murmuraba algo sobre que las chicos como Percy siempre hacen más cosas más problemáticas.
Desde el borde junto a Grover los vi a ambos llegar hasta el bote donde estaba el escudo de Ares. Espero que lo recojan rápido y no vayamos de aquí lo antes posible, este lugar me daba escalofríos.
De repente vi a Percy levantar un chal de mujer, era de un rosa brillante que se podía ver desde kilómetros. Aquaboy parecía muy interesado en aquel objeto hasta que Annabeth se lo quitó y se lo metió en su bolsillo, además de regañar un poco a Percy por alguna razón.
- ¿Qué les pasa? ¿Están discutiendo? - Me pregunté en voz alta.
- No lo sé, pero espero que salgan de ahí pronto. - Dijo Grover mirando los alrededores. - No huelo monstruos cerca, pero aún así este lugar logra ponerme las pezuñas frías. -
- Ya somos dos, G-Man. -
Sin embargo, cuando vi a Percy recoger el escudo de Ares se produjo un sonido chirriante de un millón engranajes que comenzaban a funcionar, como si la piscina estuviera convirtiéndose en una máquina gigante.
Era una trampa.
- ¡Cuidado, chicos! - Gritamos Grover y yo al unísono.
Arriba, en el borde, las estatuas de Cupido tensaban sus arcos en posición de disparo. Sin darles tiempo a Percy y a Annabeth a ponerse a cubierto, y dispararon, por un momento creí lo peor pero gracias a Hestia no apuntaban hacia ellos sino unas a las otras, a ambos lados de la piscina. Las flechas arrastraban cables sedosos que describían arcos sobre la piscina y se clavaban en el borde, formando un enorme entramado dorado. Entonces, por arte de magia, empezaron a tejerse hilos metálicos más pequeños, entrelazándose hasta formar una red.
- ¡Salgan de ahí! – Grite, no sabía que iba pasar y sinceramente no quiero averiguarlo con ellos ahí.
Percy y Annabeth salieron corriendo hacia nosotros, pero subir por los lados de la piscina no era tan fácil como bajar.
- ¡Vamos! - Les gritó Grover en pánico.
G-Man y yo intentamos ayudar para abrirles paso a través de la red rasgandola, pero no hubo resultados. Cada vez que Grover intentaba tocar los hilos dorados le envolvían las manos, en cambio yo use mi lanza, Diathikes, pero obtuve los mismos resultados.
De repente, las cabezas de los cupidos se abrieron y de su interior salieron videocámaras y focos que iluminaron el lugar donde estaban Percy y Annabeth al encenderse. Un altavoz retumbó: "Retransmisión en directo para el Olimpo dentro de un minuto… Cincuenta y nueve segundos, cincuenta y ocho…"
- ¡Hefesto! - Gritó Annabeth. - ¡Cómo no me di cuenta antes! Eta es hache. Fabricó esta trampa para sorprender a su mujer con Ares. ¡Ahora van a retransmitirnos en vivo al Olimpo y quedaremos como idiotas totales! -
Me gustaría más que pensara más en la seguridad de ambos que en su reputación.
Casi habían llegado al borde, cuando de pronto los espejos en hilera se abrieron como trampillas y de ellas emergió un torrente de diminutas cosas metálicas … Y Annabeth soltó un grito de horror que posiblemente resonó en todo el parque.
Tanto Grover y yo pensamos lo peor … Pero eran arañas. Arañas de metal.
- Oh, no … - Escuché a Grover murmurar con los ojos saltones. - Esto es malo … - Ni siquiera tuve tiempo preguntarle a qué se refería cuando los gritos de pánico de Annabeth se volvían cada vez más horribles.
Las arañas parecían un ejército de bichitos de cuerda: cuerpos de bronce, patas puntiagudas y afiladas pinzas, y se dirigían hacia Percy y Annabeth en una estampida, en una oleada de chasquidos y zumbidos metálicos.
- ¡Arañas! - Exclamó Annabeth, despavorida. - ¡A–aaa–raaaaa…! -
Creo que estaba dando cuenta a los que se refería Grover, mientras que yo le temía a la oscuridad, Annabeth parecía tenerle miedo a las arañas porque nunca la había visto así antes. Ella trastabilló y cayó hacia atrás, presa del pánico, y las arañas robot casi la cubrieron completamente antes de que Percy lograse levantarla y tirar de ella hacia el bote.
- ¡Grover! - Llamé. - ¡Vuela, busca una apertura por el aire. -
- ¡Maya! - Al instante alas salieron de sus zapatillas y tomó vuelo. Espero que pueda sacarlos de ahí rápido antes de que las cosas se pongan peor.
Pero lamentablemente las cosas si fueron para el sur, aquellas arañas seguían apareciendo por doquier, miles de ellas, bajando sin cesar a la piscina y rodeándolos. Tenia la tonta esperanza de que probablemente no estaban programadas para matar, sólo para acorralarlos, morderlos y hacerlos parecer idiotas, ya saben, una pequeña broma. Pero esa esperanza se esfumó cuando caí en la cuenta de que era una trampa para dioses. Y ninguno de nosotros aquí era un dios por supuesto.
Ante esa conclusión, mis esfuerzos de perforar la red con mi lanza aumentaron. - ¡Vamos, rómpete! -
Vi como Percy subía a Annabeth al bote y empezaba a apartar arañas a patadas a medida que se acercaban. Escuchaba los gritos de Aquaboy llamando a Annabeth para que lo ayudara, pero estaba paralizada de miedo y sólo podía gritar.
"Treinta, veintinueve, veintiocho …" - Proseguía el altavoz.
Luego, las arañas empezaron a escupir filamentos de metal buscando atraparlos. Al principio parecía fácil zafarse, pero el problema era que había demasiadas y no importaba cuantas apartaba Percy, nuevas salían para molestar. Y con Annabeth como un peso muerto, hacia aún más difícil la situación.
Grover revoloteaba por encima de la piscina con las zapatillas voladoras, intentando perforar la red desde las alturas, pero no cedía.
"Quince, catorce, trece …" Contaba sin pausa el altavoz consiguiendo irritarme aún más en esta situación tan frustrante.
Si yo hubiese bajado en vez de Annabeth las cosas hubiesen sido diferentes …
- ¡Dio! – Pero antes de poder sumergirme en mis pensamientos, el grito de Percy me saca a la realidad. - ¡Ve a la cabina y busca el botón de encendido! -
- ¿Qué? Pero... - Traté de refutar, si el está pensando lo que creo que esta pensando, esta puede ser una idea tan buena que puede ser realmente mala.
- ¡Solo hazlo! - Era una esperanza loca, pero al parecer era nuestra única opción en esta situación. Las arañas ya estaban rodeando el bote por completo y Annabeth seguía gritando como loca. Tenían que salir de ahí ahora.
Así que salí corriendo hacia la cabina, apenas entré empecé a presionar botones a lo loco para accionar el agua de las tuberías pero … Nada pasaba.
- Cinco, cuatro… - Y el sonido del altavoz solo me desesperaba aún más.
Mi vista se conectó con la de Percy, le hice señas de que había presionado todos los botones pero aún no ocurría nada. Pero lo vi a él cerrando los ojos, como si aceptase su destino.
No …
- ¡Dos, uno, cero! - Finalizó el altavoz.
Las tuberías se sacudieron de repente y el agua inundó con un rugido la piscina de manera milagrosa, arrastrando las arañas. Aún había esperanzas.
Percy tiró de Annabeth para sentarla a su lado en el bote y le abrocho el cinturón justo cuando la primera ola les cayó encima y acabó con todas las arañas. El bote viró, se levantó con el nivel del agua y dio vueltas en círculo encima del remolino. El agua estaba llena de arañas que chisporroteaban en cortocircuito, algunas con tanta fuerza que incluso explotaban. Los focos los iluminaban y las cámaras Cupido filmaban en directo para el Olimpo.
Bueno … Es hora del show.
Pero yo solo me podía concentrar en como Percy parecía controlar el bote a voluntad. Dieron una última vuelta cuando el nivel del agua era casi tan alto como para cortarlos en juliana contra la red. Entonces la proa viró en dirección al túnel y se lanzaron a toda velocidad hacia la oscuridad.
- Ay, no … - Murmuré preocupado. - ¡Grover, vayamos hacia la piscina de salida! -
- ¡Bien! – Me respondió desde el cielo el Barón Rojo, y ambos nos embarcamos a recibirlos al otro lado del túnel del amor para ayudarlos en lo que podamos.
Desde las afueras de la recta final del túnel, sentí un gran peso en mis hombros y un leve ardor en mis ojos. Vi mi reflejo en el agua y noté que mis ojos se volvieron aquellas extrañas cruces doradas.
Estaba inquieto y asustado, ¿Y cómo no estarlo con el pequeño gran problema que tenemos al frente?
Si la atracción hubiese estado en funcionamiento, Percy y Annabeth habrían llegado a una rampa entre las Puertas Doradas del Amor y, de allí, chapoteado sin problemas hasta la piscina de salida.
Pero como siempre, había un problema.
Las Puertas del Amor estaban cerradas con una cadena. Un par de botes que al parecer habían salido del túnel antes que ellos dos se habían estrellado contra las puertas: uno estaba medio sumergido, y el otro partido por la mitad.
- ¡Quítate el cinturón! - Escuche Percy gritar.
Solo pude pensar; - '¡Esta loco!' -
- ¡¿Estás loco?! - Exclamó Annabeth, de acuerdo conmigo.
Las grandes mente piensan igual. Pero eso no es lo importante, creo que entiendo lo que Aquaboy quiere hacer. Solo espero que funcione.
Su idea era tan sencilla como demencial: cuando el bote choque con las puertas, aprovecharían el impulso como si fuese un trampolín y saltarían por encima de la puerta. Jamás había oído que nadie sobreviviera a impactos de esa magnitud, arrojados a diez o doce metros del lugar del accidente. Pero ellos, con un poco de suerte, aterrizarán en la piscina.
Sin embargo, si algo sale mal …
- ¡Grover! - El chico cabra me miró desde el aire. - ¡Ellos van a hacer una locura, pero puede que sea lo único que los salve ahora! ¡Atrápalos! -
- ¡Entendido! -
Mire al frente y vi lo rápido que se acercaban, era ahora o nunca.
- ¡Ahora! - De repente, escucho el grito de Annabeth, y al instante ella y Percy saltaron.
Ellos saltaron con un gran impulso, desafortunadamente, fue más de lo necesario. Su bote chocó contra la pila de escombros de los demás barcos destrozados y salieron volando violentamente por el aire, justo por encima de las puertas y la piscina, directamente hacia el sólido asfalto.
Afortunadamente, algo los agarró por detrás. ¡El gran Barón Rojo Cabrío al rescate!
- ¡Ouch! - Gritó Annabeth.
- ¡Grover! - Grito Percy.
En pleno vuelo los había atrapado, a Percy por la camisa y a Annabeth por el brazo, e intentaba evitarles un aterrizaje forzoso, pero ellos dos salieron con demasiado impulso.
- ¡Son demasiado pesados! - Dijo Grover. - ¡Nos caemos! -
¡No si yo puedo evitarlo!
Descendieron al suelo haciendo espirales, Grover esforzándose por amortiguar la caída. Yo me coloque en posición para atraparlos, pero no tome en cuenta su impulso. Desgraciadamente me llevaron consigo en el aterrizaje y chocamos contra un tablón de fotografías, y la cabeza de Grover se metió directamente en el agujero donde se asomaban los turistas para salir en la foto como Noo–Noo la ballena simpática. Percy y Annabeth tuvieron la fortuna de caer sobre mi, aplastandome contra el suelo. Fue un duro impacto, pero todos estábamos vivo y bien, y el escudo de Ares estaba en las manos de Aquaboy, así que misión cumplida. En cuanto recuperamos el aliento, liberamos a Grover del tablón. Percy y Annnabeth le dieron las gracias por salvarles la vida, pero Grover desestimó el gesto diciendo que fue mi idea.
- Fue trabajo en equipo. - Sonreí, pero sentí una punzada de dolor. El impacto había sido muy fuerte al parecer. - Además, no iba dejar que les pasara nada a ustedes dos. -
Percy me miró con una sonrisa sincera, por otro lado Annabeth parecía verme de manera diferente, casi como si me respetara. Bueno, debería de hacerlo, literalmente ellos amortiguaron su caída con mi pobre cuerpo. No me caería mal un poco de respeto.
Me volteé para contemplar la Emocionante Atracción del Amor. El agua remitía. El bote que habían usado Percy y Annabeth, estrellado contra las puertas, yacía hecho trizas flotantes en la piscina. No pude evitar hacer una mueca, si ellos no hubieran saltado en el momento justo … Sacudí esos pensamientos de mi mente, es mejor no pensar en el "Y si", lo importante es que todos estamos bien y completamos la tonta búsqueda del escudos de Ares.
Cien metros más allá, en la piscina, los cupidos seguían filmando. Las estatuas habían girado de manera que las cámaras y las luces nos enfocaban.
- ¡La función ha terminado! - Grito Percy. - ¡Gracias! ¡Buenas noches! -
Levante mi mano en señal de despedida con una sonrisa. - ¡Sintonizarnos la próxima semana por más! -
Los cupidos regresaron a sus posiciones originales y las luces se apagaron. El parque quedó tranquilo y oscuro otra vez, excepto por el suave murmullo del agua en la piscina de salida de la Emocionante Atracción del Amor. Me pregunté si el Olimpo habría pasado a publicidad y si habríamos estado bien de audiencia.
Mire el escudo en las manos de Percy. Será mejor acabar con esto.
- Creo que necesitamos tener
una pequeña charla con nuestro queridísimo primo Ares. -
...
El dios de la guerra nos esperaba en el aparcamiento del restaurante.
- Bueno, bueno. - Dijo Ares sonriendo con altanería. - No os han matado. -
- Sabías que era una trampa. - Le espetó Percy.
Ares sonrió maliciosamente en respuesta. - Seguro que ese herrero lisiado se sorprendió al ver en la red a un par de niños estúpidos. Das el pego en la tele, chaval. -
- Estoy seguro de que alegramos más al Olimpo con nuestra función que con tu presencia. – Dije cruzado de brazos.
Annabeth y Grover contuvieron el aliento como si no esperaran eso de mí. Ares me miró y la hija de Atenea y el chico cabra esperaron lo peor, pero el dios de la guerra solo rio gratamente.
- Como se esperaba del hijo de Hestia, tiene un lado oculto. Esa ira, ese remordimiento, esa furia contenida. Todo eso le pertenece a ella, de todos los dioses mayores ella es la peor, ¿Sabes por qué? - Ares sonrió más ampliamente. - Después de todo, ella es … -
- Eres un idiota. - Percy le arrojó su escudo antes de pudiera terminar, segundo pensando de que iba a insultar a mi madre.
Aunque una parte de mí me dijo que el no iba insultarla (si sabe lo que le conviene claro), sino que iba decir otra cosa. Pero ahora me he quedado con la intriga.
Annabeth y Grover parecían que se iban a desmayar por las acciones de Aquaboy y las mías.
Ares agarró el escudo y lo hizo girar en el aire como una masa de pizza. Cambió de forma y se convirtió en un chaleco antibalas. Se lo colocó por la espalda.
- ¿Ves ese camión de ahí? - Señaló un tráiler de dieciocho ruedas aparcado en la calle junto al restaurante. - Es vuestro vehículo. Os conducirá directamente a Los Ángeles con una parada en Las Vegas. -
El camión llevaba un cartel en la parte trasera, que pude leer sólo porque estaba impreso al revés en blanco sobre negro, una buena combinación para la dislexia: "AMABILIDAD INTERNACIONAL: TRANSPORTE DE ZOOS HUMANOS. PELIGRO: ANIMALES SALVAJES VIVOS."
- Tienes que estar bromeando. – Dije mirando a Ares incrédulo.
Ares chasqueó los dedos. La puerta trasera del camión se abrió. - Billete gratis, idiota. Deja de quejarte. Y aquí tienes estas cosillas por hacer el trabajo. -
Sacó una mochila de nailon azul y me la lanzó. Contenía ropa limpia para todos, veinte pavos en metálico, una bolsa llena de dracmas de oro y una bolsa de galletas Oreo con relleno doble.
Okay, me compro con las oreos …
- No quiero tus cutres… - Empezó a decir Percy luego de ver el contenido del bolso.
- Gracias, señor Ares. – Saltó diciendo Grover. Todos les dedicábamos una mirada de advertencia a Percy, quizás no me agradaba Ares, pero no le diré que no a souvenirs gratis.
- Si. – Dije echándome la mochila al hombro. - Muchísimas gracias. - Parle con un toque de sarcasmo.
A Percy le rechinaron los dientes. No hay que ser un genio para saber que detestaba a Ares. Con un suspiro le puse una mano en su hombro para calmarlo. El me miró molesto, pero a los segundos suspiró y se calmó, aunque seguía perforando al dios de la guerra con la mirada.
Suspiré, sabía que su ira se debía a la presencia de Ares, pero al parecer mi presencia atenuaba un poco esa furia. Sin embargo, eso no significaba que fuese completamente inmune a la aura del dios. Cada vez que miraba al dios de la guerra, me invadía una gran ira como este decía. Ares me recordaba a ese tipo de personas que le gustan hacerle la vida imposible a los demás y que disfruta del sufrimiento que eso conlleva.
Quisiera patear sus cara, pero no podía. Así que suspiré para calmarme.
Miré el restaurante, que ahora tenía sólo un par de clientes. La camarera que nos había servido la cena nos miraba nerviosa por la ventana, como si temiera que Ares fuera a hacernos daño. Sacó al cocinero de la cocina para que también mirase. Le dijo algo. Él asintió, levantó una cámara y nos sacó una foto.
- Genial. - Pensé. - Mañana otra vez en los periódicos. - Ya me imaginaba el titular: Delincuentes juveniles propinaron paliza a motorista indefenso.
- Me debes algo más. - Le dijo Percy a Ares. - Me prometiste información sobre mi madre. -
¡Cierto! Era la razón principal por la cual cumplimos el tonto capricho de Ares, información sobre Sally. Quizás nos ayude para sacarla del reino de Hades.
- ¿Estás seguro de que la soportarás? - Pregunto Ares sonriendo con sarcasmo mientras arrancaba la moto. - No está muerta. -
Jamás creí que unas simples tres palabras pudieran abrumarme tanto, pero mira. Casi me desmayó con esa información, y al parecer no era el único, porque Percy parecía que su mundo le daba vueltas cuando escuchó lo dicho por el dios de la guerra.
- ¿Qué quieres decir? - Cuestioné con seriedad. Si esto era una broma iba a sacar mis nudilleras y destrozarle aquella sonrisa a Ares.
- Quiero decir que la apartaron de delante del Minotauro antes de que muriese. La convirtieron en un resplandor dorado, ¿no? Pues eso se llama metamorfosis. No muerte. Alguien la tiene. -
- ¿La tienen? ¿Qué quieres decir? - Pregunto esta vez Percy saliendo de su estupor.
- Necesitas estudiar los métodos de la guerra, idiota. Rehenes … Secuestras a alguien para controlar a algún otro. -
- Nadie me controla. - Fue la respuesta de Aquaboy. En su voz se denotaba irritación.
Ares se rió. - ¿En serio? ¿Nadie? Mira alrededor, chaval. -
No pude evitar fruncir el ceño, no importa que tanto me moleste Ares, el tenia razón en algo. Mire a Percy, el cual parecía que quería saltarle encima al dios. Ugh, al parecer tengo que hacer algo para evitar que le hagan algo.
- Eres bastante presuntuoso, señor Ares, para ser un tipo que huye de estatuas de Cupido. - Dije mirándolo, atrayendo su atención hacia mí.
Tras las gafas de sol del dios, el fuego ardió. Sentí un viento cálido en el pelo. Mis ojos ardieron al sentir el peligro, y al instante el dios de la guerra y yo teníamos una competencia de miradas. Los ojos de fuego se encontraron con los ojos con pupilas doradas en forma de cruces. Y aunque puede que haya sido mi imaginación, pero me pareció ver que la postura de Ares vaciló por un momento.
- Volveremos a vernos, Diomedes Wilson, Percy Jackson. La próxima vez que vayan a una batalla, no descuiden su espalda. - Dijo Ares pero antes de acelerar la Harley me miró directamente. - Me irrita que tengas esas armas en tu disposición. Tan fino armamento desperdiciado en un mocoso, pero no todo es malo. Algún día veré si de verdad vales la pena matar. - Y luego salió con un rugido por la calle Delancy.
El me acaba de … ¿Amenazar?
- Eso no ha sido muy inteligente, chicos. Especialmente tu, Dio, ¡Literalmente el dios de la guerra quiere tu cabeza! - Dijo Annabeth catatónica.
- Me da igual. - Respondió Percy. Por mi parte me encogí de hombros. Que Ares venga de frente, yo lo esperaré.
- Dio, No quieras tener a un dios de enemigo. Especialmente ese dios. - Advirtió Annabeth con seriedad, y puede que con algo de preocupación.
- Eh, chicos. - Intervino Grover. - Detesto interrumpirlos, pero … -
Señaló al comedor. En la caja registradora, los dos últimos clientes pagaban la cuenta, dos hombres vestidos con idénticos monos negros, con un logo blanco en la espalda que coincidía con el camión: "AMABILIDAD INTERNACIONAL."
- Si vamos a tomar el expreso del zoo. - Prosiguió diciendo Grover. - Pues debemos de darnos prisa. -
No me gustaba nuestro pasaje gratis, pero no tenía otra opción. Además, ya había tenido suficiente Denver. Cruzamos la calle corriendo, subimos a la parte trasera del camión y cerramos las puertas.
Este sería un largo viaje.
