Una lancha guardacostas nos recogió, pero estaban demasiado ocupados para retenernos mucho tiempo o preguntarse cómo cuatro chavales vestidos con ropas de calle habían aparecido en medio de la bahía. Había que ocuparse de aquel desastre. Las radios estaban colapsadas con llamadas de socorro.
Nos dejaron en el embarcadero de Santa Mónica con unas toallas en los hombros y botellas de agua en las que se leía: "¡SOY APRENDIZ DE GUARDACOSTAS!", que agradables sujetos. Luego se marcharon a toda prisa para salvar a más gente.
Teníamos la ropa empapada, eso incluía a Percy. De alguna forma Aquaboy pudo controlar su habilidad mágica para permanecer seco, hubiese causado muchas preguntas si sacaban a un chico completamente seco del agua.
Otra cosa a destacar que que iba descalzo, pues le había dado mis zapatos a Grover. Mejor que los guardacostas se preguntaran por qué uno de nosotros iba descalzo que por qué el otro tenía pezuñas.
Nos desplomamos sobre la arena y observamos la ciudad en llamas, recortada contra el precioso amanecer. Me sentía como si acabara de volver de entre los muertos; cosa que habíamos hecho literalmente. La mochila me pesaba por el rayo maestro, pero el corazón aún me pesaba más después de haber visto a Sally. Y sabia que no era el único que se sentía así.
- No puedo creerlo. - Comentó Annabeth desganada. - Hemos venido hasta aquí para ... -
- Fue una trampa. - Dijo Percy. - Una estrategia digna de Atenea. -
- ¡Eh! - Le advirtió ella.
- Cuando Aquaboy tiene razón, tiene razón, ¿No lo pillas? - Dije yo superficialmente con mi mirada fija en el atardecer.
Bajó la mirada y se sosegó. - Sí. Lo pillo. -
- ¡Bueno, pues yo no! - Se quejó Grover. - ¿Van a explicarme alguno de ustedes ... ? -
- Percy. - Dijo Annabeth. - Siento lo de tu madre. No te puedes imaginar cuánto ... -
Fingí no escuchar sobre la conversación, no quería hablar de Sally ahora. Había otras cosas en que centrarse.
- La profecía tenía razón, ¿Verdad? - Añadí. - "Irás al oeste, donde te enfrentarás al dios que se ha rebelado". Pero no era Hades. -
Percy tomó la palabra desde ahí. - Hades no deseaba una guerra entre los Tres Grandes. Alguien más ha planeado el robo. Alguien ha robado el rayo maestro de Zeus y el yelmo de Hades, y me ha cargado a mí el mochuelo por ser hijo de Poseidón. Le echarán la culpa a Poseidón por ambas partes. Al atardecer de hoy, habrá una guerra en tres frentes. Y la habré provocado yo.
Grover meneó la cabeza, alucinado. Luego preguntó: - ¿Quién podría ser tan malvado? ¿Quién desearía una guerra tan letal? -
- Veamos, ¿Quien podría ser? Solo déjame pensarlo ... O mejor dicho, encontrarlo. - Dije con un toque de sarcasmo mirando alrededor.
Y ahí estaba, esperándonos, enfundado en el guardapolvo de cuero negro y las gafas de sol, un bate de béisbol de aluminio apoyado en el hombro. La moto rugía a su lado, y el faro volvía rojiza la arena.
- Eh, chavales. - Nos llamó Ares, al parecer complacido de vernos. - Deberían estar muertos. - Aunque parecía que hablaba con Percy y conmigo.
- Tu ... ¿Como has podido? - Le pregunté pero el dios solo sonrió descaradamente.
- Nos has engañado. - Dijo Percy. - Has robado el yelmo y el rayo maestro. -
Ares sonrió. - Bueno, a ver, yo no los he robado personalmente. ¿Los dioses toqueteando los símbolos de otros dioses? De eso nada. Pero tú no eres el único héroe en el mundo que se dedica a los recaditos.
- ¿A quién utilizaste? ¿A Clarisse? - Cuestionó Aquaboy. - Ella estaba allí en el solsticio de invierno. -
Ares en vez de contestar, sonrió. La idea pareció divertirle.
- No importa. Mira, chaval, el asunto es que estás impidiendo los esfuerzos en pos de la guerra. Verás, tenías que haber muerto en el inframundo. Entonces, el viejo Alga se hubiese cabreado con Hades por matarte. Aliento de Muerto hubiera tenido el rayo maestro y Zeus estaría furioso con él. Pero Hades aún sigue buscando esto ... - Se sacó del bolsillo un pasamontañas, del tipo que usan los atracadores de bancos, y lo colocó en medio del manillar de su moto, donde se transformó en un elaborado casco guerrero de bronce.
- El yelmo de la oscuridad. - Dijo Grover, ahogando una exclamación.
- Exacto. - Replicó Ares. - A ver, ¿Por dónde iba? Ah, sí, Hades se pondrá hecho un basilisco tanto con Zeus como con Poseidón, ya que no sabe cuál le robó el yelmo. Muy pronto habremos organizado un bonito y pequeño festival de mamporros.
- ¡Pero si son tu familia! - Protestó Annabeth.
- A este tipo lo que menos le importa ahora es su familia. - Dije con el ceño fruncido.
Ares se encogió de hombros ante mis palabras. - Los enfrentamientos dentro de una misma familia son los mejores, los más sangrientos. No hay como ver reñir a tu familia, es lo que digo siempre. -
- Me diste la mochila en Denver. - Dije antes de preguntarle. - Pero el rayo maestro no apareció hasta ahora, ¿Como?
- Simple. - Contestó Ares. - Aunque, quizás sea demasiado complicado para tu pequeño cerebro mortal, pero debes saber que la mochila es la vaina del rayo maestro, sólo que un poco metamorfoseada. El rayo está conectado a ella, de manera parecida a la espada del hijo del barba de percebes, niño. Siempre regresa a su bolsillo, ¿No es así? -
Percy frunció el ceño. No estaba seguro de cómo Ares sabía aquello, pero supongo que un dios de la guerra suele estar informado sobre las armas.
Por alguna razón me imaginé a Ares en un súper mercado de armas leyendo un catálogo de armas tanto antiguas como modernas, mientras se arreglaba su cara para ser más horrible para sus enemigos.
Déficit de atención, no ahora por favor.
- En cualquier caso. - Prosiguió Ares. - Hice unos pequeños ajustes mágicos a la vaina para que el rayo sólo volviera a ella cuando llegarán al inframundo. De ese modo, si hubiesen muerto por el camino no se habría perdido nada y yo seguiría en posesión del arma. -
- Pero, ¿Por qué simplemente no conservaste el rayo maestro? - Pregunté. - ¿Para qué enviarlo a Hades? -
De repente, Ares se quedó absorto y pareció estar escuchando una voz interior.
- ¿Por qué no ...? Claro ... Con ese poder de destrucción ... - Seguía absorto. Intercambié miradas con Percy y Annabeth, pero de pronto Ares salió de su extraño trance. - Porque no quería problemas. Mejor que te pillaran a ustedes con las manos en la masa, llevando el trasto. -
- Mientes. - Dije, algo se sentía realmente mal con Ares.
- A la final. - Hablo Percy. - Enviar el rayo maestro al inframundo no fue idea tuya. -
- ¡Claro que sí! - De sus gafas de sol salieron hilillos de humo, como si estuvieran a punto de incendiarse.
- Tú no ordenaste el robo. - Dijo Percy.- Alguien más envió a un héroe a robar los dos objetos. Entonces, cuando Zeus te envió en su busca, diste con el ladrón. Pero no se lo entregaste a Zeus por alguna razón. -
- Exacto. - Proseguí yo. - Algo te convenció de que lo dejaras ir. Te quedaste los objetos hasta que otro héroe llegara y completara la entrega. Dejame adivinar ... La cosa del foso te está manipulando. -
- ¡Soy el dios de la guerra! ¡Nadie me da órdenes! ¡No tengo sueños! -
Vacilé por un segundo. - ¿Quién ha hablado de sueños? -
Ares parecía agitado, pero intentó disimularlo con una sonrisa. - Volvamos a lo nuestro, chavales. Están vivos y no permitiré que lleven ese rayo al Olimpo. Ya sabes, no puedo arriesgarme a que esos imbéciles testarudos les hagan caso. Así que tendré que matarlos. Nada personal, claro. - Chasqueó los dedos.
De repente, la arena estalló a sus pies y de ella surgió un jabalí, aún más grande y amenazador que el que colgaba encima de la cabaña 5 del Campamento Mestizo. El bicho pateó la arena, y nos miró a Percy y a mí con ojos encendidos mientras esperaba la orden de matarnos. De inmediato, Aquaboy y yo retrocedimos hasta tocar el agua.
- Pelea tú mismo tus peleas, Ares. - Lo desafié con burla.
- No seas un cobarde, enfrentamos como se debe. - Dijo Percy a mi lado, el tenia el ceño fruncido.
El dios se rió con cierta incomodidad. - Sólo tienen un talento mocosos como ustedes: salir corriendo. Huyeron de Quimera. Huyeron del inframundo. No tienen lo que hace falta. -
- ¿Asustado? - Se burló Aquaboy.
- Qué tonterías dices. - Pero las gafas habían comenzado a fundírsele por el calor que despedían sus ojos. - No me implico directamente. Lo siento, chaval, no estás a mi nivel. -
- ¡Percy, corre! - Exclamó Annabeth en advertencia pero no lo vi necesario.
El jabalí gigante cargó con sus afilados colmillos hacia Aquaboy. Pero, Percy ya parecía estar listo para enfrentarlo, ademas de muy enojado y para ser sincero yo también. Ya tenia suficiente con huir de mis problemas.
Así que, Percy velozmente destapo su bolígrafo y se aparto a un lado un segundo antes de que la bestia lo arrollara, al tiempo que le lanzaba un mandoble. El colmillo derecho del jabalí cayó a sus pies, mientras el desorientado animal chapoteaba en el agua.
- ¡Ola! - Grito Aquaboy como uno de los personajes de las series que miraba Chloe.
Y repentinamente, una ola surgió de ninguna parte y envolvió al jabalí, que soltó un mugido y se revolvió en vano. Al instante desapareció engullido por el mar.
Percy se volteo hacia Ares. - ¿Vas a pelear conmigo ahora? - Le espeto el con sorna.
- ¿O quizás ... Vas a esconderte detrás de otro de tus lindos cerditos? - Dije divertido.
Ares estaba morado de rabia. - Ojo, chavales. Podría convertirlos en ... -
- ... ¿Una cucaracha o una lombriz? Sí, estoy seguro. Eso evitaría que patearan tu divino trasero, ¿Verdad? - Decía Percy con burla, y no pude evitar resoplar de diversión.
Las llamas danzaban por encima de sus gafas. - No te pases, niño. Estás acabando con mi paciencia y te convertiré en una mancha de grasa. -
- Si ganas, conviérteme en lo que quieras y te llevas el rayo. - Propuso Percy. - Si pierdes, el yelmo y el rayo serán míos y tú te apartas de mi camino. -
Ares resopló con desdén y esgrimió su bate de béisbol. - ¿Cómo lo prefieres? ¿Combate clásico o moderno? -
Aquaboy le mostró su espada en respuesta, no era necesario hacer mas preguntas.
- Para estar muerto tienes mucha gracia. Contestó el dios. - Probemos con el clásico. -
Entonces el bate se convirtió en una enorme espada cuya empuñadura era un cráneo de plata con un rubí en la boca.
- Percy, no lo hagas ... - Le advirtió Annabeth. - Es un dios. -
- Percy, hazlo. - Le dije yo. - Es un dios. -
- Es un dios cobarde. - Replico Aquaboy con una sonrisa.
Annabeth tragó saliva y dijo: - Por lo menos lleva esto, para que te dé suerte. - Se quitó el collar de cuentas y el anillo de su padre y me lo puso al cuello. - Reconciliación Añadió. - Atenea y Poseidón juntos. -
Sonrei cuando bote que el pescadito se puso colorado.
- Gracias. - Logro decir Percy con una sonrisa.
- Y toma este amuleto de la suerte. - Terció Grover, y le tendió una lata aplastada que llevaba en el bolsillo. - Los sátiros estamos contigo. -
- Grover ... No sé qué decir. -
Yo tampoco sabia que decir, más que reír por dentro.
G-Man le dio una palmada en el hombro. Percy metió la lata en su bolsillo trasero.
Yo me acerqué a el y le sonreí. - Bueno, ¿Que podría darte yo? -
No lo pensé mucho y me quité mi antifaz verde encima de mi cabeza y se lo puse a el. Percy me miró estupefacto cuando mi posesión más preciada estaba en su cabello.
- Dio, pero … -
Negué con la cabeza. - He pasado por muchas cosas con ese viejo antifaz, espero que puedas superar esto con el … - Luego lo miré con seriedad. - Pero esa cosa no es mágica, así que no lo rompas. -
- Si, mamá. -
- ¿Ya has terminado de despedirte? - Ares avanzó hacia Percy. El guardapolvo negro ondeaba tras él, su espada refulgía como el fuego al amanecer. - Llevo toda la eternidad luchando, mi fuerza es ilimitada y no puedo morir. ¿Tú que tienes? -
- 'Menos soberbia, ¿Quizás?.' - Pensé, pero me limité a no decir nada y mantenerme al margen del combate. Yo confío en Percy.
El susodicho mantuvo los pies en el agua y se adentró un poco hasta que le llegó a los tobillos. Me pregunté como Percy podría derrotar a Ares, un dios todopoderoso.
Si no puedes derrotarlo con poder y fuerza, utiliza tus técnicas y habilidades. Al instante me llegaron aquellas palabras.
Un mandoble dirigido a la cabeza de Percy silbó en el aire, pero el ya no estaba allí. Parecía moverse por instinto. El agua le hizo rebotar y se catapultó hacia el dios, y cuando bajaba hizo descender su espada. Pero Ares era igual de rápido: se retorció y desvió con su empuñadura el golpe que debería haberle dado directamente en la cabeza.
El dios sonrió socarrón. - No está mal, no está mal. -
Volvió a atacar y Aquaboy se vio obligado a volver a la orilla. PPercy intentaba regresar al agua, pero Ares le cortó el paso y lo atacó con tal fiereza que Percy tuvo que dar todo de si para no quedar destrozado.
Mi primo siguió retrocediendo, alejándose del agua, su único territorio seguro. No encontraba ningún resquicio para atacar, pues su espada era más larga que Anaklusmos.
- 'Tiene que acercarse.' - Pensé, recordando lo que había dicho Luke una vez en nuestras clases de esgrima. - 'Cuando tu espada sea más corta, acércate.' -
No sabia que tan útil sería contra el dios de la guerra, pero …
- ¡Acércate! ¡Percy, acércate! - Le grité. El me miró un segundo y sus ojos brillaron, el tenia un plan.
Aquaboy se metió en el campo de acción del dios con una estocada, pero Ares estaba esperándolo. Le arrancó la espada de las manos con un brutal mandoble y le dio un golpe en el pecho. Salió despedido hacia atrás, ocho o diez metros. Pudo haberle roto la espalda de no haber caído sobre la blanda arena de una duna.
Okay, creo que el plan no funcionó … Y mi consejo tampoco.
- ¡Percy! - Chilló Annabeth. - ¡La policía! -
Mientras Percy se reincorporaba con dificultad y no paraba de mirar a Ares, vi luces rojas parpadear en el paseo marítimo. Se oyeron frenazos y portezuelas de coche.
- ¡Están allí! - Gritó alguien, un oficial. - ¿Lo ves? -
Una voz malhumorada de policía: - Parecen esos niños de la tele ... ¿Qué diantres ... ? -
- Va armado - Dijo otro policía. - Pide refuerzos. -
Percy rodo a un lado mientras la espada de Ares levantaba arena. Corrió hacia su espada, la recogió y volvió a lanzar una estocada al rostro de Ares, quien volvió a desviarla. Parecía adivinar sus movimientos justo antes de que los ejecutara. Aquaboy volvió hacia el agua, obligándo a Ares a seguirle.
- Admítelo, chaval. - Gruñó Ares. - No tienes ninguna posibilidad. Sólo estoy jugueteando contigo. -
Creo que ahora entendía lo que Hope y Annabeth querían decir sobre que el THDA te mantenía vivo en la batalla. Percy estaba tan alerta como nunca, absorto en como evitar los ataques de Ares.
Y aunque yo no estaba peleando, sentía como mi THDA surtía efecto. Veía cómo se tensaba Ares e intuía de qué modo atacaría, algo similar a los que pasó con Luke en nuestro primer entrenamiento de espadas.
Asimismo, era completamente consciente de todo lo que ocurría en mi alrededor, incluso de un segundo coche de policía se acercaba con la sirena aullando. Los espectadores, gente que deambulaba por las calles a causa del terremoto, habían empezado a arremolinarse a nuestros alrededores.
Entre la multitud me pareció ver algunos que caminaban con los movimientos raros y trotones de los sátiros disfrazados. También distinguía las formas resplandecientes de los espíritus, como si los muertos hubieran salido del Hades para presenciar el combate. Oí un aleteo coriáceo por encima de mi cabeza.
Más sirenas resonaron.
Percy se metió más en el agua, pero Ares era rápido. La punta de su espada le rasgó la manga, arañando así su antebrazo.
Una voz ordenó por un megáfono de repente: - ¡Tiren las escopetas! ¡Tirenlas al suelo! ¡Ahora! -
Espera, ¿Escopetas?
Enfoque mi vista en el arma de Ares, que parecía parpadear: a veces parecía una escopeta, a veces una espada. No sabía qué veían los humanos en las manos de Aquaboy, pero estaba seguro de que, fuera lo que fuese, no iba a ganarse muchas simpatías.
Ares se volvió para lanzar una mirada de odio a nuestro público, lo cual le dio un respiro a Percy, pero me dio un mal presentimiento. Había ya cinco coches de policía y una fila de agentes agachados detrás de ellos, apuntando a mi primo y al dios de la guerra con sus armas.
- ¡Esto es un asunto privado! - Aulló Ares. - ¡Lárguense! -
Hizo un gesto con la mano y varias lenguas de fuego hicieron presa en los coches patrulla. Los agentes apenas tuvieron tiempo de cubrirse antes de que sus vehículos explotaran. La multitud de mirones se desperdigó al instante.
¡¿Como puede ser tan frívolo al lastimar mortales y cualquier cosa en general?!
Ares estalló en carcajadas. - Y ahora, héroe de pacotilla, vamos a añadirte a la barbacoa. -
El dios siguió atacando mientras mi Aquaboy desviaba su espada. Este último se acercó lo suficiente para alcanzarlo e intentó engañarlo con una finta, pero paró el golpe. Las olas golpeaban en la espalda de Percy.
Ares estaba ya sumergido hasta las rodillas. Las olas parecian crecer a medida que subía la marea. Entonces, paso algo extraño, el mar … Parecía ser contenido.
No pude pensar mucho en eso, debido a que Ares se adelantó, sonriendo y muy ufano de sí mismo. Percy bajo su espada como si estuviera agotado.
Ares levantó su espada y en ese momento el mar atacó. Montado en una ola, Percy salió despedido bruscamente por encima del dios. Un muro de dos metros de agua le dio de lleno y lo dejó maldiciendo y escupiendo algas. Aterrizó detrás de él y lanzó un golpe a su cabeza, como había hecho antes. Se dio la vuelta a tiempo de levantar la espada, pero esta vez estaba desorientado y no se anticipó el gran truco de Percy.
Aquaboy cambió de dirección, saltó a un lado y hundió a Anaklusmos por debajo del agua. Clavándole la punta en el talón.
El alarido que siguió convirtió el terremoto de Hades en un hecho sin relevancia. Hasta el mismo mar se apartó de Ares, dejando un círculo de arena mojada de quince metros de diámetro. Icor, la sangre dorada de los dioses, brotó como un manantial de la bota del dios de la guerra. Su expresión iba más allá del odio. Era dolor, desconcierto, imposibilidad de creer que lo habían herido.
Ares cojeó hacia Percy, murmurando antiguas maldiciones griegas, pero algo lo detuvo. Fue como si una nube ocultase el sol, pero peor. La luz se desvaneció, el sonido y el color se amortiguaron, y entonces una presencia fría y pesada cruzó la playa, ralentizando el tiempo y bajando la temperatura abruptamente. Me recorrió un escalofrío y sentí que en la vida no había esperanza, que luchar era inútil.
Mis ojos ardieron, una calidez me recorrió el cuerpo y entonces, la oscuridad se disipó.
Ares parecía aturdido.
Los coches de policía ardían detrás de nosotros. La multitud de curiosos había huido. Annabeth y Grover estaban en la playa, conmocionados, mientras el agua rodeaba de nuevo los pies de Ares y el icor dorado se disolvía en la marea.
Ares … Explotó, pero de furia.
- ¡Muere, Percy Jackson! - Aulló el dios de la guerra sediento de sangre por la vida de mi primo, balanceó su espada con rapidez.
Lamentablemente para el, no llegó muy lejos esa acción.
Mis ojos ardieron con más intensidad que nunca, y cuando me di cuenta estaba frente a Ares con mi lanza lista. Con un giro, Diathikes se enganchó a la espada del dios y como punto de apoyo junto a la fuerza de mi oponente usada en su contra hice que la espada de Ares se clavara en la arena.
Lo siguiente que pasó … No fue muy normal que digamos.
Usando el suelo como punto central, di un giro para darle una patada a Ares con el frente del pie el lado izquierdo de su cráneo. Luego di otro giro para darle en el lado opuesto, pero está vez con el talón del mismo pie. Ares se estremeció terriblemente y trató de retroceder mientras gruñía, pero era justo lo que quería. Mi cuerpo se movió como si estuviese en piloto automático, y con un último giro le di otra patada con el frente de mi pie en la parte posterior de su cráneo, lo cual de seguro le sacudió el cerebro.
Luego de eso, retrocedí un par de metros y me posicione junto a Percy. Note que el Icor caía desde un costado de la cabeza de Ares, una de mis patadas le había rasgado la había y de seguro le dejó una marca.
El dios me miró perplejo, ante de mirarnos con odio ilimitado.
- Tienen un enemigo, diosecillos. - Nos dijo. - Acaban de sellar tu destino. Cada vez que alcen sus armas en la batalla, cada vez que confíen en salir victoriosos, sentirán mi maldición. Cuidado, Perseus Jackson, Diomedes Wilson, Mucho cuidado. - Su cuerpo empezó a brillar.
- ¡Percy, Dio! ¡No miren! - Gritó Annabeth.
Apartamos nuestras vistas mientras el dios Ares revelaba su auténtica forma inmortal. De algún modo supe que si miraba acabaría desintegrado en ceniza.
El resplandor se extinguió.
Volví a mirar. Ares había desaparecido. La marea se apartó para revelar el yelmo de oscuridad de Hades. Lo recogí y me dirigí hacia mis amigos, pero antes de llegar oí un aleteo. Tres ancianas con caras furibundas, sombreros de encaje y látigos fieros bajaron del cielo planeando y se posaron frente mío y Percy.
La furia del medio, la que se supone había sido la señora Dodds, dio un paso adelante. Enseñaba los dientes, pero por una vez no parecía amenazadora. Más bien parecía decepcionada, como si hubiera perdido alguna oferta de artículos de tortura.
- Lo hemos visto todo. - Susurró, pero todos aalcanzados escucharla. - Así pues, ¿De verdad no has sido tú? - Le dijo a Percy.
Le lancé el casco a ella antes de que mi primo pudiera responder. La furia lo atrapó en el aire, sorprendida.
- Devuélvele eso al tío Hades. - Le dije con cansancio, ya estaba harto de tantos problemas familiares.
- Cuéntale la verdad. Dile que deje la guerra. - Prosiguió Aquaboy con firmeza.
La furia vaciló y la vi humedecerse los labios verdes y apergaminados con una lengua bífida.
- Vivan bien, Percy Jackson y Diomedes Wilson. Conviértanse en auténticos héroes. Porque si no lo hacen, si llegan a caer en mis garras ... - Estalló en carcajadas, saboreando la idea. Después las tres hermanas levantaron el vuelo hacia un cielo lleno de humo y desaparecieron.
Grover y Annabeth nos miraban estupefactos.
- Percy ... Dio … - Dijo Grover. - Eso ha sido alucinante ... -
- Ha sido terrorífico. - Terció Annabeth.
- ¡Ha sido guay! - Se obstinó Grover.
Yo no me sentía aterrorizado, pero tampoco me sentía guay. Pero sentía un estremecimiento en mi cuerpo. Además, note que Percy estaba agotado y adolorido.
- ¿Ustedes sintieron eso ... Fuera lo que fuese? - Pregunto mi primo.
Senti un escalofrío recorrer mi espalda. Nosotros tres asentimos, inquietos.
- Deben de haber sido las Furias. - Dijo Grover con seguridad.
Pero yo no estaba muy seguro, había algo más actuando detrás de escena. Algo o alguien había evitado que Ares siguiera atacando a Percy, para darme tiempo suficiente de intervenir, y quienquiera que fuese era mucho más fuerte que las Furias. Y peor, mucho peor …
Y solo se me ocurrió … No, mejor no pienses en aquel sujeto.
Observé a Percy y a Annabeth, y cruzamos unas miradas de comprensión. Supe entonces qué había en el foso, qué había hablado desde la entrada del Tártaro.
Le pedí la mochila a Grover y miré dentro. El rayo maestro seguía allí. Vaya insignificante objeto para provocar casi la Tercera Guerra Mundial.
- Tenemos que volver a Nueva York. - Dije con seriedad.
- Y debe ser esta noche. - Se apresuró a decir Percy.
- Eso es imposible. - Contestó Annabeth. - A menos que vayamos ... -
- ... Volando. - Terminó de decir Aquaboy.
Todos lo miramos fijamente.
- ¿Volando? ... - Repetí incrédulo. - No puedes estar hablando en serio … ¿Cierto? -
- No me digas que … - Comenzó Annabeth a Hablar. - ¿Te refieres a ir en un avión, sabiendo que así te conviertes en un blanco fácil para Zeus si éste decide reventarte, y además transportando un arma más destructiva que una bomba nuclear? -
- Sí - Respondió el. - Más o menos eso. Vamos. -
- Bueno, ya que. - Dije encogiendome de hombros.
