Es curioso cómo los humanos ajustan la mente a su versión de la realidad.

Quirón ya lo había dicho hacía mucho. Como de costumbre, aunque no aprecié su sabiduría lo suficiente.

Según los noticiarios de Los Ángeles, la explosión en la playa de Santa Mónica había sido provocada por un secuestrador loco al disparar con una escopeta contra un coche de policía. Los disparos habían acertado a una tubería de gas rota durante el terremoto.

El secuestrador (alias Ares) era el mismo hombre que nos había raptado a mí y a otros tres adolescentes en Nueva York y nos había arrastrado por todo el país en una aterradora odisea de diez días.

Después de todo, los pobrecitos Percy Jackson y Diomedes Wilson no eran unos criminales internacionales. Habían causado un buen revuelo en el autobús Greyhound de Nueva Jersey al intentar escapar de su captor (a posteriori hubo testigos que aseguraron haber visto al hombre vestido de cuero en el autobús: "¿Por qué no lo recordé antes?").

El psicópata había provocado la explosión en el arco de San Luis; ningún chaval habría podido hacer algo así. Una camarera de Denver había visto al hombre amenazar a sus secuestrados delante de su restaurante, había pedido a un amigo que tomara una foto y lo había notificado a la policía. Al final, el valiente Percy Jackson (espero que no se le suba a la cabeza) se había hecho con un arma de su captor en Los Ángeles y se había enfrentado a él en la playa. La policía había llegado a tiempo. Pero en la espectacular explosión cinco coches de policía habían resultado destruidos y el secuestrador había huido. No había habido bajas. Así que, Diomedes Wilson y sus amigos estaban a salvo bajo custodia policial.

Fueron los periodistas quienes nos proporcionaron la historia. Nosotros nos limitamos a asentir, llorosos y cansados (lo cual no fue difícil), y representamos los papeles de víctimas ante las cámaras.

Bien pudimos haber sido hijos de Apolo con nuestra gran actuación.

- Lo único que quiero. - Decía Percy tragándose las lagrimas. - Es volver con mi querido padrastro. Cada vez que lo veía en la tele llamándome delincuente juvenil, algo me decía que todo terminaría bien. Y sé que querrá recompensar a todas las personas de esta bonita ciudad de Los Ángeles con un electrodoméstico gratis de su tienda. Éste es su número de teléfono. -

La policía y los periodistas, conmovidos, recolectaron dinero para tres billetes en el siguiente vuelo a Nueva York. No teníamos otra elección más que volar para gran lamento de Percy, así que procuramos en que Zeus se relajará un poco, dadas las circunstancias especiales en las cuales nos encontrábamos. Pero aun así, costó mucho lograr que Aquaboy se subiera al avión.

El despegue fue una pesadilla, nunca había volado en un avión en mi vida. Las turbulencias daban más miedo que los dioses griegos. Pero si yo la pasaba mal, no quería imaginar como estaba Percy. Por mi parte, no solté los reposabrazos hasta que aterrizamos sin problemas en La Guardia.

La prensa local nos esperaba fuera, pero conseguimos evitarlos gracias a Annabeth, que los engañó gritándoles con la gorra de los Yankees puesta: "¡Están allí, junto al helado de yogur! ¡Vamos!". Y después volvió con nosotros a la recogida de equipajes.

Lamentablemente nos separamos en la parada de taxis.

- Chicos. - Comenzó a decir Percy. - Será mejor que vuelvan al Campamento Mestizo, díganle a Quirón todo lo ocurrido. -

- ¿Que? - Exclamo Grover.

- Percy, ¿Que dices? - Preguntó Annabeth. - Somos un equipo, permaneceremos juntos hasta el final. -

- Aquaboy, tu sabes muy bien mi postura sobre este asunto. - Dije con seriedad. - No te dejaré ir solo. -

- ¡Si! ¡Estamos juntos en esto! - Concordó G-Man.

Percy suspiró. - En serio se los agradezco, pero esto es algo que debo asumir solo. Yo soy a quien acusan de haber robado el rayo, es mi deber arreglar las cosas. -

Lo miré por un largo tiempo antes de suspirar. - Si tu lo dices … Pero promete que volverás. - Le extendí un puño.

Mi primo y hermano del alma me sonrió y me devolvió el gesto. - Tenlo por seguro. -

Una de las cosas más difíciles que había hecho en mi vida fue subir en aquel taxi junto a Annabeth y Grover, y dejar a Percy atrás.

Cuando llegamos a la Colina Mestiza y cruzamos el pino de Thalia fuimos recibidos por Quirón y todos los demás campistas viéndonos perplejos.

- Una foto dura más tiempo. - Dije con sarcasmo.

- ¡Diomedes! - Quirón trotó hasta nosotros. - Annabeth, Grover, están todos bien, pero … ¿Y Percy? - El rostro del centauro se llenó de preocupación.

- Pues … Es una larga historia. -

Posteriormente de explicarle todo lo sucedido a Quirón desde que Argos nos dejó en la estación de autobuses hasta ahora, el centauro nos felicitó por nuestras hazañas aunque parecía muy pensativo desde que hablamos de lo que pasó dentro del inframundo, sobre la entrada del abismo.

- Bueno, ya es suficiente. Deben estar cansados, vayan a descansar mientras vuelve Percy. - Quirón nos sonrió, aunque parecía tensa. - Se que estará bien. -

Salí de la casa grande para ser recibido por un gran abrazo que casi me hace caer al suelo.

- ¡Has vuelto! - Una mata de pelo rojizo allanó mi vista. No tuve que pensarlo mucho para llegar a la conclusión de quién se trataba.

- ¡Ho … Hope! - Dije sorprendido de verla tan pronto. Además, ¡No esperaba para nada esta bienvenida!

- ¿Eh … ? Mejor nos vamos. - Dijo Grover incomodo.

- Vayamos con Luke, chico cabra. - Dijo Annabeth apresuradamente, y tanto ella como Grover se fueron trotando del lugar.

Y así, quedé solo con Hope, aunque afortunadamente me soltó. En verdad parecía feliz de verme.

- No sabes que tan aliviada estoy de verte bien. - Dijo la hija de Astraea antes de fruncir el ceño. - No sabes cuánto me moleste cuando me enteré que habían tenido un mensaje Iris con Luke, pero no conmigo. -

- Hehe … - No pude evitar reír con nerviosismo. - Es una divertida historia. -

- Pues … Puedes contarla. - Me respondió con una sonrisa, pero sus ojos me recordaron a los de Sally.

No dejaban espacio a una discusión.

Suspiré, y pensé que iba esperar a Percy solo en el pino de Thalia. Pero … No pude evitar sonreír.

Quizas pueda esperar a Aquaboy solo con ella.

El tiempo había pasado volando junto a Hope, así que el regreso de Percy me había tomado por sorpresa.

Y la fiesta comenzó supongo.

Habíamos sido los primeros héroes en regresar vivos a la colina Mestiza desde Luke, así que todo el mundo nos trataba como si hubiéramos ganado algún reality show. Según la tradición del campamento, nos ceñimos coronas de laurel en el gran festival organizado en nuestro honor, y después dirigimos una procesión hasta la hoguera, donde debíamos quemar los sudarios que nuestras cabañas habían confeccionado en nuestra ausencia.

La mortaja de Annabeth era tan bonita seda gris con lechuzas de plata bordadas, aunque ella había golpeado a Percy por algo que había dicho pero no logré escuchar lo que era.

En el caso de Percy, como era hijo de Poseidón, no había nadie en su cabaña (además de mi), así que la de Ares se había ofrecido voluntaria para hacer la suya. A una sábana vieja le habían pintado una cenefa con caras sonrientes con los ojos en cruz, y la palabra PRINGADO bien grande en medio. Fue divertido quemarla.

En mi caso, siendo el único hijo de Hestia y sin un cabaña oficial, pues los de Hefesto se habían ofrecido para confeccionar la mía a pedido de Beckendorf, en serio le debo una. Era una majestuosa mortaja color naranja como una cálida llama, con bordados dorados junto a pequeños y varios burritos con laureles dorados en sus cabezas. Era basanta bonito y me gustaba, en serio es una lástima que la quemen.

Mientras la cabaña de Apolo dirigía el coro y nos pasábamos sándwiches de galleta, malvaviscos y chocolate, me senté rodeado de mis antiguos compañeros de la cabaña de Hermes junto a Percy, los amigos de Annabeth de la cabaña de Atenea y los colegas sátiros de Grover, que estaban admirando la recién expedida licencia de buscador que le había concedido el Consejo de los Sabios Ungulados.

El consejo había definido la actuación de Grover en la misión como: "Valiente hasta la indigestión. Nada que hayamos visto hasta ahora le llega a la base de las pezuñas".

Los únicos que no tenían ganas de fiesta eran Clarisse y sus colegas de cabaña, cuyas miradas envenenadas me indicaban que jamás le perdonarían a Percy por haber avergonzado a su padre. Y quizás a mí tampoco por darle una patada triple … Hehe …

Por mí, bien. Ni siquiera el discurso de bienvenida de Dioniso iba a amargarnos el ánimo en este momento.

- Sí, sí, vale, así que el mocoso no ha acabado matándose, y ahora se lo tendrá aún más creído. Bien, pues hurra. Más anuncios: este sábado no habrá regatas de canoas … -

Regresamos a la cabaña 3, pero ya no se sentía tan solo el lugar. Teníamos amigos con los que entrenar por el día. De noche, Percy se quedaba despierto y escuchaba el mar, mientras que yo a veces salía de la cabaña para mirar el cielo o la hoguera en medio del campamento.

A veces reflexionaba sobre mi madre, me preguntaba si me miraba ahora, si a un día podré conocerla …

Al menos no me tengo que preocupar por tener una familia ahora.

Percy y yo recibimos una carta hace una semana luego de haber completado la misión. Nos contaba que Gabe había desaparecido misteriosamente; de hecho, que había desaparecido de la faz de la tierra para mí sorpresa. Lo había denunciado a la policía, pero tenía el extraño presentimiento de que jamás lo encontrarían.

En otro orden de cosas, Sally acababa de vender su primera escultura de hormigón tamaño natural, titulada El jugador de póquer, a un coleccionista a través de una galería de arte del Soho. Había obtenido tanto dinero que había pagado la fianza para un piso nuevo y la matrícula del primer semestre en la Universidad de Nueva York.

La galería del Soho le había pedido más esculturas, que definían como "un gran paso hacia el neorrealismo superfeo".

Comprendí todo cuando Percy me informó que Sally había tenido la cabeza de Medusa.

- "Pero no te preocupes." - Añadía la carta de Sally. - "La escultura se ha acabado. Me he deshecho de aquella caja de herramientas que me dejaste. Ya es hora de que vuelva a escribir …" - Al final incluía una posdata: - "Percy, he encontrado una buena escuela privada en la ciudad. He dejado un depósito, por si quieres matricularte en séptimo curso. Y Diomedes, hable con la Hermana Ilia del orfanato y … Ya tengo todos los documentos necesarios para adoptarte al fin como mi hijo … Ambos podrían vivir en casa conmigo, pero … Si ustedes prefieren quedarse en la colina Mestiza, lo entenderé." -

Doblé la carta con cuidado y la dejé en la mesita de noche de Percy. Todas las noches antes de dormir, Percy la leía una y otra vez, sin saber como responder. Yo estaba igual, luego de tanto tiempo esperando para ser adoptado, en el momento en que sucede … No sabia como reaccionar.

El 4 de julio, todo el campamento se reunió junto a la playa para asistir a unos fuegos artificiales organizados por la cabaña 9. Dado que eran los hijos de Hefesto, no se conformarían con unas cutres explosioncitas rojas, blancas y azules.

Habían anclado una barcaza lejos de la orilla y la habían cargado con cohetes tamaño misil. Según Annabeth, que había visto antes el espectáculo, los disparos eran tan seguidos que parecerían fotogramas de una animación. Al final aparecería una pareja de guerreros espartanos de treinta metros de altura que cobrarían vida encima del mar, lucharían y estallarían en mil colores.

Mientras Percy y Annabeth entendían la manta de picnic, Hope y yo traíamos los bocadillos, apareció Grover para despedirse.

Vestía sus vaqueros habituales, una camiseta y zapatillas, pero en las últimas semanas tenía aspecto de mayor, casi como si fuera al instituto. La perilla de chivo se le había vuelto más espesa. Había ganado peso y los cuernos le habían crecido tres centímetros, así que ahora tenía que llevar la gorra rasta todo el tiempo para pasar por humano.

- Me voy. - Dijo el. - Sólo he venido para decir … Bueno, ya saben. -

Intenté alegrarme por él, en serio lo intenté. Al fin y al cabo, no todos los días un sátiro era autorizado a partir en busca del gran dios Pan. Pero costaba mucho decir adiós luego de tantas cosas que habíamos pasado. Sólo conocía a Grover desde hace unos meses, pero se había vuelto uno de mis mejores amigos en poco tiempo.

Annabeth le dio un abrazo y le recordó que no se quitara los pies falsos. Hope hizo lo mismo, mientras que le decía que no comiera tantas latas. Percy chocó puños con el antes de abrazarlo mientras le deseaba suerte. Yo le di un abrazo, cuando nos separamos le pregunté dónde buscaría primero.

- Es … Ya sabes, un secreto. - Me contestó. - Ojalá pudieran venir conmigo, chicos, pero los humanos y Pan … -

- Lo entendemos. - Le aseguró Annabeth. - ¿Llevas suficientes latas para el camino? -

- Sí. -

- ¿Y te acuerdas de las melodías para la flauta? -

- Jo, Annabeth. - Protestó G-Man con exasperación. - Pareces tan controladora como mamá cabra. -

Hope se río. - Esa es la pequeña lechuza para ti. -

- ¡Hey, no me digas así! - Le replicó Annabeth.

Grover agarró su cayado y se colgó una mochila del hombro. Tenía el aspecto de cualquier autoestopista de los que se ven por las carreteras: no quedaba nada del pequeño sietemesino asustadizo que nos acompañó en esa peligrosa misión.

- Bueno. - Dijo. - Deséenme suerte. -

Abrazó otra vez a Annabeth y Hope. A Percy y a mí nos dio una palmada en el hombro y se alejó entre las dunas.

Los fuegos artificiales surgieron entre explosiones en el cielo: Hércules matando al león de Nemea, Artemisa tras el jabalí, George Washington (que, por cierto, era hijo de Atenea) cruzando el río Delaware.

- ¡Eh, Grover! - Le gritó Percy. El susodicho se volteó en la linde del bosque. - Dondequiera que vayas, espero que hagan buenas enchiladas. -

- ¡Y que hayan buenas latas! - Le grité yo.

Él sonrió y al punto desapareció entre los árboles.

- Volveremos a verlo. - Dijo Annabeth tratando de subirnos el ánimo.

- Se que lo haremos. - Dijo Hope tambien con seguridad.

Intenté creerlo. El hecho de que ningún buscador hubiera regresado antes tras dos mil años … En fin, decidí que prefería no pensar en aquello. Grover sería el primero. Sí, tenía que serlo.

Así que por ahora disfrutaría los fuegos artificiales.

Transcurrió julio.

Pasamos los días concibiendo nuevas estrategias para capturar la bandera y haciendo alianzas con las otras cabañas para mantener las zarpas de la cabaña de Ares lejos del estandarte. Percy consiguió subir por primera vez el rocódromo sin que se quemara la lava.

De vez en cuando pasábamos junto a la Casa Grande, y terminábamos mirando las ventanas del desván y pensaba en lo que el Oráculo le había dicho a Percy. A veces … Sentía que faltaba algo.

"Irás al oeste, donde te enfrentarás al dios que se ha rebelado". Había estado allí, y lo habíamos hecho: aunque el dios traidor había resultado Ares en vez de Hades.

"Encontrarás lo robado y lo devolverás". Hecho. Lo primero fue el rayo maestro. Lo otro fue el yelmo de oscuridad de nuestro querido tío.

"Serás traicionado por quien se dice tu amigo". Quizás esta era la parte de la profecía más peligrosa. Ares había fingido ser nuestro amigo y después nos había traicionado. Eso debía de ser lo que quería decir el Oráculo … ¿Cierto?

"Al final, no conseguirás salvar lo más importante". Habíamos fracasado en salvar a Sally, pero sólo porque Percy había dejado que se salvara ella misma, y sabía que eso era lo correcto. Así que … ¿Por qué seguía intranquilo al respecto?

La última noche del curso estival llegó demasiado rápido. Los campistas cenamos juntos por última vez. Quemamos parte de nuestra cena para los dioses. Junto a la hoguera, los consejeros mayores concedían las cuentas de "fin de verano".

Yo obtuve mi propio collar de cuero, y cuando vi la cuenta de mi primer verano, me alegré de que el resplandor del fuego enmascarara mi sonrojo.

Era completamente negra, con un tridente verde mar brillando en el centro y del otro lado una hoguera dorada brillando.

- La elección fue unánime. - Anunció Luke. - Esta cuenta conmemora a los primeros hijos del dios del mar y la diosa del hogar respectivamente en este campamento, ¡Y la misión que llevaron a cabo hasta la parte más oscura del inframundo para evitar una guerra! -

El campamento entero se puso en pie y nos vitoreó. Incluso la cabaña de Ares se vio obligada a levantarse. La cabaña de Atenea empujó a Annabeth hacia delante para que compartiese el aplauso.

No estoy seguro de que vuelva a sentirme tan contento o triste como en aquel momento. Por fin había encontrado una familia, gente que se preocupaba por mí y que pensaba que había hecho algo bien. Pero, por la mañana, la mayoría se marcharía a pasar el año fuera.

A la mañana siguiente encontré una carta formal en mi mesilla de noche. Sabía que la había escrito Dioniso, porque se empeñaba en escribir mi nombre mal:

Apreciado Damian Watson:

Si tienes intención de quedarte en el Campamento Mestizo todo el año, debes notificarlo a la Casa Grande antes de mediodía de hoy. Si no anuncias tus intenciones, asumiremos que has dejado libre la cabaña o has muerto víctima de un final horrible. Las arpías de la limpieza empezarán a trabajar al atardecer. Tienen permiso para comerse a cualquier campista no autorizado. Todos los artículos personales que olvides serán incinerados en el foso de lava.

¡Que tengas un buen día!

Sr. D. (Dioniso)

Director del Campamento Numero Doce del Consejo Olímpico.

Ése es otro de los problemas del THDA. Las fechas límite no son reales para mí hasta que las tengo encima. Y Percy parecía pasarla complicado igual que yo.

El verano había terminado y yo seguía sin informarle a Sally, o al campamento, sobre si me quedaría o no. Y ahora sólo tenía unas horas para decidirlo.

La decisión debería haber sido fácil. Quiero decir que se trataba de escoger entre nueve meses entrenando para ser un héroe o nueve meses sentado en una clase … Y Aquaboy y yo estábamos atrapados en ese limbo, pero en fin.

Supongo que debía tener en cuenta a Sally y los del orfanato, la hermana Ilia, Mike, Chloe. Por primera vez tenía la oportunidad de vivir con una familia normal, bueno, relativamente normal junto a ella y Percy sin la molesta presencia de Gabe.

Podría sentirme cómodo en un hogar y pasear por la ciudad en mi tiempo libre. Recordaba las palabras de Annabeth durante nuestra misión: "Los monstruos están en el mundo real. Ahí es donde descubres si sirves para algo o no".

Pensé en el destino de Thalia, hija de Zeus. Me preguntaba cuántos monstruos me atacarían si abandonaba el campamento Mestiza. Si salía de aquí, ¿Podía vivir tranquilamente junto a Sally y Percy?

Eso suponiendo que los exámenes de
deletrear y las redacciones de cinco párrafos no acabaran conmigo, porque es obvio que tendría que ir a la escuela.

Percy se había ido a la playa a reflexionar sobre su decisión, por mi parte decidí bajar al estadio y practicar un poco con la espada y la lanza. Quizá eso me aclararía las ideas.

Las instalaciones del campamento, casi desiertas, refulgían al calor de agosto. Los campistas estaban en sus cabañas recogiendo, o de aquí para allá con escobas y mopas, preparándose para la inspección final. Argos ayudaba a algunas chicas de Afrodita con sus maletas de Gucci y juegos de maquillaje colina arriba, donde el miniautobús del campamento esperaba para llevarlas al aeropuerto.

- "Aún no pienses en marcharte." - Me dije a mí mismo. - "Sólo entrena un poco más." -

Me acerqué al estadio de los luchadores de espada y descubrí que Luke había tenido la misma idea. Su bolsa de deporte estaba al borde de la tarima. Trabajaba solo, entrenando contra maniquíes con una espada que nunca le había visto.

Debía de ser de acero normal, porque estaba rebanándoles las cabezas a los maniquíes, abriéndoles las tripas de paja. Tenía la camiseta naranja de consejero empapada de sudor. Su expresión era tan intensa que su vida bien habría podido estar en peligro.

Lo observé mientras destripaba la fila entera de maniquíes, les cercenaba las extremidades y los reducía a una pila de paja y armazón. Sólo eran maniquíes, pero aun así no pude evitar quedar fascinado con la habilidad de Luke. El tipo era un guerrero increíble. Una vez más me pregunté cómo podía haber fallado en su misión. Al final me vio y se detuvo a medio lance.

- Dio. -

- Oh … perdona si interrumpo. Yo sólo … Estaba de paso. - Dije avergonzado por haber sido atrapado mirando de esa forma.

- No pasa nada. - Dijo bajando la espada. - Sólo estoy haciendo unas prácticas de última hora. -

- Esos maniquíes ya no podrán dominar el mundo. - Comenté en broma.

Luke se encogió de hombros. - Los reponemos cada verano. -

Entonces vi en su espada algo que me resultó extraño. La hoja estaba confeccionada con dos tipos de metal: bronce y acero. Luke se dio cuenta de que estaba mirándola.

- ¿Ah, esto? Un nuevo juguete. Ésta es Backbiter. -

- Vaya. - Dije con asombro.

Luke giró la hoja a la luz de modo que brillara. - Bronce celestial y acero templado. - Explicó brevemente. - Funciona tanto en mortales como en inmortales. -

Pensé en lo que Quirón me había dicho al empezar la misión: que un héroe jamás debía dañar a los mortales a menos que fuera absolutamente necesario.

- No sabía que se podían hacer armas como ésa. - Dije con curiosidad, y con algo de sospecha.

- Probablemente no se puede. - Coincidió Luke. - Es única. - Me dedicó una sonrisita y envainó la espada. - Oye, iba a buscar a alguien para que me acompañara a pasar el rato, y tú eres perfecto. ¿Qué dices de una última incursión en el bosque, a ver si encontramos algo para luchar? -

No sé por qué vacilé. Debería haberme alegrado que Luke se mostrara tan amable. Desde nuestro regreso se había comportado de forma algo distante. Temía que nos guardara rencor por la atención que estábamos recibiendo por haber completado una misión de manera exitosa desde la suya.

- No estoy muy seguro, ¿Tu crees que es buena idea? - Repliqué con recelo. - Quiero decir … -

- Oh, vamos. - Rebuscó en su bolsa de deporte y sacó un pack de seis latas de Coca-Cola y lo mejor de todo … ¡Leche de melocotón! - Las bebidas corren de mi cuenta. -

Miré la leche de melocotón, una de mis bebidas favoritas, la había pedido unas cuantas veces en las cenas. Me preguntaba de dónde demonios la había sacado. No había bebidas mortales normales en la tienda del campamento, y tampoco era posible meterlos de contrabando, salvo quizá con la ayuda de un sátiro. Por supuesto, las copas mágicas de la cena se llenaban de lo que querías, pero no sabía exactamente igual a la leche de melocotón. Dulce y agradable. Mi fuerza de voluntad se desplomó.

¿Tan débil soy?

- Claro - Respondí encogiendome de hombros. - ¿Por qué no? -

Bajamos hasta el bosque y dimos una buena caminata buscando algún monstruo, pero hacía demasiado calor. Todos los monstruos con algo de seso estarían haciendo la siesta en sus fresquitas cuevas. Encontramos un lugar en sombra junto al arroyo donde Percy le había roto la lanza a Clarisse durante nuestro primera partida de capturar la bandera. Nos sentamos en una roca grande, bebimos las Coca-Colas y la leche de melocotón mientras observamos el paisaje.

Al cabo de un rato, Luke preguntó:- ¿Echas de menos ir de misión? -

- ¿Con monstruos acechando a cada paso? ¿Estas loco? - Luke arqueó
una ceja, no muy convencido de mi respuesta. - Vale, puede que si loe extrañe un poquito. - Admití con una sonrisa frívola. - ¿Y tú? -

Su rostro se ensombreció. Estaba acostumbrado a oír decir a las chicas lo guapo que era Luke, pero en aquel instante parecía cansado, enfadado y nada atractivo. Su pelo rubio se veía gris a la luz del sol. La cicatriz de su rostro parecía más profunda de lo normal. Fui capaz de imaginarlo de viejo fácilmente.

- Llevo viviendo en la colina Mestiza desde que tenía catorce años. - Dijo. - Desde que Thalia … Bueno, ya sabes … He entrenado y entrenado y entrenado. Jamás conseguí ser un adolescente normal en el mundo real. Después me asignaron una misión, pero cuando volví fue como si me dijeran: "Hala, ya se ha terminado la diversión. Que tengas una buena vida". -

Arrugó su lata y la arrojó al arroyo, lo cual me dejó estupefacto y un poco molesto de verdad. Una de las primeras cosas que aprendes en el Campamento Mestizo es a no ensuciar. De lo contrario, las ninfas y las náyades te lo hacen pagar: cualquier día te metes en tu cama y te la encuentras llena de ciempiés y de barro.

- A la mierda con las coronas de laurel. - Dijo Luke. - No voy a terminar como esos trofeos polvorientos en el desván de la Casa Grande. -

- ¿Piensas marcharte? -

Luke me sonrió maliciosamente. - Pues claro que sí, Dio. Te he traído aquí abajo para despedirme de ti. -

Chasqueó los dedos y al punto un pequeño fuego abrió un agujero en el suelo a mis pies. Del interior salió reptando algo negro y brillante, del tamaño de mi mano.

Un escorpión.

Hice ademán hacia mis anillos.

- Yo no lo haría si fuera tú. - Me advirtió Luke. - Los escorpiones del abismo saltan hasta cinco metros. El aguijón perfora la ropa. Estarás muerto en sesenta segundos. -

- Pero, ¿Qué … ? ¿Por qué tu … ? -

Entonces lo comprendí. "Serás traicionado por quien se dice tu amigo".

- Tú … - Dije sin aliento. - Siempre fuiste tú … -

Se puso en pie tranquilamente y se sacudió los vaqueros. El escorpión no le prestó atención. Tenía sus ojos negros fijos en mí, mientras reptaba hacia mi zapato con el aguijón enhiesto.

- He visto mucho en el mundo de ahí fuera, Dio. - Dijo Luke. - ¿Tú no? La oscuridad se congrega, los monstruos son cada vez más fuertes. ¿No te das cuenta de lo inútil que es todo esto? Los héroes son peones de los dioses. Tendrían que haber sido derrocados hace miles de años, pero han aguantado gracias a nosotros, los mestizos. No podía creer que aquello estuviera pasando. -

- Luke … Estás hablando de nuestros padres. Son nuestra familia. - Dije tratando de razonar con el, pero hasta yo sabia que eso era inútil.

Soltó una carcajada y luego agregó: - ¿Y sólo por eso tengo que quererlos? Su preciosa civilización occidental es una enfermedad, Dio. Está matando el mundo. La única manera de detenerla es quemarla de arriba abajo y empezar de cero con algo más honesto. -

- Cielos, chico. Estás más loco que el pesado Ares. - No pude evitar comentar.

Se le encendieron los ojos a Luke. - Ares es un insensato. Jamás se dio cuenta de quién era su auténtico amo. Si tuviese tiempo, Dio, te lo explicaría para que entendieras todo, pero me temo que no vivirás tanto. -

El escorpión empezó a trepar por la pernera de mi pantalón. Tenía que haber una salida a aquella situación. Necesitaba tiempo.

- Claro … El hombre del abismo … Kronos. - Dije recordando la mirada fría de los ojos dorados de ese monstruo. - Ése es tu amo. - El aire se volvió repentinamente frío.

- Deberías tener cuidado con los nombres que pronuncias. - Me advirtió Luke, parecía haber palidecido un poco.

- Kronos hizo que robaras el rayo maestro y el yelmo. Te hablaba en sueños, ¿No es así? -

Percibí un leve tic en uno de sus ojos. - También te habló a ti, Dio. Tendrías que haberlo escuchado. Diablos, incluso Percy debió haberlo contactado. -

- Te está lavando el cerebro, Luke. No puedes creer lo que dice. -

- Te equivocas. Me mostró que mi talento está desperdiciado. ¿Sabes qué misión me encomendaron hace dos años, Dio? Mi padre, Hermes, quería que robara una manzana dorada del Jardín de las Hespérides y la devolviera al Olimpo. Después de todo el entrenamiento al que me he sometido, eso fue lo mejor que se le ocurrió. -

- No es una misión para nada sencilla. - Dije recordando la leyenda, aunque en mis sueños veía algo diferente. - Lo hizo Hércules. -

- Exacto. Pero, ¿Dónde está la gloria en repetir lo que otros ya han hecho? Lo único que saben hacer los dioses es repetir su pasado. No puse mi corazón en ello. El dragón del jardín me regaló esto. - Contrariado, señaló la cicatriz en su rostro. - Y cuando regresé sólo obtuve lástima. Ya entonces quise derrumbar el Olimpo piedra por piedra, pero aguardé el momento oportuno. Empecé a soñar con Kronos, que me convenció de que robara algo valioso, algo que ningún héroe había tenido el valor de llevarse. Cuando nos fuimos de excursión durante el solsticio de invierno, mientras los demás campistas dormían, entré en la sala del trono y me llevé el rayo maestro de debajo de su silla. También el yelmo de oscuridad de Hades. No imaginas lo fácil que fue. Qué arrogantes son los Olímpicos; ni siquiera concebían que alguien pudiese robarles. Tienen un sistema de seguridad lamentable. Ya estaba en mitad de Nueva Jersey cuando oí los truenos y supe que habían descubierto mi robo. -

Se explayaba Luke mientras el escorpión estaba ahora en mi rodilla, mirándome con ojos brillantes.

Intenté mantener firme mi voz. - ¿Y por qué no le llevaste esos objetos a Kronos? -

La sonrisa de Luke desapareció. - Me … Me confié en exceso. Zeus envió a sus hijos e hijas a buscar el rayo robado: Artemisa, Apolo, mi padre, Hermes. Pero fue Ares quien me pilló. Habría podido derrotarlo, pero no me atreví. Me desarmó, se hizo con el rayo y el yelmo y me amenazó con volver al Olimpo y quemarme vivo. Entonces la voz de Kronos vino a mí y me indicó qué decir. Persuadí a Ares de la conveniencia de una gran guerra entre los dioses. Le dije que sólo tenía que esconder los objetos robados durante un tiempo y luego regocijarse viendo cómo los demás peleaban entre sí. A Ares le brillaron los ojos con maldad. Supe que lo había engañado. Me dejó ir, y yo regresé al Olimpo antes de que notaran mi ausencia. - Luke desenvainó su nueva espada y pasó el pulgar por el canto, como hipnotizado por su belleza. - Después, el señor de los titanes … M-Me castigó con pesadillas. Juré no volver a fracasar. De vuelta en el Campamento Mestizo, en mis sueños me dijo que llegaría un segundo héroe y un pequeño monstruo, personas a quienes podría engañar para llevar el rayo y el yelmo al Tártaro. -

- Tú invocaste al perro del infierno aquella noche en el bosque. - Concluí, había sido un misterio el causante de eso pero ahora era más que obvio.

- Teníamos que hacer creer a Quirón que el campamento no era seguro para ti ni para Percy, así los iniciaría en una misión. Teníamos que confirmar sus miedos de que Hades iba tras de Percy. Y funcionó, funcionó muy bien. -

- Las zapatillas voladoras estaban malditas. - Dije con un suspiro. - Se suponía que tenían que arrastrar a Percy y a la mochila al Tártaro. -

- Y lo habrían hecho si Percy las hubiese tenido puestas. Pero se las dio al sátiro y tú tenias la mochila todo el tiempo, cosas que no formaban parte del plan. Grover y tu estropearon todo. Hasta confundieron la maldición. - Luke miró al escorpión, que ya estaba en mi muslo. - Percy debió haber muerto en el Tártaro, pero eso es algo que se solucionará después. Ahora Kronos te quiere muerto, al parecer te quiere hacer trizas. Pero no te preocupes, te dejo con mi amigo para que haga los honores. -

- Thalia dio su vida para salvarte. - Dije iracundo mientras apretaba mis puños, podía sentir sangre caer de ellos cuando mis uñas perforaron mi piel. Los sueños que tuve hace años de ella peleando en la colina Mestiza para proteger a sus amigos allanaron mi mente. - ¿Y es así como le pagas? -

- ¡No hables de Thalia! - Gritó Luke tan molesto como yo. - ¡Los dioses la dejaron morir! Ésa es una de las muchas cosas por las que pagarán. -

- Te están utilizando, Luke. Tanto a ti como a Ares. No escuches a Kronos, por favor. Haz lo correcto. -

- ¿Que me están utilizando? ¿Que haga lo correcto? - Su voz se tornó aguda. - Mírate a ti mismo por favor. ¿Qué ha hecho tu madre por ti? Kronos se alzará. Sólo han retrasado sus planes. Arrojará a los Olímpicos al Tártaro y devolverá a la humanidad a sus cuevas. A todos salvo a los más fuertes: los que le sirven. Eso es lo correcto. -

- Quitame a este bicho. - Le dije. - Si te crees tan fuerte, entonces pelea conmigo. Comprobemos quién es mejor ahora. -

Luke sonrió. - Buen intento, Dio, pero yo no soy Ares. A mí no me vas a engatusar. Mi señor me espera, y tiene misiones de sobra que darme. -

- Luke … No te atrevas … -

- Adiós, Dio. Se avecina una nueva Edad de Oro, pero tú no formarás parte de ella. - Trazó un arco con la espada y desapareció en una onda de oscuridad.

El escorpión atacó.

Lo aparté de un manotazo e invoque mi lanza. El bichejo me saltó encima y lo apuñalé en el aire, luego se volvió polvo dorado. Iba a felicitarme por mi rápida reacción cuando me miré la mano: tenía un verdugón rojo que supuraba una sustancia amarilla y despedía humo. Después de todo, el bichejo me había latían los oídos y se me nubló la visión.

- "Una hoguera." - Pensé. Me sentía genial en ellas, quizás … Solo quizás …

Corrí en dirección al campamento, donde estaba la hoguera más grande del lugar entre todas las cabañas. Pero el veneno era demasiado fuerte. Perdía la visión y apenas me mantenía en pie …

"Sesenta segundos", me había dicho Luke. Tenía que regresar al campamento. Si me derrumbaba allí mismo, mi cuerpo serviría de cena para algún monstruo. Nadie sabría jamás qué había ocurrido. Sentí las piernas como plomo. Me ardía la frente. Avancé a tropezones hacia el campamento, y las ninfas se revolvieron en los árboles.

- Socorro … - Gemí débilmente. - Por favor … Ayuda … -

Dos de ellas saltaron y me agarraron de los brazos y me arrastraron. Recuerdo haber llegado al claro, un consejero pidiendo ayuda, un centauro haciendo sonar una caracola. Después todo se volvió negro.

Y la pesadilla comenzó …

¿O fue un recuerdo del pasado?

En el mundo, había un lugar sin reglas para lo sobrenatural. Un lugar donde los monstruos y seres de gran poder van, y se pueden esconder y refugiar.

Una tierra sin dioses. Un reino celestial del caos. Un paraíso de monstruos.

Un lugar donde una llama llena de ira por las estupideces de su familia había llegado, derritiendo la nieve del lugar. La llama reveló a una mujer de cabello negro en rizos que enmarcaba su rostro, junto a unos brillantes ojos dorados en forma de llamas potentes como el sol.

Una mujer del hogar … Cuya familia estaba distorsionada y solo quería escapar de ellos … Y curiosamente había escapado a este Paraíso de Monstruos para encontrar paz por un segundo.

La ironía.

Pero en este mundo salvaje, muchos la vieron como un objetivo a pesar de ser una diosa.

Fue atacada inevitablemente … Y luego salvada inesperadamente por …

El Antiguo Ermitaño de la Montaña.

Una patada, fue necesario una simple patada para mandar al monstruo volar y estrellarse contra unos árboles para volverse polvo dorado.

La mujer vio a su salvador, y el héroe miró a la doncella.

El hombre parecía tan joven, pero a emanaba una aura de antigüedad. Su cabello castaño alborotado enmarcaba su rostro serio y confundido. Sus ojos eran un azul celestial con cruces negras junto un pequeño punto dorado en medio.

Pero lo más importante era el anillo de platino en la cabeza del hombre, algo que rezumaba la naturaleza sobrenatural, no, la aura divina de aquel hombre.

Y así …

Los ojos divinos del hogar se encontraron con los ojos ardientes del cielo.

Y lo inevitable paso …

Cayeron en la mayor maldición del mundo.

… El amor.

Me desperté con una pajita en la boca. Sorbía algo que sabía a cookies de chocolate. Néctar.

Abrí los ojos.

Estaba en una cama de la enfermería de la Casa Grande, con la mano derecha vendada como si fuera un mazo. Argos montaba guardia en una esquina. Hope, sentada a mi lado, sostenía mi vaso de néctar y me pasaba un paño húmedo por la frente. Percy y Annabeth estaban cerca de ella.

- Saben, si tuviese una moneda por cada vez que he sido envenenado en solo este verano tendría dos monedas. - Comencé a decir. - No es mucho, pero es raro que haya pasado dos veces. -

- Idiota, no digas esas cosas. - Dijo Percy mirándome con el ceño fruncido, en verdad parecía preocupado.

- Si, cretino. - Dijo Annabeth, lo que me indicó lo contenta que estaba de verme consciente.

- Eres un desastre. - Le tocó ahora a Hope insultarme. - Estabas verde y volviéndote gris cuando te encontramos. De no ser por los cuidados de Quirón … -

- Bueno, bueno. - Intervino la voz de Quirón. - La constitución de Dio tiene parte del mérito. -

Estaba sentado junto a los pies de la cama en forma humana, motivo por el que aún no había reparado en él. Su parte inferior estaba comprimida mágicamente en la silla de ruedas; la superior, vestida con chaqueta y corbata. Sonrió, pero se le veía pálido y cansado, como cuando pasaba despierto toda la noche corrigiendo los exámenes de latín.

- En conclusión, es una suerte que sigas con nosotros. - Dijo Hope con un suspiró aliviado.

- Lamentó haberlos preocupado. - Dije dejando salir un suspiro.

- ¿Cómo te encuentras? - Preguntó Quirón.

- Como si me hubieran congelado las entrañas y después las hubieran calentado en el microondas. -

- Bien, teniendo en cuenta que eso era veneno de escorpión del abismo. Ahora tienes que contarme, si puedes, qué ocurrió exactamente. -

Entre sorbos de néctar, les conté la historia. Cuando finalicé, hubo un largo silencio.

- Ese cretino … Yo confié en el … - Dijo Percy enfadado pero pude ver un atisbo de decepción y podía comprenderlo. Luke había sido el primero en aceptarnos y luego … Nos traiciona.

- No puedo creer que Luke … - A Annabeth le falló la voz. Su expresión se tornó de tristeza y enfado. - Sí, sí puedo creerlo. Que los dioses lo maldigan … Nunca fue el mismo tras su misión. -

Hope bajo la mirada con tristeza. - No, nunca fue el mismo … Nunca lo fue. -

- Hay que avisar al Olimpo. - Murmuró Quirón. - Iré inmediatamente. -

- Luke aún está ahí fuera. - Dije frunciendo el ceño. - Tengo que ir tras él. -

Quirón meneó la cabeza. - No, Dio. Los dioses … -

- No harán nada. - Replicó Percy. - ¡Zeus ha dicho que el asunto estaba cerrado cuando estaba en el Olimpo! -

- Percy, Dio, sé que esto es duro, pero ahora no pueden correr en busca de venganza. Primero tu Dio, tienes que reponerte, y después deben someterse a un duro entrenamiento. -

No me gustaba, pero Quirón tenía razón. Eché un vistazo a mi mano y supe que tardaría en volver a usar mis armas.

- Quirón … Tu profecía del Oráculo era sobre Kronos, ¿No es así? ¿Aparecía yo en ella? ¿Y Percy, Annabeth, Hope y Luke? -

Percy miró con interés al centauro, mientras Hope y Annabeth lo miraban con sospecha.

Quirón se revolvió con inquietud. - Dio, niños, no me corresponde … -

- Te han ordenado que no lo cuentes, ¿Verdad? - Comprendí al instante.

Los ojos del centauro eran comprensivos pero tristes, suspiré por al tener razón.

- Serán grandes héroes, niños. Haré todo lo que pueda para prepararlos. Pero si tengo razón sobre el camino que se abre ante ti y Percy … - Un súbito trueno retumbó haciendo vibrar las ventanas. - ¡Bien! - Exclamó Quirón. - ¡Vale! - Exhaló un suspiro de frustración y añadió: - Los dioses tienen sus motivos, Dio. Saber demasiado del futuro de uno mismo nunca es bueno. -

- Pero no podemos quedarnos aquí sentados sin hacer nada. - Insistió Percy.

- No vamos a quedarnos sentados. - Prometió Quirón. - Pero deben tener
cuidado. Kronos quiere que ustedes fallezcan, que sus vidas se estropeen, que sus pensamientos se nublen de miedo e ira. No lo complazcan, no le den lo que desea. Entrenen con paciencia. Llegará su momento. -

- Suponiendo que vivamos tanto tiempo. - Murmuré con desgana. Recordé las palabras de Medusa, mi destino está sellado.

Quirón me puso una mano en el tobillo. - Debes confiar en mí, Dio. - Luego puso su otra mano en el hombro de Percy. - Pero primero ustedes dos tienen que decidir su camino para el próximo año. Yo no puedo indicarles la elección correcta … - Me dio la impresión de que tenía una opinión bastante formada, pero que prefería no aconsejarme. - Tienen que decidir si se quedan en el Campamento Mestizo todo el año, o regresan al mundo mortal para hacer séptimo curso, en tu caso Percy, y ser adoptado por Sally, en el tuyo Dio, y luego volver como campistas de verano. Piensen en ello. Cuando regrese del Olimpo, deben comunicarme su decisión. -

Quería hacerle más preguntas, pero su expresión me indicó que la discusión estaba zanjada; ya había dicho todo cuanto podía.

- Regresaré en cuanto pueda. - Prometió. - Argos te vigilará. - Miró a Annabeth. - Oh, y querida … Cuando estés lista, ya están aquí. -

- ¿Quiénes están aquí? - Preguntó Percy.

Nadie respondió.

Quirón salió de la habitación. Oí su silla de ruedas alejarse por el pasillo y después bajar cuidadosamente los escalones. Annabeth estudió el hielo en mi bebida.

- ¿Qué pasa? - Le preguntó Percy al notar su mirada perdida.

- Nada. He seguido sus consejos sobre
algo. -

Hope dejó el vaso en la mesita a mi lado. - ¿Necesitas algo? -

- Sí, ayúdame a incorporarme. Quiero salir fuera. -

- Dio, no es buena idea. -

Saqué las piernas de la cama. Aquaboy y estrellita me sujetaron antes de que me derrumbara al suelo. Tuve náuseas.

- Te lo he dicho. - Refunfuñó Hope.

- Luego yo soy el imprudente. - Se quejo Percy.

- Estoy bien, estoy bien. - Insistí dejando salir un suspiro cansado. - Solo necesito aire fresco. -

No quería quedarme tumbado en la cama como un inválido mientras Luke rondaba por ahí planeando destruir el mundo occidental. Conseguí dar un paso. Después otro, aún apoyando casi todo mi peso en Percy y Hope, mientras Annabeth nos veía y seguía de cerca. Argos nos siguió a prudente distancia.

Cuando llegamos al porche, tenía el rostro perlado de sudor y el estómago hecho un manojo de nervios. Pero había conseguido llegar a la balaustrada.

Estaba oscureciendo. El campamento parecía abandonado. La cabañas estaban a oscuras y la cancha de voleibol en silencio. Ninguna canoa surcaba el lago. Más allá de los bosques y los campos de fresas, el canal de Long Island Sound reflejaba la última luz del sol.

- ¿Qué van a hacer? - Nos preguntó Annabeth.

- No lo sé. - Dijo Percy.

- No estoy muy seguro. - Dije yo por mi parte.

- Yo … Volveré el próximo verano. - Dijo Hope de repente. - Mi tía, la hermana de mi padre, contacto conmigo. Ella … Quiere que la familia esté unida y … Bueno, acepte. -

- Ya veo … Te deseo lo mejor. -

Todos les dimos los mejores deseos a ella junto a su familia mortal. Luego Percy comentó que tenía la impresión de que Quirón quería que nos quedáramos todo el año para seguir con un entrenamiento personalizado, pero no estaba muy seguro y yo tampoco. En cualquier caso, Aquaboy admitió que se sentía mal por dejarla sola, con la única compañía de Clarisse …

Entonces, Annabeth apretó los labios y luego susurró: - Me marcho a casa a pasar el año, Percy. -

- ¿Quieres decir con tu padre? - Preguntó el.

Yo estaba sorprendido por el dato. Hope no parecía sorprendida, parecía que había hablado con ella con anterioridad.

Señaló la cima de la colina Mestiza. Junto al pino de Thalia, justo al borde de los límites mágicos del campamento, se recortaba la silueta de una familia: dos niños pequeños, una mujer y un hombre alto de pelo rubio. Parecían estar esperando. El hombre sostenía una mochila que se parecía a la que Annabeth había sacado del Waterland de Denver.

- Le escribí una carta cuando volvimos. - Nos contó Annabeth. - Como ustedes habían dicho. Le dije que lo sentía. Que volvería a casa durante el año si aún me quería. Me contestó enseguida. Así que hemos decidido darnos otra oportunidad. -

- Eso habrá requerido valor. - Elogió Percy.

Sonreí levemente. - Se que las cosas serán diferentes, esta oportunidad será la definitiva. -

Ella pretó los labios. - ¿Verdad que no van a intentar ninguna tontería durante el año académico? O al menos no sin antes enviarme un mensaje iris. -

Todos sonreímos.

- No voy a buscarme problemas. Normalmente no hace falta. - Dijo Percy.

- Generalmente los problemas nos buscan a nosotros, así que no debes preocuparte por eso. - Dije yo.

- Estos niños … - Suspiró Hope.

- Cuando vuelva el próximo verano. - Nos dijo Annabeth. - Iremos tras Luke. Pediremos una misión, pero, si no nos la conceden, nos escaparemos y lo haremos igualmente. ¿De acuerdo? -

- No podría ser de otra forma. - Dije mirando el cielo.

- No puedo creer que mi pequeña lechuza se haya puesto tan rebelde, ustedes en verdad son una mala influencia para ella. - Nos regañó Hope, pero tenia una mirada determinada.

- Parece un plan digno de Atenea. - Dijo Percy.

Chocamos las manos todos.

- Quédense, sesos de alga, niño hoguera. - Nos dijo, ¿Pero en serio era necesario otro apodo? - Mantengan los ojos abiertos. -

- Tú también, listilla. - Dijo Percy.

- Cuídate, lechuza. - Le dijo Hope.

La vimos marcharse colina arriba y unirse a su familia. Abrazó a su padre y miró el valle por última vez. Tocó el pino de Thalia y dejó que la condujeran más alláde la colina, hacia el mundo mortal.

No pasó mucho tiempo para que una mujer llegara, con tres niños, uno de mi edad y un segundo de la edad de Percy y una niña de unos seis años. Al parecer era la tía de Hope, ella se levantó y se despidió de nosotros, luego se fue con ellos.

Solo quedábamos Percy y yo ahí.

Por primera vez me sentí realmente solo en el campamento. Miré el Long Island Sound y recordé las palabras de la aquella mujer en el lago.

Si quería saber quién era … Debía enfrentar el mar y el cielo. Ya salí del Inframundo, solo quedaban esos dos … Y saber quién era ese hombre en mis sueños.

Ya tenia una decisión.

Me pregunté por un segundo si a Hestia la aprobaría.

- Volveré el verano que viene. - Dijo Percy de repente.

Sonreí. - Es mejor decir, "volveremos el verano que viene, hermanito." - Le dije y entonces Aquaboy sonrió ampliamente. - Y sobreviviremos hasta entonces. Después de todo, eres el hijo del mar y yo de la hoguera. -

- Y juntos somos invencibles. -

Percy le pidió a Argos que nos acompañara hasta la cabaña 3 para preparar nuestras bolsas mientras el me ayudaba a caminar, para por fin marcharnos a nuestro nuevo hogar como una familia.

...