Mis sueños ahora comenzaban así:
Primero veía a aquel hombre de ojos dorados, Kronos, con su guadaña en mano para decapitarme. Nada nuevo la verdad.
Pero nuevas imágenes se revelaron esta vez. Una joven con una lanza envuelta en rayos se enfrentó a una llama ardiente, me tomó un momento darme cuenta de que la joven era Thalia, la hija de Zues y su oponente … Era yo.
La imagen volvió a cambiar de repente y esta vez estaba sumergido en el fondo del océano. No tuve tiempo de entrar en pánico al no poder respirar bajo el agua cuando lo que parecía un monstruo pez arremetió contra mi. Esa cosa era parecida a uno de los personajes de la serie Raruto que veáia Chloe, ¿Era Wasame? ¿Kaname? No lo recuerdo, pero tenían un gran parecido solo mucho más monstruoso y feo.
La imagen volvió a cambiar cuando el monstruo pez me atrapo dentro de sus fauces. Y esta vez estaba en el segundo sueño más frecuente que he tenido en todo este año desde que quedé inconsciente por el veneno del escorpión del abismo.
Estaba en una planicies nevadas en un bosque remoto de Alaska, no sabía exactamente como pero sabía muy bien en donde me encontraba.
Nuevamente estaban presentes mi madre Hestia hecha una furia ardiente de llamas doradas y frente a ella estaba un hombre muy parecido a mi, solo que con iris azules, pupilas negras en forma de cruz y un pequeño punto dorado. En su cabeza una diadema de platino se apretaba alrededor de su frente como si fuese una corona.
El era …
- Mi nombre es James. James Wilson. - Se presentó el hombre. - ¿Estas bien, señorita? -
Era mi padre.
Mi madre lo miró de manera inquisitiva antes de mirar el lugar donde desapareció el monstruo que la había intentado atacar para luego volver centrar su vista en James.
- Podía defenderme sola. - Le dijo Hestia un poco fría, algo anti natural en ella.
Mi padre la miró de arriba a abajo, como si la analizará. - Si, supongo que sí. -
- Pero gracias. -
James sonrió con ironía. - Al menos tienes modales. -
Mi madre resopló volteando su mirada lejos de mi padre. - Este … Este no es el mejor momento. - Dijo en voz baja.
- Mm, eso puedo decirlo yo, ¿Que es lo que te aflige? - Le pregunto antes de sentarse en un roca cercana, actuando como un psicólogo. Un psicólogo muy extraño cabe destacar.
- No lo entenderías. - Le dijo Hestia de manera cortante pero apenada.
- Tal vez tenga razón. - Mi padre se encogió de hombros. - Pero hablar de los problemas con alguien generalmente ayudan … O al menos eso era lo que decía mi abuelo. -
Mi madre miró al hombre frente a ella con sospecha, como si se preguntará si podía confiar en verdad en él. Pero antes de que pudiera tomar una decisión, un estallido sónico resonó en la zona, justo por detrás de mi.
Por instinto, Hestia lanzó una llamara hacia esa dirección … Justamente donde estaba yo.
Y así mi propia madre me incineró con un mar de llamas.
…
Me levanté de golpe al instante. No estaba en una tierra nevada, solo en mi cama. La luz del amanecer se filtraba por la ventana de la habitación.
Me quedé incrédulo de no haber gritado de horror por ser incinerado por mi madre en un sueño. Pero como he dicho antes, esa escena ha sido la segunda más frecuente en estos últimos meses junto la de Kronos matándome.
¿Por qué todos mis sueños involucran una forma de matar al pobre Dio? ¡Estas no son las mil maneras de matar a Dio!
Aunque generalmente no me sorprende tener estos sueños, casi siempre sueño con una sola cosa. Pero desde el último mes mis sueños se han vuelto más caóticos y cambian de escena casi al instante en donde "muero".
Eso solo me daba un mal presentimiento.
Deje salir un suspiró cansado, si seguía teniendo estos sueños tan extraños cuandi duermo estaba seguro de que terminaría más exhausto que estando despierto.
Me levanté de mi cama y miré por la ventana para despejar mi mente. Pero entonces logré vislumbrar algo a través del cristal.
Parecía ser unas sombras, de aspecto humano pero no podía distinguir mucho con el sol en contra.
Enseguida oí que golpeaban mi puerta y mamá Sally llamándome del otro lado:
- ¡Dio, van a llegar tarde! -
Cuando ella dijo eso al segundo siguiente las sombras de la ventana desaparecieron. Tenía que ser mi imaginación, mi sueños deben estar afectando mi percepción. Era la ventana de un quinto piso, con una salida de incendios vieja y desvencijada … Era imposible que hubiera nadie ahí fuera, ¿Cierto?
- Vamos, cariño. - Insistió Sally. - Hoy es el día de tu examen de conducir. -
¡Cierto! Hoy es el día en que haga el examen, al fin tendré mi propia licencia de conducir. En verdad estaba entusiasmado por eso ya que en un futuro próximo puede que tenga un auto y será increíble.
- Ya voy. - Le dije.
Fui hacia mi mesita de noche, donde en un pequeño cofre guardaba mis anillos. No había utilizado Diathikes e Ischyros desde hace mucho tiempo, ni tampoco los llevaba a clases por lo estricta que era mi escuela. Pero hoy podría llevarlos a la prueba y sentía que de verdad lo necesitaba.
Además, mamá Sally, el día en que Percy destrozó su vitrina manejando una jabalina torpemente, nos hizo prometer que no volveríamos a usar armas mortíferas en el apartamento.
Empecé a recordar a mis amigos del orfanato las Hermanas de la Caridad, a veces les mandaba cartas. Fue un poco duro despedirme de ellos, pero ellos lo entendieron. Extrañó especialmente a la Hermana Ilia, Chloe e incluso hecho de menos a Mike a pesar de su indiferencia. Sin embargo, no los he ido a visitar desde el final de verano pasado, cuando fui a recoger mis cosas para irme con Sally y Percy al nuevo apartamento que alquilaron.
Un apartamento sin Gabe, es lo mejor del mundo.
Me alisté para salir mientras alejaba los pensamientos referentes a los suelos que tuve, parecían cosas sin sentido pero en realidad parecían significar algo pero no podía discernir el que. Además, esas sombras de la ventana de verdad lograron ponerme nervioso.
En verdad tenia un mal presentimiento.
Cuando salí de mi habitación me encontré a Percy, se veía más callado de lo usual. Algo extraño porque hoy era su último día de escuela. Debería estar entusiasmado; por primera vez en su vida, casi había logrado pasar un año entero sin que lo expulsaran, sin accidentes extraños, sin peleas en clase, sin profesores que se convirtiesen de repente en monstruos decididos a acabar contigo con una comida envenenada o le dieran tareas para casa con carga explosiva. Y al día siguiente nos iríamos hacia nuestro lugar preferido de este mundo: el Campamento Mestizo.
Pero no, estaba inusualmente callado, pensativo e incluso asustado.
- ¿Paso algo? - Le pregunté en sala, mientras Sally terminaba de hacer el desayuno.
Aquaboy dudo por un segundo pero a la final abrió la boca. - Tuve un sueño … Con Grover. -
Me sorprendí ante la mención de nuestro amigo que no habíamos visto desde hace un tiempo.
Grover es un sátiro. De cintura para arriba, parece el típico adolescente desgarbado con una pelusilla de chivo y un serio problema de acné. Mientras por debajo es parte cabra, es decir tiene piernas peludas y con pezuñas.
Era el mejor amigo de Percy durante el sexto curso en la academia Nancy, y había participado con nosotros y Annabeth en nuestra gran travesía para salvar el mundo recuperando el rayo del Rey del Olimpo. Pero no lo habíamos visto desde el mes de julio, cuando emprendió solo una peligrosa búsqueda de la que ningún sátiro había regresado vivo.
Su búsqueda para encontrar al Pan, el dios de los salvaje.
Percy y yo oramos de en vez en cuando para que en verdad sea el primero en encontrarlo y regrese.
Mi hermano adoptivo me contó sobre su sueño, donde Grover era perseguido por una sombra gigante en Florida y luego fue raptado por esa misma sombra en una tienda de trajes de novia.
- No pude distinguir nada de la sombra. - Finalizaba de contar su sueño Percy. - Pero escuchaba a Grover decir: "Tengo que escapar, tengo que advertirles". -
Frunci el ceño mientras meditaba la que Aquaboy me había dicho. Este sueño sobre Grover y mis recientes caóticos sueños no podían ser una coincidencia.
Con tres dedos formé una garra sobre mi corazón y la moví hacia fuera, como empujando: un gesto para ahuyentar males que nos había enseñado Grover hacía mucho tiempo.
Percy hizo el mismo gesto. De alguna forma hacer ese ademán nos tranquilizaba.
- ¡Chicos, el desayuno está listo! - Nos llamó Sally para comer.
- Hablemos de esto más tarde, hoy es un día importante para ambos. Finalmente terminarás un curso completamente y yo tendré mi licencia de conducir. - Le sonreí a mi hermanito-primito. - Además, si no logramos resolver ese problema nosotros dos solos, mañana vamos al campamento. Haya Annabeth, Hope y Quiron nos ayudarán con esto, estoy seguro. -
Percy sonrió levemente. - Tienes razón, Dio. Solo un día y todo listo. Ni siquiera yo podría arruinarlo a estas alturas. -
Sonreí pero sentí como la boca de mi estómago se hundía.
Cuando Aquaboy termino de decir esas palabras no pude evitar de tener el sentimiento de lo mal que iban a terminar las cosas hoy.
…
Sally había preparado gofres azules y huevos azules para desayunar. Ella es ese tipo de persona, celebra las ocasiones especiales preparando comida de color azul.
Supongo que es su manera de decir que todo es posible: Percy casi termina séptimo curso, Dio va a tener licencia de conducir, los gofres pueden ser azules … Pequeños milagros así por el estilo.
Desayunamos en la cocina mientras ella lavaba los platos. Iba vestida con su uniforme de trabajo: la falda azul con estrellas y la blusa a rayas rojas y blancas que se ponía para vender golosinas en Sweet on America, la tienda de caramelos donde trabajaba. Llevaba su largo pelo castaño recogido en una cola de caballo.
Los gofres estaban muy buenos, pero ni Percy ni yo parecíamos tan animados ese momento, porque nuestra madre nos miró y frunció el ceño.
- ¿Se encuentran bien, chicos? - Pregunto con un hilo de preocupación que detecte en su voz.
- Todo bien. - Dije apresuradamente. Pero mi cabeza estaba inundada de aquellos sueños que tuvimos Percy y yo.
- Si … Perfecto. - Murmuró Aquaboy sin mucho ánimo.
Ella era muy atenta, demasiado hábil cuando se trataba de nosotros, siempre se daba cuenta cuando algo nos preocupaba. Se secó las manos y se sentó frente a nosotros.
- ¿Es la escuela? ¿Estas nervioso por tu examen, Dio? - Sally frunció el ceño un poco más. - ¿O acaso es … ? -
No hizo falta que terminara la frase, ya sabíamos muy bien lo que nos estaba preguntando.
- Creo que Grover está en problemas. - Dijo Percy, y entonces prosiguió a contarle el sueño que había tenido.
Ella apretó los labios. No solíamos hablar de ese otro aspecto de nuestras vidas como semidioses. Procurábamos vivir del modo más normal posible, pero Sally estaba al corriente de la situación de Grover.
- Yo no me preocuparía, cariño. - Dijo Sally. - Grover ya es un sátiro mayor; si hubiese algún problema, estoy segura de que nos habrían avisado desde el campamento … - Me pareció notar como ella tensaba sus hombros al pronunciar ésa última palabra.
- ¿Que ocurre? - Le pregunté.
- ¿Mama, ocurrió algo? - Pregunto Percy, al parecer no fui el único que notó el leve cambio de mamá Sally.
- Nada. ¿Saben qué vamos a hacer, chicos? Esta tarde iremos a celebrar el fin de curso y la nueva licencia de conducir. Los llevaré a ustedes y a Tyson al Rockefeller Center, a esa tienda de monopatines que les gusta tanto. - Nos propuso ella con una sonrisa.
Vaya, eso sí que era una tentación muy grande. Nosotros siempre íbamos muy justos de dinero. Entre las clases nocturnas de Sally y la matrícula en la escuela privada de Percy, no podíamos permitirnos ningún extra, como por ejemplo un monopatín. Por suerte yo estudiaba en una escuela pública lo cual ayudaba un poco la carga, pero aún así …
Habia algo en su voz me inquietaba. Parecía una forma de alejarnos sobre cierto tema en especial … El campamento Mestizo.
- Un momento. - Dijo Percy, pensando lo mismo que yo. - Creía que esta tarde íbamos a preparar nuestro equipaje para el campamento. -
Ella empezó a estrujar el trapo que tenía entre las manos.
- Ay, mis amores, es que … Anoche recibí un mensaje de Quirón. -
Sentí un leve ardor en mis ojos en anticipación de lo que iba a decir. Quirón era el director de actividades del Campamento Mestizo, y no se habría puesto en contacto con nosotros a menos que ocurriese algo muy grave, y puede que así sea.
- Que … ¿Que dijo? - Pregunté con vacilación.
- El … El Considera que … Ir al campamento ahora mismo podría ser muy peligroso para ustedes. Quizás tengamos que aplazarlo. -
- ¿Que? ¿Aplazarlo? - Dije casi atragantadome con mi propia saliva debido a la sorpresa. - ¡¿Como puede ser?!
- ¡¿Pero cómo va a ser peligroso, mamá?! ¡Somos mestizos! Es el único lugar del mundo seguro para personas como nosotros dos. - Dijo Percy tan alterado como yo ante la noticia.
- Normalmente sí, cariño. Pero con los problemas que ahora tenemos … - Ella volvió a quedarse callada, dejándonos a Aquaboy y a mi en la incertidumbre.
- ¿Cuales problemas? - Volví a preguntar, pero sabía que no iba a recibir una respuesta clara.
- Lo siento, Dio, Percy. Lo siento mucho en verdad. Iba a contárselos esta tarde, pero ahora no puedo explicárselo del todo. Ni siquiera estoy segura de que Quirón fuese capaz de hacerlo. Ha ocurrido todo tan de repente … Nos ha tomado por sorpresa a todo el mundo. - Sally se calló nuevamente, y sabía que no íbamos a sacarle ninguna palabra a menos que la hiciéramos llorar.
Y prefiero morir antes que hacer eso.
Pero aún así eso no evitó que me quedara atónito, ¿Cómo era posible que no pudiéramos ir al campamento? Tenía un millón de preguntas y mi cabeza estaba dando vueltas ya con mis pesadillas recurrentes, pero sumándole esto sentía que mi cabeza iba a explotar.
Justo en ese momento el reloj de la cocina sonó, dando la hora para irse. Mamá casi pareció aliviada por eso.
- Son las siete y media, mis niños. Tienen que irse … Percy, Tyson debe de estar esperándote. Dio, tu no puedes llegar tarde a tu examen. -
- Pero … - Intento hablar Percy, pero Sally lo interrumpió antes de eso.
- Hablaremos esta tarde, chicos. Ahora tienen que irse. -
Era lo último que quería hacer y sabía que pasaba lo mismo con Percy, pero Sally tenía una expresión de fragilidad, una especie de aviso escrito en su mirada. Si la presionabamos demasiado, se echaría a llorar. Además, lo que decía del amigo de Percy, Tyson, puede que sea cierto: no debia de hacerle esperar en la estación del metro, hasta donde se eso le disgustaba mucho, le daba miedo andar solo por lugares subterráneos. Así que recogí mis cosas junto a Aquaboy, los iba acompañar hasta la estación del metro y luego tomaría mi propio camino al lugar de mi examen.
Percy terminó de recoger sus cosas y nos dispusimos a marcharnos, pero todavía nos detuvimos en el umbral, con mi primo detrás de mi.
- Mamá … Ese problema del campamento, ¿Podría tener algo que ver con mi sueño sobre Grover? - Le pregunto Percy con urgencia en su voz.
El campamento, Grover, mis sueños más caóticos … Todo parecían alinearse para crear un efecto mariposa devastador … Nada nuevo en la vida de un semidiós.
Sally ni siquiera nos miró. Esa era toda la respuesta que necesitaba.
- Ya hablaremos luego, cariño. Se los explicaré todo … Al menos, todo lo que pueda. - Dijo ella desviando de nuevo la pregunta. Pero yo me hacía una pequeña idea de lo que pasaba.
Percy se despidió a regañadientes, yo me despedí con una sonrisa frívola pero aún así estaba preocupado.
Aquaboy corrió escaleras abajo para luego correr por las calles para alcanzar su tren, yo en cambio lo seguía con mi bicicleta para darle ánimos.
Dentro de poco se que cambiaré esta bicicleta por un auto … O al menos una moto.
Al salir a la calle, miré el edificio de piedra rojiza de enfrente. Por un segundo vi dos sombras oscuras, unas siluetas humana dibujándose contra la pared, unas sombras que no parecía pertenecer a nadie en particular.
Luego empezó a ondularse y se desvaneció.
Me encogí de hombros, quizás había tomado demasiada leche de melocotón la noche anterior.
Proseguimos hasta llegar a la estación de tren junto a Percy, donde su amigo Tyson lo esperaba.
Tyson era el único amigo que Percy había hecho en la escuela, además de ser el único chaval sin techo de la Escuela Preparatoria Meriwether, algo con lo que podía simpatizar.
Por lo que Sally, Percy y yo habíamos deducido, sus padres lo habían abandonado cuando era muy pequeño, seguramente por ser … Tan diferente. Medía uno noventa y tenía la complexión del Abominable Hombre de las Nieves, pero lloraba continuamente y casi todo le daba miedo, incluso su propio reflejo.
Tenía la cara como deformada y con un aspecto brutal. No sabría decir de qué color eran sus ojos, porque nunca me molesté a mirarlo más arriba de sus dientes torcidos. Aunque su voz era grave, hablaba de un modo más bien raro, como un chaval mucho más pequeño, supongo que porque nunca había ido al colegio antes de entrar en el Meriwether.
Pero a veces su aspecto se me hacía medianamente familiar.
El llevaba unos tejanos andrajosos, unas mugrientas zapatillas del número cincuenta y una camisa a cuadros escoceses con varios agujeros. Olía como huelen los callejones de Nueva York, porque de hecho vivía en uno de ellos, junto a la calle Setenta y dos, en la caja de cartón de un frigorífico.
La Escuela Meriwether lo había adoptado a resultas de un proyecto de servicios comunitarios para que los alumnos pudieran sentirse satisfechos de sí mismos … Pura hipocresía. Por desgracia, la mayoría no soportaba a Tyson. En cuanto descubrían que era un blandengue, un blandengue enorme, pese a su fuerza descomunal y su mirada espeluznante, se divertían metiéndose con él según me contaba Percy. Aquaboy era prácticamente su único amigo, lo cual significaba que él era también su único amigo.
Sally había protestado un millón de veces en el colegio y los había acusado de no estar haciendo lo bastante para ayudarlo. También había llamado a los servicios sociales, pero al final nunca pasaba nada. Los asistentes sociales alegaban que Tyson no existía. Juraban y perjuraban que habían ido al callejón que les habíamos indicado y que nunca lo encontraban allí.
Cómo puede ser posible no encontrar a un chaval gigante que vive en la caja de un frigorífico, jamás llegue a descubrirlo.
- ¡Hola, Dio! - Gritó Tyson con una gran sonrisa mostrando su horrible dentadura, pero a pesar de ello me pareció de cierta forma agradable.
- Hola, Tyson. - Le sonreí. - Por favor cuida de Percy. -
Percy resopló indignado, pero el gigante sonrió ampliamente.
- ¡Si! ¡Tyson cuidará a Percy! -
Quién diría que su complejo de Hulk lo haría ver tan mono.
- Es decir, yo cuidaré de él. - Dijo Percy.
Yo negué con la cabeza divertido antes de sacudir el cabello Aquaboy, el cual refunfuñó pero no hizo nada para alejar mi mano.
- Cuídate, ¿Okay? - Le dije con seriedad, me empecé a sentir igual que Sally o la hermana Ilia el año pasado, el día que fui expulsado de la secundaria Eleanor Roosevelt. - Resolveremos lo del campamento cuando volvamos. -
Percy asintió y dolor un leve sonrisa. - Suerte en tu examen. -
- Suerte en no incendiar la escuela. - Dije en broma.
- No prometo nada. -
- Eso me sirve. - Sonreí antes de empezar a irme.
- ¡Adiós, Dio! - Grito Tyson agitando sus manos.
Hice un ademán de despedida con mi mano en respuesta antes de enfrascarme a ir a mi destino.
Pero apenas a unos pocos metros empecé a sentir que alguien me observaba desde los callejones, mis ojos ardieron de manera peligrosa en respuesta. Eso generalmente no eran buena señal.
Sin embargo no logré ver nada entre los callejones, y no vi ninguna sombra en los edificios. Suspiré debido a esta situación tan frustrante, se que nada es eterno pero al menos esperaba que las cosas resultaran bien hoy hasta poder regresar a casa y resolver todo.
No era plenamente consciente en aquel momento, pero nos sería imposible a Percy y a mi tener aquella conversación con Sally esa misma tarde.
De hecho, ya no volveríamos a casa en un futuro próximo.
La vida de un semidiós apesta.
...
