El camino hacia el Departamento de Vehículos Motorizados de New York o simplemente DMV para abreviar, fue relativamente calmado ... Demasiado calmado para mi gusto para ser sinceros. Luego de haber pasado por tantos problemas el verano pasado buscando el Rayo Maestro de Zeus para luego volver a tu vida normal ... Pues fue un cambio un poco radical. Así que las cosas en calma me alteran por alguna razón, ¿Quizas sean los efectos del THDA? Algo que padecen todos los semidioses que los mantiene en alerta en todo momento. Es algo muy útil ya que te puede mantener con vida durante una batalla.

Aunque no sabia que tan útil me podría ser durante mi examen de conducir pero es una buena fortuna que tenga dislexia y no daltonismo por lo menos.

Llegué al Departamento Vehicular donde seria el lugar de mi examen de conducir. Estacione mi bicicleta en su estacionamiento respectivo y le puse su candado y cadena, es mejor prevenir que lamentar. Y al menos si no me voy de aquí con un auto o al menos lo haré en una bicicleta ... Sin importar lo triste que pueda ser eso.

Pero dejemos el pesimismo de lado, soy es mi día. Esta vez si tendría mi licencia de conducir.

Con los ánimos por las nubes entre al edifico del DMV sin mas preámbulos, no estaba muy lleno pero casi todos los que iban a tomar el examen lucían muy nerviosos al respecto. Desde jóvenes como yo hasta adultos de segunda edad que venían a renovar su licencia, desde hombres alcohólicos que se les revoco su licencia por conducir en estado de ebriedad hasta mujeres que causaron accidentes por estar ocupadas con sus teléfonos o bien, de su maquillaje mientras conducían.

Y siendo sinceros ... Debían de estarlos, porque nuestro examinador ... Pues, era muy estricto y exigente por así decirlo. Créanme, lo se porque ... Me avergüenza decirlo pero esta es la tercera vez que tomo el examen de conducir. Para aclarar, nunca atropelle a una anciana cruzando la calle o aplaste a un perro mientras orinaba en un árbol ya que nunca pasaba del examen escrito del Departamento de Vehículos Motorizados, y siendo sinceros, no era mi culpa. Era culpa de mi dislexia obviamente.

Cada vez que veía mi examen, una hoja de preguntas que debía responder, se convertía en una flagrante sopa de letras donde solo encontraba palabras relacionadas con postres italianos por alguna razón que ni siquiera yo entiendo así que no le daré muchas vueltas al asunto.

Pero bueno, ya saben lo que dicen, la tercera es la vencida ... Y espero que sea verdad en el sentido de que reciba mi licencia de conducir al fin y no en el sentido de que me veten del lugar por ser un impertinente con los vehículos.

Solo podía orar porque fuese la primera.

Me acerqué a la recepción de las instalaciones, atendiendo estaba una mujer mayor que me dio una mirada despectiva.

- Aquí otra ves. - Dijo la mujer sin ánimos. Ella había estado en la otras dos ocasiones que había venido. La anciana me dio una tarjeta con un número. - Esperemos que esta vez si lo logres. -

No respondí y simplemente me limité a tomar la tarjeta e irme a sentar juntos los demás examinados para esperar la hora de nuestro examen escrito.

Solo espero que la espera no sea muy larga.

Y afortunadamente no lo fue, antes de que me distrajera para contar las moscas que rondaban asaltar el pastelillo de la recepcionista, un hombre de mediana edad casi completamente calvo y de lentes llegó con una tabla porta hojas.

El seri nuestro examinador para nuestra desgracia, Will Miller. El hombre que me había reprobado las anteriores dos veces ... Simplemente genial.

El señor Miller lucía una expresión agria mientras miraba los nombres escritos en las hojas en su tableta, lanzando miradas despectivas a aquellos que venían de vuelta a tomar el examen a pesar de fracasar. Por supuesto, yo estaba entre esas personas, por lo tanto recibí su amigable mirada disconformidad al ser mi tercer intento.

Lo bueno, si es que tengo suerte y apruebo no tendré que volver a ver al señor Miller en mi vida y podré conducir un auto sin preocuparme más de él ... Y si no lo lograba, pues tendría que cambiar de DMV para ver si el examen es un poco más fácil.

Esa es una alternativa que no quiero usar, ya que me frustra y me hace sentir que simplemente estoy evadiendo mis problemas para no esforzarme tanto, lo cual me genera mucha molestia ya que en realidad lo estoy dando todo de mi.

Pero eso no importa, hoy es mi día.

- Al parecer varios de ustedes quieren retomar el examen. - Dijo el señor Miller mirándome explícitamente. - Bien, rompamos sus ilusiones de una buena vez. Síganme. -

Uf, que gran examinador. Pero no había de otra.

Las personas que estaban alrededor mío lucían aún más nerviosas por las palabras del señor Miller, pero aún así se pusieron de pie y lo siguieron hasta el salón donde tomaríamos el examen escrito. Yo iba de último, pero justamente escuché un susurro que llamó mi atención.

- ¡Dio! -

Mire a mi alrededor al es escuchar mi apodo, no es que fuese particularmente famoso, pero no mucha gente me llamaba de esa manera. Sin embargo, en las oficinas del Departamento de Vehículos Motorizados no había nadie a quien pudiera reconocer más a allá de la recepcionista malhumorada que tomaba café y otras personas que estaban a aqui por diversas razones.

Lo que más me pareció extraño, es que aquella voz era femenina y me resultaba muy familiar ... Demasiado familiar ...

- ¡Señor Wilson! Tomara el examen, ¿Si o no? -

Sin embargo, no podía indagar más debido a que el señor Miller me llamó.

- ¡En seguida! - Respondí antes de apresurarme hacia el salón donde seríamos examinados.

Quizás solo eran imaginaciones mías debido a lo nervioso que estaba por el examen en conjunto a las complicaciones con el campamento. Realmente me deprimió los problemas haya en el Campamento Mestizo, además de que mis pesadillas se volvieron más caóticos de repente desde la noche a la mañana ... Literalmente. Además, tampoco me sacaba de la cabeza el hecho de que Grover pudiera estar en peligro como indicaba el sueño de Percy.

Solo esperaba que estar tarde pudiéramos empezar un plan para resolverlo todo.

Cuando entre al salón no pude evitar hacer una mueca mientras observaba el único asiento disponible.

- Por fin, señor Wilson. Pensé que nos iba hacer esperar. - Dijo con frialdad el señor Miller. - Me tomé la molestia de dejarle un asiento especial para usted. -

El hombre calvo señaló justamente al asiento que tenia al frente de su escritorio que casualmente era el único asiento disponible para mi.

- Es para asegurarme de que no tenga problemas con su exámen. - Me sonrió de manera fría.

Y a pesar de sus palabras, yo solo logré entender: "Para asegurarme de que no hagas trampa durante el examen."

Eso era algo que no hacía falta, mi dislexia arruinaba todo lo que miraba en mi hoja de exámen, intentar ver las respuestas de mis compañeros no sería fructífero por las mismas razones. Pero no tenia sentido tratar de discutir con el señor Miller, porque de seguro me puso ahí para ponerme aún más nervioso y hacer que desista en conseguir mi licencia de conducir.

Pero eso no va a pasar, porque está vez si lo lograré.

Fui a mi asiento sin rechistar y me senté sin que me importara la mirada irritada del señor Miller.

- ... Bien, comencemos el exámen. - Dijo el antes de pararse y repartir las hojas de prueba a cada uno. - Tienen una hora, comiencen. -

Luego de que dijo esas palabras, miré mi examen. Todas las letras salieron volando de sus respectivos lugares y se ordenaron en palabras que dejaron de estar en Inglés. Reconocí algunas palabras en griego, otras en latín pero extrañamente también encontré palabras en chino ... Pero lo más extraño es que seguía consiguiendo nombres de postres italianos y para mi desgracia, no encontraba nada referente a vehículos o las leyes de tránsito.

- 'Oh, Atenea.' - Solamente pude limitarme a orar como último recuerso. - 'Se que soy diferente al Diomedes que participó en la Guerra de Troya, pero por favor, ayúdame esta vez.' -

De verdad quería mi licencia, ¿Y quién mejor encomendar mis oraciones a la diosa que creo las carretas? Además, no recuerdo a ningún dios de los autos, carreras o licencia de conducir en este momento.

De repente, la puerta del salón se abrió, llamando así la atención de todos, incluso del señor Miller, quien no parecía estar esperando a nadie.

Entro una mujer en sus treinta años, cabello rubio ondulado que lucía extraño con sus tan grises como nubes de tormenta, casi me recordó a Annabeth. De hecho, creo que si Annabeth creciera, se vería exactamente igual a esta mujer. Ella utilizaba un elegante traje de secretaria con gafas de montura metalizadas.

- Señor Miller, lo necesitan urgentemente por unos documentos en recepción. - Dijo la mujer.

- ¿Que? Pero ... - Balbuceó el señor Miller, sus ojos parecían vidriosos por alguna razón.

- Parecía un problema grave, la señora Johnson dijo que solo usted podía arreglarlo. - La mujer sonrió de manera casi demasiado radiante que sentía que estaba mal de alguna forma. - No se preocupe por la prueba, yo la tomaré desde aquí. -

- Uh ... Esta bien, si usted lo dice, señorita Tidida. - Cohibido, el señor Miller se retira.

Entonces, la mujer, ahora conocida como "señorita Tidida" se paró frente a la clase. Ella nos sonrió levemente, no había burla o frialdad como el señor Miller hacia, sino una sonrisa común y corriente, reconfortante incluso.

- Bien, mi nombre es Minerva Tidida, seré su examinadora por ahora. - Se presentó la mujer antes de mirar nuestras hojas de prueba. - Que anticuado son los exámenes escritos, ¡Tengo una idea! ¿Por qué no hacemos de esto un debate? -

- ¡Si! - Exclamó todo el salón, yo incluido.

Esta nueva metodología me beneficia mucho a mi. Mientras que no puedo leer y/o responder bien las preguntas en mi hoja de prueba debido a mi dislexia, un exámen oral es diferente.

¡Y esta vez si estudie gracias a Sally!

La señorita Minerva me sonrió al notar mi gran emoción por este nuevo tipo de prueba, cosa que me hizo sonrojar furiosamente. Aunque por un momento creí ver que me guiñó el ojo ...

Eso no ayudó en nada para calmar mi corazón de adolescente.

- ¡Muy bien! Me alegra que todos estén emocionados. - La señorita Minerva aplaudió antes de sonreír. - ¡La primer pregunta es ... ! -

Y así una larga ronda de preguntas y respuestas comenzó, y no termino hasta que se cumplió la hora.

Al final respondí todas las preguntas que la señorita Minerva había hecho, y al finalizar, ella tomó las hojas de prueba que el señor Miller nos había dado y fue ahí donde anotó nuestras calificaciones. Muchos salieron muy felices con sus altas puntuaciones en comparación a las notas que habían sacado en sus exámenes anteriores con el señor Miller, y salieron del salón para esperar su prueba práctica.

Naturalmente, yo fui el último en recibir mi calificación.

- Felicidades, señor Wilson. Ha aprobado. - Me felicitó la señorita Minerva antes de entregarme mi nota.

A+

Era lo que estaba escrito con marcador rojo, remarcando un puntaje perfecto. No pude evitar sonreír ampliamente por eso.

- Si que se ha esforzado mucho en comparación a sus anteriores pruebas, señor Wilson. - Decía la señorita Minerva sonriendo. - ¿Acaso estudió más esta vez? ¿O quizás los exámenes escritos lo ponen nervioso? ¿O tal vez ...? - Hablaba ella haciendo varias preguntas que me pusieron algo incómodo, especialmente la última que no la termino por completo.

- Si, tal vez me pongo nervioso, hehe. - Dije riendo entre dientes, aunque me sentía nervioso por alguna razón. Y no creo que sea porque la señorita Minerva sea hermosa. Había algo más ...

Ella me dio una pequeña sonrisa, pero parecía aquellas sonrisas que dicen: "Se algo pero tu no", ese tipo de sonrisas me irritan, pero no comente nada al respecto.

- Bueno, has pasado con honores la prueba teórica del examen de conducir, lo cual es lo importante aquí. En una hora aproximadamente tomarás el examen práctico, te deseo suerte. No quiero verte aquí de nuevo. - Dijo sonriendo pero con un tono bromista en la ultima.

No pude evitar sonreír divertido por aquel comentario.

- Gracias de nuevo, señorita Minerva. - Dije antes de empezar a retirarme pero cuando justamente estaba a punto de pasar el umbral de la puerta, escuche a la señorita Minerva murmurar algo entre dientes.

- Lastima que tu no puedes buscar la Marca. - Fue casi un susurro, ni siquiera estando cerca yo podría haberlo escuchado.

Sin embargo, en el momento en que la señorita Minerva había abierto la boca, mis sentidos se dispararon y mis ojos ardieron. Al instante, logré escuchar y entender lo que ella había dicho.

¿A qué se refiere con Marca?

Me di la vuelta. - Disculpe, ¿Dijo algo? -

La señorita Minerva se sobresaltó. - ¿Que? ¡No! No dije nada, debes estar escuchando cosas ... ¿Estas nervioso por tu prueba? Si, eso debe ser. - Decía ella hablando bastante rápido.

- Uh ... ¿Segura? - La miré con sospecha. - ¿No dijo algo sobre una especie de "marca" o algo así? ¿Se refiere a marcas de autos? -

Fue por un momento, quizás un parpadeó. Pero en el momento en que mencioné la dichosa "marca", la actitud de la señorita Minerva cambió desde la noche a la mañana ... En una forma terrible.

Sus ojos grises pero amables se volvieron furiosos como una tormenta esperando desatar un huracán, su cabello rubio pareció elevarse contra la gravedad y vislumbre una forma de serpientes en ellos, pero lo que más me asombró fue ver su semblante optimista de profesora cambiar a algo parecido a las Furias de Hades, es decir, un rostro con una mirada llena de odio ilimitado.

Y tan rápido como apareció, se desvaneció dejándome perplejo por la situación.

La señorita Minerva volvió a hablar, de nuevo su sonrisa estaba en su rostro, pero aún así había mucha tensión en el aire.

- No dije absolutamente nada, joven Diomedes Wilson. Será mejor que siga para que tome su prueba práctica. - Dijo ella sonriendo demasiado amablemente en este momento.

Yo asentí y con una despedida rápido me fui de ahí, sin querer a activar su furia nuevamente.

No me había dado cuenta en ese momento, pero un futuro me daría cuenta que ella no me habló en Inglés.

Sino que hablo en latín.

...

Afortunadamente, tomó solamente media hora para que sea mi turno para la prueba práctica, es aquí donde todas esas horas mirando Rápidos y Furiosos habrán valido la pena.

A pesar de eso, no podía sacarme de encima el pequeño altercado con la señorita Minerva, pero eso solo lo atribuí a que en verdad estoy nervioso y que por culpa de todas las preocupaciones que tengo sobre el Campamento, mis pesadillas, Grover y Percy simplemente han hecho que me vuelva un poco loco.

Si, solo es eso.

No obstante, más de una vez sentía que me observaban ... Y que no eran miradas muy amistosas que digamos.

- ¡Señor Wilson! - Llamaron por mi nombre, indicando que era mi turno.

- Voy. - Dije en respuesta antes de salir hacia el estacionamiento donde estaban aparcados todos los autos para ser utilizados en pruebas de manejo.

Frente a mí estaba un Aveo de dos puertas de color blanco, y en las puertas en negro solo pude suponer que decía que le pertenecía al Departamento Vehicular. A un lado del coche no estaba nadie más que el señor Miller para mí desgracia. Al parecer había terminado con los asuntos que tenia en recepción lamentablemente.

- Al fin llega, señor Wilson. - Dijo el hombre con una mueca irritada.

Al parecer no esperaba que en verdad pasará el examen teórico esta vez, pero gracias a la forma de evaluación que decidió tomar la señorita Minerva logre superar aquella prueba.

Realmente deseaba que la señorita Minerva fuese mi examidadora también esta parte de la prueba, no porque fuese hermosa ... Bueno, en parte, pero era porque ella era más indulgente y no le encontraba el placer a reprobar a las personas que solo querían su licencia de conducir como lo hacía el señor Miller.

- Bien, comencemos esto de una vez. No quiero que desperdicie mas mi tiempo. - Dijo el de manera muy presuntuosa, haciendo que funciera el ceño.

Sin embargo, no podía decir nada. No quería arriesgarme a que me reprobara simplemente por contestarle. Así que me limité a estar callado y seguir al pie de la letra cada cosa que me dijera para terminar la prueba, tengo que recoger a Percy y a Tyson, y quiero darle las grandes noticias de que aprobé.

Así que sin más preámbulos me monte en el coche y lo encendí, desde ahí comenzó mi gran prueba de manejo.

Resultó un completo desastre sin precedentes.

...

Todo inició bien, encendí el Aveo sin dificultad y salí del estacionamiento del DMV con facilidad para comenzar mi prueba en las calles de New York.

Estábamos en la calle treinta Oeste, seguimos en línea recta hasta que cruce a la izquierda en la sexta avenida haciendo un buen trabajo en el cambio de luces. Sin embargo, el señor Miller no decía nada y solo se molestaba en escribir en su tableta porta hojas mis puntaje en la prueba.

En la avenida seis, el asfalto era más amplio y con más carriles por ende había más circulación de autos en comparación a una calle, así que tenia que estar atento a todo. Afortunadamente, mis instintos de combate de semidiós se "activaron" por así decirlo, ya que fácilmente estaba atento a todas las direcciones y a los retrovisores.

Me mantuve en la avenida seis hasta que pasamos el Bryant Park, un parque urbano que visitaba un par de veces. Ahí crucé a la izquierda poniendo obviamente la luz de cruce.

Desde allí todo fue mal.

Cuando entre en la calle cuarenta y dos Oeste sentí que algo iba mal, fue extraño. No había tantos transeúntes en las aceras o si quiera autos en la carretera, de hecho, yo era el conduciendo por aquí. Mire sutilmente al señor Miller, pero a el no parecía importarle en los más mínimo.

Empecé a ponerme nervioso.

Recorrimos unos cuantos metros cuando por fin reconocí algo que nos acompañaba ahora en las calles. Tuve que parpadear un par de veces para poder procesar lo que veía.

Al principio pensé en Grover, porque parecían sátiros. Pero tenían demasiado pelaje en la parte superior. Parecía la combinación de un sátiro y un hombre lobo, media casi dos metros o más. Tenia pezuñas en los pies pero garras en sus manos. Pelaje marrón oscuro y negro. Su cabeza parecía la de un lobo pero sus ojos eran rojos y con pupilas similares a las de una cabra. Tenia grandes cuernos en las cabeza que se curvaban hacia adelante con varios dientes como si fuese una motosierra.

- ¿Pero qué ... ? - No pude evitar decir anonadado.

- ¿Distraído al volante? Eso es un punto menos. - Dijo el señor Miller, pero apenas le presté atención.

Mi vista solo estaba apegada al hombre lobo cabra que nos seguía a gran velocidad, incluso nos estaba alcanzando.

Si el señor Miller no lo veía, eso significaba que son ...

- Monstruos. - Susurré sin aliento.

- ¡BEEE! - Escuche varios balidos.

Justamente en ese momento, más hombres lobo cabras aparecieron para unirse a su primer compañero. Había media docena de ellos, iguales de grandes y feos. Pero lo que más me preocupaba eran aquellos cuernos de motosierra.

- ¡Hmph! Que molestos motociclistas. - Se quejo el señor Miller. Al parecer la Niebla (el velo mágico que evita que los mortales vieran el mundo mitológico con algunas excepciones) estaba haciendo su trabajo, distorsionando lo que veía mi examinador por motociclistas.

Realmente deseaba que fuesen motociclistas en vez de estos monstruos.

Los hombres lobo cabras empezaron a apresurar el paso, provocando que yo también pisara el acelerador a pesar de las protestas del señor Miller. Pero incluso con eso, aquellos bichos aún me seguían el ritmo, ¡No! Me estaban alcanzando.

- ¡Señor Wilson! ¡Esta sobrepasando el límite de velocidad! ¡Esos son menos pun-! ¡Ack! - Gritaba el señor Miller, hasta que pasó lo que menos deseaba.

Aquellos monstruos nos habían alcanzado, uno de ellos nos embistió con sus cuernos de motosierra y fácilmente perforó la lata del auto como si fuese un cuchillo caliente a la mantequilla.

- ¡Esos bandidos! ¡¿Como se atreven a-?! ¡Ah! -

Otros dos de esos monstruos nos atacaron al mismo tiempo, no solo perforando la lata sino que también hizo que desestabilizara el coche. Su plan era volcar el auto ... Y luego sería brocheta de semidiós.

Afortunadamente todas esas veces que vi Rápidos y Furiosos valieron la pena porque logré tomar de nuevo el control del auto para evitar que vuelque, pero apenas.

Acelere a fondo pero aún así los monstruos me seguían el paso con facilidad, ¡¿Que son estas cosas?!

- ¡Señor Wilson! ¡Apresúre-! - No lo deje terminar.

- ¡Cállese de una buena vez! ¡No puedo concentrarme! - Exploté y le dije eso en su cara. El señor Miller se encogió y no dijo ni pío.

Mire mi reflejo en el retrovisor, mis pupilas se habían vuelto cruces doradas peligrosas. Mire en el asiento trasero, ahí estaba mi mochila donde tengo guardado mis anillos Diathikes e Ischyros. Sin embargo, incluso si lograba alcanzarlos me sería imposible luchar y conducir al mismo tiempo. Y perderlos no sería una opción con lo veloces que son, literalmente estaba entre la espada y la pared con un mortal a mi lado ... ¡Este no es mi día!

- ¡DETENTE! -

Quizás fue por la sorpresa, quizás fue por la voz tan familiar que grito o quizás fue mi instinto pero justamente cuando pasé la intersección de la octava avenida pise el frenó junto el frenó de mano deteniendo el auto de golpe.

Pasaron tres cosas luego de eso. La primera, los cuatro monstruos que estaban a nuestro lado se pasaron de largo varios metros antes de darse cuenta de que me había detenido.

La segunda cosa, los dos otros monstruos que estaban justamente detrás del coche chocaron brutalmente contra la parte trasera del auto, destrozando la puerta de la maleta como también la ventana trasera, luego ambos monstruos pasaron por encima del auto antes de que uno cayera sobre el otro al frente del coche. Una pequeña explosión de polvo dorado ocurrió ensuciando el capó del auto, al parecer los cuernos de uno de los hombres lobo cabra perforó el cuerpo de su compañero.

Es bueno saber que ellos no son inmunes a sus propios cuernos. Este pequeño incidente me dio tiempo para tener un respiró, para luego pasara la tercera cosa como una reacción en cadena. Y por mucho, esta ultima cosa fue la que más me sorprendió.

Salió del callejón donde me había detenido, abrió la puerta del copiloto donde se encontraba el señor Miller y lo sacó a pesar de los gritos de este último, y entonces ella entró ...

Usando ropa sucia y algo dañada, llevaba una mochila en las mismas condiciones que su ropa. Tenia una espada de bronce en su mano, un poco más corta que la de Percy. Sus ojos azules estaban inyectados de sangre y con ojeras de bajo, como si no hubiese dormido mientras corría una maratón por tres días seguidos. Su cabello rojo estaba alborotado con hojas, palitos y tierra, bien su cabello pude haber pasado por un arbusto rojizo.

Esta persona era ...

- ¡Hope! - Dije catatónico por verla.

- ¡¿Que haces?! ¡Salgamos de aquí! - Me gritó de vuelta, pero aún yo seguía agobiado.

- ¡BEEEE! - El monstruo que tenia al frente del auto se levantó al recuperar sus sentidos.

El hombre lobo cabra no parecía muy contento por lo que le había hecho, e introdujo su cabeza por el parabrisas para tratar de hacer brochetas con nosotros. Tanto Hope como yo levantamos nuestros brazos para protegernos de los pedazos de vidrio que salieron volando, pero aún sentí como algunos pedazos de cristal cortaron mi piel levemente.

- ¡Ah! - Gritó Hope, levantando su espada y perforando la cabeza del monstruo. Ella no se dejó intimidar por el bicho y aprovechó la oportunidad de matarlo, bañando todo el frente de polvo dorado.

Tuve que activar el limpiaparabrisas para quitar todo eso. Ahora que el parabrisas estaba limpio, pude ver a los cuatro monstruos restantes venían a por nosotros.

- ¡Ahora si! ¡Salgamos de aquí! - Me ordenó Hope histérica, pero no la cuestioné porque tenia razones para eso.

Así que le hice caso, metí el retroceso para poder dar la vuelta y regresar por donde venía, con los monstruos siguiéndome los talones. Aproveche ese momento para sacarle información a Hope.

- ¡Hope! ¿Como es que ... ? - Empecé a decir antes de que uno de los monstruos golpeará el costado de ella.

- ¡Toda la mañana! - Me respondió antes de darle un tajo al monstruo, cortándole el cuello efectivamente. - He intentado reunirme contigo prácticamente todo el día, pero nunca conseguía una ocasión oportuna, ¿Donde están tus armas? -

- Espera, ¿Todo el día? ¡No me digas que eras la sombra esta mañana! - Abrí los ojos. - ¡Me estabas mirando por la ventana! ¡¿Y mi privacidad?! - Dije indignado y avergonzado.

- ¡No hay tiempo para hablar de eso! ¡Acelera! ¿Y donde están tus armas? - Me replicó ella, pero podía notar sus mejillas rojas.

- En mi mochila, en el asiento trasero. Primer cierre del frente. - Le respondí mientras seguía atento por los tres monstruos que quedaba.

Hope asintió y alcanzó mi mochila, donde sacó mis anillos, para luego dármelos. Como pude me los puse y saqué las nudilleras, Ischyros. En un ambiente tan cerrado, una lanza no serviría de mucho.

- Espera, vi dos sombras, ¿Quien más estaba contigo? - Le pregunté mientras miraba de reojo como otro monstruo se acercaba por mi lado.

- Annabeth. - Respondió ella, mirando por el retrovisor como otro hombre lobo cabra se acercaba también por su lado. - Ambas nos reunimos y venimos aquí por ustedes, nos dividimos. Ella debió reunirse ya con Percy. -

- ¿Y qué son estas cosas? -

- Aeternaes. - Me respondió ella.

- ¿Ateque? - Dije sin entender.

Hope suspiró exasperada. - Atenernaes. Unos monstruos cabra con cuernos como motosierras, aparecieron en los viajes de Alejandro Magno por la India. Mataron a algunos hombres del hijo de Zeus, antes de que el los matará. Son demasiados raros de ver, y estoy sorprendida de que te hayan perseguido. -

- Genial ... Solo mi suerte. - Murmuré antes de cruzar hacia la derecha hacia la séptima avenida.

Con ella auto logré golpear al monstruo de mi lado haciendo que se estrellará con un poste de luz, el Aeternae en el lado de Hope atacó metiendo su cabeza en la ventana. Instintivamente, le lancé un puñetazo en el hocico rompiendo sus dientes con las nudilleras, además de dejarlo aturdido. Ese fue el momento donde Hope aprovechó la ocasión para cortarle el cuello.

¡Bien! Solo queda uno.

- ¡BEEEEE! -

Ay, no. El último Aeternae decidió ser aún más osado que sus compañeros, diciendo entrar por el techo. Con sus cuernos de motosierra perforó el techo del auto como un abrelatas y nos balo de furia para intentar ensartarnos.

Cuando mis ojos se encontraron con los enloquecidos ojos rojos del monstruo, mi cuerpo se movió en piloto automático.

- ¡Hope, sostén el volante! - Le ordené.

- ¡¿Qué?! - Grito ella en respuesta, pero mi única respuesta fue soltar el volante. Si ella lo hubiera tomado un segundo después, quizás hubiésemos tenido un terrible accidente, pero afortunadamente ella logró mantener el auto en línea recta.

Mientras que yo ... Luchaba contra el Aeternae.

El monstruo había sacado por la fuerza el techo del auto, dándome la capacidad de ponerme de pie y como agradecimiento le di dos patadas, una en el pecho y la otra en su abdomen.

- ¡Beeee! - Balo el Aeternae, supongo que de dolor.

Luego el bicho se abalanzó hacia al frente como si fuese un toro, y yo hice lo más tonto.

Agarre uno de sus cuernos con mi mano izquierda.

- ¡Santo Styx! - Maldije en griego al tener la palma de mi mano con varias cortaduras, afortunadamente aún conservaba la mano.

- ¡Por los dioses, Dio! ¡Tu mano! - Grito Hope detrás de mí.

- Espero que tengas ambrosía ... - Siseé de dolor antes de mirar al Aeternae frente a mi.

El monstruo se estremeció por mi mirada, oh, y tenia razones para hacerlo ... Estaba enojado.

¡Por culpa de estos bichos ya no voy aprobar mi exámen de conducir!

- ¿Querían brochetas de semidiós? - Dije entre dientes, antes de levantar mi puño donde estaba Ischyros. - ¡Pues toma un especial de la casa! -

Le mandé un derechazo en medio de su hocico, el golpe fue tan fuerte que se desvaneció en polvo dorado antes de siquiera golpear el asfalto.

Fue bueno liberal frustración.

Luego de acabar con los Aeternaes, volví a mi puesto como piloto mientras hacía una mueca con mi mano herida.

- ¿Tienes ambrosía, verdad? - Le pregunté ya más calmado a mi compañera.

Hope me mandó una mirada fulminante, de seguro molesta por mi actitud tan descuidada y mi clara falta de auto conservación a la hora de luchar.

Ella suspiró pero asintió. - Tienes suerte de que aún me quede un poco. - Y ahí estaba mi querida Estrellita, rebuscando en su bolso de indigente saco un par de cuadritos de ambrosía y me los dio.

Los devoré sin pensar y el asombroso sabor de la comida de mamá Sally inundó mi paladar. En pocos segundos los cortes en mi mano desaparecieron, pero aún la sentía adolorida.

- Supongo que la situación es seria si vinieron a buscarnos. - Comenté mientras disminuía un poco la velocidad luego de que el peligro pasó.

Instantáneamente, como si fuese por arte de magia, las personas empezaron a aparecer en las calles, y muchos más automóviles se hicieron presentes en la carretera. Todo el mundo nos lanzaba miradas por nuestro auto hermosamente destruido.

- Ni te imaginas. - Dijo Hope con suspiró, luego de aquel momento de tensión parecía que por fin podía relajarse por un instante. En ese momento podía ver claramente lo fatigada y cansada que ella estaba. - Debemos ir a la calle Church, ahí acorde reunirme con Annabeth cuando los encontremos a ustedes dos. -

- Oh, es cerca de aquí. - Dije tomando rumbo hacia el lugar acordado por ellas dos, antes de percatarme de algo. Empecé a sudar frío. - No ... No puede ser ... -

- ¿Que pasa? ¿Ocurre algo? - Preguntaba Hope alterada, preocupada por si había más monstruos para atacarnos.

Pero los monstruos eran poca cosa para mí ahora, en este momento estaba sufriendo una de mis peores desgracias en mi vida.

- ¡Mi bicicleta ... ! -

- ¿Que? -

Estrellita me miró como si estuviese loco.

- Deje mi bicicleta en el DMV ... - Dije con tristeza.

- ... ¿Una bicicleta? ¿Es en serio? - Decía ella incrédula.

- Era la más fiel ... -

- Sigue conduciendo, Wilson. -

- Que la fuerza te acompañe, Halcón Milenario ... -

- ¡No apartes tus ojos del camino, Mowgli! -

Y así de exitoso fue mi exámen de conducir. Si, la tercera era la vencida ...

...