¿Han experimentado esto alguna vez?¿Cuando regresas finalmente a casa luego de un largo día de trabajo o estudió y repentinamente encuentras tu habitación hecha un desastre? O cuando una persona muy amablemente, como tu madre, limpia tu habitación, y de repente, ya no puedes encontrar nada ... Me ha pasado muy a menudo estos días con Sally.
E incluso si en el dado caso no falta nada, ¿No les llega la inquietante sensación de que alguien ha estado husmeando entre tus cosas y haciendo quien sabe que con tus pertenencias?
Pues esa es la sensación perturbadora que emanaba el Campamento Mestizo este verano, una atmósfera completamente diferente a la del año pasado.
A primera vista, las cosas no parecían ser tan diferentes. La Casa Grande seguía en su sitio, con su tejado azul a dos aguas y su galería cubierta alrededor; los campos de fresas seguían tostándose al sol. Los mismos edificios griegos con sus blancas columnas continuaban diseminados por el valle: El anfiteatro, el ruedo de arena y el pabellón del comedor, desde donde se dominaba el estuario de Long Island Sound. Y acurrucadas entre los bosques y el arroyo, las cabañas de siempre: un estrafalario conjunto de doce edificios, cada unos de los cuales representaba a un dios del Olimpo.
Pero ahora el peligro estaba presente en el aire y podías percibir que algo iba mal de manera instintiva; en vez de jugar al voleibol en la arena, los consejeros y los sátiros estaban almacenando armas en el cobertizo de las herramientas. En el lindero del bosque había ninfas armadas con arcos y flechas charlando inquietas entre ellas, y el bosque mismo tenía un aspecto enfermizo, la hierba del prado se había vuelto de un pálido amarillo y las marcas de fuego en la ladera de la colina resaltaban como feas cicatrices.
Alguien había devastado uno de mis lugares preferidos en el mundo, y naturalmente no me sentía ... Bueno, para nada contento al respecto.
Mientras nos encaminábamos a la Casa Grande, reconocí a un montón de chicos del verano pasado, pero nadie se detuvo a charlar ni un segundo. Nadie nos dio la bienvenida. Algunos reaccionaron al ver a Tyson, pero la mayoría pasó de largo con aire sombrío y continuó con sus tareas, como llevar mensajes o acarrear espadas para que las afilasen en las piedras de amolar.
Según Percy, el campamento parecía más una escuela militar en este momento que un campamento de verano para semidioses griegos. Y le creí completamente, después de todo, él había sido expulsado de un par de ellas.
Nada de todo eso le importaba a Tyson, pues estaba absolutamente fascinado por lo que veía.
- ¿Qués-eso? - Preguntó el grandullón asombrado.
- Los establos de los Pegasos. - Le dije. - Son caballos voladores en pocas palabras. -
- ¿Qués-eso? -
- Ah ... Esos son los baños. - Le dijo Percy. Recordé el verano cuando Aquaboy se coronó como el Señor Supremo del Baño.
- ¿Qués-eso? -
- Las cabañas de los campistas; Si no saben quién es tu progenitor olímpico, te asignan la cabaña de Hermes. - Expliqué simplemente.
- Esa marrón de allí. - Señaló mi primo a la cabaña del Mensajero de los Dioses.
Seguí con la explicación. - Exactamente, estarás ahí hasta que determinen tu procedencia divina. Una vez que lo saben, te ponen en el de tu padre o tu madre divino. -
- Que buena explicación, y parecía ayer cuando estaban tan confundidos por todo este mundo. - Dijo Hope riendo entre dientes.
- Hahaha, muy graciosa. - Le dije con obvio sarcasmo.
Pero Tyson ignoró nuestra conversación y miró a Percy maravillado antes de abrir su boca.
- ¿Tu ... Tienes cabaña? -
- La número tres. - Le respondió Aquaboy mientras señalaba un edificio bajo de color verde, construido de piedras marinas.
- ¿Tienes amigos en la cabaña? - Preguntó algo ansioso.
- Solo yo. - Dije haciendo que el grandullón me mirara confundido. - Soy un ... El único hijo de Hestia. Así que tengo el privilegio especial de asentarme en cualquiera de las cabañas, incluso en la Casa Grande sin problemas. -
Realmente iba a ser un poco complicado explicarle el porque Percy no tenia mas compañeros de cabaña, o mejor dicho, hermanos. Era una verdad que sabía que le daba vergüenza, su existencia al igual que la mía son prohibidas.
Los Tres Grandes, Zeus, Poseidón y Hades, habían hecho un pacto después de la Segunda Guerra Mundial para no tener más hijos con los mortales. Sus hijos serán mas poderosos que los demás mestizos. Eran más impredecibles e incontrolables. Cuando se enfurecían tenían tendencias a causar grandes problemas ... Si, como la Segunda Guerra Mundial, es un excelente ejemplo.
El pacto de los Tres Grandes había roto sólo dos veces: La primera, cuando Zeus engendró a Thalia; La segunda, cuando Poseidón engendró a Percy. Ninguno de los dos tendrían que haber nacido.
Aunque muy bien yo podría incluirme en ese grupo.
Thalia había acabado convirtiéndose en un pino a los doce años. En el caso de Percy ... Pues, estábamos haciendo todo lo posible para evitarle un destino similar. Algunas veces, Percy me contaba sus pesadillas sobre en que podría convertirlo Poseidón si alguna vez se encontraba al borde de la muerte, una especie de alga marina o algún plancton.
Le dije que aspirará a más, ¡Que podría ser convertido en un arrecife de coral!
Me lanzó una almohada luego de decirle eso.
En fin, cuando llegamos a la Casa Grande, nos encontramos a Quiron en su apartamento, escuchando su música favorita de los años sesenta mientras preparaba el equipaje en sus alforjas.
Oh, antes de que se me olvide y por si alguno no lo recuerda, Quiron es un centauro. Es decir, de la cintura para arriba parece un señor normal de mediana edad, con un pelo castaño rizado y una barba desaliñada; de cintura para abajo es un corcel blanco inmaculado. Para pasar por un humano, comprime la mitad equina inferior de su cuerpo en una silla de ruedas mágica.
De hecho, según Percy, el se hizo pasar por su profesor de Latín cuándo él cursaba sexto. Pero la mayor parte del tiempo, siempre y cuando el techo sea lo suficientemente alto, prefiere pasearse con su verdadera apariencia de centauro.
Nada más verlo, Tyson se detuvo en seco.
- ¡Poni! - Exclamó él como si fuese una especie de revelación divina.
Quiron se volteó con un aire ofendido. - ¿Como dices? -
Annabeth y Hope corrieron para abrazarlo.
- Quiron, ¿Que esta pasando? - Preguntó la hija de Atenea con voz temblorosa.
- No te estarás marchando, ¿Verdad? - Le dijo la hija de Astraea con el mismo tono que la rubia.
Casi olvidó que Quiron era un segundo padre para ellas dos, después de todo, ambas son unas de los campistas con mas tiempo en el Campamento Mestizo.
Él lea alboroto sus cabellos y las miró con una sonrisa bondadosa, como un mártir.
- Hola, chicas. Y a ustedes también, Percy, Dio. Han crecido mucho este año. -
Tragué saliva, sin saber como empezar a hablar.
- Clarisse ha dicho que tu ... - No pude terminar.
- Que te han ... - Intentó decir Aquaboy pero le era tan difícil como a mi.
- ¡Despedido! - Finalizó el mismo Quiron por nosotros, había una chispa de humor negro en su mirada. Que momento tan apropiado para hacer bromas de mal gusto. - Bueno, alguien debía cargar con la culpa porque el señor Zeus estaba sumamente disgustado. ¡El árbol que creó con el espíritu de su hija ha sido envenenado! El señor D no tuvo otra opción que castigar a alguien. -
- A alguien que no fuera él. - Percy refunfuñó. Sabía que a él no le caía nada bien el dios del vino.
A mi tampoco me caía de lo mejor, pero no le tenia ningún mal sentimiento ... Aunque era algo incómodo estar a su lado. Además, aunque entendía sus motivos, ser hijo del Rey de los Dioses y ser castigado por él debe ser horrible, creo que debió haber tomado mejores decisiones con respecto al asunto del envenenamiento del pino de Thalia.
- ¡Pero eso es una locura! - Exclamó Hope furiosa.
Annabeth le siguió con el mismo tono. - ¡Tu no puedes haber tenido nada que ver con el envenenamiento del árbol de Thalia! -
- ¡Jamás harías algo para poner en peligro a los mestizos! -
- Sin embargo. - Interrumpió Quiron con un suspiro cansino, en ese momento de verdad vi a través de la verdadera edad del centauro. - Algunos en el Olimpo ya no confían en mi, dadas las circunstancias. -
- ¿Circunstancias? ¿Cuáles circunstancias? - Le pregunté confundido.
Su rostro se ensombreció ante mi pregunta. Metió en las alforjas un diccionario de Latín-Inglés, mientras la voz de Frank Sinatra seguía sonando en su equipo de música.
Tyson lo seguía contemplando, totalmente asombrado. Gimoteo como si quisiera acariciarle el lomo pero tuviera miedo de acercarse. Igual que un niño en un zoológico infantil.
- ¿Poni? -
Quiron lo miró con desdén. - Mi estimado cíclope, soy un centauro. - Le dijo como si tratara con un niño de cinco años.
Lo cual no estaba muy lejos de la realidad tomando en cuenta que según Hope, Tyson era una especie de cíclope bebé.
- Quiron. - Le llamé de nuevo. - ¿Que le ha pasado al árbol? -
El meneó la cabeza tristemente. - El veneno utilizado contra el pino de Thalia del inframundo, Dio. Una sustancia que ni siquiera yo había visto nunca, el veneno del escorpión del abismo que te picó el verano pasado no se compara con él; tiene que proceder de algún monstruo de las profundidades del Tártaro. -
- Entonces, ya sabemos quién es el responsable. Kro ... - Empezó a decir Aquaboy, pero Quiron le interrumpió antes de que pudiera decir el nombre de nuestro malvado abuelo.
- No invoques el nombre del señor de los titanes, Percy. Especialmente en este momento y lugar.
- ¡Pero el verano pasado intentó provocar una guerra civil en el Olimpo! - Exclamó él.
Yo asentí totalmente de acuerdo con mi primo. - Estoy de acuerdo, esto tiene que ser idea suya; Tuvo que haber utilizado al traidor de Luke para hacerlo. -
No pude evitar fruncir el ceño al decir el nombre del hijo de Hermes, una acción que fue imitada por todos en la sala, excepto por el confundido Tyson, pero ciertamente podía sentir la tensión del lugar, lo cual lo ponía un poco incómodo.
- Quizá. - Dijo Quiron de acuerdo con nosotros. - Pero temo que me consideran responsable a mi porque no lo pude impedir, ni tampoco puedo curar al árbol. Sólo le quedan unas semanas de vida. A menos que ... -
- ¿A menos que? - Preguntó Annabeth con interés.
- ¿Hay una manera para curarlo? - Pregunto Hope esta vez con esperanza.
- No, ninguna. - Dijo Quiron rotundamente. - Es una idea estúpida. El valle entero sufre la acción del veneno; las fronteras mágicas se están deteriorando y el campamento mismo agoniza. Sólo hay una fuente mágica con fuerza suficiente para revertir los efectos de este veneno. Pero se ha perdido hace siglos. -
- ¿Que es? ¡Iremos a buscarla! - Dijo Percy impulsivo como siempre.
Aunque en este momento yo hubiera dicho lo mismo con la misma impulsividad.
Quiron cerró las alforjas y pulsó el stop de su equipo de música. Luego se volteó, puso una mano en un hombro de Percy y mío, como si supiera que yo también estaba ansioso de saber la manera de salvar el árbol de Thalia. Entonces, nos miró intensamente a los ojos.
- Percy, Dio. Tienen que prometerme que no actuarán de manera irreflexiva. Ya le dije a Sally que no quería vinieran este verano, es demasiado peligroso. Pero fue en vano, ya han venido hasta aquí, deben quedarse, entrenar a fondo y aprender todo lo posible de la lucha. Pero lo más importante, no salgan de aquí. -
- ¿Que? ¡¿Por que?! ¡Debemos hacer algo! - Exclamó Percy tomando mal las palabras del centauro, y yo también lo hice.
- No podemos dejar que las fronteras terminen de fallar. - Tercie con seriedad y algo de ansiedad. - Si esto continúa, todo el campamento será ... -
- Arrasado por los monstruos. - Terminó Quiron por mi. - Si, eso es lo que temo. ¡Pero no deben dejarse llevar por una decisión precipitada! Podría ser una trampa del señor de los titanes, ¡Recuerden el verano pasado! ¡Por poco acaban con sus vidas! - Finalizó en un tono severo pero a la vez preocupado por nuestro bienestar que por el mismo.
Era cierto, pero aún así no podíamos quedarnos de brazos cruzados sin hacer nada, además, sería bueno darle a Kronos un poco de su propia medicina. Desde luego, uno entendería que el señor de loa titanes ya habría aprendido su lección hace varios eones, cuando fue derrocado por los dioses.
El hecho de que lo hubiesen despedazado en un millón de trozos y fue arrojado a las profundidades mas oscuras del Inframundo tendría que haberle indicado sutilmente que a nadie le agradaba su compañía.
Pero no.
Como era un inmortal, seguía viviendo allá abajo, en el Tártaro, sufriendo dolores eternos y deseando regresar para vengarse del Olimpo. Obviamente no podía actuar por sí mismo en su estado actual, pero era un auténtico maestro en el arte de manipular la mente de los mortales e incluso de los dioses para que le hiciesen el trabajo sucio.
El envenenamiento tenía que ser obra suya. ¿Quien más, aparte de nuestro malvado y vengativo abuelo, podría ser tan vil para atacar al árbol de Thalia, lo único que quedaba de una semidiosa que había entregado su vida heroicamente para salvar a sus amigos?
Y uno de esos amigos, nos había traicionado por el Rey de los Titanes.
Hope mostró una expresión afligida. Annabeth hacía todos sus esfuerzos para no llorar. Quiron le secó una lágrima traicionera que caía por su mejilla.
- Permanezcan juntos chicos. - Le dijo el centauro. - Manténganse a salvo. La profecía ... ¡Acuérdate de ella! -
- S-Si, lo haré. - Le respondió ella temblorosa.
- Hummm ... - Murmuró Percy. - ¿Te refieres por casualidad a esa profecía súper peligrosa en la que yo aparezco, pero que los dioses les ha prohibido que me contarán? -
- Y a mi también. - Comenté casualmente.
Nadie dijo nada luego de eso, provocando un silencio incómodo.
- Esta bien. - Dijo Aquaboy entre dientes. - Solo era para asegurarme. -
- Ni quería saber de todas formas. - Murmuré para mi mismo, aunque la curiosidad me atacaba.
- Quiron ... - Empezó a decir Annabeth. - Tú me contaste que los dioses te habían hecho inmortal sólo mientras fueses necesario para entrenar a los héroes; Si te echan del campamento ... -
Dejo las palabras en el aire, pero Quiron no le importo y siguió hablando.
- Jura que harás todo lo que puedas para mantener a Percy fuera de peligro. - Insistió el centauro. - Júralo por el río Estigio. -
- Yo ... Lo juro ... Por el río Estigio. - Aunque al principio dudo, al final Annabeth lo dijo.
Y a su vez, un trueno retumbó.
Por Zeus, cuanto drama.
- Muy bien. - Dijo Quiron asintiendo, al parecer mas aliviado. - Quizá recobré mi buen nombre y pueda volver. Hasta entonces, iré a visitar a mis parientes salvajes en los Everglades. Tal vez ellos conozcan algún antídoto contra el veneno que a mi se me haya olvidado. En todo caso, permaneceré en el exilio hasta que este asunto quede resuelto ... De un modo u otro. -
Hope se mordió el labio, parecía a punto de llorar. Annabeth ahogó un sollozo como pudo, pero le era difícil. Quiron les dio unas palmaditas en el hombro con cierta torpeza. Ciertamente no era bueno con las despedidas.
- Bueno, bueno, chicas, tendré que dejarlas en las manos del señor D y del nuevo director de actividades. Esperemos que ... Bueno, tal vez no destruyan el campamento tan deprisa como me temo. - Dijo Quiron con preocupación.
- Por cierto, ¿Quien es ese tal Tántalo? - Le pregunté, aunque me sonaba familiar no lo podía ubicar exactamente.
- ¡Si! ¿Y cómo se atreve a quitarte tu puesto? - Exclamó Percy indignado.
Una caracola resonó en todo el valle. Habían pasado tantas cosas en el día de hoy que no me había percatado de lo tarde que se había hecho. Antes de que me diese cuenta, era la hora de reunirse con todos los campistas para cenar.
- Vayan ahora. - Ordenó Quiron. - Ya lo conocerán en el pabellón. Me pondré en contacto con tu madre, Percy, y le contaré que tu y Dio están a salvo; A estas alturas debe de estar preocupada. ¡Recuerden mi advertencia! Peligros inimaginables están detrás de ti. ¡No creas ni por un instante que el señor de los titanes se ha olvidado de ti! -
Y dicho eso, salió del apartamento y cruzó el vestíbulo con un redoble de cascos, mientras Tyson le gritaba:
- ¡Poni, no te vayas! -
Casi se me parte el corazón.
Por otro lado, me di cuenta que habíamos olvidado mencionarle a Quiron sobre el sueño de Percy sobre Grover. Además, también quería contarle sobre algunos de los sueños que tenía con recurrencia. Pero ya era demasiado tarde; Una de mis personas preferidas en el mundo se había ido ... Y quizás era para siempre.
Tyson empezó a llorar casi tan escandalosamente como Annabeth, Percy intentaba consolarlos ... La palabra clave era intentaba pero no le iba bien. En este punto, Hope también rompió en llanto y me abrazo, y a pesar de nuestros mejores esfuerzos para intentar convencerlos de que todo estaría bien, no estábamos seguros de que llegase mejorar.
...
El sol se estaba poniendo tras el pabellón del comedor cuando los campistas salieron de sus cabañas y se encaminaron hacía allí. Nosotros los miramos desfilar mientras permanecíamos apoyados contra una columna de mármol.
Hope y Annabeth se hallaban muy afectadas por la situación, pero prometieron que mas tarde vendrían a hablar con nosotros y se fueron a sus respectivas cabañas, la de Hermes para Hope, ya que Astraea no tenía su propia cabaña, y la Atenea para Annabeth.
La hija de Atenea se reunió con sus hermanos, una docena de chicos y chicas de cabello rubio y negro junto a unos ojos grises como los de ella. Quizás Annabeth no era la mayor, pero era una de las campistas mas antiguas del campamento; Eso podías deducirlo mirando su collar: Una cuenta por cada verano, y ella tenía seis. Así pues, nadie discutía su derecho a ser la primera de la fila.
Luego pasó Clarisse, encabezando el grupo de la cabaña de Ares. Llevaba un brazo en cabestrillo y se le veía un corte muy feo en la mejilla, pero aparte de eso su enfrentamiento con los toros de bronce no parecía haberla intimidado ni un poco.
Alguien le había pegado en la espalda un trozo de papel que ponía: "¡Muuuu!". Pero ninguno de sus compañeros se había molestado en decírselo.
Después del grupo de Ares venían los de la cabaña de Hefesto: Unos seis chicos encabezados por Charles Beckendorf, un enorme joven afroamericano de quince años que tenía las manos del tamaño de un guante de béisbol y un rostro endurecido, de ojos entornados, sin duda porque se pasaba el día mirando la forja de herrería.
Era un buen tipo la verdad cuando llegabas a conocerlo, incluso me había dado las armas que uso hoy en día ... A pesar de que sabía que estaban malditas, pero mejor olvidemos ese detalle. Sin embargo, nadie se atrevía hasta ahora a llamarlo Charlie, Chuck o Charles; La mayoría lo llamaba Beckendorf a secas.
Según se decía, era capaz de forjar prácticamente cualquier cosa; Le dabas un trozo de metal y él te hacía una muy afilada espada o quizás un robot guerrero, o un bebedero para pájaros musical para el jardín de tu madre; Cualquier cosa que se te pasará por la cabeza.
Siguieron desfilando las demás cabañas; Demeter, Apolo, Afrodita, Dionisio. Llegaron también las náyades del lago de las canoas; las ninfas del bosque, que iban surgiendo de los árboles; y una docena de sátiros que venían del prado y que me recordaban con nostalgia a Grover.
La mayoría de ellos me saludaron con entusiasmo, al parecer mi cuerpo olía muy "natural" para ellos y les agradaba por eso, muchos de ellos piensan que tengo una bendición de Poseidón, Demeter, Dionisio o del mismísimo Pan por mi olor, aunque no podía estar seguro.
A veces sentía simpatía por los sátiros del campamento. Cuando estaban por aquí tenían que realizar todo tipo de trabajos para el director, el Señor D, pero su verdadero y mas importante tarea estaba afuera del campamento, en el mundo real. Eran buscadores; pasaban desapercibidos en las escuelas de todo el mundo, en la búsqueda de posibles mestizos en peligro, y los traían al campamento donde estarían a salvo.
Esa fuera la manera en que Percy había conocido a Grover; el había sido el primero en reconocer que el era un semidiós. Y finalmente en el proceso me encontró a mí.
Después de los sátiros, cerraba la marcha la cabaña de Hermes, siempre la mas numerosa. El verano pasado su líder era Luke, el sujeto que había luchado junto a Thalia y Annabeth en la cima de la colina Mestiza. Percy y yo nos habíamos alojado en la cabaña de Hermes durante un tiempo, hasta que Poseidón y Hestia nos reconocieron respectivamente; y Luke se había hecho nuestro amigo ... Pero después trató de matarme.
Que bonita amistad.
Ahora, los líderes de la cabaña de Hermes eran Travis y Connor Stoll. No eran gemelos, pero se parecían tanto como si de verdad lo fueran. Siempre olvidaba cuál de los dos era el mayor. Ambos eran altos y delgados, y ambos lucían cabellos castaños que casi les cubrían los ojos; la camiseta naranja del Campamento Mestizo la llevaban por fuera de un short muy holgado, y sus rasgos de elfo eran los típicos de todos los hijos de Hermes: Cejas arqueadas, sonrisa sarcástica y un destello muy particular en los ojos, cuando te miraban, como si estuviesen a punto de amarrar las trenzas de tus zapatos en el momento de que descuides.
Algo que me pareció curioso fue que el dios de los ladrones hubiera tenido hijos con el apellido Stoll. Pero cuando Percy tuvo la fantástica idea de comentarlo, Travis y Connor nos miraron con rostros inexpresivos, como si no entendieran el chiste.
Sin embargo, algo que me llamó la atención fue ver a Hope junto a la cabaña de Hermes, después de todo, Astraea no tenía una cabaña en el campamento. Pero cuando dijo que comería con ellos no lo esperé, ya que siempre cenaba junto a Quiron, pero ahora que el no estaba ... Supongo que ya no tenía sentido para ella.
Para cuando todo el mundo terminó de desfilar, entre juntó a Percy y Tyson al pabellón y lo guiamos entre las mesas. Las conversaciones se apagaron al instante y todas las cabezas se voltearon hacia nosotros.
- ¿Quién ha invitado a ... Eso? - Murmuró alguien en la mesa de Apolo.
Lancé una mirada fulminante en aquella dirección donde había escuchado aquel comentario, pero no pude discernir quién había sido.
Desde la mesa principal, una voz familiar habló arrastrando las palabras. - Vaya, vaya, pero si son Peter Johnson y Damian Watson ... Los únicos que me quedaban por ver en este milenio. -
- Mi nombre es Percy Jackson ... Señor. - Dijo Aquaboy entre dientes, notablemente irritado.
- Y yo soy Diomedes Wilson, señor D. - Le dije con el ceño fruncido al dios ante mi.
El señor D bebió un sorbo de su Coca-Cola Diet. - Si, bueno ... Lo que sea, como dicen ahora los jóvenes. -
Cada vez me preocupa mas que el señor D aprenda la jerga moderna, siento que un día lo encontraré rapeando junto a los sátiros en el bosque.
Que Zeus no lo quiera.
Él llevaba la misma camisa hawaiana atigrada de siempre, un short de paseo y unas zapatillas de tenis con calcetines negros. Con su panza rechoncha y su cara enrojecida, tenía un gran parecido al típico turista de Las Vegas que ha ido de casino en casino hasta el amanecer. Detrás de él, un sátiro de mirada nerviosa se afanaba en pelar unas uvas y se las ofrecía de una en una.
El verdadero nombre del señor D es Dionisio. El dios del vino. Zeus lo había nombrado director del Campamento Mestizo para que dejase el alcohol y se desintoxicase durante cien años: Un castigo por perseguir a una cierta ninfa prohibida del bosque.
Junto a él, en el sitio donde Quiron solía sentarse (o bueno, permanecer de pie mejor dicho, cuando adoptaba su forma de centauro), había alguien que creí haber visto alguna vez: Un hombre pálido y espantosamente delgado con un raído mono naranja de presidiario. El número que figuraba sobre su bolsillo era él número uno. Bajo los ojos tenía sombras azuladas, las uñas sucias y el pelo gris cortado de cualquier manera, como si se lo hubieran arreglado con una podadora de césped. Nos miró fijamente; sus ojos me ponían incómodos. Parecía destrozado; enfadado, frustrado, hambriento: Todo al mismo tiempo.
- A estos niños. - Le dijo Dionisio. - Tienes que vigilarlos. Es el hijo de Poseidón y el hijo de Hestia, como ya sabes. -
- ¡Ah! - Dijo el presidiario. - Esos niños, ¿Eh? -
Era obvio por su tono que ya le habían hablado de nosotros, y no creó que hayan sido cosas buenas particularmente.
- Yo soy Tántalo. - Dijo el presidiario con una fría sonrisa. - En misión especial hasta que ... Bueno, hasta que el señor Dionisio decida otra cosa. En cuanto a ustedes, Perseus Jackson y Diomedes Wilson, espero que se abstengan de provocar problemas. -
- ¿Problemas? - Preguntó Percy indignado. Un sentimiento que compartía con él.
- ¿Acaso traemos problemas? - Pregunté ocultando mi tono ofendido.
Dionisio chasqueó los dedos y apareció sobre la mesa un periódico, el New York Post de aquel día. En la portada salía una foto de Percy, seguramente tomada del anuario de la Escuela Meriwether. A un lado, había otra foto pero esta vez era mía junto a la del señor Miller, el examinador del examen de conducir, además de una imagen del auto de prueba destrozado.
Me costaba mucho descifrar lo que decía exactamente los titulares, pero con las imágenes pude hacerme una buena idea de lo que decían. Algo así como: "Un maníaco de trece años incendia un gimnasio" y "Ladrón de quince años hurta auto del DMV junto a sus amigos ex convictos motociclistas."
Terrible la verdad.
- Si, problemas. - Dijo Tántalo con aire satisfecho. - Causaron un montón el verano pasado, según tengo entendido. -
Me mordí el labio, estaba tan indignado y molesto que ni siquiera me importó el sabor metálico de mi sangre en mi boca, ¿Como iba a ser culpa de Percy que los dioses estuviesen a punto de comenzar una guerra civil? ¿Como era nuestra culpa que monstruos nos cazarán como animalitos?
¡Ni siquiera escogimos ser semidioses en primer lugar!
Dándole una mirada rápida a Percy, noté que el estaba haciendo un esfuerzo hercúleo para no decir algo que ofenda al dios ante nosotros.
Aun recuerdo la amenaza de convertirnos en animales, o que use sus poderes para hacernos caer en la locura sin retorno.
De repente, un sátiro se aproximó nervioso a Tántalo y le puso delante un plato de asado. El nuevo director de actividades se relamió los labios, miró su copa vacía y dijo lo siguiente:
- Gaseosa. Una Barq's especial del sesenta y siete. -
Que específico.
La copa se lleno sola de una gaseosa espumeante. Tántalo alargó vacilante la mano, como si temiera que la copa pudiese quemarlo.
- Vamos, adelante, viejo amigo. - Le dijo Dionisio con un extraño brillo en los ojos. - Tal vez ahora funcione. -
Tántalo fue a agarrar la copa, pero está se movió de su sitio antes de que la tocará. Se derramaron unas cuantas gotas y Tántalo intento recogerlas con los dedos, pero las gotas echaron a rodar como si fueran de mercurio. Con un gruñido se centró en el plato de asado. Tomó un tenedor y quiso pinchar un trozo de lomo, pero el plato se deslizó por la mesa y luego saltó directamente a las ascuas del brasero.
Fue espectacular.
- ¡Maldita sea! - Refunfuñó el hombre.
- Vaya. - Dijo Dionisio con falsa compasión. - Quizás en unos cuantos días más. - Créeme, camarada, trabajar en este campamento ya es bastante tortura. Estoy seguro de que tu antigua maldición acabará desvaneciéndose tarde o temprano. -
- Tarde o temprano ... - Repitió Tántalo entre dientes, mirando la Coca-Cola Light de Dionisio. - ¿Te haces una idea de lo seca que se te queda ka garganta después de tres mil años sin tomar agua? -
- Espere ... Usted es ese espíritu de los Campos de Castigo. - Tercie empezando a reconocer al hombre que tengo al frente. - El que está en el lago con un árbol frutal al alcance de la mano, pero sin poder comer ni beber. -
Tántalo esbozó una sonrisa sarcástica. - Eres un alumno muy aplicado, ¿No es así, hijo de Hestia? -
- En vida debió de hacer algo terrible para tener ese castigo. - Dijo Percy impresionado al darse cuenta también del personaje. - ¿Que fue exactamente? -
Él entornó los ojos. A sus espaldas, los sátiros sacudían la cabeza intentando prevenir a Percy que dejará de lado ese tema de conversación.
- Voy a estar vigilándolos, Percy Jackson y Diomedes Wilson. - Dijo Tántalo con seriedad. - No quiero problemas en mi campamento. -
- Su campamento ya tiene problemas ... Señor. - Le dijo Aquaboy de manera despectiva.
Resople antes de murmurar. - Aunque en realidad no es su campamento. -
- Vayan ya a sentarse, Johnson, Watson. - Dijo Dionisio con un suspiro. - Creo que esa es mesa de allí es la tuya, Johnson. Aquella donde quiere sentarse. -
La cara de Percy gano un tono rojizo, tanto por la vergüenza como el enojo, sin embargo, fue lo suficientemente inteligente para no replicarle nada al señor D. Dionisio no siempre había sido un niño malcriado, pero ahora que tenía el poder de serlo, era mejor no provocarle.
Le puse una mano en el hombro a Aquaboy para llamar su atención y calmarlo, y con una sonrisa le hablé pacientemente.
- Yo si quiero sentarme ahí, siempre juntos como hermanos, ¿Recuerdas? Así que, andando, vamos, Tyson. - Le dije lo último al grandullón que se mantuvo en silencio junto a nosotros todo este tiempo.
- No, no. - Intervino Tántalo. - El monstruo se queda aquí. Tenemos que decidir que haremos con eso. -
- Con él. - Le replique con el ceño fruncido. - Y se llama Tyson. -
El nuevo director de actividades alzó una ceja.
- Tyson ha salvado el campamento. - Insistió Percy. - Destrozó a esos toros de bronce. Si no, habrían quemado este lugar entero. -
- Si. - Suspiró Tántalo. - Habría sido una verdadera lástima ... -
Dionisio reprimió una sonrisa.
- Déjanos solos. - Ordenó Tántalo. - Para que podamos decidir el destino de esta criatura. -
Tyson nos miró con una expresión asustada en su enorme ojo, pero lamentablemente no podíamos desobedecer una orden directa de los directores del campamento. Al menos, abiertamente ...
Se me ha estado pegando la actitud rebelde de Percy últimamente.
- Volveremos luego, grandote. - Le dije con seguridad a nuestro cíclope amigo.
- No te preocupes. Te encontraremos un buen lugar para dormir esta noche. - Le prometió Aquaboy.
Tyson asintió. - Les creó. Son mis amigos. -
Sus palabras me hicieron sentir mucho mas impotente y frustrado.
Sin mas nos dimos la vuelta y caminamos de manera pesimista hasta la mesa de Poseidón, Percy se desplomó en el banco, yo solté un suspiro culpable al sentarme a su lado.
Una ninfa del bosque nos trajo unos platos de pizza olímpica de olivas y pepperoni, pero realmente yo no tenía hambre.
Había estado a punto de ser asesinado dos veces (Tres veces si contamos al taxi de la muerte) aquel día y me las había arreglado para arruinar mi examen de conducir de la peor manera posible.
Además, el Campamento Mestizo estaba metido en un grave problema, y aún así, Quiron nos había dicho que no hagamos nada al respecto.
Realmente no era un día para sentirse agradecido, pero acompañe a Percy con nuestros platos para la costumbre de arrojar una parte de nuestra comida a las llamas en el brasero de bronce
- A todos los dioses. - Les dije. - Acepten mi ofrenda. - 'Además, por favor manden un poco de ayuda para esta situación.' - Rece en silencio.
A pesar de que sabía que Hestia era mi madre divina, y que normalmente los campistas les dan ofrendas a sus padres, seguía con la tradición de otorgarle un poco de mi comida a cada dios. Desconozco si ha habido algún resultado pero hacerlo me alegra un poco el día.
El humo de la pizza ardiendo adquirió una fragancia muy especial, como el de una brisa cálida mezclada con flores silvestres, sin embargo, desconocía si esa era una señal de que los dioses hayan escuchado mis suplicas.
Volví a mi asiento junto a Percy, pensando de manera optimista de que las cosas no pudiesen empeorar más pero entonces Tántalo ordenó a un sátiro que hiciera sonar la caracola para llamar la atención y anunciar algo.
- Si, bueno. - Dijo cuando se apagaron las conversaciones. - ¡Otra comida estupenda! O eso me dicen. -
Mientras hablaba, aproximó lentamente la mano a su plato, que habían vuelto a llenarle, como si la comida no fuera a darse cuenta. Pero si lo hizo: En cuanto estuvo a diez centímetros, salió otra vez disparada por la mesa.
Jamás me sentí tan feliz de ver a alguien morir de hambre.
- En mi primer día de mando. - Prosiguió. - Quiero decir que estar aquí resulta un castigo muy agradable. A lo largo del verano espero torturar, quiero decir, interaccionar con cada uno de ustedes; todos parecen lucir muy nutri ... Eh, buenos chicos. -
Aquel discurso me dio una muy mala espina.
Dionisio aplaudió educadamente y los sátiros lo imitaron sin mucho entusiasmo. Tyson seguía de pie ante la mesa principal con un aire incómodo, pero cada vez que trataba de salir de escena, Tántalo lo obligaba a permanecer allí, a la vista de todo el mundo.
- ¡Y ahora, algunos cambios! - Tántalo dirigió una sonrisa torcida a los campistas. - ¡Vamos a instaurar otra vez las carreras de carros! -
Los murmullos de excitación, de miedo e incredulidad, recorrieron la mesa todos al mismo tiempo.
- Ya sé. - Prosiguió Tántalo, alzando la voz. - Que estas carreras fueron suspendidas hace unos años a causa de ... Eh, de problemas técnicos. -
- ¡Tres muertes y veintiséis mutilaciones! - Gritó alguien desde la mesa de Apolo, recordando el suceso seguramente por su voz llena de horror.
- ¡Si, si! - Dijo Tántalo con fastidio. - Pero estoy seguro de que todos coinciden conmigo en celebrar el regreso de esta tradición del campamento. Los conductores victoriosos obtendrán laureles dorados cada mes. ¡Mañana por la mañana pueden empezar a inscribirse los equipos! La primera carrera se celebrará dentro de tres días; le vamos a permitir saltarse sus actividades secundarias para que puedan preparar los carros y elegir los caballos. Ah, no sé si he mencionado que la cabaña del equipo ganador estará exenta de las tareas domésticas durante todo el mes. -
Luego de esa explicación, hubo un estallido de conversaciones excitadas. ¿Nada de cocinas durante un mes? ¿Ni limpieza de establos? ¿Hablaba en serio? A pesar de la tentadora oferta que se presentaba, surgió una objeción, y pertenecía a la persona que menos esperaba.
- ¡Pero señor! - Dijo Clarisse. Parecía algo nerviosa, pero aún así se puso de pie para hablar desde la mesa de Ares. Algunos campistas sofocaron la risa cuando vieron en su espalda el letrero de "¡Muuuu!" - ¿Qué pasará con los turnos de la patrulla? Quiero decir, si lo dejamos todo para preparar los carros ... -
- Ah, la heroína del día. - Exclamó Tántalo. - ¡La valerosa Clarisse, que ha vencido a los toros de bronce sin ayuda de nadie! -
Clarisse parpadeó y luego se sonrojó por los elogios ... Fue una vista extraña de ver.
- Bueno, yo no ... -
- Y modesta, además. - Tántalo sonrió de oreja a oreja. - ¡No hay de qué preocuparse, querida! Esto es un campamento de verano. Estamos aquí para divertirnos, ¿Verdad? -
- Pero el árbol ... -
- Y ahora. - Dijo Tántalo, mientras varios compañeros de Clarisse tiraban de ella para que volviera a sentarse. - Antes de continuar con la fogata y los cantos a coro, un pequeño asunto doméstico. Percy Jackson, Diomedes Wilson, Annabeth Chase y Hope Danvers han creído conveniente por algún motivo traer esto al campamento. - Dijo señalando con una mano a Tyson.
Un murmullo de inquietud se difundió entre lis campistas y muchos nos miraron a nosotros los mencionados de reojo.
Quiero destacar que no soy alguien violento, pero jamás sentí las ganas de patear a alguien en la cara que en ese mismísimo momento.
- Ahora bien. - Dijo él. - Los cíclopes tienen fama de ser monstruos sedientos de sangre con una capacidad cerebral muy reducida. En circunstancias normales, soltaría a esta bestia en los bosques para que la cazarán con antorchas y estacas afiladas, pero ... ¿Quién sabe? Quizá este cíclope no sea tan horrible como la mayoría de sus congéneres; mientras no demuestre que merece ser aniquilado, necesitamos un lugar donde meterlo. He pensando en los establos, pero los caballos se pondrían nerviosos. ¿Tal vez la cabaña de Hermes? -
Se hizo un silencio en ka mesa de Hermes. Travis y Connor Stoll experimentaron un repentino interés en los dibujos del mantel, mientras algunos chicos de la mesa miraron molestos a Hope, de seguro culpandola por haber traído a Tyson con nosotros, aun así no se vio intimidada por sus miradas y aún seguía firme. A pesar de la despedida de Quiron.
Aunque no aprobaba su actitud, no podía culparlos por lucir molestos y renuentes de aceptar a Tyson debido a su situación con su cabaña. La cabaña de Hermes siempre estaba llena hasta los topes. No había modo de que encajará allí dentro un cíclope de casi dos metros.
- Vamos. - Dijo Tántalo en tono de reproche. - El monstruo quizá pueda hacer tareas menores. ¿Alguna sugerencia sobre dónde podríamos meter una bestia semejante? -
De repente, todo el mundo ahogó un grito.
Tántalo se apartó de Tyson sobresaltado. Lo único que pude hacer fue mirar con incredulidad la brillante luz verde que estaba a punto de cambiar nuestras vidas en un giro de ciento ochenta grados en el campamento: Una deslumbrante imagen holográfica había aparecido sobre la cabeza de Tyson.
Con un escalofrío atravesando mi columna vertebral, recordé lo que había dicho Annabeth al respecto de los cíclopes: "Son hijos de los espíritus de la naturaleza y de los dioses ... Bueno, de un dios en particular, casi siempre ... "
Girando sobre la cabeza de Tyson había un tridente verde incandescente: El mismo símbolo que había aparecido sobre la cabeza de Percy el día en que Poseidón y Hestia nos reconocieron como sus hijos.
Hubo un momento de silencio maravillado ante el suceso.
Ser reconocido era un acontecimiento poco frecuente y algunos campistas lo aguardaban en vano toda su vida. Cuando Poseidón y Hestia nos reconocieron a Aquaboy y a mi respectivamente el verano pasado, todo el mundo se arrodilló con reverencia, pero esta vez siguieron el ejemplo de Tántalo, que estalló en una gran carcajada.
Apreté mis puños y respiraba calmadamente para intentar aplacar mi ira ante las risas burlonas dirigidas a Tyson.
- ¡Bueno! Creo que ahora ya sabemos donde meter a esta bestia. ¡Por los dioses, yo diría que incluso tiene un aire de familia! -
Todo el mundo se reía, excepto por Percy, Annabeth, Hope y unos pocos amigos. Sorprendentemente, Clarisse tampoco estaba riendo.
Tyson no pareció darse cuenta, estaba demasiado perplejo tratando de aplastar el tridente que ya empezaba a desvanecerse sobre su cabeza. Era demasiado inocente como para comprender cómo se reían de él y qué cruel puede llegar a ser la gente.
Yo sí lo capte con facilidad.
Teníamos un nuevo compañero de cabaña. Percy tenía a un monstruo por hermano.
Y así, la cabaña de los monstruos de la Campamento Mestizo nació.
