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Yuzu-Aihara . com
—Que desafortunada, que desafortunada.
Yuzu sintió como su piel se erizaba al escuchar aquella voz parecida a la de una anciana. Estaba en la oscuridad de su habitación, la misma que hacía unos meses compartía con Mei y, como cada noche desde su partida, estaba de rodillas en el suelo contemplando esa libreta en la cual había escrito sus anhelos y todas las brillantes ideas que tuvo para conseguir una vida feliz al lado de su amada Mei. Habían sido los días más felices de su vida, trabajó a medio tiempo para conseguir el dinero suficiente y comprar un juego de anillos que ambas usaban en casa, tuvieron una cita nada convencional a pesar de seguir un manual e incluso tuvieron un campamento junto a sus amigas. Sin embargo, toda esa alegría, todos los planes a futuro se habían esfumado en un instante. Mei se había esfumado del apartamento donde vivían y solo dejó una dolorosa carta para despedirse.
Aquella noche se sintió más sola que nunca. Se había puesto el anillo y recordó el rostro de Mei entre las penumbras de la habitación. Miraba la puerta con la vana esperanza de ver a su amada hermanastra entrar en silencio, como solo hacerlo. Pero sabía que eso no ocurriría. Todas sus amigas, incluso la peculiar Nene, le mandaban mensajes con cierta frecuencia y le preguntaban cómo esta, si necesitaba algo o quería salir a distraerse como en aquella época alegre. Pero Yuzu siempre respondía estar bien y que no era necesario quitarles el tiempo. Sabían que era mentira, su cambio de ánimo era más que evidente, pero no querían fastidiarla con tal de no aumentar su pena.
En la oscuridad de su habitación, justo la noche que se sintió más sola y triste, cuando ya no soportaba más estar lejos de su amada hermanastra y los recuerdos de los mejores días que había tenido le provocaban un nudo en la garganta en vez de una sonrisa, no pudo soportarlo más. Quería estar con Mei, sin importar lo que fuera, sin importar lo que tuviera que hacer. Se dejó caer al suelo, abatida por la tristeza. El celular había terminado a mitad de la cama, revuelto con un par de libros escolares y su uniforme de la academia. De pronto la pantalla se encendió y apareció la imagen a blanco y negro de una niña con coletas, los ojos completamente negros e inexpresivos, fijos al frente; una sonrisa inquietante que mostraba todos los dientes y sobre esta imagen aparecía el banner "Mahou Shoujo Site".
—Que desafortunada, que desafortunada —dijo una voz desde su celular. Yuzu dio un salto al escucharla. Era una voz incomoda de percibir a pesar de intentar ser amistosa. Sus manos temblaron antes de alzarse del suelo y mirar sobre la cama. Hasta donde ella recordaba, había dejado apagado su celular. Llena de miedo, pero también de curiosidad, tomó el teléfono con una mano temblorosa y la voz volvió a hablarle—. Que desafortunada, que desafortunada. Y por eso nos gustaría darte un poder mágico.
—¿Un poder... mágico? —balbuceó Yuzu. La niña en pantalla le causaba escalofríos y su voz le helaba la sangre.
—Nuestro sitio te enviará una varita, alma pobre y desafortunada. Depende de ti usarla o no. Entonces, ¡disfruta de tu nueva vida como una chica mágica! —dichas esas palabras, la pantalla del celular volvió a apagarse.
Yuzu apretó el botón de inicio varias veces, pero el teléfono no respondía. Entonces pasó al botón de encendido y su celular funcionó como de costumbre. De inmediato abrió el explorador de internet, buscó en el historial alguna página llamada Mahou Shoujo Site pero no apareció ningún resultado. Pasó a YouTube y miró los videos reproducidos sin encontrar nada parecido a la niña inquietante que acababa de contemplar. El temblor de sus manos desapareció al ver como aparecían en pantalla varios mensajes de sus amigas. Un nombre en especial le llamó la atención. Dejó escapar un suspiro antes de dejar el celular a un lado y acostarse a dormir. Ya habían sido bastantes emociones por una sola noche.
—Matsuri... esa debió ser alguna de sus bromas pesadas.
Llovía con fuerza durante aquella mañana, como si el cielo mismo quisiera llorar junto a Yuzu sus penas. Otra mañana solitaria para la joven rubia. Se dirigió en total silencio hasta la Academia Aihara haciendo uso de un sencillo paraguas translucido. Podía ver las gotas de agua caer sobre ella, las nubes grises en el cielo y los débiles rayos de sol que escapaban repentinos entre el denso mar flotante. A su lado, como era ya costumbre, caminaba ese grupo de amigas que supo formar desde su llegada a la Academia. Harumi iba a su lado, chalando sobre las tiendas que había encontrado hacía unos días y las ofertas que en estas había. Insistía en visitarlas después de clases, aunque eso fuera en contra de las reglas. Unos pasos atrás les seguían Matsuri y Nene. De la última no se entendía ni una sola palabra, solo unos murmullos de "Haruyuzu", mientras que Matsuri le mostraba su celular con una sonrisa divertida. Era otro día como cualquier otro. Era.
Apenas llegaron a la escuela, Yuzu fue directo a su casillero para cambiarse los zapatos. Abrió el seguro y sobre sus zapatillas encontró una pistola blanca, cuyo cañón tenía la forma de un corazón, el mango era decorado por la figura de un corazón rojo y en vez de martillo, tenía un ala. Aquello parecía un juguete sacado de un sentai o algún anime infantil. El artefacto estaba acompañado por un papel. Lo tomó y desdobló para leer su sencillo mensaje:
Como usar la pistola:
Solo aprieta el gatillo, ¡eso es todo!
¿De qué se trataba esta broma? Porque eso era lo único que podía pensar del incidente con su celular y la aparición de ese aparato en su casillero, que todo era una broma de pésimo gusto orquestada por Matsuri. Volvió a leer la carta. Las instrucciones eran sencillas, pero se sentían incompletas. No se especificaba que pasaría al apretar el gatillo, ni las instrucciones de cuidado o al fabricante. Además, la nota iba acompañada por una imagen de la niña que apareció en su teléfono la noche anterior con un globo de dialogo que rezaba "¡Ya eres una chica mágica!" y el nombre del misterioso sitio web. Solo con ver a esa niña le dieron escalofríos. Miró a su alrededor para comprobar que nadie la miraba. Tomó el aparato en sus manos y lo sopesó. Era bastante ligero a pesar de su tamaño, por lo que pensó que estaba totalmente hueco. De igual manera le sorprendió su tacto; lucía como un plástico resistente, pero en verdad se sentía frio como el metal y al alzarlo produjo el sonido de un par de placas metálicas chocando. Le dio una vuelta en busca de alguna marca que revelara su origen, pero no había nada. De nueva cuenta miró a sus alrededores. Todas sus compañeras estaban distraídas con platicas banales sobre las tareas que debían entregar y los exámenes próximos. Se sentía ridícula y hasta tonta por lo que pensó hacer, pero si aquello era una broma sería más fácil dar con la culpable si las autoridades escolares se ponían de su parte. Apuntó a sus zapatillas y acercó su dedo al gatillo, dispuesta a jalarlo tal como mencionaba el escueto instructivo. Su dedo se tensó, listo para accionar el mecanismo de la pistola, aunque ignorase lo que estaba por ocurrir.
—¿Qué haces, Yuzu-chan?
—¡Ah! —gritó del susto la rubia. Su cuerpo se estremeció al mismo tiempo que arrojó la pistola al interior de su casillero. Lo cerró de inmediato antes de voltear a su costado. El corazón le palpitaba con fuerza y estaba segura que con esa expresión había arruinado su discreto maquillaje. Ahora tendría que ir al baño a retocarlo—. ¡Matsuri! ¡No me asustes así!
—Lo siento, pero fue mi manera de detenerte —respondió la jovencita de cabello teñido de rosa. Sus grandes audífonos descansaban sobre el cuello a manera de un collar—. Me parecía que Yuzu-chan hacía algo sospechoso. ¿Escondes algo prohibido por ahí? —preguntó. Insistió en mirar el interior del casillero, mismo que Yuzu obstruía con su cabello.
—Claro que no —mintió. Matsuri borró la sonrisa confianzuda de su rostro. Era evidente que su "hermana mayor" le ocultaba algo, pero prefirió no insistir—. ¿Qué puedo tener ahí? Solo maquillaje, ya sabes.
—Como digas, onee-chan.
—Espera… Matsuri —le llamó Yuzu y la pelirosada teñida se detuvo de inmediato. Sus miradas se cruzaron de nuevo, pero guardaron silencio. La aludida sabía que esa pausa era intencional. Esperaron hasta que la mayoría de las alumnas se fueron, quedando solas en ese pasillo formado por los casilleros—. Tú sabes más de esto que yo. Anoche mi celular se comportó de manera extraña y apareció un video de un tal Maho Shojo Site. ¿Qué es eso? ¿Alguna broma tuya?
Matsuri permaneció callada, parpadeó un par de veces antes de mover los labios para contestar.
—No sé de qué hablas —dijo al fin con su sonrisa maliciosa—. Debe ser un virus que descargaste. ¿Acaso mi onee-chan está visitando esa clase de sitios para adultos?
—¿Q-qué? —tartamudeó Yuzu—. ¡Matsuri!
—De prisa Yuzuchi, vamos a llegar tarde —interrumpió Harumi acercándose a ellas. De inmediato intuyó la situación al notar el sonrojo natural de su mejor amiga y la expresión picara de Matsuri—. ¿Qué le dijiste a mi inocente Yuzuchi, enana malvada?
—Yo no dije nada malo, Taniguchi-senpai —se defendió con su sonrisa inocente.
—Claro, no puedo confiar en ti —alegó Harumi. Tomó del brazo a Yuzu y comenzaron a caminar rumbo a su aula—. Será mejor que entres a tu clase ya, no quieres recibir un regaño, ¿verdad?
—Eso deberían hacerlo ustedes, a mí nunca me han castigado —respondió antes de irse con una expresión de satisfacción y los audífonos puestos.
—¡Ah! Esa chica solo me hace enojar —renegó Harumi apartándose de Yuzu.
La rubia aprovechó la distracción de su mejor amiga para abrir de nuevo el casillero y esconder la pistola en su mochila, aunque para eso tuviera que dejar abandonados sus cosméticos. Cerró la puerta del casillero y avanzó hasta donde su amiga le esperaba. A mitad del camino, una duda atormentó a su mente: ¿por qué tomó aquel artefacto? Si lo pensaba con detenimiento, actuó casi por instinto, ¿o acaso esa pistola la obligó a tomarla?
Las normas de la Academia Aihara prohíben a sus alumnas el pasear por las calles en su uniforme. Si alguna de las señoritas que asisten a dicha institución debe recorrer las calles de Tokio sea el motivo que sea, primero está obligada a regresar a su hogar, cambiarse de ropa y ya tendrá la libertad de hacer lo que guste. Sin embargo, esta era una regla, entre otras, que Yuzu y compañía solían desobedecer constantemente. Al terminar sus clases, la tropa cítrica, incluidas Nene y Shiraho, se reunió en su cafetería preferida para matar el tiempo y tratar una vez más de cumplir con su misión imposible: animar a Yuzu. El resultado fue otro fracaso, pero al menos lograron hacerle sonreír un poco. Por un momento había olvidado sus dos pesares: la partida de Mei y la aparición de aquel extraño juguete.
El trayecto de vuelta a casa fue de lo más tortuoso, aun cuando sus amigas le acompañaron durante gran parte del mismo. No solo debía ocultar su evidente tristeza, también le inquietaba la aparición del aparato en su casillero. ¿Cuál era la intensión de todo eso? Y aun con la negativa de Matsuri, Yuzu seguía con la firme idea de que ella estaba detrás de ese juguete. Suspiró en la soledad de la calle, a unas cuantas cuadras antes de llegar el edifico donde vivía. Ya tenía suficiente con su mal de amores como para soportar bromas sin sentido. Se metió al primer callejón que encontró y se paró frente al contenedor de basura. Metió la mano a su mochila y sacó la pistola de juguete; la miro detenidamente por unos segundos. No era un diseño feo, incluso de encontrarla en un tamaño más pequeño podría usarla de adorno, pero no había nada que hacer además de tirarla a la basura.
—Mira nada más que tenemos aquí —se escuchó una voz potente y ruda. Yuzu dejó escapar un grito y saltó hacia atrás. ¿Acaso era el día para asustarla? Buscó la fuente de aquella voz con la mirada, encontrándose de inmediato ante un hombre de aspecto desaliñado. A todas vistas, era un criminal que bien podría tener su edad—. ¿Qué hace una señorita tan guapa en este horrible callejón? ¿Acaso buscas problemas? —mencionó acercándose a ella.
—No, no, yo solo... —respondió de inmediato. Ocultó la pistola como pudo detrás de su mochila y retrocedió unos pasos. Aquella era una broma de mal gusto, sí, pero de la vida misma. ¿Además de todas sus penas debía soportar un asalto ahora? No eran sus días de suerte—. Vine a tirar algo de basura, pero ya me iba —dijo de la manera más natural posible. Tenía la intensión de correr inmediatamente, aunque sabía que aquello sería muy mala idea.
—¿Qué escondes ahí? Enséñame.
—No es nada, solo mi mochila.
—¡Te dije que me enseñaras lo que tienes ahí! —gritó el hombre sumamente furioso, abalanzándose en contra de Yuzu.
Tal vez fue por el miedo que actuó de manera irracional, también fue posible que aquella pistola en verdad tuviera algún efecto sobre su persona, y aún es posible creer que fue un acto reflejo. Yuzu alzó la pistola al verse amenazada por aquel sujeto y jaló del gatillo. El disparo no fue el de una bala, tampoco se accionó un cañón de confeti o de harina como pensó que pasaría en la mañana. Del cañón de su pistola salió una densa nube de humo rosado en forma de corazón dentro de la cual desapareció el criminal.
Yuzu se quedó con la boca abierta, incapaz de creer lo que acababa de ocurrir. Hacía un segundo, sería atacada por un delincuente y ahora, él había desaparecido ante sus ojos sin dejar rastro alguno. Sintió que algo rodaba por sus mejillas y por mero instinto se llevó la mano para limpiarse. Al mirar sus dedos, el corazón se sacudió con mayor fuerza y ambas manos se le congelaron de miedo. Sus dedos estaban manchados de sangre y sobre su muñeca había aparecido el símbolo de un corazón. Sacó su espejo de la mochila para revisarse, tenía la esperanza de que eso fuera producto del ataque, que en verdad tenía un golpe y el tipo había huido al verla sangrar, aunque aquello no podría explicar la marca en su brazo. Entonces su reflejo le hizo temblar. Los ojos habían cambiado, sus pupilas habían crecido y adoptaron la forma de un corazón blanco, mismo que era partido a la mitad y despedía una luz rojiza de la abertura. De sus ojos también brotaban espesas lágrimas de sangre que enmarcaban sus mejillas y el cabello rubio le había crecido unos centímetros, mismos que se tiñeron de rojo.
—¡Ayuda! —se escuchó en un grito desesperado que sacó a Yuzu de sus cavilaciones apresuradas. Corrió a la calle y se llevó una gran sorpresa al ver colgado de un poste al tipo que había tratado de asaltarla.
—¿Qué? —balbuceó confundida por lo ocurrido. Los hechos que acababa de presenciar no tenían sentido.
—Que desafortunada, que desafortunada —cantó una vocecilla a espaldas de Yuzu. De inmediato se volteó y, para su sorpresa, era una de sus amigas quien había repetido las palabras de aquella espantosa imagen que apareció en su celular la noche anterior.
—¿Matsuri? —tartamudeó Yuzu al ver que su amiga de la infancia estaba en la entrada del callejón, mirándola en silencio con las manos guardadas en su sudadera.
—Lamento tener que decirte esto, pero —le dirigió una mira cargada de pesar, como si estuviese arrepentida de algo. Dejó escapar un suspiro y con una triste sonrisa terminó—: bienvenida al mundo de las chicas mágicas.
La inspiración es... malvada. Es una entidad que no puedo controlar. Debería hacer otras cosas, debería esforzarme en otra cosa más importante. Pero aquí estoy, publicando un fanfic que si no escribía no me dejaría en paz. Y bueno, ¿qué mejor forma de celebrar el final de Mahou Shoujo Site que con este extraño crossover con Citrus? O más bien, las chicas de Citrus en el mundo de Mahou Shoujo Site.
Esta locura fue una idea que tuve hace mucho, mucho tiempo y que por alguna razón recordé hace poco y no me dejó en paz. Pues bien, aquí está el primer capítulo, el primer "Enter" de cinco que serán. ¿Qué será de Yuzu ahora que está dentro del mundo de las chicas mágicas? ¿Cómo usará su varita? ¿Por qué Matsuri sabe de esto?
Nos leemos luego!
