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#MatsuriMizusawa
A todas les constaba que Matsuri tenía una forma muy particular de ser. Aunque era la menor del grupo de amigas, era la más manipuladora y despreocupada de todas, capaz de torcer las reglas y las condiciones de la situación a su favor; era una chica perversa y muy lista, capaz de salir de cualquier problema o de crearlo. Se trataba de una persona con la capacidad de enterarse de todo, a quien nunca se le escapa un solo detalle y, en caso de podérselo ocultar, no tardaba mucho en encontrarlo. Y últimamente, según Yuzu, su autonombrada hermana menor era más perspicaz que de costumbre. Parecía que se enteraba de todo con mayor facilidad, no había detalle que se le escapara y parecía estar en todas partes, apareciendo de la nada en cada pasillo. Matsuri siempre había sido así, pero ya había superado sus propios límites y eso ya no podía considerarse normal en una persona. Sus oportunas apariciones detrás de cada pasillo o puerta ya parecía un acto de magia.
Si en algo había acertado Yuzu, fue en creer que Matsuri sabría algo del llamado Mahou Shoujo Site, pero no esperaba que la realidad pareciera sacada de alguna obra de ciencia ficción, solo capaz de competir con aquellas historias propias de las películas taquilleras de Hollywood. No hacía ni 24 horas que había conocido el aterrador sitio de las chicas mágicas, una página web que, según ella, era una mala broma para asustar a la gente y que lamentablemente resultó ser verdadera. ¿De dónde venía tal página web? ¿Cuál era su razón de ser? ¿Por qué había recibido una varita? No comprendía el asunto que acababa de llegar a sus manos y mucho menos lograba entender la tranquilidad con la cual Matsuri hablaba del tema. Por exigencia de la pelirosada, habían modificado su ruta y en vez de dirigirse a sus respectivos hogares, se fueron a un karaoke donde tendrían la calma y la privacidad que Matsuri exigía para explicarle lo que acababa de ocurrir a Yuzu. Durante el trayecto, la rubia solo le daba vueltas al asunto sin encontrar nada lógico en sus reflexiones. No había sentido en lo que acababa de ocurrir con la pistola que, hasta hacia una hora, pensaba era un juguete. Con ese diseño y sus colores, no esperaba que en verdad se tratara de un artefacto mágico con la capacidad de transportar a las personas de un lugar a otro. ¿Cómo era posible? No importaba como lo viera, era imposible que aquello pudiera ocurrir, sin embargo, había sido testigo de los poderes que le fueron concedidos. Y su aspecto, ese cambio en sus ojos y cabello que le había espantado cuando lo notó era imposible de darse sin una sesión de maquillaje o una elaborada edición por computadora. Al poco tiempo de haber usado esa pistola, su cuerpo había vuelto a la normalidad; pero eso no volvía menos aterrado el repentino cambio que experimentó su cuerpo, en especial sus ojos.
Miró a Matsuri con intriga. Costaba creer que esa chica pudiera mantener la calma después de un momento así; mientras Yuzu se atormentaba en silencio buscando explicaciones que no llegarían, su amiga estaba sentada mientras atendía su celular y comía una cantidad anormal de patatas fritas acompañadas por un refresco. Yuzu había pedido solo un té negro, mismo que apenas había tocado. No había manera en que pudiera comer o beber algo; sus nervios le impedían sentir hambre o sed. De pronto Matsuri bajó el celular y miró directo a los ojos de su hermana mayor postiza. Normalmente había una sonrisa pícara cuando ambas se quedaban solas y la acompañaba con un comentario perverso para presionarla en su relación con Mei o bien, para insinuársele. Pero en esta ocasión, no hubo sonrisa alguna, ni comentarios incomodos; como pocas veces, la expresión de Matsuri era de una seriedad total, nada propia en ella.
—¿Cuándo la obtuviste? —preguntó la menor de pronto, rompiendo el incómodo silencio que entre las dos se había hecho.
—¿Eh? ¿Qué?
—Ya sabes de que hablo. Esa pistola que usaste con el delincuente, ¿cuándo la obtuviste?
—Esta mañana, estaba en mi casillero… espera, ¡soy yo quien debería hacerte las preguntas!
—Así que tú también fuiste elegida —murmuró Matsuri, ignorando los reclamos y cuestionamientos de Yuzu, tal y como solía hacerlo siempre—. Eso es malo. Una persona como tú no es adecuada para este tipo de cosas.
—¿De qué hablas? Oye, ¡responde a lo que te digo! —insistía Yuzu. Era desesperante, pues el actuar de Matsuri demostraba que ella estaba bien informada sobre lo que ocurría, sabía del Mahou Shoujo Site y posiblemente de todo lo relacionado con esa pistola. Pero ella se negaba a hablar, miraba su celular y luego volvía a mirarla antes de volver al aparato—. Matsuri, te estoy hablando. ¿De qué se trata todo esto?
—Es una pena que Mahou Shoujo Site se fijara en ti—volvió a decir seria. Dio un sorbo a su refresco y siguió hablando—. Bueno, quería esperar un poco para decirte todo lo que sé, pero no tiene caso esperarla más tiempo, así que lo haré ahora mismo.
—¿Esperarla? ¿A quién?
Pero no tuvo hacer más preguntas. Matsuri se aclaró la garganta y guardó silencio unos segundos mirando la mesa, no porque evitara el contacto con Yuzu, sino para encontrar la manera más adecuada para explicar lo que ocurría. Se llevó la mano a la bolsa de su sudadera y sacó un segundo celular. No era un secreto que Matsuri tuviera más de un teléfono en su poder, tampoco era un secreto que los usaba para conseguir dinero de maneras cuestionables, hasta peligrosas. Sin embargo, había algo diferente en ese aparato, algo que le congeló la sangre a Yuzu y le llenó aun más de preguntas. El teléfono en manos de Matsuri pasaba por un smartphone cualquiera, pero el detalle era que no había logotipo de marca alguna que pudiera identificarlo, siendo sustituido por el símbolo de una luna en cuarto creciente justo al centro de su tapa trasera y, aún más llamativo, tenía un par de alas blancas en la parte superior, idénticas a las que decoraban la pistola que Yuzu encontró en su casillero esa mañana.
—Yo también soy una chica mágica —dijo completamente seria y sin emoción alguna.
La primea reacción fue incredulidad. Quería pensar que se trataba de una broma muy elaborada, tal vez en complicidad con algún programa de televisión con el presupuesto suficiente para gastar en efectos especiales tan elaborados. La pistola era pura utilería, el delincuente que trató de asaltarla era un actor y el reflejo que vio en su espejo se debió a que este había sido cambiado por un monitor pequeño. Buscaba la manera más lógica de explicar las cosas aunque no pudiera convencerse, siempre había un detalle imposible de comprender y la única explicación aparente era la magia, algo que no podía aceptar. Esperaba con todo su ser que Matsuri comenzara a reírse, la puerta de la sala se abriera y apareciera un sujeto de traje señalando a una cámara escondida; o despertar en la seguridad de su cama, tal vez en verdad le asaltaron y su mente le jugó una mala pasada para bloquear aquella experiencia.
—Sé lo que está pensando, Yuzu-chan. Pero no, lamentablemente todo lo que acaba de pasarte es real. Fuiste elegida para ser una chica mágica y al usar la varita aceptaste serlo, aunque no lo sabias. Ninguna lo sabe cuándo activa la varita por primera vez.
—Matsuri… deja de jugar con esto, no es gracioso.
—No estoy jugando. Te digo la verdad, ahora eres una chica mágica y no hay nada que puedas hacer para dejarlo.
—¡No hay forma en la que pueda creer en algo así!
—¿Y el tipo que hiciste desaparecer no basta? ¿Acaso encuentras alguna explicación lógica para eso?
—Yo… no puedo creer que eso fuera magia. ¡Es imposible que tal cosa exista! —se aferraba a decir, aunque cada palabra se sentía menos convencida. En verdad deseaba que todo fuera una mentira, un mal sueño, lo que fuera, aceptaría lo que fuera en vez de creer en la magia que le fue concedida.
—Eres tan persistente... pero dime una cosa, si no fuera magia, ¿cómo desapareciste a ese delincuente? O dime, ¿cómo podría hacer esto?
Matsuri se levantó de pronto y tomó el vaso de té que Yuzu apenas había tocado. Sin decirle nada más, le arrojó el contenido a la cara. La gal gritó de inmediato al sentir la cercanía del líquido en su rostro, cerró los ojos y apartó la cabeza del trayecto del té, pero notó que no le había caído ni una sola gota sobre ella o en la mesa. Abrió los ojos, aun asustada y lo primero que vio fue una espesa masa café frente a ella. Parpadeó un par de veces. No era una masa, era el té que no se había tomado y este flotaba ante ella sin moverse. Se frotó los ojos, aunque eso arruinara su maquillaje. El líquido en verdad estaba suspendido a unos centímetros de su cara, flotaba en el aire sin movimiento alguno. También el vaso que Matsuri había agarrado permanecía inmóvil detrás del té, suspendido sobre la mesa. Las imágenes del televisor, las burbujas del refresco, incluso la servilleta que la chica de cabellos rosados dejó caer al suelo, todo permanecía estático y en silencio.
—No lo sabes, ¿verdad? Eso es porque no hay una explicación lógica, Yuzu-chan. Yo tampoco podía creerlo cuando esa horrenda niña se apareció en mi celular, pensé que había pescado algún virus o algo así.
Yuzu miró a su amiga con una extraña mezcla de asombro y miedo, podía sentir el sudor frio brotar de su frente y un agujero en el estómago. Matsuri estaba parada frente a ella, pero su cuerpo había cambiado. Su cabello había crecido unos centímetros y sus puntas se tornaron azuladas, en cambio, los ojos presentaron la misma deformidad que Yuzu al usar la pistola, pero en vez de aparecer un corazón en su pupila, la luna creciente brillaba en su mirada; además, el sangrado salía de su boca por la comisura de sus labios.
—¿Esto es suficiente prueba? —preguntó Matsuri con cierta molestia contenida en su voz. Dejó el vaso sobre la mesa y acercándose a Yuzu le enseñó la pantalla del teléfono. En esta se podía leer el nombre "Aihara Yuzu". La tomó del brazo y dijo—: Si no quieres terminar bañada en té, hazte a un lado.
Le obedeció en silencio, solo dejándose llevar por el firme agarre de la menor. Ambas avanzaron hasta un lado de la mesa; Matsuri seguía como si nada especial hubiese pasado, pero Yuzu estaba perdida en sus pensamientos, incapaz de entender lo que presenciaba. La pelirosada oprimió un botón del celular y de inmediato las cosas a su alrededor recuperaron su movimiento. La servilleta tocó por fin el suelo, las imágenes en pantalla parpadeaban al ritmo de la música y la deforme nube de té siguió su trayecto, cayendo sobre la silla y la mesa.
—¿Qué? —balbuceó Yuzu, paseando la mirada de la mesa a Matsuri y su celular—. ¿Qué pasó? ¿Qué hiciste?
—Detuve el tiempo solo para convencerte de que esto es real —dijo con un suspiro. Alzó la varita para que Yuzu pudiera verla con atención—. ¿Lo ves? También tiene unas alas como tu pistola y su propio símbolo. La tuya tiene el poder de teletransportación, la mía puede detener el tiempo. ¿Ya estas convencida de que los poderes de las varitas son reales? Gasté mi esperanza de vida solo para probarte que no es una mentira.
—¡Esta bien! La magia es real… no puedo creerlo —dijo Yuzu, más para ella misma que una respuesta a las palabras de Matsuri. Miró detenidamente el celular. En esencia era idéntico a cualquier aparato que podía comprar en las tiendas departamentales—. Pero, ¿qué significa eso de la esperanza de vida?
—Así que la Administradora no te lo dijo. Bueno, eso es algo que no te dicen y lo descubres por tu cuenta. Mejor siéntate de nuevo, explicarte esto podría tomarnos un tiempo.
—Pero llegaré tarde a casa, mamá empezará a llamarme y…
—Tú sabes que no quieres volver a casa. No desde que ella se fue, ¿verdad?
La rubia guardó silencio. Las palabras de la menor ahora le dolían y confundían en igual medida. El dolor era provocado por la ausencia de Mei, la soledad y tristeza que le acompañaban en su oscura habitación habían marcado las últimas noches como las más difíciles, amargas y melancólicas en años, y por más que quisiera sobreponerse a la situación, siempre volvía a las lágrimas. La confusión venía por la presencia de las varitas, por el prodigio que ella misma había hecho en el callejón y el de Matsuri hacía unos segundos. La trasportación del delincuente y que el tiempo se detuviera para todo el mundo menos para ellas era algo ilógico, antinatural; además, acababa de mencionar otras cosas que no comprendía, todas relacionadas con esas varitas.
—Ahora presta mucha atención. Ya entendí que no sabes nada de Mahou Shoujo Site, así que escucha cada palabra. Puede que esto te aterrorice, pero ya no tienes escapatoria, aceptaste ser una chica mágica al momento de disparar tu varita y es algo que te seguirá hasta el día de tu muerte —su voz se tornaba cada vez más seria, grave, lúgubre. Entonces comenzó.
"Mahou Shoujo Site, ese misterioso y extraño sitio de internet que regala varitas mágicas a las chicas desdichadas. Una página web a la cual no puedes acceder como si de Facebook se tratase, que no deja rastro en el historial del explorador y cuyo dominio parece no existir: la poca información que existe sobre ese sitio se maneja como una leyenda urbana, un rumor por donde se mire. Pero lo más llamativo es que cuando alguien publica algo que da certeza sobre la existencia de Mahou Shoujo Site, esa información desaparece en poco tiempo. Por eso no encontraras nada sobre ese sitio, ni a nadie hablar de él. Solo mencionar su nombre ya es motivo suficiente para mantener los ojos abiertos día y noche. Pero vayamos por partes, no quiero agobiarte aún más.
"Para empezar, lo mucho o poco que sé sobre esa página es que desde hace unos 3 años ha estado entregando varitas en todo Tokio a las chicas que considera desafortunadas. Así es, solo en esta ciudad. No se han reportado otros incidentes como estos en el mundo, ni siquiera en el país. ¿Ah? ¿A quienes consideran desafortunadas? Al parecer no hay un estándar; lo mismo les vale que seas víctima de acoso escolar o que toda tu familia esté muerta, lo único que piden es un alma atormentada. El proceso es simple; durante la noche, cuando estas a solas y te hundes en la tristeza, cuando deseas morir o cuando te encuentras cegada por la ira, la pantalla de tu computadora o celular se ilumina y el Mahou Shoujo Site accede a tu equipo sin pedir autorización. Solo dura unos segundos, pero ellos, quienes quiera que sean, tienen el control absoluto de tus aparatos. Una vez que captaron tu atención, lo primero que puedes ver es un fondo por completo negro del cual sale uno de los administradores y tras burlarse de tu desdicha con su canturreo, te ofrece un poder mágico. Después de eso, el aparato se apaga y no queda rastro alguno de la existencia del sitio. A la mañana siguiente, aparece tu varita en tu casillero o, según he descubierto, en tu habitación si es que no asistes a la escuela. Y una vez que te contactaron ya no hay forma de escapar. Ellos saben quién eres, te pueden seguir y si lo consideran necesario...
"¿En que estaba? Ah, sí. Cuando el Administrador te ofrece el poder mágico, te dice que es decisión tuya usarlo o no, pero ahí está la primera trampa. Nunca se dice que efecto tendrá la varita que te ha entregado; no tienes idea alguna de lo que ese artefacto es capaz de hacer por ti y las instrucciones son bastante simples. Supongo que tu instructivo solo decía que debes jalar el gatillo o algo similar. Muchas chicas han caído de esa manera; desconocen los efectos de su varita y la activan sin saber lo que puede ocurrir. Algunas lo hacen por curiosidad, otras por incrédulas y algunas lo hacen por desesperación, pero el resultado siempre es el mismo.
"La variedad de poderes es inmensa, tanto como puedas imaginar. Tú puedes teletransportar personas y seguro que también objetos, yo puedo detener el tiempo, supe de una varita con forma de jeringa que produce fuertes dolores, de una escoba que puede volar y de una navaja capaz de curar heridas, incluso se habla de una varita capaz de copiar los poderes de otras, aunque nadie sabe qué pasó con su dueña. En fin, eso solo por mencionar algunos ejemplos. El problema es ese, no sabes que pasará y los efectos de las varitas pueden ser hasta mortales. Una chica muy nerviosa podría pasarla muy mal si por accidente mata a alguien, ¿no crees?
"Sin embargo, hay otra trampa aún peor. El uso de esta magia no es gratuito y tiene un gran costo para quien utilice la varita. En los videojuegos, los personajes tienen dos barras en sus estados de salud; una indica la magia y otra la vida. Bueno, las varitas necesitan alimentarse de alguna manera y sacar la magia de alguna parte. ¿Puedes adivinar de donde viene esa magia? Exacto, nosotras no somos personajes de videojuegos, nuestra energía no se divide y, por lo tanto, solo tenemos una barra de vida, por así decirlo. Las mismas varitas se alimentan de nosotras, consumen nuestra esperanza de vida para funcionar. Y si no me crees, solo mira tú muñeca. ¿Ves ese corazón? Indica la vida que te queda después de usar la varita. Ahora mira el mío, es la luna que tiene mi teléfono. Ya voy a la mitad… eso es porque cada poder tiene un consumo diferente y al parecer el mío es de los más exigentes. Entonces, su uso también es limitado. Cada vez que activas tu poder, este consume poco a poco tu vida. Hasta donde sé, tu cuerpo resentirá cada uso y tus órganos se verán cada vez más comprometidos hasta colapsar. Que duro, ¿no? Aun así, a muchas no les importa y siguen abusando del uso de su varita, pero no sé el motivo. Tal vez el poder llega a enloquecerlas.
"¿Qué pasa con esa cara? Ah claro, lo que acabo de revelarte no es precisamente algo bueno y mucho menos alegre. Como puedes ver, la vida de una chica mágica no es como la vemos en el anime o manga, aunque en los últimos años ha cambiado mucho, ¿no crees? Las cosas no se arreglan con sonrisas y amor, no, eso solo te llevará a una muerte segura en este ambiente. El mundo al que te hicieron entrar es oscuro y lleno de dolor y desesperación. Claro, ya es responsabilidad tuya el aprovechar ese poder que te fue entregado, si lo usarás y que planeas hacer con él. Solo debes tener en cuenta una cosa: cada vez que utilices esa varita, agotaras tu tiempo de vida y eso no se puede recuperar. Mi recomendación es que solo la utilices en casos de emergencia por más tentador que resulte. Lo aprendí a la mala. Pero eso no es todo lo que debo advertirte.
"¿Has escuchado en las noticias sobre todas esas chicas desaparecidas? Bueno, todas ellas eran chicas mágicas, lo he investigado. Algunas no confiamos en el Mahou Shoujo Site, nos parece extraño que estos Administradores anden por ahí regalando poderes mágicos a las chicas tristes. ¿Qué buscan? ¿Por qué lo hacen? De eso no estoy segura y sigo investigándolo. Lo que si debo advertirte ahora mismo es que te has vuelto un objetivo. Así es, ahora irán tras de ti. El poder de las varitas es maravilloso y algunas se complementan muy bien con otras. El problema es que otras chicas lo saben y harán lo que sea por obtener más varitas. Debes andar con cuidado Yuzu-chan. Por ahora solo yo y… mi socia, sabemos que tú eres una chica mágica, pero eso no garantiza tu seguridad. En cualquier momento, podrían descubrirte y atacarte con tal de conseguir esa pistola. Es mejor que mantengas un bajo perfil. Actualmente son días un tanto complicados. Hay varias chicas locas que andan sueltas y harán todo lo posible para arrebatarte tu varita. No me enorgullece decirlo, pero ya tuve que deshacerme de un par. ¡No me veas así! Solo actué en defensa propia. Y mi socia también ha actuado de esa manera. Es como la jungla, comer o ser comida.
"¿Qué otra cosa debería advertirte? La verdad es que aún quedan muchos misterios que resolver sobre este sitio, pero no es fácil resolverlos y menos cuando las mismas chicas mágicas se matan entre ellas y los mismos Administradores se ponen en nuestra contra. ¡Claro! Eso también debo decírtelo. No podemos confiar ni en los Administradores. Sería tonto hacerlo después de todo, ¿no crees? Ellos nos dieron estos poderes, pero no sabemos porque o que quieren que hagamos y, mientras no sepamos eso, creo que es pésima idea confiar en ellos. Además, no les gusta ser investigados. La última que lo hizo terminó en el hospital y eso fue gracias a que pudieron salvarla. Que montón de seres siniestros".
—Y eso es todo lo que sé al respecto. Se suponía que mi socia nos acompañaría, pero antes de esto había quedado de verse con otra de nuestras aliadas. Al parecer descubrieron algo interesante —terminó de hablar con toda naturalidad, incluso se tomó el gusto de sonreír, aunque lo hiciera de una manera forzada.
Yuzu se había quedado callada, inmóvil y sin color en el rostro. Era un relato inverosímil, una fantasía sacada de una imaginación sumamente activa que, sin embargo, sabía que era tan real como ella misma. Las pruebas estaban ante sus ojos y no había otra explicación más que esa: todo era producto de magia, una magia aterradora que ahora comprometía su vida. Sí Matsuri le había dicho algo más, no le escuchó por estar absorta en el símbolo de corazón sobre su muñeca. Era cierto, el emblema ya no estaba completo; daba impresión que haber sido borrado en la parte superior. ¿Cuántos tiros le quedarían? ¿Cuánto tiempo de vida le gastaba cada uso? Más que una bendición, acaba de recibir una maldición que empeoraba al recordar las palabras de su amiga. No solo debía ser cuidadosa con el uso de la varita, también permanecer alerta a las otras chicas que, igual que ella, recibieron una visita del Administrador de Mahou Shoujo Site.
—Entonces, ¿no puedo renunciar a esto? —preguntó al fin.
—No. Al momento de usar esa varita aceptaste ser una chica mágica y de eso solo se escapa de una manera: muriendo.
—Que horrible...
—Sí, pero no te pongas así. Ya te lo dije, nadie sabía que algo así iba a pasar al momento de utilizar la varita —intentó consolarla—. Todas caímos en esa trampa.
—¿Y que se supone que haga ahora?
—Mi único consejo es que no utilices la varita a menos que sea una situación de vida o muerte. Es posible que debas defenderte y para tu suerte, te entregaron un poder capaz de ayudarte a escapar —dijo la pelirosada con autentica preocupación. Podría ser una chica descarada y desvergonzada, pero no por eso dejaba de sentir cariño por su amiga de la infancia—. Úsalo con cuidado.
—Lo dices por todas esas chicas desaparecidas, ¿verdad? Pero no entiendo... ¿por qué alguien querría conseguir más de estas cosas tan peligrosas.
—Ya te lo dije. no lo sé. Pero supongo que el poder termina por enloquecerlas o algo así. Por eso te pido tener mucho cuidado. Actualmente hay una loca que se hace llamar cazadora mágica y es la responsable de... bueno, ya te imaginarás.
—Entonces ella...
—Sí. No es la única, pero sí la más peligrosa —dijo y tomó su varita con una sola mano. La miró detenidamente con una expresión de desprecio. Dejó escapar un suspiro y enseguida volvió a hablar con una voz seca—. Estas cosas han dado más problemas de los necesarios.
Yuzu permaneció en silencio. Aún estaba abrumada por la cantidad de información que acababan de rebelarle y no lograba pensar con claridad. De pronto estaba inmersa en un mundo de fantasía, en una esfera oculta del mundo cuya existencia negaría de no ser por las pruebas irrefutables ante sus ojos. Si bien, sabía que Matsuri era alguien en quien podía confiar y le estaba agradecida por explicarle lo que sabía del Mahou Shoujo Site, no podía evitar sentir una mezcla extraña de emociones. Por un lado, era evidente la preocupación de su autoproclamada hermana menor; estaba claro que todo ese relato fue para explicarle de manera sencilla el lio en el cual se había visto envuelta sin desearlo, una manera de mantenerle alerta sobre los peligros que su nueva vida implicaba. Sin embargo, sentía que faltaba algo, como si Matsuri hubiese omitido algo importante. Estaba por preguntarle sobre la identidad de esa socia suya, cuando su celular sonó estridente en la pequeña sala del karaoke. Con temor comprobó que era una llamada de su madre y de inmediato respondió.
—¡Ah, mamá! Sí, lo siento. Vine al karaoke con Matsuri pero ya voy para allá. Sí, no te preocupes —colgó. Esa llamada fue un salvavidas para su cabeza, perdida en el tenebroso mar que era el Mahou Shoujo Site. Volteó hacia su amiga y con un gesto de pena se disculpó por tener que retirarse de manera tan repentina—. De verdad lo siento, pero debo irme. Esto nos tomó más tiempo del que pensé.
—Descuida, no hay problema. Solo ten cuidado allá afuera y no confíes en nadie.
La rubia asintió con la cabeza y en el acto salió de la sala, dejando sola a Matsuri. Ella, con un pesado arrastrar de sus pies, se deslizó hasta el sillón y se dejó caer pesada sobre este. Miró el techo quien sabe por cuánto tiempo, dejando escapar suspiros cada cuánto. En la pantalla aun desfilaban letras sobre coloridas imágenes que se limitaban a figuras geométricas danzantes. Le pesaba que Yuzu terminara envuelta en ese oscuro mundo de desesperanza, pero no podía hacer nada por ella; se había dado cuenta de su cruel destino cuando ya era muy tarde. Cerró los ojos. Estaba cansada y solo quería dormir un poco sin tener que preocuparse por su vida, pero no fue posible hacerlo. Al otro lado de la puerta, alguien golpeó con insistencia. Matsuri se levantó en silencio y esperó a que le llamaran de nuevo. El golpeteo se repitió con la misma velocidad y eso ya era preocupante. Sacó el teléfono de su bolsillo y se acercó sigilosa a la puerta. Se colocó detrás de esta, en un punto donde no podrían verla al abrir y giró la perilla. Si se trataba de alguna enemiga, no dudaría en detener el tiempo y atacarla a muerte; no sería la primera vez que alguien intentaba emboscarla y se aseguraría de que no fuese la última. Por algo su esperanza de vida ya estaba tan gastada. Jaló la puerta hacia ella y se mantuvo cerca de esta, usándola de escudo. En la sala entró una chica poco mayor que Matsuri, de cabello color ciruela y penado en dos coletas. La pelirosa suspiró aliviada.
—Taniguchi-senpai —dijo una vez que recuperó el aliento. Cerró la puerta de inmediato—. Por un momento me asusté.
—¿Quién más podría ser, enana? —respondió Harumi. Se notaba algo acalorada y en sus oídos había rastros de sangre.
—Con la situación actual, no podemos bajar la guardia. Veo que tuviste complicaciones —señaló al notar la sangre.
—Cómo no te imaginas. No solo debemos cuidarnos de esa cazadora loca, también los administradores se han puesto más activos —dijo antes de desplomarse en el sillón. Se limpió el sudor de la frente y abrió los primeros botones de su blusa—. La Admin Hachi es un dolor de cabeza.
—Oh, así que por eso llegaste tarde.
—Sí. ¡Cómo odio a esas cosas! Por suerte Asahi estaba cerca y pudo sacarnos del área de riesgo —tomó la botella de refresco y le dio un largo trago—. No sé qué pasa con los administradores, ¡intentaron matarnos!
—Parece que no les gusta ser investigados —respondió Matsuri con toda la calma del mundo. Se sentó a un lado de Harumi y le mostró una sonrisa divertida—. Y para que lo sepas, esa botella es mía. Acabas de tener un beso indirecto conmigo —agregó fingiendo un gesto apenado al llevar una mano hacia sus labios.
—¡¿Que?! —gritó Harumi perdiendo el color de su rostro—. Qué asco... me enfermaré por tu culpa.
Matsuri comenzó a reír y, aunque fue por un breve tiempo, le sentó bien. Un pequeño momento de diversión era como un oasis en medio del desierto. Tomó un par de patatas que se llevó a la boca. Tras haberlas comido y meditar en silencio, volvió a tomar la palabra.
—¿Alguna novedad?
—Perdimos contacto con las chicas elegidas por Juuroku y Anjou no aparece por ningún lado. Las cosas se están complicando con los Administradores y parece que no tardarán en atacarnos a todas —guardó silencio, tomando valor para agregar—. No estoy segura de que podamos hacer algo contra ellos.
—Sí tomamos en cuenta que se necesitan tres o cuatro chicas para enfrentar a un Administrador y que no logramos ponernos de acuerdo entre nosotras, tienes razón, estamos perdidas —respondió Matsuri con una sonrisa que intentaba ser burlona, cuando en verdad escudaba su preocupación.
—¿De qué lado estás?
—Solo soy realista.
Harumi se reincorporó de inmediato al escuchar las palabras de Matsuri. Tenía la firme intención de reclamarle por el comentario y hacerle cambiar de parecer. Hacía unos días, habían atrapado y asesinado a uno de los Administradores, aunque para lograrlo tuvieron que unir fuerzas con otras chicas mágicas. Intentaron sacarle información a su prisionero, un extraño ser humanoide con cabeza de zorro llamado Kyu. Y aunque daba señales de ser un Administrador prudente y civilizado, terminó atacando a sus captoras a la mínima oportunidad. Al final y tras haber herido a un par, Harumi tuvo que usar su varita para eliminarlo. Sorpresivamente, los restos de Kyu despidieron unas largas sombras negras y estos se transformaron en partes humanas de quien alguna vez fue una chica de una edad cercana a la de ellas, cuyos ojos estaban completamente blancos y el interior de su cuerpo había sido sustituido por una serie de circuitos. ¿Qué sentido tenía todo eso? En una búsqueda por comprender la situación y resolver los misterios del Mahou Shoujo Site, optaron por investigar ese cuerpo anormal y la identidad de la chica que apareció tras matar al Administrador Kyu.
Ninguna de las dos chicas habló, solo miraban en silencio el muro frente a ellas y el aparato de sonido reproducía una tonada dulce que contrastaba con la atmosfera del lugar. Harumi estaba sorprendida por el repentino cambio de humor en Matsuri. Estaba acostumbrada, para bien o para mal, a su forma de ser y los comentarios despreocupados que ocasionalmente realizaba sobre todo. Por eso mismo, entendió que sus últimas palabras eran serias; no hablaba con sarcasmo ni buscaba provocarla como solía hacerlo; en verdad estaba preocupada por la situación y, aun peor, daba por perdida la esperanza. Sin embargo, también sabia que había algo más. Matsuri había cambiado desde hacía tiempo. Días antes de recibir su varita ya mostraba una personalidad más apagada, esto ocasionado por un incidente ocurrido durante uno de sus cuestionables trabajos, mismo que le volvió una chida desafortunada. Respiró profundo antes de suspirar. Tomó un par de patatas fritas y se las llevó a la boca.
—Se confirmó lo que temíamos —dijo Harumi después del largo silencio—. Kyu alguna vez fue una chica mágica, Mikari encontró los reportes de su desaparición y su nombre aparecía en la lista de Anjou.
—Entonces mi teoría era cierta. Cuando agotas tu esperanza de vida… te vuelves un Administrador.
—Odio admitir que tengas razón —Harumi fingió frustración para disfrazar su admiración por la acertada deducción. En esos momentos le daba gusto tener a Matsuri como una aliada, pero nunca se atrevería a decirlo. Tomó otro par de patatas y se las comió en silencio, esperando a que su compañera de batalla dijera algo, lo que fuera. Sin embargo, se quedó callada como pocas veces—. ¿Se lo dijiste a Yuzuchi? Ya sabes, todo este desastre.
—¿Realmente crees que lo haría? —respondió con una sonrisa amarga—. No quisiera que ella se involucrara en todo esto.
—Sabes que yo tampoco la quiero en esto, pero no tiene opción. Aunque la mantengamos alejada de los Administradores, otras chicas podrían atacarla —golpeó la mesa con el puño. Los trastos sobre esta se sacudieron—. Es un callejón sin salida.
—Solo espero que Yuzu-chan me haga caso y no use su varita —poco a poco, Matsuri había recuperado su tono despreocupado. Sacó de su sudadera su celular regular y clavó la mirada en este—. Permanecer en el anonimato es lo mejor que puede hacer.
Abrió el mensaje que acababa de llegarle de parte de una tal Kosame. Se trataba de una captura de pantalla donde se mostraba una extraña montaña llena de manos y bajo esta un contador que señalaba 30 días para la tempestad.
La Tempestad se acerca! Estamos advertidos!
Segundo capítulo de este fic que, vaya, cómo se hizo esperar. Se ha revelado que tanto Matsuri como Harumi son chicas mágicas y la guerra contra los Admins está por estallar. ¿Yuzu tomara partido en esto?
Nos leemos luego!
