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Yuzu Aihara wants to make changes

—¡¿Que significa esto?! —gritó Matsuri con un alarido en el cual se mezclaron de manera peligrosa la confusión y la ira.

No era para menos; tenía ante ella a uno de los administradores que más problemas y dolor había causado a todas sus amigas. No hace mucho que intentó matarlas por intervenir con las acciones del Sitio, se burló de ellas por pensar que podrían ser un obstáculo en sus planes, pero, más allá de las ofensas y las numerosas agresiones, lo peor que pudo hacerles Nana fue introducirlas al cruel mundo de las chicas mágicas. Ahora estaba frente a ellas, con su espeluznante sonrisa de piedra y ese par de ojos vacíos carentes de todo signo de vida en un escenario inesperado.

—Supongo que no les has contado nada —dijo la administradora con total calma.

—No tuve oportunidad, los demás administradores las atacaron —contestó Mei. Entró en la habitación y comenzó a revisar los muebles dañados por la batalla entre administradores—. También sabía que no me creerían.

—Que desafortunada —canturreó Nana.

—Mei... no me digas que esa administradora —Yuzu fue la primera en reunir el valor de entrar en la habitación. Aunque su voz tembló y sentía un dolor asfixiante en el pecho a causa de los latidos tan acelerados de su corazón, pudo mantener la mirada sobre Nana en todo momento. En respuesta, esta alzó los brazos en señal de paz—. ¿Nana es... tu aliada?

—Sí —la respuesta fue inmediata y llana. El silencio se adueñó de la estancia mientras Mei evaluaba los daños. Todo era reemplazable, pero no por ello barato. Se dio la vuelta para dar la cara a sus compañeras y con la misma seguridad que se dirigía a las estudiantes de la Academia Aihara, agregó—: Desde hace unos días, hemos trabajado en contra del Sitio de las Chicas Mágicas. Para ser especifica, desde que recibí mi varita.

—¡Eso no tiene sentido! —chilló Matsuri con desesperación—. ¿Por qué una chica mágica y un administrador trabajarían juntos? ¡Algo has hecho con Mei!

—Matsuri... yo creo que podemos confiar en ella —le detuvo Kiyoharu al ver que estaba por activar su varita—. Yo también tengo mis dudas, pero no hay nada extraño en Mei.

—Comprendo que duden de mí, pero ni Mei Aihara ni yo les estamos mintiendo, ¿acaso necesitan más pruebas? —la administradora señaló los restos humeantes de los demás espectros.

—Yo tampoco puedo fiarme de un administrador, pero no veo motivos para llegar a este extremo —dijo Harumi más enfocada en que Yuzu le escuchase a que lo hicieran las demás—. ¿Tú que piensas, Yuzuchi?

—Yo... quiero oír todo lo que tienen que decirnos.

Igual que sus aliadas, Yuzu no podía confiar en las palabras de Nana por más contundentes que fueran los hechos presenciados. Ya sabía que los administradores necesitaban poseer los cuerpos de las chicas mágicas que agotaron su esperanza de vida; no podían mantener una existencia física a menos que lo hicieran así. No era difícil imaginar que si ya hubo antes chicas que corrieron con ese trágico destino y utilizaron sus varitas hasta exprimir lo último que les quedaba de vida, el Sitio debía tener cuerpos suficientes para reemplazar a los administradores caídos. En ese caso no importaba sacrificar a unos cuantos. Entonces Yuzu sintió un gran vacío en el pecho. A la luz de ese razonamiento, el sacrificio de Sayuki fue más que inútil y Go volvería a la carga.

Dirigió la mirada a los cuerpos humeantes; aun conservaban gran parte de las características del administrador que los ocupaba, pero ya se distinguían los rasgos de las chicas que alguna vez fueron. Sin embargo, algo no encajaba. Si aquello era una trampa más del Sitio, ¿era necesaria tal muestra de brutalidad? Apenas llegaron a la casa Aihara vieron como el cuerpo de Juugo caía a la calle y el estado de la habitación, junto a los administradores abatidos, era deplorable. Yuzu estaba segura de una cosa, aun cuando los espectros del Sitio eran caóticos, también se mostraban inteligentes y no era necesario armar una escena tal para engañarlas. Más importante aún, estaba la presencia de Mei se convirtió en un factor determinante para creerle a Nana. La pelinegra no solo se enfrentó a los administradores y los derrotó, también estuvo en un peligro real a manos del temido Juuroku.

—Sé lo que estás pensando Yuzu —le dijo Kiyoharu mediante telepatía—. Dudo mucho que el Sitio haga un plan tan extraño.

—Yo no lo dudaría ni un momento... pero siento que algo no encaja en todo esto. En especial por Mei...

—¿Y bien? —les llamó Nana. Al instante, el grupo de chicas mágicas tornó la mirada hacia ella, aun llenas de desconfianza—. ¿Piensan escucharnos o prefieren eliminarme? Dense prisa, mis antiguos colegas no tardaran en notar la ausencia de estos administradores y les aseguro que no será nada divertido lo que nos harán.

—Si les parece más sencillo —intervino Mei ante la indecisión de las chicas—, ustedes pueden hacernos todas las preguntas que quieran.

Harumi y Asahi se quedaron calladas; a estas alturas ya no había nada más que perder y tenían a su disposición a una administradora. Era el momento perfecto para sacarle cuanta información pudiesen. La única que parecía estar en contra era Matsuri. Mantenía sus puños y era evidente como apretaba los dientes para contener sus gritos. Si la situación dependiera de ella, ya hubiese activado su varita para eliminar a Nana, pero no podía. Sabía que nadie la apoyaba en ese momento, además Harumi, Yuzu y Asahi la tenían inmovilizada. Himeko quizá la pasaba peor que todas las demás; ella era ajena a todo el desastre y de pronto se vio envuelta en una guerra secreta cuyo armamento consumía la vida de sus usuarias.

—Les tomo la palabra —Shioi fue la primera en romper con el silencio. Se apoyó en la pared más cercana y se dejó caer al suelo de manera brusca—. Yo tengo una pregunta para la administradora. ¿Por qué me diste ese maldito cuaderno y me encomendaste matar chicas mágicas? ¡Por tú maldita culpa casi consumo toda mi esperanza de vida!

—¿Oh? Entonces tu eres Shioi. Disculpa que no pudiera reconocerte —le dijo Nana en una burla más que evidente. Aunque siempre que hablaba parecía mofarse de quienes le rodeaban, esas palabras iban cargadas con una malicia especial—. Hiciste la pregunta perfecta para comenzar, aunque para responderte debo explicar lo que es La Tempestad y el objetivo del Sitio.

—¿Ella mató a otras chicas? ¿Tempestad? —murmuró Himeko—. U-ustedes no me dijeron nada de esto.

—En su momento no lo creímos necesario —entre tartamudeos y mucho miedo, Kosame trató de explicarse—. No creímos que las cosas escalaran tan rápido.

—Que desafortunada, envuelta en una batalla por tus amigas —canturreó Nana.

—Aun no respondes mi pregunta —gruñó Shioi a punto de atacar.

—A eso voy. Veamos, a estas alturas, ya todas saben lo que es La Tempestad, ¿cierto?

—Es el maldito fin del mundo, ya lo sabemos. ¡Date prisa! —exclamó Rina sin contenerse su desesperación. Al menos le habían vuelto las energías para gritar y encarar a Nana.

—¡¿El fin del mundo?! —se escuchó chillar a Himeko, cuya alma casi abandonó su cuerpo.

—Sí, eso fue lo que te dije y es la historia que hemos contado a aquellas chicas mágicas que preguntan sobre La Tempestad —Nana continuó como si nada el relato. Mei, aunque fuese su aliada, se alejó de su lado y prefirió ocupar una posición entre ella y el equipo de chicas rebeldes—. En verdad, no es un fin del mundo como tal, más bien podríamos llamarlo reinicio. El mundo que conocen dejará de existir gracias a La Tempestad, pero no se trata de una destrucción como tal. El objetivo del Sitio es borrar la existencia humana y cada rastro de civilización para reordenar el mundo según los deseos de nuestro líder: el Rey. Sabes, Rina Shioi, te dije la verdad a medias. Las chicas mágicas sobrevivientes serán inmunes a los efectos de La Tempestad, pero no hace falta que colecciones más de una varita, una sola basta para salvarte y solo debes accionarla una vez.

—¡¿Entonces por qué?! —un grito repentino, cargado de ira y un llanto que era incapaz de iniciar, resonó en las paredes de la habitación. La voz fue tan potente que los cristales rotos tiritaron y a más de una se le erizó la piel. Yuzu no soportó más las palabras de Nana y dejó escapar todo lo que su corazón guardaba en un alarido desgarrador—. ¿Por qué la necesidad de engañarla así? ¿Por qué hacer que las chicas mágicas se maten entre sí?

—Para recolectar más energía negativa, claro está —Nana respondió enseguida sin ningún miramiento. Daba por hecho que su respuesta era más que evidente—. El cuaderno de matanzas ya había pasado por otras manos antes de llegar a Rina Shioi, aunque ninguna de sus anteriores dueñas resultó tan competente como ella. Y debo decir que todo el crédito es mío.

—¿Tuyo? ¿Qué quiere decir eso? —Harumi, que de inmediato abrazó a Yuzu para calmarle fue quien preguntó con toda la calma que pudo, aunque en su mente solo ansiaba activar su yoyo mágico y decapitar a la administradora.

—Yo tuve la idea de designar a una cazadora mágica. Por eso facilitaba información a una chica mágica con la esperanza de que sus emociones le dominaran y comenzara a perseguir a sus colegas. Soy la única administradora que trabajaba de ese modo, los demás solo esperaban que las cosas se dieran por si solas.

—Eres... un maldito monstruo... —Shioi escupió sus palabras. A pesar de su evidente furia, en el fondo se sentía humillada por caer en los planes de Nana.

—Yo solo hacia mi trabajo más rápido. La recolección de energía negativa no avanzaba, teníamos que accionar varitas lo más pronto posible.

—¿Y qué es la energía negativa? ¿De dónde viene? —preguntó Asahi. Aun sostenía a Matsuri por un brazo.

—Es la energía proveniente de los seres humanos. Todo lo que hacen deja un rastro en el mundo, pero la manera en que se hace y su intención es aquello que puede liberar energía negativa, misma que las varitas se encargan de recolectar y así alimentar al Rey.

—Básicamente, las emociones humanas provocan esa energía negativa —agregó Mei al notar algunas caras de confusión. Ante esto, el panorama se tornaba más claro para las chicas mágicas rebeldes—, las varitas se encargan de canalizar esa energía directo al Rey.

—Exacto. Y nada genera más energía negativa que las acciones llenas de ira, los deseos de venganza, la ambición o el egoísmo. Hasta la tristeza puede fácilmente desembocar en un arranque de furia —continuó Nana—. Hasta la chica mágica más noble sucumbió a sus propios impulsos. Ha actuado con ira o egoísmo, da igual, todas forman parte de la cadena. Por eso se elige a las jóvenes y desdichadas, porque es más fácil que cedan a sus impulsos, que se dejen llevar por el momento sin medir las consecuencias de su actuar.

—¡Basta! —ordenó Matsuri con un chillido autoritario cargado de furia.

La pelirrosada no era la única perturbada por las declaraciones de Nana. Las únicas que se mantuvieron serenas ante las revelaciones fueron Mei, porque ella ya sabía todo, Asahi, Kiyoharu y Harumi, esta última más por necesidad que por templanza. El pensamiento general era el mismo, no importaba cuanto lucharan contra el Sitio, eran parte de la cadena alimenticia del llamado Rey como los eslabones más bajos. Solo recolectaban el alimento que desencadenaría a La Tempestad y cuando dejan de ser útiles, sus cuerpos vacíos eran usados por un ente parasitario como los administradores.

Sin embargo, lo que en verdad perturbo al grupo fue saber que cayeron en el juego del Sitio y ahora resultaba imposible salir de este. En más de una ocasión se dejaron llevar por sus emociones o deseos, usaron las varitas en beneficio propio o pensaron hacerlo. Yuzu miró sus manos, estas temblaban al recordar todas las veces que su pistola mágica fue activada. Siempre creyó hacer lo correcto, que luchaba por salvar a más personas de caer en ese infierno en vida, pero en el fondo Nana tenía razón. Yuzu detestaba al Sitio y a sus espectros, cada que activaba su varita había un rastro de odio que aumentaba cada día; además, pensó en darle la espalda a todas para reunirse con Mei. Ese pensamiento egoísta pudo volverse real en cualquier momento sin importar lo critico de la situación, lo cual también daba la razón a Nana. Sin importar lo que hizo o pudo hacer, ella al igual que todas las chicas mágicas formaban parte del sistema que buscaban frenar. En ese momento deseó nunca haber usado su varita.

—Creo que todas tenemos esta duda —Asahi se atrevió a hablar. Su calma era de admirar para el resto—. Los administradores que hemos derrotado, ¿volverán pronto?

—Oh, que pregunta tan interesante y su respuesta es sencilla: no lo harán. Un administrador no ocupa un cuerpo tan fácil, antes de eso se le debe borrar todo rastro de humanidad lo cual necesita al menos una noche, claro, si no hay complicaciones.

—Al menos no tendremos esa preocupación... —murmuró Shioi, en seguida fingió una risa—. Una noche sin tantos administradores.

—Y... ¿Qué pasa cuando hay complicaciones? —se atrevió a preguntar Kosame.

—Aparece un administrador defectuoso, como yo —respondió Nana señalándose con ambas manos—. Un administrador que no dejó del todo su humanidad, pero lo suficientemente programado para actuar sin remordimientos. Aunque claro, ahora estoy muy molesta con el Sitio.

—Yo solo quiero saber una cosa —Yuzu tomó la palabra después de mucho tiempo sin decir nada. Sus manos aun temblaban, pero ya no entendía si lo hacían por miedo o por odio—. ¿Cómo es que ustedes dos... se volvieron aliadas? Y prefiero que... Mei responda eso.

La habitación se quedó una vez más en silencio, pero no uno incomodo ni hostil como ocurrió antes de que Nana hablara con las chicas mágicas; en esta ocasión había una tensión en el ambiente propia de la curiosidad, había una expectativa enorme hacia la respuesta que Mei daría. No era para menos; a nadie le parecía posible una alianza entre una chica mágica y un administrador. Si bien, tenían el antecedente de Shioi y el llamado cuaderno de matanzas, aquello no podía tratarse como una unión, era una manipulación que buscaba un beneficio solo para el Sitio a base de engaños. Con Mei, en cambio, las cosas daban la impresión de ser muy distintas. No había una orden para matar a otras chicas, Nana era perseguida por los demás espectros y ofrecía información sin ningún impedimento. Por eso, todas querían escuchar la respuesta de Mei.

—Lo haré —la respuesta llegó de la nada. Las palabras de Mei fueron directas y sin la mayor emoción. Su mirada y la de Yuzu se cruzaron con un gran contraste. Mei permanecía tranquila, con unos ojos fríos y carentes de todo sentimiento; por su parte, la rubia más que curiosidad, reflejaba un gran pesar, como si tuviera miedo a lo que estaba por escuchar—. Pero algunos detalles los tendrá que añadir Nana, después de todo, soy la última chica mágica que eligió —hizo una pausa, tomó aire, mismo que dejó escapar en un pesado suspiro y contempló a su oso antes de continuar—. Fue hace unos días, después de la última reunión que tuvo mi abuelo para ajustar los detalles de mi matrimonio. Aunque lo he aceptado, no deja de ser un gran peso.

—¿Eh? ¿Matrimonio? —interrumpió Kiyoharu—. ¡Pero aun eres muy joven! ¿En verdad aún existen los matrimonios arreglados?

—Sí. Es una tradición que mi familia ha conservado. No siempre se trata de amor, para algunos solo es un negocio y una manera de mantener su estatus. Aunque Yuzu no piensa igual —contestó Mei sin alterarse. Por un instante contempló a Yuzu y, aunque no se mostró seria como siempre, había una extraña melancolía en sus ojos—. Esa noche no podía dormir y me fui al estudio para pensar las cosas, entonces la computadora de mi abuelo se encendió y apareció Nana. Claro que me dio miedo, pero no me dejé llevar. Además, ya conocía la existencia de estos administradores desde días antes.

—¿Cómo es posible que los conocieras antes de ser una chica mágica? —Matsuri no tardó en cuestionarle. De todo el grupo, era quien más desconfiaba de Mei y Nana—. Ninguna de nosotras sabía sobre el Sitio o los administradores hasta que nos involucraron en esto.

—He pasado muchas noches sin dormir y en una ocasión vi a uno de esos administradores perseguir a una chica mágica. Claro, no tenía idea de lo que ocurría y creí que solo era una alucinación provocada por dormir poco. Hasta que Nana apareció. Me entregó la varia y esto —se llevó una mano al chaleco escolar y de esta sacó una hoja de papel perfectamente doblada. La extendió antes de mostrarla a sus colegas. Todas expresaron su asombro; la hoja tenía fotografías impresas de cada una de las rebeldes y llevaba por título "Lista de Chicas Problemáticas".

—Eso es... —balbuceó Yuzu.

—Maldita sea, ¡otra vez ese jodido truco! —rugió Shioi. Acababa de pararse. Si bien, su semblante aún era malo, ya tenía suficiente fuerza para mantenerse de pie—. ¿No sabes hacer otra cosa? ¿Siempre dejas que nosotras hagamos tu trabajo sucio?

—Me declaro culpable —dijo Nana con una risotada de ultratumba—. Pero en esta ocasión, el plan no salió como esperaba. Mi idea era volverla una nueva cazadora mágica, aunque solo destinada a terminar con ustedes...

¿Había algún motivo en especial por el cual no atacar a Nana en ese momento? Yuzu se lo preguntó. Las cosas eran tan sencillas como tomar la katana de Sayuki y córtale la cabeza o pedirle su teléfono mágico a Matsuri y poder desquitar toda la furia que sentía en ese momento sin preocuparse por alterar a las demás. Tan solo pensar que alguien intentó volver a Mei en su contra le provocaba algo peor que asco; le revolvía cada centímetro de su ser, infundía en ella un instinto asesino inexplicable y desconocido hasta ese momento. A pesar de todo, tuvo que contenerse; aun podían sacar información vital. Sin embargo, estaba dispuesta a deshacerse de Nana apenas dejara de ser útil.

—El problema fue que mis colegas no estaban de acuerdo en mis estrategias —Nana seguía con su relato; no importaban en absoluto los murmullos que se alcanzaron a oír tras revelar de manera tan frívola su plan—. En cuanto entregué su varita a Mei Aihara, los demás administradores nos atacaron. Dijeron que ninguna era necesaria.

—Creemos que al notar a Shioi en su contra, el Sitio decidió cancelar los planes de Nana —agregó Mei. Aunque su expresión se mantenía firme, se notaba que explicar los sucesos le quitaba un peso de encima; su semblante mejoró y ambos hombros lucieron más relajados—. Las circunstancias nos obligaron a formar una alianza para sobrevivir.

—A ella la quieren eliminar por ser la última chica mágica que elegí y por todo lo que sabe ahora. A mí, bueno, me consideran una administradora defectuosa que debe ser suprimida. Seguramente no habrá otra Nana después de mí.

—Nana me contó todo sobre el Sitio, sobre ustedes y La Tempestad. Estamos seguras de que hay una forma de pararlo todo, pero solo éramos dos y teníamos a los administradores sobre nuestros pasos, lo principal era sobrevivir.

—Espera... Mei... ¿dijiste que hay una manera de pararlo todo? —Yuzu habló con una voz temblorosa, difícil saber si aquello expresaba su enojo o una intriga iniciada por un rayo de esperanza emitido por Mei—. ¿De verdad... existe una manera de acabar con esa locura?

—Según Nana, es posible —sentenció Mei.

—¡¿Y cómo detenemos al Sitio?! —exclamó Matsuri con los ojos encendidos. No era la única que se exaltó ante la revelación. La lucha que tantas vidas costó al fin encontraba la pieza clave para triunfar.

—Creo que esa pregunta tardó mucho tiempo en hacerse —se burló Nana. Le dirigió una mirada a Mei y luego volvió al grupo de chicas mágicas—. Puede que no me crean, aunque el Rey tiene el poder para destruir el mundo, es muy vulnerable en su estado actual, apenas puede moverse y se limita a programar nuevos administradores cuando es necesario. Un ataque directo bastaría para terminar con él, pero ahí está el problema: deben infiltrarse a su cámara y a ese lugar solo podemos acceder los administradores. Sin embargo, una de ustedes tiene la única varita excepción a esa regla.

Los ojos vacíos y negros de Nana se tornaron hacia los de Yuzu. A diferencia de otras ocasiones, en el corazón de la rubia ya no había más temor hacia la espeluznante figura de la niña con coletas. Fue capaz de mantenerle la mirada sin dudarlo, por primera vez sentía seguridad ante su presencia. Así, de pronto, supo que la clave para detener las atroces acciones del Sitio estuvo todo este tiempo en sus manos, solo faltaba reunir un par de piezas más. Empuñó su varita con fuerza. El objeto que la maldijo ahora traía consigo una bendición, una esperanza para todas las chicas mágicas y, sin saberlo, para el mundo.

Aun cuando el tiempo entre tal revelación y su elección como chica mágica no era tan corto, en su cabeza todo se sintió muy rápido. Casi sin darse cuenta, pasó de una débil y asustada chica mágica novata, llena de temores por los misterios del Sitio, con deseos egoístas en cuanto al uso de su varita, una joven que solo quería cumplir sus caprichos y largarse del conflicto como una cobarde, a una mujer decidida a terminar con todo el sufrimiento. Tal vez llevada por el odio, pero comprendía que aquella batalla no solo era para conservar su vida, existía un bien mayor, uno más grande de lo que pudo pensar. En ese momento, no tenía dudas de que debía elegir. O se quedaba cruzada de brazos mientras trataba de huir de los de los administradores, o acataba el plan de Mei y Nana con la posibilidad de triunfar. Por un lado, estaba la muerte segura; por el otro, vivir o morir aún estaban en juego. No quedaban dudas.

—Lo haré —su voz sonó firme e inquebrantable. Aun sin saber el plan o al menos que se tuviera uno en concreto, estaba dispuesta a cooperar de la manera que fuera. Quería terminar con la pesadilla a como diera lugar—. Quiero poner fin a todo esto, haré todo lo necesario para lograrlo.

—Yuzu... —murmuró Mei, sin que nadie pudiera escucharle. Sus ojos al fin cambiaron de expresión y en ellos se reflejó una gran preocupación, misma que fue compartida por Harumi y Himeko. El resto de las chicas mágicas, aunque sorprendidas, vieron aquello admirable.

—Esa actitud me gusta, Yuzu Aihara —Nana reconoció su valor y por primera vez, dejó el tono burlón en su voz—, aunque las cosas no serán nada sencillas. En la cámara del Rey están los demás administradores, incluyendo a los dos más peligrosos. Ya conocen a Juuroku, que es fuerza bruta y no se toca el corazón ante nada, pero aún no se han enfrentado al administrador más poderoso: Ichi.

—No me importa —insistió Yuzu—. Mientras podamos tener éxito, estoy dispuesta a luchar.

—Ya no nos queda nada que perder —secundó Asahi. En sus palabras se notó una gran amargura—. Se lo debemos a Sayuki.

—Más te vale que esto no sea una treta más, ¿oíste? —Shioi, cuyo rostro por fin recuperó color, se acercó a la administradora para amenazarle de nueva cuenta—, o te aplastaré la cabeza.

Una a una, las chicas mágicas accedieron a cooperar, que su enemigo tuviese más o menos poder ya no importaba; mientras existiera el mínimo de esperanza, lucharían sin importar las consecuencias. En el fondo sabían lo mismo que Yuzu, solo les esperaba la muerte si optaban por huir, entonces, ¿por qué no dar un último esfuerzo? Si lo que Nana decía era verdad, solo bastaba con que una llegara ante el Rey y asestara un golpe definitivo. Kosame y Kiyoharu se sentían en deuda con Sayuki, sabían que eran los eslabones más débiles el equipo, las únicas que no tenían una varita útil para el combate, pero entregarían hasta la última gota de su sangre con tal de sanar a sus aliadas, a turnarse la katana mágica. No sabían cómo, pero lucharían hasta el final.

Matsuri le dio un último vistazo a su emblema. Lo sabía desde hace muchos días, por lo mismo trató de usar su celular lo menos posible. Estaba al límite de sus capacidades, una o dos activaciones más acabarían son ella. Era un secreto que procuró mantener a todo el equipo, no quería consideraciones especiales hacia ella ni preocupar a nadie, en especial a Yuzu y Harumi, aun cuando su condición era tan mala como la de Shioi. El esfuerzo que ponía hasta para caminar era sobrehumano, debía esconder su desgaste y las constantes ocasiones en que escupía sangre. Solo no quería dejar la batalla. Sin importarle el sacrificio, estaba dispuesta a continuar con un pie en la lucha.

Las dos que más tardaron den pronunciarse al respecto fueron Harumi y Himeko. Esta última era la única que no debía estar en ese lugar, también era la más temerosa ante la situación. A pesar de eso, ya había demostrado su valentía al apoyar a Mei y Shioi en batalla. A estas alturas, ¿tenía opción de hacer algo distinto? Sabía demasiadas cosas como para ser ignorada por el Sitio y solo por usar una vez aquella varita, se volvió una chica mágica más. Y como era de esperar, el saber que Mei formaba parte del equipo, era imposible hacerse de la vista gorda.

—Bien, yo también lucharé con ustedes —mencionó Himeko tras meditarlo por mucho tiempo en silencio.

—No tienes que hacerlo —le contestó Mei a sabiendas de cómo terminó involucrada en esta batalla—. Tú solo eres una víctima colateral…

—Sinceramente, dudo que eso les importe a esos monstruos que las persiguen —aunque sus labios temblaban y la producían un balbuceo, mantenía la firmeza necesaria en sus palabras para despistar el temor que sentía—. Además, no puedo confiarle todo Yuzu. Soy tu mejor amiga, no puedo abandonarte ahora.

—Gracias… —musitó Mei. Por un momento, esa imagen de la mujer de hielo que la mayoría tenía de ella, una joven decidida y fuerte, se tambaleó. Parecía estar a punto de romper en llanto conmovida por su amiga, sin embargo, mantuvo la compostura.

—¿Y bien, Harumi? —preguntó Yuzu por encima de todos los susurros—. ¿Qué piensas?

—No me emociona hacer alianza con un administrador —exclamó en un suspiro de resignación—, pero dadas las circunstancias, no puedo negarme. Solo quiero saber una cosa. ¿A quién le entregaste la varita con forma de ropa interior?

—Oh, una varita muy poderosa, pero eso no lo sé. Me temo que esa varita no pude entregarla. Desconozco quien es su actual dueña.

—Ya veo —suspiró Harumi de nuevo. Parecía decepcionada ante esa respuesta—. No hay más que hacer al respecto… Hagámoslo.

—¡Sí! —exclamó Yuzu con emoción. Por primera vez en muchos días, un rayo de alegría iluminó sus ojos—. Si nos enfocamos como es debido y armamos un plan de ataque, podremos acabar con el Sitio de una buena vez.

—Eso es algo admirable de su parte, señoritas —una voz masculina resonó en la habitación. Era grave y carente de cualquier emoción, pero aun así resultaba escalofriante de escuchar. El grupo de chicas mágicas volteó a la ventana de la cual provenía y se quedaron heladas de la impresión. Ante ellas estaba lo que en apariencia sería un hombre vestido con un uniforme militar. Carecía de cabello y rostro, solo tenía unos pequeños labios inmóviles y la blancura en su piel lo hacía ver como un muñeco de plástico—. Sin embargo, están condenadas al fracaso, aun con el apoyo de Nana la traidora.

—Ese… ese es… —balbuceó Kiyoharu. La sola presencia de tal ser imponía un temor inmenso en todas.

—Sí, este es Ichi —concluyó Nana. El Sitio las encontró.


¡Hola! Saludos a todas las personas que apoyan este fic. El tramo ha sido largo, intenso y hasta triste. Gracias por sus lecturas y favoritos, y si llegaron a compartirlo, muchas gracias. Lamentablemente, esta historia está por llegar a su fin. ¡El siguiente capitulo es el final! Desde ya veo que quedara muy extenso, así que les pido paciencia. Igual, puede que decida partirlo en dos, ya veré cómo queda.

Nos leeremos pronto! (Y si quieren, pueden pasar a leer mis otras historias ;D )