15:35 h
6 de diciembre
Mi teléfono no tiene mucho aguante, así que debería ser cuidadosa con la batería, porque me he dejado el cargador en el hotel y solo tengo un cincuenta por ciento de batería.
Pero no puedo evitarlo. No deja de nevar y estoy de los nervios. Llamo al hombre que siempre está ahí. Mi hermano mayor, Garret.
Garret también es un bicho raro, pero no tanto como Edward. Le gusta hacer las cosas a su manera, como a Edward, y no permite que nadie le llame la atención. Pero trabaja en Los Ángeles, en unos estudios de cine. Es uno de los productores más jóvenes y de más éxito de la ciudad. Está rodeado de gente que le hace la pelota, y lo odia. Aun así, mi hermano es la persona más real y honesta que conozco.
Lo adoro más allá de toda razón. Y siempre me ha ayudado cuando he estado al borde del precipicio.
—¿Por qué no me pediste que fuera yo, Bells? —dice antes de que pueda hablar—. Habría ido en tu lugar.
Y sé que es verdad. Tiene un corazón de oro.
—No quería molestarte. Y no sabía dónde estabas.
—Mierda, Bells. Mamá está que se sube por las paredes y papá está a punto de sufrir un ataque.
Me encojo. Es lo último que quería oír.
—Bueno, estamos avanzando bastante rápido. Aún cuento con estar ahí para el ensayo de la cena.
—Vale, pero no te arriesgues. Quiero que vuelvas sana y salva.
Miro a Edward, que tamborilea los dedos en el volante. No me extraña. Tenemos un coche delante que no pasa de los cuarenta kilómetros por hora, y estamos en una zona de circulación rápida.
Tapo el móvil y susurro:
—¡Toca la bocina!
Edward me mira, enfadado.
—No.
—¡Solo es un poco de nieve! —grito, como si el conductor del viejo Volvo que tenemos enfrente pudiera oírnos.
Edward pone el codo contra la puerta y se apoya, frustrado. Es posible que sea debido al coche que tenemos delante, pero seguro que yo también he contribuido.
Así que vuelvo a mi conversación telefónica.
—¿Has visto a Peter? —pregunto esperanzada mientras me estiro y trato de tocar la bocina.
Edward me aparta el brazo antes de que lo logre.
—No toques mi volante.
—Sí, está preocupado por ti, claro. Todos lo estamos. Queremos que vuelvas lo antes posible —dice Garret, y sonrío—. Aun así Bells, perdóname por decirlo, pero se ha cubierto de gloria. Primero se olvida los anillos y luego deja que vayas tú a por ellos. Tengo ganas de darle una buena paliza.
Frunzo el ceño. Mi hermano y Peter no se llevan especialmente bien.
Son bastante distintos.
—No es culpa suya. Fui yo quien quiso volver a por los anillos. Él me dijo que no hacía falta.
—Fue el inútil que se los dejó, para empezar. Después de todo el tiempo que has pasado planificando esto. Mierda, Bells. —Parece frustrado, como si quisiera decir más pero se mordiera la lengua con la mandíbula apretada.
Dios, pero incluso cuando dice poco, sabe qué decir a la perfección. Es una de las pocas personas que entiende lo mucho que me ha afectado organizar esta boda, y lo que me ha costado. Peter no lo sabe, ni lo entiende. Haberme pasado casi dos años de mi vida dedicada a que cada detalle sea perfecto y que no me lo reconozcan… Duele.
—Gracias, Garret. Estaré bien. Lo sé. Todo saldrá bien.
—Sí. Ya sabes que Peter y yo no acabamos de encajar a veces, pero sé lo que sientes por él. Y quiero que seas feliz y que tengas el día de tus sueños, Nuececita.
Me río. Hacía mil años que no me llamaba así.
—Lo tendré, ya verás.
Me despido y cuelgo. Me siento mucho mejor.
Pero en cuanto guardo el móvil, veo que Edward deja de acelerar y que bajamos a treinta kilómetros por hora.
¿Qué demonios pasa? A este paso, no llegaremos nunca.
Antes de que pueda alcanzar la bocina, veo la cola roja de un atasco frente a nosotros.
Exasperada, logro tocar el volante, pero Edward lo protege con su enorme pecho y me aparta.
—No me importa si te casas mañana —advierte—. Te juro que si vuelves a tocar el volante mientras yo conduzco, te romperé los dedos.
Le obsequio con mi cara de furia más terrible, pero después de su advertencia, me dejo caer en el asiento como una niña malcriada.
Supongo que tiene razón. Hay una cola infinita de coches y tocar la bocina no servirá de nada.
