07:08 h

7 de diciembre


Peter salta del Jeep y esconde la cara en la chaqueta para protegerse del viento helado mientras se dirige hacia nosotros como una bala.

Mierda, mierda, mierda.

Me aparto de la puerta como si fuera una pared de fuego.

—Dios mío. Edward…

Inspira profundamente.

—No te preocupes.

Pero ni siquiera puedo… Peter está aquí. Ha venido hasta aquí.

Así que la boda no está tan anulada como yo creía. E intento deducir qué cuello va a retorcer primero.

Miro a Edward, que observa la figura que se acerca por la ventana, con expresión calculadora. Se retira hacia mí y escudriña mis ojos. Me acusa por lo que sabe que estoy a punto de hacer.

La puerta se abre de golpe y ahí está Peter. Primero mira a Edward.

—¿Qué cojones has hecho, Edward? ¿Te la has tirado?

Edward levanta las manos.

—¡Contéstame, hijo de puta! ¿Te has tirado a mi novia el día de mi boda?

Cruza la sala de un salto y empuja a Edward con fuerza, golpeándolo en el pecho. Edward da un paso atrás y vuelve a levantar las manos para defenderse. Está tranquilo, calmado como de costumbre, mientras que yo tiemblo como una hoja.

—Calma, tío. Calma.

—No pienso calmarme hasta que te haya molido a palos, cabrón —ruge Peter, que tiene los puños en alto. Lo dice con una voz letal, como nunca le había oído—. Y hasta que te arranque la cabeza. ¡Está a punto de convertirse en mi esposa! ¿Qué mentiras le habrás soltado, hijo de la gran puta?

—¡Peter! —grito—. ¡No lo hagas!

Los dos hombres me miran. La postura de Edward es rígida, pero su expresión es suave.

—Bella…

Trato de interponerme entre ambos, pero Peter me agarra primero y me pone detrás suyo con un tirón tan fuerte que tropiezo hacia atrás.

—Bella, apártate. Deja que acabe con él.

—¡No! —Trato de moverme, pero vuelve a agarrarme por el hombro y me mantiene quieta tras él.

—Bella, no te metas.

Las manos de Edward siguen levantadas, en posición defensiva. Sus ojos fríos observan a su mejor amigo. Probablemente, Peter calcula que Edward no lo atacará, porque los he visto pelearse antes. Edward es más alto y más fornido. Siempre daba la sensación de que era capaz de derribar a Peter con una mano mientras con la otra comía palomitas, y que lo dejaba ganar porque a Peter sí que le importaba ganar.

—Deberíamos hablar cuando estés más calmado y te hayas centrado un poco.

—¿Centrado? —Suelta una risotada y se frota los ojos—. ¿Te tiras a mi prometida y quieres que me centre?

Peter hace ademán de lanzarse contra Edward, pero le agarro la camisa y grito:

—¡No os toquéis ni un pelo! O juro por Dios que no me volveréis a ver, ninguno de los dos. Lo digo en serio.

Edward se aparta. Me mira preocupado y sacude la cabeza de manera imperceptible cuando Peter corre hacia él.

Logro interponerme entre los dos y los detengo. Peter me agarra de la cintura y vuelve a apartarme a un lado.

—¿Sabes qué? No vale la pena pelearse contigo, tío —dice, y me mira como si comprobara si me ha hecho daño—. Bella, te vienes conmigo. Hablaremos en el camino de vuelta.

—Pero yo…

Edward avanza para impedírselo, pero Peter le planta la mano en el pecho y lo empuja.

—Ni se te ocurra. No eres bienvenido en el hotel ni en nuestras vidas, Cullen. Vete a tu casa.

—¡Peter! —Me zafo de él y me aparto—. Por favor, espera…

Agita un dedo frente a mí.

—Ni una palabra hasta que estemos en el coche. Si no salimos ahora mismo, llegaremos tarde a la…

—¡Pero es que no quiero casarme contigo!

Peter mira a Edward furioso y me pone las manos en los hombros.

—Lo sé. Lo sé. Pero estás confundida. Escúchame, Bella. Te ha contado un montón de mentiras y me debes la oportunidad de que te lo aclare todo. Te lo prometo. Bella, si vienes conmigo, verás que todo esto es un error.

Me acaricia el pelo y sus ojos marrones me miran suplicantes.

Debería darle una oportunidad… ¿verdad? No puedo tirar cinco años de relación a la basura así como así.

Estoy tan confundida ahora mismo que no sé qué hacer.

Lo único que sé es que jamás he confiado en Peter y siempre he confiado en Edward.

Doy un paso hacia él.

—Yo…

Pero al mirar a Edward, está cabizbajo, como si estuviera decepcionado porque sabe que me voy a ir con Peter. Y cuando habla, solo dice:

—Vete, Bella. Vete.

Me está dando permiso para irme. Así como así.

Peter me arrastra con suavidad, pero con firmeza a la vez, hacia la puerta. La abre y me guía al exterior. Trato de girarme para mirar a Edward, pero Peter se interpone.

Fuera amanece y la nieve resplandece por todas partes. Jamás pensé que lo diría, pero es verdaderamente precioso.

—¿Dónde están tus zapatos?

Parpadeo bajo el sol y me doy cuenta de que me habla.

—Eh… Llevaba sandalias y perdí una en la nieve.

No se ofrece a llevarme en brazos, y no quiero que lo haga. Estoy tan confusa que si me toca, seguro que lo empeorará todo. Así que cruzo el aparcamiento descalza. Mis pies se hunden en la nieve, pero esta vez ni siquiera noto las punzadas de dolor en la piel porque es como si hubiera perdido todos los sentidos.

Peter me ayuda a subir al Jeep y enciende el motor. Empieza a alejarse del refugio.

Miro hacia atrás con la esperanza de ver a Edward, pero no hay ni rastro de él. Peter va a dejar a Edward allí.

—Peter, no puedes dejarlo…

—Claro que puedo. Estoy furioso con él. Ni siquiera puedo mirarlo a la cara.

—Pero ¿cómo va a volver a…?

—¡Joder, Bella! Es un hombre adulto, ¡ya se espabilará! —Aprieta las manos contra el volante—. ¿Qué pasa, es tan bueno como eso?

Lo miro.

—¿Qué?

—Ya me has oído. ¿Crees que no lo sabía? Lo mirabas… como lo mirabas. Todos estos años, y él también. Siempre me sentí el tercero en discordia. Siempre mirándoos como si no pudierais esperar a estar solos para follar.

—Yo… —De repente comprendo lo que dice—. ¿Creías que te engañaba con Edward?

Suelta un golpe contra el volante.

—¡No lo sé! Joder, no lo sé. Sois las dos personas que más quiero en este mundo pero…, no lo sé. Puedo soportar perder a uno de los dos, quizá. Pero no a los dos.

—Espera, ¿planeaste esto? ¿Nos mandaste a los dos a por los anillos para ver si pasaba algo? ¿Ha sido una prueba?

—Claro que no. Pero, de algún modo, siempre supe que pasaría algo así.

Conduce en silencio durante un rato. La carretera está cubierta de nieve espesa pero practicable. Fuera cual fuera el accidente que interrumpió el tráfico al pie de la montaña, ya no queda ningún rastro. Nos cruzamos con algunos coches en dirección contraria.

La tracción de su Jeep permite que avancemos por la nieve con facilidad, así que el recorrido no es ni de lejos tan traicionero como la noche anterior. Pero Peter siempre ha sido un conductor más agresivo, y además vamos bastante rápido, así que agarro la manecilla de la puerta para estabilizarme. Entonces, empieza a hablar:

—Lo he jodido todo, Bella. Lo sé perfectamente. Te he tratado muy mal. Eres una mujer increíble y sé que no siempre he sido el hombre que mereces. —Estira la mano y me acaricia la mejilla—. Pero te quiero. Más que a nada en el mundo, te lo juro. Antes de hoy solo era una frase, pero esta noche, cuando he creído que te perdía, he despertado. Quiero casarme contigo dentro de cinco horas. Quiero que seas la señora de Peter Eberhart.

—Yo… —Jamás me he sentido tan confundida en toda mi vida.

—Tenemos una buena relación, Bella. Durante cinco años hemos sido felices. De acuerdo, no todo ha sido perfecto, pero hemos tenido momentos buenos. De lo contrario, no habrías aceptado cuando te pedí matrimonio. ¿Y de verdad quieres decepcionar a tu padre y a tu madre, a tu familia y a la mía? Yo no, Bella. Ellos te quieren y quieren que te conviertas en una Eberhart más. Tu sitio está con nosotros.

—Lo sé. Sé que me quieren. —Los Eberhart prácticamente me habían adoptado. Me habían abierto los brazos de su familia.

La bilis me sube por la garganta.

Me da un vuelco el corazón al pensar en mi padre. En mi madre. Seguro que están indeciblemente preocupados. ¿Cómo se me ha ocurrido suspender la boda? Por no mencionar la fiesta de después, el enorme gasto de alojamiento de los invitados durante el fin de semana, los regalos que me ha hecho la gente, que les han costado Edward de dólares y que tendría que devolver. Es un lío descomunal y monstruoso.

Edward tenía razón, como siempre. Todo está previsto, no hay manera de dar marcha atrás.

¿De verdad creía que podía hacerlo?

Peter aparca en un arcén, me toma la mano y acaricia el anillo de compromiso que llevo puesto.

—Mírame, Isabella —dice, cuando ve que aparto la mirada—. Lo hago. Te amo. La idea de perderte me destroza por dentro. Por eso he venido hasta aquí. Después de colgarte ayer por la noche, me di cuenta de que no puedo estar sin ti.

Pienso en Edward. ¿Qué estará haciendo ahora? ¿Cómo volverá a su casa? Pienso en cómo me ha hecho el amor en ese refugio hace apenas una hora. En lo desesperado que estaba, como si hubiera esperado toda una vida a que llegara ese momento y casi supiera que tendría que morir habiéndome probado solo una vez.

Cierro los ojos para olvidar ese momento.

Peter me ofrece sus brazos y yo acepto. Me dejo besar la mejilla. Siento el abrazo como si fuese forzado y él, un extraño.

Hace un día estaba segura de que deseaba ser su esposa. Ahora, no lo sé.

—Hagamos un trato. No importa lo que haya sucedido antes.

Empecemos ahora, de cero. Y no volveremos a hacernos daño el uno al otro. ¿Te parece bien?

Vacilo.

—¿Bella? —insiste.

De repente, me siento una arpía. Está intentándolo. Se está esforzando, ¿no? Se merece una oportunidad. Me obligo a asentir.

—Sí.

Pero no estoy segura de creérmelo.

No estoy segura de que cuando llegue el momento, pueda decir lo mismo.

Volvemos a la carretera. Conduce con la palanca de cambios en la mano izquierda y maneja el volante con las rodillas para poder acariciarme la mano con la derecha. Lo hace sin parar y me mira como si me amara.

Y sigo sin estar segura.

Solo quiere que pensemos en el futuro, pero no puedo hacer eso. No con Edward en el refugio.

Siento que ya estoy rompiendo la promesa que le he hecho. Y, de repente, caigo en un detalle.

—Peter —digo suavemente.

—¿Sí? —responde con una sonrisa mientras me aprieta la mano.

—Edward tiene los anillos.

Me suelta, se pasa la mano por el pelo y dice, tenso:

—Joder.