Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Resumen: Naruto Uzumaki, Séptimo Hokage de Konoha, lleva trescientos años esperando encontrar a su destinado. Sabía que estaba vivo, podía sentirlo. Le había buscado por todos los rincones del planeta, pero siempre terminaba dándose de bruces contra la pared. ¿Acaso estaría condenado a pasar el resto de la eternidad solo?
Advertencias: Omegaverse, Narusasu, yaoi, sexo no explícito, tortura, abuso psicológico, algo de OoC, pero no demasiado xd.
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Esperándote
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Capítulo 1
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El casi inaudible sonido de unas pisadas sobre la hierba, más el cántico de algunos grillos, era todo lo que podía percibirse en esa noche sin luna en las afueras del gran muro de la Aldea Oculta entre las Hojas.
El bosque que se alzaba en los alrededores parecía tener una mezcla entre místico y tenebroso, aunque esto era solo un efecto de la casi nula iluminación que había en el ambiente. El viento soplaba las hojas con suavidad, provocando el leve movimiento de estas. Sin embargo, la escenografía era lo menos importante para las dos siluetas que se alzaban en medio de la negritud.
Itachi le dio un último vistazo a su hermano menor mientras eran acobijados por la oscuridad de la noche. Apenas podía distinguirlo, su ropa igual de oscura que el cielo, su rostro cubierto por una capucha y una tela oscura cubriéndole hasta la nariz, quedando solo sus ojos al descubierto.
—Oculta tu chakra, oculta tu aroma y no titubees.
Recibió un asentimiento firme como respuesta.
—Cuídate, Sasuke.
—Lo haré.
Itachi alzó la mano y le dio un toquecito en la frente con sus dedos índice y medio.
Y luego le vio marchar, alejándose mientras corría entre los árboles del bosque nocturno. Alzó la vista al muro que protegía la aldea de Konoha, cerciorándose de que nadie podía verle, y dio un último vistazo al lugar donde había desaparecido su hermanito.
Era lo mejor. Si Sasuke se quedaba, sería para vivir como prisionero por el resto de su vida. Ya había vivido suficiente los abusos de su padre como para que tuviera que resignarse a ser utilizado como mercancía por beneficio político del clan. Su hermanito merecía ser libre de todas las ataduras de su familia y tener la oportunidad hacer su propia vida, y eso jamás lo lograría mientras viviera bajo el techo del patriarca de los Uchiha.
—Espero que encuentres lo que buscas. —murmuró al viento y, unos segundos después, desapareció entre las sombras.
— ¡Naruto!
— ¡Woah! —un grito, un golpe y después un gemido lastimero.
Una figura se removió en el piso luego de ser cruelmente despertada de su siesta y obligada a caer de bruces al suelo.
Naruto apoyó las manos en su escritorio y asomó la cabeza, su vista enfocándose en la alfa pelirrosa dentro de la oficina, quien le observaba con las manos en la cintura y una mirada reprobatoria.
— ¿Qué crees que haces durmiendo en el trabajo? ¡Eres el Hokage! —le riñó la mujer, a lo que el aludido se limitó a apoyar la barbilla en la mesa y hacer un puchero.
— ¡No estaba durmiendo! Solo cerré los ojos por cinco minutos…—murmuró en medio de una queja, su lenguaje corporal claramente dejando ver que estaba agotado. Eso, y las bolsas bajo sus ojos eran tan grandes que hasta podría cargar en ellas sus compras de la semana.
Sakura suspiró sonoramente mientras el rubio regresaba a su asiento, dejándose caer como un saco de papas, sin ninguna delicadeza.
—Shikamaru me llamó porque dijo que has estado más cansado que de costumbre. —le dijo, rodeando el escritorio para poner una mano sobre su hombro, a lo que Naruto alzó la vista para verle.
—Lo siento, no quería preocuparlos. —le contestó apenado, rascándose la cabeza distraídamente.
—No es bueno que te ahogues en el trabajo, Naruto. —le recordó con cierta resignación.
No era la primera vez que tenían ese tipo de conversación. Al fin y al cabo, el rubio alfa estaba desarrollando una adicción muy poco sana por su trabajo. Sakura comprendía que esa era su manera de sobrellevar las penas, pero aun así no era nada saludable para él mismo el comportarse de esa manera.
—Lo sé, lo sé, pero… No tengo realmente nada más que hacer al volver a casa, y tener tiempo libre hace que mi mente se ponga a divagar… Así que prefiero estar ocupado. —las mismas palabras de siempre.
La mirada verdosa de su amiga se entristeció ante sus palabras.
— ¿Aún nada?
—Créeme que si hubiera cambios ya les hubiera dicho. —sonrió con cierta amargura. —Ya he enviado clones a todos los rincones del mundo. He buscado por años de años de años… Y siempre me encuentro con las manos vacías.
La pelirrosa apretó los labios, una sensación de impotencia apoderándose de ella.
—No debes rendirte. —le pidió. Naruto era la persona más terca que conocía. Si llegaba a ver el día en que él se rindiera con algo, perdería la esperanza en el mundo. Y sí, luego de tantos años, comenzaba a temer que Naruto en serio fuera a rendirse y se terminara convirtiendo en solo una sombra de lo que era ahora, o de lo que fue antes de que el peso de los años y la soledad fuera puesto sobre sus hombros.
—No pensaba hacerlo. —la tranquilizó. —Es solo que… Que haya pasado tanto tiempo y nada haya cambiado me hace sentir tan frustrado. —apoyó sus manos sobre su escritorio y su mejilla sobre ellas, su mirada desviándose hacia un punto cualquiera dentro de esas cuatro paredes. —No sé dónde más buscar. Siento que recorrí el mundo una y otra vez y no logro encontrarle. Sé que está ahí en alguna parte, pero no sé qué más hacer.
—Ojalá pudiera ayudarte…—murmuró la joven con pesar, pasando sus dedos entre hebras de cabello rubio.
Qué más daría Sakura por poder ayudar a su mejor amigo. Si estuviera en sus manos, ella misma iría en búsqueda de aquel a quien Naruto tanto añoraba. Pero era imposible para ella, porque incluso si diera con esa persona, no sería capaz de reconocerla. Un alfa podía reconocer únicamente a su propio compañero destinado, no al de los demás. Igual para los omegas. No era del tipo de favores que pudiera pedírsele a alguien más. Si no se encontraban personalmente, jamás se reconocerían.
—Cada segundo que estoy lejos de mi compañero, duele. —susurró el ojiazul, sus párpados entrecerrándose levemente. —Normalmente puedo cargar con ello, pero esta última semana ha sido algo pesada para mí.
Con la reunión de Kages tan pronta a llevarse a cabo, había mucho papeleo que tenía que adelantar por los días que estaría ausente. Además de que siempre había situaciones que requerían de la atención personal del Hokage.
—Sí, sé que hay días mejores que otros. —musitó ella, su mente divagando durante un par de segundos a su trabajo en el hospital de la aldea.
Sí, ser adulto y tener responsabilidades era agotador. Ya no tenían las mismas libertades de cuando eran adolescentes, pero Sakura tenía un hogar al que volver, con una pareja que la recibiría con los brazos abiertos dispuesto a recargar sus energías y a cobijarla con amor y cariño… Naruto siempre regresaba a un hogar vacío, donde solo su propia presencia le hacía compañía.
—No te preocupes por mí, Sakura-chan. Estaré bien. —le aseguró el rubio. —Terminaré hoy y me iré temprano a casa para descansar, ¿te parece?
—Más te vale, bobo. —le dio un amistoso puñetazo en el hombro. —Sé que lo encontrarás, Naruto. Si sientes que está en alguna parte, lo hallarás.
—Gracias, Sakura-chan.
Eran las seis de la tarde y Naruto cumplió con su palabra con Sakura. Regresó a casa, se dio una ducha, se puso unos pantalones cortos color naranja y se dejó caer sobre su cama para dormir. Pero, en lugar de eso, sus ojos se quedaron viendo el techo.
La reconfortante suavidad de su colchón consiguió relajarle y, para estar más cómodo, estiró los brazos y las piernas por toda la mullida extensión.
Cuando compró esa cama, escogió la más grande y cómoda que había encontrado. A final de cuentas, algún día encontraría a su compañero y, si todo salía bien, llegaría a compartir esa cama con él, y quería que fuera espaciosa y apta para convertirla en un nido algún día. A los omegas les gustaba anidar, según se había informado. Normalmente lo hacían cuando querían estar cómodos, al necesitar confort, al estar en cinta o durante el celo. No todos los omegas hacían nidos en las mismas situaciones, pero esas eran las más comunes.
Secretamente, Naruto había añorado cómo sería compartir un nido con su omega destinado. Estos solo permitían el acceso a sus parejas o a sus crías, por lo que era algo muy íntimo y Naruto quería ese tipo de conexión con su compañero. Incluso tenía un armario donde guardaba solo ropa de cama. Estaba lleno de sábanas, edredones y almohadones que había comprado teniendo esa idea en mente.
También tenía un armario vacío junto al suyo. Un espacio para permitir que otra persona guardara su ropa y sus cosas a su gusto, que tuviera la privacidad de su propio almacenamiento. También lo había comprado con la idea de que su pareja lo utilizara algún día. Seguro querría su propio lugar y así sería más cómodo que utilizar ambos el mismo clóset.
Suspiró.
Hacía tiempo había acondicionado su casa para que fuera ideal para dos personas. El cuarto principal era grande y espacioso, tenía su propio cuarto de baño con una ducha y una bañera. Había dos habitaciones extra más pequeñas y un baño independiente. La sala era más bien mediana, pero le pareció que era de buen tamaño. En ella había un sofá acolchonadito perfecto para acurrucarse toda una tarde y arroparse durante el invierno. La cocina estaba bien equipada, aunque realmente no la utilizaba mucho. Apenas pasaba tiempo en casa. Tener tantas cosas no tenía ningún sentido si no tenía nadie con quien compartirlo.
Volvió a suspirar, dándose vuelta sobre el colchón.
La memoria de uno de los clones que tenía esparcidos por el mundo le llegó de pronto, provocándole que parpadeara. Este último había encontrado un grupo de traficantes de personas, específicamente omegas y betas, que vendían a sus víctimas para ser explotadas sexualmente. Su clon se encargó de los criminales y llevó a todos los que necesitaban refugio con el Kage correspondiente para luego, cuando todo estuvo resuelto, desvanecerse e informar al original. Sin embargo, no pudo encontrar a su destinado en aquella búsqueda.
Cada vez que un clon se disolvía, solía venir con las mismas noticias. Lograba dar con algún grupo de malhechores y llevarlos a la justicia, pero entre los damnificados nunca estaba aquel al que buscaba.
Había comenzado recorriendo el mundo él mismo, antes de tomar el puesto de Hokage. Aprovechó para salir de Konoha con su antiguo maestro, el famoso Jiraiya, uno de los tres miembros de los legendarios Sannin. Entrenó mucho con él, conoció lugares extraordinarios, pero en ninguno de los viajes logró encontrar a su destinado. A pesar de esto, no se desanimó. Su compañero destinado podría haber nacido en cualquier parte del mundo, y este era muy grande. Podría dar con él con el tiempo, estaba seguro.
Pero dicho tiempo fue pasando y, cuando terminó su entrenamiento y volvió a Konoha, se encontró con que la mayoría de sus amigos ya habían encontrado a sus parejas. Le hizo sentirse más deseoso de que el momento llegara para él también y, lo admitía, también un poco celoso. Pero siendo la encarnación del positivismo como lo solía ser cuando era un adolescente, esto solo lo hizo esforzarse más.
Decidió viajar por el mundo él solo. Estaba dispuesto a recorrer hasta el rincón más recóndito del planeta. Recorrer el mundo le tomó unos veinte años, más que todo porque se iba deteniendo en cada lugar para pasar un tiempo ahí y conocer a la gente, buscando ayudar y hacer pequeños cambios para mejor, motivando a todos aquellos a quienes iba conociendo a seguir adelante y luchar por sus ideales.
Fue una grata experiencia y, sin que fuera su intención, provocó que se volviera algo popular en ciertos lugares. Hubo personas que llegaron a nombrar sus negocios en su honor, e incluso una villa le puso su nombre a un puente. Era halagador y algo avergonzante, a decir verdad. Él no buscaba volverse una celebridad, solo quería poner su granito de arena en el mundo.
En fin, dicho viaje terminó y Naruto Uzumaki regresó a Konoha, siendo recibido por sus amigos, sus colegas, sus maestros y sus padres. Pero, de nuevo, regresó solo. Fue entonces cuando comenzó a recibir esas miradas de preocupación por parte de sus seres queridos. Ellos veían como Naruto seguía decidido a buscar a su compañero, sin importar dónde estuviera, pero llevaba años dando vueltas y sin encontrar nada. Era inusual, por decir algo.
Cuando Naruto cumplió setenta años, la gente comenzó a rumorear. ¿El destinado del alfa rubio estaría vivo? Si era así, ¿por qué no le había encontrado aún? ¿Tendría que ver con el sello del Kyuubi?
Cuando la pareja destinada de una persona fallecía antes de que se conocieran, quien quedaba vivo sentía el momento exacto en que el alma ligada a la suya se desprendía para pasar al más allá. Era una sensación desoladora, decían muchos, pero Naruto insistía en que estaba seguro de que su compañero estaba en algún lugar y que simplemente aún no se habían encontrado. Entonces, la posible muerte del omega de Naruto quedó descartada.
Conforme pasaba el tiempo, Naruto fue entrenándose y haciéndose más fuerte. Logró dominar el chakra del Nueve Colas, e incluso consiguió hacerse amigo de la feraz bestia en su interior. Ahora Kurama era un aliado más de la Hoja y un leal amigo para el rubio. Para cuando cumplió cien años, era de los ninjas más poderosos de la aldea, lo que probó ser muy útil cuando se desató la guerra.
Se perdieron muchas vidas, incluyendo la de su padre, el Cuarto Hokage. A pesar de que lograron vencer y salvar el mundo de la destrucción, la pérdida había sido muy grande. Les tomó mucho tiempo reconstruir y sanar, ahora bajo el mando de Tsunade Senju como Quinta Hokage, quien varios años después fue sucedida por Hatake Kakashi como el Sexto.
Fue una época dura para todos.
Kushina Uzumaki, la madre de Naruto, no pudo soportar la muerte de su compañero y falleció pocos años después del fin de la guerra, así que el rubio no pudo hacer más que apoyarse en sus amigos para salir adelante. Pero a pesar de tener los mejores amigos que jamás podría pedir, se sentía solo. El vacío en su pecho provocado por la ausencia de su otra mitad pareció hacerse más grande ahora que no tenía a sus padres.
Dio lo mejor de sí y siguió esforzándose en su entrenamiento y sus estudios para estar preparado para ser Hokage, igual que su padre. Cuando comprendió que no podría estar viajando tan libremente como antes, comenzó a mandar clones. Ellos deberían ser capaz de reconocer a su compañero en caso de toparse con él, pero siempre que estos se dispersaban terminaba con las manos vacías.
Entonces pensó lo peor. Si después de todo el tiempo que había invertido buscando a su pareja seguía sin encontrarla, solo podía significar que había una fuerza externa que le impedía tener la libertad de encontrarse con él. Su compañero podría ser víctima de algunos malnacidos de esos que abundaban en los lugares más oscuros de la Tierra. Se puso como misión dar con cada uno de esos lugares y rescatar a los perjudicados, con la esperanza de dar con su compañero.
Para cuando cumplió doscientos años y se convirtió en Hokage, todos los que conocía eran felices y estaban formando sus familias. Él se había quedado estancado teniendo que conformarse con saborear el vacío en su alma que no sería llenado jamás mientras estuviera lejos de aquella persona destinada a pertenecerle.
Los siguientes cien años fueron igual, solo que con más trabajo y un escritorio siempre lleno de papeleo pendiente. Terminó resignándose a su nueva vida de Hokage y a vivir en la rutina. No quiere decir que no estuviera orgulloso de lo que hacía, pero su vida se redujo a trabajar por el bien de la aldea y quedar él en segundo lugar.
Nunca dejó de enviar sus clones a todas partes del mundo, pero estos siempre traían las mismas noticias.
Naruto no entendía.
¿Había hecho algo mal en su vida para que el destino se burlara de esta manera? ¿Dónde estaba su compañero? ¿Por qué no lo hallaba en ningún lugar?
… ¿Estaría sufriendo tanto como él? ¿O tal vez más?
Un nuevo día, una montaña más de papeles que firmar.
Naruto tenía que ser honesto, jamás se esperó que ser Hokage involucrara tanto papeleo. No recordaba haber visto a su padre jamás haciendo esta cantidad de trabajo. Aunque, a decir verdad, tal vez terminaba todo el papeleo en un parpadeo, no por nada era conocido como el ninja más rápido que nunca se hubiera visto.
Suspirando con cansancio, dejó caer el bolígrafo que sujetaban sus dedos y se recostó en su silla, observando el techo distraídamente. El pensamiento fugaz de que tal vez debería tomarse unas vacaciones no duró más de unos cuantos segundos. Tiempo libre solo significaba tiempo para pensar, y eso era algo que ya estaba agotado de hacer. Al fin y al cabo, todos sus pensamientos se reducían a una cosa. Algo que, por alguna razón, era como si el universo le hubiera prohibido tener.
Unos toques a su puerta lo distrajeron, su mente regresando a la realidad.
—Adelante.
Cuando la puerta se abrió, una figura familiar entró a la oficina.
Hatake Kakashi había sido su maestro en sus tiempos de genin, su líder de equipo. Él, Sakura y Sai formaron un equipo bastante bueno, y recordar aquellos tiempos de tranquilidad le traían algo de nostalgia.
—Veo que sigues ahogándote en papeles. —comentó el alfa peliplateado con una sonrisa divertida.
A Naruto no le hacía gracia. Tampoco había visto a Kakashi con la misma cantidad de papeleo que él mismo tenía. No era justo, para nada. Ninguno de los Hokages anteriores había tenido tanto trabajo. Incluso había oído historias de cómo el Tercero se la paseaba dando vueltas por la aldea todo el día, y él no tenía ni tiempo para respirar.
La vida era injusta.
—Hey, Kakashi-sensei. —lo saludó ignorando su comentario.
El mayor se acercó a su escritorio, las manos en los bolsillos.
—Sakura me comentó que has estado trabajando demasiado.
El rubio suspiró. Sabía que la pelirrosa solo estaba preocupada por él, pero hablar de sus problemas con Kakashi era algo que no se le apetecía en este momento.
—Los papeles no se firmarán solos. —musitó sin mirarlo, las ojeras bajo sus brillantes ojos azules resaltando en su piel.
— ¿Sabes, Naruto? Tal vez sea tiempo de que tomes una pausa y conozcas gente nueva.
El aludido se paralizó. Entendía perfectamente lo que le decía el peliplateado.
—Sabe que no estoy interesado. —alzó la vista con el ceño fruncido.
—Pasar todo el tiempo hundiéndote en el trabajo terminará destruyéndote, Naruto. Quizás debas darte una oportunidad de conocer a alguien que pueda ser lo que estás buscando.
—Lo que estoy buscando es a mi compañero. —rebatió con voz firme.
Kakashi suspiró.
—Pero ya han pasado trecientos años. Todos temen que la soledad termine consumiéndote. No digo que te des por vencido, pero sí que trates de darte una oportunidad de ser feliz.
El actual Hokage apretó los puños sobre su escritorio y se puso de pie, encarando a Kakashi.
—Mi compañero está en alguna parte, puedo sentirlo. No invertiré mi tiempo en alguien más sabiendo que no durará. Ni siquiera para liberar tensión. —dijo lo último con firmeza al observar que el mayor planeaba volver a abrir la boca para hablar, presintiendo lo que le diría.
Kakashi volvió a suspirar.
— ¿Sabes? Terminar emparejado con alguien que no es tu pareja destinada no es algo necesariamente malo.
—Nuestras situaciones son distintas, sensei.
Kakashi era uno de los pocos que conocía cuya pareja destinada había fallecido antes de poder conocerla. Un día se despertó en medio de la noche, apenas siendo un adolescente, sintiendo su vínculo desvanecerse.
Fue doloroso para él, pero había salido adelante y, ahora, tenía una pareja a la cual Naruto sabía quería con todo de sí. Pero sus casos no eran iguales. Kakashi había perdido definitivamente cualquier oportunidad de estar con su destinado, mientras que Naruto sabía que su pareja vivía y estaba en algún lugar del mundo, esperando que la encontrara.
No iba a buscar a una pareja de consolación. Primero, porque la otra persona no merecía a alguien que estaba en una relación solo mientras encontraba a su destinado, y segundo, porque su corazón jamás se lo permitiría. Toda su alma lloraba por su destinado, y no dejaría de hacerlo hasta que lo encontrara.
… O hasta que falleciera y no le tocara de otra que sobrellevar la pérdida.
Pero mientras estuviera seguro de que su pareja estaba con vida, no se rendiría, ni buscaría a alguien más para pasar el rato. Rayos, si ni siquiera había tenido sexo nunca por no querer engañar a su destinado.
—Piénsalo. —dijo al final Kakashi, dándose media vuelta y desapareciendo por la puerta.
Naruto aflojó los puños y se dejó caer sobre su silla, un suspiro pesado escapando de sus labios.
Sus dedos juguetearon con un papel en su escritorio, la invitación a la junta de Kages que se llevaría a cabo en Suna.
Cerrando los ojos, se permitió pensar que tal vez ver a viejos amigos lo ayudaría a distraerse un poco.
Suspiró agotado mientras armaba su tienda de campaña para pasar la noche.
Había estado la última semana en Suna para la reunión de Kages y, aunque ver a algunos antiguos amigos fue bastante gratificante, se sentía muy cansado. Gaara, el actual Kazekage, incluso le había ofrecido quedarse en la aldea unos días más para que descansara. Pero Naruto se había negado, prometiendo que en otra ocasión tomaría su invitación.
Los jounin que venían con él también ensamblaron sus tiendas y se preparaban a hacer turnos para las siguientes horas, aunque la probabilidad de encontrar alguna amenaza para ellos era casi nula. Habría que ser muy valiente o muy estúpido para atacar el campamento del Hokage, especialmente porque este era conocido por ser el ninja más poderoso luego de su desempeño durante la guerra.
Prendieron una fogata, charlaron amigablemente durante un rato, asaron carne para la cena y, apenas entrada la noche, Naruto decidió que era un buen momento para retirarse por el día. Sus camaradas le dieron las buenas noches y entró a su carpa, dejándose caer sobre su saco de dormir con un gruñido.
No estaba seguro si llegó a dormirse o si solo se mantuvo en esa posición largo rato pero, cuando cierto aroma llegó a sus fosas nasales, todo resquicio de sueño había desaparecido de su cuerpo.
Era un olor apenas perceptible. Estaba seguro de que nadie más en el campamento lo había sentido, considerando que su olfato era mucho más fino que el de todos los demás, gracias a Kurama. Pero había algo en ese aroma que le descolocaba. Era como si estuviera llamándole, como si hubiera sido catado solo para él.
Sin hacer ruido, creó un clon de sombra y lo dejó en su lugar en caso de que tardara más de la cuenta en regresar al campamento. Después, desapareció del lugar sin que nadie notara su ausencia.
Corrió entre los árboles y saltó sobre las ramas con el corazón palpitándole furiosamente en el pecho.
Cada paso que daba podía detectar mejor el delicioso aroma que comenzaba a idiotizarlo. Algo dentro de él rugía desesperado, temiendo que lo que estuviera al final del camino fuera a desaparecer si no se apresuraba lo suficiente.
Sus piernas lo llevaron hasta la entrada de una cueva, de donde estaba seguro de que provenía ese olor. Ahora que estaba a una distancia considerable no tenía duda: era el aroma de un omega en celo. Y, sin embargo, nunca antes el olor de un celo le había afectado tanto. Naruto sentía como incluso le temblaban las rodillas ante la expectación.
Entró en la cueva. Su alfa interior se agitaba desesperado con cada paso que daba. Al principio fue despacio pero, conforme su agitación iba en aumento, también se apresuraron sus pasos.
Entonces, al llegar a lo profundo de la caverna, distinguió una figura en medio de la oscuridad, y Naruto estaba seguro de que era él. Ahí estaba, aquel al que estuvo buscando toda su vida. Quiso llorar, quiso acercarse, pero en lugar de eso solo se quedó de pie ahí, ensimismado, hasta que la otra persona notó su presencia.
— ¡Aléjate! —gritó una voz exasperada.
La silueta entre las sombras respiraba agitadamente, podía escucharlo a la perfección. Además, no solo estaba el hecho de que apenas podía verle debido a la oscuridad, sino que dicha silueta estaba cubierta de pies a cabeza con ropas negras, incluso una capucha que le cubría la cabeza y un trozo de tela que le servía como tapabocas, permitiéndole apenas ver el brillo de un par de ojos oscuros.
Hipnotizado, dio dos pasos más, pero un shuriken se clavó justo delante de sus pies.
—Da un paso más y te arrepentirás. —advirtió, tomando una pose defensiva.
¿Por qué lo amenazaba? Él no era cualquier alfa que le había seguido con intención de aprovecharse, era su compañero. O es que acaso…
— ¿No me reconoces? —cuestionó, intentando con todas sus fuerzas que su voz no sonara tan dolida y miserable como realmente se sentía.
La sombra a unos metros de él se quedó quieta, como si le analizara minuciosamente.
— ¿Debería?
Fue como si todo a su alrededor se desmoronara.
Al fin, luego de centenas de años, encontraba a su compañero… Y este no le reconocía.
¿Cómo podía ser? ¿Siquiera era posible no reconocer a tu pareja destinada?
En toda su vida, jamás había oído de alguna situación semejante. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? No podía marcharse y arriesgarse a perderlo, que se le escurriera entre los dedos. Pero tampoco podía quedarse ahí como un acosador cuando el omega claramente estaba comenzando su celo.
Intentó acercarse más, pero fue detenido por un gruñido.
—Te lo advierto. —repitió. —Lárgate.
—No voy a hacerte daño. —hizo el intento de apaciguarlo mientras alzaba las manos en un gesto tranquilizador.
—Lo dice quien vino detrás del olor a celo. —escupió el contrario con veneno, manteniendo firme su postura.
Naruto respiró profundo, aunque no fue tan buena idea considerando que las feromonas a su alrededor comenzaban a marearlo.
—Si en verdad quisiera atacarte, ya lo habría hecho.
Apenas podía ver nada, pero juraba que le vio rodar los ojos.
— ¿Qué es lo que quieres?
—Soy tu destinado. —soltó de golpe, decidiendo ser lo más directo posible. Tal vez así tendría la oportunidad de acercarse más, de encontrar una manera de convencerle de que decía la verdad.
Sus palabras parecieron descolocar al hombre frente a él, que pareció perder el equilibrio ligeramente antes de recomponerse rápidamente como si nada hubiera pasado.
— ¿Qué? —exclamó este con voz incrédula.
Naruto exhaló profundo, intentando poner sus pensamientos en orden y no dejarse llevar por lo que sus instintos le gritaban.
—No sé por qué no puedes reconocerme, pero estoy seguro de que eres tú. Por eso… No puedo irme. No cuando al fin te he encontrado.
El omega pareció quedar estupefacto durante unos instantes y juró verle vacilar. Este comenzó a caminar hacia él y no pudo evitar que sus propios pies se movieran solos hasta quedar a menos de dos metros de distancia. Entonces observó cómo se bajaba la máscara que le cubría la mitad del rostro y olfateaba disimuladamente. No podía ver su rostro con claridad, apenas distinguía su contorno, pero la duda y la incertidumbre en sus ojos era evidente.
Estaba claro que no confiaba en él. Aún. Pero se estaba arriesgando a caer en una trampa solo por la posibilidad de que estuviera diciéndole la verdad.
Esperó pacientemente hasta que el encapuchado abrió los ojos como platos, reconocimiento tiñendo su mirar a pesar de la falta de luz en el ambiente.
—Eres…—sus palabras murieron en su boca y le observó temblar y dar una bocanada grande de aire. Al parecer su aroma también comenzaba a afectarle.
La conexión entre destinados era fuerte. Cuando un alfa y un omega destinados recién se encontraban, eran muy dependientes el uno del otro y sus aromas eran como una fuerte droga que necesitaban para mantenerse cuerdos. Irónicamente, dichos aromas también les hacían perder la cordura, y peor en el caso del celo. Así como Naruto estaba resistiendo todo impulso de lanzársele encima, su compañero debía estar combatiendo contra la necesidad de presentarse ante él para que pudieran aparearse y enlazarse.
El alfa dio un par de pasos hacia adelante y observó al omega dar uno hacia atrás por acto reflejo.
—Sé que estás en un momento vulnerable. Si lo prefieres, me iré ahora y volveré en tres días, cuando tu celo haya terminado. —le propuso, a pesar de que sus palabras contradecían todo lo que su cuerpo y su corazón le gritaban. Pero quería que su compañero confiara en él, quería demostrarle que estaba dispuesto a esperar a que estuvieran ambos en sus cinco sentidos para poder hablar y conocerse mejor. Y él reciprocaría esa confianza esperándole.
— ¿Cómo estás tan seguro de que seguiré aquí para entonces?
—No lo estoy. —fue su única respuesta.
El tiempo le pareció eterno mientras se miraban. Podrían haber pasado minutos u horas, no lo sabía.
Entonces Naruto suspiró y se dio la vuelta, dispuesto a marcharse aunque sus músculos se le acalambraban con cada paso que daba. Si esto era lo que debía hacer para ganarse su confianza, lo soportaría. Podía ver en esos ojos oscuros el sufrimiento causante de la desconfianza e inseguridad que el omega sentía hacia él, y quería probarle que no tenía nada que temer.
Para su sorpresa, una mano le sujetó el antebrazo y detuvo su andar.
—Espera. —escuchó su voz casi suplicante. —No te vayas. No ahora que al fin estás aquí.
Se giró automáticamente con el corazón acelerado y notó como el dolor y la desesperación que se reflejaban en esos ojos oscuros reflectaban sus propias emociones. Su compañero también sentía la agonía por estar lejos de su pareja de vida, y el temor de que se alejara y perderlo para siempre era más grande que su inseguridad.
El rubio acortó la distancia entre ellos y, para su estupefacción y alivio, no recibió ningún signo de rechazo. Alzó las manos despacio, notando como el cuerpo delante de él se tensó en cuando tocó los bordes de la capucha y la retiró con cuidado, descubriéndole. Entonces acunó su rostro entre sus manos, sintiendo la suavidad de sus mejillas y el calor que irradiaba su piel.
—Te encontré. —murmuró más para sí mismo que para él.
Cuando lo atrajo para unir sus labios, se le apretujó el corazón por la dicha. Y cuando manos ajenas se aferraron a él en medio del beso, se sintió completo por primera vez en su vida.
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N/A: ¿Otro Narusasu omegaverse? XD Pues eso parece.
Este es otro fic que lleva meses en borradores XD Tanto así que está casi terminado pero no me había animado a subirlo. Aún me falta escribir algunas escenas, y probablemente el capítulo final, pero en general está casi completamente escrito.
Tendrá cuatro capítulos a lo mucho. No sé qué tal habrá quedado. La idea lleva en mi cabeza desde inicios de año, y he hecho varios cambios con el tiempo xd
Veremos qué más sale de mis borradores para la próxima. Tengo un Sasunaru omegaverse en proceso, pero ese no será publicado en ningún futuro cercano porque no logro encontrar una idea sólida que me guste XD Solo tengo escritas escenas al azar :'V Aunque con escenas al azar nació este fic y el de "Sin importar el tiempo", que también los invito a leer 😊
En fin, esperen el próximo capítulo pronto porque está casi terminado XD (Dijo ella y no lo publica hasta en diciembre :V).
Nos vemos 😊
