Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Resumen: Naruto Uzumaki, Séptimo Hokage de Konoha, lleva trescientos años esperando encontrar a su destinado. Sabía que estaba vivo, podía sentirlo. Le había buscado por todos los rincones del planeta, pero siempre terminaba dándose de bruces contra la pared. ¿Acaso estaría condenado a pasar el resto de la eternidad solo?
Advertencias: Omegaverse, Narusasu, yaoi, sexo no explícito, tortura, abuso psicológico, algo de OoC, pero no demasiado xd.
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Esperándote
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Capítulo 2
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— ¡Estoy en casa! —anunció, quitándose los zapatos en la entrada de su hogar para dejarlos a un lado.
Eran apenas las nueve de la mañana y debería estar en la Academia aún. Era demasiado temprano para estar de regreso en casa.
Sin embargo, su maestro lo había mandado de regreso por una fiebre repentina que estaba comenzando a marearlo. Fue muy extraño, ya que no se había sentido mal antes. El calor vino de la nada, como si de repente hubiera tocado un botón que hubiera activado algún tipo de enfermedad en su cuerpo.
Entrando a pasos lentos, se limpió el sudor de la frente con la manga de su camisa. Caminó hacia la cocina, en busca de su madre, pero la encontró vacía. Seguramente había salido a hacer las compras y volvería a tiempo para hacer el almuerzo.
Suspirando, no se molestó en buscar a Itachi, su hermano mayor. El chico había salido en una misión desde la mañana, antes de que él mismo se fuera a la escuela. No tenía sentido buscarlo si sabía que no estaría en la casa.
La única otra persona que podría estar ahí era…
— ¿Sasuke? ¿Qué haces de vuelta tan temprano? —su padre, con su estricta voz y un tono de reproche, encontrándolo in fraganti fuera de la Academia, donde se supone que debería estar.
Sus ojos se alzaron para encontrarse a un hombre alto, de brazos cruzados y con el ceño fruncido. Era claro que esperaba una respuesta y que, si no se la daba pronto, se enfadaría.
—Me han mandado de regreso a casa, padre. —le contestó con voz cansada pero audible, el calor en su rostro comenzando a nublarle la visión. —No me… No me siento bien.
El hombre arqueó una ceja y se acercó, su rostro tan severo como siempre. Le puso una mano en la frente y sí, definitivamente su hijo menor estaba ardiendo por la fiebre.
—No debería ser excusa para perder un día de clase. —gruñó y, suspirando, apartó la mano del niño. —Ve a recostarte. Asegúrate de estar bien para mañana, no puedes faltar más a la Academia.
El chico asintió, dando las gracias y retirándose a su habitación.
Con pasos torpes, abrió la puerta corrediza de su cuarto y la cerró tras de sí. No se molestó en cambiarse de ropa, solo desdobló su futón y se dejó caer sobre él.
Cerró los ojos, su respiración agitándose conforme pasaban los minutos. La ropa se le pegaba al cuerpo por el sudor, y la vista se le estaba volviendo cada vez más borrosa.
¿Su madre ya estaría de vuelta? Ella sabría qué hacer, ella siempre lo cuidaba. Le pondría paños fríos en la frente y le prepararía algo delicioso de comer. Le besaría la frente antes de dormir y le aseguraría que pronto todo estaría bien…
Aún podía ver la sonrisa que le había dedicado esa misma mañana, tan cálida y tan afectuosa. El bento en su mano bien envuelto en un furoshiki, para que se alimentara bien en lo que terminaba el día escolar. Recordaba cómo le acarició el cabello y le deseó un buen día antes de que saliera, listo para dar lo mejor de sí en la Academia.
Jamás imaginó que esa sería la última vez que la vería, que luego de ese día se desataría el infierno.
Naruto no estaba seguro de recordar cómo habían terminado así.
Un instante estaba tratando de demostrarle al hombre dentro de la cueva que sus palabras eran honestas y que podía confiar en él, y al otro eran un revoltijo de ropa, brazos y piernas.
En cuanto el alfa puso las manos sobre el omega, toda su resistencia se quebró y sus instintos saltaron al exterior. El olor a celo le nublaba los sentidos, y peor considerando que la química entre ellos era tal vez demasiado fuerte, debido a su condición como destinados. El pelinegro no se resistió, probablemente también afectado por el aroma del alfa y sufriendo en el estado de necesidad en que se encontraba.
Para un omega no acoplado el celo era algo peligroso. Les obligaba a sucumbir ante las necesidades de su cuerpo, que requerían desesperadamente de un alfa hasta el punto de no poder defenderse en el caso de ser abordado por alguno. El cuerpo se dejaba llevar por sus instintos de reproducción, ignorando completamente a la mente. Los omegas emparejados, en cambio, solo reaccionaban a sus compañeros durante el celo. Las feromonas de otros alfas no tenían efecto sobre ellos, por lo que sus instintos entrarían en un estado de defensa en el caso de que algún alfa desconocido se les acercara durante el celo.
Ahora, el omega que estaba entre los brazos de Naruto no solo estaba en celo, sino que había sido encontrado por su alfa destinado. Sus animales interiores estaban desesperados por unirse, por lo que pronto sucumbieron a lo que sus cuerpos les gritaban. Las ropas desaparecieron con rapidez, cayendo hechas pedazos sobre el suelo de roca.
Todo era un remolino de emociones. Normalmente los compañeros destinados sentían una fuerte necesidad de aparearse, pero no era algo que les nublara el juicio. Muchos decidían aparearse al conocerse, mientras que otros preferían llevar las cosas más despacio y esperar para enlazarse. Claro que esto también dependía de la edad en la que se conocieran. En el caso de Naruto y su compañero, habían estado tanto tiempo lejos del otro que la agonía que sentían llegó a manifestarse como dolor físico. No podrían pasar más tiempo sin emparejarse, a pesar de que el rubio tuviera originalmente la intención de esperar a que el celo terminara para poder acercarse.
Ahora, estando juntos, manos recorriendo cada centímetro de piel expuesta mientras el eco de jadeos, gemidos y gruñidos resonaban alrededor, la mera idea de apartar las manos del otro era inconcebible.
Sus cuerpos se movían en sincronía, el sonido de pieles chocando escuchándose a metros de distancia. Naruto apenas podía ver nada, pero eso no le impidió demostrar con su cuerpo todos los sentimientos que llevaba años queriendo expresar. Besó cada trozo de piel a su alcance con devoción y, a pesar de estar perdido entre hormonas y feromonas, sujetó el cuerpo debajo de él con todo el cariño del mundo. Ni siquiera supo cuánto tiempo habían estado así, solo que no podía detenerse.
Estaba cerca. Podía sentir su nudo comenzar a formarse en la base de su miembro y sus embestidas no pararon. El omega se aferró a él como si de ello dependiera su vida, uñas clavándose en su espalda al mismo tiempo que un pinchazo de dolor se instaló en la base de su cuello. No pudo refrenarse a sí mismo y clavó sus propios colmillos en el cuello del que de ahora en adelante sería su compañero de vida. Un tinte metálico se instaló en su lengua y un rugido resonó en su pecho.
En ese momento, los caninos que se habían incrustado en su piel le soltaron, dejándole el agradable escozor de su reciente marca de apareamiento. Las uñas que se agarraban férreamente a su espalda se suavizaron y cálidas yemas de deslizaron por la extensión de su piel. El jadeante aliento del pelinegro le golpeó en el hombro y, solo entonces, aflojó el agarre de su mandíbula y retiró sus colmillos de la blanca tez a su alcance.
Dejó un beso sobre la herida y otro en su garganta, un remolino de emociones apoderándose de él. Tuvo ganas de reír, de llorar, de gritar, de bailar, de golpear algo. Su corazón, por primera vez en su vida, se sentía completo. Aquel hueco, aquel vacío que había cargado por años pareció desaparecer de la nada y todo en su existencia se resumió al cálido cuerpo entre sus brazos.
Se apartó un poco y buscó su rostro, necesitando saber que se encontraba bien, que no había sido demasiado brusco con él. Al fin y al cabo su alfa interno llevaba cientos de años reprimiéndose por la ausencia de su omega destinado y se había dado rienda suelta con su cuerpo, el celo también llegándole a afectar un poco. Se encontró con ojos semicerrados y algo aturdidos, mejillas rojas y labios entreabiertos.
— ¿Estás bien? —preguntó sin aliento.
—Sí…—fue la apenas audible respuesta.
Naruto le besó la frente y le abrazó contra su pecho.
—Descansa. —susurró. —Yo cuidaré de ti.
No hubo respuesta, pero sintió el cuerpo entre sus brazos relajarse y, pocos minutos después, supo que se había dormido. Era natural, la energía que consumía el celo, más el apareamiento, más el reciente enlace… Era agotador para un omega, según había oído en algunas ocasiones. Probablemente no despertara en algunas horas en lo que su cuerpo se adaptaba a la marca. Naruto estaría en una situación similar de no ser porque su cuerpo se reponía ridículamente rápido, gracias a Kurama, por lo que aún tenía energías para moverse y estar despierto.
Más calmado y con la mente algo más despejada, observó sus alrededores. Sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad del lugar, pero el ambiente estaba demasiado helado como para quedarse ahí el resto de la noche. Además, dormir sobre un frío suelo de roca no era de lo más agradable.
Con cuidado, pasó un brazo por debajo de las piernas del omega y otro por debajo de sus hombros, alzándolo al estilo nupcial.
En un parpadeo se transportó a su habitación, utilizando el famoso Hiraishin no Jutsu, que fue la técnica que le dio a su padre su fama y el nombre del Relámpago Amarillo de Konoha. No la utilizaba a menudo. Prefería dejarle todo mérito de ella a su difunto padre, además de que no era mucho de su estilo, pero sí la tenía perfeccionada y le resultaba muy útil en ciertas ocasiones. Como esta.
Dejó el cuerpo que estaba entre sus brazos sobre el mullido colchón de su cama, reprimiéndose mentalmente por no haber pensado en regresar a casa primero antes de que se aparearan.
Ahora, con la luz de la luna que entraba por la ventana, podía distinguir mejor las facciones de su pareja. Eran finas y elegantes, pero no por ello menos masculinas. El suave brillo plateado de la luna le daba un toque etéreo, y Naruto estaba seguro de que podría pasarse el resto de su vida mirándolo.
Siendo cuidadoso de no despertarlo, se acostó en el lado disponible de la cama y su brazo se estiró para acariciar su rostro. El omega soltó un suspiro y se giró en su dirección, buscando su contacto inconscientemente. Naruto no pudo refrenar el impulso de rodearlo con sus brazos y atraerlo hacia sí, permitiendo que el pelinegro se acomodara contra él, quedando con el rostro enterrado en su cuello y sus manos aferrándose débilmente a los brazos del alfa.
El rubio cerró los ojos y sintió su pecho retumbar con un suave ronroneo. La paz que sentía en esos momentos no podía compararla con nada. Por primera vez en su vida estaba completo.
Una mano tomándole fuertemente del brazo y arrastrándolo fuera de su futón fue lo que le despertó. Sobresaltado, sus ojos negros se abrieron y, en medio de la neblina que se había instalado en ellos debido a la fiebre, logró observar la figura de su padre frente a él.
Estaba furioso.
— ¡Ese olor tan desagradable! —gritó el hombre, colérico. — ¡No puedo creer que mi propio hijo sea un omega!
¿Omega?
El corazón de Sasuke se aceleró, pánico fluyendo por sus venas.
No entendía nada, ¿por qué su padre le gritaba? ¿Por qué estaba tan furioso? ¿Dónde estaban su madre y su hermano?
—Desde el inicio supe que jamás llegarías a estar al nivel de Itachi, pero que seas un omega es una desgracia para el clan. —gruñó su padre, y él seguía sin entender.
La cabeza le martilleaba y todo se sentía pegajoso, apenas sentía que podía respirar.
—Pa-Padre. —logró pronunciar, pero un golpe a su rostro le hizo darse de lleno contra el suelo.
—No vuelvas a llamarme así. Yo no tengo hijos omega.
Intentó pelear, intentó resistirse, pero tenía tan pocas fuerzas que no pudo hacer mucho más que permitirse ser arrastrado de los cabellos por aquel hombre al que había alguna vez llamado padre. Lloró, gritó… Pero nada de lo que hizo logró ablandar el corazón del Uchiha mayor.
Ni siquiera podía ver hacia dónde se dirigía. ¿Adónde lo estaba llevando? ¿Por qué su padre estaba así de colérico?
—Ya veré qué hacer contigo. —comentó con voz grave Fugaku, arrojándolo dentro de un lugar oscuro que no supo reconocer. —Tarde o temprano servirás para algo.
— ¡Padre! —gritó, pero su única respuesta fue una puerta cerrándose de golpe y oscuridad.
Allí, con solo once años, Sasuke Uchiha descubrió el precio de nacer con mala suerte. Su padre, quien a pesar de su actitud creyó que en verdad lo quería, lo había echado a un pozo oscuro como si fuera solo basura.
Arrecostándose contra una pared, se abrazó a sí mismo, su cuerpo temblando y convulsionándose por la pena, la fiebre apenas permitiéndole comprender lo que acababa de pasar.
Lloró toda la noche, todo el día. Días, semanas, meses, hasta que se le acabaron las lágrimas.
Si cerraba los ojos con fuerza, podía fingir que todo era solo una pesadilla. Entonces, cuando despertara, su madre estaría allí, sonriéndole como solo ella lo hacía.
Despertó cansado, confundido y encontrándose en un lugar que no supo reconocer.
Para comenzar, ya no se encontraba en aquella cueva en la que había decidido ocultarse para pasar su celo, sino que estaba acostado en una cama amplia y mullida, con sábanas limpias y suaves al tacto. ¿Hace cuánto no tenía la oportunidad de estar en una cama tan cómoda?
Lo segundo que notó fue cómo su cuerpo se encontraba agradablemente adolorido y cómo su celo había remitido temporalmente, dándole un respiro del asfixiante calor que amenazaba con consumirlo.
Lo tercero fue el aroma a bosque y cítricos que estaba impregnado en toda la habitación, mareándolo y al mismo tiempo instándole a seguir llenando sus pulmones de él. Un brazo firme le rodeaba la cintura y podía sentir un cálido y fuerte cuerpo acurrucado contra él por detrás, un acompasado aliento dándole en la nuca y rozándole apenas la fresca herida de mordedura que se exhibía en su piel.
Abrió los ojos como platos y todo su cuerpo se tensó cuando los recuerdos de la noche anterior invadieron su mente.
Había conseguido escapar de casa gracias a su hermano y salió de las fronteras de Konoha, desesperado por alejarse del férreo control que su padre tenía sobre su vida y esperanzado con la idea de poder al fin encontrar a su alfa destinado en lugar de tener que conformarse con el quién fuera con el que a su padre le diera la regalada gana de casarlo o venderlo por "el bien del clan".
No pudo haber previsto que su celo le atacaría tan pronto, pero su sentido de autoconservación le obligó a ocultarse. No es que él fuera un hombre débil, pero alfas y omegas en celo eran demasiado vulnerables e incapaces de defenderse acorde a la situación.
Y sucedió como temía: un alfa había percibido su aroma y le había seguido hasta su escondite. En el momento pensó lo peor, que su cuerpo lo obligaría a someterse a la voluntad de aquel alfa desconocido que podría hacer lo que quisiera con él. Sin embargo, jamás hubiera imaginado que dicho alfa sería su destinado. Si bien era cierto que parte de sus motivos para huir fueron el querer buscar a su pareja de vida, definitivamente no esperaba encontrársela tan rápido ni en esas circunstancias. Estaba terriblemente agradecido con lo que sea que hubiera hecho que el alfa estuviera cerca en el momento en que más le necesitaba.
A pesar de haber estado en celo, lo trató como si fuera lo más valioso en el mundo. El cariño y el afecto que le brindó nunca lo había sentido antes, tan sincero y tan honesto. Tal vez fueran solo las influencias del celo, pero Sasuke en verdad sintió que el alfa se preocupaba por él y le demostraba sin palabras lo mucho que lo necesitaba.
No tenía idea de cómo habían hecho para llegar al lugar donde se encontraban ahora, pero nada le indicaba que fuera un lugar peligroso o que tuviera que estar alerta, así que se permitió relajarse de nuevo sobre el colchón y respirar profundo, llenándose del aroma del alfa que de ahora en adelante sería su compañero.
No quería moverse, no quería pensar. Dejó que el tiempo pasara, únicamente sintiendo la relajada respiración de su compañero contra él. No debieron pasar más de unos treinta minutos hasta que el brazo en su cintura se moviera un poco y dedos le acariciaran tiernamente el abdomen con las yemas. El cuerpo a su espalda se removió un poco y la punta de una nariz se frotó delicadamente a un lado de su marca, sin llegar a tocarla. Después, unos labios se presionaron contra su piel en el mismo lugar donde estuvo la nariz.
—En verdad estás aquí…—una voz ronca murmuró en un susurro que probablemente no tuviera como intención que él lo escuchara, pero lo hizo de todos modos. Otro beso fue depositado en su nuca, los brazos que le rodeaban afianzando momentáneamente su agarre antes de deslizarse lejos de él, el calor a su espalda desapareciendo.
Sin poder evitarlo su cuerpo se giró levemente entre las sábanas, su rostro encarándose con el que desde el día anterior era su amante. Pudo observar su amplia y fuerte espalda mientras el alfa estaba sentado en la orilla de la cama, tapando un bostezo con su mano. Probablemente fuera a levantarse ya. Debió sentir que era observado porque, de pronto, se volteó y sus ojos conectaron. Tenía el color de ojos más bonito que hubiera visto, que incluso el cielo le envidiaría. Y su rebelde cabello reflejaba al mismo sol, dorado y resplandeciente, probablemente muy suave al tacto.
—Hey. —lo saludó este con voz suave, su mirada cálida y brillante, una sonrisa sincera pero ligeramente nerviosa en sus labios. —Lo siento, ¿te he despertado?
—No. —murmuró, sintiendo su voz rasposa. — ¿Dónde estamos?
—Te traje a mi casa. Ayer… Creo que estuve demasiado perdido en mi parte animal que no lo pensé. Debí habernos teletransportado aquí desde el inicio.
— ¿Teletransportado? —preguntó el pelinegro, confundido.
—Es un jutsu que me enseñó mi padre. —bueno, eso explicaba cómo habían llegado ahí sin que se diera cuenta.
Luego de eso, Sasuke no supo qué más decir o qué más preguntar. Se quedaron en silencio, el rubio frente a él le miraba expectante y con cierto aire de nerviosismo, esperando a que volviera a expresarse. Al ver que el silencio prevalecía y que el pelinegro no parecía tener intenciones de decir nada más, decidió seguir hablando.
—Lamento no haberte traído aquí antes de aparearnos. —se disculpó con voz apenada. —Debes estar aún cansado y tal vez confundido, pero estás seguro aquí. Eres mi compañero, así que esta también es tu casa. Haré lo posible para que estés cómodo aquí. Yo… Te he buscado por tanto tiempo y… en verdad quisiera que te quedaras aquí, conmigo.
La honestidad de sus palabras le sorprendió un poco. A pesar de haberse marcado mutuamente, su alfa no estaba asumiendo que él se quedaría, dándole a entender que, si lo hacía, sería su decisión. Además, expresaba su deseo de tenerle a su lado y podía ver el anhelo en sus ojos. El rubio de verdad quería que Sasuke decidiera quedarse con él, incluso al punto de decirle que su casa también era suya.
Con lentitud, se incorporó encima del colchón, la sábana que cubría su desnudez cayendo alrededor de su cintura y cubriendo justo lo necesario. Alzó una mano y acarició con suavidad una bronceada mejilla antes de que una mano ajena cubriera la suya y la presionara levemente.
—Me quedaré. —le respondió. No es como si tuviera otro lugar a donde ir, a decir verdad.
Una boca ansiosa cubrió la suya casi instantáneamente luego de decir esas palabras. Sus ojos se cerraron, dejándose llevar por el cariñoso contacto. Al separarse, se topó con una sonrisa.
—Prometo que no te arrepentirás. Ahora debo irme, necesito avisar que no podré trabajar el resto de la semana antes de que alguien venga a buscarme. No tardaré. —le prometió. — ¿Necesitas algo? Tu celo remitió un poco, pero pronto volverá a hacerte entrar en necesidad. ¿Necesitas que compre algo en particular?
El pelinegro negó suavemente con la cabeza.
—Dormiré un poco más. —fue todo lo que dijo.
El rubio asintió.
—De acuerdo. Volveré en un par de horas a lo mucho. —dicho esto, le dio otro beso, renuente a apartarse de él. Luego se puso de pie y, tomando algo de ropa de uno de los armarios en la habitación, desapareció por una puerta que, debido al sonido que lograba escuchar, solo pudo suponer que se trataba de un baño.
Sasuke apenas y siguió sus movimientos con la mirada antes de volver a recostarse sobre la almohada. Sí que estaba cansado, pero extrañamente satisfecho. Sentía que flotaba en una nube, todos sus sentidos adormilados. Era como si su mente estuviera rodeada de neblina, impidiéndole concentrarse y pensar en los recientes acontecimientos. Era en parte síntoma del celo, lo sabía, pero había algo más.
Su mano subió hasta su cuello, tanteando cuidadosamente la fresca herida en su piel. Debía ser la marca, pensó. Recordaba haber leído sobre los efectos de un reciente apareamiento y la desorientación y el cansancio eran normales en los recién marcados. Aunque el alfa rubio no parecía muy afectado, a decir verdad, pero no le tomó mucha importancia.
Abrió los ojos despacio, solo entonces percatándose de que los había cerrado. También se dio cuenta de que ya no percibía ningún sonido a su alrededor, lo que solo podía significar que estaba solo.
Exhalando pesadamente, se sentó sobre la cama apoyando su peso en sus manos para mantenerse erguido. Le echó un vistazo rápido a su alrededor. La habitación era amplia, de colores cálidos y bastante acogedora. Había unas horrendas cortinas anaranjadas evitando que la luz del día se filtrara libremente en el lugar. También reparó en la presencia de dos armarios, uno de un naranja brillante y el otro color madera.
Lentamente, colocó sus pies en el piso y se puso de pie, sus músculos protestando instantáneamente, pero decidió ignorarlos para acercarse al armario color madera y abrirlo. Arqueó una ceja cuando se topó con un clóset completamente vacío. ¿Para qué tener un armario sin utilizarlo para guardar ropa?
Sin darle demasiada importancia, se dirigió al otro armario. Este, contrario al anterior, sí estaba lleno de diferentes cosas. Un desastre de ropa, en realidad. La mayoría eran de colores blancos, negros y naranjas. Especialmente el último. Aparentemente, alguien tenía una obsesión poco sana con ese color.
Tomó una camiseta blanca con un espiral en la espalda y unos shorts negros, notando como estos parecían ser de su talla, y los puso sobre la cama. Ya que no veía su ropa por ninguna parte ni tenía pensado ponerse a buscarla, tomaría ropa prestada. No creía que al alfa fuera a molestarle, ni tampoco le importaba demasiado si lo hacía. No iba a pasearse desnudo por la casa, después de todo.
Se dirigió a la puerta que sabía que era el baño, gracias a que el alfa lo hubiera utilizado con anterioridad. Observó con ojos curiosos lo extraño que lucía el lugar. No se parecía nada a los baños de su antigua casa, en los terrenos del Clan Uchiha. ¿Tan diferente era todo luego de solo algunos cientos de años aislado del mundo?
No le tomó mucho tiempo descubrir la ducha, así que abrió la llave y permitió que el agua resbalara por su cuerpo, refrescando sus tensos músculos y ayudándolo a relajarse. Se duchó y se aseó minuciosamente, como no había tenido la oportunidad de hacerlo en mucho tiempo, suspirando al haber terminado y cerrar el flujo de agua.
Tomó una toalla seca que se encontraba guindada en un colgador y se secó el cuerpo y el cabello lo mejor que pudo antes de salir de la ducha, sus pies descalzos tocando el frío piso de cerámica. Dejó la toalla extendida sobre la puerta de la ducha y, cuando iba a dirigirse a la salida, su mirada se topó con un rostro que casi creía olvidado.
—Madre…—murmuró, el aire escapándosele de sus pulmones.
Involuntariamente estiró el brazo, queriendo tocar aquella ilusión. Cuando sus dedos se toparon con la firme y lisa superficie de vidrio, cayó en cuenta de que en realidad no estaba viendo a su madre, sino su propio reflejo.
Apenas se reconocía. Llevaba demasiado tiempo sin ver su propio rostro que no lo sentía suyo. Era idéntico a su madre, como había escuchado a algunos adultos decirle en algunas ocasiones cuando era niño, pero nunca imaginó que fuera a estos extremos. Si no fuera por lo ancho de sus hombros, el cansancio en sus ojos y su corto cabello, podría jurar que en verdad estaba viendo el vivo retrato de Mikoto Uchiha.
Tocó su rostro despacio, como intentando reconocerse a sí mismo. Con razón Itachi no había tenido dudas de que era él cuando logró encontrarlo, era imposible no notar las similitudes con su madre. El deseo y añoranza por verla le azotó como nunca, provocándole un agudo dolor en el pecho.
Su querida madre… Tal vez algún día podría reunirse con ella, cuando su padre al fin dejara de ser un obstáculo en su vida.
Je, "padre". ¿Por qué seguía llamándolo así? Ese hombre fue de todo menos un padre para él y lo odiaba hasta lo más profundo de su ser.
Despegando sus ojos del espejo, ya incapaz de seguir viendo su propio rostro, salió del cuarto de baño. Tomó la ropa que había dejado sobre la cama y se vistió. Andando lentamente, se acercó a las cortinas y las apartó un poco para ver el exterior.
Estaba en una ciudad, había coloridas casas y varios edificios. Todo parecía moverse activamente y, por la vista, debía asumir que no se encontraba en una primera planta. Debía estar o en la segunda o tercera planta de algún edificio, o en una casa de más de un piso. Sus ojos recorrieron la distancia, viendo a la gente andar por las calles, a los niños correr… Nadie parecía reparar en su presencia y puede que fuera mejor así. Prefería pasar desapercibido el mayor tiempo posible, eso le daría menos oportunidad de ser descubierto.
De pronto, a lo lejos, distinguió una vista que se le hizo ridículamente familiar. La mano que sostenía la cortina le tembló y, durante un segundo, dejó de respirar. Se veía diferente, pero Sasuke reconocería la famosa Roca Hokage en cualquier lugar. Había al menos tres cabezas más talladas en ella desde la última vez que la vio, pero seguía igual de reconocible.
Estaba de regreso en Konoha. Apenas un par de días atrás había logrado escapar y ahora volvía a estar de vuelta en la aldea, donde se encontraba ubicado el Clan Uchiha. Pero no fue eso lo que más le alteró, no. No la idea de tener a su padre tan cerca y el peligro inminente que podría suponer para él, sino el conocimiento de que su destinado siempre estuvo tan cerca y él jamás lo supo por tener prohibido salir. Se sentía tan… frustrado.
Cerrando la cortina con algo de fuerza, se apartó de la ventana. No podía arriesgarse a que alguien lo viera y lo reconociera. Debía mantenerse escondido, ahora con más razón que nunca. Respiró forzosamente, tratando de calmar el pánico y la cólera que comenzaba a florecer dentro de él. Necesitaba relajarse, pensar en otra cosa, distraerse… Pero, ¿cómo?
Falto de opciones, volvió a acercarse a la cama, levantando el edredón y, metiéndose debajo de él, respiró el aroma a alfa impregnado en las sábanas, encontrándolo extrañamente reconfortante. Durante un fugaz momento, deseó que el alfa regresara y estuviera ahí, junto a él. Ni siquiera sabía de qué hablarle o cómo se supone que debería de comportarse con él. Rayos, que ni siquiera conocía su nombre. Sin embargo, su cuerpo y su alma sabían que se pertenecían, que su lugar correspondiente era uno al lado del otro.
Puede que llevaran menos de un día de conocerse, y que Sasuke apenas pudiera recordar lo que había pasado después de descubrir que era su destinado, pero confiaba en él y sabía que el alfa no haría nada para perjudicarlo.
Cerró los ojos, hundiendo su rostro en la almohada, deseando que el sueño lo arrastrara. Pero no fue así. Se quedó despierto, su mente divagando en cosas que no planeaba recordar.
Una vez duchado y vestido, Naruto se materializó en medio de su oficina en un parpadeo. Ahí reunidos había otras cuatro personas discutiendo sobre algo acaloradamente. En cuanto repararon en su presencia, cuatro pares de ojos se enfocaron en él.
— ¡Naruto! —exclamó Sakura, su antigua compañera de equipo. Junto a ella, Shikamaru, su consejero y más leal amigo, dejaba escapar un suspiro de alivio. Las otras dos personas era Kakashi y Tsunade, Sexto y Quinta Hokage respectivamente.
— ¿Se puede saber en dónde estabas, mocoso ingrato? —habló la mujer rubia con un tono de reproche, cruzándose de brazos. — ¡Desapareciste antes de regresar de tu reunión en Suna y estábamos como locos buscándote!
—Dejé un clon para avisar que no se preocuparan. —contestó este inmediatamente, frunciendo el ceño.
Se supone que su clon había llegado a la aldea y les había anunciado que el original no estaría de regreso aún, pero que no debían preocuparse porque no había ningún problema. Aparentemente, eso no fue suficiente.
—Y no nos dio ninguna explicación. ¿Dónde te habías metido? Apestas a sexo. —frunció la nariz con desagrado. Si bien había tomado una ducha, esta no iba a quitar del todo el olor a apareamiento que llevaba impregnado en la piel. A lo mucho, solo lo había suavizado un poco.— ¿Crees que puedes desatender tus obligaciones por divertirte una noche? ¡Eres el Hokage, no un adolescente!
El rubio dio un respingo por el rudo tono en que la mujer se dirigía a él.
—Pero, Baa-chan…
— ¡Tsunade-sama tiene razón, Naruto! ¡Estábamos preocupados! —la pelirrosa se unió a la conversación.
—Pero yo…
—Tienes suerte de solo haber desaparecido por un día, pero en serio esperaba que tuvieras una excusa más válida. —habló su consejero, negando suavemente con la cabeza con resignación.
—Estoy tratando de explicarles…
—Me sorprende de ti, Naruto. —Kakashi decidió aportar sus pensamientos. —Siempre decías que no estabas interesado en tener ningún tipo de relación con nadie que no fuera tu destinado. Y menos revolcones.
— ¡Me quieren dejar hablar! —gritó al fin, callándolos a todos. El alfa suspiró, pasándose la mano por la cara para calmarse un poco y acariciándose el puente de la nariz en círculos. —No descuidé mis obligaciones por un revolcón. —expresó con firmeza y claramente ofendido.
No es como si en algún momento no se hubiera despistado con el trabajo, pero nunca lo había dejado desatendido con ese tipo de excusa. Sus amigos deberían conocerlo mejor, él jamás dejaría de lado sus deberes como Hokage por divertirse una noche. Ni siquiera Jiraiya desatendía su trabajo cuando sabía que este era importante, y eso era mucho decir considerando que el hombre saltaba de burdel en burdel como si de eso se tratara la vida.
— ¿Entonces? —la Senju se cruzó de brazos, esperando impaciente una explicación.
—Lo encontré. —y su tono se escuchaba tan realizado, sus ojos brillaban tanto, que los cuatro presentes se descolocaron. Naruto, sin perder tiempo, tomó el cuello de su camisa y lo estiró lo suficiente para que la recién cicatrizada herida de mordida quedara a la vista de todos. —Encontré a mi compañero.
La estupefacción era evidente en el rostro de sus amigos, todos le miraban sin poder creerse sus palabras. Era natural, considerando cuántos años de búsqueda sin frutos habían pasado. Es más, la intensidad de sus miradas podría incluso taladrarle un hueco en el cuello.
— ¿Encontraste a tu destinado? —musitó Sakura, llevándose la mano a la boca incrédula y a la vez esperanzada. — ¿Cómo?
Naruto inhaló profundo antes de hablar, dejando escapar el aire de sus pulmones un segundo después.
—Cuando venía de regreso de la reunión de Kages, sentí su aroma. —confesó. —No estaba seguro de lo que era en ese momento, pero algo dentro de mí me gritaba que debía seguirlo. Así que dejé un clon en mi lugar. —se rascó distraídamente la parte de atrás de su cabeza. —Estaba iniciando su celo cuando lo encontré. Pasarán unos dos días antes de que este termine, así que creo que tomaré un par de días libres.
—Oh, por Dios, Naruto. —susurró la pelirrosa. Antes de que el rubio pudiera reaccionar, unos conocidos brazos le rodeaban en un gran abrazo de oso. —Estoy tan feliz por ti. Has esperado tanto.
Sonriendo, rodeó a Sakura con sus brazos y descansó su barbilla en su hombro.
—Vaya, sí que no me esperaba esto. —ahora fue Kakashi quien habló con un todo de incredulidad.
—Ninguno de nosotros lo esperaba. Felicidades, renacuajo. —Tsunade le sonrió orgullosamente, cruzando sus brazos debajo de su pecho.
Naruto sonrió agradecido a sus predecesores mientras seguía entre los brazos de su amiga. Luego, dirigió su vista a su consejero.
—Shikamaru, ¿crees que puedas cubrirme los próximos dos días? —le preguntó ligeramente cohibido. Al fin y al cabo, no quería realmente dejar a su amigo solo haciendo su trabajo.
—Te cubriré toda la semana. —soltó este, sorprendiéndole.
— ¿Eh?
—Has pasado 300 años esperando encontrar a tu compañero. Lo menos que mereces es tener algunos días para ti, para que puedan conocerse un poco. Ojalá pudieran ser más, pero… eres el Hokage, te necesitamos aquí.
—Lo sé, lo entiendo. Muchas gracias, de veras. —dijo con voz suave, conmovido por las palabras del Nara. En verdad que sus amigos eran los mejores.
—Esperemos que no haya ningún asunto que requiera de tu presencia en estos días. Mientras tanto, yo me haré cargo de todo el papeleo. —le aseguró, una sonrisa asomándose por sus labios.
—Eres un gran amigo, Shikamaru. —le dijo Naruto con honestidad.
Los demás presentes también le sonrieron, la molestia de hace algunos minutos totalmente olvidada a estas alturas. En verdad que el rubio les acababa de dar la mejor noticia que pudieran recibir. Todos habían estado tan acongojados ante la sola idea del Uzumaki condenado a quedar en soledad por no poder encontrar a su pareja. A decir verdad, ya la única persona que realmente guardaba esperanzas era el mismo Naruto.
Menos mal que estuvieron equivocados y que el rubio nunca se rindió, porque ver su sonrisa y el brillo de sus ojos ahora sí que había valido la pena.
— ¿Cuándo podremos ir y conocer a tu compañero? —preguntó una emocionada Sakura, apartándose de él para verlo a los ojos. — ¿Cómo es? ¿Cómo se llama?
—Eh…—Naruto se quedó sin palabras, solo entonces cayendo en cuenta de que ni siquiera le había preguntado su nombre al omega. Menudo pedazo de idiota estaba hecho.
Por suerte, su antiguo maestro decidió intervenir y salvarlo de un interrogatorio eterno.
—Déjalo, Sakura. Ya lo conoceremos cuando llegue el momento. Estoy seguro de que Naruto se está muriendo de ganas por regresar a casa, ¿no es así? Aprovecha tus vacaciones.
Naruto sonrió brillantemente, mostrando todos sus dientes.
— ¡Sí! —y, antes de que pudieran reaccionar, ya se había ido.
No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, cuánto llevaba encerrado en ese lugar desconocido.
¿Serían algunas horas, días, semanas, meses, años?
Debían ser como mínimo algunos meses, puesto que su cabello había crecido y le estorbaba en la cara. Ni siquiera tenía más ropa para cambiarse, solo la que llevaba puesta aquel día que inocentemente fue a la Academia y decidió no quitarse al llegar a casa por la fiebre que lo había atenazado. Ya comenzaba a quedarle algo estrecha, y no era suficiente para cubrirlo durante las frías noches.
No había mantas, ni una cama, ni nada. Solo el frío piso de madera y las paredes vacías. Ya ni siquiera recordaba cómo se vería el cielo iluminado por el sol, sus ojos se habían acostumbrado a la permanente oscuridad.
Una vez al día alguien abría una ranura en la puerta y le tiraba algo de comida. Ya fuera algún trozo de pan, fruta, algo de arroz… No siempre en el mejor estado, pero comestible. Comía con los ojos cerrados, imaginando que Itachi le había preparado algo como a veces solía hacerlo cuando quedaba a su cuidado. O se imaginaba a su madre, sirviéndole la comida con una sonrisa.
El agua le llegaba cada dos o tres días, aunque ni siquiera estaba seguro de cuando comenzaba un día y terminaba el otro. Le deslizaban un balde con agua y él se las arreglaba para tomar e intentar asearse un poco. Siempre fue un chico limpio y ordenado, así que bañarse era algo que hacía con bastante regularidad.
Ahora apenas podía lavarse un poco las manos y la cara para refrescarse y que así le quedara suficiente agua para tomar en lo que le volvían a llevar más agua.
Se había cansado de gritar, de suplicar. Quienquiera que fuera la persona que llegaba diario a dejarle comida no se ablandaba por sus súplicas. Al principio creyó que tal vez fuera su padre. No podía reconocer ningún olor por la humedad, así que gritó y lloró suplicándole a su padre que lo dejara regresar a casa, pero este nunca contestaba.
Luego de un tiempo, comenzó a pensar que su padre tal vez ni siquiera hubiera regresado a saber de él desde que lo había traído aquí. Probablemente habría encargado a alguien más visitarlo para ahorrarse las molestias.
Recostándose en el piso frío y sucio, cerró los ojos con fuerza, reteniendo las lágrimas que amenazaban por derramarse.
En su corta vida lo que más había anhelado era que su padre lo reconociera y se sintiera orgulloso de él, así como lo estaba de su hermano. Se esforzó tanto, dio todo de sí, y ahora se daba cuenta de que nada que pudiera haber hecho hubiera sido suficiente. No si no era un prodigio como lo era Itachi, y menos si no era un alfa. Al menos si hubiera sido un beta su padre lo había dejado estar… Tal vez. Pero no un omega.
No es como si en el Clan Uchiha no existieran los omegas, pero jamás en la familia principal. Eran vistos como débiles, como los que se encontraban más abajo de la pirámide jerárquica.
Sasuke honestamente nunca lo había entendido. No entendía la diferencia que había entre una y otra persona solo por su segundo género. Tal vez debió haberse esforzado más en comprender la ideología de su padre, porque al parecer valía más que el cariño y afecto a sus propios hijos.
Si Itachi hubiera sido un omega… ¿este hubiera sido su destino?
Si hubiera estado presente, ¿hubiera intentado evitar que su padre se lo llevara?
¿Y su madre? ¿Habría intentado protegerlo? ¿O compartirían la misma ideología de su padre?
Un dolor se instaló en su pecho de tan solo imaginar a su madre y hermano abandonándolo a manos de su padre.
No, ellos no. Lo querían. Lo querían de verdad, ¿no es así? Tal vez estuvieran buscándole aún… O tal vez su padre habría inventado alguna historia para justificar su repentina ausencia.
Exhaló, un escalofrío recorriéndole. Seguro enfermaría pronto. Ya se había enfermado varias veces en lo que llevaba aquí. Las noches heladas eran demasiado para su cuerpo, yacer en el piso abrazándose a sí mismo era inútil. Incluso intentaba utilizar el Katon para calentarse, pero no era suficiente.
Sollozó.
¿Llegaría acaso el día en que pudiera despertar de esta horrible pesadilla?
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N/A: Este capítulo, al igual que el primero, ya estaba casi terminado XD Por eso lo publiqué tan pronto.
Para los que no saben, estoy intentando recaudar fondos para realizarme una cirugía de cataratas. Cualquier ayuda, aunque sea solo compartir el enlace que dejo aquí abajo, es bienvenida y se los agradeceré eternamente. No solo me estarían ayudando a conservar mi visión, sino a poder continuar mis estudios y seguir escribiendo. Así que, si pueden, cómprenme un café (buy me a coffee!) :3
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Solo reemplacen la palabra punto por un punto de verdad y quiten los espacios :)
También los invito a pasarse por mi perfil donde tengo más historias tanto Narusasu como Sasunaru.
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
PD. Gracias a Lila que viene comentando en varias de mis historias :D Me hubiera gustado responder directamente pero FF no me deja xd ¡Gracias por seguirme y me alegra que te estén gustando!
