Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Resumen: Naruto Uzumaki, Séptimo Hokage de Konoha, lleva trescientos años esperando encontrar a su destinado. Sabía que estaba vivo, podía sentirlo. Le había buscado por todos los rincones del planeta, pero siempre terminaba dándose de bruces contra la pared. ¿Acaso estaría condenado a pasar el resto de la eternidad solo?

Advertencias: Omegaverse, Narusasu, yaoi, sexo no explícito, algo de OoC, pero no demasiado xd.

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Esperándote

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Capítulo 3

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Respiró cansadamente con la vista fija en algún punto del techo. Su mano acarició despacio el contorno de las costillas que comenzaban a marcársele de manera muy definida bajo su piel. La comida que le daban no era la suficiente para un cuerpo en desarrollo como el suyo, así que era natural que hubiera adelgazado tanto en su tiempo aquí.

No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, pero debían de ser algunos años, considerando que había crecido lo suficiente para que su antigua ropa no le quedara más. Ahora estaba obligado a sentir las astillas de la madera directamente contra su piel desnuda, ningún tipo de ropa a su alcance para poder cubrirse.

La rutina desde que había llegado aquí seguía siendo la misma. Una vez al día, alguien le arrojaba algo de comer, y una vez cada dos o tres días, alguien empujaba un balde de agua dentro del lugar.

Había hecho lo posible para sobrevivir, esperando que alguien pudiera encontrarlo y sacarlo de dicho infierno, pero a medida que pasaban los días, la poca esperanza que guardaba iba disminuyendo más y más.

En algún punto de su vida aquí, había pensado en escapar. Debía de haber alguna manera, solo tenía que planearlo minuciosamente. Desgraciadamente, estaba demasiado débil para moverse incluso. Apenas tenía fuerzas para comer y tomar agua.

A veces cerraba los ojos y dejaba a su mente volar. Era el único tipo de libertad que tenía entre estas cuatro paredes, llenas de oscuridad y de suciedad, el olor a moho y humedad adormeciendo sus sentidos. Muchas veces soñaba que iba a la Academia donde, a pesar de no tener ningún amigo en particular, se relacionaba con otros niños de su edad. Otras veces sus sueños eran sobre su hermano, cuando este cocinaba para él o lo ayudaba a entrenar.

Itachi siempre estaba ocupado, pero nunca fallaba en hacer tiempo para él. Había sido el mejor hermano mayor y lo había admirado mucho. Ahora que ya no estaba, solo podía yacer en el suelo y suplicar que no se olvidara de él, porque Sasuke jamás se olvidaría de su hermano.

A veces, mientras su mirada se enfocaba en la nada, pensaba que tal vez solo debería dormir y ya no despertar. Seguro la paz del más allá sería más llevadera que la vida que llevaba ahora. Bueno, no era realmente una vida. Su vida la había perdido hace mucho tiempo. Ahora solo era un cuerpo vacío esperando que llegara el final, ya fuera del infierno en el que estaba o el final absoluto.

En ocasiones, creía escuchar voces. No siempre entendía lo que decían, pero le hacían cuestionarse si lo que le quedaba de cordura al fin se le estaba escapando. Esas voces solían hacer eco dentro de la habitación, y lo perseguían en las noches. Era como si quisieran atormentarlo.

Sus únicos momentos de consuelo eran cuando sentía aquella presencia. No podía ubicarla realmente, era como si estuviera dentro de sí pero a la vez muy lejos. Era una sensación cálida que se instalaba en su pecho, que le decía que había alguien buscándole, esperándole. No lo sabía qué era exactamente, pero algo dentro de sí le gritaba que la persona responsable de esa presencia era suya, le pertenecía, y que no debía renunciar a ella.

Tal vez eso fuera lo único que lograba hacerlo resistir, pero no estaba seguro de si aguantaría mucho tiempo más.

Solo quería cerrar los ojos y dejarse arrastrar al mundo de los sueños.

Al despertar, su madre estaría ahí, diciéndole que solo había tenido un mal sueño, que era hora de levantarse y que el desayuno estaba listo, servido en la mesa y esperándole, como siempre.


Dio vueltas en la cama de un lado a otro, sintiéndose incómodo por motivos que no podía comprender.

El colchón era amplio y muy suave, e incluso aunque fuera un trozo de cartón, sería la cama más cómoda en la que había estado en años. Pero no, no podía acomodarse. Había algo dentro de sí que le gritaba que le hacía falta algo, pero no entendía qué.

Frustrado, se puso de pie, saliendo de la comodidad de las sábanas y comenzando a caminar por la habitación como animal enjaulado.

—Esto es ridículo. —masculló para sí mismo.

Tenía el impulso de buscar algo, lo que fuera, que hiciera que esa cama fuera más cómoda.

Resopló, frustrado.

Había pasado probablemente menos de una hora desde que el alfa se había marchado y Sasuke estaba de todo menos tranquilo. ¿Era acaso el conocimiento de que estaba en Konoha, el lugar del que había intentado escapar, lo que lo tenía tan inquieto?

Decidiendo que no tenía nada mejor que hacer, salió de la habitación, curiosidad comenzando a brotar dentro de él ante el lugar tan peculiar en que se encontraba. Se topó con unas escaleras, que le confirmaron que la casa tenía más de un piso, y bajó los escalones para toparse con una vista que le llamó mucho la atención.

¿Serían así todas las casas de ahora? Porque no se parecía en absoluto a la antigua mansión de los Uchiha, aunque su antigua casa siempre había sido bastante tradicional, incluso para aquella época. Pero, de todos modos, las casas que recordaba haber visto de niño no se parecían a esta.

Era bastante grande para solo una persona, llena de colores cálidos, de muebles, de fotografías en las paredes… No se detuvo a ver los retratos, sino que caminó y ojeó la casa sin prestarle tanta atención a los detalles. El sofá en la sala de estar era bastante suave, notó cuando apoyó su mano sobre él. Las paredes del lugar estaban pintadas de color crema, y la vida se la daban los muebles, plantas y otros objetos decorando la estancia.

La cocina también era amplia. Lo que suponía era la estufa y el refrigerador eran más grandes de lo que recordaba alguna vez haber visto. Las encimeras eran oscuras, de granito, contrastando con el salpicadero azul marino, los gabinetes de caoba y las paredes blancas. La mesa del comedor era de madera, o al menos estaba pintada de modo que pareciera madera.

No era como la mesa tradicional que recordaba en su propia casa, que estaba cerca del nivel del suelo porque acostumbraban a comer sobre cojines en el piso como era lo normal hace muchos años. Esta era de un tipo más moderno.

Sin tener mucho interés en seguir detallando la cocina, siguió explorando la casa. Volvió a subir, interesado en qué más habría arriba aparte de la habitación principal. Había dos cuartos más, ambos desocupados, y un lugar que parecía ser una oficina. Había un escritorio lleno de papeles y pergaminos, un estante con libros que no parecían haber sido tocados en mucho tiempo, y una ventana que daba al exterior con las cortinas abiertas.

Sin pensarlo, caminó hasta la ventana para cerrar las cortinas bruscamente, bloqueando así la vista desde el exterior.

Suspiró.

Observó distraídamente los libros en el estante y anotó en su mente regresar más tarde. Le gustaba leer, mucho, pero ahora no se sentía en capacidad de concentrarse en nada que no fuera la sensación de inquietud en su pecho.

Les echó un ojo rápido a los otros dos cuartos. En uno había una cama pequeña y una mesa de noche, pero el colchón no tenía ninguna sábana, por lo que asumió que tampoco se utilizaba mucho. En la otra habitación había unas cajas y un armario, este último igual a los que había en la habitación principal, pero de color negro.

Curioso, se acercó al armario y lo abrió, topándose con varias sábanas, almohadas y edredones limpios bien almacenados. Sus ojos se abrieron ligeramente y no pudo evitar el impulso de tocar las telas, para ver si eran tan suaves como parecían. Y sí, sí lo eran. Era como tocar una nube de algodón, y Sasuke se dejó llevar por la necesidad de tomar todo lo que había en el armario y llevárselo a la cama donde había pasado la noche.

—Esto es ridículo. —repitió, intentando comprender de dónde rayos le había venido el instinto de tomar una cantidad innecesaria de ropa de cama y echarla sobre el colchón, revolviéndola y acomodándola hasta que finalmente algo dentro de él estuvo satisfecho.

Estaba actuando como un estúpido, ¿cierto? No tenía razón para hacer esto, la cama ya estaba hecha, tenía sábanas suaves y un edredón calentito, lo que era más de lo que había tenido en años, pero seguía sin sentirse suficiente.

Se dejó caer sobre la cama, soltando un suspiro ante lo mucho más suave que ahora se sentía la superficie. Tal vez, solo tal vez, al fin podría dormir un poco más. La fiebre le estaba regresando y en serio que le caería bien tomar una siesta, ya incluso comenzaba a marearse y le dolía la cabeza.

Se terminó de meter en la cama, acurrucándose en el centro, rodeado de almohadas y sábanas a montones que formaban una especie de barrera circular que lo dividía del mundo.

Frunció el ceño.

Seguía faltando algo.

Sin pensarlo, se puso de pie otra vez, sus pies llevándolo inconscientemente al armario naranja para abrirlo de sopetón, tomar un puñado de ropa y arrojarla sobre los montones se sábanas y almohadones que ahora conformaban la cama.

Sí, definitivamente se había convertido en un lunático.

Volvió a subirse al colchón, su cabeza martilleando, enterrando su rostro en una almohada y gruñendo por estar actuando como idiota. Tal vez su cordura estaba más afectada de lo que creyó en un inicio, tal vez la ayuda de Itachi no había sido suficiente para evitar que se volviera loco.

Sin embargo, algo dentro de él ronroneó satisfecho. Al fin sus sentidos se encontraban tranquilos, él yaciendo en una acolchada superficie rodeado de cosas suaves, y el aroma de su alfa destinado impregnado en las prendas que había tomado y que también le rodeaban.

Sí, puede que lo que acababa de hacer no tuviera ningún sentido, pero logró hacer que se durmiera en segundos.


Cuando el rubio volvió a materializarse en su sala de estar, sintió su bajó vientre dando volteretas por los nervios y la emoción. Su casa tenía dentro de ella un nuevo y agradable aroma que podía identificar como el de su compañero, y esto hizo que una calidez se asentara en su pecho. Ahora que conocía ese nuevo olor no quería volver jamás a casa sin que se sintiera la fragancia de su destinado en la estancia.

Apretando ligeramente la bolsa con el ramen que había comprado para llevar en Ichiraku, caminó hacia la cocina con el corazón latiéndole a mil por hora. Dejó los empaques sobre la encimera y casi que corrió escaleras arriba. La puerta de su habitación estaba semiabierta, así asomó su cabeza adentro con el corazón en la boca.

¿Era normal que estuviera así de nervioso? Sentía que podría vomitar o dejar de respirar en cualquier momento.

El omega seguía en cama, cosa que realmente no le sorprendió. Lo que sí casi lo tira de espaldas fue ver el estado en el que se encontraba dicha cama. Había sábanas y almohadas por montones, e incluso ropa suya esparcida por toda la extensión.

Era… un nido. Su compañero había hecho un nido con la ropa de cama que guardaba por aparte justo con ese propósito en mente, y con su ropa.

Sonrojado hasta las orejas, entró, dando pasos silenciosos hasta la orilla de la cama. El pelinegro estaba profundamente dormido, su rostro enterrado en una de sus camisas y sus manos aferrándose a una almohada. El corazón le latió de manera dolorosa contra las costillas, sus mejillas encendiéndose aún más.

Era común en omegas enlazados que estos hicieran nidos con objetos pertenecientes a sus parejas, ya que la necesidad de tener su aroma siempre cerca los impulsaba a buscar lo que fuera que tuviera bastante de su olor impregnado. Naruto no podía más que sentirse inmensamente feliz con la idea de que su omega quisiera tener su aroma cerca, y el que hubiera hecho un nido en su cama solo podía significar que estaba a gusto ahí, ¿cierto? Los nidos eran algo muy privado, íntimo, y muy significativo. Nadie más que la pareja o las crías de un omega tenía permitido compartirlo con ellos.

¿Su compañero… lo dejaría entrar en el nido con él?

Teniendo cuidado de no despertarlo, acercó su mano y le apartó unos mechones del rostro. El pelinegro se removió un poco, pero no despertó.

Tal vez fuera mejor dejarlo dormir y esperar a que despertara para ofrecerle algo de comer. Suspiró, sintiéndose renuente a abandonar la habitación. No obstante, sí lo hizo. Decidió irse a su cuarto oficina y sentarse en la silla, apartando las cosas que estaban encima del escritorio para acomodar sus brazos y utilizarlos de almohada.

Su mente era un remolino de pensamientos, y no podía dejar de sentirse ansioso, nervioso y emocionado por lo que ahora de esperaba. Había esperado trescientos años y ahora al fin tenía a su destinado a su alcance, pero no se conocían. No quería hacer algo que pudiera incomodar al contrario y hacerle dudar de su decisión de quedarse. La sola idea de perderlo cuando al fin lo había encontrado lo aterrorizaba. Además, todavía tenía muchas dudas. ¿Cómo es que nunca antes se habían encontrado? ¿Dónde había estado el pelinegro todo este tiempo?

Cuando lo encontró, este parecía estar alerta y muy desconfiado. Quería esconderse, y algo le decía que no era únicamente por su celo. ¿Estaría huyendo de alguien? Y si era así, ¿de quién?

Bueno, si en verdad lo que pensaba era cierto, ya no tendría más de qué preocuparse. Naruto lo protegería, estaba seguro aquí.

Con eso en mente, sus parpados se cerraron sin que se diera cuenta. Para cuando volvió a abrirlos, debieron haber pasado al menos unos veinte minutos.

Vaya, se había dormido sin querer.

Bostezó, estirando los brazos hacia arriba para estirar la espalda y se puso de pie. Caminó a pasos lentos hasta llegar a las escaleras, contando distraídamente los escalones mientras bajaba. Decidió ir a la cocina para buscar algo que tomar, al menos. No comería nada todavía, esperaría a poder comer con su omega cuando este despertara.

Para su sorpresa, el omega ya se encontraba levantado y se había sentado junto al mostrador para tomar un vaso con agua. Llevaba puesta ropa suya: una camiseta blanca con el símbolo Uzumaki en la parte de atrás y unos shorts negros. Una parte muy primitiva de él rugió orgullosa ante esa imagen, pero se obligó a apartar dichos pensamientos a lo más recóndito de su mente.

Cuando un par de ojos oscuros se posaron en él, un calor se le instaló en las mejillas y sonrió tentativamente.

—He vuelto. —anunció, a pesar de que era innecesario. La mirada del ojinegro bajó a su vaso, como si lo estuviera analizando.

—… Bienvenido. —el corazón de Naruto dio un vuelco al escucharlo. ¿Cuánto tiempo no había deseado ser recibido en casa por su pareja?

Demasiado.

Se acercó despacio para tomar los empaques de ramen de la encimera y los llevó a la mesa.

—Pensé que tendrías hambre, así que compré esto en el camino. —dijo, haciendo referencia a los paquetes que seguían entre sus manos. —Es ramen. —sonrió.

—Gracias.

No tenía que ser adivino para averiguar que el pelinegro era un hombre de pocas palabras. Además, le costaba mucho comprender lo que estaba pensando porque su rostro enmascaraba sus emociones a la perfección, y esto le hacía sentir cada vez más nervioso. Era muy diferente a la noche anterior, donde el omega se había aferrado a él como si de ello dependiera su vida con las mejillas arreboladas y los ojos brillantes… Aunque puede que solo fuera el efecto del celo. Desde donde estaba podía ver a la perfección su rostro ligeramente enrojecido por la fiebre que indicaba que pronto sufriría de otra ola de calor y necesidad, pero él se mantenía impasible.

Esto… Esto sería más difícil de lo que imaginó originalmente, ¿cierto?

Inhaló profundo, intentando calmar su alocado corazón. Para distraerse, sacó unos tazones para servir la comida y no tener que comer directamente de los envases descartables. En teoría, no había ningún problema en comer directo del envase, pero quería dar la mejor impresión posible. Servir en platos de verdad se veía mejor que comer de los paquetes para llevar, ¿no?

—Lo lamento. —la grave voz del ojinegro interrumpió sus pensamientos. —No suelo relacionarme mucho con los demás. —intentó excusar su comportamiento a sabiendas de que su alfa comenzaba a ponerse inquieto por su actitud. Este, sin embargo, le ofreció una sonrisa amable.

—No te he preguntado tu nombre. —pensó de pronto en voz alta, caminando despacio hasta donde se encontraba sentado el pelinegro para tomar asiento junto a él, lo suficientemente cerca para que se sintiera algo íntimo, pero no para invadir su espacio personal. Ojos negros y profundos se clavaron en él durante unos instantes antes de responder.

—Uchiha Sasuke.

— ¿Uchiha? —repitió, confundido.

El Clan Uchiha era uno de los clanes más fuertes y antiguos de Konoha. Junto con el Clan Senju, eran los fundadores de la aldea. Todos los conocían por su fuerza, sus habilidades ninja, su afinidad por el elemento del fuego y por sus poderes oculares. El sharingan, los ojos más temidos y codiciados en el mundo ninja.

Como respuesta a su pregunta, recibió un asentimiento. Sasuke no lo miraba, sino que observaba fijamente un punto lejano en la pared.

—Pero, entonces, ¿eres de aquí? ¿De Konoha? —otro asentimiento. —No lo entiendo. ¿Cómo es que nunca antes te había visto?

La mirada de Sasuke se desvió al vaso entre sus manos antes de dar un sorbo y encogerse de hombros. Era evidente que el Uchiha no tenía ganas de hablar sobre el tema, y Naruto, a pesar de querer saber, tampoco quería forzarlo a confiar en él tan pronto. Sin embargo, era importante conocer los detalles. No podría hacer algo al respecto si no comprendía la situación.

—Sasuke. —lo llamó con suavidad, su nombre sonando extrañamente placentero en sus labios. —Cuéntame, por favor. —le pidió. —Puedes confiar en mí.

Los ojos del Uchiha al fin lo miraron, a pesar de que no giró su rostro en su dirección. Sí, sabía que por su vínculo Sasuke podía sentir que no mentía, que podía confiar en él. Tal vez el motivo de su renuencia era la duda de que tal vez el alfa no sabría cómo ayudarlo, o tal vez los recuerdos eran demasiado dolorosos, o no querer mostrarse vulnerable.

Fuera lo que fuera, Naruto no lo juzgaría.

—Nunca he tenido permitido salir. —soltó al final el omega, lo que hizo al rubio fruncir el ceño.

— ¿Por qué? ¿Y cómo es que estabas en el bosque?

—Escapé.

El alfa abrió los ojos como platos al escucharle. Nada de eso tenía sentido para él. ¿Por qué encerrar a alguien e impedirle contacto con el exterior? Porque para que Naruto no hubiera podido detectar nunca su presencia, no debía tener permitido ni salir al jardín de su propia casa. ¿Acaso Sasuke había vivido hasta ahora como una especie de prisionero dentro de su propio clan, su propia familia?

—Desde mi presentación como omega, mi padre decidió que el que no fuera un alfa como mi hermano mayor era una deshonra para la familia, así que me ocultó. —el Uchiha decidió continuar hablando a pesar de que el alfa no le había hecho más preguntas. —Mi madre y mi hermano no pudieron hacer nada para protegerme.

—No comprendo. —le cortó bruscamente, incrédulo. —He estado más de alguna vez en los terrenos de tu clan, ¿cómo es que no pude olerte o sentirte?

Sus sentidos siempre habían sido más desarrollados gracias a Kurama, el Zorro de las Nueve Colas. Normalmente podía distinguir aromas y sonidos que muchos, sin importar su subgénero, no tenían la oportunidad. Si su compañero siempre estuvo dentro de los muros de Konoha, él debió ser capaz de olerlo desde el instante en que se presentó, sin importar en qué zona de la aldea se encontrara. Pero no fue así. Pasó años de años en su búsqueda para terminar siempre con las manos vacías.

—Mi padre jamás hubiera permitido que nadie se enterara que tenía un hijo omega. —le explicó, resentimiento tiñendo su voz. —Puso sellos para bloquear mi presencia de todas las formas posibles.

— ¡Ese tipo de acciones van en contra de las leyes de Konoha! —exclamó furioso el rubio. —Hace mucho que existe la igualdad entre subgéneros. ¿Por qué tu padre te trataría de esa forma?

—Su forma de pensar es algo retrograda. —bueno, esa era una forma amable de decirlo. La mente de Fugaku era la de un alfa del siglo pasado. Lamentablemente, era el líder de su clan, y nadie le llevaba la contraria en nada.

— ¿Qué te hizo huir justo ahora?

—Pensaba entregarme a otro clan para afianzar alianzas, como si fuera simple mercancía. —notó como su voz estaba teñida de rencor, del cual honestamente no lo culpaba. —No pensaba permitir que me utilizara, así que mi hermano me ayudó a escapar de la aldea. Mi padre probablemente ya esté buscándome.

— ¿A dónde planeabas ir?

—Esperaba estar lo suficientemente lejos para el momento en que se dieran cuenta de mi ausencia, pero no buscaba un destino en particular. —su vista se perdió en alguna de las paredes de la casa, distante. —Pensé en viajar, con la esperanza de poder encontrarte. El dolor por estar lejos de ti estaba consumiéndome. No esperaba entrar en celo en medio de la nada, ni que fueras justo tú quien me encontrara. Supongo que es irónico que hayamos estado tan cerca sin saberlo.

Naruto tomó las pálidas manos entre las suyas y les dio un cariñoso apretón, consiguiendo que esos hipnotizantes ojos, iguales a los de una noche sin luna ni estrellas, volvieran a mirarlo. Sin embargo, su mirada azul como el cielo se centró en las blancas manos que ahora sujetaba, acariciándolas con los pulgares y sintiendo su suavidad.

—Te estuve buscando toda mi vida, ¿sabes? —comenzó con una sonrisa nostálgica. —Al principio, solo esperé encontrarte. Vi como todos a mi alrededor iban encontrando a sus compañeros o ya los conocían de años, pero yo seguía esperando. Luego pensé que tal vez no tuviéramos la suerte de haber nacido en la misma aldea juntos, así que decidí salir de viaje a entrenar con mi padrino. Creí que podría dar contigo también mientras recorríamos el mundo, pero no fue así. —musitó con cierto deje de tristeza en su voz, pero su sonrisa no desapareció. —A medida que el tiempo pasaba pensé que tal vez algo te hubiera ocurrido. Sabía que estabas con vida porque mis instintos me lo decían, así que mandé clones a todos los rincones que pude. Me alegra haberlo hecho, pude salvarle la vida a muchos que fueron víctima de trata de personas y esclavitud, e incluso llegar a resolver otro tipo de situaciones, pero no te encontraba en ningún sitio. Estaba desesperado por encontrarte. —suspiró, recordando lo derrotado que se había sentido en aquella época, creyendo que todos sus esfuerzos eran inútiles y que, sin importar lo que hiciera, solo conseguiría darse de golpe contra la misma pared. —No sabía qué más hacer, nada daba resultado. Cuando me di cuenta ya habían pasado casi trescientos años. Mis amigos temían que me quedara solo el resto de la vida e insistieron en que intentara salir con alguien, pero no podía hacer eso cuando todo de mí dolía por ti.

—Lo lamento.

—No lo hagas. Estás aquí ahora. —sus miradas se encontraron y, embargado por la emoción, Naruto se inclinó hacia adelante para unir sus labios. El cuerpo de su compañero se tensó durante unos segundos debido a la inesperada acción, pero en seguida le sintió suspirar contra sus labios y corresponderle el beso.

Luego de separarse, el ojiazul se apresuró a ofrecerle un tazón de su ramen favorito. Aunque necesitaban seguir charlando, no podía arriesgarse a que la próxima ola de su celo le llegara antes de haberse alimentado.

Le sorprendió de sobremanera enterarse que el Uchiha nunca había probado el ramen antes de ese día. ¡Eso sí que no se lo perdonaría a quien sea que fuera su padre! Privar a un hijo de las delicias del ramen… ¡Inaudito!

Mientras comían, se dedicó a analizarlo en silencio. Si el pelinegro notó la manera en que era observado, no dijo ni una palabra, simplemente se limitó a continuar llenando su estómago.

Sasuke debía ser más o menos de su misma altura, un par de centímetros más, un par de centímetros menos. Era algo más delgado que él, apenas un poco. Su ropa parecía quedarle bien, así que la diferencia no era lo suficiente como para que fueran de diferentes tallas. Pero, a pesar de tener una altura y complexión similar, las diferencias entre ellos se notaban a la legua. La piel, el cabello, los ojos… Eran completamente opuestos.

Sasuke contaba con los rasgos más comunes del Clan Uchiha, ahora que se detenía a pensarlo. Entre ellos, estaban los característicos ojos negros y cabello del mismo color. De hecho, las facciones de su rostro se le hacían extrañamente familiares, a pesar de que estaba seguro de no haberlo visto antes ni siquiera en una fotografía. Tal vez conociera a su familia y eso hiciera que alguno de sus rasgos le resultaran conocidos.

— ¿Qué crees que hará tu padre si no puede dar contigo? —decidió preguntar, dejando los palillos que había utilizado junto al tazón ahora vacío.

—No lo sé. —contestó el otro con inseguridad. —Mi padre tiene influencias, podría aprovechar eso para obtener recursos que le ayuden a encontrarme. —aunque, a decir verdad, no tenía idea de lo que haría si lo encontraba.

Ya no le serviría para sus planes, ya que estaba apareado. Ya no podría utilizarlo como yegua de crianza para un tipo desconocido solo a cambio de una alianza con Konoha.

Que aldea más podrida, pensó. Era definitivamente desafortunado estar de regreso en ese lugar, donde regalaban a cualquiera solo por beneficios políticos. No quería ni imaginar qué clase de personas serían las que estaban a cargo de la villa. Si el Hokage era amigo de su padre, como sabía que lo era, no debía ser mucho mejor persona que él. No si le permitía seguir adelante con esa clase de tratos.

— ¿Influencias? —repitió Naruto, preguntándose quién podría ser si se supone que tenía cierta autoridad dentro de su clan.

—Sí. Podría incluso llegar a pedir ayuda al Hokage.

— ¿Al Hokage? —abrió los ojos como platos, su mente maquinando a mil. — ¿Qué relación tiene tu padre con él?

—No estoy seguro. —admitió. —Pero sé que solía ser amigo del Cuarto antes de que falleciera y que, por esa razón, también conoce al Séptimo desde hace mucho.

La estupefacción que se reflejó en su rostro fue su primera reacción cuando al fin lo comprendió todo. Solo había una persona que encajaba con la información que el pelinegro estaba dándole.

—Eres hijo de Fugaku Uchiha. —dijo como una afirmación en lugar de hacer la pregunta.

Su compañero frunció el ceño ligeramente al notar la facilidad con la que el alfa frente a él pudo deducir quién era su padre, su cuerpo tensándose. Eso solo podía significar que le conocía de alguna forma, lo cual no estaba seguro de si le gustaba o no.

—Es mi padre. —confirmó con voz monótona, esperando a que el rubio ofreciera alguna explicación.

—Fugaku tuvo dos hijos. —comenzó a hablar, como si estuviera analizando sus propias palabras. —Pero, de acuerdo con los registros, su segundo hijo falleció cuando aún era un niño, quedando Itachi Uchiha como el único heredero de la familia.

Sasuke solo lo miró.

—Es lo que todos creen, sí.

—Tu padre falsificó la muerte de su hijo menor, tu muerte, ¿solo porque te presentaste como omega en lugar de como alfa? —exclamó con un gruñido y ojos furiosos. Sasuke lo analizó en silencio. Había algo salvaje en el aura del hombre frente a él, pero extrañamente no le alertó de ninguna manera. Su animal interior confiaba ciegamente en su compañero y sabía que no debía temer de él.

—Así parece. —respondió con tranquilidad.

Naruto cerró los ojos y respiró profundo para tranquilizarse, dejando que sus pulmones se llenaran con el delicioso aroma de su omega, consiguiendo que su alfa interior se agitara deseoso de volver a poner las manos sobre él. Pero aún no, esperaría un poco más.

— ¿Cómo crees que reaccione tu padre con todo esto? —se animó a preguntar, decidido a estar preparado para proteger a Sasuke a como diera lugar.

El pelinegro pareció meditar su pregunta durante un par de segundos, pero respondió con seguridad.

—Estará furioso, pero no estoy seguro de lo que podría hacer. No creo que espere que haya encontrado a mi destinado y me haya enlazado tan pronto. —al fin y al cabo, acababa de desaparecer. Él mismo creyó que le tomaría al menos algunos meses teniendo que vivir escondido antes de poder dar con su destinado, y eso si tenía suerte.

El rubio asintió, aceptando la respuesta.

—No debes preocuparte. Me encargaré de tu padre yo mismo.

El pelinegro alzó una ceja, sintiéndose descolocado por semejante determinación. No quería poner en duda la fuerza de su alfa, ni sus habilidades, pero estaban hablando del jefe del clan más poderoso de la aldea, que además tenía como aliados a los altos mandos de Konoha, incluyendo al Hokage, quien era conocido por ser el ninja más fuerte que hubiera existido en el mundo.

— ¿Que no me escuchaste? —no pudo evitar expresar con cierta molestia. —Mi padre no es un tipo al que cualquiera pueda enfrentarse.

Los ojos azules de su compañero brillaron de un modo que no supo identificar y, luego, le sonrió con cierta travesura.

—Nunca le has visto, ¿cierto? Al Hokage.

Sasuke arrugó las cejas, sin comprender el origen de la pregunta.

—No. No he interactuado con nadie fuera de mi familia por años.

— ¿Qué sabes sobre él? —cuestionó con cierta curiosidad. Era extraño e irónico que, de todos los habitantes de la villa, su propio compañero fuera quien no le reconociera. Aunque no le molestaba en absoluto, ya que prefería el hecho de que Sasuke le viera primero como persona en lugar de por cómo lo representaba su título.

— ¿Aparte de su nombre? —preguntó retóricamente. —Que es probablemente el ninja más poderoso del mundo y la máxima autoridad en la aldea. También que parte de su poder se debe a que es el contenedor del Zorro de las Nueve Colas. Aparte de eso, nada. No lo conozco, no tengo ninguna opinión sobre él.

—Hmmm…—murmuró, asintiendo con la cabeza. Luego, apoyó los codos sobre la mesa y su barbilla en su mano. — ¿Sabes? Dicen que el Séptimo es la persona viva que más ha tardado en encontrar a su compañero.

Ojos oscuros se fijaron en él, pero no hubo respuesta. Eso el pelinegro no lo sabía. Los murmullos y cuchicheos no llegaban a sus oídos y, en general, tenía un acceso a la información exterior ridículamente limitado. Si conocía eso poco del actual Hokage era por el par de ocasiones en las cuales su hermano lo había mencionado.

—A la gente le encantan los rumores. —comentó el rubio con cierta ironía. —Muchos dicen que, debido al Nueve Colas, está maldito y que nunca podrá encontrar a su pareja. Otros dicen que nació sin un destinado, condenado a estar solo para siempre. Pero la realidad es que su compañero estuvo siempre cerca de él, pero alguien le impedía encontrarlo.

Pudo notar el momento exacto en el que su destinado ató los cabos. No le extrañaba. A pesar del poco tiempo que llevaban de conocerse, se había fijado en el brillo de inteligencia y astucia en su mirar.

Sin embargo, junto con el reconocimiento, vino una reacción que no esperaba. Es más, casi se cae de espaldas al ver como Sasuke se ponía de pie para inmediatamente después arrodillarse y hacer una reverencia hasta casi tocar el suelo.

—Por favor, disculpe mi ignorancia, Hokage-sama.

Mierda.

— ¡Oye, oye, espera! —exclamó alterado, dejándose caer al suelo de rodillas haciendo amago de levantarlo, aunque no llegó a tocarlo. —No hagas eso, ¿quieres? Me pone de los nervios. —se rascó la cabeza con exasperación y suspiró.

—Pero…—intentó rebatir, alzando la vista.

Estaba confundido. Siempre había pensado que los líderes de los clanes y cualquiera que tuviera cierto rango dentro de Konoha debía ser similar a su padre. Si el Hokage tenía algún tipo de amistad con su padre, tendría que pensar de manera parecida a la suya, ¿cierto? Si bien el alfa no le había dado ninguna señal de ser esa clase de persona, sino todo lo contrario pero, en el instante en que reveló quién era, entró en pánico ante la mera idea de estar frente a la persona que seguro su padre utilizaría para llegar a él.

Sin embargo, la manera en que esos ojos azules le miraban vehementemente…

—Escucha. —Naruto le tomó con suavidad por los hombros, instándolo a erguirse. —Eres mi compañero, no un shinobi más a mi cargo. Ninguno de los dos está por encima del otro y no quiero que creas que tienes que actuar diferente solo por mi título. Llámame por mi nombre, ríñeme cuando haga alguna idiotez, llévame la contraria, si quieres… Pero no me trates solo como un superior. —todo su pequeño discurso le supo a súplica, pero no pudo evitarlo. Le aterrorizaba que Sasuke actuara con él como si fuera su subordinado o como si estuviera totalmente fuera de su alcance solo por ser el Hokage. Quería que le quisiera por ser él, por ser solo Naruto, al igual que hacían sus amigos.

El omega debió notar la desesperación en su mirada, porque su rostro adoptó una expresión levemente tentativa durante un milisegundo antes de que esta fuera ocultada con maestría.

Lo soltó de su agarre y se puso de pie, tendiéndole una mano para ayudarlo a levantarse. Sasuke la aceptó, pero no dijo nada.

—En verdad no esperaba que fueras a hacer esa reverencia. —rio nervioso. —Pensé que saber quién soy te haría sentir más seguro, pero creo que fue al revés. ¿no? —confesó, rascándose distraídamente la cabeza con su mano libre. La otra firmemente sujeta a la mano del Uchiha. —Como te decía, no debes preocuparte por tu padre. La ley está de tu lado y él no podrá hacer nada si no se lo permito. Estás a salvo y eres libre.

Libre, ¿eh?

—… Gracias, Naruto.

Un cosquilleo agradable se instaló en el bajo vientre del alfa al escucharle decir su nombre por primera vez, y sonrió sin poder evitarlo.


La puerta se abrió de golpe, la repentina luz quemándole las pupilas y obligándole a cubrir su rostro en un vano intento de evitar que sus ojos salieran lastimados.

Al inicio, solo pudo ver una sombra en medio de la luz, una silueta alta que se acercaba a él con pasos firmes. Una mano lo cogió del brazo, jalándole con fuerza y forzándolo a sentarse. No pudo resistirse, apenas tenía energías para acostumbrar sus ojos a la luz. Ni siquiera podía hablar, tenía la garganta demasiado seca y lastimada como para que algún sonido saliera de ella.

Eres más resistente de lo que pensé.una voz que ya creía olvidada le habló con tono oscuro.Supongo que la fuerza de la sangre Uchiha te ha servido de algo a pesar de que seas un omega.

Su mirada trató de enfocarse en el hombre que le sujetaba, a pesar del cabello que cubría su rostro, impidiéndole ver bien. Se sentía perdido, apenas comprendía lo que la silueta frente a él le decía.

Felicitaciones, Sasuke.la voz le dijo con burla.

¿Sasuke? ¿Ese era su nombre? Ya ni siquiera lo recordaba, ya había perdido cualquier noción del tiempo y de su humanidad, de que alguna vez tuvo una vida, fue alguien.

He encontrado el uso perfecto para ti. Serás ofrecido al señor feudal de una aldea cercana. le explicó macabramente, su agarre sin aflojarse.Quiere cachorros fuertes que se conviertan en grandes shinobi, ¿y qué mejor que un omega Uchiha para esto, no te parece?

Las manos le temblaron y la vista se le nubló. Pánico creció dentro de él a pesar de que no estaba seguro del significado de las palabras del hombre que le hablaba. Había algo en él que se le hacía familiar, pero no podía asegurarlo.

A cambio, Konoha tendrá una nueva alianza, y nuestro clan será el responsable. Alégrate, hijo.escupió la última palabra como un insulto.Al fin serás de utilidad para el clan y cumplirás con el lugar que te corresponde. Saldrás de aquí pronto, así que agradécelo. Tendrás más comida para que recuperes fuerzas y no lo arruines todo en cuanto te entreguemos. Haz que estos últimos siglos hayan valido la pena.

El férreo agarre en su brazo desapareció y su cuerpo se golpeó de lleno contra el suelo, aire escapándosele de los pulmones por el brusco trato.

Así como el hombre había llegado, se fue. La puerta estaba cerrada nuevamente y ni un atisbo de luz se colaba con las rendijas.

Se quedó ahí, inmóvil, su vista fija en el frente. Inhaló y exhaló, toda la energía que tenía concentrada en capturar oxígeno. Sus dedos se curvaron levemente, como si intentara empuñarlos, pero no tenía la fuerza para ello. Sintió su rostro húmedo y supo que lo tenía cubierto de lágrimas. Ni siquiera creyó que todavía tuviera alma para llorar, pero era como si una antigua herida volviera a abrirse, llenándole de pena.

El corazón le escocía. Ese hombre dijo que podría salir pronto, pero… ¿Por qué se sentía como si solo le esperara más miseria?

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N/A: Hasta este capítulo es que tenía escrito casi en su totalidad XD De los siguientes capítulos solo tengo algunas escenas. Por cierto, creo que en lugar de 4 capítulos terminarán siendo al menos 6 XD Ya veremos.

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¡Nos vemos en el próximo capítulo!