Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Resumen: Naruto Uzumaki, Séptimo Hokage de Konoha, lleva trescientos años esperando encontrar a su destinado. Sabía que estaba vivo, podía sentirlo. Le había buscado por todos los rincones del planeta, pero siempre terminaba dándose de bruces contra la pared. ¿Acaso estaría condenado a pasar el resto de la eternidad solo?

Advertencias: Omegaverse, Narusasu, yaoi, sexo no explícito, algo de OoC, pero no demasiado xd.

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Esperándote

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Capítulo 4

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No fueron más de algunos días después de ese encuentro con el hombre que le había condenado a esta vida que la puerta volvió a abrirse. Esta vez, sin embargo, se abrió con suma cautela en lugar de bruscamente como la última vez.

Otra vez, una figura que no supo reconocer se coló con la luz cegadora del exterior. Era un hombre también, eso lo pudo identificar. Dicho hombre entró y lo miró, pero en lugar de un rostro dirigido en su dirección, solo pudo observar una especie de máscara blanca pintada como alguna especie de animal.

El hombre se acercó a su maltrecho cuerpo, que yacía como siempre en el suelo del lugar, y se detuvo cuando estuvo a unos centímetros de él.

¿Quién eres?le preguntó, pero Sasuke no podía hacer más que mirarlo con ojos perdidos a través de mechones oscuros de cabello.

El hombre, al ver que él claramente no estaba en condiciones de responder, apoyó una rodilla en el suelo y lo examinó un segundo en silencio, detallando cada detalle de su estado. Luego, una mano se alzó y le retiró el cabello de la cara.

Sasuke parpadeó lentamente, aún tratando de acostumbrarse a la luz que se colaba en el lugar.

Entonces, la mano se apartó como si le quemara. A pesar de la máscara cubriendo su rostro, Sasuke supo que los ojos del desconocido estaban fijos en los suyos. Observó como la mano del contrario subía hasta su propio rostro, temblorosa, y apartaba la máscara, descubriendo un rostro que se le hizo extrañamente familiar.

Se topó con un par de ojos negros que lo miraban incrédulos, aterrorizados y a la vez esperanzados. Debajo de ellos, unas líneas que nacían de desde debajo de los lacrimales y descendían por su rostro hicieron que terminara de reconocerlo.

Abrió la boca, sus labios temblándole por el esfuerzo, pero el aumento en la cantidad de comida y agua que había recibido estos últimos días le dieron fortaleza para hablar.

N-Nii-san…su voz sonó rasposa, irreconocible luego de años en desuso.H-Has vuelto… de t-tu misión…

Sasuke había estado esperándolo. Su hermano le había prometido ir a entrenar con él luego de que regresara de la misión a la cual se había ido aquella mañana. Itachi nunca lo había defraudado, si le había prometido entrenar luego de una misión, lo cumpliría. Sasuke nunca dudó de él.

Sa-Sasuke.


Tarareando una canción por lo bajo, Naruto lavó y secó los platos que utilizaron para comer, y botó los envases descartables en los que venía la comida originalmente.

Se sentía feliz, como no se había sentido en mucho tiempo. Incluso con la pequeña parte de él que estaba inquieta e insegura por el asunto de Fugaku Uchiha, sabiendo de antemano que había mucho más detrás de lo poco que Sasuke le había contado, estaba feliz.

Al menos ahora tenía la tranquilidad de que podría proteger a Sasuke de la amenaza que pudiera representar su padre. Ya se preocuparía por llegar al fondo del asunto luego, ahora su única prioridad era el bienestar y la comodidad de su omega.

A decir verdad, seguía sintiéndose incapaz de creer que Fugaku fuera un hombre de esa calaña. Había sido amigo de su padre, lo conocía de hacía años, y nunca se le pasó por la cabeza que fuera del tipo de persona que llegaría a esos límites hasta con su propia familia. Sí, el hombre solía ser prepotente y orgulloso, pero jamás pensó que estuviera tan podrido por dentro.

No dudó ni por un segundo la palabra de Sasuke, estaba cien por ciento seguro de que le decía la verdad, aunque no hubiera profundizado en el tema. No lo forzaría a seguir hablando si él no lo deseaba. Además, en estos momentos seguro que lo que menos quería el pelinegro era recordar tiempos no llevaderos.

Suspiró una vez que los platos estuvieron limpios y se lavó las manos, secándose después con una toalla de cocina. Dejando la toalla a un lado, se giró para buscar con la mirada a su compañero. Este seguía sentado en la mesa, sujetándose la cabeza con una mano, sus ojos cerrados y el ceño fruncido. Naruto se apresuró a acercarse, tanteando su temperatura con el dorso de su mano izquierda contra su cuello. El Uchiha se sobresaltó por el repentino contacto, pero se limitó a abrir los ojos y a mirarlo en lugar de apartarse.

—Estás ardiendo. —soltó el rubio al sentir lo caliente que se encontraba su piel. —Deberías regresar a la cama. —dicho esto, lo instó a ponerse de pie para llevarlo de regreso a la habitación. Sasuke no protestó, pero hizo una mueca. Estaba demasiado cansado y le dolía demasiado la cabeza como para negarse.

Los celos nunca habían sido amables con él. Solía sentirse bastante enfermo y todo su cuerpo dolía y se acalambraba. No era tan diferente esta vez, pero sí notó como los síntomas que tenía no eran ni cerca de fuertes de como lo eran normalmente. Lo normal sería que se estuviera retorciendo por el dolor, pero ahora solo se sentía algo mareado y sin energías.

Subió las escaleras despacio, con Naruto sujetándole del brazo por si se mareaba y, cuando llegó a la habitación, exhaló pesadamente. Se acercó a la cama y, sin pensarlo mucho, se trepó sobre ella, dejándose caer sobre el colchón y con el rostro enterrado en una almohada.

Sentía una mirada sobre él y, girando el rostro levemente para abrir los ojos, se dio cuenta de que el alfa estaba de pie junto a la cama, observándolo con ojos brillantes y las mejillas sonrosadas, y con una expresión entre ansiosa y dudosa.

— ¿Qué pasa? —preguntó confundido.

El rubio dio un respingo al escucharle y se rascó la nuca, una risita nerviosa escapando de sus labios.

—Nada, nada. Es que yo… Bueno tú…—balbuceó, sus ojos recorriendo la cama.

Sasuke parpadeó, solo entonces recordando que tenía la cama hecha un desastre, cubierta con demasiadas sábanas e incluso ropa del alfa. Enrojeciendo un poco por la vergüenza, se apresuró a disculparse.

—Lo siento, tomé las cosas en un impulso. —dijo, sentándose sobre las sábanas, dispuesto a levantarse de nuevo. —Guardaré todo.

— ¡No, no! —se apresuró a negar Naruto, agitando ambas manos delante de él. —No tienes que hacerlo, no me molesta que hagas un nido.

El Uchiha arqueó una ceja, sin comprender sus palabras.

— ¿Un qué? —cuestionó con voz monótona y los ojos en blanco.

—Uh, ¿un nido? —contestó el otro con tono de pregunta.

¿Sasuke no sabía lo que era un nido? Pero él… Él era un omega, era parte de su instinto. ¿Era posible que hubiera sufrido una negligencia tal que no supiera lo que era un nido?

— ¿Te refieres a esto? —preguntó el pelinegro señalando todo lo que había sobre la cama.

El rubio asintió con la cabeza con una pequeña sonrisa.

— ¿Nunca habías hecho uno?

Sasuke negó con la cabeza suavemente, su vista fija en las mantas y almohadones que lo rodeaban.

—Solo tuve el impulso de traer todas estas cosas aquí. —confesó sin elaborar más. Luego, sus ojos volvieron a buscar los azulados de Naruto. — ¿Te quedarás ahí?

El rubio parpadeó.

— ¿No te…? —comenzó, pero se detuvo para tragar saliva, intentando calmar su nerviosismo. — ¿No te importa que entre? —dijo con voz tentativa.

—Es tu cama. —respondió el otro con los ojos en blanco, como si le hubiera hecho una pregunta bastante ridícula.

—Ya lo sé. —le contestó a la defensiva sin poder evitarlo. —Es solo que… Pues… Bien.

Hizo amago de subir él también sobre el colchón y Sasuke se hizo a un lado, dándole espacio.

El corazón de Naruto le palpitó con fuerza contra sus costillas. Sasuke lo había dejado entrar al nido con él. Si bien su compañero no parecía saber lo que implicaba, el que su omega interior no hubiera protestado y le hubiera permitido al alfa entrar lo significaba todo para él. Era cuestión de instinto. Si Sasuke no se hubiera sentido cómodo incluyéndolo, sus instintos le hubieran reclamado y hubieran evitado que Naruto lo acompañara. Pero no, ahora ambos estaban rodeados de sábanas y mullidas almohadas.

Sintió a Sasuke acostarse junto a él y decidió imitarlo, quedando ambos cara a cara, uno al lado del otro. El pelinegro había cerrado los ojos con la intención de descansar un rato, y Naruto se quedó mirándole por segundos que parecieron horas.

Detalló con atención sus facciones, su cabello desparramado en la almohada, la manera en que su rostro se relajaba… Sasuke era hermoso, y no lo decía solo porque fuera suyo. Realmente nunca le había tomado verdadera importancia a la apariencia. Incluso si su destinado no hubiera sido particularmente atractivo, no le hubiera importado. Pero Sasuke en verdad era el hombre más hermoso que jamás hubiera visto.

Sin que se diera cuenta, su mano ya había subido para acariciarle la mejilla, un par de ojos tan oscuros como la noche abriéndose adormilados y enfocándose en él al sentir el toque. Estuvo a punto de disculparse por haberlo despertado, pero el pelinegro se acercó, enterrando su rostro en su cuello para respirar su aroma y pasándole un brazo por la cintura.

—Hueles bien…—murmuró adormilado contra la piel del alfa, probablemente sin ser consciente de sus palabras.

—Tú hueles increíble. —no pudo evitar responderle, correspondiendo el abrazo, rodeándolo con sus brazos y enterrando su nariz en mechones ébano de cabello.

Una sonrisa se asomó en sus brazos, su corazón sintiéndose lleno con el omega entre sus brazos.

Sí, puede que hubiera pasado solo por cientos de años, pero no se arrepentía en lo absoluto de haber esperado hasta este momento. Si se hubiera rendido, si hubiera decidido emparejarse con alguien más como muchas veces le habían sugerido, no estaría aquí ahora, con Sasuke entre sus brazos y su alma al fin completa.


Jadeó al sentir una mano deslizarse desde su vientre hasta su pecho, quedándose quieta justo encima de donde estaba su corazón. Todo su cuerpo estaba terriblemente sensible, tanto que con el más mísero tacto sentía todo estremecer.

Labios le besaron el hombro, subiendo hasta que una cálida y húmeda lengua pasara por encima de la sensible herida de mordedura en la base de su cuello, provocando que temblara de pies a cabeza.

El ardiente y sofocante calor que le consumía fue menguado temporalmente una vez más, luego de haber recibido las atenciones de un alfa. De su alfa, quien lo sujetaba con firmeza por la espalda mientras movía despacio las caderas, saboreando su orgasmo, hasta quedarse quieto en su interior.

—Mmm, Sasuke

Un escalofrío lo recorrió al escuchar su nombre ser pronunciado de esa manera. Trató de ignorar el cosquilleo en su estómago para concentrarse en recuperar el aliento.

Tembló al sentir que el alfa se retiraba de él unos minutos después, cuando su nudo se hubo deshinchado lo suficiente, dejándole una sensación vacía en su interior, pero que compensó permitiendo que se diera la vuelta para apoderarse de sus labios. Las manos que antes se habían deslizado por toda la extensión de su cuerpo se detuvieron una en su nuca y otra en su espalda baja, sujetándole contra un cálido cuerpo afectuosamente.

Sus labios se acariciaron con parsimonia, disfrutando de la suavidad del contacto lo más posible. Cuando se separaron, Naruto curvó sus labios hacia arriba en una sonrisa. Sus ojos brillaban y le miraban como si fuera el ser más bonito y especial sobre la faz de la Tierra. Nunca nadie lo había visto de esa manera, como si fuera único en el mundo.

— ¿Cómo te sientes? —le preguntó entonces su alfa, acariciando su espalda desnuda con la yema de los dedos.

—Hm…—murmuró este en un suspiro satisfecho. Todo su cuerpo se sentía como si flotara, como si fuera tan ligero como una pluma.

Naruto soltó una risita divertida, dejando un beso en su mandíbula y frotando su nariz contra su mejilla. Algo que recién estaba descubriendo del alfa era que le encantaba el contacto físico y los arrumacos. Sasuke no imaginó que él mismo estuviera tan a gusto con ese tipo de conducta. Tal vez fuera por todos los años de negligencia que tuvo que soportar, sin ni siquiera poder recibir un abrazo de su madre, de aquellos que le abundaron en la niñez. Ahora, entre los brazos de Naruto, se sentía querido y apreciado, y era una sensación que comenzaba a hacérsele adictiva.

—Hueles espectacular. —susurró el rubio distraídamente mientras le olfateaba sin disimulo.

Sasuke estiró el cuello para darle espacio y que le inspeccionara a gusto. Naruto ronroneó con suavidad y deslizó su nariz por su cuello, llenándose de su aroma.

Apenas un rato atrás había sentido otra ola de necesidad azotarle, la fiebre volviéndose demasiado para él, y se había aferrado al rubio en esperanzas de que le ayudara a menguar el fuego que ardía bajo su piel. Naruto le había preguntado al inicio si estaba seguro, lo que Sasuke consideraba algo estúpido considerando que ya se habían apareado la noche anterior. Tampoco era como si estuviera en condiciones de pensarlo demasiado, debido al celo. Sus instintos necesitaban del cuido de su alfa y, ya que lo tenía servido en bandeja de plata, no tenía sentido rechazarlo.

Lo sintió suspirar felizmente contra su piel, sus manos recorriendo su espalda de arriba abajo como si no quisiera separarse de él. A Sasuke no le molestaba, dejó que el alfa se abrazara a él como un koala y lo acariciara tanto como gustase. Era agradable, este tipo de contacto. El aroma a alfa y a sexo en el aire comenzaba a adormilarlo, y Naruto al fin se había quedado quieto, con la nariz en medio de su clavícula, sin separarse ni un centímetro de él.

—Cuando termine tu celo, tendré unos días libres para estar contigo, ¿hay algo que quieras hacer? —preguntó de la nada el rubio, su rostro enterrado en el pecho de Sasuke.

El pelinegro frunció las cejas, aunque el alfa no pudiera verlo.

—No pensé que el Hokage pudiera tomarse vacaciones cuando quisiera.

El rubio rio con suavidad, su cálido aliento rozándole la piel.

—Normalmente no, pero Shikamaru, mi consejero, prometió hacerse cargo de todo durante el resto de la semana para que pudiera pasar algo de tiempo contigo. —le explicó. —Usualmente a esta hora estaría en la oficina.

—Entiendo. —murmuró, dejando que el silencio prosiguiera sus palabras.

Naruto al fin se despegó un poco de él para poder verlo a la cara, esperando una respuesta.

—Entonces, ¿hay algo que quieras hacer? —insistió con una sonrisa. —Podría llevarte a conocer la aldea, si quieres.

Sasuke sacudió la cabeza con suavidad, la expresión en su rostro reflejando el cansancio que repentinamente se había apoderado de él debido al celo.

—Si salgo mi padre me encontrará. Prefiero no tener que preocuparme por él tan pronto. —fue todo lo que dijo.

Le apetecía más quedarse en casa con Naruto esos días que salir. No porque no quisiera volver a conocer Konoha, sino porque si ponía un pie afuera su padre lo encontraría inmediatamente. Ya no podría hacer nada, confiaba en la palabra de Naruto de que ahora era libre para decidir sus propias acciones, que su padre no volvería a tener el control de su futuro, pero de todos modos no tenía ganas de enfrentarse a él en ese momento. Un par de días de paz, sin preocupaciones, no eran mucho pedir, ¿cierto?

—Mmm… Supongo que tienes razón. —concedió el alfa, rozando sus narices.

Naruto se sentía flotar.

En su mundo ideal, no tendría que salir jamás de esa cama, de los brazos de Sasuke. Las historias que había escuchado sobre encontrar a su pareja destinada definitivamente no le hacían justicia a la realidad. La conexión era instantánea, decían, y sí creía que era cierto. Sin embargo, era más que solo dos piezas de rompecabezas encajando juntas. Era como si todo lo que le faltaba en la vida ahora lo tuviera, completándolo.

Se encargaría de enamorar a Sasuke así como él lo había enamorado, de ese modo nunca querría irse de su lado. Vivirían juntos, tendrían una familia, nunca volverían a estar solos.

El sonido del teléfono lo sobresaltó, sacándolo de sus pensamientos. Sasuke, en cambio, frunció el ceño al escuchar el aparato, su cabeza girando en dirección a la puerta, por donde venía el sonido.

— ¿Qué es eso?

Naruto suspiró.

—Solo es el teléfono. —murmuró por lo bajo, renuente a salir de la cama para caminar hasta la sala y contestar.

Si bien ya la tecnología permitía tener a cada persona un teléfono personal, Naruto prefería tener uno convencional en casa. Esos teléfonos celulares eran demasiado distractorios y, como de todos modos ya pasaba todo el día, todos los días, en la computadora, no necesitaba tener uno para llevarlo a la oficina. Con el que tenía en la oficina y el de casa era más que suficiente.

—Deberías contestar.

El rubio lo miró, dubitativo. La mirada inexpresiva del pelinegro no le dio mucho chance a adivinar lo que en realidad estaba pensando, pero al final se decidió por levantarse, ponerse sus pantalones, que estaban tirados en el piso, y rascarse detrás de la cabeza antes de salir para buscar el teléfono.

Bajó las escaleras de mala gana, con un puchero en los labios.

Quien fuera que estuviera llamando era insistente, ya que el dichoso aparato no había dejado de sonar. Inhalando profundo, tomó el teléfono y contestó.

— ¿Bueno? —masculló irritado.

—Hey, Naruto. —al oír la cansada voz, el rubio parpadeó, sorprendido.

— ¿Shikamaru? ¿Ocurrió algo? —no podía ser que justo cuando al fin se tomaba unos días libres en años, la aldea fuera a entrar en guerra o algo por el estilo, ¿no? Shikamaru había prometido llamarlo únicamente si era una emergencia, y no había pasado ni siquiera un día.

—Lamento interrumpir. Sabes que no llamaría si no fuera importante. —se disculpó con un deje apenado, frustrado por tener que molestar a su amigo en un momento tan importante para él.

—Lo sé. ¿Qué ocurre?

—Uchiha Fugaku ha venido a la torre y solicita reunirse contigo. —explicó con un tono cansado. —Le dije que no estarías en la oficina por unos días, pero insiste que es importante y que solo lo hablará contigo personalmente.

Naruto frunció el ceño, apretando ligeramente el teléfono.

— ¿Te ha dicho qué quiere? —preguntó con voz seria.

—No. Insiste en que solo hablará contigo.

Suspiró.

No hacía ni dos minutos atrás era el hombre más feliz del mundo y ahora todo de sí estaba tenso, su mano sujetando el teléfono con más fuerza de la que debería.

—Dile que no podré recibirlo hasta la próxima semana.

— ¿Estás seguro? —inquirió un dubitativo Shikamaru. —Dispensar al líder de los Uchiha podría parecer grosero, especialmente por la urgencia con la que dice que necesita una audiencia con el Hokage.

—Sí, estoy seguro. —no pensaba dejarse arruinar la semana por su suegro. Ya se preocuparía por él luego. Ofenderlo le importaba un soberano cacahuate.

Escuchó a Shikamaru mascullar algo entre dientes y suspirar.

—Bien. Te dejo. —fue todo lo que dijo.

—Gracias, Shikamaru. —le respondió y cortó la llamada.

Dejó el teléfono sobre la mesa del comedor y aprovechó para ir a la cocina a servirse un vaso con agua. Menudo lío el que se armaría con el patriarca de los Uchiha. Seguramente había intentado buscar a Sasuke por su cuenta los últimos días y, dado que había fracasado, buscaría refuerzos de su parte.

Ni siquiera tenía idea de hacía cuánto tiempo Sasuke había logrado escapar, pero había sido el suficiente para que Fugaku se desesperara a tal punto de solicitar ayuda al Hokage. Mal por él, ya que Naruto no enviaría ni siquiera un clon a reunirse con él.

En cualquier otra circunstancia, Naruto no hubiera dudado en apoyarlo. No obstante, ahora que conocía al menos una parte de su verdadero ser, lo que más quería era hacer que se pudriera en prisión. Los Uchihas necesitaban un líder nuevo, uno que no se basara en pensamientos arcaicos sobre subgéneros y tuviera una nueva visión del futuro. Alguien a quien le importara tanto el clan como la aldea, que fuera inteligente y astuto, un gran shinobi y ejemplo a seguir.

El alfa sonrió de lado, pensando vagamente si a Fugaku le enorgullecería de un modo retorcido o lo llenaría de furia, el que el liderazgo de los Uchiha se mantuviera dentro de la familia principal. Bueno, eso no importaba. Ya arreglaría los detalles más tarde. Ahora todo lo que quería era regresar a su habitación, donde su omega lo esperaba, y volver a tenerlo entre sus brazos.


Durante los tres días que duró su celo, Naruto descubrió algunas cosas nuevas sobre Sasuke. Una parte de ellas siendo observador y la otra parte porque el mismo pelinegro se lo decía.

Por ejemplo, Sasuke no hablaba mucho, pero escuchaba todo lo que le decía con atención. Esto lo había comprobado cuando el Uchiha lograba recordar detalles de lo que contaba cuando incluso al mismo Naruto ya se le había olvidado que había mencionado. Aparentemente, esto también demostraba que el pelinegro tenía una memoria mucho mejor que la suya aunque, para ser justos, Naruto simplemente era muy despistado. Su mente maquinaba tan rápido a veces que se le escapaban los detalles.

Otra cosa que había notado sobre él es que tendía a no expresar sus emociones, no oralmente y no gestualmente. Su rostro casi siempre se mantenía impasible y sospechaba que en los momentos en que era más expresivo, lo era solo por el efecto del celo, que le hacía no poder controlarse tan bien.

Tal vez fuera su manera de sobrellevar sus problemas. Si su padre le había quitado el control de su vida siendo tan joven, puede que el tener control de sus emociones fuera su manera de contrarrestar algo. Era lo único que tenía que su padre no podía controlar, al fin y al cabo. Aunque esto eran más especulaciones suyas, y no era algo que planeara preguntarle a Sasuke directamente.

Al omega también le gustaba leer. Le había preguntado si no le importaba que ojeara los libros que tenía en su cuarto-oficina y, luego de que Naruto hubiera insistido de que esta también era su casa y no tenía que preguntar por cada cosa, le dijo que era libre de tomar y leer cuántos libros y pergaminos se le viniera en gana. Al fin y al cabo, la mayoría de los que guardaba en ese estante eran libros sobre herramientas ninja, algunos jutsu, historia de la aldea, política, etc. Muchos eran de su padre. En fin, no había nada peligroso ni restringido ahí, ya que no eran del tipo de cosas que soliera traer a casa.

Así que, en los momentos en los que no estaban haciendo el amor, comiendo o acurrucándose juntos en la cama, el pelinegro tomaba un libro y se sumergía en la lectura. Era increíble, cómo se concentraba e ignoraba todo el mundo que lo rodeaba. Ojalá él hubiera sido así de dedicado hace años, pensó vagamente. La lectura no era uno de sus fuertes, al fin y al cabo. Sí le había tocado leer mucho para llegar a donde estaba ahora, pero no era una actividad que hiciera por diversión o para pasar el rato, solo por obligación.

Volviendo al tema anterior, Sasuke no parecía ser el tipo de persona que disfrutara mucho el contacto físico. Sin embargo, nunca se apartaba ni lo alejaba cada vez que el rubio se acercaba, ya fuera para abrazarlo, besarlo, olfatearlo. Incluso hacía la cabeza hacia un lado dócilmente para darle espacio para inundarse de su aroma. A veces hasta él mismo buscaba algo de contacto, pero solo cuando Naruto se había acercado primero.

Le gustaban los onigiris y los tomates. Esto lo descubrió gracias a que, ya que no quería tomarse el tiempo de ir a un supermercado y cocinar, había comprado comida para llevar en varios lugares, siempre mandando un clon en lugar de ir él mismo. Entre esas veces, había comprado onigiris para desayunar, así como algunas frutas y verduras para comer y hacer ensalada. Entre esas cosas estaban unos tomates y no tardó en darse cuenta de que, al verlos, Sasuke inmediatamente había tomado uno con expresión desinteresada y le había pegado un mordisco. Así desaparecieron todos los que había comprado.

Bueno, al menos ahora sabía que siempre debía agregar tomates a la lista de compras.

Unos toques en la puerta principal lo trajeron de regreso a la realidad. Parpadeó, confundido. ¿Quién podría estar tocando a su puerta?

Casi nunca recibía visitas, y Sakura y Shikamaru seguro avisaron a los demás que no debían molestarlo, así que no tenía ni la menor idea de quién podría ser.

Caminó hasta la puerta con una inquietud que no pudo ignorar. Era como si algo le gritara que no debía abrir, que esperara a que la persona del otro lado se aburriera y se fuera.

Suspiró, decidiendo ignorar ese sentimiento, y abrió la puerta. Ahí, frente a él, el sonriente rostro de su mejor amiga le saludó.

— ¡Sakura-chan! ¿Qué haces por aquí? —cuestionó sin poder evitarlo.

Normalmente la hubiera dejado entrar sin más, pero ahora se sentía extrañamente inquieto por algún motivo. Además, ya no vivía solo. No estaba seguro de si a Sasuke le agradaría conocer más caras nuevas tan pronto. Apenas comenzaba a acostumbrarse al alfa y a su nueva casa, no sabía que tan dispuesto estuviera de tener que relacionarse con alguien desconocido para él tan pronto.

Sakura, ignorante de todo lo que pasaba por su cabeza, sonrió aún más.

—Bueno, como ya pasaron algunos días supuse que el celo de tu compañero ya habría terminado, así que te traje esto. —le mostró una cajita con pastillas. —Supongo que no querrán tener hijos tan pronto, considerando que se acaban de conocer.

El rubio enrojeció hasta las orejas.

—N-Ni siquiera había pensado en eso. —admitió avergonzado. Rayos, que había tenido la mente en las nubes por lo feliz que estaba de haber encontrado a Sasuke que no se le ocurrió pensar en que tener relaciones sexuales y peor, durante el celo, era un embarazo seguro.

No es que la idea de tener hijos nunca se le hubiera pasado por la mente. Es más, en verdad deseaba poder tener algún día una familia con su omega, pero Sakura tenía razón. Apenas se conocían de un par de días y no tenía idea de la opinión de Sasuke al respecto, por lo que sería mejor esperar.

—Lo imaginé. —sonrió la pelirrosa. —Pero no te preocupes. Está pastilla debe tomarse justo después del celo y son solo para emergencias. —le mostró una cápsula blanca. —Y esta caja son pastillas anticonceptivas regulares que se deben tomar todos los días.

—Eres una salvavidas, Sakura-chan.

—Sí, sí, lo sé. —la mujer agitó una mano para restar importancia al asunto. —Y… ¿puedo pasar? —preguntó con clara emoción en su rostro.

A Naruto se le resbaló una gotita por la sien. Tenía que imaginarse que Sakura tendría un motivo oculto, no tan oculto, para llegar y tocar a su puerta. La alfa se moría de ganas por conocer a su compañero, lo sabía. No había sido nada sutil al respecto desde que anunció que lo había encontrado.

Se encontraba en un debate interno. Por un lado, estaba Sakura, quien le hacía ojitos de cordero degollado y era realmente difícil tener que decirle que no. Por el otro, estaban sus instintos, que se negaban a dejar que se acercase a su compañero a pesar de que la ninja médico ya estuviera emparejada. Seguía siendo una alfa, después de todo.

Momento, ¿esa era la inquietud que tenía? ¿Eran sus instintos intentando que actuara como idiota?

Bueno, también estaba Sasuke. En verdad no quería incomodarlo. Sin embargo, pasó demasiado tiempo debatiendo en su mente porque, al siguiente momento, Sakura había aprovechado su distracción y había entrado a la casa.

— ¡Con permiso! —soltó en tono alegre.

— ¡Oye, espe-! —fue todo lo que alcanzó a decir antes de que la pelirrosa se hubiera quitado los zapatos rápidamente y los hubiera dejado en el suelo, junto a la puerta.

Naruto se apresuró a seguirla, aunque sabía que intentar hacer que se marchara a estas alturas no solo sería descortés, sino que inútil. Sakura podía llegar a ser tan terca como él.

Si Sasuke hubiera estado en la habitación, sería sencillo convencer a Sakura de volver en otro momento. Por suerte o por desgracia, estaba en la sala, en el sofá, un libro entre sus manos. Como era usual, llevaba puesta ropa suya, ya que no tenía nada más que ponerse. Esta vez eran otra vez shorts negros y una camiseta blanca pero, en lugar de tener el símbolo Uzumaki en la espalda, esta tenía la silueta de unas llamas, representando la Voluntad de Fuego de Konoha.

Sakura se llevó las manos al rostro, completamente emocionada al verlo. Había algo en él que se le hizo familiar, pero la emoción del momento no le permitió pensar más en ello. El Uchiha la sintió llegar, puesto que todo su cuerpo se puso tenso antes de que alzara la vista, poniéndose de pie despacio, en alerta ante la presencia desconocida frente a él.

La pelirrosa no se dio cuenta de su incomodidad porque, de haberlo hecho, no se le hubiera tirado encima en un abrazo cruje huesos.

— ¡No puedo creer que al fin te conozca! —chilló encantada, rodeándolo con los brazos.

No pudo haber previsto la reacción que desencadenaría. Es más, ni siquiera Naruto había imaginado tal reacción.

En cuestión de un parpadeo, la mano del pelinegro se movió, golpeando a Sakura en el pecho con fuerza suficiente para que cayera al suelo a un par de metros de distancia de él.

— ¡No me toques! —advirtió, su mano aún alzada en modo ofensivo, un color rojo sangre refulgiendo en sus ojos.

Sharingan, pensó Naruto estupefacto.

Sin perder tiempo, se apresuró a sujetarle la muñeca del brazo que mantenía en el aire y lo atrajo hacia sí, dejando salir libremente algo de su aroma para que el otro se tranquilizara. Sasuke dirigió sus ojos escarlata hacia él, su ceño fruncido y su mandíbula tensa.

—Tranquilo, estoy aquí. —intentó calmarlo. —Ella es una amiga.

Observó las tres aspas de su sharingan girar violentamente hasta detenerse, el color de la iris desvaneciéndose para dar lugar a ese tono ébano del cual Naruto se estaba enamorando. Al notar que Sasuke se hubo calmado al menos un poco, Naruto lo soltó y se volteó hacia su amiga.

Sakura estaba poniendo en pie de nuevo, evidentemente molesta, con la mano sobre el sitio donde había recibido el golpe. Antes de poder decir algo, un reclamo o lo que sea, Naruto se le adelantó.

—Lo siento, Sakura. Es mi culpa. Debí haberte pedido que volvieras otro día.

— ¿Cuál es su problema? —preguntó la pelirrosa claramente disgustada, señalando a Sasuke. Este gruñó en advertencia.

— ¡Ninguno, ninguno! —el rubio se apresuró a interponerse entre ellos, agitando las manos frente a Sakura para distraerla. —Lo tomaste por sorpresa, eso es todo. —rio nerviosamente.

Sakura parecía no habérselo creído ni un poco y era obvio que el Uchiha no estaba nada contento con su presencia en la casa. Sin embargo, decidió ser civilizada y presentarse de todos modos. Al fin y al cabo, este era ahora el compañero de Naruto, tendrían que llevarse bien, o al menos tolerarse por el bien del rubio.

Además, no sería la primera vez que empezaba con el pie izquierdo con alguien. Aunque estuviera molesta, no armaría una escena que pudiera terminar en ella y el compañero de Naruto sin poder llevarse bien por el resto de sus vidas. Así que, todavía con al ceño fruncido y algo a la defensiva, habló:

—Haruno Sakura. —se presentó, sacudiendo algo de polvo imaginario de su ropa. —Amiga de la infancia de Naruto.

—Es mi mejor amiga. —añadió el rubio en afán de hacerle entender al omega que Sakura era alguien que tenía su completa confianza, que no tenía que estar tan a la defensiva.

Sasuke frunció más el ceño, su mirada fija en la mujer de cabellos rosados y ojos jade.

—Uchiha Sasuke. —cedió el pelinegro.

Sakura frunció el ceño, confundida. Reconocía ese nombre. Debía de estarle tomando el pelo, porque no era posible.

Sus ojos verdes escanearon el rostro del contrario en silencio, ignorando el deje nervioso de Naruto al ver que ambos se quedaban sin mediar palabra. De pronto, sus ojos se abrieron como platos y se llevó una mano a la boca.

El pelinegro frente a ella en verdad se veía familiar, ahora que lo pensaba.

Pero era imposible, ¿cierto?

— ¿Sa-Sasuke-kun?

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N/A: Este capítulo sí fue escrito casi desde cero XD

Y, solo por informar, a Sasuke en serio no le gusta que lo toquen. No tiene ninguna escena traumática que diera origen a esto (como abuso sexual, por ejemplo), pero la única otra persona que llegó a tocarlo durante el tiempo que estuvo encerrado fue a Itachi. Aparte de él, no le importa que Naruto lo toque porque lo reconoce somo suyo y viceversa. Pero, en lo que respecta al resto del mundo, reaccionará a la defensiva si intentan tocarlo.

En fin.

Recuerden que estoy intentando recaudar fondos para realizarme una cirugía de cataratas :3 Cualquier ayuda, aunque sea solo compartir el enlace que dejo aquí abajo, es bienvenida y se los agradeceré eternamente. No solo me estarían ayudando a conservar mi visión, sino a poder continuar mis estudios y seguir escribiendo. Así que, si pueden, cómprenme un café (buy me a coffee!) :3

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Solo reemplacen la palabra punto por un punto de verdad y quiten los espacios :)

También aviso que ahora tengo Facebook XD Y pueden buscarme en Twitter. Si quieren. Si no, no. Los links están en mi perfil.

Nos vemos en el siguiente capítulo 😊