Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Resumen: Naruto Uzumaki, Séptimo Hokage de Konoha, lleva trescientos años esperando encontrar a su destinado. Sabía que estaba vivo, podía sentirlo. Le había buscado por todos los rincones del planeta, pero siempre terminaba dándose de bruces contra la pared. ¿Acaso estaría condenado a pasar el resto de la eternidad solo?
Advertencias: Omegaverse, Narusasu, yaoi, sexo no explícito, algo de OoC, pero no demasiado xd.
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Esperándote
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Capítulo 6
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La puerta se abrió y la figura de un hombre alto de cabellos oscuros y ojos del mismo color que los de su compañero se hizo presente en el lugar.
—Hokage-sama. —le saludó una voz que ya conocía a la perfección, su dueño siendo uno de los ninjas de elite más avanzados de cualquier generación.
Shikamaru intercambió una mirada rápida con Naruto en una pregunta silenciosa, dejando escapar una pequeña nube de humo de sus labios al tomar el cigarrillo que estaba fumando entre sus dedos.
—Está bien. Puedes retirarte, Shikamaru.
El Nara asintió y caminó hacia la salida, saludando al Uchiha con una inclinación leve de cabeza que fue correspondida antes de cerrar puerta para marcharse. Una vez que quedaron solos, el pelinegro avanzó hacia el centro de la oficina y, respetuosamente, hizo una reverencia, descendiendo sobre una de sus rodillas.
— ¿Me mandó llamar, Hokage-sama?
El rubio sonrió, alzando una ceja y rascándose la cabeza con incomodidad.
—Ya te he dicho que no tienes porqué arrodillarte, Itachi. —le dijo, el tono de su voz evidenciando que no era la primera vez que ese tema salía entre ellos.
El hombre, vestido con un uniforme ANBU pero con el rostro descubierto, tenía la costumbre de apoyarse sobre una de sus rodillas en señal de respeto hacia su Hokage, un gesto que la mayoría de los ninjas bajo su cargo realizaban en su presencia.
No es que le molestara en particular, pero tampoco era como si fuera un rey al cual todos debían reverenciar. Naruto en lo personal nunca había hecho ninguna reverencia a ninguno de los Hokages que había conocido. Aunque, claro, el Cuarto había sido su padre, y Tsunade y Kakashi siempre habían sido cercanos con él, así que siempre sintió suficiente confianza con ellos como para ahorrarse las formalidades.
Aun así, que todo el mundo sintiera la necesidad de inclinarse ante él para mostrarse respetuosos le parecía demasiado exagerado. Él no era alguien que fuera a ofenderse solo porque otras personas no se inclinaran hasta tocar el piso solo por su presencia. El solo recordar a Sasuke haciendo eso mismo lo ponía de los nervios. Era quien menos quería que lo tratara de ese modo, no quería que su título fuera una barrera entre ellos.
—Es mi deber presentar mis respetos hacia usted, Séptimo. —le contestó Itachi, un cierto tono de diversión colándose entre la seriedad de su voz.
Naruto arrugó la cara, sabiendo que el Uchiha frente a él en realidad había hecho la reverencia precisamente porque sabía que no le gustaba.
Conocía Itachi desde hacía mucho antes de volverse Hokage. La primera vez que se encontraron oficialmente Naruto era un chuunin recién ascendido y su padre le había insistido en visitar a los Uchiha.
En aquel tiempo Naruto ya estaba enterado de la ausencia del hijo menor de la familia principal de dicho clan y, al conversar con Itachi, este solo le había comentado que tal vez hubieran sido buenos amigos si se hubieran conocido en la academia, porque eran de la misma edad.
Itachi le pareció una persona muy tranquila y un tanto enigmática, pero bastante agradable. Nunca fueron amigos cercanos ni nada por el estilo, pero siempre tuvieron una buena relación y el rubio siempre pensó que el heredero de los Uchiha era alguien a quien admirar, tanto por su fortaleza como por su inteligencia.
Se alegraba en lo más profundo que no fuera nada como su padre y que, gracias a él, Sasuke fuera libre y habían podido encontrarse. Puede que nunca pudiera llegar a agradecerle lo suficiente.
—Como sea. —le restó importancia a la broma y suspiró, su mente regresando al presente y a la seriedad de la situación. —Debo hablarte de algo importante.
—Escucho. —dijo el Uchiha mientras se ponía de pie, quedando en el centro de la oficina y frente al gran escritorio lleno de papeles por firmar. Sí, no le emocionaba para nada volver al trabajo.
—Tu padre me ha pedido un escuadrón para buscar a tu hermano menor. —sus ojos se clavaron fijamente en los de Itachi. El parecido con Sasuke era bastante evidente, ahora que lo pensaba. La mayor diferencia eran las marcas que nacían desde debajo de sus ojos y el color de su cabello, que era como de un tono más grisáceo como el de Fugaku, en lugar de ébano azulado como el de Sasuke. Sin contar eso, eran casi idénticos. Se sintió tonto por no notarlo desde el principio. —Pero la cosa es… Yo sé dónde está Sasuke.
La estupefacción logró adueñarse del normalmente impasible rostro de Itachi Uchiha, sus ojos abriéndose como platos y la clara incertidumbre reflejándose en ellos.
— ¿Cómo…?—logró articular, pero fue interrumpido por el rubio.
—Cuando venía de la reunión de Kages en Suna, me lo encontré comenzando su celo a varios kilómetros de la aldea. Lo llevé a un lugar seguro y él me contó que estaba huyendo de su padre.
El alfa pelinegro exhaló por la nariz y se apartó un poco el cabello de la cara.
—Ya veo. Supongo que no tiene caso seguir con esta farsa, entonces.
El rubio asintió y se acercó a su escritorio, recostándose contra él para quedar frente a Itachi.
—Sé que le ayudaste a escapar y que le has apoyado a pesar de tener que actuar a espaldas de tu padre.
El mayor asintió, su rostro serio.
—Mi hermano lo es todo para mí. Debía ayudarlo a volverse lo suficientemente fuerte para que pudiera defenderse solo cuando lo necesitara.
—Y, gracias a eso, Sasuke ahora es libre. A decir verdad, creo que debería darte las gracias. —sonrió con cierta ironía.
— ¿Las gracias? —repitió Itachi, evidentemente confundido.
—Sí. Es gracias a ti que encontré a mi compañero.
Por segunda vez, sorpresa invadió las facciones del Uchiha.
— ¿Eres el destinado de Sasuke?
—Así es.
—Supongo que eso explica que no pudieras encontrarle. —suspiró con agotamiento, haciendo referencia a todos los años que Naruto invirtió buscando a su destinado en vano. —Lamento que los actuares de mi padre también te hayan afectado, Naruto-kun. —se disculpó, retomando las confianzas de antaño. — ¿Dónde está Sasuke? Quiero verlo.
—Puedo llevarte con él. —el rubio le aseguró. No iba a negarle a Itachi ver a su hermano. Estaba seguro de que Sasuke también querría verlo. No obstante, primero quería conseguir algunas respuestas a las incógnitas que invadían su mente. —Pero antes, quisiera que me hablaras de Sasuke.
Itachi suspiró sonoramente, comprendiendo lo que el Hokage le estaba solicitando.
—Creo que será mejor mostrarte. —y, dicho esto, sus ojos refulgieron en rojo, su sharingan activado y expuesto.
Itachi lloró.
Lloró y lloró durante lo que parecieron horas, y tal vez sí lo fueron.
Lo atrajo a su cuerpo, rodeándolo con firmeza pero siendo lo suficientemente delicado para no lastimarlo.
Sasuke cerró los ojos y apoyó la cabeza contra su hombro, sintiéndose tranquilo por primera vez en muchos años.
Su hermano lo acunó contra su pecho, meciéndolo de un lado a otro como si se tratara de un infante, lágrimas cayendo por sus mejillas y resbalando hasta mojarle la cabeza. Sus manos le acariciaron el cabello sucio y enmarañado, mientras Sasuke se dedicaba a memorizar de nuevo el aroma de su hermano.
—Sasuke. —sollozó, apartándole un poco de él para ver su rostro. —Sabía que padre ocultaba algo, pero esto… No lo entiendo. —acarició su mejilla con delicadeza. — ¿Por qué nuestro padre te haría esto?
—P-Padre no tien-ne hijos omega. —logró articular, las palabras dirigidas a él que hacía años recibió haciendo mella en su memoria.
Itachi abrió los ojos como platos y su nariz se movió graciosamente mientras lo olfateaba, acercando su rostro a su cuello, por primera vez notando el distintivo aroma que lo rodeaba. Luego, un gruñido violento brotó de su pecho, alertando al Uchiha menor.
—Todo esto… ¿porque eres un omega? —a pesar de la furia en su voz, volvió a abrazarlo con toda la gentileza del mundo.
Tantos años sufriendo, creyendo que Sasuke había muerto a manos de unos criminales que supuestamente lo habían secuestrado para pedir una recompensa, creyendo que su padre había intentado salvarle y, aún con todo su poder, había fracasado… Sintiéndose culpable e inútil por no haber estado ahí para poder salvar a su hermano, a quien quería más que a sí mismo.
Lamentaba con toda su alma haber ido a aquella misión. Si hubiera estado en casa, hubiera podido ayudar a Sasuke, hubiera podido haberlo protegido. Jamás pensó que su padre pudiera estar tan podrido por dentro como para rechazar a su propio hijo solo por su segundo género. Sasuke, quien se había esforzado tanto por tener la aprobación de su padre, yacía roto y maltrecho entre sus brazos por algo que no podía elegir ni controlar.
—Te sacaré de aquí. —le prometió. Tendría que idear un plan. No podía solo llevárselo y esperar que nada saliera mal. En el estado en el que Sasuke se encontraba, no creía que llegara muy lejos de todos modos. Tendría que asegurarse de que ganara algo de fuerza primero y pensar cuidadosamente lo que haría. —Ahora tengo que irme. Dejaré un clon aquí para que te haga compañía. Te prometo que no estarás aquí mucho más tiempo.
El menor asintió distraídamente, su cabeza apenas comprendiendo las palabras que le eran dirigidas. Itachi lo volvió a recostar en el suelo y lo cubrió con la capa que traía puesta, para que al menos le sirviera para cubrirse un poco temporalmente. Luego, hizo unas señas con las manos y creó un clon de sombra. El clon se sentó junto a Sasuke y gentilmente levantó su cabeza para apoyarla en su regazo, sirviéndole de almohada, y acariciando su cabello con suavidad.
Sasuke cerró los ojos, perdido en el limbo entre la realidad y la fantasía. Ya había tenido ese tipo de ilusiones. Esta se sentía más real que las demás y le tranquilizaba el corazón.
Escuchó la puerta cerrarse, pero no le prestó atención. Dejó que el sueño lo arrastrara. Curiosamente, era la primera vez en mucho tiempo que no tenía pesadillas.
Dejar un clon al cuidado de Sasuke tenía más que solo el propósito de hacerle compañía. Itachi pudo detallar la extraña rutina que se llevaba a cabo, donde a su hermano le arrojaban comida dos veces al día y una cubeta de agua diario.
Lo ayudaba a comer, sujetándole con cuidado y asegurándose de que se terminara todo para que de a poco fuera a recuperar fuerzas. También lo ayudó a asearse lo mejor que pudo con la poca agua que tenía disponible. Le cortó el cabello con un kunai, para que dejara de estorbarle el rostro. Ahora se parecía un poco más al Sasuke que él recordaba, pero sabía que aquel niño feliz que solía ser su hermanito había muerto hacía mucho tiempo. Luego de ser botado, abandonado para que se pudriera en este lugar por cientos de años, lo que quedaba ahora era un hombre roto, destrozado.
Aún si lo sacaba de aquí e intentaba ayudarlo a recuperarse, no habría nada que reparara una mente rota. Al menos, no había ninguna manera convencional de ayudarlo, pero Itachi no pensaba rendirse tan fácilmente. No permitiría que su hermano terminara así, probablemente en algún instituto mental debido a su condición.
Esos días que había pasado con él se percató de lo mal que se encontraba en verdad. Se quedaba viendo a la nada y, a veces, hablaba como si le respondiera a alguien que no estaba ahí. Cuando hablaba con él, lo hacía como si aún fuera un niño. Le preguntaba cuándo irían juntos a comprar dangos, o cuándo Itachi lo llevaría con él a alguna misión. Le hablaba de que su maestro en la Academia lo había felicitado por hacer bien un jutsu a la primera, o de la calificación que había obtenido en su último examen.
Era como si la mente de Sasuke ignorara lo que había pasado todos esos años cuando hablaba con él, como si se hubiera quedado estancado en la vida que tenía a los once años.
Suspiró, acariciando los ahora cortos cabellos de su hermano menor. Este se removió un poco contra su hombro, pero no despertó.
Ayudaría a Sasuke a como diera lugar. Y si eso significaba enfrentarse a su padre y al mismísimo clan, que así fuera.
El Itachi original regresó una semana después, permitiéndole entonces a su clon desvanecerse.
Consigo, llevaba ropa y algunas mantas que pudieran servirle a Sasuke para mantenerse caliente por las noches y a no tener que verse obligado a estar desnudo todo el tiempo. También llevó una linterna, para acabar con esas penumbras donde se encontraba. En unos pergaminos de almacenamiento le llevó fruta y carne, que sabía perfectamente que necesitaba y no le ofrecían.
Además, llevó libros y pergaminos de distintos tipos, jabones y otros artículos de necesidad básica para su hermano.
Sabía a la perfección que nadie entraba aquí, así que no debía preocuparse demasiado de si alguien descubría las cosas. Además, en el raro caso de que alguien apareciera, siempre habría un clon que se encargaría de sellar todo en un pergamino y ocultarlo.
—Hey, hermanito. —lo saludó con una sonrisa amable, arrodillándose junto al sitio donde Sasuke estaba recostado.
Este abrió los ojos y lo miró, una sonrisa ilusionada asomándose por sus labios ante la imagen de su hermano mayor.
—Nii-san, has vuelto. —musitó y, con movimientos torpes y algo temblorosos, se apoyó en sus brazos para sentarse. — ¿Jugarás conmigo hoy?
Algo dentro de él punzó dolorosamente, pero se forzó a si mismo a no demostrarlo en un afán de no preocupar a su hermano.
—Por supuesto. —se sentó a su lado, sacando los pergaminos donde traía todas las cosas. —Mira, traje algunas cosas para ti.
Naruto apretó los puños, sus nudillos volviéndose blancos por la fuerza que empleaba en ellos. Gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas al ver las imágenes pasar frente a él, reproduciéndose como una película.
No quería ni imaginar lo que tuvo que soportar Sasuke todos esos años. Solo escuchar de su estado luego de que Itachi lo encontrara lo ponía colérico. Quería salir y buscar a Fugaku Uchiha y hacer que lamentara cada segundo de no haber querido a su hijo como lo merecía. Aunque, si lo hacía, era probable que acabara matándolo. No sería capaz de contenerse.
Lo había sabido desde el inicio. Sabía que no haber podido encontrar a su compañero durante tanto tiempo solo podía significar que algo terrible le tenía que haber ocurrido, pero luego de conocer a Sasuke no se imaginó que había sufrido de semejante maltrato. Sí, el hombre era desconfiado, ocultaba cualquier sentimiento que pudiera reflejarse en su rostro y reaccionaba violentamente si lo tocaban, pero no se comportaba del modo en que Itachi estaba mostrándole.
Cualquiera pensaría que solo era algo introvertido, serio y reservado, que tal vez tuviera problemas para sociabilizar, pero no que hubiera sufrido de tales atrocidades. Cuando el omega le había contado que no tenía permitido salir, que la forma de pensar de su padre era algo retrograda, no llegó a pasársele por la cabeza que el asunto llegara a esos extremos. Ya sabía que había mucho más detrás de lo que Sasuke le había dicho, pero esto… En verdad le costaba comprenderlo.
—Sasuke se esforzó tanto por complacer a padre cuando era niño. Lo que más quería era que lo reconociera y estuviera orgulloso de él. —el Uchiha sonrió con tristeza. —Pero, al parecer, nada hubiera sido suficiente si no se presentaba como alfa.
—No lo entiendo. —confesó Naruto, sintiéndose impotente.
—Yo tampoco lo hago. —concordó Itachi. —Nunca llegué a esperar eso de padre.
El Hokage negó con la cabeza, secándose algunas lágrimas con la manga de su camisa y masajeándose la frente como si quisiera espantar una migraña.
—No, eso no. Es que… Sasuke es reservado, no habla mucho, pero definitivamente no actúa del modo que mencionas.
El pelinegro dejó escapar un suspiro cansado, su vista desviándose hacia un rincón cualquiera de la oficina.
— ¿Itachi?
El aludido se mantuvo en silencio durante un par de minutos. Luego, devolvió su vista al rubio.
—No podía permitir que mi hermano terminara en alguna especie de instituto mental. Tiene derecho a vivir su vida lo más libremente posible.
— ¿Qué hiciste? —preguntó Naruto con suavidad, sin mostrarse acusador o desconfiado, sin juzgar. Conocía lo suficientemente bien a Itachi como para estar seguro de que, lo que sea que hubiera hecho, lo hizo únicamente con el bienestar de Sasuke en mente, así que no usaría lo que le confesara en su contra.
—Sellé sus memorias. —respondió el Uchiha con simpleza, a lo que el Uzumaki abrió los ojos como platos. —Eliminé todo recuerdo causante de su trauma. Sasuke no recuerda nada sobre los años que estuvo encerrado. Le di la opción de que pudiera observar sus recuerdos, como si fuera una película en lugar de sentirlos como propios. Me pidió que le mostrara lo que padre había hecho el día de su presentación, pero se negó a observar el resto de sus recuerdos. Dijo que, aunque no tuviera sus memorias, podía sentir el peso de todos esos años en su cuerpo y alma. Respeté su decisión. Si él en algún momento me pide ver su pasado, no me opondré, aunque no creo que ese día llegue.
Por un segundo, el Uzumaki se quedó sin respirar de la impresión. Eso era algo que definitivamente no se le hubiera pasado por la cabeza, pero tenía sentido.
Pero entonces, ¿el eliminar esas memorias habría hecho algo como resetear su consciencia? ¿Era eso en verdad posible? Tal vez eso le había permitido actuar lo más parecido posible a lo que hubiera sido si hubiera continuado con su vida normal, ¿o sería de todos modos alguien completamente diferente, pero sin llegar al extremo que había visto?
Puede que fuera algo imposible de saber a ciencia cierta. Una gran parte de lo que moldea a una persona son las experiencias y lo que hay alrededor. Aunque sea una misma persona, no se comportaría igual si creciera en un lugar diferente o en situaciones diferentes.
A Naruto le llegó el vago pensamiento de cómo hubiera sido si Itachi no hubiera interferido con las memorias de Sasuke. ¿Hubiera sido Naruto capaz de ayudarlo, de hacer algo por él? ¿Habrían sido capaces de mantener una relación?
El Sasuke de los recuerdos de Itachi no era alguien en condiciones para siquiera comprender lo que ocurría a su alrededor. Era como un niño perdido que había abandonado toda esperanza y cuya mente, para protegerlo, le había hecho estancarse en un pasado que hacía mucho no existía.
— ¿Tienes todos sus recuerdos? —decidió preguntarle de pronto al Uchiha. Las imágenes que había visto pertenecían a recuerdos de Itachi, no eran los de Sasuke. Todos estaban desde la perspectiva del ANBU.
—Sí.
—Muéstramelos.
Itachi lo miró en silencio por unos segundos antes de contestar.
—Con todo respeto, Hokage-sama, creo que es Sasuke quien debe decidir si desea compartir sus recuerdos o no.
Resignado, el rubio asintió. Puede que le molestara un poco, pero Itachi tenía razón. Eran los recuerdos de Sasuke, al fin y al cabo. Si él le permitía verlos, lo haría.
— ¿Qué ocurrió luego de que sellaras sus memorias?
Itachi respiró profundo antes de volver a mostrarle su sharingan, permitiéndole a Naruto continuar presenciando sus propios recuerdos.
Acariciando delicadamente los cabellos de su hermano, Itachi suspiró con impaciencia. Lo observó descansar sobre el futón que unos días atrás le había traído, como si solo durmiera plácidamente. No obstante, la realidad es que había caído inconsciente luego de que le hubiera borrado la memoria con sus poderes oculares.
Esperaba no haber fallado en esto, que tomar la decisión de suprimir sus recuerdos no hubiera sido un error. Necesitaba que Sasuke despertara pronto para asegurarse de que todo estaba bien. Viéndolo así, se miraba casi pacífico, como si nada pudiera perturbarlo.
Continuó observándolo durante largo rato hasta que notó que arrugaba el entrecejo y apretaba los ojos, comenzando a despertar.
—Sasuke, ¿puedes oírme? —lo llamó con suavidad.
El menor frunció un poco más el ceño y sus párpados se abrieron despacio, sus ojos intentando enfocar lo que estaba en su campo de visión. Se revolvió un poco sobre la mullida superficie del futón y luego su mirada se fijó en Itachi, escaneando su rostro con atención y confusión al mismo tiempo.
—… ¿Nii-san? —murmuró con voz ronca, pero con brillo de lucidez que no estaba antes en su mirar. Era claro que el omega estaba confundido, no solo por despertar en un lugar desconocido para él, sino porque su hermano mayor no lucía como el adolescente que él recordaba, sino como un hombre hecho y derecho.
El mayor exhaló aliviado cuando este lo reconoció. Era una buena señal.
—Sí, soy yo. ¿Cómo te sientes?
El menor parpadeó un par de veces y se llevó la mano al rostro, restregándose los ojos como si estos le picaran.
—Cansado. —contestó en voz baja. —Demasiado, como si no pudiera sostenerme en pie si lo intentara.
Y probablemente no podría, no aún. Su cuerpo apenas estaba recuperando fuerzas. No hacía mucho que Itachi lo había encontrado. Tal vez un mes, sumando o restando algunos días. El cuerpo de Sasuke necesitaba mucho más tiempo para acumular las energías suficientes y que pudiera aprender a caminar otra vez, porque llevaba tantos años sin hacerlo que los músculos de sus piernas no soportarían el peso de su cuerpo. Seguía estando demasiado delgado, pero había recuperado algo de color. Tal vez en un par de semanas más podría ayudarlo a que intentara ponerse de pie.
— ¿La cabeza no te duele?
—No…—dijo y su vista se desvió a sus alrededores, registrando el pequeño espacio iluminado por una lámpara colgante en el techo. — ¿Dónde estamos? ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué me siento…? —intentó apoyarse sobre sus codos, pero los brazos le temblaron. Itachi lo notó inmediatamente y lo ayudó a incorporarse.
—Despacio. —le indicó con suavidad. —Tu cuerpo está demasiado débil para que intentes hacer movimientos tan bruscos.
Sus palabras hicieron que el menor dirigiera su mirada hacia abajo para verse a sí mismo, por primera vez notando que Itachi no era el único que estaba diferente. Temblando ligeramente observó sus manos, detallando cómo habían crecido y lo delgadas que se miraban. Tanteó sus piernas, su pecho y hasta su rostro, sintiéndose ajeno a su propio cuerpo.
— ¿Qué me pasó? —buscó desesperadamente los ojos de su hermano en busca de respuestas.
—Te lo diré, pero debes ser fuerte y saber que nada de lo que ha pasado ha sido tu culpa.
Sasuke asintió e Itachi prosiguió a contarle todo lo que había ocurrido. O, al menos, lo que él sabía con respecto a todos los sucesos. Desde el día en que Sasuke se presentó hasta que Itachi lo encontró y tomó la decisión de eliminar todo rastro de todos esos años de agonía. También le aclaró que tanto su madre como él nunca supieron nada. Su madre seguía sin estar enterada de nada, y no pensaba involucrarla hasta que estuviera seguro de que no saldría lastimada de ninguna forma.
A medida que iba narrando lo ocurrido la respiración de Sasuke se fue agitando, como si estuviera al borde de entrar en un ataque de pánico. El mayor lo sujetó contra su cuerpo y lo abrazó, transmitiéndole su apoyo y sirviéndole como un centro al cual aferrarse.
— ¿Padre en verdad me hizo esto? —preguntó con voz temblorosa, negándose a creer que lo que su hermano mayor le decía fuera real. Pero Itachi jamás le había mentido en su vida, y la pesadez y el dolor en su corazón también le indicaba que esa era la verdad. — ¿Por qué?
—Porque es un hombre que está podrido por dentro, no tiene la capacidad de amar.
—Pero yo… Yo solo quería que estuviera orgulloso de mí, así como siempre lo estuvo de ti.
—Lo sé. —le acarició el cabello y, poco después, su hombro comenzó a humedecerse. No había que ser un genio para darse cuenta de que dicha humedad provenía de silenciosas lágrimas. —Él nunca mereció tener un hijo como tú, Sasuke. Y tú lo mereces todo.
Ese día no continuaron hablando, solo se envolvieron el uno al otro y permanecieron así. Itachi incluso decidió quedarse en lugar de dejar un clon. Esta vez, el clon fue quien salió de la pequeña prisión para hacerse pasar por el Itachi real afuera y no levantar sospechas.
Solo por esta vez Itachi sentía que ambos se necesitaban el uno al otro, tanto como para no querer dejarse ir.
Pasaron varios días antes de que Sasuke de verdad pudiera comprender y, en parte, aceptar su situación actual. Tanto con respecto a los eventos acontecidos en los últimos siglos como al estado de su cuerpo. Apenas era capaz de hacer cosas solo, pero iba mejorando un poco cada día.
Le había pedido a Itachi que le hablara sobre su vida, sobre lo que había ocurrido en el mundo. Se sorprendió cuando este le contó hasta de una guerra. Al parecer, el lugar en donde se encontraban estaba lo suficientemente bien oculto para ser completamente ignorado por el mundo. Fue casi un milagro que Itachi pudiera encontrarlo.
Itachi le habló de la aldea, de las cosas más importantes que ocurrieron en términos generales, de lo mucho que había avanzado la tecnología… En algún momento también llegaron a conversar sobre la familia y sobre el padre de ambos. Sasuke le pidió ver los recuerdos de cuando había sido encerrado, como si fuera lo último que necesitara para cerciorarse de la realidad.
Había sido tan joven… Apenas un chico que en unos meses cumpliría los doce años. Sasuke le comentó que, a pesar de solo poder recordar su infancia, no se sentía para nada como un niño. No más. Era como si su mente y su cuerpo le pesaran por los años a pesar de no tener consciencia de ellos. Su hermanito entonces desarrolló un resentimiento y odio hacia su padre que no podía hacer otra cosa que compartir. Deseaba más que nada irse, ser libre y vivir su vida. Y, a juzgar por sus palabras de aquel día, no era una necesidad provocada únicamente por su encierro.
—Hay una constante sensación en mi pecho. —le había dicho el menor, llevándose la mano justo encima de donde latía su corazón y empuñándola ahí. —Es como si fuera ajena a mí pero propia a la vez. Me reconforta, pero al mismo tiempo me hace sentir que algo me falta, algo que no me permitirá sentirme completo hasta que lo encuentre.
—Ah, probablemente esa sensación sea tu conexión con tu destinado. —había sido su respuesta. —Es una presencia que está contigo desde que te presentas como alfa u omega. Te conecta a la persona que te complementa y fue hecha para ti. Tu alma gemela.
Sasuke rodó los ojos.
—Sí, todo eso ya lo sabía. —respondió, pero siguió sujetándose el pecho. —Entonces, ¿esto que siento es esa persona?
—No se me ocurre otra cosa por lo que mencionas. Por el tiempo que llevan separados, esa necesidad de encontrarse debe ser muy fuerte. —comentó vagamente. —No es algo que alguna vez yo experimentara, sabes que conozco a Izumi desde mucho antes de presentarnos. —comentó haciendo mención de su pareja. —Pero he escuchado que, entre más tiempo pase una pareja destinada sin encontrarse, más fuerte es la sensación de desesperación y que incluso puede llegar a acarrear síntomas físicos. ¿Qué más sientes?
El menor se tomó un segundo para contestar.
—Que necesito encontrarlo y puedo sentir que… que también está buscándome.
Itachi asintió en silencio.
Era muy probable que así fuera. Las conexiones entre destinados eran fuertes. No era solo una necesidad física, sino espiritual. Era el tipo de amor más puro que podía existir entre dos personas aunque ni siquiera se conocieran. El alfa destinado de Sasuke seguramente habría intentado buscarlo, pero era sencillamente imposible que se encontraran. Aunque recorriera el mundo entero, no lo hallaría. No mientras Sasuke siguiera encerrado aquí.
Entonces fue que surgió la idea.
Sabía lo que su padre planeaba hacer con Sasuke. No hace mucho lo había descubierto. Su hermanito sería vendido a cambio de una alianza con Konoha que favorecería especialmente a los Uchiha, estaba seguro. Su padre lo tenía todo planeado. El papeleo y el proceso tardarían al menos un par de años, bendita fuera la burocracia. Ese era más o menos el tiempo que tenía para sacar a Sasuke de donde se encontraba. Si Sasuke escapaba y lograba dar con su destinado, el enlace entre ellos lo volvería inservible ante los ojos de su padre. Este estaría furioso, pero Itachi podría lidiar con eso.
Sí, era una buena opción. Sasuke tendría un hogar, sería libre de todas sus ataduras, y tendría a alguien que siempre velara por él, incluso si estaba lejos.
Entonces, se giró hacia su hermano para verlo directamente a los ojos.
— ¿Quieres reunirte con tu destinado, Sasuke?
Este parpadeó, confundido.
— ¿Qué?
—Te pregunto si irías en su búsqueda. ¿Saldrías de aquí para buscarlo?
—No puedo ni ponerme de pie solo aún. —le recordó este de mala gana.
—Olvida eso. Si estuvieras en condiciones de salir e irte en su búsqueda, ¿lo harías?
—Yo…—apretó contra sí la mano en su pecho, sintiendo sus propios latidos. —Sí.
—Entonces esto es lo que haremos. —declaró antes de comenzar a explicarle su plan.
—Me encargué de que su cuerpo se recuperara, que pudiera caminar de nuevo. Le enseñé ninjutsu, lo suficiente para que pudiera defenderse. También taijutsu, lo más que pude con el limitado espacio y de vez en cuando haciendo uso de mi Tsukuyomi. Aprendió de genjutsu y a dominar su sharingan, el cual debió de haber activado en algún momento a causa de lo ocurrido con mi padre sin que se diera cuenta, porque ni siquiera en sus recuerdos está consciente de ello. Una vez que consideré que podría arreglárselas solo, lo ayudé a escapar. Eso fue ya hace un par de semanas. Sasuke se esforzó no solo porque quería ser libre, sino porque tenía la esperanza de reunirse contigo. No puedo expresar lo mucho que me alivia el rumbo que tomó la situación. Te encargo a mi hermano, Naruto-kun. Confío en que cuidarás bien de él.
—Lo haré. —respondió este sin dudarlo, consiguiendo hablar a pesar del nudo en su garganta.
Todo era… Era demasiado. Sentía que apenas podía con toda la información, con los recuerdos, las imágenes.
Quería… Quería ir a casa y abrazar a Sasuke, no dejarlo nunca ir. Sin embargo, debía cumplir con su palabra primero.
—Te llevaré con tu hermano. —decidió de pronto. —Luego seguiremos hablando.
—Sí, estoy intrigado por lo que planeas hacer con mi padre.
—Irá a la cárcel, por supuesto. —respondió el rubio sin dudarlo. —Su chakra será sellado y pasará el resto de sus días en prisión. Pero me ocuparé de eso más tarde. Deja que crea que estoy ayudándolo a encontrar a su hijo perdido. Quiero disfrutar los días libres que me quedan en paz y dejar el escándalo para luego.
— ¿Y qué hay del clan?
Naruto solo lo quedó viendo durante unos instantes. Sí, Fugaku era la cabeza de los Uchiha. Encarcelarlo definitivamente causaría revuelo no solo dentro del mismo clan, sino en toda la aldea. Muchos lo defenderían, porque los Uchiha eran fieles a su propio clan. A pesar de eso, Naruto ya tenía una idea de lo que haría con respecto a ello, pero lo discutiría con Itachi en otro momento.
—Hablaremos de eso más tarde. Vamos. —dicho esto, se acercó al mayor y colocó una mano sobre su hombro.
En un parpadeo, Uchiha Itachi y Uzumaki Naruto se desvanecieron de la oficina y aparecieron en el hogar del segundo.
Itachi nunca había estado ahí antes, pero la disposición de los muebles y la decoración le recordaban un poco a la antigua casa del Cuarto Hokage y su esposa, los padres de Naruto, a los cuales había visitado en contadas ocasiones antes de su fallecimiento. El ambiente era cálido con un toque de modernidad, pero lo que inmediatamente captó su atención fue el inconfundible aroma de su hermano menor presente en el interior, lo cual confirmaba que Sasuke estaba bajo el mismo techo que él en esos momentos.
El rubio le hizo una seña para que lo siguiera y caminó hacia la cocina, donde la silueta de Sasuke, de espaldas a ellos y vestido con una simple camiseta negra y unos shorts grises, los recibió. Por la posición de sus brazos y los movimientos que hacía, parecía estar tomando algo. Probablemente una taza de té, ya que era lo que más solía tomar cuando era niño.
—Sasuke, tienes visita.
Al escuchar su nombre, el omega se volteó.
— ¿Nii-san? —exclamó confundido el Uchiha menor, dejando de lado la taza que efectivamente era de té negro.
El alfa pelinegro no se contuvo y se acercó a su hermano, rodeándolo con sus brazos. En esta ocasión, en lugar de apartar bruscamente a la persona que lo abrazaba de improviso, Sasuke le devolvió el abrazo, la tensión de su cuerpo desvaneciéndose.
—Estás a salvo. —suspiró aliviado Itachi. —Aunque veo que no llegaste muy lejos. —comentó con cierto humor al separarse, a lo que Sasuke bufó.
—Para tu información, logré atravesar la frontera antes del tercer día de haberme marchado. No esperaba volver a poner un pie en Konoha en mucho tiempo.
Itachi rio con suavidad, colocando una mano en la parte trasera de la cabeza de su hermano para acercarlo a él y unir sus frentes.
—Sin embargo, me alegra el rumbo que ha tomado la situación. Me apenaba que tuvieras que irte tú solo como un prófugo. Al menos aquí podrás ser libre y estar a salvo sin tener que huir.
—Te preocupas demasiado. —le respondió Sasuke con voz suave.
—No puedo no preocuparme por ti, tonto hermano menor.
Naruto, quien seguía presente a pesar de que los otros dos parecían haberse olvidado de él, observó por el rabillo del ojo como una diminuta sonrisa se dibujaba en los labios de su omega.
No pudo evitar sorprenderse. Era la primera vez que lo veía sonreír y una parte suya que prefirió ignorar sintió envidia por no ser él a quien iba dirigido el gesto. Sacudió la cabeza intentando espantar esos pensamientos. Por supuesto que Sasuke sería más abierto con Itachi, al fin y al cabo era su hermano, se conocían desde hacía mucho más tiempo que los casi cuatro días que llevaban Naruto y él de conocerse. No tenía razón para estar celoso, lo que había entre Sasuke y él era la conexión más íntima y especial que podía haber entre dos personas. Solo necesitaban más tiempo para que su relación pudiera florecer de verdad.
No obstante, a pesar de comprender la lógica detrás del comportamiento de ambos Uchiha, su alfa interior seguía inquieto. Eso lo desconcertaba. Nunca había sido una persona celosa por naturaleza, o al menos no creía serlo. ¿Sería esta sensación de inquietud provocada por el tiempo que estuvieron separados?
Tal vez.
Estaban al fin juntos y aun así Naruto estaba aterrorizado de perderlo, de despertar mañana y que Sasuke ya no estuviera ahí.
Había escuchado cómo, entre más tiempo tardaba una pareja en encontrarse, más grande era la necesidad de estar juntos después. Nunca supo de alguien que llevara tanto tiempo esperando como ellos, así que cabía la posibilidad de que sus emociones estuvieran algo fuera de control por su reciente enlace.
¿Sasuke se sentiría de manera parecida?
Tan distraído estaba con sus pensamientos, que no se percató de que Sasuke e Itachi siguieron conversando hasta que su propio nombre salió en la conversación.
—… y Naruto me trajo aquí. —la voz del Uchiha menor fue la que lo mencionó. Al parecer, Sasuke estaba contándole a su hermano lo ocurrido después de marcharse de la aldea y él no se había ni enterado.
—Hm… ¿Y te ha tratado bien?
El rubio se sobresaltó con la pregunta y agradeció mentalmente que ninguno de los dos estuviera prestándole atención en ese momento. Por suerte, el tono de la pregunta era amable y no acusador. Al parecer, Itachi sabía de sobras que no tenía nada de qué preocuparse.
—No ha hecho otra cosa que cuidar de mí y… creo que podría acostumbrarme a estar aquí. Confío en él.
Naruto pudo no solo escuchar la honestidad en sus palabras, sino también sentirla, y estas le calentaron en corazón. Sí, tiempo era definitivamente lo que necesitaban, pero iban por buen camino.
Y, como si estuviera de acuerdo con él, el mayor respondió:
—Es todo lo que necesitaba saber. —Itachi sonrió, deshaciendo el abrazo. Entonces, se giró para fijar sus negros ojos en el otro alfa presente. —Gracias, Naruto-kun.
— ¿Eh? ¿Por qué?
—Por cuidar de mi hermanito.
Si era sincero, el rubio no creía que fuera necesario agradecer por tal cosa, pero de todos modos le sonrió en respuesta. Podía ver en el rostro del Uchiha mayor lo mucho que significaba para él el que Sasuke se encontrara bien y a salvo, y que en verdad estaba agradecido con Naruto por ello.
—Bueno, ya debería irme. —soltó de repente Itachi. —Tengo que ocuparme de algunas cosas. Me encargaré de que mi padre no sospeche nada en el entretiempo. —dijo esto último dirigiéndose a Naruto.
—Eso estaría bien. —comentó el rubio distraídamente. —Ya me encargaré yo de él luego. ¿Necesitas que te lleve de regreso a la torre?
Itachi simplemente negó con suavidad.
—Gracias, pero no será necesario. —respondió en tonó amable y luego regresó su atención a Sasuke. Este lo miraba con cierta ansiedad, aunque eso solo lo sabía por lo bien que lo conocía. Cualquier otra persona no habría podido leer las emociones en su rostro.
—Volverás, ¿cierto? —y la disimulada súplica fue palpable tanto para Itachi como para Naruto.
—Lo prometo. —le contestó su hermano, dándole un toquecito en la frente con dos dedos. —Pronto tú también podrás visitarme. Iremos por dango, ¿te parece?
—Suena bien. —Sasuke volvió a sonreír e Itachi le devolvió el gesto.
Luego de despedirse, el Uchiha mayor salió de la cocina para dirigirse tranquilamente hacia la puerta, a la cual Naruto lo acompañó seguido de Sasuke, quien se quedó a un par de metros de distancia. Con un último vistazo hacia ambos, Itachi salió de la casa y, en un parpadeo, ya no había ni rastro de él en el exterior.
Cerrando la puerta y, echando la llave, suspiró. Vaya que había sido un día lleno de sucesos. Apenas había estado fuera de casa por un par de horas y se sentía agotado. Una semana más de vacaciones no le caería nada mal.
Al girarse, su mirada recayó en su compañero sin que pudiera evitarlo. Este había vuelto a ponerse esa máscara de impasibilidad que lo caracterizaba, pero sus ojos eran cálidos y, si se atrevía a decirlo, afectuosos.
—Gracias por traer a mi hermano contigo. —le dijo mientras se acercaba, permitiendo que el rubio tomara una de sus manos entre las suyas y le diera un apretón.
—Por supuesto. —se apresuró a contestar. —Puedo ver lo mucho que significan el uno para el otro, nunca me interpondría.
—Hm… Itachi y yo siempre hemos sido muy cercanos. Dadas las circunstancias, es la única persona que realmente me conoce. Hasta hace poco, mi hermano era el único hogar que tenía.
Naruto en serio esperaba que el ardor en su estómago al escuchar esas palabras no se reflejara en su rostro. No quería que Sasuke pensara mal de él, no quería estropearlo, pero tampoco podía controlar sus emociones lo suficiente como para que la razón saliera victoriosa.
—Pero ahora tengo un nuevo lugar al que pertenezco.
—… ¿Eh? —por un segundo, su cerebro pareció hacer cortocircuito y se quedó ahí parado, parpadeando como bobo.
—Quiero decir que tú eres mi hogar ahora. —le dijo el omega con suavidad, acariciándole el rostro con su mano libre. —Así que no tienes por qué estar celoso.
Naruto casi se atraganta al escucharlo y le apretó más la mano por los nervios, sintiendo su rostro calentarse.
— ¿Te diste cuenta? —murmuró, avergonzado consigo mismo.
—Pude sentirlo a través de nuestro vínculo. —y, por primera vez desde que se conocían, Naruto pudo distinguir cierto tono de… ¿diversión? ¿burla? Era claro que a Sasuke le había causado cierta gracia la situación.
Ahora sí que quería enterrar la cabeza en la tierra, tal cual avestruz. Pero, al mismo tiempo, la calidez de sus palabras le llenaron el alma. Sasuke acababa de llamarlo su hogar, el sitio al cual pertenecía. Naruto quería ser eso y más, quería serlo todo para él. Quería que Sasuke pensara sobre él del modo en que él lo hacía. Quería abrazarlo y no soltarlo jamás.
Y justo eso hizo, lo rodeó con sus brazos y juntó sus labios en un beso suave pero intenso, que no llegó a profundizarse pero sí a ser lo suficientemente íntimo para transmitirle sus sentimientos.
Sasuke había inclinado un poco la cabeza hacia un lado para que el beso fuera más cómodo y le había correspondido a su abrazo. La calidez de su cuerpo contra el suyo le hizo sentirse completo. Con solo un beso, era como si todo en el mundo estuviera en su lugar, como si todas las piezas del rompecabezas encajaran perfectamente.
Se sentía feliz, dichoso. Tanto que no pudo refrenarse y, en cuanto sus bocas se separaron, suspiró:
—Te amo.
Y no fue hasta que el cuerpo entre sus brazos se tensó completamente que fue consciente de las palabras que se le escaparon de los labios y del gran error que había cometido.
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N/A: Bueno, a estas alturas ya me di por vencida y me resigné a que esté fic tendrá los capítulos que vaya a tener XD Al final puede que sí llegue a los 10 capítulos. Como mencioné antes, ya estoy escribiendo parte del epílogo, así que tampoco tendrá un número tan indefinido de capítulos porque ya sé lo qué quiero escribir, pero aparentemente soy mala calculando en cuántos capítulos abarcaré eso XD
Bueno, no creo que haya quejas por tener una historia más larga de lo planeada, ¿o sí? XD
Nos vemos en la próxima actualización.
:D
