Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Resumen: Naruto Uzumaki, Séptimo Hokage de Konoha, lleva trescientos años esperando encontrar a su destinado. Sabía que estaba vivo, podía sentirlo. Le había buscado por todos los rincones del planeta, pero siempre terminaba dándose de bruces contra la pared. ¿Acaso estaría condenado a pasar el resto de la eternidad solo?

Advertencias: Omegaverse, Narusasu, yaoi, sexo no explícito, algo de OoC, pero no demasiado xd.

.

Esperándote

.

.

Capítulo 7

.

Pánico.

Un segundo atrás todo era maravilloso y ahora era presa del pánico.

¿Qué rayos había hecho? ¿Cómo se le había ocurrido decirle esas palabras a Sasuke de un modo tan descuidado?

No había sido su intención, no quería presionarlo, no quería que cargara con el peso de sus sentimientos tan pronto. No solo era pronto, era demasiado pronto.

Sí que era un idiota. No hace mucho estaba decidido a enamorarlo, a irse enamorando él también poco a poco, pero la realidad es que estaba seguro de que ya lo amaba desde muchísimo antes. Antes de conocerlo, antes de comenzar a buscarlo, antes de saber siquiera que tenía un destinado. Era como si ya hubiera nacido con ese amor dentro de él y, en cuanto conoció a Sasuke, al fin encontró a quien dirigirlo.

Todo fue tan rápido…

—Lo siento, lo siento. —comenzó a disculparse con desesperación ante el pálido rostro de su omega. Rayos, ¡si hasta había perdido la color! —No fue mi intención, se me escapó. No quise… No, bueno, sí quise, pero… ¡Diablos! —exclamó desesperado, soltándolo para llevarse las manos a la cara y luego revolverse el cabello. —Perdóname, Sasuke. Dije mis sentimientos sin pensar, no tienes que corresponderlos aún. Sé que es muy pronto, pero no pude evitarlo. Ya estás lidiando con demasiado como para que yo venga y te diga estas cosas. No quiero que te sientas presionado solo porque yo- mpfh. —una mano contra su boca lo hizo detenerse abruptamente y abrir los ojos como platos, sus azules orbes enfocándose en su compañero, quien de un segundo para otro había pasado de lucir más pálido que una hoja de papel a tener todo el rostro enrojecido y el ceño fruncido.

—Hablas demasiado. —fue todo lo que el pelinegro dijo antes de quitar la mano de su boca, apartarse y darse la vuelta para marcharse de regreso a la cocina.

Naruto se quedó ahí de pie, parpadeando confuso. Tuvo el impulso de seguirlo, pero titubeó, inseguro.

Lo había arruinado, ¿no es así? Ahora Sasuke se sentiría presionado solo porque él no pudo detener el impulso de decirle lo que sentía. Seguramente ahora el omega se sentiría incómodo con él, ¡pero es que no había podido evitarlo! Llevaba tanto tiempo reprimiendo todo el afecto que sentía por su destinado que, ahora que lo tenía a su alcance, simplemente no podía refrenarse.

Quería pasar cada momento del día con él, quería abrazarlo férreamente cada noche, quería salir con él, presentarlo a todos sus amigos y enseñarle la aldea, quería que Sasuke lo buscara por su propia voluntad, que también tuviera esa misma necesidad de cercanía para con él, quería quería quería. Quería tantas cosas para las cuales sabía que Sasuke no estaba listo aún, y eso incluía hablar de sus sentimientos.

¿Y si ahora Sasuke se sentía tan abrumado que terminaría decidiendo que quería irse a vivir con su hermano cuando se encargaran de Fugaku?

Naruto no lo detendría y respetaría su decisión, pero era lo que menos deseaba. Quería a Sasuke justo donde estaba ahora, ahí, en su casa, el hogar que era ahora de ambos, pero si Sasuke prefería poner algo de distancia entre ellos mientras se conocían un poco mejor, bueno, probablemente regresaría a casa a llorar y a lamentarse de la vida.

"Eres patético".

Frunció el ceño al escuchar esa voz dentro de su cabeza. Ya la conocía a la perfección, llevaba escuchándola desde el día en que nació.

¿Que tú no estabas durmiendo? —le respondió en su mente de mala gana.

El enorme zorro en su interior bufó, burlándose de él.

"Lo estaba hasta que tus lloriqueos me despertaron".

Kurama, el Zorro de las Nueve Colas que se encontraba sellado en el interior de Naruto, se había mantenido callado durante los últimos días, pero eso no quería decir que ignorara todos los hechos recientes.

No estoy de humor, Kurama. —optó por decirle.

Kurama era un muy buen amigo suyo a pesar de que habían tenido un comienzo complicado. El zorro usualmente se la pasaba dormitando en su interior y a veces tendía a provocarlo un poco con sus comentarios, pero Naruto sabía lo mucho que lo apreciaba a pesar de todo.

"Qué extraño, considerando que la pasaste teniendo sexo como loco este último par de días".

Al rubio se le subieron todos los colores a la cara.

¡Ya cállate! —le gritó, tratando inútilmente de ocultar su vergüenza.

Involuntariamente se le vinieron a la mente algunas imágenes de lo ocurrido durante los días que Sasuke estuvo en celo y tuvo que sacudir la cabeza con violencia para apartar esos recuerdos.

En teoría, Sasuke y él solo se habían acostado por el celo. Si se hubieran conocido en otras circunstancias, el sexo hubiera sido probablemente lo último en sus mentes. No se hubieran enlazado tan rápido y probablemente conseguir que Sasuke confiara en él lo suficiente para venir a su casa y quedarse indefinidamente ahí le hubiera tomado mucho más esfuerzo.

Tal vez ni siquiera hubiera llegado a sentir su aroma. El celo volvía más espeso y potente el aroma de una persona y Sasuke había estado lo suficientemente lejos como para no haberlo percibido de no ser por las circunstancias. Es más, probablemente el Uchiha hubiera escondido su olor. Puede que el estar en celo le hubiera impedido ocultarlo como debería y esa fuera la única razón por la cual llegaron a encontrarse.

Ahora que su celo había terminado, a Naruto ni siquiera se le había pasado por la cabeza la idea de volver a intimar con él. No necesariamente porque no quisiera, sino porque todo era todavía tan reciente, tan nuevo y frágil, que no quería ponerlo en riesgo. Odiaba admitirlo, pero estaba aterrado de que Sasuke quisiera irse y dejarlo, estuvieran o no enlazados.

"Estás pensando demasiado".

Naruto suspiró, caminando hacia el sofá en la sala de estar y dejándose caer como un saco de papas. Colocó los codos en sus rodillas y utilizó sus manos para apoyar la cabeza en una clara posición de derrota.

"Al fin encontraste a tu compañero, deberías estar eufórico".

¡Lo estoy! —rebatió el rubio instantáneamente. —Es solo que… De verdad no quiero arruinarlo.

"No lo has hecho y no lo harás. ¿Sientes alguna emoción negativa proviniendo de tu compañero?"

El rubio parpadeó, de repente recordando el vínculo que le unía a Sasuke y concentrándose en él. Y no, no sentía ninguna emoción más allá de tranquilidad, lo que quería decir que el Uchiha por lo menos no estaba enfadado.

¿Por qué de repente vienes a consolarme?

Kurama se había mantenido en silencio esos últimos días no solo porque estar durmiendo, sino porque en verdad no quería tener nada que ver con las partes más íntimas y privadas de la vida de Naruto. Desde que se dio cuenta de que el rubio había encontrado a su compañero, se había dado la vuelta dispuesto a ignorar al mundo. Se alegraba de que Naruto al fin consiguiera lo que más había anhelado, pero no quería ver cómo se desencadenaba el asunto.

Ahora que los días del celo habían pasado y que Naruto parecía a punto de entrar en pánico, creyó que era un buen momento para intervenir y recordarle que dejara de actuar como idiota.

"Porque yo también estoy cansado de verte sufrir todos estos años. Aprovecha lo que tienes y no vuelvas a despertarme por andar pensando en tonterías".

El alfa soltó una risita.

Gracias, Kurama.

Cuando el zorro dejó de responderle, supuso que la conversación había terminado y volvió a suspirar.

Kurama tenía razón, no valía la pena hundirse en sus preocupaciones. Haría lo que estuviera en sus manos para que todo resultara bien y no dejaría que sus inseguridades le ganaran.

Sin embargo, seguía sin saber qué hacer en ese preciso momento. ¿Debería actuar como si nada hubiera pasado? ¿Hacer de cuentas que no se había confesado precipitadamente en un impulso? Tal vez eso no fuera tan mala idea…

Suspirando por enésima vez, alzó la vista hacia el reloj que colgaba en la pared. Sin que se hubiera dado cuenta la tarde ya había terminado. Con todo lo ocurrido ese día, desde la visita de Sakura hasta las reuniones con Fugaku e Itachi, ni siquiera se había percatado de lo rápido que fluyeron las horas. Hasta la semana se le había pasado rápido, puesto que ya era jueves. Qué curioso fue haber encontrado a Sasuke un lunes precisamente. Técnicamente tendría hasta el domingo para poder estar en casa sin preocuparse por el trabajo, pero tendría que llegar puntual a la oficina el lunes próximo.

Al menos ahora tenía una razón para terminar todos sus deberes durante el día y llegar a casa temprano en vez de pasarse incluso días en la oficina sin pisar su hogar. No siempre hacía eso, la mayoría de las ocasiones dejaba la oficina entre medianoche y las dos de la mañana, no porque tuviera demasiado trabajo, sino porque era su manera de distraerse y no dejar a su mente divagar. Ahora se aseguraría de dejar todo listo a tiempo para regresar a casa temprano y pasar tiempo con Sasuke.

Sacudió la cabeza, obligándose a sí mismo a dejar de divagar y concentrarse en lo que era importante en ese preciso momento. Ya eran las seis de la tarde y seguramente Sasuke tendría hambre. Él también sentía su estómago reclamarle. ¿Siquiera había comida en la cocina? Esos últimos días había enviado clones a comprar comida ya preparada, pero no se le había pasado por la mente conseguir víveres. Era probable que hubiera pan y algunos huevos, pero no mucho más que eso. Ahora que el celo de Sasuke había pasado, tal vez sería buena idea conseguir más alimentos e intentar cocinar en casa. No es que Naruto supiera cocinar realmente. Podía prepararse lo suficiente para no morirse de hambre, pero nunca se le había dado bien la cocina.

Su madre una vez había comprado un libro de recetas para intentar aprender a cocinar, ya que estuvo en la misma situación que él en la que apenas sabía prepararse unos huevos con tostadas, aunque su padre fue quien en realidad sacó provecho de dicho libro, llegando a preparar platillos realmente deliciosos. Ese libro seguía por ahí en alguna parte, quizá si lo encontraba…

Sonrió tontamente con solo la idea de lograr cocinar algo que le gustara a Sasuke, como su padre en su época hizo con su madre. Claro que tenía la mala suerte de no haber heredado sus habilidades culinarias, siendo más parecido a su madre en ese sentido, pero seguramente podría llegar a aprender una que otra cosa nueva.

Exhaló contento, acurrucándose un poco mejor en la cálida y cómoda superficie que le estaba sirviendo de almohada. El olor de su compañero lo cobijaba como una reconfortante manta, envolviéndolo por completo y haciéndole ampliar su sonrisa. Estaba tan a gusto justo así, sintiendo las suaves caricias a su cabello de vez en cuando.

Esperen, ¿algo le acariciaba el cabello?

Abrió los ojos, los cuales ni siquiera se había percatado que estaban cerrados, y se dio cuenta de que ya no estaba sentado en el sofá, sino acostado encima de este con la cabeza acomodada sobre el regazo de alguien, la misma persona que pasaba sus dedos a través de sus rebeldes mechones dorados.

Giró el rostro solo un poco y se encontró con Sasuke, quien en una mano sostenía el libro que había estado leyendo durante la mañana, su atención absorbida por las páginas, mientras que con la otra le peinaba el cabello con distracción.

Sus mejillas no pudieron evitar enrojecer, resemblando un par de tomates maduros.

¿En qué momento Sasuke había reaparecido? ¿Y cuándo se había quedado dormido? ¿Cómo terminó en su regazo?

En cuanto el pelinegro percibió su movimiento, sus oscuros ojos se despegaron de las letras y descendieron hacia él, su mano apartándose de su cuero cabelludo para terminar sobre su hombro.

—Estás despierto.

Naruto se irguió de un saltó, avergonzado por alguna razón. El Uchiha parpadeó ante su repentina acción, pero no se mostró sorprendido, simplemente se limitó a dejar su libro a un lado antes sin despegar la vista del rubio.

—Uh, ¿lo siento? —el ojiazul se rascó la nuca, algo incómodo, poniéndose algo nervioso cuando Sasuke alzó una ceja, como si le estuviera inquiriendo la razón de su disculpa. —Creí que te sentirías algo incómodo con lo que dije hace rato y, pues… ¿No esperaba quedarme dormido y que estuvieras aquí cuando despertara? —finalizó con tono de pregunta, algo inseguro de sus palabras.

Rayos, ¿por qué tenía que ponerse tan nervioso? No era propio de él.

—No lo estoy. —respondió con voz tranquila el Uchiha. —Solo me sorprendiste.

El rubio sintió sus mejillas arder otra vez y rio avergonzado.

—Sí, puede que me precipitara un poco. —admitió. —Lo dije sin pensar, aunque eso no lo vuelve menos cierto.

—Lo sé. —le dijo Sasuke, dándole a entender que no dudaba de sus sentimientos. —Pude sentirlo desde que…—se interrumpió a sí mismo y desvió ligeramente la mirada, su mano alzándose involuntariamente para rozar la cicatriz en su cuello.

Claro, desde que se habían marcado el uno al otro tenían la habilidad de sentir los sentimientos de su pareja. Entonces, ¿Sasuke ya había identificado lo que sentía por él desde que se conocieron? Naruto tenía un poco más de dificultad para reconocer las diferentes sensaciones que percibía a través de su enlace pero, al parecer, su compañero podía hacerlo con mucha más facilidad.

—Oh. —fue todo lo que se le escapó de los labios, sin saber cómo sentirse al respecto o cómo reaccionar.

Bueno, si Sasuke ya conocía sus sentimientos era algo bueno, ¿no? Porque eso quería decir que estaba dispuesto a aceptar ese afecto y que su cariño no lo espantaría a pesar de que apenas se conocían, ¿cierto?

—Lamento no poder responder aún. —regresó su mirada al rubio y, aunque su rostro se mantenía impasible, había algo entre incertidumbre y preocupación en sus ojos.

Naruto pestañeó un par de veces, sin comprender al principio, hasta que pronto lo que en verdad Sasuke quiso decir se evidenció en su mirar.

Lamento no poder responder a tus sentimientos aún. Lamento no poder decir "te amo" de vuelta… aún.

Como contestación, una sonrisa se asomó en su rostro.

—No me importa. —dijo y luego apretó los labios, sacudiendo la cabeza justo después antes de corregirse. —Quiero decir, puedo esperar el tiempo que necesites. Nunca intentaría forzarte a algo para lo que no estás listo todavía.

Sasuke no estaba preparado para expresar sus sentimientos, si es que los tenía claros. Pero eso no importaba, porque a Naruto ya nada le costaba esperar un poco más. Podrían ir avanzando un poco cada día y construir una relación sana y estable con el tiempo.

Con ánimos renovados, lo tomó de las manos y lo jaló junto a él para que ambos se pusieran de pie, guiándolo de nuevo hacia la cocina donde terminaron cenando huevos revueltos con pan a falta de algo más nutritivo, aunque a ninguno de los dos pareció importarle.


Removiéndose un poco en la cama, Sasuke alzó la vista y observó el techo de la habitación. Sus movimientos eran limitados por un par de brazos enrollados firmemente alrededor de su cuerpo y una cabeza apoyada sobre su hombro.

En estos pocos días que llevaba ahí se había dado cuenta que Naruto tendía a aferrarse a él durante las noches, lo que no le extrañaba dada su afectuosa naturaleza y, aunque no fuera algo que le molestara en particular, sí tenía sus desventajas. Como intentar levantarse para ir al baño en la noche y no poder por estar atrapado entre sus brazos.

Suspiró, pensando en si valdría la pena intentar zafarse y despertar al rubio en el proceso, o si tal vez debería quedarse ahí y esperar a ver si sus brazos se aflojaban en algún momento y le daban la oportunidad de liberarse.

Unos minutos después y antes de que pudiera terminar de decidir su curso de acciones, Naruto se giró sobre su espalda soltándolo con uno de sus brazos para estirarlo encima de su cabeza. Listo. Eso era todo lo que necesitaba para deslizarse fuera de la cama sin tener que despertarlo en el proceso.

Frotándose el rostro con las manos, el Uchiha camino hacia el cuarto de baño y cerró la puerta para poder encender la luz. Tuvo que parpadear un par de veces para acostumbrar sus ojos a la repentina iluminación. Sin prisas, procedió a hacer sus necesidades y continuamente lavarse las manos, sus ojos fijos en el agua que fluía de la llave, llevándose la espuma de sus manos con ella. Recogió un poco en sus palmas para salpicarse el rostro, sintiendo la frescura del vital líquido relajarle un poco.

Suspiró, exhalando todo el aire de sus pulmones cuando se topó de nuevo con su reflejo en el espejo. Seguía percibiendo su rostro como si fuera ajeno, más aún cuando le recordaba tanto a su madre. También resemblaba bastante a Itachi, aunque eso tampoco era de extrañar. Ambos se parecían más a su madre que a su padre. Si no fuera por su color de cabello, igual al de Fugaku, y las marcas en su rostro que nacían bajo sus ojos, Itachi también sería idéntico a Mikoto.

Sus ojos descendieron un poco hasta enfocarse en la ya casi completamente curada cicatriz en la base de su cuello. Si la tocaba con sus dedos, podía sentir la diferencia en la textura de la piel en esa zona y la calidez que emanaba.

Tomó una toalla para secarse las manos y la cara y apagó la luz, saliendo del baño y cerrando la puerta tras de sí. Su mirada encontró la cama casi inmediatamente, donde Naruto dormía profundamente sin percatarse de nada de lo que ocurría a su alrededor.

Dio un paso en su dirección, pero al instante se detuvo con un suspiro. Ya no tenía muchas ganas de seguir durmiendo. En lugar de regresar a la cama, caminó hacia la ventana, apartando un poco la cortina para ver el exterior. A juzgar por la cantidad de luz, tal vez fueran las cinco de la mañana, así que a pesar de ser temprano podría quedarse despierto sin sentirse cansado durante el día.

Tratando de no hacer mucho ruido, salió de la habitación, dirigiéndose hacia las escaleras para posteriormente bajar a la primera planta. Encendió las luces de la sala y la cocina y tomó lugar en el sofá mientras esperaba a que estuviera listo el té que había dejado preparándose previamente. No estaba de mucho humor para leer, así que se limitó a poner un codo en el brazo del sofá y apoyar la barbilla en su mano.

Quería evitar divagar, pero su mente le hizo pensar involuntariamente en toda la incertidumbre que sentía con respecto al futuro. Aun con su padre fuera del asunto, ¿qué sería de él de ahora en adelante?

No era algo que se hubiera dado el lujo de pensar. Al inicio, su único objetivo era alejarse lo más posible. Dicho objetivo se vio frustrado en cuánto conoció a Naruto, y ahora estaba justo en el sitio contrario de donde originalmente había planeado estar. Su plan original era alejarse de Konoha lo más posible y, en lugar de eso, al parecer seguiría viviendo dentro de la aldea durante mucho tiempo, solo que en circunstancias diferentes.

Tal vez fuera algo injusto pensar mal de Konoha, ya que nadie dentro de este lugar tenía la culpa de las acciones de su padre, pero saber que lo tenía tan cerca y que seguía libre lo estresaba y lo ponía ansioso. La aldea como tal era un lugar tan desconocido como lo sería cualquier otro sitio en el cual hubiera terminado. Apenas recordaba los pocos sitios que conocía de antaño y, además, un pueblo no se mantenía igual durante el paso de los años. A estas alturas le todo resultaría completamente irreconocible, estaba seguro. ¿Habría lugar para él aquí a pesar de todo?

Escuchó un silbido desde la cocina y supo que su té estaba listo y, tan solo un par de minutos después, se encontraba en el mismo sitio en el sofá, pero con una taza de té entre sus manos.

Pensó vagamente que tal vez solo debería dejar que las cosas se desarrollaran de a poco y, luego, decidir sus acciones de acuerdo con lo que fuera ocurriendo. No sonada como un mal plan, aunque la inquietud que sentía no se desvanecía. Lo único que le brindaba seguridad y confort dentro del huracán de problemas dentro de su cabeza era…

— ¿Sasuke?

Instintivamente su cabeza se alzó en dirección al llamado, su mirada pronto encontrándose con su alfa, quien se encontraba junto al final de las escaleras tallándose un ojo con cierta insistencia. A juzgar por sus hombros caídos y que apenas podía mantener los párpados abiertos, acababa de despertar y, al no encontrarlo junto a él, había decidido bajar a buscarlo.

— ¿Estás bien? ¿No puedes dormir? —le preguntó acercándose, cubriéndose la boca con una mano cuando un involuntario bostezo se le escapó de los labios.

—Me levanté para ir al baño y no pude volver a dormir, así que vine por una taza de té. —le dejó saber, colocando su taza a un lado. —No hacía falta que te levantaras a buscarme. Deberías volver a dormir.

—Oh, no, no. —negó apresuradamente. —Te haré compañía. —volvió a bostezar.

Sasuke puso los ojos en blanco.

—Apenas estás despierto.

Naruto sonrió torpemente y se rascó detrás de la cabeza, sentándose a su lado de todos modos y reprimiendo otro bostezo.

En cualquier otra situación, probablemente le hubiera hecho caso al pelinegro y hubiera regresado a la cama, pero sus instintos se habían intranquilizado al despertar sin su pareja cerca y no pudo evitar levantarse en su búsqueda. No quería que Sasuke pensara que lo estaba acosando ni nada relacionado, pero le tomaría un tiempo a su alfa interno calmarse lo suficiente para no tener los nervios a flor de piel todo el tiempo.

Naruto era un alfa recién enlazado que había pasado siglos buscando a su compañero, era completamente natural que se sintiera tan dependiente de la presencia de su omega. Tenerlo cerca, saber dónde estaba, mantener un contacto frecuente… No era un capricho, era una necesidad. Con el paso del tiempo lograría mantener a raya sus instintos, pero sería imposible tan pronto. Solo esperaba no agobiar a Sasuke en el proceso.

Una ligera sacudida a su hombro lo hizo dar un respingo y abrir los ojos, los cuales ni siquiera se había dado cuenta que había cerrado. Otra vez, como había ocurrido el día anterior, que se había quedado dormido en las piernas de Sasuke sin siquiera notar en qué momento este había regresado a buscarlo luego de su no planeada confesión.

—Regresa a la cama. —su voz oscilaba entre una orden y una petición.

—No, no. —volvió a negar el rubio, esta vez frotándose los ojos con cierta rudeza, intentando espantar el sueño. —De hecho, ya que estamos despiertos…—el Uchiha alzó una ceja ante esa última palabra. —Hay algo de lo que quiero hablarte.

— ¿Sobre qué? —cuestionó con cierta curiosidad, cesando en sus intentos de hacer que regresara a la cama a descansar.

—No sé si sea buen momento para hablar sobre esto, pero… Bueno, creo que en realidad no existe un buen momento para hablar de esto. —musitó más para sí mismo la última oración y después suspiró. —Ayer que hablé a solas con Itachi, me dijo que selló tus memorias y que no puedes recordar lo que viviste todos estos años.

El Uchiha no pareció sorprendido por lo que le estaba revelando. Ni siquiera se inmutó, solo se mantuvo en silencio para permitirle proseguir.

—Pero me comentó que a pesar de eso él sí guarda tus recuerdos.

—Sí, quiso mostrármelos pero me negué. —confesó Sasuke.

—También mencionó eso. —añadió y luego soltó otro bostezo. —Comprendo la razón por que lo hiciste. —dijo al final vagamente y se quedó un momento en silencio.

Sasuke lo miró sin decir nada más, solo asintió en silencio. No parecía perturbado por el tema de conversación, ni parecía molestarle que Naruto supiera sobre el asunto, así que el rubio lo tomó como una buena señal para hacer la pregunta que deseaba.

—Sé que esto puede resultarte incómodo y no me molestaré si te niegas, estás en tu derecho de…

—Quieres ver mis memorias y estás pidiéndome permiso para hacerlo. —Sasuke dedujo rápidamente y lo dijo sin más rodeos innecesarios.

Naruto parpadeó, un poco más despierto que antes, sintiéndose sorprendido con lo rápido que el omega había deducido sus intenciones a pesar de que no debería, puesto que ya tenía una muy buena idea de lo rápida y eficaz que era su mente.

—Eh… Sí. ¡Pero no tienes que contestarme justo ahora! —se apresuró a decir para que este no sintiera que lo estaba presionarlo. —Puedes tomarte tu tiempo para pensar si…

— ¿Estás seguro de lo que quieres? —lo interrumpió el Uchiha con voz grave y seca. —Itachi debió hablarte de ello. Mis recuerdos no son nada agradables de ver o experimentar.

—Lo estoy.

—Entonces no me importa que lo hagas. No guardo ninguna especie de apego hacia ellos, y si sirven como prueba de lo que mi padre ha hecho, supongo que está bien.

El Uzumaki dudó un momento al notar la carencia de emociones en su rostro, como volvía a ocultarse detrás de esa barrera de indiferencia.

— ¿Estás seguro? —porque si Sasuke en verdad no deseaba compartir sus memorias con él, no insistiría, sin importar lo mucho que quisiera verlas.

—Puedes verlos. —el pelinegro le otorgó su permiso. —Con una condición.

—Dime.

—No hables sobre lo que veas conmigo ni con nadie más, nunca. Si lo haces, jamás volveré a confiar en ti.

El ojiazul abrió ligeramente los ojos ante su grave voz, el filo de amenaza haciéndose notar levemente entre lo monótono de su hablar. Supo que en verdad perdería a Sasuke si llegara a incumplir sus palabras.

—Lo prometo. —juró solemnemente. Y él, Naruto Uzumaki, jamás rompía sus promesas.

El Uchiha asintió en respuesta, su mirada fija en él. Todo su cuerpo irradiaba tensión y Naruto hizo amago de acercarse para acariciarle los brazos y reconfortarlo, pero este se hizo hacia atrás en reflejo, rehuyendo de su toque. No había sido una reacción consciente ni adrede, por lo que el rubio no se amedrentó y gentilmente le frotó los brazos de arriba abajo, sintiendo los tensos músculos bajo sus dedos.

Vio como su compañero fruncía levemente el ceño y apretaba la mandíbula, pero en ningún momento lo rechazó cuando el alfa lo atrajo hacia sí y lo instó a acomodar su rostro contra su cuello. Naruto lo sostuvo así, sintiéndolo exhalar temblorosamente contra su piel y aferrarse a su hombro con una mano.

—Lo siento. —lo oyó murmurar. —No puedo recordar, pero… a veces es como si algo dentro de mí sí lo hiciera. —y me aterra, pensó, pero no lo dijo en voz alta.

El rubio recordó vagamente las palabras de Itachi del día anterior, cuando le dijo que Sasuke sentía el peso de su pasado en su cuerpo y alma, y como contestación solo lo estrechó un poco más entre sus brazos.

Unos minutos más tarde, el agarre en su hombro se aflojó y el ritmo de la respiración de su compañero se tornó lento y pausado.

Con cuidado, deshizo el abrazo para verlo y darse cuenta de que este se había quedado profundamente dormido.

—Genial, y ahora soy yo quien ya no tiene sueño. —soltó entre dientes con una sonrisa irónica.

Pasándole un brazo por debajo de las axilas y otro detrás de las rodillas, lo levantó y lo cargó de regreso a la habitación, depositándolo sobre la cama con toda la delicadeza del mundo. Luego, dejó un beso en su frente y otro en su cuello.

—Estarás bien. —le susurró a pesar de que no pudiera escucharlo. —Te ayudaré a sanar, es una promesa.


Los días restantes de la semana volaron en relativa tranquilidad.

A Naruto jamás se le hubiera ocurrido que en verdad había estado seriamente necesitado de unas vacaciones hasta que finalmente pudo desconectar su mente de cualquier cosa relacionada con su trabajo por algunos días.

Las horas se le escaparon haciendo cosas dentro de casa, con la compañía de su omega. Cuando este no se encontraba leyendo, se dedicaba a prestar atención a cualquier cosa de la que Naruto le platicara. Le habló de sus padres, anécdotas de su infancia y adolescencia, y algunas cosas relacionadas con su vida más reciente. Sasuke siempre lo escuchaba atentamente y le preguntaba cosas con relación a la aldea o a su persona.

El rubio alfa definitivamente había subestimado lo mucho que necesitaba tener a alguien que compartiera así con él. Su casa finalmente comenzaba a sentirse como un verdadero hogar y, oh, cómo le encantaba y le calentaba el pecho.

Mas, él sabía que la verdadera tranquilidad no llegaría hasta resolver ciertos asuntos pendientes, y esa era precisamente la razón por la cual Itachi Uchiha se encontraba de nuevo en su sala de estar, tomando una taza de té junto a su hermano en silencio en el sofá.

—Así que has decidido dejar que Naruto-kun vea tus memorias. —habló el Uchiha mayor, dirigiéndose a Sasuke. — ¿Y estás seguro de tu decisión?

Sasuke se encogió de hombros, dándole otro sorbo a su té.

—Si estás seguro…—suspiró, poniéndose de pie y encarando a su Hokage. —Debo advertirte, Naruto-kun, que lo que veas puede volverte inestable.

Naruto inmediatamente se giró hacia Itachi con ojos llenos de determinación y firmeza.

—Muéstramelo.

Sin decir nada más, el Uchiha mayor activó su sharingan y le transmitió todos los recuerdos de Sasuke al rubio. Le tomó apenas un par de segundos ver casi tres siglos de memorias, todas las imágenes pasando frente a sus ojos como una película. Pero no solo eso, Itachi también le transmitió los sentimientos y emociones de Sasuke según este iba experimentándolas conforme a los años.

Vio escena tras escena, comenzando con un niño de trece años confundido y dolido, sintiéndose traicionado por su padre, hasta que con el paso de los años este se convirtió en algo que no supo reconocer, todo resquicio de su cordura quebrándose y desvaneciéndose en un intento de protegerse a sí mismo de la realidad de la cual era víctima.

Era demasiado. La rabia, la agonía, el dolor, la soledad… Era simplemente demasiado.

Para cuando las imágenes acabaron y volvió a la realidad, gruesas lágrimas caían por sus mejillas como cascadas de agua salada y sentía que apenas podía respirar. Se llevó una mano a la cara sin poder reprimir el sollozo que se le escapó.

— ¡Maldición! —gritó, asestando un fuerte golpe contra una pared, consiguiendo atravesarla sin esfuerzo, su voz llena de desesperación e ira.

Escuchar por boca de Itachi lo que le había ocurrido a Sasuke no se comparaba en lo más mínimo a verlo con sus propios ojos.

— ¡Debería destrozar a ese maldito bastardo con mis propias manos! —rugió furioso, un aura asesina desprendiéndose de él al mismo tiempo que su aroma se liberaba de modo amenazante.

Itachi no se inmutó, pero Sasuke abrió ligeramente los ojos al ver a su compañero de esa forma, el aroma de su furia picándole en la nariz. No se sentía en peligro en lo más mínimo, pero no pudo evitar sorprenderse ante lo que presenciaba.

Su hermano mayor lo miró fijamente por un par de segundos y después dirigió su vista al Uzumaki, como indicándole a Sasuke que hiciera algo al respecto. Sería peligroso para él hacer algún movimiento por dos razones elementales: con la ira a flor de piel, el alfa de Naruto detectaría cualquier otra presencia que no fuera propia como una amenaza y, aunque ya conocía a Itachi, no eran lo suficientemente cercanos como para evitar que pudiera atacarlo; segundo, lo más probable es que solo Sasuke pudiera calmarlo considerando que él era a quien el alfa del rubio más deseaba proteger, además de que era su compañero.

Sasuke comprendió la seña y se acercó con calma a Naruto, colocando una mano en su hombro. Este se giró violentamente, sus ojos destellando en rojo y las marcas en sus mejillas resemblando arañazos. Lágrimas todavía corrían por sus mejillas, empapando su rostro.

Una punzada de dolor le atravesó el pecho al observar su mirada llena de pura rabia y dolor, además de que podía sentir todo el remolino de emociones que el alfa estaba experimentando a través de su vínculo.

—Tranquilízate, Naruto. —le dijo con voz suave, liberando un poco de su aroma para intentar tranquilizarlo.

Fue como haber presionado un interruptor. De un segundo a otro, el alfa lo tenía aprisionado entre sus brazos y con su rostro enterrado en el hueco de su cuello.

— ¡Lo siento tanto, Sasuke! —sollozó. —Debí haberme esforzado más para encontrarte, debí-

—No te culpes. —el omega le frotó la espalda con las manos. —Ni tú ni mi hermano tienen la culpa de nada. —murmuró, recordando cómo Itachi había hecho lo mismo. Se había culpado por no haber descubierto antes todo el lío de mentiras que ocultaba su padre.

—Me necesitabas y no estuve ahí.

Sasuke se apartó un poco para acunar el rostro del rubio entre sus manos, limpiando gentilmente sus lágrimas de esos ojos que volvían a tener el mismo color del cielo.

—Estás aquí ahora, eso es todo lo que importa.

Naruto no pudo contenerse y volvió a abrazarlo con fuerza, su cuerpo todavía temblando y negándose a separarse de él. El omega le permitió el contacto por el tiempo que él sintiera necesario hasta que finalmente, varios minutos más tarde, el rubio finalmente lo dejó separarse un poco, acunando una pálida mejilla para acercarse y besarlo con gentileza.

Itachi carraspeó, interrumpiendo el momento y recordándoles a ambos de su presencia en la estancia.

Las mejillas de Sasuke se ruborizaron ligeramente y se llevó una mano empuñada a la boca, tosiendo un poco para disimular su vergüenza. Naruto sonrió un poco, pero luego su rostro volvió a enseriarse.

—Enviaré un clon contigo para hablar con Shikamaru y arreglar esto de una vez por todas. —le dijo a Itachi mientras creaba un clon, que apareció justo junto a él. —No pienso permitir que Fugaku pasee libremente ni un minuto más. Nos encargaremos de esto hoy mismo.

El Uchiha mayor asintió con la cabeza y, en un parpadeo, él y el clon habían desaparecido.

Exhalando profundamente, Naruto volvió a rodear a Sasuke con sus brazos y apoyó su cabeza contra la suya, haciendo amago de toda su fuerza de voluntad para no echarse a llorar como un bebé otra vez.

—No dejaré que nadie vuelva a hacerte daño, lo prometo, lo prometo. —murmuró como una plegaria. —Mientras yo viva, cuidaré de ti, ¿de acuerdo? Y serás libre para hacer lo que tú quieras, siempre te apoyaré.

El pelinegro le devolvió el abrazo, cerrando los ojos con un suspiro de alivio. Pronto se encontraron ambos en el sofá, aún en brazos del otro, solo consolándose en silencio mutuamente.

— ¿Sería muy tarde para entrenarme como shinobi? —le preguntó de repente el Uchiha con un deje distraído.

— ¿Eh? —el rubio parpadeó, apartándose un poco para mirarlo, una de sus manos fija en su cintura y la otra acariciando su antebrazo.

—Dijiste que podría hacer lo que quisiese.

— ¿Quieres ser un ninja? —cuestionó el ojiazul con cierta sorpresa. Aunque no debería de extrañarle, considerando que Itachi le había mencionado que había hecho lo más posible por entrenar a Sasuke para que pudiera valerse por sí mismo al escapar.

El omega se encogió de hombros en respuesta.

—Cuando era niño solía asistir a la Academia. Aprendí cosas básicas e Itachi solía entrenar conmigo, pero no llegué a graduarme antes de presentarme.

Naruto asintió y adoptó un gesto pensativo.

—Bueno, ya no tienes la edad para estudiar en la Academia. —respondió con cierto humor. —Pero no existe tiempo límite para convertirse en shinobi. Te conseguiré un maestro que pueda entrenarte. —le prometió. —Te harás fuerte y no volverás a sentirte impotente nunca más. —dijo, sellando sus palabras con un beso.

—Te tomaré la palabra.

Sin decir nada más, Naruto le sonrió y volvió a acomodarse contra él. Disfrutaría de ese pequeño momento de paz mientras durara. En unas pocas horas se desataría la tormenta.

.

.

.

N/A: Ya estamos en la recta final. Uno o dos capítulos más, depende de qué tan largas me salgan las escenas, y se viene el epílogo.

Muchas gracias a todos por leer y los veré en el próximo capítulo

:D