Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Resumen: Naruto Uzumaki, Séptimo Hokage de Konoha, lleva trescientos años esperando encontrar a su destinado. Sabía que estaba vivo, podía sentirlo. Le había buscado por todos los rincones del planeta, pero siempre terminaba dándose de bruces contra la pared. ¿Acaso estaría condenado a pasar el resto de la eternidad solo?

Advertencias: Omegaverse, Narusasu, yaoi, sexo no explícito, algo de OoC, pero no demasiado xd.

.

Esperándote

.

.

Capítulo 8

.

Sasuke miró con curiosidad a su alrededor, sus oscuros ojos detallando con atención cada parte de la oficina del Hokage.

Era la primera vez que pisaba la Torre Hokage en toda su vida. Era común que los ninjas, desde que se graduaban y se convertían en genin, frecuentaran el lugar para ser encomendados con misiones y pasar reportes, pero como él no había llegado a terminar la academia, nunca tuvo la oportunidad de conocer el sitio donde se encontraba.

Era un salón relativamente amplio con un escritorio en el centro y varios gabinetes que probablemente guardaban una inmensa cantidad de archivos y documentos. Detrás del escritorio había unas grandes ventanas donde se podía apreciar la vista de la aldea completa, y del otro lado, colgando de la pared, se encontraban los retratos de todos los Hokages anteriores.

El Uchiha reconoció sin problemas a los cuatro primeros, pero la mujer que ocupaba el puesto de Quinta Hokage era una completa desconocida para él. Cabellos rubio claro, una mirada severa y lo que parecía ser un rombo en el centro de su frente. "Senju Tsunade, Quinta Hokage" se leía en una placa bajo la fotografía. Era el mismo apellido que los primeros dos Hokages, así que no descartaba el hecho de que pudieran estar emparentados.

A su lado, estaba el retrato de un hombre que, aunque no estaba seguro de quién era, sí se le hacía algo familiar. Creía haber visto ese cabello plateado y desordenado y esa máscara en un hombre que de vez en cuando se detenía a hablar con Itachi, cuando Sasuke aún era un niño. "Hatake Kakashi, Sexto Hokage", decía su placa correspondiente.

Su mirada se desvió a la imagen de un rubio de ojos azules, que resemblaban increíblemente a los de Naruto.

Namikaze Minato. —leyó en un susurro.

Hasta para una persona que no los conociera sería evidente que estaban emparentados. Sasuke no recordaba haber visto ese específico color de ojos y cabello en nadie más. Era claro que Naruto había heredado esas características de su padre, aunque la forma de su rostro y sus facciones diferían bastante. Tal vez fueran rasgos de su madre, aunque todavía no había visto ninguna fotografía suya.

Continuó observando los rostros de los antiguos Hokages durante unos minutos más y luego caminó hacia la pared más cercana y se recostó en ella, cruzándose de brazos en lo que esperaba que Naruto regresara.

Se habían teletransportado aquí hace no mucho y, justo después de llegar, el rubio le había pedido que lo esperara en lo que iba a buscar a su consejero. Eso ya hacía unos veinte minutos, y la verdad era que comenzaba a aburrirse.

Cerró los ojos y frunció levemente el ceño durante una fracción de segundo justo cuando la puerta se abrió repentinamente, el Séptimo Hokage entrando abruptamente, jadeando como si hubiera corrido un maratón y con un par de bolsas colgando de sus brazos.

— ¡Uff! —exclamó este, cerrando la puerta tras de sí y buscando con la mirada a su compañero, dirigiéndole una sonrisa arrepentida. —Lo siento, salí a buscar a Shikamaru y de la nada recordé que ya es mediodía y que ninguno de los dos ha comido nada, así que salí a buscar algo para comer. —alzó las bolsas con una mano, agitándolas levemente. —Son onigiris, fueron lo más rápido de hallar y comprar.

En silencio, Sasuke caminó hacia él y aceptó una de las bolsas, abriéndola para encontrar cinco onigiris bien envueltos en algas nori.

—Son de salmón. —le informó el alfa, sonriéndole animadamente. —Podemos comer en lo que Shikamaru viene.

Sasuke pensó vagamente si le convendría enfrentar su antiguo hogar y a su padre con el estómago lleno o si debería esperar hasta que todo hubiera terminado para comer algo. Al final, ante la mirada expectante del rubio, sacó uno de los onigiris y, sin desenvolverlo del nori, le dio el primer mordisco. Naruto lo imitó, comiéndose la mitad de su primer onigiri de un solo bocado.

Estaba algo ansioso, ¿de acuerdo? Y no dejaba de repasar en su mente la conversación que había tenido anteriormente su clon con Itachi y Shikamaru un par de horas atrás.

Cuando su clon acompañó a Itachi de regreso a la Torre Hokage, no lo había hecho solo como un acto de amabilidad. Necesitaban planear sus siguientes movimientos, preparar a los ninja que los acompañarían, y hablar sobre lo que ocurriría y las consecuencias que acarrearían sus acciones.

Naruto no estaba del todo convencido de qué tan bueno sería para Sasuke acompañarlos, aunque fuera el principal involucrado. Sí, sabía que era algo que el Uchiha necesitaba hacer y que quería hacer, pero eso no evitaba que se preocupara.

Observó distraídamente a Sasuke mientras este comía en silencio con la mirada dirigida hacia la vista tras las ventanas. No lucía particularmente tenso o afectado por la situación. Su enlace le permitía percibir la tranquilidad que sentía en ese momento, como prueba de su confianza hacia sus promesas anteriores. El omega confiaba en él lo suficiente como para no preocuparse de lo que le depararía más adelante, y eso lo hizo sentirse feliz.

Mientras devoraba su último onigiri se escucharon dos toques en la puerta antes de que la cabeza del consejero de Naruto se asomara dentro de la oficina.

—Séptimo, ya todo está listo. —le avisó este, ingresando al lugar. Le hablaba a Naruto, pero sus ojos no pudieron evitar desviarse a la otra persona presente. El pelinegro también lo miraba, pero su rostro no dejaba ni la más mínima pista de los pensamientos que cruzaban su mente.

— ¡Ah, Shikamaru! Te estuve buscando. —comentó el rubio.

—Sí, salí a almorzar. Ya sabes que a Temari no le gusta que no llegue a comer a casa. —dijo, encogiéndose de hombros. —Entonces…—su mirada volvió a desviarse a Sasuke y su acción fue captada por Naruto, quien parpadeó un momento antes de reaccionar.

—Ah, sí, no los he presentado aún. Shikamaru, este es Sasuke, mi destinado. —señaló al omega con una sonrisa y luego se dirigió hacia él. —Sasuke, este es Shikamaru, mi consejero y uno de mis mejores amigos.

—Es un placer conocerte. —el Nara dio un par de pasos al frente y le ofreció su mano.

Sasuke miró su mano durante unos instantes antes de alzar la vista hacia la oscura mirada del otro alfa.

—… Igualmente. —contestó, pero no se movió para tomar su mano como saludo.

Shikamaru, al notar que no obtendría más respuesta, carraspeó un poco y retrajo su mano con algo de incomodidad. Aunque, por lo poco que sabía del Uchiha, podía comprender que este tuviera dificultades tanto para confiar en otros como para relacionarse, por lo que no se lo tomó personal.

Naruto se rascó la nuca ansioso al notar la leve incomodidad de la situación, aunque, si era sincero, le sorprendió un poco que Sasuke le respondiera a Shikamaru del todo. Él honestamente creyó que solo inclinaría la cabeza o algo por el estilo como saludo, pero no que le respondería verbalmente.

—Bueno, eh… Dices que todo está listo, ¿no?

—Así es. Los ANBU ya están vigilando a Fugaku. Está en casa, así que no perderemos tiempo localizándolo.

El Hokage asintió, su rostro tornándose decidido.

—Es tiempo, entonces.

Shikamaru asintió, dando la vuelta y saliendo de la oficina, dejándolos solos nuevamente.

En medio del silencio, Naruto estiró un brazo para tomar una de las manos de Sasuke y darle un suave apretón. Sus miradas se encontraron, ébano y celeste brillante contrastando entre sí.

— ¿Estás listo? —le preguntó el alfa.

Recibió una mirada llena de determinación como contestación.

—Vamos.


El barrio Uchiha había cambiado mucho con los años, pero al mismo tiempo reflejaba la misma esencia que él recordaba.

Las casas seguían teniendo un estilo tradicional, contrario a lo poco que había conseguido atisbar de la Konoha actual, que ahora tenía un aire más moderno. La mayor diferencia era la cantidad y la distribución de las casas, que parecían albergar a una mayor cantidad de personas que antaño.

Había algunos niños corriendo por las calles, adultos realizando sus labores, pero no era un lugar particularmente ruidoso. Los Uchiha nunca habían sido así, al fin y al cabo. No era de sorprender que no reconociera a nadie, pero era evidente que su propia apariencia sí resultaba ser algo familiar para los demás, ya que varios se le quedaron viendo durante su trayecto. Bueno, eso y que el Séptimo Hokage no se aparecía todos los días con una hilera de ANBU detrás de sí y con un hombre que claramente tenía algún tipo de relación con el clan, dado su aspecto.

Sasuke caminaba a paso firme, siguiendo a Naruto a poco más de un metro de distancia. Cuatro personas más caminaban detrás de ellos, todos portando el uniforme y las máscaras que en algún momento recordaba a Itachi haber utilizado mucho tiempo atrás. No tenía idea de si sabían quién era, o de qué estarían pensando, ya que ninguno había abierto la boca en todo el trayecto y ver las expresiones de sus rostros era imposible. Pero no le tomó mucha importancia.

Sus ojos registraban cautelosamente sus alrededores, cómo la gente se detenía al notar su presencia, pero no intentaban saludar ni acercarse. Delante suyo, Naruto caminaba por un rumbo que para él ya estaba olvidado, una capa blanca que tenía bordadas las letras de su título sobre sus hombros, como una clara evidencia de su autoridad.

Se introdujeron bastante profundo dentro del distrito de los Uchiha y, cuando al fin se detuvieron, Sasuke observó la casa frente a ellos. Estaba tal y como la recordaba, bien cuidada a pesar de los años. Una ola de nostalgia ante los recuerdos de una infancia lejana le contrajeron el pecho, pero al mismo tiempo una punzada de rencor se le unió a ese sentimiento. Su padre le había quitado casi trescientos años de su vida, todo por su manera de pensar tan arcaica y sexista.

Y ahora se encontraba ante él.

El hombre apareció a través de una puerta corrediza, el chakra de Naruto habiéndole anunciado su presencia. Pero no sabría que Sasuke estaba ahí hasta que lo viera, ya que había tenido cuidado de enmascarar tanto su chakra como su aroma. El rubio alfa también había escondido su olor, pero no se molestó en hacer lo mismo con su energía. Quería que el patriarca de los Uchiha estuviera alertado de su visita.

Fugaku Uchiha avanzó unos pasos, cerrando la puerta tras de sí y encarando a su Hokage. Sasuke, desde su posición detrás del rubio, no podía verlo directamente, pero su ceño se frunció al oír su conocida voz.

—Hokage-sama, ¿a qué debo el honor de su inesperada visita?

El aludido le sonrió, manteniendo la fachada y saludando cortésmente al mayor.

—Fugaku-san, lamento venir sin avisar, pero le tengo buenas noticias que ameritaban ser dadas personalmente.

Sasuke frunció un poco más el ceño, preguntándose qué era lo que Naruto estaba planeando hacer. El corazón le retumbaba en los oídos, sin saber si era causado por nervios o ansiedad. Tal vez ambos.

— ¿Es sobre mi hijo? ¿Han logrado dar con su paradero? —preguntó con un tono de ilusión bastante convincente para quien no conociera sus motivos ocultos.

Naruto sonrió en respuesta.

—Se alegrará de saber que hemos encontrado a Sasuke y lo hemos traído hasta acá sano y salvo. —comentó casualmente haciéndose a un lado y dejando al Uchiha menor ante la mirada del patriarca de los Uchiha.

Este abrió los ojos desmesuradamente al verlo y Sasuke no pudo evitar enfocar los suyos en el rubio, algo alterado debido al curso de las acciones de este. Sin embargo, una sola mirada a esos irises azules le dijo que no había nada de lo cual preocuparse. Solo tenía que confiar en él.

Y lo hacía.

—Sasuke, hijo…—habló Fugaku, avanzando hacia él.

Sasuke inmediatamente dio un paso hacia atrás por reflejo, digiriéndole una mirada que no podría ser descrita como otra cosa que puro desprecio.

—Ni se te ocurra acercarte a mí. —gruñó, empuñando las manos.

El mayor se detuvo y lo miró con ojos severos.

— ¿Qué ha pasado contigo, que rechazas a tu propio padre?

Su pregunta lo enfureció.

— ¡Un padre no dejaría a su hijo podrirse en un agujero durante años solo por no cumplir con sus expectativas! Me echaste a un lado como basura y, solo cuando encontraste algo para lo que utilizarme es que fuiste a buscarme otra vez, ¿no es así? —no quería dejar que su voz expresara tanta rabia e ira, pero no podía evitarlo, no cuando el hombre frente a él le había arrebatado tanto. Sasuke había sido solo un niño deseoso de ser poseedor del orgullo de su padre, dando siempre lo mejor de sí para lograrlo. No obstante, nada de lo que hubiera hecho habría podido complacerlo. Su padre ni siquiera lo quería porque, de haberlo hecho, jamás lo habría condenado a tan terrible destino.

El mayor le dirigió una mirada seria.

—Deben haber jugado con tu mente. —fueron sus siguientes palabras. —Hemos estado buscándote por tantos años… Ven a casa, encontraremos el modo de ayudarte. —y, dicho esto, estiró su mano hacia él, pero esta fue apartada con brusquedad por el menor.

—Tócame y yo mismo acabaré con tu vida. —amenazó, sus ojos brillando de un color escarlata.

— ¡Te atreves a amenazarme cuando me debes la vida! —Fugaku le gritó, furioso por su desafío.

— ¡Tú me arrebataste la vida!

— ¿Qué está ocurriendo aquí?

La pequeña disputa se detuvo cuando una tercera voz se hizo presente. Desde donde estaba parado, Sasuke pudo atisbar la figura de la persona a quien más había añorado durante tanto tiempo.

Mikoto se encontraba en la puerta. Al parecer, los gritos habían llamado su atención y la hicieron salir para averiguar lo que pasaba. Lucía cansada, muy cansada. El brillo que Sasuke recordaba en sus ojos se había apagado considerablemente y las ojeras bajo sus párpados evidenciaban lo exhausta que se encontraba. Y, a pesar de eso, seguía tan hermosa como en sus memorias.

—Madre…—murmuró sin poder evitarlo, sintiéndose débil de repente.

La mujer jadeó cuando sus ojos se posaron en él y se llevó una mano al pecho. Las manos le temblaron visiblemente y dio la impresión de que en cualquier momento podría desmayarse.

Sasuke se olvidó por completo de su padre cuando Mikoto se acercó a él con los ojos llenos de lágrimas y, contrario a su reacción anterior, no se apartó cuando unas cálidas manos se estiraron hacia él y le acariciaron el rostro despacio.

—Oh, Sasuke…—lloró. —Mi preciado niño, ¿en verdad eres tú? Dime que mis ojos no vuelven a engañarme…

Teniéndola justo frente a él, tan pequeña y frágil, sintió su corazón doler. Entonces, sin poder evitarlo, sus brazos la rodearon y enterró su rostro desesperado en el hueco de su cuello, sollozando como un niño pequeño, sin importarle que cualquiera pudiera verlo. Los brazos de su madre le devolvieron el gesto, la humedad de sus lágrimas bañándole la ropa.

Fugaku, aprovechando la situación, intentó actuar como el padre amoroso que estaba interpretando y se acercó con la intención de abrazarlos a ambos, pero una mano sujetándolo con fuerza del brazo lo detuvo.

Sus oscuros ojos se toparon con los azul celeste del Séptimo, quien lo miraba con una expresión indescifrable en el rostro.

—Me temo que no puedo permitirle acercarse a Sasuke y a su madre. —habló con firmeza, sin aflojar su agarre.

— ¿De qué hablas? —inquirió el otro, olvidando las formalidades. — ¡Soy su padre!

—Y también el responsable de su supuesto secuestro años atrás, ¿o me equivoco?

Antes de que pudiera contestarle, una presencia detrás de él tomó sus brazos y los puso a su espalda, inmovilizándolo al mismo tiempo que ponía un sello temporal a su chakra, dejándolo imposibilitado de utilizar cualquier tipo de jutsu.

Cuando Fugaku se giró para encarar al responsable, no pudo caber en su sorpresa al encontrarse con el rostro inexpresivo de su hijo mayor.

— ¡¿Qué significa esto?! —rugió colérico, sacudiéndose para intentar liberarse antes de que dos de los ANBU lo sujetaran de los hombros. —¡Itachi!

—Me disculpo, padre. Solo cumplo con mi deber. —y, aunque sus palabras expresaban una disculpa, el tono de su voz no lo hacía.

— ¿Qué hacen? —preguntó alterada Mikoto, sin soltar a su hijo menor. No comprendía nada de lo que estaba pasando y solo veía como de la nada inmovilizaban a su marido como si fuera un criminal.

—Lamento el espectáculo, Mikoto-san. —se disculpó honestamente Naruto, dirigiéndose a la mujer. —Pero Fugaku será detenido como responsable de una lista larga de crímenes, principalmente por falsificar la muerte de su propio hijo y aprisionarlo durante años en cuestionables condiciones.

— ¿Qué? —musitó incrédula la mujer. Regresó la vista a Sasuke, buscando algo en su mirar que desmintiera las palabras anteriores, pero solo encontró un dolor tan profundo que su alma se estremeció. Al final, regresó la vista a su marido. — ¿Fugaku?

— ¡Están todos locos! ¡No tienen pruebas para hacer esto!

Naruto sonrió con ironía y se metió las manos en los bolsillos.

—En realidad, tenemos de sobra. —le informó, desviando sus ojos a Itachi, quien asintió en respuesta. —Ya envié ANBUs a inspeccionar el sitio donde Sasuke estuvo encerrado durante todos esos años, e Itachi no solo es un testigo, sino que nos ha aportado documentos muy interesantes sobre el tratado que erróneamente dejé en sus manos.

El hombre abrió los ojos desmesuradamente, viendo como todos sus esfuerzos se derrumbaban frente a él.

— ¿Sabe cómo fue que en realidad conocí a Sasuke? —preguntó casualmente el Séptimo. —Me topé con él poco después de que dejara Konoha y, desde entonces, ha estado viviendo en mi casa. Me lo contó todo, desde lo que ocurrió el día en que se presentó hasta que salió de los muros de Konoha.

— ¡Está mintiendo! ¡Le han lavado el cerebro!

—No está mintiendo. ¿Y quiere saber cómo lo sé? —y, para dar respuesta a la incógnita, se jaló el cuello de la camisa y dejó su marca de apareamiento al descubierto, el significado detrás de ella haciendo mella en la cabeza del Uchiha mayor.

Fugaku no era tonto. Él, al igual que prácticamente toda la aldea, conocía a la perfección los hechos y rumores circulando alrededor del destinado de Naruto. Y, claro, los número concordaban con los sucesos ocurridos años atrás. No había que ser un genio para sumar dos más dos.

—Tienes suerte de haber sido descubierto hasta ahora, Fugaku. Algunos años atrás, probablemente no me hubiera contenido y te habría destrozado yo mismo por lo que le hiciste a mi compañero. —comentó casualmente, recordando la impulsividad que solía caracterizarlo de adolescente. No es que eso se hubiera perdido totalmente, pero había aprendido a actuar pensando un poco más las cosas conforme el paso de los años. —Ahora creo que me conformaré con verte encerrado por el resto de tu vida.

El hombre lo miró con odio, pero Naruto no se inmutó en lo más mínimo, solo hizo un gesto con la mano para indicarle a los ANBU que se lo llevaran.

— ¡Suéltenme! —rugió el mayor, resistiéndose al trato. — ¡Hice que lo que tenía que hacer para mantener el honor de mi familia! ¡Un omega en mi casa solo traería deshonra! ¡Para lo único que sirven es para abrir las piernas y-!

Naruto había empuñado las manos, listo para partirle la cara de un golpe antes de que pudiera decir una sola palabra más pero, para su sorpresa, alguien se le había adelantado.

El golpe fue lo suficientemente fuerte para romperle la nariz y, probablemente, también algunos dientes, haciéndole sangrar y desfigurar el rostro por el dolor. Cayó al piso de rodillas al no poder equilibrarse y tosió un poco, manchando con algunas gotas rojas el piso.

—No permitiré que vuelvas a insultar a mi hermano. —la voz de Itachi se escuchó firme ante todo.

Su padre lo miró entre pasmado y colérico, sintiendo la sangre resbalar por el costado de su boca.

En silencio, Mikoto observó a escena incrédula y, con pasos temblorosos se acercó a su marido y buscó sus ojos, que se alzaron para verla desde su posición.

— ¿Hiciste todo esto…? —hizo una pausa para respirar profundo, intentando que no se le quebrara la voz. — ¿Le hiciste todo esto a nuestro hijo porque no fue un alfa como tú querías?

—Si hubiera sido beta al menos hubiera servido para algo.

La mujer se cubrió la boca para tapar un sollozo para luego ser apartada del hombre por las gentiles manos de su hijo mayor. Deseó darle una bofetada, pero el cuerpo le temblaba demasiado y no podía conseguir que le respondiera, así que se permitió apoyarse en Itachi.

No hubo más intercambio de palabras. Todo los habitantes del Clan Uchiha observaron incrédulos como un grupo de ANBU se llevaba a la cabeza del clan. Los cuchicheos comenzaron a escucharse por montones, como un río de voces fluyendo entre las casas.

Naruto suspiró, viendo a sus subordinados alejarse y confiando en que Shikamaru estaba listo para recibirlos en la Torre Hokage. Escuchó el desolado llanto de Mikoto, quien era abrazada ahora por Itachi en un vano intento de calmar su dolor.

Descubrir que su propio esposo era el responsable de la desaparición de su hijo le quemaba el alma y sería un peso difícil de sobrellevar, pero Naruto esperaba que fuera lo suficientemente fuerte para superarlo, luego de todo lo que había sufrido.

Buscó a Sasuke con la mirada, notando como sus ojos enrojecidos observaban fijamente el sitio por donde se habían llevado a Fugaku. Acercándose, le puso una mano en el hombro. Entonces Sasuke lo miró y, sin que pudiera predecirlo, le rodeó la cintura con los brazos y enterró su rostro en su cuello.

—Gracias…—murmuró.

El rubio le devolvió el abrazo, estrechándolo entre sus brazos.

—Ha terminado.


Explicarle todo lo ocurrido a Mikoto fue un desafío que Itachi decidió tomar. Creía ser el más indicado para hacerlo y en eso Naruto tuvo que estar de acuerdo.

La mujer lloró durante lo que parecieron horas, abrazando a su hijo menor y llenándolo de besos mientras se disculpaba una y otra vez por algo que en realidad no era culpa suya. Sasuke se dejó hacer, cerrando los ojos para recibir el amor de su madre, a la que tanto había añorado. Se sentía como un niño de nuevo, estando en sus brazos, feliz y querido.

Naruto también recibió un abrazo y miles de palabras de agradecimiento de Mikoto, quien jamás olvidaría lo que había hecho por su hijo. Además, el rubio era ahora parte de la familia, y fue bienvenido por ellos con los brazos abiertos.

Mikoto los invitó a tomar el té luego de haberse tranquilizado un poco, tiempo que Naruto aprovechó para informarles a todos lo que ocurriría con Fugaku desde ese día.

El hombre iría a juicio y sería sentenciado, condenado a pasar el resto de su vida en prisión. Parecido a lo que él intentó hacer con Sasuke, solo que seguiría siendo tratado como un ser humano, aunque fuera uno despreciable. Su chakra sería sellado permanentemente y no tendría ninguna oportunidad de ser liberado condicionalmente en el futuro. Pasaría todos los años que le quedaban tras las rejas, y al patriarca de los Uchiha aún le quedaban muchos años por vivir, así que sería una larga vida en prisión.

No mencionó lo que pasaría con el Clan Uchiha ahora que habían perdido a su líder, de eso se encargaría luego, pero realmente no le preocupaba el destino del clan. Sabía que estarían en buenas manos, y la cabeza del clan seguiría siendo parte de la familia principal, así que esperaba que no se armara demasiado revuelo.

Al escuchar cuál sería la condena de su esposo, Mikoto solo asintió en silencio y apretó los labios, disgustada y avergonzada consigo mismo por haber confiado en ese hombre a pesar de todo. Aceptar todo lo que estaba pasando le tomaría un tiempo, al igual que tardaría en que sus emociones y pensamientos se estabilizaran, pero haría lo necesario para salir adelante. Sus dos hijos estaban bien y a salvo, esa era suficiente razón para motivarse a sí misma a seguir.

—Sabía que Fugaku tenía algunos pensamientos anticuados con respecto a los subgéneros, pero jamás pensé que fueran tan radicales ni que fuera a ponerlos por encima del amor por sus hijos. —musitó Mikoto voz apagada, llena de culpa. Si hubiera sabido antes de la manera de pensar de Fugaku, podría haber protegido a su hijo. Nunca imaginó que su propio padre iba a despreciarlo solo por su segundo género.

Fugaku solía ser muy estricto con Sasuke, mucho más que con Itachi. Mikoto sabía que su hijo mayor era un prodigio de esos que se veían una vez por generación, y eso hizo que Fugaku esperara que cualquier otro hijo que tuviera fuera así, cuando las posibilidades eran casi nulas.

Sasuke había sido un chico dedicado y muy inteligente y, aunque sus habilidades estuvieran por encima del promedio, jamás serían suficientes para su padre. Mikoto intentó hacerle ver a su esposo lo mucho que Sasuke se esforzaba por cumplir sus expectativas, pero el hombre nunca la escuchó realmente.

Aun así, en verdad había creído que su esposo quería a sus dos hijos. Ambos eran encantadores, ¿cómo no podría quererlos?

Pero, al parecer, se había equivocado.

—Padre nunca me quiso. —habló Sasuke con cierta brusquedad. —Mi presentación solo fue la excusa que necesitaba para deshacerse de mí. Si en verdad hubiera sentido algún tipo de cariño por mí por ser su hijo, que fuera hombre, mujer, alfa, beta u omega no le hubiera importado.

Mikoto bajó la mirada, Itachi suspiró, y Naruto solo los miraba a los tres en silencio, sintiendo que estaba irrumpiendo en un momento que no le correspondía.

—Si tan solo lo hubiera sabido, yo…

—No fue tu culpa, madre. —Sasuke intentó consolarla.

La mujer, que estaba sentada junto a él frente a la mesa, se giró en su dirección y estiró los brazos, acariciándole el rostro con las manos.

—Oh, Sasuke… Perderte me rompió el corazón, habría dado lo que fuera por regresar en el tiempo y haber estado ahí. —sus dedos le delinearon el rostro con cuidado en un toque cálido y reconfortante. —Y ahora estás aquí otra vez… Y mírate, has crecido tanto…

El menor alzó una mano para ponerla sobre una de las que le sostenían las mejillas.

—Tú estás tan hermosa como te recuerdo. —sus palabras consiguieron hacerla reír y que volviera a abrazarlo. —Te extrañé, madre.

Itachi y Naruto observaron la escena con una sonrisa, ambos conmovidos por la demostración de afecto. Naruto por un segundo pensó en lo que daría por volver a abrazar a su madre una vez más. Estaba feliz porque Sasuke ahora podría abrazar a su madre cuántas veces quisiera y esperaba que por mucho tiempo más.

No solo eso, Sasuke sería capaz de vivir su vida libremente de ahora en adelante. Podría ser lo que él quisiera, podría hacer lo que él quisiera, tendría a su familia con él… Tal y como merecía.

Comenzó a notar que la intensidad de la luz iba disminuyendo y un vistazo a la ventana le confirmó que ya estaba haciéndose tarde. Tal vez fuera tiempo de regresar a casa y permitirle a los Uchiha algo más de privacidad que, estaba seguro, necesitaban.

Así que sin más, se puso de pie e hizo una leve reverencia.

—Gracias por el té, Mikoto-san, pero ya es algo tarde y creo que es hora de marchar.

Sus palabras hicieron que Mikoto se pusiera de pie inmediatamente, siendo imitada por sus dos hijos.

— ¿No te quedarás al menos a cenar? —le pregunto la pelinegra, acercándosele.

—No quiero molestar. —dijo rascándose la nuca. —Además, Shikamaru debe estar esperándome en la oficina para terminar de resolver algunas cosas.

—Si estás seguro…—cedió Mikoto para luego tomar la mano libre de Naruto entre las suyas. —Ven cuando quieras, ya eras bienvenido aquí antes y lo eres más ahora. Y gracias.

—No tiene porqué agradecerme.

—Yo creo que sí. Me devolviste a mi hijo. No me alcanzará la vida para agradecerte. —y la honestidad en su voz era palpable.

—Solo hice lo que tenía que hacer.

—Aun así, gracias, Naruto.

El rubio le sonrió en respuesta y pronto su mano fue liberada. Salió del salón después de insistir un poco de que no era necesario que lo acompañaran a la puerta, y puede que la única razón por la cual Mikoto terminó cediendo fue porque estaba realmente cansada emocionalmente. Entonces, Naruto caminó había la salida de la casa. Escuchó el sonido de voces amortiguadas durante unos segundos y, unos instantes después, pisadas tras de sí.

Volteando hacia atrás, se sorprendió un poco de ver a Sasuke siguiéndole.

— ¿Sasuke? ¿Qué haces? —preguntó con confusión.

El pelinegro alzó una ceja.

—Nos vamos, ¿no? —dijo como si fuera evidente.

Los párpados del rubio se abrieron ligeramente.

— ¡No! —se apresuró a responderle. —Al fin estás con tu familia, deberías quedarte, pasar más tiempo con tu madre. Yo de verdad tengo que ir a la oficina ahora, pero vendré a verte luego, ¿de acuerdo?

¿A verme?, vagó en la mente del Uchiha. Dichas palabras le sonaban mucho a que el rubio hablaba de una simple visita, llegar y luego marcharse, y esa idea lo hizo fruncir el ceño levemente.

Se encontró a sí mismo en conflicto. Por un lado, deseaba quedarse y estar con su madre y hermano más tiempo, y por otro, deseaba volver a casa con Naruto. Inhaló profundo al darse cuenta que ya consideraba el hogar del rubio suyo también, a pesar de que habían pasado apenas unos días.

No obstante, las palabras del ojiazul lo hicieron dudar.

—… ¿Estás seguro?

Como respuesta, el alfa solo le sonrió.

Dando un par de pasos hacia él, el omega tomó su rostro entre sus manos y juntó sus labios. Naruto cerró los ojos instantáneamente y correspondió al beso, subiendo las manos a sus costados.

Fue apenas un roce, algo casto pero íntimo, pero que lo hizo no querer separarse jamás. Aunque, bueno, eso le pasaba cada vez que Sasuke lo besaba. Tal vez ya estuviera demasiado perdido y sin oportunidad de rescate, aunque no es como si quisiera ser rescatado.

—Entonces te estaré esperando. —escuchó que le decía y sus palabras hicieron a su corazón latir con más energía.

Sin embargo, cada paso que daba al alejarse de la casa de los Uchiha pesaba más que cientos de ladrillos. Sintió la mirada de Sasuke puesta en él hasta estar lo suficientemente lejos como para que ya no pudiera divisarlo y, solo entonces, ignorando las miradas curiosas y una que otra pregunta, se teletransportó fuera del lugar.


Shikamaru le informó, justo después de llegar a la oficina, que Fugaku había sido puesto bajo arresto sin ningún problema y que tenían todos los papeles y pruebas necesarias para realizar el juicio al día siguiente. El hombre se había resistido a como pudo, por supuesto, pero con los sellos temporales en su chakra y un grupo de ninjas de élite bien entrenados, no tendría la oportunidad de liberarse ni armar escándalo. Ojalá le doliera el orgullo su repentina falta de poder.

Naruto le agradeció profundamente por el trabajo extra que le había encargado y por los días que estuvo cubriéndolo en su ausencia. En verdad que Shikamaru era de los mejores amigos que jamás podría desear. Lo había apoyado desde siempre, y seguía haciéndolo sin falta hoy. Y, por eso mismo, le pidió que se fuera temprano para compensar.

—Falta terminar algunos detalles, no me molesta quedarme un rato más. —fue la contestación del Nara. —Pero sí está haciéndose tarde, ¿no deberías ir terminando también para volver a casa?

El rubio se rascó distraídamente una mejilla y apoyó los codos en su escritorio, sobre varias hojas revueltas.

—No realmente…—murmuró en voz baja, sin despegar la vista de los documentos.

—Llevas esperando años para tener a alguien en casa a quien regresar, ¿y ahora no quieres irte? —le preguntó incrédulo su consejero. — ¿Tan pronto discutieron?

Naruto parpadeó un poco y se frotó los ojos con una mano.

—No es eso. —hizo un puchero. —Sasuke está en casa de su madre, se quedará ahí. Y antes de que digas nada, yo fui quien se lo pidió. —continuó, notando que su amigo estaba a punto de abrir la boca otra vez.

Shikamaru suspiró con resignación. No dijo nada por algunos segundos, pero después comentó vagamente: —Eso explica por qué estás tan inquieto.

— ¿Eh? —el ojiazul alzó la vista al otro alfa, confundido.

—Tienes ansiedad por separación. —le informó. —Ya sabes que una pareja recién enlazada tiene la necesidad de pasar mucho tiempo junta al inicio, más si son destinados, y más si llevan tanto tiempo separados como ustedes.

—Apenas han pasado un par de horas…—rebatió el rubio, acentuando su puchero como si se tratara de un niño. Pero ya no lo era. Era un adulto, debería ser capaz de soportar estar solo, pero…

—Y no has podido concentrarte en casi nada, no dejas de removerte inquieto y suspiras cada cinco minutos.

Derrotado, Naruto se dejó caer hacia atrás, exhalando profundamente cuando su espalda quedó apoyada en el mullido respaldar de su asiento. Tal vez Shikamaru tenía un punto, pero ¿qué podía hacer? No podía traer a Sasuke consigo de vuelta, no cuando al fin estaba con su madre otra vez, y no podía quedarse en la casa de los Uchiha porque sentía que estaba invadiendo un espacio que no le correspondía.

Solo le quedaba resignarse y ceder. Ya vería a Sasuke luego, si tenía suerte antes del juicio. Después lo llevaría a recorrer la ciudad, a conocer a sus amigos, a comer en Ichiraku… Le conseguiría un maestro con quien pudiera entrenar, lo ayudaría a volverse más fuerte, que no volviera a sentirse indefenso nunca más.

Para cuando regresó a su casa, unas horas después, era casi medianoche. De repente le parecía que su hogar estaba más vacío que nunca, a pesar de que el aroma de Sasuke se mantenía presente en la estancia. Le daba la sensación de que las paredes se alejaban, volviendo el espacio más grande y más vacío. Pero eso no tenía sentido, ¿cierto? Ya llevaba solo mucho tiempo, una noche más no debería ser tan difícil…

Pero estar en el nido sin él no se sentía correcto. Ir a la cocina por algo de comer y no poder compartirlo no se sentía correcto. El silencio vacío del lugar no se sentía correcto.

Respirando hondo un par de veces, Naruto tomó una almohada y una manta y decidió que el sofá sería su cama esa noche. No se sentía capaz de dormir en la cama él solo, no cuando el aroma de Sasuke estaba tan impregnado en ella.

Una vez en el sofá, se acomodó varias veces y en varias posiciones, pero no conseguía sentirse cómodo.

Suspiró.

El sueño tardaría rato en encontrarlo.

.

.

.

N/A: Ahora sí confirmo que solo un capítulo más y tenemos el epílogo XD

Por cierto, estuve enferma junto a todos en mi casa y eso me mató las ganas de siquiera usar la computadora y menos escribir, por eso tardé tanto en sacar el capítulo xd

Ahora que eso ya pasó, lo escribí todo en un par de días en un extraño ataque de inspiración XD