-¿Qué son estos papeles, Maite? – pregunté tomando varias cuartillas de la mesa.

La pintora se me acercó y apoyó su mentón en mi hombro, mientras me enlazaba por la cintura. El roce de su piel en mi cuello y mi mejilla volvió a estremecerme.

-Es la última carta que te escribí.

-Tus cartas mantuvieron mis esperanzas en la peor época de mi vida, Maite. Leerlas era como tenerte un poco a mi lado, y contestarlas era la única forma de no ahogarme en el mundo de apariencias en que me había metido. Cuando dejaron de llegarme, los pensamientos más negros me rondaron, y pensé que ya no había ninguna oportunidad para nosotras, que te había perdido definitivamente.

-Seguí escribiéndote incluso cuando dejaste de contestarme porque era la única forma de seguir cerca de ti, aunque estaba empezando a desesperarme, y entonces me llegó el recado de tu madre, y ni siquiera llegué a terminar esta para enviártela. Hice el equipaje de cualquier manera y me subí al primer tren que iba para España.

Me giré hacia ella, apoyando mi frente en la suya, disfrutando de sentir su respiración y su aroma envolviéndome.

-Al fin cogiste aquel tren…

-Sí. El tren que me llevó camino a ti.

Las cuartillas llenas de la elegante letra de Maite cayeron al suelo, mientras la pintora y su aventajada alumna se dedicaban a comunicarse sin necesidad de palabras. Atardecía en París.

Disclaimer: los personajes pertenecen a la serie Acacias 38 de RTVE y Boomerang Televisión.