El timbre de la casa de Izuku sonó pasadas las 10 y media de la mañana. Izuku salió a abrir la puerta en delantal y con un paño anudado a la cabeza para evitar llenarse el pelo de polvo. Tras la puerta esperaba Ochako con una bolsa en la mano y una mochila a la espalda.
—¡Deku-kun! —exclamó con alegría al verlo.
—¡Uraraka-san, no te esperaba tan temprano! —respondió Izuku quitándose rápidamente el paño de la cabeza con las mejillas sonrojadas—. Aún estoy terminando de ordenar y limpiar la casa.
—Ya me lo imaginaba. He venido antes para echarte una mano.
Izuku se apartó para dejar entrar a su mejor amiga. Ochako se quitó los zapatos en la entrada y se puso unas zapatillas que Izuku sacó del mueble de la entrada para ella.
—No era necesario, de verdad. Me las hubiera apañado por mí mismo.
Ochako siguió a Izuku por el pasillo que conducía al salón. Izuku había alquilado un piso de una sola habitación en un edificio situado a unas pocas calles del trabajo. Era una barriada tranquila y familiar. La casa se distribuía alrededor de un salón amplio que contaba con un sofá, una televisión y una mesa alta para cuatro personas que en ese momento estaba sepultaba bajo decenas de bolsas. En realidad, todo el salón se encontraba lleno de trastos que apenas dejaban sitio para moverse.
—¿De verdad pensabas que ibas a acabar tú solo con todo esto antes de que llegáramos? —le preguntó Ochako al ver el desastre.
—Bueno, habíamos quedado dentro de tres horas. Esperaba que para entonces, la casa tuviera mejor aspecto.
—Iida-kun y Tororoki-kun llegaran sobre las 12 y media, ¿verdad?
—Sí —respondió Izuku.
—Entonces no tenemos tiempo que perder. ¿Dónde puedo dejar mis cosas?
—En mi habitación. Debe de haber sitio encima de mi cama —dijo con cierta duda en su voz—. Es la puerta que está a la izquierda.
Ochako se adentró en la casa y abrió la puerta que le había indicado Izuku. La habitación era bastante amplia, pero también estaba llena de maletas y cajas sin desempaquetar. Izuku ni siquiera había tenido tiempo se colocar los posters y las figuras de All Might que solían llenar su habitación. Ochako dejó su mochila encima de la cama y salió con cuidado. Después le pidió permiso a Izuku para dejar la bolsa que había traído en el frigorífico y se dirigió a la cocina.
—Son dulces típicos de Fujinomiya—explicó.
Ochako había sido contratada en Fujinomiya, una ciudad de la prefectura de Shizuoka, a dos horas en tren de Shinjuku. Su poder y la habilidad que había adquirido para dominarlo habían llamado mucho la atención después de que hubieran terminado sus estudios en la UA. Varias agencias de héroes habían contactado con ella y finalmente, había decidido trasladarse a la agencia de Fujinomiya por ser la que mejores condiciones y salario le ofrecía.
Rápidamente, se pusieron manos a la obra. Izuku le fue indicando a Ochako dónde debía poner cada cosa. El poder de la chica era muy útil a la hora de mover muebles pesados entre tantas cajas y bolsas.
—La casa estaba amueblada —explicó Izuku—, pero me hacía falta un escritorio, una estantería y una cajonera. Así que, al final, tuve que comprar algunos muebles.
Izuku colocó todos sus libros y cómics en la estantería tan pronto como Ochako la hubo movido hasta su habitación. Su amiga se fijó en que todavía conservaba sus cuadernos de análisis de héroes que había ido elaborando en sus años de instituto y de academia.
—En mi tiempo libre, me gusta revisarlos y añadir detalles de los que no me había dado cuenta antes —dijo Izuku—. Aunque no lo creas, son muy útiles.
—Tu capacidad de observación siempre ha sido asombrosa —rio ella.
Pero lo que era aún más asombroso, pensó Ochako, era el hecho de que los libros de Izuku ocuparan varias de las cajas que inundaban su habitación, pero que su fondo de armario cupiese en apenas una de ellas. Mientras Izuku sacaba las camisetas y las metía ordenadamente en la cajonera, Ochako le insistía en que debía comprarse algo más de ropa, y de paso modernizar un poco su estilo. Las palabras de Katsuki se colaron de inmediato en sus recuerdos:
«Ese nerd tiene un gusto horrible para la ropa.»
—Apenas tengo tiempo para usarla, Uraraka-san —explicó Deku—. La mayor parte del tiempo llevo mi traje de héroe. Y en el tiempo libre que tengo, me las apaño con lo que tengo.
—Pero ¿qué te vas a poner cuando tengas una cita?
La cara de Izuku se tornó roja en apenas unos segundos y su lengua se trabó.
—¿Ci-Cita?... —repitió—. Yo no suelo tener citas, Uraraka-san.
—Pero ¿y si surgiera la oportunidad? Últimamente te has vuelto muy popular, Deku-kun. Desde que ascendiste al puesto 19 en el ranking todo el mundo habla de ti.
—Es porque he estado trabajando muy duro para ascender… No tengo tiempo para esas cosas —explicó, todavía rojo como un tomate.
Le resultaba horriblemente incómodo hablar de su casi inexistente vida amorosa. Durante esos años, se había centrado tanto en su trabajo y en su objetivo de convertirse en el héroe más grande de Japón que se había olvidado por completo del plano amoroso.
—Por cierto, ¿cómo va todo por Fujinomiya? —preguntó en un intento desesperado por cambiar de tema.
—Muy bien, la verdad. He estado trabajando mucho últimamente y mis jefes han reconocido mi esfuerzo. Por eso, cuando les pedí el día libre para venir a visitarte, no pudieron decirme que no —rio—. Estoy muy contenta. Gano lo suficiente para vivir y para enviarle a mis padres una parte de mi sueldo.
—Eso es genial, Uraraka-san. Es lo que querías.
—Sí, no podría pedir más. ¿Y tú qué tal? ¿Has vuelto a encontrarte con aquel criminal?
—De hecho, sí. Pero si no te importa, preferiría que lo habláramos esta noche tranquilamente. Tengo muchas cosas que contarte.
—Pareces un poco decaído, Deku-kun.
Izuku se dio cuenta de que su expresión se había entristecido mientras guardaba los últimos enseres de la cocina y recogía las bolsas del salón. Se volvió hacia su amiga y mostró una sonrisa sincera.
—Tranquila, solo estoy un poco inquieto. Me gustaría que me escucharas y me dieras tu consejo.
—Por supuesto —respondió ella, terminando de quitar el polvo de los muebles—. Cualquier cosa que te preocupe, puedes contármela.
—Gracias, Uraraka-san.
Para cuando Todoroki e Iida tocaron la puerta, la casa estaba lista e Izuku y Ochako, agotados. Izuku se arrastró hasta la puerta y recibió a sus amigos intentando ocultar su cansancio. Hacía bastante tiempo que no los veía. Todoroki había entrado a trabajar en la agencia de su padre, Endeavor, mientras que Iida había sido contratado en la agencia en la que había trabajado su hermano mayor, como el nuevo Ingenium.
Izuku sacó varias bandejas de sushi que había comprado en una tienda cercana el día anterior y comieron y bebieron durante largo rato mientras se ponían al día. Como siempre, Todoroki era el menor hablador, y aun así contó anécdotas que le habían ocurrido mientras trabajaba con su padre. Al parecer, la relación con Endeavor se había suavizado, aunque Shoto seguía sin obedecerle demasiado. Tenya, sin embargo, seguía siendo tan disciplinado y responsable como siempre, y siempre hacía todo lo que le ordenaban sus superiores.
—Pronto será El día de los héroes —anunció Izuku—. Al parecer, en Shinjuku realizan una gran celebración en nuestro honor. Quizás podríais venir. Lo pasaríamos bien.
—Podría rellenar una solicitud y entregársela a mi jefe. Entregándola con suficiente tiempo de antelación, no creo que haya problema —reflexionó Iida.
—No creo que yo tenga problema en venir. Pediré permiso —dijo Ochako.
Todoroki tragó el nigiri de salmón que acababa de meterse en la boca y asintió.
—Yo sí puedo. Se lo diré a Endeavor.
—¿No deberías preguntarle previamente? —le preguntó Iida.
—No —respondió tranquilamente, cogiendo con los palillos otro nigiri.
—No deberías de ser tan despreocupado, Todoroki-kun —le regañó Iida—. Piensa que manejar una agencia conlleva mucho trabajo. Una buena organización requiere previsión.
—Se las apañarán sin mí.
—Eso no es responsable de tu parte.
Ochako rio ante la dinámica que se había formado entre un Iida demasiado responsable y un Todoroki mucho más relajado. Miró a Izuku, que sonreía al recordar los viejos tiempos en los que todos se juntaban para comer en el comedor de la UA, pero también notó una sombra de preocupación en sus ojos.
Horas más tarde, Izuku y sus amigos se dirigieron a un evento nocturno que tenía lugar en el centro de Shinjuku. Unos compañeros del trabajo le habían regalado las entradas porque les habían asignado una misión fuera de la ciudad y no podrían acudir a la fiesta.
—Habrá espectáculos, música y alcohol. Todo lo necesario para pasar un buen rato —le había dicho uno de ellos.
Izuku había aprovechado que Uraraka había comentado en una ocasión que quería ir a visitarlo en su nueva ciudad para invitar también a Todoroki y a Iida.
Cuando llegaron al lugar, acababa de anochecer. El taxi los dejó justo en la entrada, donde un hombre alto y fornido recogía las entradas y comprobaba que todo estuviera en orden. Entraron a un espacio muy amplio con una barra a la derecha y un escenario al fondo donde un joven extranjero tocaba una guitarra española. Frente al escenario habían dispuesto varias mesas con sillones y sofás que parecían de lo más confortable.
Izuku sonrió. Se trataba de un ambiente mucho más agradable de lo que había imaginado que sería. Sin música estridente y sin ruido. Los organizadores del evento habían decidido colocar la pista de baile en una sala contigua con su propia barra y un DJ.
Pidieron en la barra unas bebidas y se sentaron en un sofá algo más apartado para poder escuchar la música y hablar tranquilamente. Izuku se encontraba más animado, o al menos eso es lo que le parecía a Ochako. Y sin embargo, su rostro no tardó demasiado en ensombrecerse de nuevo.
—¿Qué ocurre, Deku-kun? —le preguntó.
Izuku seguía con la mirada a un grupo de chicos y chicas que acababan de entrar en el evento y se encaminaban hacia la sala de baile.
—¿Ves al chico rubio?
—¿Al de los pantalones estampados?
—No, al de la camisa roja.
—Ah, sí. El chico del pelo de punta.
—Es él: Bakugo Katsuki. El criminal por el que me mandaron aquí.
—¿Es él? —repitió, sorprendida—. ¿Qué hará aquí?
—Tengo que ir a hablar con él —dijo Izuku, poniéndose en pie.
Ochako lo agarró de la mano.
—Espera, Deku-kun. Puede ser peligroso. ¿Por qué quieres ir a hablar con él?
—Uraraka-san, hay cosas que no te he contado todavía, pero en un rato te lo explicaré todo. ¿Está bien?
Ochako asintió sin demasiado convencimiento y lo dejó ir. Todoroki e Iida volvían entonces de pedir unas bebidas en la barra. Izuku escuchó cómo Ochako les explicaba que Izuku había visto a un compañero del trabajo y había ido a saludarlo.
Entró a la sala de al lado sin perder tiempo y buscó a Bakugo con la mirada. En aquella sala había mucha más gente y bastante más ruido. La gente bailaba, saltaba y reía en la pista de baile. Intentó bordear la más concurrida y se internó entre aquellos que charlaban a un lado de la sala. El hecho de ser tan bajo de estatura no le ayudaba en su cometido. Después de varios minutos, dio con él: se encontraba en la barra con los amigos con los que lo había visto entrar. Vestido con la camisa que había comprado el día que se habían encontrado en el centro comercial y charlando animadamente como estaba, nadie hubiera dicho que se trataba de un criminal.
—Ey, Bakugo-kun, hay un chico muy lindo que no para de mirarte —dijo Mina.
Katsuki se dio la vuelta, interesado, y lo vio. Allí estaba otra vez ese héroe. Se encontraba a un lado, evitando la pista de baile, clavando los ojos en él. En su mirada se veía la duda de si debía acercarse o no.
Katsuki frunció el ceño. Se terminó la copa y dejó el vaso en la barra. Kirishima se fijó en el chico al que se refería Ashido y sus ojos se ensancharon al reconocer al susodicho.
—Oye —le dijo a Katsuki—, ¿ese no es…?
—Calla —le ordenó antes de dirigirse hacia él con determinación.
—¡Ahí va hacia su presa! —rio Mina, agarrándose del brazo de Jiro para que se uniera al cotilleo.
Katsuki caminó hasta Izuku y lo agarró del brazo, arrastrándolo hacia la pista de baile. Antes de que se diera cuenta, ya se encontraba en medio de la muchedumbre que se contorneaba al ritmo de la música.
—¿Qué… Qué haces? —preguntó.
—Disimula —gruñó Katsuki entre dientes a pesar de la seductora sonrisa que intentaba mostrar —. Aquí hay mucha gente que no me interesa que sepa quién eres.
Katsuki comenzó a mover las piernas y las caderas, colocando una mano en la cintura de Izuku y acercándose para hablarle en el oído.
—¿Qué parte de "disimula" no has entendido? Baila.
Izuku obedeció al instante e intentó seguir el ritmo de Katsuki. El rubio sonrió de lado.
—Bailas casi tan mal como vistes. Aunque hoy no vas tan mal. Seguro que te ha ayudado alguien a vestirte.
Izuku desvió la mirada, avergonzado. Efectivamente, había sido Uraraka la que lo había ayudado a escoger la ropa entre lo poco que tenía en su armario: unos pantalones vaqueros, una camisa blanca que solía usar para las reuniones importantes y unas zapatillas blancas. Sin corbata ni cinturón. «Menos es más», le había dicho. Finalmente, había sacado su espuma para el pelo y había trabajado los rizos de Izuku para que cayeran sobre el lado derecho de su cara.
—No te burles.
—No hace falta que me burle. Tú mismo te dejas en evidencia. Hasta tu traje de héroe es ridículo. Das vergüenza ajena.
—Pues ahora mismo estás fingiendo que estás ligando conmigo, así que no sé quién da más vergüenza ajena —respondió de forma mordaz. Empezaba a estar harto de los comentarios de ese criminal.
—No tendría que estar haciendo estas tonterías si tú no te empeñaras en seguirme a todos lados. ¿Tan pronto y ya te has obsesionado conmigo?
—¡No te estoy siguiendo! —exclamó Izuku en un tono demasiado alto que causó que algunos de los invitados a la fiesta se volvieran a mirar. Bajó la voz y se acercó algo más a Katsuki para hacerse oír por encima de la música—. Ha sido una coincidencia. He venido con unos amigos a la fiesta.
El DJ cambió de canción y empezó a sonar un ritmo latino lento. Katsuki lo tomó de la cintura con ambas manos y lo acercó tanto a sí mismo que apenas quedaba espacio para moverse. Katsuki introdujo una de sus piernas entre las de Izuku y colocó las manos en su espalda. El héroe se sonrojó hasta límites insospechados, pero observó al resto de asistentes. Y pudo comprobar que todas las parejas de baile se colocaban en la misma postura.
—Tus manos, en mi cuello —le indicó Katsuki.
—Ba-Bakugo, yo no sé bailar esto.
—Ni esto ni nada, nerd —corrigió Katsuki—. Solo mueve las caderas al ritmo que yo te marque y listo.
Las parejas de su alrededor se separaban y enlazaban sus manos para bailar alrededor con pasos cada vez más complicados. Katsuki e Izuku, sin embargo, no se movieron de donde estaban, balanceándose de un lado a otro suavemente sin apenas mover los pies.
—Entonces, dime —dijo de repente Katsuki—. Si no me estabas siguiendo, ¿por qué mierda te quedas mirándome como si fueras un jodido acosador?
—Quería hablar contigo. Quiero saber cómo sabes mi nombre.
—Oh, así que solo era eso…
—Responde —exigió Izuku.
—Tengo mis contactos. Si quisiera, podría saber hasta lo que cenaste ayer.
—Eso es ilegal —masculló Izuku, intentando no gritar—. Podría detenerte por eso.
Katsuki rio.
—Ah, por favor, no tienes pruebas.
—¿Qué más sabes de mí?
Katsuki acercó su cara hasta que sus narices casi se rozaron y esbozó una sonrisa traviesa. Izuku tragó saliva.
—Tranquilo, nerd. Si lo que te preocupa es que sepa dónde vives o tu número de teléfono, despreocúpate. Tengo cosas mejores que hacer que ir a molestarte a tu casa o intercambiar mensajes contigo.
—Pero no tenías nada mejor que hacer cuando me levantaste de la cama hace semana y media para alimentar tu ego continuando con una estúpida pelea.
—Si la cuestión es luchar, no tengo problemas, pero ahora mismo estoy de vacaciones obligadas, por lo que no tengo la más mínima intención de buscarte.
—¿Vacaciones obligadas? —preguntó Izuku, confuso.
—Sí, es lo que ocurre cuando tu jefe se cabrea porque has hecho lo que te ha salido de los cojones y has puesto en peligro el trato que él realizó con la policía. Durante un tiempo, no puedo causar ningún problema ni meterme en líos, por lo que puedes estar tranquilo. Eso sí —aclaró, poniendo repentinamente serio—, te puedo asegurar que tan pronto como el idiota de mi jefe me dé vía libre, iré a por ti para acabar lo que empezamos.
Izuku enarcó una ceja. Ahora era él el que sonreía.
—No puedes aceptar un empate, ¿verdad?
—Tch… ¿Empate? Ni de coña. Te demostraré que, aún con todos los quirks del mundo, jamás podrás derrotarme.
—¿Por qué te obsesiona tanto ganarme?
—Nadie jamás ha tenido una sola oportunidad contra mí. No voy a dejar que tú seas el primero.
—Entiendo… Pero debes saber que no te lo pondré fácil.
—No espero que lo hagas, imbécil.
—Bien.
—Bien.
La música seguía sonando y hubo un momento de silencio incómodo. La conversación había acabado. No tenían nada más que decirse, y sin embargo la música seguía y seguía. ¿Estaba el DJ enlazando la misma canción una y otra vez o es que solo tenía bachata en su repertorio? Izuku se removió entre los brazos de Katsuki.
—¿Y ahora qué? —preguntó.
—Ahora —respondió Katsuki—, voy a tocarte el culo, me vas a dar una bofetada, me vas a insultar y te vas a largar por donde has venido.
Izuku respingó.
—¡¿Qué?! —exclamó.
—Mira, maldito nerd, esto es muy sencillo: todo el mundo aquí sabe que no dejo ir a una presa fácilmente. Si te vas sin más, todo el mundo se preguntará cómo es que no has acabado en mi cama y me harán miles de preguntas. La única manera de salir de esta jodida situación es fingir un rechazo.
—¿Y no hay otra manera que no sea tocándome el culo? —masculló el héroe.
—Te puedo asegurar que podría hacer cosas mucho peores que tocarte el culo, Deku —respondió con sorna.
Acto seguido, su mano izquierda, la que se encontraba más cerca, bajó hasta posicionarse en una de las nalgas de Izuku. Por un momento, la mente del héroe se quedó en blanco y no supo cómo reaccionar.
—¿Vas a pegarme o tengo que seguir magreándote? —preguntó Katsuki, bajando la otra mano hasta la nalga que quedaba libre y propinándole un fuerte apretón con ambas manos.
Fue entonces cuando Izuku reaccionó de forma instintiva. Se apartó de él de un empujón y le propinó una fortísima bofetada que le volvió la cara a Katsuki. Todos los de su alrededor dejaron de bailar inmediatamente para volcar su atención sobre ellos. Las conversaciones se habían apagado y solo quedaba la música que sonaba de fondo. El rubio le echó una mirada a través de los mechones que caían sobre su cara y supo que se había sobrepasado. Entonces recordó que debía insultarle y marcharse de allí.
—Eres… —Su voz sonó más aguda de lo que hubiera querido. Sentía la cara roja y un fuerte calor en las mejillas—. Eres un… ¡cerdo!
Se dio la vuelta y se dirigió hacia la salida con paso titubeante. Le temblaban las piernas y le latía el corazón con fuerza. Katsuki regresó con sus amigos como si nada hubiera pasado y pidió otra copa en la barra.
—Te lo he dicho muchas veces, tío: vas demasiado a saco —le dijo Kaminari nada más regresar de su intento fallido de ligue.
—¡Qué lástima! —se quejó Mina—. Era tan lindo.
Katsuki sonrió.
—Y además, tenía un buen culo —reconoció antes de llevarse la bebida a los labios.
No tardaron mucho más en regresar a casa. Después de bañarse y cenar, Izuku le cedió su cama a Ochako y colocó a un lado de la misma un futón en el que él pasaría la noche. Iida y Todoroki habían decidido tomar el último tren de la noche, pero Izuku ya había previsto que su amiga se quedara a dormir para evitar el viaje de dos horas de vuelta a su casa a esas horas. Ochako se metió debajo de las sábanas, pero se asomó a la orilla de la cama para seguir hablando con su mejor amigo.
—¿Me vas a contar ya lo que ha pasado? — le preguntó—. Me tenías muy preocupada, Deku-kun. ¿Por qué tenías tanto interés en hablar con ese chico?
Izuku frunció los labios y volteó hacia ella.
—Desde que llegué están pasando cosas extrañas, Uraraka-san.
—¿Qué clase de cosas?
—¿Recuerdas lo que te dije de ese criminal que hemos visto hoy?
—¿Que habías tenido la sensación de que ya lo conocías? —recordó Ochako.
Izuku asintió.
—Al día siguiente de nuestra pelea, recibí una llamada por la noche. Ese chico y varios villanos más estaban causando problemas en el centro de Shinjuku. Habían tomado rehenes y Bakugo insistía en que quería verme. Una vez que aparecí, soltaron a los rehenes sin oponer resistencia.
—¿Qué? ¿Los soltaron sin más? —preguntó, confundida.
—Sí. Bakugo solo quería terminar la pelea que había empezado conmigo el día anterior. Así que me llevó hasta un lugar alejado y volvimos a luchar. Entonces volvió a surgir dentro de mí esa sensación de que conocía a ese chico de algo, pero esta vez fue mucho más intensa. Hasta el punto en que no pude evitar… sonreír.
—Pero tú sonríes a todo el mundo, Deku-kun. Dijiste que querías ser como All Might, ¿no? Y salvar a todos con una sonrisa en la cara.
Esta vez, Izuku negó con la cabeza.
—Pero no fue así. Muchas veces me obligo a sonreír para ocultar mi miedo o para tranquilizar a los demás, pero en esta ocasión fue muy diferente. Sonreí porque Bakugo me parecía increíble. Sé que no debería decir esto, pero algo dentro de mí no podía dejar de admirar su fuerza, su poder, su determinación… Era como si estuviera enfrente del mismísimo All Might —Una sonrisa se escapó de sus labios al recordar—. Creyó que me estaba burlando de él.
»Unos días más tarde, me lo encontré en el centro comercial. Quise hacerle frente, pero me paró los pies y me dijo que no le permitían luchar. Cuando quise llevármelo a comisaría, me enseñó un carnet y me dijo que con él podía hacer lo que quisiera y nadie, ni la policía ni los héroes, podríamos detenerlo mientras no estuviera haciendo nada malo. Me explicó que su jefe había hecho un trato con las fuerzas de seguridad de Shinjuku para que así fuera.
—¿Y tú le creíste?
Izuku se incorporó en el futón hasta quedar sentado. Su mirada se perdió entre los callos de sus manos.
—Al principio no, pero llamamos a uno de los jefes de policía de la ciudad y este me lo confirmó. ¿Entiendes lo que eso significa, Uraraka-san? —masculló Izuku—. Significa que las fuerzas de seguridad de Shinjuku son corruptas. Bakugo incluso me aseguró que de vez en cuando su propio jefe entrega a uno de los suyos para que la policía y los héroes puedan tener su momento de gloria. ¿No te parece indignante?
Ochako suspiró y miró hacia el techo. La luz de las farolas de la calle entraba por las ventanas y dibujaba extrañas formas en él.
—Hoy en día es muy difícil encontrar algo que no haya sido corrompido.
—Lo sé —farfulló Izuku antes de dejarse caer en el futón una vez más—. Pero duele cuando te lo restriega por la cara un villano.
—¿Eso es lo que te tiene tan mal?
—En parte sí, pero hay más. Ese día estuve siguiéndolo todo el rato para asegurarme de que no tramara nada malo, y cuando se fue, me llamó por mi nombre. ¿Cómo demonios puede saber mi nombre?
—Si su jefe es tan poderoso como dice, tendrá sus propias fuentes de información, Deku-kun. Deberías tener cuidado. Podría ser peligroso.
—Eso pensé, pero necesitaba comprobarlo. Por eso hoy, cuando lo vi allí en el evento, tuve que ir a preguntarle.
—¿Y qué te dijo?
—No fue muy claro… Solo me dijo que tenía contactos, y que no me preocupara porque no pensaba molestarme por el momento. Al parecer, su jefe no le permite meterse en problemas después de lo que ocurrió el otro día.
Ochako suspiró.
—¿Y ya está? ¿No hablasteis de nada más?
—No, no había mucho más que decir.
Ochako suspiró.
—Menos mal. Cuando volviste, parecías muy nervioso. Pensé que te había hecho algo.
Izuku se revolvió en la cama y se dio la vuelta para que Uraraka no viera cómo se sonrojaba. No obstante, la chica se dio cuenta de que algo más había ocurrido en aquella sala que su amigo no le había contado.
—Deku-kun… —lo llamó—, ¿qué es lo que pasó?
—Me… Me tocó el culo.
Uraraka se levantó de un salto de la cama.
—¿Que te tocó el culo? —repitió.
—En realidad, más bien lo agarró —dijo Izuku, levantando los brazos para hacer una demostración. Colocó sus manos como si estuvieran agarrando algo y flexionó los dedos repetidas veces—. Como… así.
Uraraka estalló en una carcajada y cayó en el futón en posición fetal mientras intentaba contener la risa.
—No tiene gracia, Uraraka-san —dijo Izuku volviendo a ponerse rojo—. Fue muy vergonzoso, delante de todo el mundo.
—¿Por qué hizo algo así? —consiguió articular Ochako entre carcajada y carcajada.
—Era la única manera de… —Izuku recordó la razón por la que habían formado todo ese numerito. Recordó a Bakugo fingiendo ligar con él, su sonrisa seductora, el sugerente baile… y no pudo evitar marearse—. Bueno, es una historia un poco larga y es un poco tarde. Quizás te la cuente mañana.
—¡Noooo, Dekuuuu-kuuuuun! —Se quejó Ochako.
Izuku cogió la manta y se tapó con ella la cabeza.
—¡Buenas noches, Uraraka-san!
Todo estaba oscuro. No había ni una sola luz a su alrededor.
Caminó despacio, intentando encontrar la salida a aquel lugar, pero allí no había nada. El lugar donde se encontraba era un espacio sin forma. No podía ver el suelo ni tampoco el techo. No había paredes ni objetos. Solo oscuridad. Oscuridad infinita.
A lo lejos, le pareció ver un bulto, algo que se movía. Comenzó a caminar para acercarse y poco a poco aquel objeto empezó a tomar la forma de un joven de cabello puntiagudo y rubio. Bakugo se encontraba de rodillas y se tapaba la cara con las manos.
Al acercarse, escuchó gemidos de dolor. Entonces Bakugo levantó la mirada y lo vio. Estaba llorando y sus ojos pedían ayuda a gritos.
—Deku… —dijo primero en voz baja—. Deku —repitió un poco más alto. Poco después, sus gritos resonaban en todo el lugar pidiendo ayuda.
Intentó correr hacia él, pero no pudo avanzar. Bakugo cada vez estaba más lejos.
—¡DEKU! ¡DEKU! —gritaba el joven.
Extendió el brazo e intentó agarrar su mano, pero no llegaba. No podía alcanzarlo.
Un agujero de abrió a los pies de Bakugo y empezó a absorberlo. El chico luchaba y luchaba, pero se veía incapaz de librarse de esa fuerza que lo tenía preso. Se volvió una vez más hacia él y volvió a gritar, pero esta vez lo llamó por su nombre.
—¡IZUKU!
Lo llamó con tanta desesperación que las lágrimas resbalaron por las mejillas de Izuku. El agujero terminó de tragarse a Bakugo e Izuku no pudo hacer nada por impedirlo. Apretó los dientes y chilló con todas sus fuerzas:
—¡KACCHAN!
El grito fue tan fuerte que traspasó la barrera de los sueños. Izuku se despertó temblando y empapado en sudor. Las lágrimas caían de verdad de sus ojos. Ochako se había levantado de la cama y se encontraba a su lado, agarrándolo de la mano.
—Tranquilo, Deku-kun. Ha sido solo un sueño. No ha sido real —le decía.
Pero el corazón de Izuku seguía latiendo a toda velocidad. Su respiración seguía agitada. Ese nombre se repetía en su cabeza una y otra vez.
Kacchan. Kacchan. Y el corazón le daba un vuelco.
¿Qué es lo que estaba pasando?
Continuará…
