Capítulo 6: El hilo rojo del destino
Al día siguiente, Izuku se levantó a las seis y media de la mañana para entrenar. Se vistió con algo cómodo y bajó a la cocina a tomar algo ligero antes de hacer ejercicio. El frigorífico seguía vacío, pero por suerte había traído de su casa algunas frutas y galletas que de otra manera se hubieran puesto malas. Salió al jardín a realizar los estiramientos y calentamientos previos y respiró el aire puro del campo. Estaba de buen humor: el sol incidía en su piel, hacía una temperatura agradable, había dormido muy bien en aquella cómoda cama…, pero sobre todo, la noche anterior se lo había pasado sorprendentemente bien.
Durante la cena, Kacchan se había relajado y sus respuestas sido un poco menos groseras. A medida que comían el delicioso katsudon y bebían el sake, los comentarios del rubio se habían vuelto más bromistas e Izuku había notado un cambio en la forma de dirigirse a él. Posiblemente solo necesitaba descargar toda la tensión acumulada después de estar dos semanas y media bajo vigilancia. Él también se alegraba de haber salido de su confinamiento y de tener alguien con quien hablar.
—Así que eres de los que se levantan con energía —gruñó una voz a su espalda.
Katsuki se acababa de levantar. Llevaba una camiseta de tirantas y unos pantalones de pijama. Tenía los ojos entrecerrados y una expresión de cansancio.
—¡Buenos días, Kacchan! —contestó Izuku—. Tú, sin embargo, no pareces muy animado de buena mañana.
—Soy un ser nocturno —contestó—. Solo los idiotas cometen crímenes durante el día.
Izuku estuvo a punto de fruncir el ceño por la referencia a su vida delictiva, pero se recordó a sí mismo que Katsuki no había tenido más remedio que convertirse en villano.
—Voy a correr un rato —le dijo—. ¿Me acompañas?
—Antes necesito un café para terminar de despertarme —masculló dirigiéndose a la cocina.
Quince minutos más tarde regresó con energías renovadas y enfundado en ropa de deporte.
—Vamos, nerd. Te haré tragar el polvo.
—Kacchan, voy a trabajar la resistencia, no la velocidad —rio.
—Entonces te ganaré en resistencia.
El trote los llevó por un camino rodeado de árboles y plantas que desprendían una maravillosa fragancia. Katsuki lo guio por un camino que conducía a un lago cercano y le daba la vuelta. Era una ruta en la que las altas copas de los árboles protegían a los caminantes de los rayos del sol y por la que corría una ligera brisa. Izuku tomó aire, respirando el dulce aroma de las flores.
—Hace un día precioso —comentó mientras seguían corriendo—. Oye, Kacchan, ¿qué te gusta más, la playa o la montaña?
—¿Eh? ¿Tan pronto vas a comenzar con tus preguntitas? —se quejó.
—Es una pregunta fácil.
Katsuki lo pensó durante unos segundos.
—La montaña. Me gusta hacer escalada.
—¿Escalada? —repitió Izuku, asombrado. Sus ojos se habían agrandado—. Debe de ser muy difícil.
—Supongo… ¿Y a ti? ¿Qué te gusta más?
—Me gustan las dos —respondió alegremente.
—¿Me haces escoger y tú no eres capaz de decidirte, maldito nerd?
—Bueno, supongo que la playa me gusta un poco más.
—¿Por qué?
—Me gusta bañarme en el mar, escuchar el sonido de las olas… y jugar con la arena.
—¡Eres un crío! —exclamó Katsuki.
Izuku rio. Justo en ese momento pasaban cerca del lago. Pensó en lo que le gustaría darse un baño en sus aguas cristalinas si no fuera porque todavía hacía algo de frío. Recordó que en la casa había una piscina interior climatizada y decidió que haría un poco de natación cuando regresaran.
—¿Qué prefieres, los días soleados o los lluviosos? —preguntó entonces.
Esta vez, Katsuki no dudó la respuesta.
—Los soleados. Para usar mi quirk necesito sudar en las palmas de las manos. Más que sudor, es como una especie de nitroglicerina que hace que pueda crear explosiones. ¿Y a ti?
La dinámica desde el día anterior siempre había sido la misma. Uno preguntaba, el otro respondía y hacía otra pregunta. Izuku siempre parecía tener todo tipo de preguntas preparadas, pero Katsuki solía quedarse sin ideas y se limitaba a hacer la misma pregunta que le había formulado él antes.
—Me gustan los días soleados cuando voy a salir y los lluviosos cuando me quedo en casa, viendo una película en el sofá con una manta.
—Eres un maldito indeciso. Nunca escoges una sola opción.
—¿Por qué quedarse solo con una cuando puedes disfrutar de las dos?
Katsuki soltó una risa nasalizada y maliciosa.
—¿Qué? —preguntó Izuku.
—Eso es lo mismo que pensé la última vez que dos chicas preciosas quisieron ligar conmigo.
—¡Kacchan!
—¿Qué? Hice exactamente lo que tú has dicho.
Izuku frunció el ceño. A su mente regresó una vez más el momento en que ambos habían bailado pegados en la fiesta y Katsuki había terminado tocándole el culo delante de todos. No pudo evitar sonrojarse.
—Pensaba que te gustaban los chicos… —murmuró.
Lo había dicho para sí mismo, pero Katsuki tenía buen oído.
—En gustos sexuales, vuelvo a aplicar tu consejo, nerd —dijo con una sonrisa pícara.
Continuaron corriendo en silencio durante unos minutos. Solo se escuchaban los golpeteos de sus pisadas y sus respiraciones agitadas. Izuku intentó pensar en otra pregunta que alejara de su mente las palabras que acababan de intercambiar. Miró las flores que se expandían a lo largo del campo y no se le ocurrió otra cosa.
—¿Cuál es tu flor preferida?
Katsuki bufó.
—¿En serio, Deku? ¿No tienes una pregunta mejor?
Izuku se encogió de hombros.
—Es una pregunta como otra cualquiera. La mía es la flor boca de dragón.
—¿Eh? ¿Existe una flor con ese nombre?
—También se les llama "conejitos". Mi madre solía comprarlas cuando era pequeño. Me decía que de esas plantas nacían los conejitos y que por eso se llamaban así.
—¿Y tú te lo creíste? —se burló.
—¡Tenía 4 años, Kacchan! —contraatacó Izuku—. Me sentaba horas y horas enfrente de ellas a esperar a que nacieran los conejitos. Cuando las flores se marchitaban, mi madre me decía que los conejitos habían nacido por la noche y se habían escondido por toda la casa. Entonces me pasaba otras tantas horas buscándolos.
—Una buena forma de mantener entretenido a un bobo —reconoció Katsuki.
Ya casi le habían dado la vuelta a todo el lago y regresaban hacia la casa. Katsuki bostezó ampliamente y se frotó los ojos.
—¿Sigues teniendo sueño? Anoche no llegamos muy tarde de la cena.
—Sí, pero cuando tú llevabas dos horas roncando, yo todavía estaba despierto.
—¿Padeces de insomnio?
—Se puede decir que sí. Me he acostumbrado a la noche y cuando quiero irme a la cama temprano se me hace imposible conciliar el sueño.
—¿Y qué haces durante esas horas?
Katsuki se encogió de hombros.
—Veo alguna película, hablo por teléfono, leo algún libro… A veces subo a la azotea del hotel para intentar ver las estrellas, pero hay demasiada contaminación lumínica y termino mirando a la gente pasar.
—Aquí se ven muy bien las estrellas —comentó Izuku.
—Lo sé. Las estuve viendo anoche. Las constelaciones se veían muy claramente.
—¿Sabes sobre constelaciones? —exclamó Izuku, entusiasmado—. ¿Me las enseñarás esta noche?
—¿Te tengo que aguantar durante el día y ahora pretendes que también te aguante durante la noche? ¡Demonios, no!
Izuku hizo un mohín. A lo lejos, empezaba a apreciarse la casa de campo de Arata.
—¿Sabes qué? Si llego el primero a la casa, tendrás que enseñarme las estrellas —exclamó Izuku, esprintando para coger ventaja sobre Katsuki.
—¡No llegarás el primero! —gritó el rubio.
Izuku escuchó una explosión, miró hacia atrás y vio cómo Katsuki se acercaba a él a gran velocidad usando su quirk para impulsarse. Apenas tardó unos segundos en alcanzarlo.
—¡Eso es trampa, Kacchan! ¡No vale usar tu poder! —se quejó Izuku, pero Katsuki ya había llegado a la casa.
—Deja de llorar y acepta tu derrota, nerd.
Izuku respiraba agitadamente y sudaba por la cara. Se quitó la sudadera y entró en la casa pensando en la piscina. Apenas eran las siete y media y podría aprovechar un rato más antes de desayunar.
—Voy a la piscina a nadar un rato —le dijo a Katsuki—. Por si quieres venir y seguir haciendo trampas.
Lo había dicho con la intención de molestarlo, pero el rubio tardó unos segundos en responder a sus provocaciones. Se había quedado mirando fijamente las cicatrices del brazo derecho de Deku.
—No te piques, Deku —respondió finalmente—. Te enseñaré las estrellas esta noche si eso es lo que quieres.
Esta vez, Izuku intentó reprimir la sonrisa que luchaba por salir en su rostro.
—¿Eso significa que te rindes y no vienes a la piscina?
Katsuki era fácil de provocar. Extremadamente impulsivo y visceral. No hicieron falta más palabras para hacer que el joven subiera a su habitación y regresara con un traje de baño. Izuku hizo lo propio y se dirigieron a la piscina climatizada. Izuku fue el primero en zambullirse de un salto y disfrutar de la temperatura del agua.
—Eh, ¿no querías una competición? No te acomodes —le dijo Katsuki al ver que Izuku dejaba flotar su cuerpo tranquilamente y cerraba los ojos.
Izuku se colocó en posición en uno de los lados de la piscina, junto a Katsuki.
—El que llegue primero al otro lado gana —propuso el héroe.
—Me parece bien.
—3…2…1… ¡Ya!
Ambos salieron a la vez nadando a braza. Sin embargo, Izuku no tardó en activar el One for all y coger velocidad. Sabía que su rival no podía usar sus poderes bajo el agua y eso le daba ventaja. Esa vez no se dejaría ganar.
Tocó el filo de la piscina y salió a respirar. Desde lejos, vio a Katsuki acercarse a toda velocidad. Parecía enfadado.
—¡DEKU! —gritaba—. ¡MALDITO TRAMPOSO!
Venía hacia él. Había cambiado el rumbo y se dirigía hacia él.
Izuku comenzó a nadar para escapar, pero esta vez la risa le impedía activar el One for all.
—¡Tú eres el que ha empezado con las trampas! —le recordó.
—¡No es lo mismo! ¡Aquí estamos en desigualdad de condiciones y lo sabes!
Katsuki le estaba dando alcance. Quiso nadar más rápido, pero le estaba dando un ataque de risa y finalmente tuvo que agarrarse de la escalera de salida. Katsuki le agarró del tobillo y tiró de él, intentando zambullirlo bajo el agua.
—¡No! ¡No, Kacchan! —suplicaba Izuku entre carcajadas—. ¡No lo volveré a hacer! ¡Por favor, ten piedad!
—¡La piedad es para los débiles! —exclamó.
No paró hasta que consiguió su cometido e Izuku se vio bajo el agua bajo el peso de Katsuki. El héroe forcejeó hasta liberarse y salió de la piscina tan pronto como salió a flote.
—¡Me vas a ahogar! —se quejó.
—¡Eres un debilucho! —respondió Katsuki apoyando los brazos en el borde de la piscina.
Izuku fue a por su toalla y la pasó por sus hombros y su cabello. Se sintió nervioso al notar la mirada fija de Katsuki en él mientras se frotaba los rizos. Se dio la vuelta para evitar aquellos ojos rojos y continuó con su labor en silencio. Finalmente, dejó la toalla sobre sus hombros y se giró. Katsuki todavía lo miraba, pero sus ojos tenían su objetivo en un punto demasiado bajo de su anatomía.
—Kacchan… ¿me estás… mirando el culo? —preguntó, claramente sonrojado.
—Sí —confirmó el villano sin ninguna vergüenza.
—¡¿Por qué?!
Katsuki se encogió de hombros.
—Tienes un buen culo.
—Ka-Kacchan… No deberías decir esas cosas —respondió, cubriendo su parte trasera con ambas manos.
Katsuki enarcó una ceja y mostró una sonrisa maliciosa.
—Tranquilo, Deku. Solo he dicho que tienes un buen culo. No es que quiera follármelo. Si te soy sincero, una de mis fantasías siempre ha sido montármelo con un héroe. Pero si quisiera hacerla realidad, te aseguro que no elegiría a un nerd con un gusto tan horrible en el vestir, que no sabe bailar y que se sonroja con solo decir la palabra "follar".
Llegados a ese punto, Izuku se sentía mareado de la sangre que se había almacenado en su cabeza. Sus mejillas ardían y su corazón había dado más de un vuelco. No estaba acostumbrado a relacionarse con personas tan directas y sin ningún tipo de pudor en lo que a la sexualidad se refería.
Katsuki tomó asiento en el borde de la piscina para recuperar el aliento e Izuku se sentó a su lado, intentando olvidar las palabras que acababan de salir de la boca del rubio. Izuku lo miró de reojo y se fijó en dos grandes cicatrices redondas que adornaban la piel de Katsuki: una cerca del hombro y otra en la pelvis. El rubio se dio cuenta de lo que estaba mirando.
—No recuerdo cómo me las hice —explicó con repentina seriedad—, pero debió de ser algo bastante grave. ¿Qué hay de ti? —preguntó, señalando las cicatrices de Deku.
—Cuando All Might me cedió el One for all no era capaz de dominarlo y mi cuerpo quedaba destrozado cada vez que lo usaba. La enfermera de la UA me curaba cada vez que ocurría, pero una de las últimas veces me advirtió de que las heridas eran muy graves y de que podría perder la movilidad de los brazos si volvía a herirme de esa manera. Para que no me olvidara de esa amenaza, me dejó estas cicatrices.
Katsuki asintió, pero no hizo ningún comentario. Parecía perdido en sus pensamientos. Tanto, que no se percató cuando Izuku acercó la mano a la cicatriz de su hombro y la rozó con la yema de los dedos.
Un recuerdo fugaz inundó las cabezas de ambos. Un Katsuki adolescente se lanzaba hacia Deku y lo empujaba justo a tiempo de evitar el ataque de un villano. Como resultado, el mismo Katsuki había sido empalado por el hombro y la pelvis. La voz de aquel adolescente resonó en sus mentes:
No intentes ganar esto tú solo.
Izuku apartó la mano de la cicatriz de Katsuki con la respiración agitada y buscó la mirada del rubio, pero este todavía parecía encontrarse en el mundo de los recuerdos.
—¿Kacchan?
El chico reaccionó mirándolo con una expresión de pánico en su rostro. Se levantó y se dirigió hacia la salida sin decir una sola palabra.
Izuku se dio una ducha antes de ponerse a trabajar. Había buscado a Kacchan por todas partes, pero no lo había encontrado en ninguno de los cientos de rincones que tenía aquella gigantesca casa, así que imaginó que se habría marchado a caminar. `
Mientras esperaba su regreso, sacó el ordenador portátil que le habían entregado en el trabajo e intentó concentrarse en el papeleo que debía rellenar esa mañana. El trabajo que normalmente le habría llevado hacer un par de horas se convirtió en una tarea de más de tres horas. Cada vez que intentaba centrarse, el recuerdo de Katsuki salvándole la vida regresaba con más fuerza. Se preguntaba qué habría pasado por la mente de Kacchan para salir corriendo.
El reloj marcaba las doce de la mañana. Se había hecho tarde y ni siquiera sabía si Katsuki volvería para la comida. Con todo lo que había ocurrido, se le había olvidado que aquella mañana tenían pensado ir al mercado del pueblo a comprar todo lo necesario para aquellos días. El frigorífico seguía vacío.
Apagó el portátil y bajó las escaleras cuando escuchó el sonido de la moto. Ni siquiera se había dado cuenta de que Kacchan la había utilizado para irse de allí. La puerta se abrió y el rubio entró con una bolsa en la mano. Un olor delicioso inundó la entrada y el estómago de Izuku rugió.
—He traído udon con gambas —fue lo único que dijo.
—Pondré la mesa.
Izuku corrió a la cocina y colocó sobre la mesa palillos, servilletas y dos vasos de agua. Katsuki sirvió el humeante udon en dos platos en silencio.
—¡Que aproveche! —dijo Izuku, pero Katsuki no respondió—. Después deberíamos salir a hacer la compra. No hay de nada.
El chico asintió en silencio una vez más. Izuku tragó los fideos que tenía en la boca y acercó su mano a la de Katsuki, pero no se atrevió a tocarla.
—Kacchan… Deberíamos hablar de lo que hemos visto.
Katsuki soltó los palillos y miró a los ojos a Izuku.
—¿Y qué quieres que diga? —masculló.
—Tú… me salvaste la vida, Kacchan. ¿Qué es lo que te altera tanto?
—¿No te diste cuenta?
—¿De qué?
—De la manera en la que iba vestido. Llevaba un traje de héroe.
Izuku ensanchó los ojos. No se había dado cuenta de ese detalle. Una sonrisa se formó en su cara.
—¡Eso es genial!
Katsuki golpeó la mesa y alzó la voz.
—¡No, no lo es, Deku! ¡No lo es!
Izuku se sentía desconcertado.
—Pero… ¿por qué?
Katsuki apretó los puños y agachó la cabeza.
—Todos estos años que he estado con Arata he pensado que, fuera cual fuera mi pasado, no tenía importancia. Que seguramente no era mejor que mi presente. Pero esto… ¿Yo, un héroe? Si eso es verdad, entonces quiere decir que Arata me ha jodido la vida, Deku. Me ha robado todo. No solo mis recuerdos o mi familia. También me ha robado la posibilidad de un futuro brillante, de un camino recto, de una vida jodidamente honorable… Si realmente era un héroe, ¿qué importa ya que recupere mis recuerdos? ¿Quién querría a un héroe que durante años ha trabajado como villano a las órdenes de uno de los mayores mafiosos de todo Japón?
Su voz temblaba. Sus puños estaban apretados con tanta fuerza que sus nudillos se habían vuelto blancos. Izuku no le veía los ojos, pero podría haber asegurado que estaba a punto de derramar una lágrima.
—Kacchan… todo esto no es tu culpa. Resolveremos esto. La gente lo entenderá.
—¡Y una mierda! —exclamó, levantándose de golpe—. ¡La gente no entenderá una mierda, Deku! ¡Despierta! ¡Esto es la vida real, no el estúpido y utópico mundo de fantasía que crees! —Respiró hondo e intentó controlar su tono de voz—. La gente me ve y se aparta de mi camino. Me tienen miedo. Todos saben quién soy y de lo que soy capaz. ¿De verdad crees que, de la noche a la mañana, me aceptarán como héroe después de todo lo que he hecho?
Izuku tragó saliva. Tenía un nudo en la garganta y sentía verdaderos deseos de llorar por Katsuki. El chico volvió a tomar asiento frente a él con el ceño fruncido.
—Quizás haya que darles tiempo…, pero lo verán.
—¿El qué verán? —masculló mientras se llevaba a la boca un puñado de fideos fríos.
—Lo mismo que he visto yo: que no haces daño a los rehenes, que le devuelves la muñeca a una niña a la que se le ha caído o que puedes refrenarte y recibir una bofetada enfrente de todos sin que la persona que te la ha dado salga herida. —Una pequeña sonrisa asomó en los labios del rubio por este último comentario—. Puede que les tome algún tiempo, pero verán quién eres realmente. Lo haremos posible. No voy a dejarte tirado, Kacchan.
El chico soltó una pequeña risa nasalizada.
—Otra vez lo estás haciendo.
—¿El qué?
—Ser un cursi.
Izuku frunció el ceño y volvió la atención hacia sus fideos.
—Aunque, pensándolo mejor… tienes demasiado mal carácter para ser un héroe —bromeó—. Tendrías que controlar tu genio, ser más amable con las personas y no decir palabrotas.
—¡Jamás! —exclamó Katsusi. Su humor había mejorado considerablemente—. Vamos, termínate la comida antes de que se enfríe.
—Demasiado tarde.
Unas horas más tarde, ambos paseaban por las calles de un supermercado. Katsuki empujaba un carro y miraba los estantes de forma distraída, repasando mentalmente todo lo que necesitaban para desayunos, comidas y cenas. En el carro había leche, arroz, huevos, pollo, un bizcocho de chocolate, pastelitos de limón y merengue, mochis, galletas…
Katsuki despertó de su ensoñamiento y frunció el ceño. ¿Por qué había en el carro tantísimos dulces? Levantó la mirada y vio cómo Deku se acercaba con unas gelatinas de sabores y un paquete de palomitas en la mano.
—Deku —gruñó—, ¿es que solo piensas coger mierdas? ¿Esto es todo lo que comes?
—No, pero la comida salada ya la estás cogiendo tú —contestó alegremente.
—No pienso meterme toda esta mierda en el cuerpo. Devuélvelas a los estantes.
—¿Ehhhh? Pero Kacchan… un héroe necesita energía, y el azúcar da mucha energía —argumentó el chico de ojos verdes. A Katsuki le pareció que se había convertido en un niño de cinco años.
—Sí, y también caries, diabetes, sobrepeso… ¡No nos lo llevamos! —sentenció, sacándolo todo del carro.
Deku intentó una última estrategia. Agarró a Katsuki de la manga, agachó la cabeza y lo miró con unos grandes ojos suplicantes.
—¿Qué te crees que soy, tu madre? A mí no me vas a convencer con esos jodidos ojos de cordero degollado.
Deku apretó su manga con más fuerza y puso más empeño en su intento por convencer al rubio.
—Aggg, está bien. Puedes llevarte uno. ¡Solo uno!
—¿Solo uno? Pero no sé qué me gusta más… Creo que las galletas podría dejarlas, pero son buenas para el desayuno. Los mochis son suavecitos y sientan muy bien a cualquier hora. Pero me gusta la esponjosidad del bizcocho y la acidez de los pastelitos de limón… Por otra parte, la gelatina…
Deku murmuraba y murmuraba. Katsuki empezaba a ponerse de los nervios. El rubio cogió el bizcocho y los pastelitos.
—Uno de estos dos —dijo—. Escoge uno de estos dos y se acabó.
Deku continuó murmurando durante unos segundos. Finalmente, alzó la mirada haciendo un puchero.
—No puedo elegir, Kacchan.
—¡Por el amor de Dios, eres como un niño! ¡Nos llevamos los pastelitos de limón!
—¡Sí! —exclamó Deku satisfecho—. ¿Son los que más te gustan a ti, Kacchan?
—Es de lo más aceptable que has escogido.
—¿Puedo coger también las palomitas?
—Hemos dicho que solo llevaríamos una cosa.
—Las palomitas no son dulces —argumentó—. Además, he visto que en la casa hay una pantalla de cine.
—¿Y qué?
—¡Que un cine sin palomitas no es un cine, Kacchan!
Una vena se hinchó en la frente de Katsuki.
—¡Está bien! ¡Coge las putas palomitas!
—¡Sí! —exclamó triunfal, metiendo las palomitas del carro y sacando todo lo demás.
Katsuki lo vio alejarse con todos los dulces que había cogido en los brazos y reprimió una sonrisa al ver cómo los devolvía alegremente a su lugar.
—¿Qué quieres de cenar, nerd? —le preguntó afablemente cuando regresó a su lado.
—¡Katsudon!
—¿Otra vez? Ni hablar. Haré un poco de soba.
—Entonces, ¿para qué me preguntas?
—Pensaba que dirías algo inteligente.
—Comer katsudon es inteligente.
—Comer dos días seguidos katsudon es repetitivo.
—Podría comerlo toda mi vida y no cansarme.
—Los tontos se conforman con poco.
Al llegar la noche, Katsuki cumplió su palabra y salieron a ver las estrellas. Juntaron dos tumbonas que había junto a la piscina y se cubrieron con una manta para protegerse del frío. En aquel lugar alejado, se veían millones de estrellas brillando en el manto oscuro de la noche.
—¡Mira, una estrella fugaz! ¿La has visto? —exclamó Deku.
—La he visto, nerd.
—¿Has pedido un deseo?
—Eso son chorradas. No se va a cumplir un deseo porque se lo pidas a un trozo de piedra espacial.
—Qué poca sensibilidad tienes, Kacchan.
—¿Qué tiene que ver la sensibilidad con el sentido común?
Pasó otra estrella fugaz y a Deku se le olvidó responder. Nunca había visto un cielo tan bello como aquel. Se acordó de la leyenda de Altair y Vega y deseó que llegase julio una vez más.
—Tengo ganas de que llegue la fiesta del Tanabata otra vez —dijo.
—Queda casi un año.
—Lo sé, pero es una de mis fiestas preferidas. Me duele pensar que durante todo este tiempo Altair y Vega están separados. Además, en el último Tanabata llovió. Así que las urracas no pudieron extender sus alas y Altair y Vega no pudieron encontrarse.
—¿Estás llorando?
Una lagrimilla se había escapado del ojo derecho de Deku. El héroe la limpió rápidamente, avergonzado.
—¡Es muy triste, Kacchan!
—Es solo una leyenda, Deku.
—Lo sé, pero aun así…
—Además, siempre terminan reencontrándose, ¿no es así? Como la leyenda del hilo rojo.
—¿El hilo rojo? ¿Cuál es esa leyenda?
—Se la escuché una vez a Ashido —Para ese entonces, Kacchan ya le había hablado a Deku sobre Kirishima, Ashido, Jiro, Sero y Kaminari—. Al parecer, las almas gemelas están unidas por un hilo rojo que puede estirarse o contraerse, pero nunca romperse. De esta manera, siempre estarán destinadas a encontrarse por muy lejos que estén la una de la otra.
—Es una leyenda preciosa. Me extraña que haya salido de tu boca.
—¡Ya te he dicho que me la contaron!
Deku rio.
—Entonces, Altair y Vega están unidos por un hilo rojo del destino… —murmuró, volviendo a dirigir su mirada a las estrellas.
—Supongo —dijo Katsuki, colocando los brazos detrás de su cabeza.
—Espero que el próximo 7 de julio la noche esté despejada para que puedan volver a encontrarse.
Continuará…
