Capítulo 7: Sueños y pesadillas

El teléfono móvil de Izuku comenzó a sonar a las seis de la tarde del día siguiente. Uraraka tenía la costumbre de llamarlo una vez a la semana para charlar y ponerse al día. Decía que no le gustaba perder el contacto con sus seres queridos o de otra manera podrían alejarse el uno del otro. Izuku se sentía fatal por no ser él el que cogiera el teléfono y la llamara de vez en cuando. Se había acomodado en su papel de receptor sabiendo que su mejor amiga llamaría de vez en cuando. A ella no le importaba, pero él se sentía como un mal amigo.

Cogió el teléfono y subió a su habitación para contestar a la llamada. La cara de Ochako salió sonriente en la pantalla.

—¡Hola, Deku-kun! ¿Cómo estás?

—Hola, Uraraka-san. Estoy muy bien. ¿Ya has salido de trabajar?

—Sí, hoy solo tenía turno de mañana. ¿Y tú?

Deku se mordió los labios con nerviosismo. Todavía no le había contado a Ochako todo lo que había ocurrido en esas últimas semanas. No había querido preocuparla con las amenazas de Arata.

—Yo también terminé hace rato.

En realidad, no estaba mintiendo. Durante toda la mañana había estado trabajando con el ordenador que le habían dado sus superiores. Tanto, que ni siquiera había tenido la oportunidad de cruzar unas palabras con Kacchan.

Uraraka suspiró y mostró una sonrisa de alivio.

—Ya pareces más contento —le dijo—. Últimamente, cada vez que te llamaba tenía la sensación de que estabas triste. No quise preguntarte para no hacerte sentir peor.

Izuku sintió un pinchazo en el corazón. A pesar de que había intentado ocultarle su estado de ánimo y sus circunstancias, Ochako se había dado cuenta de que algo andaba mal y aun así no había querido presionarlo para que le contara nada. Se sintió peor por haberle estado ocultando cosas a su mejor amiga.

—Estoy bien, Uraraka-san. De verdad que no tienes por qué preocuparte.

—No parecías tú mismo. Ya sabes que puedes contarme lo que sea. Quizás te haga sentir mejor.

—Pues… verás…

En ese momento, la voz de Katsuki se oyó desde la escalera.

—¡Oi, Deku! ¿Qué vas a querer para cenar?

—¿Quién ese ese, Deku-kun? —preguntó Ochako, extrañada.

Izuku no sabía a quién responder primero. Se dirigió hacia la puerta de la habitación mientras intentaba explicarse con Ochako.

—Pues… eso es lo que quería contarte…

—¡DEKU!

—¡Cualquier cosa estará bien, Kacchan! —respondió, entreabriendo la puerta y volviendo a cerrarla.

—¿Kacchan? —volvió a preguntar Ochako.

—Es una larga historia —la advirtió el héroe.

—Tengo tiempo.

Izuku suspiró y le contó todo lo que había ocurrido: la persistente sensación de que Katsuki y él ya se conocían, las amenazas repentinas de uno de los mayores mafiosos de Japón, los recuerdos que iban surgiendo en la mente de ambos y finalmente, su plan de convivir unos días para poder conocerse e intentar recordar algo más sobre el pasado de Katsuki antes de ponerse a investigar.

A medida que avanzaba en los sucesos, el rostro de Ochako parecía más y más preocupado, justo lo que Izuku había querido evitar.

—No sé qué decirte, Deku-kun. Me preocupa que te puedas estar metiendo en un problema muy grande.

—Ya me había metido en uno sin quererlo de todas formas.

Ochako se mordió los labios.

—Y… ¿cómo es él? ¿Te trata bien?

—En realidad, sí —respondió, bastante animado—. Kacchan no es tan malo como parece, ¿sabes? En el fondo es una buena persona. Es competitivo, gritón e impulsivo, pero también es inteligente, divertido e incluso podría decirse que es amable a su manera. Y cocina muy bien. Ayer hizo soba para cenar y estaba riquísima. Además…

Izuku había empezado a hablar sin parar, admirando las cualidades que había ido descubriendo en Katsuki en apenas unos días. Ochako escuchaba atónita sin interrumpirle. Parecía querer preguntar algo, pero no lo hizo hasta que Izuku terminó su retahíla de virtudes sobre Kacchan.

—Deku-kun… ¿acaso te gusta Bakugo?

Izuku tardó en reaccionar unos segundos, pero cuando lo hizo, su cara se tornó roja y empezó a tartamudear.

—¿Eh? ¿Gu-gu-gustarme? ¡No-no es eso, Uraraka-san!

Ochako sonrió con ternura y a la vez algo divertida.

—¿Entonces por qué te pones tan nervioso?

—Yo… Yo… no lo sé. ¡Pero no es eso, de verdad!

—¿Estás seguro? — le picó—. Es un chico muy guapo.

—Sí que lo es, pero… no me gusta —afirmó sin convencimiento—. Además, yo no soy su tipo, Uraraka-san —rio.

Ochako continuó sonriendo, pero en sus ojos se notó un brillo de preocupación.

—Izuku… ten cuidado, ¿vale? — le dijo. Su tono y la forma en la que lo había llamado por su nombre hicieron que el héroe se calmara de golpe—. No quiero que te rompan el corazón.

Izuku le devolvió la sonrisa.

—Tranquila, Ochako-chan. Estaré bien, te lo prometo.


Después de cenar, Izuku convenció a Katsuki para hacer palomitas y ver una película en la pantalla de cine. El olor a mantequilla pronto llenó toda la sala y ambos se acomodaron en el sofá con la misma manta que habían utilizado para ver las estrellas. Jugaron piedra, papel o tijeras para decidir quién escogería la película y finalmente Katsuki eligió una de terror. Bajó las persianas y apagó la luz.

A medida que la película avanzaba, Izuku se fue apretando más y más contra el sofá, abrazando uno de los cojines y escondiendo la cara en él cada vez que aparecía en pantalla algún fantasma o alma en pena.

Katsuki sonrió de forma maliciosa. En la pantalla, el protagonista se internaba en los pasillos de una tenebrosa casa abandonada y escuchaba ruidos a su espalda. Katsuki acercó lentamente la mano hacia Izuku y lo agarró del brazo en el momento de mayor tensión. El héroe respingó y pegó un grito. El rubio no pudo evitar soltar una carcajada.

—¡Kacchan, idiota! —exclamó Izuku, pegándole con el cojín.

—¡Eres un jodido miedoso!

—¡No te rías de mí!

—Espera, espera, que va a salir otro fantasma.

—¡Cállate!

—Esta noche no podrás dormir, Deku.

—¡Kacchan!

Dos horas más tarde, la película había terminado e Izuku estaba agotado de la tensión que había acumulado en el cuerpo, ya fuera por el terror que le causaba la película o por los sustos que le propinaba el propio Kacchan cuando estaba distraído.

Katsuki, sin embargo, seguía fresco como una rosa. El cine de terror era uno de sus preferidos, sobre todo si podía disfrutarlo en compañía de alguien a quien poder asustar.

El reloj marcaba las diez de la noche. A esa hora, Deku ya solía estar acostado. Sin embargo, el héroe tenía los ojos abiertos como los de un búho.

—¿Vas a irte ya a la cama?

Izuku dudó durante unos segundos.

—¿Y tú, Kacchan?

—Yo me quedaré un rato más. Pondré alguna serie.

—Entonces, me quedaré contigo un poco más.

—¿Tanto miedo tienes que no quieres volver a tu habitación? —se burló Katsuki.

—¡N-No es eso! —mintió—. Es que todavía no tengo sueño.

Katsuki se encogió de hombros y puso una serie ya comenzada.

—¿De qué trata? —preguntó Izuku, apoyando el cojín en el extremo del sofá y recostándose sobre él.

—Es una serie policíaca. Resuelven crímenes y casos de asesinatos. El policía es un jodido cabrón.

—Un villano interesado por una serie de policías… Qué irónico.

—Solo quiero coger ideas sobre cómo matarte en cuanto te duermas.

—¡Eres malo, Kacchan!

—Soy un villano —dijo, volviendo su tono repentinamente serio.

Izuku supo entonces que seguía preocupado por el recuerdo que había regresado a sus mentes el día anterior. Se acurrucó en el sofá, tapándose con la manta hasta el cuello y dirigió su mirada a la televisión. La habitación seguía a oscuras y sus ojos empezaron a cerrarse involuntariamente. Antes de quedarse dormido volvió a ver esa imagen en su mente: Kacchan lanzándose hacia él y apartándolo antes de que el ataque de un villano acabara con su vida.

—Pero… tú fuiste mi héroe —murmuró antes de caer en brazos de Morfeo.


Katsuki apagó la televisión poco después. No podía concentrarse después de lo que le había dicho Deku.

Miró al joven, que se encontraba profundamente dormido a su lado en el sofá. Se preguntó si realmente alguna vez habría sido un héroe y si, después de tantos años, podría volver a conectar con esa parte de sí mismo que había quedado enterrada bajo una montaña de crímenes.

Intentó despertar a Deku para que se fuera a la cama, pero el héroe solo refunfuñó en sueños y apretó aún más el cojín sobre el que había recostado la cabeza. Katsuki resopló y pasó sus manos por debajo de los brazos del chico para levantarlo a la manera de un koala. Inconscientemente, Izuku rodeó su cuello con los brazos y apoyó la cabeza en su hombro mientras Katsuki lo agarraba de las piernas.

Subió las escaleras con él y lo llevó hasta su habitación. Se las ingenió para deshacer la cama y meter a Deku entre las sábanas. El héroe abrazó la almohada tan pronto como Katsuki lo depositó en el colchón.

—Gracias, Kacchan —murmuró Deku en estado de duermevela.

Katsuki permaneció durante un par de minutos en la habitación, contemplándolo con envidia. Ya no recordaba la última vez que había dormido con tanta tranquilidad.

Alargó el brazo y rozó con sus dedos los rizos verdes que caían desordenadamente sobre la cara de Deku.

—Así que... tu héroe, ¿eh? —murmuró antes de salir de la habitación.


Izuku cortaba un poco de puerro y cebolleta para hacer una sopa de miso. El arroz se estaba cociendo en la arrocera y ya tenía el salmón sazonado y listo para ponerlo en la sartén. Desde el pasillo le llegó el rumor de los pasos adormilados de Kacchan y se volvió para recibirlo con una sonrisa.

—¡Buenos días, Kacchan!

—Buenos días, nerd —respondió Katsuki. A pesar de todo, parecía más despierto que de costumbre—. ¿Qué estás cocinando?

—Un desayuno japonés: arroz, pescado y sopa de miso —contestó alegremente—. Estoy siguiendo la receta de mi madre. Te va a encantar.

—No lo dudo —respondió Katsuki, acercándose por detrás de Izuku y colocando las manos en la encimera a un lado y a otro del joven—, pero deberías picar el puerro un poco más pequeño —susurró en su oído.

Izuku se estremeció al escuchar el tono sensual con el que Katsuki le había hablado. Intentó moverse, pero su espalda chocó con el cuerpo del villano. Se sonrojó al notar su cercanía y tragó saliva al comprobar tan de cerca su altura y la anchura de su cuerpo.

Katsuki acarició su nuca con la punta de la nariz y mordió suavemente su cuello. Las manos de Izuku empezaron a temblar y soltó el cuchillo.

—¿K-Kacchan? ¿Qué estás haciendo? —preguntó mientras Katsuki introducía sus grandes y cálidas manos bajo su camiseta y acariciaba la piel de su abdomen.

—Te dije que una de mis fantasías era montármelo con un héroe —le recordó entre eróticos susurros—. No me digas que no te gusta.

Otro mordisco, otro más y finalmente una lengua juguetona y húmeda que lamía poco a poco la piel de su cuello.

Izuku sintió cómo la temperatura de su cuerpo aumentaba hasta casi dejarle sin respiración. Katsuki se pegó más a él y pudo notar el bulto de su entrepierna. El rubio le agarró la cara y la giró para besarlo salvajemente en los labios. Las piernas de Izuku empezaron a flaquear.

—Kacchan, esto no está bien —consiguió articular entre beso y beso.

—¿No te da morbo, Deku? ¿Hacerlo con un villano?

—Es… es inmoral.

Katsuki se relamió antes de introducir su lengua entre los labios de Deku, hinchados por sus constantes mordidas.

—Eso es lo que más cachondo me pone de todo —confesó Katsuki antes de introducir su mano en los pantalones de Deku.

Izuku se despertó con el corazón acelerado y la respiración agitada. Miró a su alrededor, desorientado, y recordó que se encontraba en una de las habitaciones de la mansión de Arata. Por un momento, ni siquiera recordó cómo había llegado hasta la cama.

Miró el reloj. Apenas eran las cinco de la mañana y el sol todavía no había salido.

Se llevó las manos a la cara y suspiró profundamente. Después, miró avergonzado hacia su entrepierna y las palabras de Ochako regresaron con fuerza a su mente: "¿acaso te gusta Bakugo?". Le había dicho que no. Se había dicho a sí mismo que no. Pero después de haber tenido semejante sueño que le había provocado una evidente erección empezaba a dudar de su respuesta.

Se tocó el pecho. La sensación de las manos de Katsuki tocando su piel había sido tan vívida que todavía creía sentirla.

Volvió a tirarse sobre el colchón, pero cada vez que cerraba los ojos volvía a ver la imagen de Katsuki besándolo y tocando su cuerpo. Después de varios intentos desesperados por dormirse, se levantó de la cama y se vistió. El sol empezaba a salir por el horizonte. Bajó las escaleras y salió a correr un rato, esperando que el fresco de la mañana lo tranquilizara un poco.

Una hora más tarde, regresó a la mansión y pensó en aprovechar la hora para preparar el desayuno antes de que Katsuki se despertara. El rubio había preparado las cenas de los dos últimos días y quería devolverle el favor. Recordó que en el sueño había estado preparando un desayuno japonés antes de que se convirtiera en el objeto de deseo de su ardiente compañero. La idea de una sopa de miso le hizo la boca agua y se puso manos a la obra de inmediato.

Puso a cocer el arroz y sazonó el pescado. Llenó una olla con agua, le echó un trozo de alga kombu y lo dejó cocer mientras iba en busca del resto de ingredientes.

—Tienes que dejar el alga unos treinta minutos dentro del agua para que coja sabor —le había dicho su madre el día en que le había enseñado a preparar la sopa.

Decidió hacer un poco de té mientras esperaba a que el caldo estuviera listo para echarle la pasta de miso. Después, cortó las setas shitake, el puerro y el cebollino.

Unos pasos le alertaron de que Katsuki acababa de despertar y se dirigía a la cocina. El susodicho aún tenía los ojos entrecerrados, el pelo alborotado y el pijama puesto cuando apareció por la puerta.

—Buenos días, Kacchan.

Katsuki se acercó arrastrando los pies y colocó su cabeza encima del hombro de Deku para mirar lo que estaba cocinando. Un escalofrío recorrió la columna del héroe, que miró a Katsuki con nerviosismo.

—E-Estoy cocinando un desayuno japonés —le dijo—. Arroz, pescado y sopa de miso.

—Deku… —susurró, todavía algo adormilado.

El cuerpo de Izuku se tensionó. A su mente regresó una vez más el sueño de la noche pasada y su entrepierna empezó a doler. El cuerpo de Katsuki todavía desprendía calor por haber estado en la cama hasta hacía unos minutos. El rubio alargó una de sus manos. Por un momento, Izuku pensó que le tomaría una de las suyas y tragó saliva, pero finalmente Katsuki agarró uno de los trozos de puerro.

—Córtalos más pequeños. Son enormes —le dijo.

El héroe suspiró. Había estado aguantando la respiración sin darse cuenta. Rio de forma nerviosa y se alejó de Katsuki con rapidez. Agradeció tener puesto el delantal, que disimulaba la protuberancia que había vuelto a surgir entre sus piernas.

—¿Por qué no los cortas a tu gusto, Kacchan? —sugirió—. Tengo que ir al baño un momento.

Katsuki entrecerró los ojos y lo miró fijamente.

—Estás muy rojo —comentó—. ¿No tendrás fiebre?

—¿Fiebre? ¡Qué va! ¡Para nada! Debe haber sido el calor que desprenden los fogones —rio antes de salir corriendo hacia el baño.

Unos minutos más tarde, cuando consiguió tranquilizarse, regresó a la cocina y encontró a Katsuki cocinando el pescado que había puesto a marinar un rato antes. Se acercó en silencio y terminó de preparar la sopa de miso. De vez en cuando, miraba a Katsuki de reojo. Finalmente, ambos se sentaron a la mesa y comieron en silencio.

—¿Te ocurre algo? —preguntó el rubio—. Estás muy callado.

—He dormido un poco mal —se excusó Izuku con una sonrisa tranquilizadora.

—¿Pesadillas?

—Algo así… ¿Qué tal está la sopa?

—No está mal —respondió Katsuki, encogiéndose de hombros. Izuku pareció desinflarse ante su respuesta indiferente—. Está buena —corrigió al ver la cara de decepción del héroe, que una vez más volvió a iluminarse al decir la verdad.

—Es una receta de mi madre. Me la enseñó antes de venir aquí. En realidad, me enseñó a hacer muchas recetas porque nunca antes había vivido solo y no sabía cocinar demasiadas cosas.

Katsuki continuó comiendo sin levantar la mirada.

—¿Cómo se llama tu madre?

—Inko.

—Inko… Tendré que pedirle que me prepare ella la sopa, a ver si le estás haciendo justicia a su receta —bromeó por primera vez.

Sin embargo, Izuku no se molestó. Por el contrario, miró con nostalgia su plato y recordó los momentos que compartía con su madre durante las cenas, comiendo los manjares que preparaba Inko y charlando sobre el día a día de Izuku en su trabajo de héroe.

—Te gustaría mucho más la de ella. Es una magnífica cocinera.

—¿Y tu padre?

—¿Mi padre? Se llama Hisashi, pero la verdad es que no recuerdo mucho de él. Se fue a trabajar al extranjero cuando yo era muy pequeño y nunca más regresó.

Katsuki enarcó una ceja.

—¿Nunca? ¿Ni por vacaciones?

Izuku negó con la cabeza.

—Siempre ha sido algo que me ha parecido muy raro, ¿sabes? Mamá siempre me decía que ocupaba un puesto muy importante en su empresa y que estaba muy ocupado para venir a visitarnos. Llegó un momento en el que dejé de preguntar cuándo volvería papá porque cada vez que lo hacía mi madre se ponía triste. Al cabo del tiempo, prácticamente olvidé que tenía un padre y me centré en mi madre.

—¿Crees que volverá algún día?

Izuku frunció levemente el ceño y se metió un trozo demasiado grande de pescado en la boca.

—No lo sé, pero ya no me importa. Con mi madre es suficiente. Ella me ha educado, cuidado y protegido durante todos estos años sin necesidad de nadie a su lado. Ella es la única a la que realmente quiero y necesito —mientras decía estas palabras, apretaba los palillos con fuerza. Hacía tiempo que no pensaba en su padre. Le había costado mucho suprimirlo de su mente y en ese momento, se había abierto una herida que había cerrado hacía años a base de decepciones y lágrimas.

—Tranquilo, nerd. Al menos, tú tienes a alguien a quien esperar —le dijo Katsuki.

Izuku levantó la mirada y se fijó en la expresión tranquila, pero melancólica de Katsuki. La rabia de su interior se rompió y se sintió terriblemente egoísta y estúpido.

—Lo siento, Kacchan —murmuró—. He hablado sin pensar en lo que podías sentir.

—No has hecho nada malo.

—Estoy seguro de que hay personas que también están esperando por ti, pero todavía no lo saben. Seguro que tienes una madre y un padre que estarán encantados cuando descubran que tienen un hijo como tú. Seguro que tu madre es muy buena y cariñosa, y tu padre querrá recuperar el tiempo perdido contigo y…

—Cállate, nerd —lo paró Katsuki, tirándole unos granos de arroz—. Me pones nervioso cuando murmuras. Además…, creo que prefiero no esperar nada.

—¿Por qué?

—Porque cuando no tienes nada que esperar, nada te puede decepcionar.


Por la tarde, volvieron a montar en la moto para dirigirse al pueblo. Se habían enterado de que se celebraba una feria medieval durante esos días y les había parecido una buena forma de pasar el rato.

Aparcaron cerca del lugar donde tendría lugar la feria y se adentraron por las callejuelas que les llevarían a la plaza del pueblo. Pronto, la música la cítara y la lira se hicieron presentes en el ambiente. Las calles habían sido decoradas con estandartes y cenefas de telas policromadas. La gente se había disfrazado con trajes propios de la época y había decenas de puestos donde vendían artículos artesanales y comidas inspiradas en la Edad Media.

En medio de la plaza, un grupo de circenses entretenía a un público muy entregado, bailando, haciendo piruetas o jugando con fuego.

Pasearon por las calles, admirando la decoración y probando dulces medievales elaborados con miel y canela. Pararon en un puesto de fotografía donde podían vestirse con trajes medievales y hacerse una foto para el recuerdo. Deku se probó un traje de clérigo, de noble y de guerrero. No pudo parar de reír cuando vio a Kacchan llevando un vestido de campesina que le quedaba ridículamente pequeño.

—Las fotos son más divertidas así —insistió el fotógrafo.

Katsuki parecía muy enfadado, pero cuando vio a Deku riendo sin parar, se acercó a él de forma insinuante, colocó el pie encima de un barril y mostró una de sus piernas por la raja lateral del vestido.

—¿Qué, Deku? ¿Te pongo cachondo? No me dirás que no estoy jodidamente sexy con este vestido.

Izuku se dobló por la mitad con los brazos en el estómago. Finalmente, se llevaron a casa una fotografía en la que Izuku, vestido con una armadura, se arrodillaba frente a una dama de postura altiva que parecía rechazarlo con la mirada.

—Si le enseñas esa foto a alguien, te mataré —advirtió Katsuki mientras se dirigían a un espectáculo de música medieval que habían anunciado hacía unos momentos.

—La guardaré como un tesoro y la miraré siempre que me sienta triste —rio Izuku.

Tomaron asiento en unas gradas de madera que se habían dispuesto especialmente para contemplar los espectáculos y charlaron hasta que una joven de cabello negro trenzado subió al escenario junto con un grupo de músicos que portaban distintos instrumentos. Una bellísima música llenó el lugar de un momento a otro y la chica comenzó a cantar.

Are you going to Scarborough Fair?

Parsley, sage, rosemary, and thyme

Su voz era preciosa. Izuku cerró los ojos para dejarse transportar a tiempos pasados. Se imaginó recorriendo tierras de leyenda montado en un caballo blanco.

Remember me to one who lives there

He once was a true love of mine.

A true love of mine…, repitió en su mente, y no pudo evitar que la imagen de Katsuki llenara cada recoveco de su imaginación. El corazón se le aceleró una vez más.

Tell him to make me a cambric shirt

Parsley, sage, rosemary, and thyme

Without no seams nor needle work

Then he'll be a true love of mine.

Abrió los ojos y miró a Katsuki. Lo que no esperaba era encontrar al rubio mirándole también. Tan pronto como sus ojos se encontraron, ambos apartaron la mirada.

Tell him to find me an acre of land

Parsley, sage, rosemary and thyme

Between the salt water and the sea strands

Then he'll be a true love of mine

La música paró y la gente aplaudió con entusiasmo. Sin embargo, Izuku y Katsuki permanecieron quietos, uno al lado del otro, sin decir una sola palabra. Izuku apoyó la mano en el banco y rozó sin querer los dedos de Katsuki, pero él no apartó la mano. Era un contacto ínfimo, pero Izuku lo sintió tremendamente íntimo. Sonrió preguntándose si al rubio le estaría latiendo el corazón como le estaba latiendo a él en ese momento.

Un grito rompió la magia de aquel instante. Un hombre gritaba pidiendo ayuda. Izuku se levantó con celeridad y corrió hacia el lugar de donde provenían los gritos. Uno de los vendedores señalaba a un hombre que había robado toda su recaudación.

Izuku activó el One for all y corrió hacia el ladrón. Le hizo un placaje y lo tiró al suelo. El hombre lo pateó en el estómago y se levantó de un salto. Tocó el suelo y miles de piedras salieron volando como proyectiles hacia Izuku.

—¡Smash! —gritó, golpeando el aire para detener los proyectiles.

El ladrón volvió a actuar y una nueva oleada de piedras voló hacia el héroe. Antes de que pudiera responder al ataque, una explosión surgió de la nada y destruyó todas las piedras. A su espalda, se encontraba Katsuki con el brazo en alto.

—¡Kacchan! —exclamó Izuku, sorprendido.

—¡Rodeémoslo, Deku! —gritó Katsuki visiblemente emocionado.

Izuku asintió y lucharon mano a mano para detener al ladrón. Minutos más tarde, el hombre había sido neutralizado y la policía se lo llevaba detenido mientras el vendedor agradecía a los héroes su labor con una cesta de frutas variadas. Izuku las aceptó con agrado mientras Katsuki esperaba unos metros atrás, posiblemente sobrepasado por todo lo que acababa de ocurrir. Y no era para menos: después de años al servicio del mayor mafioso de Japón, Katsuki empezaba a descubrir su verdadero ser. Empezaba a descubrir que realmente era un héroe.


Se encontraba en la cubierta de un barco. ¿Por qué un barco? No lo sabía, pero el mar estaba en calma y las olas brillaban en tonos plateados gracias a los rayos de sol. Soplaba una ligera brisa que movía sus rizos y le hacía cosquillas en las mejillas.

Caminó por la cubierta admirando la belleza de su alrededor. Estaba tan distraído que no se dio cuenta de que alguien avanzaba hacia él hasta que lo tuvo apenas a unos pasos. Katsuki cruzó una mirada cómplice con él y rozó su mano con la yema de los dedos antes de pasar de largo y seguir su camino.

Izuku sonrió y se dio la vuelta para buscarlo una vez más con la mirada. Pero Katsuki ya no estaba allí. En su lugar, había un hombre de mediana edad vestido con traje de chaqueta que lo miraba fijamente.

—¡Izuku! —gritó una mujer.

El corazón le dio un vuelco. A su espalda, dos hombres de aspecto peligroso agarraban por los brazos a su madre.

—Mamá…

—¿Creías que podías reírte de mí? —le dijo el hombre—. ¿De verdad pensabais que no me enteraría de todo lo que planeabas?

Un trueno se escuchó demasiado cerca. El sol había desaparecido y en su lugar, densas nubes negras cubrían el cielo. El mar se había picado y las olas rompían con fuerza contra la popa del barco.

—Tú… ¿eres Arata? —preguntó Izuku.

—Te di la oportunidad de desaparecer de la vida de Katsuki, héroe. Te di la oportunidad de marcharte y seguir con tu vida, pero eso no era suficiente para ti, ¿verdad? Los héroes… siempre metiendo las narices donde no les llaman.

Su voz era amenazante, peligrosa. Un escalofrío recorrió la espalda de Izuku. Su madre lloraba y suplicaba que la soltaran. Quiso moverse, pero tenía el cuerpo paralizado. El joven que le había tendido la trampa la otra vez salió de una esquina. Izuku no lo entendía. ¿Cuándo había usado su poder sobre él? ¿Cuándo lo había tocado?

—Puede que viendo a tu madre morir delante de tus ojos sin que puedas hacer nada para evitarlo te enseñe la lección.

¡No, no!

Quería gritar. Quería ponerse de rodillas y suplicar si hacía falta, pero no podía mover un solo músculo.

Arata hizo una señal y los hombres que sostenían a su madre la arrastraron hasta una de las barandillas del barco. Ella pataleaba y gritaba con lágrimas en los ojos mientras lo miraba pidiendo ayuda.

—¡No, por favor! ¡No! ¡Izuku! ¡Izuku, ayúdame! ¡Izuku!

Entre ambos hombres la alzaron y la lanzaron sin ninguna piedad por la borda. Inko cayó al mar embravecido y sus gritos se escucharon por unos angustiosos minutos más. Arata reía. El chico que lo había inmovilizado solo miraba. Otro trueno retumbó en el cielo. Los gritos habían dejado de oírse.

Un grito ahogado desgarró la garganta de Izuku.

—¡MAMÁ! ¡MAMÁ!

Despertó en medio de una oscuridad casi absoluta cubierto de sudor y llorando de forma desconsolada. La puerta de su habitación se abrió y Katsuki se acercó a él, alertado por sus gritos. Se sentó en el filo de la cama y colocó sus manos en los hombros de Izuku, pero el joven héroe no podía dejar de llorar con las manos en su cara.

—¿Qué ocurre? — le preguntaba Katsuki—. ¿Qué te pasa, Deku?

—Mi madre… mi madre… —repetía Izuku una y otra vez.

—¿Has tenido una pesadilla con tu madre?

—Arata la… Arata la mataba… Tengo que llamarla. Tengo que saber si está bien —dijo, intentando alcanzar su móvil de encima de la mesilla de noche.

Katsuki le agarró la mano antes de que pudiera buscar el nombre de su madre en el menú telefónico. A pesar de la oscuridad, Izuku pudo intuir su mirada seria clavada en él.

—Deku, escucha, solo ha sido un sueño.

—Pero, ¿y si…?

—Escúchame —repitió. Su voz era suave, tranquilizadora. Nunca había escuchado ese tono de voz en Katsuki—, tu madre está bien. Es muy tarde. Si la llamas ahora, vas a preocuparla. ¿Es eso lo que quieres?

Izuku reconsideró las palabras de Katsuki y finalmente negó con la cabeza. El rubio le quitó el teléfono y volvió a dejarlo sobre la mesilla.

—Llámala mañana con tranquilidad. Pero no le hables sobre tu sueño. Solo dile que querías hablar con ella. Ya verás que todo está bien.

—Está bien, Kacchan.

—Bien, ahora vuelve a dormir, nerd.

Katsuki ya se dirigía hacia la puerta cuando Izuku volvió a hablar con voz temblorosa.

—Espera. ¿No puedes quedarte un rato más?

—Deberías dormir, Deku.

—Solo unos minutos —aseguró—. Háblame para que pueda tranquilizarme. De otra manera, no podré dormirme.

En medio de la oscuridad, la figura del villano permaneció quieta durante unos segundos. No podía verle la cara. No sabía lo que estaba pensando. Escuchó un suspiro y Katsuki regresó a la cama. Izuku se hizo a un lado para dejarle espacio y el chico se tumbó a su lado, mirando hacia el techo, con los brazos detrás de su cabeza.

—¿De qué quieres que te hable? —le preguntó.

—De cualquier cosa. Puedes contarme otra de esas leyendas, como la del hilo rojo.

El rubio intentó recordar y finalmente recordó una que había leído alguna vez en alguna parte.

—¿Conoces la leyenda de Sakura y Yohiro?

—No, no la conozco. ¿Tiene un final feliz?

—Pues claro, nerd. No te voy a contar una leyenda triste para que sigas moqueando.

Izuku rio mientras intentaba secar las lágrimas de su cara, pero era inútil. Esas lágrimas pronto eran sustituidas por otras que volvían a empapar su cara. El recuerdo de su madre pidiendo auxilio todavía hacía que le doliera el corazón.

—¿Cómo empieza?

—Empieza con una ciudad en guerra y un bosque lleno de árboles en flor. Este último era tan bello que nadie se atrevía a tocarlo durante la guerra. Pero entre todos los árboles, había uno que no conseguía florecer. Así pues, un hada se compadeció de él y le propuso lanzarle un hechizo: durante los siguientes veinte años, podría sentir lo mismo que un corazón humano. Incluso podría transformarse en humano si lo deseaba. El hada esperaba que las emociones lo hicieran florecer. Sin embargo, si en veinte años no lo conseguía, moriría sin remedio.

—Si la ciudad estaba en guerra, no creo que viviera muy buenas emociones —se adelantó Izuku.

—No te hagas spoilers a ti mismo, idiota. ¿Quieres que te cuente la historia o no?

Katsuki se había vuelvo hacia él. Por fin sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y podía ver las pupilas rojas de Katsuki.

Las lágrimas continuaban cayendo una tras otra, mojando la almohada. Izuku se sentía avergonzado, pero simplemente no podía parar de pensar en su madre y preguntarse si se encontraría bien.

—Sí, claro que sí.

—Entonces, deja de llorar —exigió. Extendió su mano y pasó la palma por la cara de Izuku para secar las lágrimas. Inconscientemente, el héroe cerró los ojos y apretó su cara contra la mano grande y cálida de Katsuki. Creyó que el chico la apartaría de inmediato, y sin embargo, la dejó justo ahí durante unos segundos que hicieron latir el corazón de Izuku. Después, le habló con una voz grave—. Si no paras, no te contaré el resto de la historia.

—Está bien, Kacchan. Por favor, continúa. ¿Qué ocurrió después?

Katsuki volvió a acomodarse en el colchón, pero esta vez no dejó de mirarle mientras seguía con la historia.

—Como tú bien has dicho, el árbol se transformó en humano, pero solo encontró guerra y destrucción a su alrededor. Así que pasaron años sin que pudiera florecer. Cuando estaba al límite de su vida, conoció a una chica que se encontraba junto a un río. Su nombre era Sakura.

—Significa "flor de cerezo", ¿verdad?

—Sí. Sakura y el árbol se hicieron buenos amigos y por primera vez, este pudo sentir emociones positivas. Cuando Sakura le preguntó su nombre, él le dijo que se llamaba Yohiro, que significa esperanza. Pasó el tiempo y Yohiro le confesó a Sakura que estaba enamorado de ella y le habló sobre su verdadera naturaleza. Yohiro volvió a convertirse en árbol cuando estaba a punto de morir. Pero Sakura se abrazó a su tronco y le confesó que también le quería. Entonces, el hada apareció de nuevo y le dio la opción a Sakura de fundirse con el árbol si realmente estaba enamorada de él.

—¡Y Sakura aceptó! —adivinó Izuku—. Y al fundirse con él, Yohiro floreció como un árbol de cerezo. ¿No es así?

Katsuki chasqueó la lengua y le dio un golpecito en la frente.

—Eres un maldito nerd sabelotodo.

Izuku rio. Esta vez sinceramente. Ya no lloraba y el dolor de su pecho de había calmado.

—Cuéntame otra historia, Kacchan —le pidió.

—¿Para qué? ¿Para que me estropees el final?

—¡No lo haré, Kacchan! ¡Me callaré, te lo prometo!

—¿Tú, callarte? Te pasas el día murmurando.

—¡No murmuraré! ¡Cuéntame otra, por favor!

Finalmente, Katsuki cedió y le contó otra historia. Y esa no fue la última. Pasó al menos una hora hasta que Izuku finalmente se quedó dormido, agotado por tantas emociones.

El villano pensó entonces en volver a su habitación. También él sentía los ojos cansados y los párpados pesados. Se preguntó si Deku volvería a tener alguna pesadilla durante la noche y cómo reaccionaría al verse solo una vez más. No tuvo tiempo para pensar mucho más, porque los ojos se le cerraron y terminó quedándose dormido al lado del héroe.

Continuará…