Capitulo doce

Actualidad

¿debería haber avisado con anticipación que iría hacía el lugar que Kazutora le había informado? Seguramente si, pero de haberlo sabido, no la habrían dejado ir. ¿Por qué tenia que ser tan cabezota? Tan tonta, pensado que ella podía con todo, sin ayuda de nadie. ¿con que derecho se había burlado de Yuhuza?

Caminó por el lugar. Era frío y oscuro. Miró el techo al escuchar como unas gotas de agua en estado de putrefacción comenzaban a caer, algo así como un aire acondicionado en mal estado. Siguió caminando y pegó un leve grito al ver como un ratón pasaba corriendo. En ese lugar no había nada interesante. ¿El cerebro de Tora se había freído de tanta droga que le dio una dirección errónea? Mordió su labio inferior y se dispuso a salir del lugar, pues, a pesar de solamente estar sucio y mal oliente, tampoco daba muy buena vibra.

Finalmente se encontró con aire limpio, dispuesta a ir a su hogar, pero una mano la jaló hacia adentro nuevamente, dejando el corazón en un puño.

- Shhh…- le dijo el extraño, cerrando la puerta con el pie, para luego apretarle la boca, evitando que emitiera algún sonido-

- Mdeme mdto- gimió Odette contra su mano e intentó morderla-

- Cariño, si gritas, solamente dolerá más – le susurró en la oreja, mientras le manoseaba los pechos-

- Suéltala, Sanzu- Una voz ronca le llamó la atención y al forcejear un poco con el extraño, pudo ver quién era el que hablaba. Mikey-

Se encontraba de espaldas, mirando hacia quién sabe qué. Su cuerpo seguía siendo delgado, casi por genética. Al juzgar por sus brazos, no entrenaba, ni tampoco se alimentaba muy bien. Su cabello estaba corto y mantenía su color a orina, mientras su altura había aumentado levemente, pero seguía siendo un hobbit.

- Hablaré con ella – dijo, dándose la vuelta, mostrando unas ojeras terribles y un estado anímico claramente deteriorado- y ya luego podrás hacerle lo que quieras-

- Como usted ordene, jefe-

El psicópata de Sanzu le olió el cabello como un degenerado y luego la soltó, empujándola hacía donde se encontraba esta versión adulta de Manjiro Sano. Odette se tambaleó un poco, pero rápidamente recobró la compostura, acercándose a él, a paso lento.

- ¿Vas a dejar que Sanzu abuse de mí? – soltó sin miedo, sabiendo que su actitud podría traer repercusiones-

El rubio la miró por unos segundos y luego le hizo un gesto al de pelo rosado, haciendo que el subordinado se marchara. La castaña mordió su labio inferior, con pena. No importaba el tiempo que pasara, ella había amado a Mikey y verlo en ese estado tan deplorable le rompía el corazón.

- ¿Por qué si eres el jefe de una mafia tienes ropa andrajosa? – estaba vez se acercó más a él. Manjiro no emitió ninguna palabra. Bien, si no pensaba hablar, ella rellenaría la conversación- ¿Eso es sangre, acaso? – intentó acercase, pero el de ojos negros se alejó, bruscamente- ¿Vas a responderme algo o me siento a esperar que el enfermo de Sanzu me dispare en la cabeza? –

- ¿A qué has venido? – escupió, con clara molestia en su tono. Evitaba mirarla a los ojos-

- He venido porque estoy preocupada por ti…-

El rubio alzó el rostro rápidamente. A juzgar por su reacción, la respuesta lo había tomado por sorpresa. En cuestión de segundos, volvió a su estado anterior.

- Ah…- asintió y volvió a girarse, caminando hacía una especie de terraza-

- Oye- la castaña frunció el ceño y comenzó a seguirlo, hasta que finalmente lo encontró, sentado en el borde de la pared ¿cómo se había subido tan rápido? -

- ¿Por qué no te vas por donde has venido? – le habló, sin siquiera mirarla al rostro. Odette resopló y se sentó a su lado. Era increíble pensar que a sus treinta años, debía hacer estas cosas para ser escuchada-

- Sé que han pasado años y que nosotros ya no somos los mismos, pero – le tomó la mano y está vez el si se dejó tocar- ¿No lo entiendes, Mikey? – llevó su mano hacía su pecho, dejándolo sentir los latidos de su corazón-

- …-

Al ver como su intento de manipulación psicológica estaba dando un leve resultado, se bajó de la pared y comenzó a guiarlo para que el también lo hiciera. Una vez ambos en el piso, sin ningún aviso de por medio, la tomó de la cintura y la abrazó, con fuerza. Odette pudo oler su cabello sucio, el olor a sudor y almizcle de su cuerpo y a pesar de todo no sintió asco.

- Mikey…- susurró correspondiéndole y comenzó a acariciarle el cabello-

De un momento a otro, la situación cambió abruptamente. El rubio comenzó a ahorcarla mientras ella veía en sus ojos una completa oscuridad.

- Mi…- el aire apenas le alcanzaba para pronunciar una palabra- no…- golpeaba con fuerza las manos de Manjiro, intentando liberarse- basta…- el color de su rostro se volvía cada vez más purpura hasta que sus ojos se tornaron blancos y perdió el conocimiento-

No supo cuanto fue el tiempo que paso exactamente, pero al despertar sintió como unos brazos la estrechaban contra sí. Takemichi la sostenía firmemente mientras conversaba con Kazutora. La castaña sentía como lentamente recuperaba la conciencia y las lagrimas comenzaron a caer por si solas. ¿Quién mierda era ese tipo y por qué lucia exactamente como Mikey?

- ¡Eres una tonta! ¿cómo se te ocurre venir sola? – Kazutora alzó la voz, pero pronto Takemichi le hizo un gesto para que se controlara-

- ¿Co… - sorbió los mocos por la nariz y se acomodó, apretándose un poco hacía el de ojos azules- ¿cómo supieron que había venido? -

- Te fuimos a buscar a tu casa – Takemichi le acomodó el cabello- al ver que no respondías, fuimos a tu lugar de trabajo y tu secretaria nos contó que te habías tomado la mañana libre – miró a Tora y este agachó el rostro, avergonzado- presentí que algo andaba mal, así que llamé a Draken y me contó lo que habían hablado-

- Yo… - intentó hablar, pero las palabras quedaron atascadas en su garganta- Soy una tonta…-

- Ven aquí – Kazutora la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. Al estar de pie la abrazó con fuerza y besó su cabeza- lamento lo que sucedió, te iremos a dejar a casa-

La castaña asintió con la cabeza y caminó abrazada del bicolor. Takemichi también se levantó, llevándole el bolso.

Había dejado el vicio de los cigarrillos luego de su retirada del mundo de las pandillas, pero no pudo resistirse a probar el regalo que Tora le había dejado para aliviar el estrés.

Abrió la ventana de su departamento y miró hacía abajo, deseando con todas sus fuerzas tirarse y terminar con toda la mierda que acababa de vivir. Suspiró y se sentó. Por el momento se perdería consumiendo una sustancia ilícita. Intentó aguantar el ataque de tos que la amenazaba y cerró los ojos con fuerza mientras sentía como su cuerpo comenzaba a levitar. No pasaron más de treinta minutos cuando la puerta de la entrada comenzó a sonar. Su estado de estupefaciencia era absoluto.

Abrió sin fijarse por la entrada quién era pues no se sentía en condiciones de hacerlo. Su corazón casi se sale por la boca al ver a nada más y nada menos que el mugroso de Mikey. Cerró la puerta dejándolo pasar, sabiendo que era una mala idea. Había dormido durante toda la tarde y luego de ducharse, comer algo y ver televisión, se había prendido su regalito. Miró el reloj. Las 1:30 de la mañana

- No sé quién es más estúpida. Yo por abrirte la puerta después de que intentaste ahorcarme o tu sabiendo que puedo llamar a Naoto y que te lleven a la cárcel…-

El rubio miró el departamento. No era la gran cosa. Era bastante pequeño, pero cómodo para una persona. Estaba ubicado en el centro de Tokyo y quizá a eso se debía su porte. Luego, la miró de pies a cabeza. Odette llevaba su cabello corto, amarrado en una media coleta, un polerón rojo y un pantalón negro lleno de pinturas de color.

- Has engordado…- le susurró y luego miró sus ojos- te has cortado el pelo también…-

La castaña quiso patearle la cara. No era precisamente lo que quería escuchar venir de nadie. Y si, efectivamente había cambiado, también había madurado.

- Si, Mikey – suspiró e intento esconder su barriga con las manos de alguna forma- ya no tengo dieciocho años ¿sabes? He pasado por bastante mierda y sí, he engordado…- respondió a la defensiva-

- Me gusta cómo estás – le dijo, sin ánimo de arreglar su comentario anterior, solo queriendo acotar más de lo que ya había dicho-

- ¿Qué quieres de mí? – le dijo, intentando retener las lágrimas, recordándose a sí misma que ya no era una cría, que sabía de psicología y no podía dejar que la situación la controlara de esa manera. Maldita droga-

- Quiero… - se acercó, a paso lento y cuando ya estuvo a centímetros de ella le tomó la cabeza. La chica estaba vulnerable, podría hacerle lo que quisiera, tenía miedo- Quiero disculparme…-

- Por favor…. – gimió asustada- suéltame…-

- Odette – dijo el soltándola de pronto y recordando lo que había sucedido en la mañana- me equivoqué –

- Manjiro, vete, por favor- sintió como las lagrimas comenzaron a empañarle la mirada y se abrazó a si misma-

- Tu fuiste a buscarme…, tu querías saber de mi… – comenzó a hablar mirando el piso, repitiéndose las palabras a si mismo- tu querías salvarme…. –

- ¿Qué quieres de mí? ¿terminar lo que empezaste? –

- No, no – negó con la cabeza mirándola. Se intentó acercar, pero la castaña retrocedió asustada- necesito tu ayuda. Necesito que trabajes para mi-

- ¿Qué? – lo miró sin entender nada. Hace unas horas había intentado matarla y ahora quería que trabajara para ella – No – le dijo, sabiendo que eso podría traer una consecuencia negativa-

- Vine a ofrecerte trabajo. Te dejaré mi tarjeta – la miró, sin dudar un segundo y le colocó un trozo de cartón en la mesa- Llámame si cambias de parecer- comenzó a acercarse hacía la puerta y la abrió-

- ¡No lo haré! – le gritó de lejos, pero molesta y el rubio se giró levemente-

- Ah y no le digas a nadie de la Toman sobre esto-

Al día siguiente se levantó tarde. Gracias al cielo era sábado y si bien sabía que debido a los permisos que había pedido, su sueldo iba a ser mucho menos este mes, le daba un poco igual. Tenía lo suficiente para subsistir. Abrió su celular y miró una invitación de Chifuyu a almorzar. Debido a la noche anterior, se había despertado demasiado tarde, así que le escribió y le dijo que se pasaría a tomar té.

Tocó la puerta. Lucía demacrada. Había optado por no usar maquillaje y su look constaba básicamente de unos jeans y un polerón rosa. Su cabello sin lavar estaba en una coleta desordenada. Hannah le abrió la puerta emocionada y la abrazó. Odette había llevado una tarta de nuez, la cual recibió la norteamericana feliz.

Al entrar casi se cae de culo al ver a la mayoría de sus compañeros sentados ahí. Comiendo pasteles y tomando té. Se frotó los ojos con el pulgar y el índice y se sentó, saludando a todos con la mano derecha. Chifuyu le sonrío y le trajo una taza para servirse té.

- Que buen rostro traes eh – Smiley soltó una pequeña burla y ella solo le respondió poniendo su rostro más aterrador. El pelinaranja guardó silencio-

- ¿Cómo estás? – Kazutora le susurró acariciándole la pierna. Sabía lo que había tenido que pasar. Incluso le había mandado un sinfín de mensajes la noche anterior-

- Si supieras… - Odette sonrío y colocó su mano encima de la de él. Apoyando su cabeza en el hombro del joven, mientras comía un poco de pastel. Mitsuya los miró extrañado-

- Odie, te he llamado hoy – comenzó Chifuyu y la castaña se enderezó. Ya sabía que esperarse- Takemichi habló conmigo y bueno, yo llamé al resto de los chicos – sonrío-

La castaña miró a su alrededor. Quizá no estaban todos los miembros de la Toman, pero si había bastante. Draken e Inupi. Mitsuya. Kazutora. Chifuyu y los gemelos Kawata.

- No sé qué les habrá dicho Takemichi – se encogió de hombros y dejó su trozo de pastel de lado- es más, pensé que esto solamente era una junta entre tú y yo – sonrío. Seductoramente. Quería provocarlo a propósito-

- No – negó el pelinegro y suspiró ignorándola- Kazutora también habló conmigo. Mira Odie – se levantó y miró a Draken pidiéndole un poco de ayuda-

- Odette – le dijo el tatuado, seriamente, siendo la única voz de la razón- Lo que te sucedió ayer es algo bastante grave. Como ex miembros de la toman y amigos tuyos, nos gustaría protegerte-

- ¿Queeeeee? – los miró, sin entender nada y comenzó a reírse ante la mirada extrañada de sus compañeros- miren chicos, sé que estos días no me he comportado como tal, pero soy psicóloga ¿ya? Entonces no tienen que tratarme como si fuera una niña pequeña-

- Lo sabemos – retomó nuevamente Chifuyu y la castaña se ofusco-

- Perfecto ¿saben? Hannah, Chifuyu, les agradezco enormemente la comida, estuvo un veinte de diez, pero yo me marcho –

- Pero…- el pelinegro la intentó llamar, pero solo consiguió una negación-

- Nada. Necesito tiempo para pensar. Cuando este lista, les aviso- dijo y salió por donde había entrado-

La muy estúpida había decidido gastar en Taxi ya que debido a la cruda no se sentía en condiciones de manejar. Mientras veía aplicaciones en su celular, Mitsuya se acerca a ella sigilosamente. No quería asustarla.

- Oye…- La llamó suavemente y la joven se giró apretándose el pecho- perdón, no quería asustarte-

- No importa…- sonrío débilmente. Aún se sentía mal consigo misma- ¿Qué te pasó? ¿también vas a casa? – el pelilila asintió con la cabeza- te ofrecería un viaje, pero he venido en taxi…-

- Podemos… - se rascó la nuca un poco nervioso- podemos quizá ir en mi moto…-

- Quizá tenga ganas de vomitar en algún punto ¿serias paciente conmigo? –

- Siempre…- respondió sonriendo, ofreciéndole su mano y la castaña la miró un segundo antes de aceptarla-