Capítulo 9: Curso intensivo de besos

—Tío… si esto es real…

—Lo es.

Katsuki subió las piernas a la cornisa de la ventana. Le gustaba mirar el paisaje que le ofrecía aquel lugar alejado de la ciudad mientras hablaba por teléfono. Hacía un rato que le había enviado por fax a Kirishima los documentos que Deku había traído de la UA. La llamada no se había hecho esperar.

—¿Estás seguro de que puedes fiarte de ese héroe? No sé… ¿y si todo esto es una trampa?

Katsuki bufó.

—¿Con qué propósito?

—Pues no lo sé. Quizás quiera ganarse tu confianza para acercarse a ti y conseguir meterte en la cárcel.

—Eso no tiene sentido, pelo de mierda. Conoces perfectamente el trato que hizo Arata con la policía. No nos pueden detener si no hacemos nada fuera de la ley.

—Pero es que esto…

—Oye —lo interrumpió. Su voz era siniestramente seria—, sé que es difícil de creer. A mí también me ha costado asimilarlo. Pero es cierto. Esos documentos son reales. Llevan el sello de la Academia de héroes. Además, no conoces a Deku. Él no sabe mentir. No podría manipular a nadie aunque quisiera.

Se hizo el silencio al otro lado de la línea. Podía imaginarse a Kirishima mirando los papeles una y otra vez con angustia.

—No lo entiendo, Bakugo. ¿Por qué iba a ayudarte ese héroe? ¿Qué gana él con eso?

Katsuki frunció los labios. Desde la ventana de su habitación podía ver a Deku sentado en el jardín, disfrutando del sol y leyendo un libro. Recordó la noche anterior, cuando le había llevado a casa de su madre y ambos se habían echado a llorar mientras el héroe lo abrazaba por la espalda. Recordarlo le avergonzaba. Él nunca dejaba que nadie le viera llorar. Se sentía débil y vulnerable cuando eso sucedía, y él siempre había querido dar al mundo una imagen de fortaleza y valentía.

El regreso en coche había sido algo incómodo. Deku le había pedido perdón varias veces más, y a pesar de que él ya no lloraba, por las mejillas del héroe seguía corriendo un río de lágrimas. Cuando había conseguido tranquilizarse, le había contado todo lo que había descubierto, el material que había podido traer consigo y la conversación que había tenido con All Might. Finalmente, se había quedado dormido en el asiento del pasajero hasta finalizar el trayecto.

—Deku y yo nos conocemos de antes, Kirishima. No sé si fue en la UA o ya nos conocíamos de antes, pero ambos tuvimos esa sensación desde nuestra primera pelea y esa sensación ha ido aumentando con el paso del tiempo. Por eso vine a esta casa y lo traje conmigo. Queríamos descubrir la verdad. Y la verdad es que algo anda muy mal, por lo que puedes ver en esos documentos que te he enviado. Al parecer, todos éramos compañeros de clase en la Academia de héroes. Pero algo ocurrió y Sero, Kaminari, Jiro, Mina, tú y yo no llegamos al tercer curso.

—Pero… hay una cosa que no entiendo.

—¿Solo una?

—Una en particular —aclaró—. Si todo esto es cierto y nos borraron nuestros recuerdos para que nos uniéramos a la banda de Arata… ¿por qué los demás tampoco se acuerdan de nosotros? ¿Por qué tu madre no te reconoció ayer? ¿Por qué nuestro supuesto profesor no recordaba nuestros nombres ni nuestras caras? ¿Por qué el propio Deku no sabía nada de nosotros antes de venir a Shinjuku?

Katsuki se llevó una mano a la cara y la pasó por su cabello. Eso era algo que también él se había estado preguntando.

—No lo sé, Kirishima. No lo sé.

Una vez más, se hizo el silencio y lo único que se escuchaba por el auricular era el sonido de sus respiraciones.

—¿Debería decírselo a los demás? —preguntó Kirishima.

—No, todavía no. Aunque lo supieran, no podríais hacer nada. Arata no os dejará marchar tan fácilmente. Y aunque lo hicierais, ¿a dónde iríais? Vuestras familias no os recuerdan y no os creerán si aparecéis de repente y les decís que sois sus hijos. No…, saber la verdad solo los haría sufrir.

Kirishima soltó una risa de frustración.

—Entonces, ¿por qué me lo has contado Bakubro? ¿Querías que sufriera contigo en silencio? —se burló.

—No, idiota —respondió Katsuki. No había podido evitar sonreír—. Te lo cuento porque eres la persona en la que más confío y, si llegado el momento, debemos actuar, lo mejor es que tú también sepas todo lo que está pasando.

—Oh, Bakubro se ha puesto sentimental… ¿Qué te ha hecho ese héroe? ¿Te está sacando el lado amable?

—Eres un gilipollas —bufó—. Voy a colgar.

—¡No, no, espera, Bakugo! ¡Era una broma! Me alegra que hayas confiado en mí. De verdad.

—Escúchame, pelo de mierda, no hagas nada hasta que yo te lo diga. No le cuentes esto a nadie y actúa como si nada hubiera pasado. Pero sobre todo, no confíes en nadie. Deku y yo seguiremos investigando, y cuando tengamos suficiente información, decidiremos qué hacer. Hasta entonces, la boca bien cerrada. ¿He sido claro?

—No te preocupes, Bakubro. Seré una tumba.

—Bien. Hablamos pronto.

Y colgó.

Apoyó la cara contra la ventana. El cristal estaba frío y le alivió un poco el dolor de cabeza. La noche anterior, cuando habían llegado de su largo viaje, Deku se había ido directamente a la cama, pero él no hubiera podido dormir aunque lo hubiera intentado. Tenía todos aquellos documentos, todos aquellos DVDs que incluían su pasado. No podía simplemente irse a la cama cuando tenía todo aquello al alcance de su mano. Y todo gracias a Deku.

Lo observó mientras pasaba las páginas, perdido en su mundo. Volvía a sonreír. Gracias a Dios. Nunca le había importado ver a la gente llorar a su alrededor, pero por alguna extraña razón, cada vez que veía a Deku llorar algo se removía en su interior y se le formaba un nudo en el estómago. La noche anterior había llorado tanto que debía de haberse deshidratado. Le había pedido perdón tantas veces… ¿y por qué? ¿Por haberle querido hacer un regalo? Nunca nadie se había preocupado tanto por él, por si era feliz o infeliz, por si sonreía o lloraba. Nadie.

Una mariposa revoloteó alrededor de Deku. El chico la siguió con la mirada y alzó la mano para intentar tocarla. De pronto, la mariposa se posó el cabello del chico, seguramente pensando que se trataba de algún tipo de planta. El joven rio. Katsuki cogió el móvil y, haciéndole zoom a la cámara, le hizo una foto. Después, la mandó al móvil de Deku junto con el mensaje: "Qué fácil es hacer feliz a un tonto", y esperó.

Desde la ventana pudo ver cómo Deku agarraba su móvil, abría el mensaje y su cara volvía roja. Lo buscó con la mirada y finalmente sus miradas se cruzados. Deku frunció el ceño, infló sus mejillas y señaló a la pantalla de su móvil. Un mensaje llegó al móvil de Katsuki.

«No me hagas fotos sin que me dé cuenta.»

Sonrió. Tecleó y envió.

«¿Qué quieres para comer, nerd?»

Deku volvió a mirar su móvil y no pudo evitar sonreír.

«Katsudon.»

«¿Otra vez? ¿Sabes que hay más comidas en el mundo además del Katsudon?»

«Lo comimos hace una semana, Kacchan.»

¿Una semana?, se preguntó Katsuki. ¿Ya hacía una semana que habían llegado a la casa? Miró a Deku. El joven le devolvía la mirada con una sonrisa, esperando una contestación. Finalmente, tecleó y se alejó de la ventana.

«Bien. Comeremos Katsudon.»

Caminó hasta su escritorio y volvió a hojear los documentos que Deku le había dado antes de meterlos en la carpeta. Leyó sus datos, como si fueran los de un desconocido: Bakugo Katsuki, 16 años. Hijo de Mitsuki y Masaru Bakugo. Media de 9'85 en el instituto. La mejor nota de su promoción en el primer año en la Academia de héroes. Ganador del festival deportivo de la UA. Nombre de héroe: Dynamight.

Sonrió. Dynamight. Deku no había dudado en pronunciar su nombre de héroe cuando su madre le había preguntado. Parecía que Midoriya Izuku tenía más asumido que él mismo que era un héroe.

Le dio la vuelta al folio y vio el diseño de su traje de héroe y fotos en las que salía luciéndolo en las prácticas. Era tan raro verse con uno de esos trajes de los que siempre se había burlado… Se preguntaba si algún día tendría la oportunidad de volver a llevarlo. Antes, no lo hubiera creído, pero con Deku todo parecía posible.


Eran cerca de las dos de la madrugada cuando Izuku bajó las escaleras en dirección a la cocina para buscar un vaso de agua. Se había enrollado alrededor del cuerpo una manta y caminaba descalzo por los pasillos de la casa. Pasó por delante de la sala de cine y le llamó la atención una luz tenue que pasaba por debajo de la puerta. Abrió despacio. La habitación estaba a oscuras y la luz que Izuku había visto salía directamente de la pantalla de cine, donde Kacchan veía una y otra vez su participación en el Festival deportivo de la UA. Se encontraba sentado en el sofá central con los codos apoyados en las rodillas y una expresión de cansancio.

Izuku se sentó a su lado, subiendo los pies al sofá y apoyando la cabeza sobre el respaldo con gesto soñoliento. Kacchan ni se inmutó al verlo entrar a esa hora.

—Kacchan… ¿estás bien? —le preguntó.

Katsuki cogió el mando a distancia y pausó el DVD. La imagen se congeló en un momento en el que su yo adolescente lanzaba una explosión contra Todoroki con gesto feroz. Dejó el mando encima de la mesa y, al igual que había hecho Izuku, se reclinó sobre el respaldo del sofá y cerró los ojos. Izuku pudo ver entonces unas incipientes ojeras que empezaban a hacerse notar en su rostro. Katsuki se llevó el brazo derecho a la cara y la cubrió con él como si hubiera podido adivinar los pensamientos de Izuku.

—No logro recordar nada —dijo con voz grave—. Da igual las veces que vea ese maldito DVD. No puedo reconocerme. ¿Sabes lo que es eso, Deku? ¿Verte en unas imágenes y no recordar haber dicho o hecho todo lo que aparece en ellas? Sé que soy yo. No hay duda de ello. Y sin embargo, es como si estuviera viendo a otra persona…

Su voz sonaba cansada, hastiada.

—Kacchan…

—¿Por qué? ¿Por qué mi mente no consigue recordar? ¿Qué es lo que tengo que hacer para acordarme de toda esa mierda? ¿Qué es lo que me han hecho, Deku?

A Izuku se le encogió el corazón ante esas preguntas. Podía sentir el dolor de Katsuki, podía imaginar lo que sentía al no ser capaz de recordar nada de lo que veía en los vídeos o lo que leía en sus expedientes de la UA. Solo pensar que a él le sucediera lo mismo y que no fuera capaz de recordar a su madre, a sus amigos o su trabajo como héroe, le hacía sentirse francamente mal.

Esa misma tarde habían decidido sentarse a ver los DVDs los dos juntos, pero Izuku tampoco había conseguido recordar ninguno de los momentos en los que Kacchan o alguno de sus amigos salían a escena. Era extraño cómo sus recuerdos se hacían nítidos cuando se trataba de sus propias peleas y se emborronaban cuando tenían que ver con las de Kacchan.

Suspiró. Él también había dejado de acordarse de muchas cosas, pero no había afectado a su vida al nivel que había afectado a la de Kacchan.

—¿Sabes? Hace un tiempo recordé algo —dijo Izuku de repente—. Bueno, "recordar" no es exactamente la palabra, pero no encuentro otra mejor. Ocurrió cuando estaba dando mi primer beso —Con esto, consiguió captar la atención de Katsuki, que retiró el brazo de sus ojos para poder mirarle. Izuku, sin embargo, desvió su mirada hacia el techo, avergonzado—. Fue algo fugaz, como un destello. Recordé que, cuando era pequeño, había un chico que me gustaba muchísimo. No recuerdo su nombre ni su cara. Tampoco su quirk ni si éramos amigos, si íbamos juntos al colegio o si vivíamos en la misma barriada. No recuerdo absolutamente nada de él. Solo el sentimiento de admiración tan grande que sentía cada vez que lo veía. A día de hoy sigo sin acordarme de quién era.

—¿Y eso te hace sentir mal?

Izuku asintió.

—En cierta forma, me duele haber olvidado a mi primer amor.

—¿Tan importante fue?

—Desde entonces, no he vuelto a sentir lo mismo que sentía con él —rio—. Es extraño. ¿Cómo se puede recordar un sentimiento y no a la persona que te lo provoca? Nunca podré entenderlo…

Katsuki se giró totalmente hacia Izuku y colocó su codo sobre el respaldo del sofá.

—¿Con quién fue tu primer beso? —preguntó.

Izuku se sobresaltó, avergonzado por la pregunta. Pensó que Katsuki estaría intentando molestarlo, pero el rubio seguía tan serio como hacía unos segundos.

—¿Por qué preguntas eso?

—Has dicho que ese recuerdo te llegó dando tu primer beso.

Izuku estaba sorprendido del avance que había habido en la relación entre Kacchan y él en tan poco tiempo. Cuando acababan de llegar a la casa, el villano se mostraba reticente a escuchar detalles sobre su vida. Lo tomaba como algo necesario para poder alcanzar el objetivo que les había llevado a convivir juntos, pero escuchaba a Izuku por pura inercia, sin interesarse realmente por lo que él le contaba. En ese momento, sin embargo, Katsuki parecía realmente interesado en sus palabras.

—Fue con mi mejor amiga: Uraraka —confesó—. Nos conocimos el día de las pruebas para entrar en la Academia de héroes. Ella fue mi primera amiga, ¿sabes? Hasta entonces, yo siempre había estado solo. Quizás por eso confundí lo que sentía por ella.

—¿Te declaraste?

—No, fue ella la que me confesó que estaba enamorada de mí. El día de nuestra graduación. Estábamos a punto de irnos cuando me preguntó si podía hablar conmigo a solas. Yo… de verdad pensaba que ella me gustaba y por eso la besé. Pero tan pronto como se rozaron nuestros labios, llegó a mi mente ese recuerdo. Fue tanta la intensidad con la que apareció en mi mente que incluso me asusté. Después de eso, salimos juntos un par de semanas, pero cada vez que intentaba besarla, la misma imagen recorría mis recuerdos una y otra vez. Finalmente, tuve que serle sincero y decirle que no sentía lo mismo que ella sentía por mí.

Katsuki soltó una pequeña risa nasal y se cruzó de brazos.

—¿Quién hubiera dicho que el inocente y dulce Deku es en realidad todo un rompecorazones?

—No te burles —le pidió—. Ambos lo pasamos muy mal con toda esa situación. Tuvo que transcurrir algún tiempo hasta que volvimos a hablar con normalidad.

—Después de todo lo que ocurrió, ¿sigue siendo tu amiga?

Izuku asintió con una sonrisa triste.

—Es mi mejor amiga. Siempre está para mí cuando la necesito. Todavía me siento fatal por haberla herido.

—¿Crees que ella siga sintiendo lo mismo por ti?

—No, no lo creo. Antes de venir a Shinjuku hablamos. Le pregunté si todo había quedado olvidado y me aseguró que todo estaba bien. Al parecer estaba conociendo a otro chico en su nuevo lugar de residencia.

—¿Y después de esa tal Uraraka has salido con alguien más?

Izuku suspiró como si recordar todo aquello le diera dolor de cabeza.

—Lo intenté…, pero cada vez que salía con alguien, me pasaba exactamente lo mismo que me había ocurrido con ella. Cuando besaba a alguien, el recuerdo de ese chico de mi infancia volvía a mí una y otra vez, y no me atrevía a continuar con la relación. Así que, finalmente, decidí centrarme en mi carrera de héroe.

Una sonrisa ladeada se formó en el rostro de Katsuki.

—Vaya… Así que nuestro querido Deku es virgen. Eso desmonta por completo la teoría del rompecorazones.

—¡Kacchan!

—¿Qué? ¿Acaso no es así? —preguntó, enarcando una ceja. En el fondo, Izuku se alegró de que hubiera regresado el Kacchan burlón de siempre—. ¿Acaso pasaste de los besos? ¿El romántico Deku que no es capaz de besar a alguien sin recordar a su primer amor ha sido capaz de abrirse de piernas para alguien? ¿O de abrírselas a alguien?

—¡Eres un… grosero!

—Esa respuesta confirma mi teoría.

—¿Cómo podría acostarme con alguien mientras estoy pensando en otra persona?

—El amor y el sexo no tienen por qué ir de la mano, Deku.

—Puede que para ti no, Kacchan, pero yo… yo no podría hacerlo con cualquiera —refunfuñó, abrazando uno de los cojines del sofá y enterrando su cara en él. Solo de pensar que Katsuki tenía una vida sexual activa se le revolvía el estómago. Ya se lo había imaginado al conocerlo, cuando le había agarrado el culo en la discoteca y le había dicho que él nunca dejaba escapar una presa. Ya lo sabía, y sin embargo, no podía evitar sentirse mal al pensarlo—. Tú… ¿te has enamorado alguna vez?

Katsuki no tardó en contestar.

—No. Al menos no desde que tengo memoria. En el mundo en el que me muevo, enamorarse es una estupidez.

—¿Por qué?

—Porque no sabes lo que va a pasar al día siguiente. Cualquiera de nosotros podría ir a la cárcel o podríamos ser asesinados por mafias rivales. Es una táctica muy común en este mundo: matar a las personas que son importantes para tus enemigos para hacerles sufrir.

—Eso es horrible…

—Yo nunca he tenido que presenciarlo, pero sé de buena mano que Arata es uno de los que utiliza esas tácticas. Y si tiene un odio profundo hacia su enemigo, hace que este presencie la muerte de su amante sin que pueda hacer nada para impedirlo. Los tortura y los hace sufrir hasta la saciedad. Jamás he conocido a alguien tan sádico. ¿Qué harías tú si mataran a la persona de la que estás enamorado delante de ti, Deku? ¿Acaso no te volverías loco de dolor? No, definitivamente el amor no está hecho para los criminales. Lo mejor es follar cuando te apetece y listo. Nada de vínculos emocionales. Solo sexo.

—Pero eso es muy triste, Kacchan. Que no puedas sentir nada por miedo a lo que pueda pasar…

El rubio se encogió de hombros.

—Te acostumbras y punto. Además, todos tenemos necesidades y no es bueno quedarse con las ganas. Piénsalo: besas a alguien y te dan ganas de tirártelo. ¿Por qué no lo vas a hacer, porque te lo impiden unos estúpidos sentimientos? ¡Qué le den a los sentimientos entonces! Tienes que disfrutar el momento. ¿Qué es lo que piensas hacer si no consigues olvidar nunca a ese chico? ¿No vas a follar nunca? ¡Menuda manera más estúpida de desperdiciar tu sexualidad y tu juventud!

—Bueno…, la verdad es que con ninguno de los besos que he dado he sentido ganas de ir más allá —reconoció.

Una vez más, el recuerdo de aquel sueño erótico con Katsuki se hizo presente con fuerza en su mente. Un solo sueño con el chico que tenía al lado había conseguido excitarlo como no lo habían hecho los besos y los roces que le habían obsequiado otras personas.

—Eso es porque no te han dado un buen beso. O porque tú no lo has dado. Quizás el torpe eres tú.

—¡No soy torpe! —exclamó Izuku, soltando el cojín y frunciendo el ceño.

—¿Ah, no? —Katsuki volvió a girarse hacia él con una sonrisa maliciosa—. Demuéstramelo.

—¿Eh?

—Que me lo demuestres. Vamos, Deku, muéstrame cómo besaste a esas personas.

Izuku parpadeaba una y otra vez, perplejo. ¿Kacchan le estaba pidiendo lo que él pensaba que le estaba pidiendo?

—¿Quieres que yo…?

—Sí, Deku, quiero que me beses.

—¡Pero, Kacchan…!

—Es solo un beso. No significa nada. Solo te estoy dando la oportunidad de enseñarte cómo debes besar para poner cachondo a alguien.

—¡Pero yo no quiero ponerte cachondo, Kacchan!

—No soy Kacchan —respondió—. Soy el tío que has conocido en una discoteca y al que te quieres llevar a la cama.

—Yo nunca me llevaría a un chico a la cama en la primera noche.

Katsuki bufó, exasperado.

—Está bien, señor romanticón. Entonces soy el chico al que has conocido hace un mes y al que te quieres llevar a la cama después de haber tenido veinte citas, de que te haya traído un ramo de flores (¿cómo se llaman, bocas de dragón?) y de que haya conocido a tu madre. ¿Contento? Ahora, enséñame lo que sabes.

Izuku tragó saliva. Sentía calor en las mejillas y el corazón latiendo a toda velocidad. Las manos le temblaban y agradeció tenerlas escondidas debajo de la manta. Se preguntó si Kacchan estaría hablando en serio. ¿De verdad quería que lo besara? ¿Y si todo era una broma y pensaba tomarle el pelo tan pronto como se acercara a él?

—Te estoy esperando, nerd. No tengo toda la noche.

Parecía serio. Lo miraba fijamente a los ojos. No parecía estar bromeando.

Izuku se deshizo de la manta que lo cubría y se acercó lo suficiente para poder acceder a la boca de Katsuki con solo estirar el cuello. Cerró los ojos y depositó un beso rápido, fugaz, en los labios de Katsuki. El corazón se le iba a salir por la boca.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó el rubio frunciendo el ceño—. Me ha parecido que una ráfaga de viento me acariciaba la cara. ¿Eso es todo lo que tienes?

Izuku suspiró y volvió a acercarse a él. Una vez más, juntó sus labios con los de él, pero el beso apenas duró unos segundos.

—¿Qué tal? —preguntó Izuku, tímidamente.

—Bueno, algo mejor. Al menos ahora lo he notado. Pero ese beso no podría cachondo a nadie.

—No es fácil, Kacchan —se quejó Izuku—. Me pones nervioso si me miras tan fijamente.

—Si te hace sentir más cómodo, cerraré los ojos. ¿Bien?

—Sí…

Katsuki cerró los ojos tal y como había dicho y esperó a que Izuku diera el siguiente paso. Izuku inhaló y exhaló lentamente. Empezaba a pensar que se encontraba en un sueño como el que había tenido en la cocina. Su mente no podía creerse del todo que estuviera besando a Katsuki, aunque fuera por un tonto juego propuesto por el rubio.

Observó sus facciones. La luz de la televisión se reflejaba en ellas creando una composición de luces y de sombras que resultaba casi hipnótica. Definitivamente, Katsuki era el chico más guapo que había conocido nunca.

Las palabras que le había dicho su madre antes de marcharse de su casa resonaron en su cabeza:

«Ve a por él, Izuku. No lo dejes escapar.»

Volvió a respirar hondo y se mordió los labios de puro nerviosismo. Se acercó un poco más a Kacchan, lo necesario para terminar de romper el espacio que había entre ellos, y llevó su mano derecha a la mejilla del chico. Delineó lentamente la mandíbula del joven con sus dedos a medida que acercaba su boca a la de él. Finalmente, besó a Katsuki por tercera vez, pero en esta ocasión fue diferente: no se conformó con solo juntar sus labios, sino que los movió suavemente sobre los de él. Pensaba que haría el ridículo, pero Katsuki no tardó en responder moviendo su boca al ritmo que marcaba Izuku.

Fue un beso lento y dulce. Izuku llevó la mano que le quedaba libre a la cara del rubio y la acunó con ambas. Katsuki llevó las suyas a la cintura de Izuku y tiró de su cuerpo, guiándolo sin necesidad de palabras para que se colocara encima de él. Izuku pasó su pierna derecha por encima de las de Katsuki y quedó sentado en los muslos de este. Katsuki lo atrajo un poco más hacia sí, rodeando su cintura totalmente con sus brazos, y entonces se separó de su boca para mostrar una pequeña sonrisa.

—No está mal, nerd —susurró contra sus labios—. Pero aún puede mejorar. ¿Quieres que empiece con la lección?

Izuku asintió con los ojos entreabiertos. Tenía la respiración agitada. Los latidos de su corazón no le dejaban respirar con normalidad. Se preguntaba si, estando tan cerca como estaban el uno del otro, Katsuki podría sentirlos.

—Has empezado bien —le dijo. Su voz era un suave y sensual murmullo. Estaban tan cerca que Izuku notaba la vibración de sus palabras en los labios. Apenas podía entender lo que le estaba diciendo. Se sentía mareado y solo pensaba en el momento en que pudiera volver a besar a Katsuki—. Siempre hay que comenzar con un beso lento para ir calentando el ambiente poco a poco. Nada de lengua. Solo labios. Un roce lento y constante.

Dicho esto, deslizó suavemente su mano derecha por la espalda de Izuku y enredó los dedos en sus rizos verdes. Con la misma mano, guio a al héroe para que sus labios volvieran a unirse. Esta vez era Katsuki el que llevaba la iniciativa. Entre beso y beso, susurraba nuevas indicaciones. Izuku lo oía, pero su cerebro no siempre procesaba la información, y a veces se ganaba un suave reproche por parte de su profesor.

—¿Qué? —preguntó aturdido, separándose apenas unos milímetros de Katsuki.

—He dicho que ladees la cabeza para profundizar el beso —repitió el rubio.

Izuku asintió e intentó estar más atento a las instrucciones que le daba Katsuki. Con sus brazos, rodeó el cuello del villano y ambos ladearon sus cabezas levemente hacia lados contrarios. Tal y como había dicho Katsuki, el beso se hizo más profundo e intenso. La velocidad también aumentó un poco. Katsuki atrapó el labio inferior de Izuku entre sus dientes y tiró de él con suavidad. El joven dejó escapar un suspiro.

—De vez en cuando, dales un pequeño mordisco —indicó.

Izuku asintió imperceptiblemente y mordió el labio inferior de Katsuki, imitando la manera en la que lo había hecho él unos segundos antes. Lo hizo despacio, con cuidado de no hacerle daño.

—Bien —aprobó Katsuki—. Ahora, llega el momento de introducir la lengua. Si ya tiene la boca abierta, aprovecha para entrar.

—¿Y si la tiene cerrada? —preguntó Izuku. La respiración de Katsuki y la suya se mezclaban. Sus miradas no se desviaban de la del otro ni por un momento.

—Entonces, pídele que te deje entrar.

—… ¿Cómo?

Katsuki cerró los ojos y lamió despacio los labios de Izuku. Como acto reflejo, el joven héroe abrió su boca y dejó que Katsuki jugara con su lengua en una lenta y erótica agonía.

Tenía calor. Sentía que la temperatura subía en su cuerpo considerablemente. La manta había quedado olvidada en el suelo y en esos momentos empezaba a sobrarle la ropa.

La mano derecha de Katsuki abandonó su cabello y regresó por el mismo camino que había trazado anteriormente, pero esta vez buscó el final de su camiseta y se introdujo por los pliegues hasta alcanzar la piel de su espalda. Izuku volvió a temblar. ¿Realmente no estaba en uno de sus sueños?

—Para aumentar la excitación —murmuró Katsuki—, toca su cuerpo y llámalo por su nombre… Izuku.

El cuerpo del héroe se estremeció al oír su nombre de boca del objeto de sus deseos. La temperatura de su cuerpo volvió a aumentar y su entrepierna comenzaba a doler. Katsuki le hablaba en voz baja, sin apartarse demasiado de él, creando un pequeño espacio íntimo entre ambos que Izuku tenía miedo de romper.

—¿Me has oído, Izuku? —le preguntó. El joven se sentía embelesado por su tono de voz. Grave, sensual…

—Sí…, Katsuki.

Al oír su nombre, algo cambió en la actitud de Katsuki. Aumentó la velocidad y la intensidad de aquel beso hasta tal punto que Izuku no pudo reprimir un gemido. Ya no era lento y acompasado, sino frenético, salvaje. Izuku apretó con fuerza la camiseta de Katsuki para aferrarse a él, pero el rubio lo tomó como una invitación a deshacerse de aquella molesta barrera de tela que les impedía sentir la piel del otro plenamente. Se separó unos segundos de Izuku, se quitó la camiseta y la tiró a un lado. Acto seguido, le quitó la suya a Izuku y recorrió su cuerpo con sus manos mientras volvía a besarlo.

—Kacchan… —suspiró Izuku.

¿Estaban yendo demasiado lejos? Quizás sí. Pero no podía parar a Katsuki. No quería parar a Katsuki. Ni en sus mejores sueños habría imaginado que tendría la oportunidad que tocarlo y besarlo de aquella manera. Era la primera vez que se sentía así por alguien. Era la primera vez que besaba a alguien sin que el chico de su infancia apareciera en su cabeza como un fantasma que lo atormentaba y que no le dejaba progresar. Se sentía tan bien… ¿Cómo iba a pararlo?

Pasó sus manos por los pectorales de Katsuki y consiguió robar de la boca del rubio un suspiro. Abrió los ojos y se encontró con la mirada ardiente del villano. Katsuki lo agarró con fuerza y lo tumbó sobre el sofá, colocándose encima de él. Tomó sus piernas y las guio alrededor de su cintura. Izuku obedeció sin pensar en las posibles consecuencias que podía tener esa acción. Por ejemplo, que Katsuki se diera cuenta de que aquella situación había conseguido excitarle y le había provocado una evidente erección. Pero en ese momento, ¿qué importaba?

Continuaron besándose y tocándose sin pensar en nada más. Sus lenguas danzaban casi con violencia en la boca del otro. Katsuki abandonó su boca y se lanzó a por su cuello. Primero solo lo besó, pero después lo lamió y lo mordió con la intención de hacer gemir a Izuku. Se pegó a él todo lo que pudo y ambos sintieron la excitación del otro a través de la tela de sus pantalones. Izuku no pudo evitar gemir ante el contacto.

—Ka… Kacchan… —susurró. Su voz temblaba. Era la primera vez que se sentía de aquella manera con alguien y no sabía cómo reaccionar.

Katsuki se alzó sobre él y lo miró a los ojos. Ambos respiraban con agitación. Katsuki rozó los labios de Izuku con su dedo pulgar y depositó suavemente otro beso en ellos.

—¿Ves lo que te decía? Llegados a este punto, ¿por qué deberíamos detenernos? —le preguntó en el oído, dándole un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja. El corazón de Izuku volvió a acelerarse y un escalofrío le recorrió la columna—. ¿Qué debería impedirnos disfrutar simplemente del placer que nos puede aportar el otro? —Otro beso—. ¿Unos simples sentimientos que no llevan a ningún lado?

Katsuki hacía una pregunta tras otra mientras las acompañaba de besos suaves y cortos, pero no esperaba una respuesta por parte de Izuku, o al menos esa fue la sensación que el héroe tuvo.

Izuku simplemente se dejaba hacer. Esos pequeños besos que Katsuki iba depositando en sus labios mientras hablaba habían conseguido tranquilizar sus nervios y calmar su corazón. Su voz había perdido todo matiz de excitación y locura y hablaba de forma calmada y cuerda.

Una parte de Izuku comprendió lo que Katsuki quería decir. Ambos se habían excitado con el contacto del otro. ¿Por qué no ir más allá y pasar un buen rato? ¿Por qué no simplemente disfrutar del sexo sin pensar en los sentimientos? Solo había un problema: ¿cómo podía él apartar los sentimientos si con cada roce de Katsuki sentía que se derretía por dentro? ¿Cómo podía dejarse llevar sin que su corazón se sobresaltara cada vez que el rubio le besaba? Para Kacchan era fácil olvidarse de todo eso porque no sentía nada por él, pero Izuku sí estaba empezando a sentir algo por Kacchan.

Abrió los ojos y una vez más, sus miradas chocaron. Katsuki mostró una sonrisa, esta vez sin ningún tipo de malicia. Lo miraba casi con ternura.

—Tranquilo, nerd. Sé que no es esto lo que quieres… aunque tu cuerpo diga lo contrario.

Con esto dicho, se levantó y recogió su camiseta del rincón en el que había quedado olvidada. Con ella en mano, apagó la televisión y se dirigió hacia la puerta. Izuku lo miraba desde el sofá, confundido.

—Buenas noches, Deku —le dijo dirigiéndole una sonrisa traviesa—. Intenta no soñar esta noche conmigo.

Continuará...