¡Buenaaaaaas! Ya estoy de vuelta.
Esta vez he tardado un poquito más de lo normal. Os he estado (mal)acostumbrando a un capítulo por semana, pero esta vez me ha sido imposible. El trabajo me asfixia y se lleva todo mi preciado tiempo. He intentado sacar ratitos de mi atareado día a día para poder traeros el capítulo 10 cuanto antes. En compensación, este capítulo es más largo de lo habitual. Espero que lo disfrutéis.
Gracias a y a Sandy97, que son mis lectoras habituales y me dejan un comentario cada vez que me leen (me animan muchísimo para seguir escribiendo).
También quisiera dar la bienvenida a Ekhate. Me dijiste que necesitabas rápido el siguiente capítulo y aquí lo tienes. Jeje. Espero que sea de tu agrado.
Sin más dilación, ¡vamos a ello!
Capítulo 10: El día de los héroes
«Buenas noches, Deku. Intenta no soñar conmigo.»
Esas habían sido las últimas palabras que le había dirigido Kacchan antes de marcharse a su habitación. Pero, ¿cómo no iba a soñar con él después de lo que había ocurrido? Cuando por fin había conseguido dormirse después de decenas de vueltas en la cama, la imagen del rubio había aparecido nítida en sus sueños.
Izuku se encontraba en unos jardines contemplando los pétalos que caían de los cerezos en flor como una lluvia rosada. El sol brillaba en el cielo. Se dio la vuelta para mirar el edificio que se encontraba a su espalda. Le resultaba familiar, pero no recordaba de qué. Caminó por los exteriores, fijándose en las paredes grises y en los grandes ventanales. Se parecía a su antiguo instituto.
De repente, alguien lo agarró de la mano y jaló de él hacia un callejón ensombrecido. Era un chico al que no podía ver la cara: la llevaba cubierta por una capucha. El desconocido lo colocó contra una de las paredes de manera un poco brusca. A principio, sintió inquietud, pero cuando vio los ojos rojos de Kacchan, el miedo desapareció por completo.
—Kacchan, eres tú… —suspiró.
—Shhh —lo mandó a callar el rubio, besándolo en la boca.
Izuku dejó escapar otro suspiro mientras Kacchan lo agarraba de la cintura con una mano y le levantaba la barbilla con la otra. Pasó sus manos por los hombros del chico y las enlazó por detrás de su cuello. ¿Desde cuándo Katsuki era tan alto? Tenía que alzar la cabeza completamente para pudiera acceder a sus labios.
Kacchan enredó su mano entre sus rizos y profundizó el beso introduciendo lentamente la lengua en su boca. Izuku temblaba entre sus brazos.
Se separaron unos instantes para respirar. Apenas unos segundos. Izuku inhaló el dulce aroma de la colonia de Kacchan y lo miró a los ojos antes de tirar de él suavemente para volver a besarlo. Kacchan lo apretó contra la pared y metió una de sus manos bajo la camiseta de Izuku. Sus dedos acariciaron la piel del héroe enviando una corriente eléctrica a través de la columna de Izuku. Después, introdujo su pierna derecha entre las del joven de ojos verdes y la movió hacia arriba y hacia abajo para rozar la entrepierna del chico.
—Kacchan… —gimió Izuku.
—Deku… —contestó el villano, abandonando sus labios para encargarse de su cuello, propinándole besos, mordiscos y lametones por igual.
Izuku cerró los ojos y se dejó llevar por las maravillosas sensaciones que invadían su cuerpo con cada roce y con cada beso de Katsuki. Y de repente, algo cambió.
—Deku…
Esta vez, la voz de Kacchan no había sonado sensual y seductora. Había sido un gruñido, una voz grave que conllevaba una advertencia, o quizás una amenaza. Izuku abrió los ojos. El Katsuki que se encontraba frente a él ya no era el mismo que segundos antes había estado besándolo y tocando su cuerpo. Era un Kacchan más joven, adolescente. Iba vestido con el uniforme negro propio del instituto y su expresión estaba llena de rabia y odio.
Se miró a sí mismo. Él también era más joven y llevaba el mismo uniforme. Su cuerpo había vuelto a ser débil y escuchimizado. Kacchan lo golpeó contra la pared y lo agarró por el cuello del uniforme con fuerza.
—¿Qué sucios trucos has utilizado para que te acepten, eh? —preguntó con tono peligroso, amenazador—. ¡Se suponía que yo debía ser el primero en entrar en la UA y tú lo has estropeado todo! ¡Te dije que fueras a otro jodido sitio!
Izuku tragó saliva. Volvía a temblar, pero esta vez sí que tenía miedo. Su yo adolescente tenía miedo de ese joven impulsivo y temperamental que lo agarraba de la ropa y le gritaba a la cara.
—Kacchan… Alguien me dijo que yo también podía convertirme en un héroe —dijo, sin atreverse a mirarlo directamente. Respiró hondo y alzó la mirada, esperando que sus ojos mostraran algo de valor y no reflejaran lo que verdaderamente estaba sintiendo en ese momento—. ¡He entrado legalmente en la UA! Así que… ¡voy a ir, Kacchan! ¡No vas a detenerme!
Katsui abrió los ojos con el corazón acelerado. Por la ventana entraban los primeros rayos de sol. Se incorporó en el colchón y apoyó la espalda contra el cabecero con gesto cansado.
¿Qué había sido todo eso? ¿Un simple sueño? ¿O quizás…?
—Un recuerdo —murmuró.
Había sido tan real… las palabras, los movimientos… Se había visto a sí mismo de adolescente, y la actitud temperamental y violenta encajaba perfectamente con él. Por otra parte, le costaba imaginarse a un Deku escuálido y débil que se encogía de miedo cuando lo agarraba de la ropa. Había conocido a Deku ya en su faceta de héroe. Un héroe valiente, fuerte… Él mismo había sido testigo de su poder y su confianza en sí mismo a la hora de luchar. ¿Acaso ese joven que se encontraba entre los veinte primeros héroes de todo Japón había comenzado siendo un chico asustadizo y endeble?
Deku le había confesado que no había nacido con su poder, sino que había sido un quirk prestado. Quizás el One for all le hubiera dado la confianza necesaria a ese adolescente que había visto en su sueño.
Suspiró. Entonces, ¿estaba asumiendo que todo lo que había visto en sus sueños era real? Definitivamente, parecía real. Pero también se lo había parecido los besos que le había dado al chico minutos antes. Los roces de sus cuerpos, el calor incrementándose, el dulce aliento de Deku sobre su boca… todo le había parecido real mientras dormía. Y sin embargo, había algo diferente entre la primera y la segunda parte del sueño.
Pateó las sábanas y se levantó de la cama con una preocupación que florecía e iba incrementando su tamaño dentro de su pecho. Se lavó la cara para despejarse y después permaneció unos minutos frente al espejo mirándose. Si asumía que la segunda parte de su sueño había sido real, entonces la relación que había tenido con Deku en el pasado no había sido de amistad. ¿Podría ser que la persona que le devolvía la mirada en el espejo hubiera sido un acosador en su adolescencia?
Recordó la forma en la que había empujado a Deku contra la pared y lo había agarrado del cuello del uniforme. El chico había gemido de dolor cuando su espalda había golpeado la pared.
Bufó y metió la cabeza entera bajo el grifo. Un chorro de agua fría empapó su cabello y su cara.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarle todo eso precisamente después de lo que había ocurrido la noche anterior? ¿Por qué tenía que descubrir que había sido un maldito abusón que había maltratado al chico que, justo la noche anterior, había estado a punto de tirarse en el sofá de aquella casa?
Cogió una toalla y se colocó en los hombros para evitar que el agua empapara también su camiseta. Fue entonces cuando un temor se alojó en su pecho. Si realmente lo que había visto era un recuerdo, Deku también debería de haberlo visto. De alguna manera, parecía que sus recuerdos estaban conectados, y si uno recordaba algo, el otro también, al igual que había ocurrido cuando Deku le había tocado la cicatriz de su hombro.
«Tú me salvaste la vida, Kacchan.»
Las palabras de Deku resonaron en su cabeza y volvió a recordar aquellas imágenes en las que él, vestido de héroe, se interponía entre el ataque del villano y el héroe y recibía graves heridas en consecuencia.
Suspiró. No podía entenderlo. En un recuerdo, era un abusón, y en otro, un héroe. ¿Quién era él realmente?
Escuchó la puerta de Deku y tragó saliva. Solo había una manera de averiguarlo. Abandonó el cuarto de baño y salió de la habitación, encontrándose de frente con él. Parecía preocupado, cabizbajo. Esto no pintaba bien. Cuando se dio cuenta de que lo estaba mirando, alzó la mirada, pero la apartó inmediatamente. No se atrevía a mirarlo a los ojos.
—Ka-Kacchan, buenos días.
—Buenos días, nerd —respondió.
—¿Va-vamos a desayunar? —preguntó con una sonrisa nerviosa, y antes de que pudiera responder, se dirigió hacia las escaleras.
Katsuki frunció el ceño. Algo andaba mal. Tenía que preguntarle si sus nervios eran debidos a que había tenido el mismo sueño que él o a que la noche anterior había estado a punto de quitarle los pantalones y dejarse llevar.
Se llevó la mano a la cara. Si Deku supiera lo cerca que había estado de mandarlo todo a la mierda e ir hasta el final con él. Todo había comenzado como un estúpido juego. Ni siquiera sabía qué es lo que le había hecho empezarlo. Cuando el chico había mencionado su primer beso, su curiosidad le había hecho preguntar por ese momento. Después, se había preguntado qué habrían sentido esas personas al probar los labios del chico de ojos verdes. Y finalmente, las palabras habían salido de su boca para retarlo.
Nunca había imaginado que los besos de Deku fueran tan adictivos. ¿Sería el karma haciendo su papel después de que lo hubiera llamado "nerd" infinitas veces? ¿Habría sido por reírse de su pésimo gusto por la ropa o por sus nulas dotes para el baile? Definitivamente, el destino se había reído en su cara, porque una vez que empezó a besar al héroe, simplemente no pudo parar. Intentaba controlarse a sí mismo haciendo pequeños comentarios y dirigiendo los pasos de Deku, y sin embargo, cuando el chico pronunció su nombre, su capacidad de control se fue a la mierda.
El momento en el que le había quitado la camiseta y lo había empujado contra el sofá había sido, sin lugar a dudas, uno de los momentos más eróticos de toda su vida. Los gemidos de Deku bajo su cuerpo lo estaban volviendo loco. A pesar de su amplia experiencia sexual, nunca se había sentido tan excitado como en ese momento. Lo único que le había hecho detenerse era el leve matiz de miedo que había notado en la voz del joven cuando había vuelto a pronunciar su nombre. Fue en ese momento en el que su mente despertó y recobró la cordura. Deku no quería aquello. Era un chico romántico, que todavía pensaba en su primer amor. Seguramente, seguía pensando en él mientras se besaban en aquel sofá.
Había intentado tranquilizarse, pero sobre todo, tranquilizar al héroe. Por ello, había continuado con besos suaves y lentos mientras le aseguraba que no haría con él nada que no quisiera. Todavía recordaba la mirada confundida de Deku. Sus ojos humedecidos, los labios entreabiertos, el color rojo de sus mejillas…Finalmente, se había separado totalmente de él y se había marchado a su habitación a meterse bajo una ducha fría que le calmara un poco antes de que pudiera arrepentirse. Le había dicho a Deku que él nunca dejaba escapar una presa. Era la primera vez que tenía ese tipo de consideración hacia alguien, y precisamente tenía que ser con la persona que le había puesto a cien con solo pronunciar su nombre.
Bajó a la cocina. Deku ya se encontraba preparando el desayuno. Kacchan se acercó despacio y se colocó a su lado para ayudarlo. Lo miró de reojo, pero el héroe no se atrevía a mirarlo. Estaba extrañamente callado y Katsuki llegó a la conclusión de que solo podía ser por dos cosas: o había tenido el mismo sueño que él o se sentía avergonzado por lo ocurrido entre ellos la noche anterior. ¿Habría ido demasiado lejos con sus tocamientos?
—Oye, ¿estás molesto por lo de ayer? —se atrevió a preguntarle.
Deku respingó en su sitio, pero continuó sin mirarlo.
—¡No, claro que no! —respondió con voz chillona.
—Estás muy callado…
—Es que no he dormido muy bien, Kacchan —rio el joven.
Katsuki frunció los labios. Quería preguntarle, pero ¿cómo? ¿Qué iba a decirle? "Oye, Deku, ¿has soñado con que te hacía bullying cuando éramos adolescentes?" No podía hacerlo. Solo con pensarlo se le revolvía el estómago. Finalmente, decidió indagar en el tema de forma indirecta. Mostró una sonrisa maliciosa y escondió sus miedos detrás de un tono burlesco y lleno de confianza.
—¿Acaso has soñado conmigo, nerd? Te dije que no lo hicieras.
Con esa pregunta, Deku tiró una de las tazas que había rellenado con café. El líquido se derramó por toda la encimera y cayó al suelo. Deku cogió un paño y se dispuso a recogerlo de inmediato. Mientras secaba el suelo, Katsuki lo miró con seriedad. Se agachó junto a él y le agarró la mano con la que limpiaba para que lo atendiera un momento. El joven alzó la mirada y se quedó perplejo por la seriedad del rubio.
—Deku… ¿tú…?
Un teléfono comenzó a sonar. Deku corrió a coger su móvil y respondió a la llamada.
—Buenos días, Uraraka-san. Un segundo, por favor.
Deku miró a Katsuki y le preguntó con la mirada si le importaba que respondiera al teléfono. El rubio le hizo un gesto con la mano para que se marchara.
—Yo termino de limpiar —le dijo.
Deku asintió y corrió escaleras arriba para hablar con más intimidad.
Izuku agradeció internamente a Ochako por haberle dado la excusa perfecta para desaparecer de la cocina antes de que Katsuki siguiera haciéndole preguntas incómodas. ¿Qué podría responderle, que había tenido un sueño erótico con él justo antes de que la situación diera un giro de 180 grados y se encontrara frente a un Kacchan agresivo y con problemas de ira que le gritaba y lo agarraba por la ropa? Ni siquiera sabía si esa segunda parte había sido un sueño o un recuerdo, pero aunque fuera un recuerdo, ¿qué ganaría con decírselo a Kacchan? Solo lo haría sentir mal y que siguiera insistiéndose a sí mismo en que no estaba hecho para ser un héroe.
Izuku no iba a permitir que un simple recuerdo se interpusiera en el futuro que ambos estaban construyendo. Un futuro en el que Katsuki dejaría la delincuencia, se reuniría con su familia y sería lo que debió haber sido: un héroe. Izuku creía en las segundas oportunidades. Al fin y al cabo, a él se la habían dado cuando le habían confiado el One for all, cuando lo habían aceptado en la UA, cuando no se habían rendido con él a pesar de destrozarse brazos y piernas cada vez que usaba su quirk. ¿Por qué se iba a rendir él con Katsuki por algo que había pasado hacía años y que ninguno de los dos recordaba?
A la llamada de teléfono se unieron Tororoki e Iida. Sus caras aparecieron en la pantalla de su teléfono. Izuku tomó asiento en su cama.
—Buenos días, chicos.
—Buenos días, Midoriya —contestó Todoroki con una sonrisa serena—. ¿Es demasiado temprano?
—No, no, me desperté hace rato. ¿Por qué lo preguntas?
—Seguramente por tu pelo, Deku-kun —respondió Ochako, divertida.
Izuku se dio cuenta de que ni siquiera había tenido tiempo de peinarse. Sus rizos debían presentar un aspecto lamentable.
—Midoriya-kun, un héroe en condiciones debe presentar siempre su mejor aspecto —lo regañó Iida.
—No seas tan estricto, Iida-kun —dijo Ochako—. Hoy es domingo.
—Un héroe es un héroe hasta en los días libres —sentenció el chico.
—Midoriya, te llamamos para concretar todo lo concerniente al Día de los héroes —dijo Todoroki, redirigiendo la conversación—. Si no me equivoco, es este miércoles. ¿No es así? Iida, Uraraka y yo necesitamos saber a qué hora encontrarnos contigo para comprar los billetes de tren.
—¿Vendrás a recogernos a la estación o nos encontramos directamente en el lugar de celebración? —preguntó Ochako.
—¿A qué hora comienza el evento? ¿Deberíamos ir ya vestidos con nuestros trajes de héroe o nos cambiamos allí? —intervino Iida.
Izuku se sentía un poco mareado. Habían pasado tantas cosas últimamente que casi había olvidado que el Día de los héroes se celebraba en, apenas, tres días. Esto añadió una preocupación más a la cabeza del joven. Quería hacerle un regalo a Kacchan por el Día de los héroes y no sabía si estaría listo para entonces.
—El evento comienza a las 10 de la mañana —respondió—. Podríamos encontrarnos directamente allí. El lugar del evento está cerca de la estación de tren. Pensaron que sería una buena idea, porque muchos héroes vendrán de distintas partes de Japón. Habrá mucha gente y no estoy seguro de que haya algún sitio donde cambiarse, por lo que yo os recomendaría que vinieseis ya con vuestros trajes, Iida-kun.
—¿Es necesario estar allí justo a las 10? —preguntó Ochako.
—No, podemos ir un poco más tarde, si queréis. Habrá eventos durante toda la mañana y parte de la tarde.
—¡Ni hablar! ¡Un héroe también debe ser puntual! —señaló Iida—. Si empieza a las 10, estaremos allí a las 10.
Izuku rio.
—Entonces, supongo que os han concedido los permisos necesarios para asistir.
—Por supuesto —afirmó Iida—. Varios compañeros míos también asistirán. La celebración del Día de los héroes de Shinjuku es una de las más importantes del país.
—A Endeavor no le gustó mucho que me ausentara en el trabajo, pero al final tuvo que ceder —contestó Todoroki con su habitual indolencia.
—¡SHOTOOO!
—Ya está gritando otra vez —se quejó el joven—. Desde que sabe que me voy, no deja de mandarme trabajo. Dice que tengo que adelantar todo aquello que no vaya a poder hacer el miércoles. Le da igual que hoy sea mi día libre.
—Eso es ser previsor —dijo Iida.
—Tengo que dejaros. Compraré un billete a primera hora de la mañana y nos veremos allí directamente —dijo antes de despedirse.
—Nos vemos el miércoles, Todoroki-kun —se despidió Izuku.
—Yo también me voy —anunció Iida—. Tengo que salir a comprar. Nos vemos el miércoles entonces. Mándanos la ubicación, Midoriya.
—Ahora mismo lo hago. Hasta el miércoles.
Tanto Todoroki como Iida se desconectaron de la llamada, y finalmente solo quedó Uraraka.
—Uraraka-san, ¿tienes unos minutos? Tengo que ponerte al día con todo lo que ha pasado últimamente.
—¿Has descubierto algo?
—Cuando te lo cuente, no te lo vas a creer.
Cuando terminó la conversación telefónica y bajó las escaleras, ya olía a desayuno recién hecho. Tomó asiento y Kacchan le colocó el plato enfrente de él. Comió despacio el arroz mientras le daba vueltas a lo último que le había dicho Ochako. Después de contarle todos sus avances en la investigación, Uraraka se había quedado pensativa y finalmente había hecho una pregunta que lo había dejado preocupado.
«Oye, Deku-kun, si ese tal Arata te está buscando, ¿no será muy arriesgado que acudas al evento del Día de los héroes? Allí habrá mucha gente.»
No lo había pensado. La verdad es que ni siquiera había tenido tiempo de pensar en el Día de los héroes después de todo lo acontecido.
—¿No comes? —le preguntó Katsuki. Hacía más de un minuto que masticaba el mismo trozo de pollo. Tragó y se decidió a preguntarle.
—Kacchan…, dentro de tres días es el Día de los héroes.
—Lo sé. Es una gran celebración en Shinjuku.
—En todo Japón, en realidad —corrigió Izuku—, pero en Shinjuku se hace un gran evento al que acuden héroes de todas partes. Pensaba asistir con unos amigos, pero no sé si sea peligroso.
—Se celebra en un lugar cerrado, ¿verdad?
—Sí, en el pabellón de eventos que está cerca de la estación de tren.
—Entonces no hay problema. Una de las clausulas del pacto que hizo Arata fue que en el Día de los héroes, sus hombres ni se asomarían por el evento ni provocarían problemas en la ciudad en señal de respeto. Allí no habrá nadie relacionado con Arata.
Izuku suspiró y su cuerpo se relajó en la silla.
—Menos mal. Me habría sabido mal decirles a mis amigos que no podría asistir.
Katsuki asintió. Izuku se dio cuenta de que, mientras intercambiaban palabras, el rubio no le había dirigido ni una sola mirada. Sus ojos estaban fijos en la comida que ingería. Su seriedad le ponía nervioso. Se preguntaba si su repentino cambio de humor se debía a la mención del Día de los héroes, si sería por lo que había ocurrido entre ellos la noche anterior o quizás por ese extraño sueño que parecía un recuerdo.
Se mordió el labio inferior. Quería pedirle algo, pero no sabía cómo iba a reaccionar si lo hacía. Llevaba meditándolo desde que habían regresado de Musutafu. Incluso ya tenía encargado un regalo para él. Y sin embargo, ni siquiera sabía si lo aceptaría o si se lo tomaría bien.
Se bebió su vaso de agua de un tirón y se armó de valor para pedírselo:
—Kacchan, ¿vendrías conmigo al Día de los héroes?
Por primera vez, el joven levantó la mirada de su plato.
—¿Qué?
—Me preguntaba si… si querrías venir conmigo al evento. Bueno, conmigo y con mis amigos. Ellos también vendrán. Te caerán bien. Son buenas personas. Además, será divertido… Habrá música, comida, exhibiciones…Habrá un montón de héroes y…
Izuku empezó a murmurar sin parar. Katsuki fruncía el ceño cada vez con más fuerza y el héroe se ponía más y más nervioso.
—Yo no soy un héroe, Deku —le interrumpió el chico.
—Sí lo eres —rebatió Izuku.
—No. Podría haberlo sido, pero no me llegué a graduar —le recordó.
—La valía de un héroe no se mide por un título.
—Es verdad, se mide por las personas que ha salvado, los atracos y atentados que ha evitado, los villanos con los que ha luchado… En ese sentido, soy todo un héroe, ¿verdad? Oh, espera…
Izuku apretó los puños y golpeó la mesa a la vez que se ponía de pie.
—¿Por qué siempre haces eso?
—¿Por qué siempre hago qué, Deku?
—¡Eso! ¡Menospreciarte a ti mismo! ¡Anclarte en el pasado y negarte a avanzar! ¡Creer que no puedes ser un héroe!
En ese momento, Katsuki también pegó un golpe y se puso de pie, encarando a Izuku.
—¿De qué pasado estás hablando? ¡Esto es mi presente! ¡Te recuerdo que a día de hoy sigo siendo uno de los criminales más perseguidos de Shinjuku! ¡Te recuerdo también que a ti te enviaron a enfrentarte conmigo!
—¡Nada de eso es tu culpa, Kacchan! ¡Tú no elegiste esto!
—¡Pero tampoco pueden cambiar las cosas así como así! ¡Esto no es el mundo de luz y de color en el que crees que vives, Deku!
—Entonces, ¿para qué estamos investigando? ¿Para qué estamos jugándonos la vida removiendo el pasado? ¿Para qué quieres saber quién eres o de dónde procedes? ¿Acaso simplemente asumirás todo esto, todo lo que te ha hecho Arata, te lo tragarás y seguirás siendo un villano? ¿Es eso lo que quieres?
—¡No!
—¿Entonces?
—¡NO LO SÉ! —gritó volviendo a sentarse y tirando de su pelo con desesperación—. No lo sé —dijo en voz más baja.
Izuku se quedó en silencio viendo cómo Kacchan se rompía. Sabía que estaba siendo duro con él, pero no podía dejar que se hundiera a sí mismo de esa manera. Ahora que habían descubierto que en el pasado habían tenido una vida en común y que Kacchan podría salir del mundo de Arata, no podía simplemente aceptar que desaprovechara su oportunidad.
Suspiró. ¿Para qué engañarse? No lo hacía solo por esa razón. Katsuki se había convertido en alguien importante en su vida. Ese chico realmente le gustaba. Tanto, que su corazón se aceleraba cada vez que lo veía. ¿Cómo podría mirar a otro lado mientras decidía tirar su vida por la borda y regresar a la delincuencia? ¿Cómo podría vivir sabiendo que el chico del que se estaba enamorando tenía la oportunidad de vivir de forma honesta y sin embargo, la había rechazado?
Rodeó la mesa y se sentó junto a él. Se preguntó si debía tocarlo, ponerle una mano en el hombro, quizás. Pero finalmente se contuvo y solo habló.
—Yo sí lo sé —dijo—. Eres la persona más fuerte y más valiente que he conocido. Y sé que no podrás conformarte después de saber que podrías haber tenido mucho más. —Katsuki no respondió, así que continuó—. Crees que soy un iluso, que pienso que vivimos en un mundo amable que simplemente te aceptará cuando decidas dar el paso. Pero sé que no es así. No será fácil. Será un paso… duro. Pero eso no es excusa para no intentarlo. No estarás solo. Hemos empezado esto juntos y voy a seguir contigo hasta el final. Pase lo que pase. Si hace falta, te amarraré otra vez con mi látigo negro y te arrastraré lejos de Arata —rio.
Consiguió que Katsuki mostrara una sonrisa y le mirara de una forma extraña por encima del brazo.
—Cuidado, nerd. Lo que dices se parece mucho a una declaración de amor. —Se volvió hacia Izuku, colocando su brazo sobre el respaldo de la silla—. ¿Tanto te gustó lo de ayer que ya te has enamorado de mí?
En otra ocasión, Izuku se hubiera puesto nervioso. Se hubiera puesto tan rojo que no hubiera podido soportarlo y habría terminado con sus brazos alrededor de su cara para ocultar su vergüenza. Sin embargo, esta vez se obligó a permanecer sereno por Katsuki. Le sonrió con dulzura y se acercó un poco más a él para darle un golpecito en la frente con la suya propia.
—Di que vendrás conmigo al Día de los héroes —le pidió.
Katsuki bufó.
—Todo el mundo me reconocerá. Ni siquiera me dejarán entrar.
—Yo me encargo de eso. Tú solo di que vendrás.
—Deku…
—Confía en mí.
Katsuki sonrió y le revolvió el pelo antes de levantarse para recoger la mesa.
—Está bien. Iré.
Le había dicho que sí. Le había dicho que iría a ese estúpido evento de héroes y todavía no sabía por qué. Seguramente habría tenido algo que ver con esa mirada intensa que le había dedicado mientras le pedía una vez más que fuera con él al Día de los héroes. Esos malditos ojos verdes lo habían conseguido trastornar el tiempo suficiente para perder la cordura y aceptar la oferta.
Lo que menos había esperado después de preguntarle si se había enamorado de él era que Deku sonriera con ternura y rompiera el espacio entre ambos para chocar sus frentes. El Deku que él conocía se hubiera puesto tan rojo que hubiera cubierto su rostro de inmediato y habría empezado a murmurar sin control con una voz más aguda de lo normal, pero no habría mostrado esa confianza a la hora de acercarse a él.
Dejó escapar un suspiro y se puso boca arriba en la cama. Había vuelto a soñar con él. Otra vez. Los sueños se repetían cada noche desde que se habían besado. Lo miraba con esos ojos brillantes y soñadores, lo llamaba por su nombre o por su apodo — dependiendo del contexto—, y terminaban besándose en cualquier lugar. En el sofá, en un parque, en la cama…
Esa noche había soñado que ambos luchaban contra varios villanos a los que terminaban venciendo entre aplausos y vítores de los ciudadanos que observaban desde sus casas. Él llevaba el traje de héroe que había visto en las fotografías de la UA y Deku llevaba el típico atuendo del que se había burlado tantas veces. Al final del sueño, el chico lo había mirado con una sonrisa tan grande que debían dolerle las mejillas.
—¡Kacchan, hemos ganado! ¡Juntos! —le había dicho.
Y ¿qué había hecho él? Lo había agarrado de la cintura y lo había besado delante de todo el mundo.
Se llevó las manos a la cara y gruñó. ¿Qué demonios le estaba pasando? ¿Por qué no podía sacárselo de la cabeza ni durmiendo? Era la primera vez que le pasaba algo así y no sabía qué pensar.
Afuera, se escuchó el sonido de una moto que paró justo enfrente de la casa. Un minuto más tarde, alguien llamaba a la puerta. Miró el reloj, extrañado. Apenas eran las siete de la mañana. ¿Quién demonios llamaba a esas horas?
El corazón le dio un vuelco. ¿Y si Arata había mandado a alguien a comprobar que todo anduviera en orden? Se levantó de un salto y se apresuró hacia la puerta, pero anda más abrirla, Deku salió de su habitación disparado y bajó las escaleras de un salto.
—¡Es para mí! —le dijo.
Escuchó que intercambiaba unas palabras con un hombre y le daba las gracias numerosas veces. Después, volvió a subir las escaleras con un paquete enorme en las manos.
—¿Qué es eso? —preguntó Katsuki.
—¡Es para ti, Kacchan! —señaló, entrando en la habitación del rubio y dejando la caja sobre la cama deshecha—. Ábrelo, por favor.
Katsuki se acercó receloso, rompió el papel que envolvía el paquete y le quitó la tapa. Lo primero que vio fue dos guanteletes en forma de granadas del tamaño de pelotas de baloncesto. Los sacó del paquete y los reconoció de inmediato. Eran los mismos que había visto en la fotografía en la que se encontraba luciendo su traje de héroe mientras estudiaba en la UA. Reconoció también los pantalones y las botas negras, así como la camiseta con una vistosa X naranja en el centro.
—Esto es…
—Le dejé el diseño a All Might y le pedí como un favor personal que lo encargara. Tuve que entrar un día en tu cuarto para coger tus medidas con algunas camisetas y pantalones. No te enfades…
Katsuki pasó la mano por la tela del traje sin saber qué decir. ¿Era él merecedor de llevar un traje de héroe? ¿Su traje de héroe?
—¿Por qué no te lo pruebas? —preguntó Deku, y antes de que pudiera seguir dudando, le puso el traje en las manos y lo empujó hacia el cuarto de baño.
Sonrió, y por una vez pensó en hacerle caso a Deku dejar de dudar. Se quitó el pijama y se enfundó en su traje nuevo. La camiseta y los pantalones se ajustaban perfectamente a su cuerpo, y las botas eran muy cómodas. Los guantes, a pesar de lo voluminosos que eran, permitían el movimiento con facilidad.
Se miró al espejo y se sintió avergonzado. Siempre se había reído de los trajes de los héroes, y ahora él llevaba también uno.
Salió intentando que no se notara demasiado su entusiasmo. Deku esperaba sentado en su cama con algo entre las manos. Carraspeó y abrió los brazos para mostrarse al completo. La mirada de Deku se iluminó como si hubiera visto al más grande de los héroes de Japón.
—¿Qué tal estoy?
—Kacchan… ¡Estás genial! ¡Tu traje es increíble! ¡Te queda tan bien! ¿Es cómodo? ¿Te aprieta en alguna parte? No sé si habré acertado totalmente con la talla. ¿Qué tal las botas? ¿Y los guantes?
Katsuki le colocó una mano en la boca para que dejara de hablar.
—Cállate, nerd. Todo me queda genial. ¿Acaso no lo ves? Oye, ¿qué tienes ahí?
Deku bajó la mirada hasta sus manos, en las que aún sostenía un trozo de tela negro con dos ornamentos en forma de explosión.
—Es tu máscara —dijo—. ¿Te la puedo poner?
Y una vez más, antes de que Katsuki pudiera responder, se acercó a él y pasó la máscara por su cabeza para después ajustarla justo debajo de su flequillo. Era una máscara dentada y oscura que resaltaban sus ojos rojos. Deku la acomodó con cuidado hasta que Katsuki estuvo cómodo con ella. El rubio solo miraba cómo el héroe se esmeraba en que quedara perfecta sobre su rostro. Lo tenía tan cerca que solo tenía que levantar la mano para rozar su cuerpo.
—Listo —anunció—. Con esto, nadie podrá reconocerte en el evento. Solo yo sabré quién eres.
Katsuki sonrió de lado.
—Será nuestro secreto entonces —murmuró.
—Recuerda: te llamas Dynamight —le dijo Deku cuando se iban acercando a la entrada del evento.
—Menos mal que me lo has recordado, nerd. Estaba pensando en presentarme a todos con mi verdadero nombre.
—No hace falta que seas sarcástico —lo regañó, y acto seguido saludó con la mano a tres personas que esperaban a un lado de la entrada—. Ahí están mis amigos.
El más alto, llevaba una especie de armadura que a Katsuki le hubiera recordado a los caballeros de la Edad Media si no fuera por los propulsores que tenía en brazos y piernas. El otro chico tenía el pelo de dos colores y llevaba un traje azul de lo más sencillo. La chica tenía el pelo corto y llevaba un traje rosa y azul con botas altas.
Katsuki frunció levemente el ceño. Sabía quién era ella: la mejor amiga de Deku. La joven a la que le había dado su primer beso. La primera y única novia que había tenido. Su confidente. La había visto en los DVDs del certamen deportivo de la UA en el que ambos se habían tenido que enfrentar y había comprobado que no solo era una cara bonita, sino una fura rival en el campo de batalla. Una chica valiente y decidida. No sabía muy bien cómo sentirse con respecto a ella.
—¡Deku-kun! —lo llamó con entusiasmo—. ¡Buenos días!
—Buenos días, chicos —respondió Deku—. ¿Lleváis mucho tiempo esperando?
—Acabamos de llegar —dijo el joven de cabello bicolor.
—Dejadme que os presente a Dynamight. Es un compañero de trabajo —mintió—. Ellos son Shoto, Ingenium y Uravity, mis mejores amigos.
—Es un placer —respondieron a coro.
Katsuki respondió inclinando levemente la cabeza. Deku ya le había dicho que haría las presentaciones con sus nombres de héroe para evitar un momento incómodo cuando le preguntaran por su nombre real. Aun así, el héroe se había encargado de ponerle al tanto de sus verdaderos nombres antes de llegar al lugar.
—El más alto se llama Iida —le había dicho en el coche—. El que tiene el pelo de color rojo y blanco se llama Todoroki, y la chica es Uraraka.
Estaba seguro de que no tardaría en olvidarlos por completo. A lo largo de los años, se había acostumbrado a poner apodos a todos los que lo rodeaban. Todos pensaban que era por pura chulería, pero la realidad era que tenía una memoria nefasta para recordar nombres.
—¿Entramos? —preguntó Iida.
Había dos puertas distintas a las que acceder al evento. Por una, entraban los héroes de forma gratuita mostrando su identificación o su licencia de héroe. Por otra, accedían las personas que habían pagado una entrada para conocer a sus héroes favoritos y, con suerte, hacerse fotos con ellos y conseguir un autógrafo.
Katsuki se puso horriblemente tenso al pasar por el control de seguridad y mostrar la licencia falsa que Deku le había podido conseguir también gracias a All Might. Katsuki la había comparado con la de Deku para comprobar la calidad del trabajo. La réplica era exacta. Había alzado una ceja y había sonreído con malicia.
—¿Tú delinquiendo, Deku? —le había preguntado—. Creo que soy una mala influencia para ti.
—¡Es solo para esta ocasión, Kacchan! Le prometí a All Might que la destruiríamos cuando terminase el Día de los Héroes.
Uno de los seguratas comprobó que su nombre se encontrara en la lista de asistentes en la que Deku se había encargado de apuntarles y miró el carnet y a él alternativamente. Katsuki contuvo la respiración durante unos segundos y finalmente expulsó todo el aire que había guardado en los pulmones cuando el hombre le devolvió la licencia y le dio la bienvenida al evento.
—Pareciera que nunca has hecho algo así —se burló Deku al verlo nervioso.
—Esconderme no es lo mío. Prefiero ir de frente.
—Tranquilo. Algún día podrás gritar a los cuatro vientos que Dynamight es en realidad Bakugo Katsuki.
Miró a su alrededor. El recinto era un lugar inmenso que se componía de un edificio con paneles de cristal en el techo y puertas correderas que llevaban a un espacio abierto junto a un lago artificial. En el edificio habían instalado puestos donde vendían todo tipo de mercancía sobre héroes. Las imágenes de los héroes más famosos se mostraban en grandes pantallas a lo largo de todo el lugar. Había una sala con una exposición llamada "El heroísmo a través del tiempo" y una sala de ponencias con un cartel que anunciaba las charlas que tendrían lugar ese día por parte de reconocidos héroes. También habían montado un espacio en el que quien quisiera podía acercarse a escuchar anécdotas de sus ídolos en acción. Aquello era un parque de atracciones para los amantes del bien y de la justicia.
Gritos. Unos pasos rápidos. Y de repente, se encontraban rodeados de niños que miraban a Deku con admiración.
—¡Mira, mamá, es Deku!
—¡Deku, Deku, ¿me puedes firmar un autógrafo?
—¡Eres muy guay!
—¡Hazte una foto con nosotras, por favor!
Katsuki se apartó del griterío y dejó que Deku lidiara con su grupo enloquecido de fans. El joven firmó autógrafos y se hizo decenas de fotos. En más de una ocasión, miró en dirección a Katsuki pidiendo ayuda, pero este se encogió de hombros.
«Tú quisiste venir», le decía con la mirada. «Ahora debes sufrir.»
—Deku es cada vez más popular —comentó Uraraka.
—¿Siempre ha sido así? —preguntó Katsuki.
Ella negó con la cabeza.
—No, no siempre. Cuando estaba en la UA a duras penas podía conseguir con quién hacer sus prácticas. Todos temían sus poderes porque se destrozaba los brazos cada vez que los usaba. Es por eso que empezó a utilizar las piernas para combatir. Pero al salir de la academia, empezó a escalar puestos en el ranking de héroes. Cada vez era más conocido. Salía cada día en las noticias o en los periódicos. Ahora lo conocen en todo Japón.
—¿Y vosotros?
Uraraka rio.
—Nosotros no somos tan conocidos. Bueno, dudo que alguien nos conozca, la verdad. Al menos a mí. Mi meta nunca ha sido ser la mejor heroína de todas. Quería ganar dinero para ayudar económicamente a mis padres. Por eso, nunca me he preocupado por subir en el ranking.
—¿Y ellos? —preguntó señalando a Iida y a Todoroki.
—Ingenium solo quiere seguir los pasos de su hermano y ser digno del nombre que este le dejó. En cuanto a Shoto… no sé muy bien sus motivaciones. Al principio solo quería salir del dominio de su padre, Endeavor, pero poco a poco fue convirtiéndose en un héroe de gran nivel. Hoy en día, sigue trabajando con su padre. Nunca he llegado a entender muy bien esa clase de relaciones tormentosas.
—A veces, las relaciones tormentosas son las que más enganchan —reflexionó Katsuki.
Notó cómo alguien le tiraba del pantalón y bajó la mirada. Era una niña rubia de ojos castaños que sostenía una muñeca como si fuera su mayor tesoro. Katsuki la reconoció de inmediato. Era la niña que se había caído frente a él en el centro comercial la vez que Deku lo había estado siguiendo.
—Hola —le dijo con una voz tan suave que era apenas audible—. ¿Cómo te llamas?
—Dynamight —respondió.
—Me gusta tu traje —le dijo—. ¿Te haces una foto conmigo?
Katsuki sintió cómo se sonrojaba y agradeció llevar la máscara que ocultaba su expresión.
—¿No prefieres hacerte una foto con Deku? —le preguntó, señalando al héroe.
La niña negó enérgicamente con la cabeza y le señaló con su pequeño dedo índice. Vio cómo los padres de la pequeña se acercaban con la cámara en la mano y no pudo negarse. Se agachó colocando una rodilla en el suelo para quedar a la altura de la chica y miró a la cámara con gesto nervioso mientras la niña alzaba dos dedos en señal de victoria.
Katsuki notó un flash que provenía de otro lado y vio cómo Deku les hacía una fotografía con la cámara de su móvil.
—¡Eh! ¡A ti no te he dado permiso para hacer fotos! —le espetó.
Deku tomó de las manos a los niños que tenía más cerca y los llevó hasta Katsuki.
—Niños, ¿queréis conocer a mi amigo Dynamight? ¡Es un héroe genial! —les dijo.
Los niños clavaron su mirada en él por primera vez y abrieron la boca al ver sus guantes en forma de granadas.
—¡Qué chulo!
—¿Son de verdad?
—¿Te llamas Dynamight?
—¿Cuál es tu poder?
—Niños, niños, de uno en uno —los calmó Deku. Se le daban tan bien los niños, y sin embargo él no tenía ni idea de cómo tratarlos—. Dynamight es un poco tímido y se puede sentir intimidado por vosotros.
Una vena palpitó en la sien de Katsuki y no pudo evitar pegar un grito que asustó por un segundo a los niños. Carraspeó y trató de calmarse.
—Eso no es verdad —desmintió—. A mí no me intimida nadie. Mucho menos un grupo de enanos. Me llamo Dynamight y tengo el poder de crear explosiones —les dijo a los pequeños.
La mirada de los niños se iluminó al igual que lo había hecho la de Deku al verlo vestido con su traje.
—¡Guau!
—¿Y son explosiones muy grandes?
—¿Y se escucha "BOOOOM"?
—¡Enséñanoslo!
Y otra vez miles de agudas voces entrelazadas que provocaban un estruendo. Deku rio al ver la cara de contradicción de Katsuki. Lo agarró de la mano y señaló hacia una de las salidas.
—Vamos al simulador. Allí podrás mostrarles a los chicos de lo que eres capaz.
—¿El simulador?
El simulador era una cúpula gigantesca que se encontraba en la zona exterior del recinto. Los héroes se introducían en ella para mostrar sus habilidades con diferentes espejismos e ilusiones que iban apareciendo ante ellos de forma muy realista. Desde fuera de la cúpula, los espectadores podían observarlos sin peligro alguno.
Deku se acercó al guarda que se encontraba en la puerta del simulador tecleando en un ordenador implantado en la pared.
—¿Cuántos sois? —les preguntó.
Deku les preguntó a sus amigos si querían unirse a ellos en la simulación. Iida y Uraraka prefirieron quedarse fuera mirando. Todoroki fue el único que se animó a entrar con ellos.
—¿Cómo funciona esto? —le preguntó Katsuki a Deku.
—Solo tienes que atacar a los enemigos que vayan saliendo. Es muy intuitivo. Solo intenta no dispararme a mí o a Todoroki —rio.
—En ese caso, no te pongas en medio, nerd.
La cúpula pronto cambió totalmente su aspecto. De repente se encontraban dentro de las calles de una ciudad que estaba siendo destruida. El primer enemigo no tardó en aparecer. No eran humanos, sino seres deformes y repulsivos que se acercaban a ellos con agresividad.
Deku apuntó con sus dedos y disparó un Smash air force que acertó de lleno en el monstruo y regó sus vísceras por el escenario.
Después del primero, los siguientes fueron llegando sin descanso, uno detrás de otro. Aparecían por todas partes: por los callejones, por las alcantarillas, por el cielo…
—¡Shoto, encárgate de los de la izquierda! ¡Dynamight, tú de los de la derecha! —ordenó Deku.
—¡No me digas lo que hacer, maldito nerd! —gritó Katsuki y se lanzó a la batalla sin miedo.
La adrenalina corrió por sus venas cuando disparó contra el primer monstruo y este desapareció entre sus explosiones al instante. Quiso ser más preciso y con el siguiente apuntó únicamente a su cabeza.
—¡AP Shot! —gritó antes de volarle la cabeza a un ser de cuya espalda salían más de cien brazos. No sabía de dónde había salido ese nombre. Lo había pronunciado de forma instintiva. Todo su cuerpo se movía por instinto, como si hubiera estado haciendo eso toda su vida.
—¡Eso ha sido genial, Ka… Dynamight! —gritó Deku desde el aire.
—¡Cuidado, idiota, viene dos por detrás! —exclamó Katsuki.
—¡Shoto! —gritó Deku, agarrando a los monstruos con su látigo negro e impulsándolos hacia él.
Todoroki apuntó hacia ellos y soltó una gran llamarada que no dejó más que las cenizas de aquellos seres.
Katsuki sonrió. Aquello era lo más emocionante que había vivido en muchos años y su cuerpo le pedía más y más. Disparaba explosiones aquí y allá, respaldando a Deku y a Todoroki y siendo a su vez protegido por el Smash del chico de ojos verdes o los bloques de hielo del bastardo mitad y mitad, como había decidido llamarlo en su cabeza. Había algo gratificante en trabajar en equipo con esos dos. Era como volver a una época pasada, como recuperar partes de su vida que su mente había olvidado.
Volvió a destrozarle la cabeza a un monstruo y bufó. Aquellos enemigos salían por decenas, pero eran débiles y fáciles de aniquilar. Se giró hacia el hombre que se encontraba en la entrada de la cúpula y le exigió a gritos que subiera el nivel de esa mierda. El hombre enarcó una ceja y mostró una sonrisa malévola. Segundos más tardes, un monstruo del tamaño de una montaña aparecía frente a sus ojos.
—¡El jefe final! —exclamó Katsuki.
Deku rio ante su entusiasmo y los tres se colocaron en posición para atacar.
—Acabemos con esto —dijo Todoroki.
El monstruo alzó su mano y la estrelló en el lugar en el que segundos antes habían estado los tres héroes. Deku usó su velocidad para escapar, Todoroki formó un camino de hielo por el que deslizarse y Katsuki se propulsó con sus explosiones.
—¡Shoto, inmovilízalo!
Todoroki lanzó una columna de hielo que rodeó al ser y le impidió seguir haciendo movimientos. Deku se unió a Katsuki y lo miró con decisión.
—¿Preparado, Dynamight?
Ambos apuntaron al centro del monstruo con sus brazos y lanzaron sus ataques a la vez al grito de "¡MUERE!". El impacto le destrozó el estómago al gigante, que cayó de rodillas y se desplomó en el suelo.
La ilusión se desvaneció al momento y regresaron a la cúpula. Miles de caras sonrientes los observaban desde afuera. Los aplausos y vítores no se hicieron esperar.
Deku le dirigió una mirada entusiasta.
—¡Ka… Dynamight, lo hemos hecho! ¡Juntos! —exclamó.
Y entonces Katsuki recordó su sueño, y recordó también cómo lo había agarrado de la cintura y lo había besado enfrente de todos. Dio gracias a que decenas de niños entraron en la cúpula en masa para alabar sus habilidades y pedirle autógrafos, porque de otra manera no habría podido contenerse.
La mañana se pasó volando. Iida se marchó a una de las conferencias programadas por la mañana. Uraraka y Todoroki fueron a contar anécdotas sobre su trabajo —aunque Todoroki terminó contando más anécdotas de Endeavor que de él— y Deku y Katsuki caminaron un rato por la exposición de héroes.
A la hora de la comida, se reunieron otra vez y se dirigieron a la zona de comidas. Compraron takoyaki y fideos fritos y comieron en una mesa a la sombra.
—Permíteme que te diga que tu estilo de combate es muy agresivo, Dynamight —le decía Iida a Katsuki—. Las palabrotas tampoco ayudan a la imagen de un buen héroe.
Katsuki sonrió de forma traviesa y se dejó caer sobre el respaldo de su silla de forma despreocupada. Le gustaba provocar a ese tipo de personas de principios y formas tan rectas.
—¿Ah? ¿Quién te ha nombrado la madre del grupo? ¡Ve a comerle la oreja a otro!
—¡Qué vulgar! No es propio de un héroe.
—¡Déjame comer mi takoyaki en paz, cuatro ojos! ¡O te destrozo!
—¿Có-cómo dices?
Katsuki estaba a punto de echarse a reír. La cara de Iida era pura consternación. No se podía creer lo que estaba viendo y escuchando. Deku le suplicó con la mirada que dejara de provocarlo, y ahí se acabó la diversión.
Por los altavoces, anunciaron que en el salón principal estaban a punto de dar noticias sobre la actual clasificación de los héroes en el ranking nacional y la muchedumbre se apresuró a entrar en el edificio y a congregarse alrededor del escenario que habían colocado en la parte norte.
Un hombre regordete subió al escenario con un micrófono en la mano y una gran sonrisa en la cara.
—¡Buenas tardes, ciudadanos de Shinjuku! Sean ustedes bienvenidos al evento anual del Día de los Héroes. También me gustaría darle la bienvenida a todos esos héroes que han decidido estar hoy aquí para hacer de este día uno de los más especiales del año. Sabemos que tenemos hoy aquí a héroes de todas partes de Japón y eso nos honra. ¡Gracias por asistir!
Hubo un gran aplauso. Vítores. El hombre se aclaró la garganta y continuó.
—Queríamos aprovechar la ocasión para anunciar los últimos cambios producidos en el ranking de los mejores héroes de Japón. Aquí está la lista.
La pantalla que había detrás del hombre se iluminó, mostrando una lista de 20 nombres. Katsuki posó su mirada sobre el número 18: ahí estaba el nombre de Deku.
—Este es el ranking tal y como se encontraba hasta hace unas semanas. Pero ha habido ciertos acontecimientos que han hecho que este cambie. La heroína número 13, Fast Comet, se ha retirado después de sufrir recientemente una grave lesión en la rodilla que le impedía seguir cumpliendo con su labor. Por otra parte, el héroe número 7, Dark thief, ha llegado a la edad de jubilación recomendada por el Gobierno y ha decidido dejar su puesto para que lo releven nuevos y vigorosos héroes. Finalmente, y esta es una noticia sumamente triste, el héroe número 15, Bloddy hand, murió hace un par de semanas durante una misión de rescate. Desde aquí le mandamos condolencias a su mujer y a sus hijas.
Durante este último dato, todo el mundo había guardado silencio en señal de respeto, especialmente los héroes, que tenían más presente que nunca que su vida siempre pendía de un frágil hilo que podía romperse en cualquier momento.
—Dicho esto, el ranking quedaría de la siguiente manera.
De la lista se eliminaron los números 7, 13 y 15. El resto de los héroes subieron tres peldaños. Después de estos cambios, Deku quedó en el puesto que anteriormente había sido de Bloddy Hand.
—Tenemos conocimiento de que uno de los héroes que ha alcanzado el top 15 del ranking se encuentra aquí entre nosotros. Deku, ¿estás por aquí? ¿Podrías subir a dedicarnos unas palabras?
La cara del susodicho se volvió un tomate y se puso tan nervioso que no pudo mover ni un solo dedo. Sus amigos lo empujaron para que subiera al escenario y una vez allí, el hombre pidió que trajeran unas flores para él y le estrechó la mano efusivamente mientras le preguntaba cómo se sentía al estar cada vez más cerca del top 10.
Deku empezó a murmurar sin parar de forma nerviosa, sin saber muy bien qué decir. Katsuki miró a su alrededor para ver las miradas de admiración y ternura que le dedicaba el público. Todos querían a ese héroe tímido, amable y a la vez tan fuerte como mil hombres. Se les notaba en la cara.
—¿Te gusta Deku?
La pregunta le pilló desprevenido. Se giró hacia Uraraka, pero esta no le miraba. Tenía sus ojos puestos en su mejor amigo. Estuvo a punto de pegar un grito, pero se contuvo justo a tiempo. No hubiera sido justo quitarle a Deku su momento de gloria.
—¿Por qué preguntas eso? —masculló entre dientes.
—Porque le miras igual que yo le miraba antes, hace años. Igual que Deku te mira a ti ahora.
Katsuki tomó aire y lo soltó lentamente.
—¿A ti… todavía te gusta él? —se atrevió a preguntarle.
Uraraka negó con la cabeza.
—Hace mucho tiempo de eso. Fue un amor adolescente. Lo único que siento ahora por Deku es amistad. Es mi mejor amigo. Y me lo cuenta todo—. Un momento de silencio. Después, la chica le dirigió una mirada fugaz—. Sé quién eres en realidad.
—¿Ellos…? —preguntó Katsuki, señalando a Todoroki y a Iida con la cabeza.
—No, ellos no saben nada. Solo yo.
—Y supongo que me darás tu opinión sobre toda esta situación —adivinó—. ¿Me vas a pedir que me aleje de él?
Ella volvió a negar.
—Yo no soy nadie para meterme en lo que sea que haya entre vosotros —dijo—. Y sin embargo, eso no deja de hacer que me preocupe. Si algo saliera mal, y Arata se enterara de todo, solo nosotros tres sabemos lo que está ocurriendo. Deku es muy fuerte, pero no puede él solo con toda una mafia…
—No solo somos nosotros tres —corrigió Katsuki—. Hay más gente que sabe sobre esto. Un profesor de la UA, All Might, y un amigo mío.
—Sigue sin ser suficiente. All Might hace años que está inactivo. ¿Qué pasará si todo se sale de control? No tendríamos tiempo suficiente para reaccionar y movilizar a los héroes si Arata decide ir a por Deku… o a por ti.
—Estamos tomando muchas precauciones para que eso no pase.
Uraraka suspiró y regresaron a unos minutos de silencio llenos de tensión mientras observaban a Deku dando su pequeño discurso a trompicones. Miles de cámaras apuntaban hacia él y lanzaban sus flashes de forma indiscriminada.
—No es eso lo único que te preocupa, ¿verdad? —preguntó finalmente Katsuki.
Uraraka mostró una suave sonrisa.
—Tengo miedo de que le hagas daño a Deku —confesó.
—Yo no… Yo nunca le tocaría. No ahora que lo conozco.
—No todas las heridas son físicas, Bakugo-kun. —Su nombre en su boca sonó duro—. Izuku es muy fuerte, pero también sensible. Tengo miedo de que le rompas el corazón.
—¿Te ha dicho él que…?
—No. Pero esas cosas se notan. Izuku es transparente como el agua. Sus emociones se reflejan a través de sus ojos. No me hace falta preguntarle si está enamorado de ti. —Katsuki apretó los puños y bajó la mirada—. Por eso, me gustaría pedirte que seas claro. Si no estás interesado en él de esa forma, no lo confundas. Jamás había visto a Izuku tan ilusionado con alguien como lo está contigo.
—Yo… Ni siquiera sé si…
—Entonces ten cuidado de no hacerle daño hasta que aclares tus sentimientos. Te lo pido como su mejor amiga.
Katsuki asintió lentamente. Para entonces, Deku ya había terminado de hablar y caminaba hacia ellos con una sonrisa bobalicona y las piernas temblorosas.
El resto del día pasó algo más lento. Katsuki tenía las palabras de Uraraka en la mente y no podía dejar de pensar en ello. Le hubiera gustado tener claros sus sentimientos hacia Deku, pero la realidad era no que sabía lo que sentía. Estaba claro que el héroe no le era indiferente, pero no sabía si era una simple atracción o algo más. Nunca se había encontrado en esa tesitura. Sus conquistas habían sido para divertirse una noche. Ni siquiera se había planteado poder sentir algo por esas personas. Era sexo. Solo sexo y nada más.
Con Deku no había ido más allá de unos simples besos y algunos tocamientos superficiales, y sin embargo no podía dejar de pensar en esa noche en la que casi había perdido la cabeza y el control por ese joven de ojos intensos y cara pecosa. ¿Qué demonios estaba pasándole?
—¿Estás cansado? —le preguntó Deku.
Estaba apoyado contra la barandilla del lago y su rostro reflejaba cierta fatiga, pero no tenía nada que ver con el cansancio físico. Deku había llegado con un plato de yakitori y otro de okonomiyaki. Fue entonces cuando Katsuki se dio cuenta de que ya había anochecido y de que era la hora de cenar.
—No, solo un poco distraído.
Deku le tendió una de las brochetas de pollo y la comió con pocas ganas. El estómago se le había cerrado con todos esos pensamientos que llenaban su mente.
—Uraraka, Todoroki e Iida ya se han ido. Tenían que coger el tren para volver a sus casas —explicó.
Katsuki asintió para mostrar que lo estaba escuchando.
—Son buenas personas —reconoció.
—Me alegra que te hayan caído bien. Podemos volver a casa en cuanto terminemos de cenar. Ha sido un día largo. ¿Te lo has pasado bien?
—Muy bien.
En realidad, había sido uno de los días más emocionantes que Katsuki había tenido la oportunidad de vivir, pero en ese momento no sentía ganas de hablar de ello.
Terminaron la comida y permanecieron unos minutos más contemplando el lago antes de volver a casa. Katsuki lo miró de reojo. Parecía relajado. Seguía con su habitual sonrisa en la cara llena de pecas. Las palabras de Uraraka resonaron en su mente:
«No me hace falta preguntarle si está enamorado de ti.»
Deku se dio cuenta de que lo estaba mirando y se volvió hacia él.
—Llevas un rato muy callado —le dijo—. ¿Ha pasado algo?
«Izuku es muy fuerte, pero también sensible. Tengo miedo de que le rompas el corazón.»
Apretó los labios y miró hacia otro lado. Deku acercó su mano con preocupación e intentó agarrar la de Katsuki.
—¿Kacchan?
Katsuki apartó su mano de forma algo brusca y empezó a caminar hacia el edificio.
—No me pasa nada —gruñó—. Quizás sí estoy un poco cansado. Vámonos.
Escuchó a Deku siguiéndole de cerca, pero no dijo nada más. Le hubiera gustado ser un poco más amable con él, pero la voz de Uraraka le perseguía por todas partes y se le clavaba en el pecho como una espina.
«Entonces ten cuidado de no hacerle daño hasta que aclares tus sentimientos.»
—Cállate —le dijo a esa voz interior antes de salir del recinto.
Continuará…
