Capitulo dieciséis
Presente unos días después
Odette corría de allá para acá, no quería llegar tarde a su primer día de trabajo. Bueno, día no era. Más bien irían a hablar con Mikey esperando poder quedar trabajando ahí, claro si el rubio no hacía alguna tontería.
Se encontró con Draken en la entrada del edificio que Koko le había indicado en su llamada. Le beso la mejilla y juntos procedieron a entrar. Subieron al piso 11 sin mayor dificultad y se sorprendieron al ver el lugar. Era bastante lujoso y amplio. Incluso Odette abrió los ojos de impresión al mirar todo. Preguntaron por Mikey y un hombre de rostro relajado les indicó que esperaran un poco. Draken lo reconoció como uno de los hermanos Haitani. Ran y La francesa lo miró sin entender sobre qué demonios hablaba. Les ofrecieron una sala, la cual tenía una de las mejores vistas del rascacielos, además de un minibar junto a una mesa llena de tragos. ¿Qué lugar era ese?
- ¿Piensas sacar un caramelo? Te prometo que no diré nada si tú tampoco lo haces…- comenzó hablando la castaña, para matar el tiempo –
Ambos estaban sentados en un enorme sofá. Draken se miraba las manos aburrido y ella solo podía pensar en robarse un chocolate. ¿Patología clínica de adicción?
- Odette…- la regañó el tatuado- No sabemos si tienen algo, no puedes comer y ya. Si quieres después pasamos a comer algo, pero ahora no es el momento…-
- ¿Ni un chocolatito? – volvió a preguntarle, con cara de perrito. No era que no entendiera lo que él quería decir, pero la ansiedad era tanta que prefería hacer el tonto, así lograba relajarse un poco-
El ex rubio suspiró con pesadez y la puerta de entrada se abrió. Sanzu apareció sonriendo con su cara de psicópata y Odette automáticamente se tensó. Draken le acarició la pierna por encima de los pantalones, intentando tranquilizarla, y ante esto, el pelirosa sonrío ampliamente, burlándose.
- Mademoiselle – Dijo, haciendo una reverencia mientras la miraba al rostro y luego se enderezó – Draken – saludó alzando la cabeza- El rey los está esperando en la sala 507-
El tatuado asintió, levantándose de su asiento y le tomó la mano a la castaña, ayudándola a pararse también. Odette escondió su vista. Sabía que era estúpido. Era una adulta de treinta años. Sabía sobre como funcionaban las mentes y como tratar con personas difíciles, pero aún así lo que había sucedido la intimidaba. Había hablado con Manjiro con anterioridad y eso había hecho que el miedo contra el disminuyera, pero con Haruchiyo no había vuelto a tener contacto desde aquel día. Su sola presencia le recordaba que, para su mala suerte, había estado a punto de morir y quizá que más.
Draken la escoltó, ayudándola a salir. Sanzu solo los miraba divertido. Sabía que la castaña sentía miedo y lo divertía de sobremanera.
Una vez fuera, comenzaron a buscar la sala 507. Tocaron dos veces y Mikey les abrió con el celular en la oreja. Les indicó que se sentaran en uno de los sofás y con señas explicó brevemente que estaba hablando algo importante.
Vestía un traje sencillo. Pantalones de tela con una camisa blanca abotonada. Las mangas estaban arremangadas hasta los codos y una corbata azul les hacía juego a sus zapatos. El cabello rubio corto se movía al ritmo de las palabras que decía.
- Dijiste que no se bañaba… - Draken le susurró suavemente una vez que estuvieron sentados. Odette comenzó a reír en tono bajo y Mikey los miró de reojo-
- Se supone que no…-
- Está bien. Adiós – Dijo el rubio cortando la llamada. Tomó la silla de su escritorio y se acomodó al frente de sus antiguos amigos- Ya estoy libre ¿Qué es lo que quieren? – no lo dijo con ningún ánimo en concreto, pero había sonado altanero-
- Pareces camarero – soltó la de ojos café, buscando provocarlo. Su forma de hablar le había molestado. El tatuado le apretó la mano. Quería reír, pero debía mantenerse sereno-
- Ken chin… -Mikey lo miró, ignorando a la chica. Ninguno de los hombres habló, pero era evidente la emocionalidad del momento. Sin más ni menos habían sido muchísimos años separados y ahora volvían a verse, de la nada-
- Prefiero que me digas Ken desde ahora en adelante, Manjiro-
Odette se llevó la mano al corazón, haciendo un gesto de dolor en su rostro. ¿Era una venganza de Draken? ¿Cómo lo tomaría la mentalidad de Mikey? Se acomodó y golpeó mentalmente. Los estaba psicoanalizando.
Mikey mantuvo silencio por unos segundos y luego sonrío amablemente. ¿Ocultaba el dolor o solamente se estaba haciendo el tonto?
- De acuerdo- asintió y luego miró a la joven – Si han venido hasta aquí, me imagino que están de acuerdo con el trato que te ofrecí…-
- Si, pero tengo una condición-
- ¿Otra? – El rubio frunció el ceño, levantándose. Odette lo siguió con la mirada. El chico se acercó al minibar y sacó un poco de jugo. No le ofreció nada a sus compañeros-
- Sí – La joven se levantó y miró a Draken por unos segundos. El se encogió de hombros. Decidida se acercó a Mikey- ¡Gracias por ofrecernos jugo, eres muy amable! - exclamó con sarcasmo. Le daba igual el maldito jugo, lo que le molestaba era su actitud tan egoísta-
- Si quieren pueden sacar…-
- Eso da igual, Manjiro – dijo, girando los ojos y cruzándose de brazos- seré tu secretaria…- comenzó continuado lo que primero habían hablado- pero no quiero que Sanzu se acerque a mí para nada que no sea lo estrictamente necesario-
Mikey la miró por unos segundos apretando el labio superior y luego asintió con la cabeza. Quizá sin querer. Acercó su mano hacía la chica, pero antes de poder siquiera tocarla, Draken ya se encontraba a su lado.
- Rindo les dará las indicaciones de cómo funciona todo. Tendrán una oficina acomodada para que puedan realizar sus funciones… - miró su mano y luego miró a la castaña- Cualquier cosa que necesites, no dudes en decírmelo. Lo haré suceder-
Odette giró el rostro mirando a Draken con cara de ¿Qué mierda? Y este solo se encogió de hombros. Mikey era tan extraño…
Rindo, a diferencia de Ran, fue completamente estoico en su trabajo de guiarlos. Les habló lo que era estrictamente necesario y luego se marchó alegando que había perdido demasiado tiempo.
Draken se sentó en el sofa y cerró los ojos con cansancio. Odette corrió al minibar. Quería saber que cosas había ahí. Se sorprendió al encontrar sus chocolates favoritos. Muchísimos de ellos.
- No puedo creer que efectivamente estemos trabajando para el minion…- comentó ella, comiendo un poco de chocolate y le pasó uno a su compañero, el cual lo recibió agradecido-
- Tampoco yo Odie…- Draken comenzó a abrir el paquete de caramelos y lo quedó mirando por unos segundos - ¿Estos no son…? –
- Sí – sonrío con los dientes manchados de cacao y él negó esbozando una sonrisa-
El tiempo comenzó a transcurrir mucho más rápido de lo que todos los involucrados querrían. Para sorpresa de todos, las cosas resultaban realmente bien. Odette aprendió rápido como era el trabajo y siempre se adelantaba a lo que Mikey necesitaba, lo cual le había hecho ganarse un poco del respeto de la oficina. Draken, quien era el encargado de escoltara, pasaba la mayor parte del tiempo con ella, en la oficina, estudiando mecánica. Las tardes pasaban en silencio y aún que compartían el lugar, sus pensamientos estaban en otro lado.
Odette se sorprendió cuando Manjiro le entregó información confidencial. No entendía porque le entregaba tantas cosas sabiendo que ella podía contarle todo a Naoto en un abrir y cerrar de ojos. Quiso pensar que era porque le tenía confianza, pero en el fondo sabía que había algo más ahí. ¿Quizá quería que el viera la información que tenía? Para ser sincera no era nada del otro mundo. La empresa del último Sano, operaba trabajando con constructoras de Japón. Así de simple. Ellos les entregaban una suma de dinero a cambio de que hicieran cosas. En los informes se maquillaba como ayuda de carga, distribución de personal y entrega de materiales, pero había que ser un imbécil para no darse cuenta de que la realidad era que les pagaban por eliminar a las competencias o en su defecto, asustar a los enemigos, adicional al resto de actividades ilegales, las cuales incluían mucho más.
- Se hizo demasiado tarde…- Draken miró los papeles que tenía y luego la miró a ella- ¿Te queda mucho? Si nos vamos pronto alcanzo a tomar por la carretera y…- comenzó hablando perdido en sus pensamientos. la castaña lo interrumpió-
- No, no – miró el reloj de la pared. Aún debía terminar un informe que le había pedido Mikey- puedes irte si quieres – sonrío amablemente. El rubio seguía trabajando junto a Inupi en las tardes. Sus clientes los esperaban-
- No estoy de acuerdo…-
- Vamos Draken, la mayoría de los ejecutivos se han ido. Ya son las seis de la tarde. Termino un informe, le dejo los papeles al minion en el escritorio y tomo un Taxi a mi casa. Quizá hoy me junte con Chifuyu y Hanna, me invitaron a tomar vino – sonrío ampliamente, como si estuviese orgullosa de ser invitada a realizar tal Azaña-
- Me niego a dejarte sola con él, Odette, intentó ahorcarte ¿Qué no entiendes? –
- No dejes solo a Inupi, te prometo que no pasará nada. Confía en mí. Creo que he logrado que al menos se controle y Sanzu ya se fue. Marcó su salida a las cuatro-
Draken miró el reloj y asintió no muy convencido, pero Odette tampoco lo dejaría quedarse. Prácticamente lo arrastró hacía afuera y le cerró la puerta en la cara. Había mentido, aún le quedaban al menos dos horas de trabajo.
Volvió a mirar el reloj a las Ocho y un cuarto y soltó un gemido de frustración. Al menos había terminado el maldito informe. Se levantó de su escritorio y estiró el cuerpo alzando los brazos hacía arriba, levantando su vestido levemente. Era probable que a esta hora ya todos se hubiesen ido a excepción de los conserjes. No importaba. De todas formar le dejaría a Mikey todo en su escritorio, así, él podría verlo a primera hora el lunes.
Caminó somnolienta hacía su oficina. La puerta estaba cerrada, pero había luz adentro. Si era completamente honesta consigo misma, lo único que quería era entregar los papeles e irse a dormir, pero algo la detendría de ese sueño. Abrió la puerta sin tocar. No tenía llaves, y pensaba que simplemente estaban limpiando la sala, pero no. su sorpresa fue enorme al presenciar la escena que tenía frente a ella.
Mikey gruñía mientras embestía firmemente a una pelinegra. Su mano izquierda le afirmaba la cintura y la mano derecha le apretaba el rostro contra la mesa. De no ser por los suaves gemidos que soltaba, Odette habría pensado que estaba siendo forzada. Se detuvo unos segundos en mirar como el culo de Manjiro se contraía ante las penetraciones antes de alzar la vista. Él la miraba fijamente. Una sonrisa burlona se asomaba en su rostro, casi expresando lo complacido que se sentía porque entre todas las personas justo ella lo hubiese pillado en esa situación. Odette cerró la puerta rápidamente y soltó unas disculpas torpe.
Casi corrió hacía su oficina y comenzó a guardar todas sus cosas con rapidez. Quería huir de ahí lo más rápido posible. Luchaba por controlar los latidos de su corazón cuando la puerta se abrió y entró Mikey peinándose el cabello, como si nada hubiese pasado. Ante los nervios, ella fue la primera en hablar.
- Yo… yo… - mordió su labio inconscientemente y miró la entrepierna del rubio sin querer. Alzó el rostro y él sonreía divertido- lo lamento muchísimo, no sab…-
- ¿Tienes listo el informe que te pedí? – le habló con voz firme, sin mirarla. Se acercó al minibar y comenzó a prepararse un trago-
- Sí, si, por eso me acerque a tu oficina- Odette lo siguió con la mirada. Manjiro se sentó en el sofá y se acomodó, cruzando las piernas y apoyando uno de los brazos en el respaldo del asiento-
- Bien – asintió y probó el bebestible, tomándose demasiado tiempo para lamer sus labios-
- Creo que ya me iré, Mikey – Odette tomó su bolso y se acercó para entregarle la carpeta a su jefe-
Le pasó el montón de papeles y sin querer sus manos se rozaron, tal como cuando eran unos adolescentes. El rubor cubrió las mejillas de Odette y Mikey sintió como su pantalón le daba un tirón. La castaña carraspeo su garganta y se despidió con la mano, acercándose a la puerta-
- Oye, Odette…- la llamó él, haciendo que ella se girara-
- ¿Sí? –
- Te sorprenderá saber que todo el tiempo estuve pensando en ti…-
Años atrás, en el pasado
Odette pateaba las piedras aburrida. Le había prometido a Mikey que se presentaría en la reunión, pero la verdad es que no quería estar ahí. Cada vez que se aparecía se acordaba de Takashi y casi podía volver a revivir la conversación que habían tenido.
- Ya hemos terminado – Draken se acercó a ella, junto al resto de la Toman. Sin darse cuenta, perdida en sus pensamientos, la reunión había acabado-
- Oh, lo siento, yo estaba…-
- ¿Pensando en Mitsuya? – Smiley como no, le sonrío, pero no de una forma mala, él no sabía que había pasado entre ellos-
- No, hemos terminado de hecho –
- ¿Qué? – Hakkai, que hablaba junto a Angry giró el cuello rápidamente y abrió los ojos como plato- ¿Tu y Taka chan han roto? –
- Así es…- asintió y luego miró a Mikey. Tenía un brillo extraño en los ojos. Era extraño, pues siempre estaban opacos y sin vida-
- Bueno, no es momento de molestar a nuestra querida amiga con algo como eso ¿no? – sonrío y se acercó abrazándola por la cintura. Los demás se miraron entre ellos-
- Mikey… suéltame – le pidió Odette y este la ignoró –
- Es importante que nos organicemos para poder luchar contra Tenjiku…-
- ¿Ah? – La francesa se separó y lo miró frunciendo el ceño- ¿De qué están hablando? –
- Luego te lo explicaré… - le susurró Mikey y ella asintió con la cabeza- Izana esta furioso y quiere acabar con la Toman… -
- ¿Izana? – Odette lo volvió a mirar con el ceño fruncido- Ese nombre me suena…-
- No lo conoces, no es parte de nada que tu hayas visto – Draken habló esta vez y la de ojos café hizo una cara de molestia ante su respuesta- ¡Te lo digo para que no te preocupes! -
- Bueno – Asintió e inmediatamente ignoró a Draken. Todos dejan de tomarle atención a Mikey- ¿Quién me llevará hoy a mi casa? – Sonrío alzando los brazos y al ver que nadie respondía, bufó molesta- ¡Qué egoístas son! –
- Yo iré hoy – Manjiro giró los ojos haciéndose el fastidiado, pero realmente tenía algo en mente-
Se despidió del resto de la Toman y emprendió el viaje en silencio. Mikey estacionó en una especie de parque y la tomó de la mano guiándola. Odette agradecía haberles dicho a sus padres que estaría con Emma, así no se molestarían por la hora.
- ¿Qué hacemos aquí? Es tarde…- murmuró. Estaba cansada y los demonios internos le decían lo mal que terminaría todo si pasaba demasiado tiempo junto a él-
- Silencio, quiero que veas algo –
La castaña se encogió de hombros y lo siguió sin decir nada. Llegaron a una extraña colina, la cual daba una vista hermosa del lago y las estrellas que rodeaban el lugar. El rubio se recostó y ella lo siguió, tomando lugar a su lado. Él le tomó la mano y ambos miraron el cielo.
- Sabes…- comenzó hablando suavemente el rubio natural- siempre me he sentido muy solo desde que era un niño… -
Odette giró su rostro. El joven Sano miraba hacia arriba, pero luego de su acción, giró el rostro tal como ella.
- Pero ahora ya no es así – sonrío – desde que te conocí las cosas cambiaron y eso me hace sentir extraño…- hizo una mueca con los labios y prosiguió- pero no es malo, es como cuando hace mucho frío y luego Kenchin me hace un poco de leche con chocolate caliente y mi cuerpo comienza a entibiarse –
La francesa asintió y las risas comenzaron a ocupar el espacio en silencio. Mikey frunció el ceño ofendido.
- No te diré nada más – le dijo, girándose hacía el otro lado, haciendo un berrinche-
- ¡oh, Mikey! ¡vamos! Solamente me atraparon los nervios – Odette sonrío y se acercó a él, abrazándolo por la espalda. Depositando pequeños besos en la misma-
- ¿no te estas burlando de mí? – volvió a girarse y se encontró con su rostro frente a frente-
- No, claro que no – mintió y lo besó suavemente en los labios. Manjiro le correspondió el silencio, sintiéndose por primera vez, vulnerable-
