Capitulo dieciocho

Al lunes siguiente, la castaña iba con tranquilidad al trabajo. Había aclarado las cosas con Mitsuya y a pesar de que había sido algo doloroso, había sido también muy necesario. ¿Por qué alargar algo que podría terminar con un lindo recuerdo?

- ¿Qué opinas de todo esto? – preguntó ella con una galleta a medio comer. Takashi terminaba de servir el desayuno-

- Creo que todo está muy bien – sonrío él, respondiéndole- Entiendo que veamos las cosas distinto y aún que te quiero con todo mi corazón, también sé que no puedo retenerte conmigo por mero egoísmo – suspiró un segundo mirando su taza de café y tomó un sorbo- No puedo obligarte a ser algo que no eres, Cisne. Te quiero como eres, no voy a cambiar nada de ti-

Odette miró el piso un segundo. No era el tipo de conversación que habría esperado luego de pasar la noche juntos, pero agradecía la honestidad y sinceridad de Mitsuya. Se había dado cuenta de la realidad que vivían, incluso antes que ella.

- ¿Cuándo te diste cuenta de todo esto? – Tragó saliva con dificultad. Enfrentarse con lo doloroso nunca era fácil –

- ¿La verdad? – le preguntó esbozando una sonrisa y ella asintió con la cabeza- Ayer, cuando llegaste. En la tarde cuando viniste a comer. Todas las veces que hablas de Mikey me doy cuenta. Brillas…-

Odette se levantó, dejando de lado su comida y lo abrazó, besándole la mejilla. Mitsuya le correspondió rodeando sus brazo en la cintura de ella.

- Siempre fuiste muy perceptivo – murmuró contra su cuello. El sonrío y le besó la sien-

- No voy a cortar tus alas, cariño. Jamás lo hice, ni siendo un niño-

- Lo sé – se separó un poco y lo miró a los ojos- Te quiero, Takashi y siempre lo haré – volvió a abrazarlo, esta vez, apoyando la cabeza en el hueco entre su cuello y su hombro- Somos dos personas que quieren cosas distintas y no hay nada de malo en eso. Tú vas a especializarte, serás un diseñador exitoso y conocerás a una mujer maravillosa que te dará la vida con la que siempre soñaste…-

- ¿realmente lo crees? – le preguntó, con su boca apoyada en la cabeza de ella-

- Uhum…-

- ¿Qué sucederá contigo? –

- Yo, por mi parte, viviré la vida que más me acomode y buscaré la felicidad, la que nunca he creído poder encontrar – Rio, con algo de pena y cambió la posición, tomándole el rostro entre sus manos y lo besó suavemente- Pero vamos a vivir, Takashi. Viviremos y eventualmente todo se solucionará-

Mitsuya juntó sus frentes y le correspondió ese beso. Ambos sabían que muchas veces el cariño no era suficiente, sobre todo cuando se buscan cosas diferentes. Odette se arrepentía de haber hecho las cosas mal en su momento, pero ahora estaba a tiempo de cambiar, estaba a tiempo de ordenar su vida. Takashi la quería y se había obstinado en su romance de la juventud. Las personas cambian, la vida avanza. Ya no tenían dieciocho años y por mucho que les habría gustado quedarse ahí, su realidad era otra.

Entró a su oficina y se sorprendió al ver a Draken leyendo unos papeles. Le sonrío y lo saludó con un beso en la mejilla. Le entregó un pequeño caramelo que había cocinado Mitsuya y se sentó en su escritorio. Un ramo enorme de margaritas junto a una tarjeta estaba encima de su computadora. Lo miró perpleja y luego se dirigió a Draken.

- Oye, Draken…- lo llamó sin mirarlo a él, si no a la enorme cantidad de flores muertas que yacían en su mesa-

- ¿Sí? – El rubio alzó la vista de su revista y alzó una ceja-

- ¿Acaso sabes quién dejó esto aquí? –

- ¡Quién podría ser! – dijo el como si fuese lo más obvio del mundo y luego tiró una bocanada de aire, levantándose y acercándose hacía ella. Odette alzó la vista para poder mirarlo- Si quieres renunciar, estoy contigo. Mitsuya me contó lo que sucedió…-

- Esto… estoy en shock la verdad…-

La puerta se abrió sin aviso, mostrando la figura de nada más ni menos que Sanzu, el cual, como siempre, venía con una sonrisa arrogante. Tanto Draken como Odette miraron hacía la puerta y luego se miraron. No se podía esperar nada bueno de Harichuyo.

- ¿A que están bonitas las flores? – entró casi bailando. Posiblemente drogado hasta la coronilla. Caminó hacía el minibar y sacó una pequeña botella de güisqui, luego se acercó a Draken-

- ¿Tú me las dejaste ahí? – Odette alzó la barbilla con orgullo. Tan solo de saber que era un gesto de Sanzu le daban ganas de vomitar-

- No preciosa, el jefe me pidió que las dejara en tu oficina, pero el las compró e hizo todo-

- Ya… - asintió ella y luego frunció la boca- ¿Qué haces aquí, entonces? –

Draken intentó intimidarlo con la mirada, pero Haruchiyo era una persona extraña de por si mismo. Es como si toda la droga que había consumido, le habían derretido el cerebro y su actuar era errático y caótico. Algo así como el Joker.

- Mikey quiere verte – le dijo, admirando la mesa y tocándola con suavidad-

Odette asintió y se levantó, acomodándose el vestido. Los tres caminaron hacía la puerta, dejando pasar primero a la castaña, pero cuando Draken iba a salir con ellos, el pelirosa lo frenó, colocándole una mano en el estómago.

- Sola -

Había escuchado lo que sanzu había dicho y quizá eso había hecho que su cuerpo se pusiera tenso. No sabía en que estado mental se encontraba Mikey ni tampoco cómo funcionaba su cabeza actualmente. ¿Se sentía ofendido por lo del otro día? ¿Debería decirle que las flores le parecen de mal gusto? ¿querrá hacerle lo mismo que le hizo a la chica pelinegra del otro día? Tocó la puerta una vez hasta que la voz del interior le solicitó pasar. Entró sin querer con las mejillas coloradas y el corazón latiendo a mil.

- Odette…- dijo él esbozando una sonrisa y ella solo abrió los ojos- ¿Te han gustado las flores? –

- ¿Cuál es el propósito de darme flores? – Respondió ella, cruzando de brazos y frunciendo el ceño-

- ¿Hola? –

- Hola, Mikey – respondió ella y se frotó la frente suavemente, intentando pensar- ¿Qué quieres de mí? Sé honesto por favor-

- Que trabajes conmigo ¿qué más podría querer? – sonrío y Odette quiso morir por dentro. Era la misma sonrisa que le había mostrado cuando aún eran jóvenes y se querían-

"Odette, tu me haces ser mejor persona" "te quiero, Odette"

Odette miraba el piso perdida en sus pensamientos, recordando las frases que Manjiro le había dicho cuando eran unos jóvenes.

En el pasado

- Auuuuuch – gimió la castaña al sentir su cabeza chocar con la pared del baño-

- Cállate…- Mikey susurró contra su cuello mientras la embestía fuertemente-

Desde que habían sido descubiertos por Draken, sus aventuras habían comenzado. Algunas veces Odette creía que Mikey tenía una especie de fetiche, pues cada vez que hacían el amor era un lugares públicos, donde podrían pillarlos.

- Sigue así Mikey…- volvió a gemir, tomando su rostro entre sus manos y lo besó con desesperación-

Odette quería negarlo, pero había algo en el rubio que le producía un montón de cosas en su zona baja. Mientras que con Takashi todo era romántico y cariñoso, con Manjiro todo era primitivo y extremadamente excitante.

Mikey la giró sin previo aviso y volvió a penetrarla con brusquedad. Su rostro chocaba con la puerta y el de Manjiro contra su espalda. Con una mano le taba la boca y con la otra le estimulaba el clítoris, haciéndola llegar en pocos minutos al orgasmo. Él aún no se corría.

La joven agradecía todo lo que había descubierto junto a él. No pensaba que hubiera tanto al tener sexo. Con el rubio había descubierto lo que era sentir múltiples orgasmos. ¿Quién lo diría no? La primera vez que sucedió, se había metido a su casa sin permiso. Sus padres no estaban y ella se encontraba en la bañera. Gracias a dios estaba sola, habría sido muy incomodo que con la que Mikey se hubiese topado hubiese sido su madre.

Pasado dentro del pasado

Odette enjabonaba su cuerpo mientras cantaba una canción melosa. Habían pasado tres días desde que Draken la había pillado junto a Manjiro y a pesar de la situación, no habían parado de escribirse por medio del teléfono. La menor de los Watanabe le había dicho que estaba sola en su casa, con la intención de quizá salir o verse. Jamás pensó que se presentaría de inmediato, menos en su bañera.

Sus ojos cerrados y su voz se acercaban cada vez más al coro de la canción cuando sintió como alguien abría la cortina. El grito que pegó fue uno de los más desgarradores de la vida. Mikey no podía parar de reír. También se había desnudado y estaba junto a ella.

- ¡ESTUPIDO! – comenzó a gritar y lo empujo- ¡PODRÍA HABERME HECHO DAÑO! –

- No, no – sonreía el rubio e intentaba acercarse a ella. Odette lo alejaba furiosa- Perdón, solo era una broma, no pensé que te enojarías…-

- No puedes entrar así a mi casa, no está bien – Se cruzó de brazos, intentando taparse de alguna forma. Era la primera vez que ambos veían sus cuerpos desnudos a la luz del día-

- Tu ventana estaba abierta – dijo y botó de su boca un poco de agua que le había caído en el rostro. A diferencia de ella, a el no le importaba taparse-

- ¿Qué quieres Mikey? – le pregunto, haciéndose la tonta –

- ¿Qué voy a querer? – giró los ojos, como si fuese lo más obvio del mundo y se acercó a besarla, demandantemente-

Odette giró los ojos y luego sonrío sintiendo como su espalda chocaba con el frío de la baldosa del baño. Mikey le acariciaba el cuerpo demandantemente. En un acto de osades, La chica le apretó el culo, queriendo molestarlo.

- ¡Oye! – Se quejó separando sus labios de su cuello y frunciendo el ceño- no hagas eso –

- ¿Qué cosa? – le dijo, haciéndose la que no entendía de que le estaban hablando-

- ¿así vas a tratarme? –

Sin previo aviso Mikey la giró, teniendo vista de su culo. Se agacho en la bañera y enterró la cara en el mismo.

- ¿Qué estás…- intentó decirle la joven, pero la vergüenza fue rápidamente teñida por placer al sentir como su lengua la recorría? Sus ojos se cerraron fuertemente-

El de ojos negros estuvo así por unos segundos. Recorriéndola con la calidez de su boca, depositando tiernos besos y sintiendo los vaivenes de su cadera. Cuando sintió como la chica comenzaba a llegar se apretó más a ella. Odette se corrió en un gemido ruidoso, mientras inconscientemente se apretaba más a él.

Mikey al contrario de apartarse, decidió seguir ahí, hundido en su entrepierna. La castaña intentó alejarlo, pero pronto un nuevo orgasmo comenzó a acercarse a ella, nublándole la vista. Un orgasmo mucho más intenso que el anterior.

- ¿Te gustó? – le pregunto el chico, una vez que estuvo más recompuesta. Se levantó y le besó los labios, haciendo que ella se probara a si misma. Odette hizo una mueca de disgusto-

- Si – asintió, aún un poco atontada. El asco se debía a su propio sabor-

- Perfecto. Lo leí en una revista de mi abuelo ¿Qué revistas leía el abuelo Sano? – sonrió y volvió a besarla, acorralándola contra la pared e indicándole con la mirada que entraría en ella. Las piernas de la chica se abrieron, dándole la bienvenida- te quiero– le susurró mientras besaba su sien – te quiero– volvió a repetirle mientras entraba en ella-

Pasado actual

Su rostro contra la pared, su cabello apretado contra la delgada mano de su amante. Unos pocos embistes y sintió como sus paredes se llenaban del liquido viscoso que el rubio tenia para darle.

- ¿Te estás tomando las pastillas? – Le dijo con los ojos cerrados y recuperando el aliento-

- Sí – asintió ella, mientras estiraba su cuerpo-

- Bien – asintió el también. Podría ser despistado, pero ninguno era tonto. No querían tener hijos, no siendo adolescentes- Mañana me gustaría que estuvieras con Draken – le comentó, mientras se comenzaba a abrochar los pantalones. Le pasó un poco de papel a la chica y ella lo recibió–

- ¿Por qué? – preguntó ella, extrañada y con el ceño fruncido, mientras se limpiaba la entrepierna y luego botaba el papel a la basura-

- Porque sí – le dijo cortante y ella solo lanzó un largo suspiro-

- ¿Qué te pasa? – le tomó el rostro con ambas manos e hizo que la mirara- Pensé que ya habíamos terminado con tu actitud de mierda –

- Tus manos huelen a Va…-

- Y una mierda – lo soltó y se cruzo de brazos- eso es lo que menos importa. ¿Por qué te estás cerrando nuevamente conmigo? –

Mikey la ignoró y se acercó al lavamanos. Había una fiesta en la casa de los Kawata y ambos se colaron para hacer sus cosas. Odette lo miró por el reflejo un segundo y al ver como el la ignoraba, lo abrazó por atrás, besándole la espalda.

- A veces siento que te hago mal… - susurró ella contra sus omoplatos. Mikey se giró y la hizo mirarlo. Mientras el rostro de ella denotaba tristeza e inseguridad, el de el tenia un brillo extraño, indescifrable-

- No digas eso, tonta – sonrío y luego la beso – Tú me haces ser mejor persona-

Actualidad

Su rostro inexpresivo seguía analizando la sonrisa que le lanzaba el rubio. Claramente estaba actuando de una forma coqueta y la joven no sabia como tomarlo.

- ¿Hay otra cosa en lo que pueda ayudarte, Mikey? – tragó saliva con dificultad. Los recuerdos golpeaban su mente con ferocidad-

- Acepta mis flores… y una salida conmigo. No pido más – de pronto se levantó y pasó de estar en su silla a su lado en un cerrar de ojos-

- No puedo salir contigo…- comenzó a titubear. Tenerlo tan cerca y estando tan solos le dificultaba el habla- Est… tengo pareja-

- ¿En serio? – Se hizo el sorprendió, pero ya sabía todo. Como el buen controlador que era, la había espiado y también la había seguido. Sabía todos sus recorridos ¿Qué clase de sociópata hace eso?

- Si… - sonrío y miró hacía abajo. Mikey le tomó las manos y ella alzó el rostro por un segundo. Cuando sus mejillas se tiñeron de rojo, volvió a bajar la cabeza. Ambos jugaban con las manos del otro-

- Acepta mi salida, te prometo que no haré nada que no quieras-

Odette alzó el rostro rápidamente y lo miró a los ojos. Aún tenia emociones por él. Su romance había acabado abruptamente y aún que ambos lo negaran, se habían enamorado. El problema era el estado mental de Mikey. Odette quería creer que era una buena persona, pero si era honesta consigo misma, su actitud rayaba la obsesión. Su actuar era enfermo y poco coherente. ¿Qué había pasado en esa pobre cabecita para actuar así?

- Mikey… - sonrío ella y colocó su mano en el pecho del rubio. Era delgadísimo y no tenía músculos, pero así y todo le parecía muy atractivo- Antes de poder salir con cualquier persona, debes sanarte… - susurró y colocó su cabeza en donde antes había estado su mano. Con el tiempo había ganado centímetros, siendo levemente más alto que ella-

- Lo sé… - susurró él en respuesta y la abrazó instintivamente, queriendo protegerla de todos los males que alguna vez le causo el mundo, incluido él-

La puerta se abrió haciendo que ambos se separaran avergonzados. Una atractiva joven de cabello negro los miraba con cara extraña. Era Yui. La Asistente de Kakucho y con quién Odette había pillado al rubio teniendo sexo unos días antes. Odette se disculpó y apresuró a salir de la oficina. La pelinegra la empujo con el hombro cuando se cruzaron y la castaña lo ignoró. Suponiendo que ella era la pareja de Mikey, tenía toda la razón en enojarse.

Caminó hasta su oficina y cerró la puerta con el corazón a mil. Draken la miraba con la ceja alzada. No entendía nada.

- ¿Qué te ha pasado? – preguntó con el rostro serio. Odette negó con la cabeza y miró el reloj. Apenas eran las 8:40 de la mañana. Se tomaría su break de desayuno. Se acercó al tatuado y tomándolo del brazo, salieron juntos de ahí-

Agradecía al minion por colocar una cafetería en el edificio. A ser honesta, era bastante decente. La mayoría de los trabajadores, los cuales [Odette quería creer] no conocían la realidad que limpiaban, parecían genuinamente felices con las instalaciones del lugar. Si bien era pequeño, era un edificio más que decente para realizar funciones. Constaba de tres pisos. El primero era la recepción, en donde una secretaria recibía a las personas e indicaba donde debían ir. El segundo piso era administrativo, donde se encontraban las zonas de papeleo, contaduría y tratos legales, comandados por Kokonoi. El tercer piso era el de los jefes máximos. Ahí se encontraban los principales fundadores de Bonten y sus respectivos subordinados directos.

- ¿Sabes? No entiendo que mierda pasa… intento relajarme y poder encontrar una solución, pero no logro entrar siquiera a la cabeza de Mikey. Es todo tan frustrante…- Odette reclamaba mientras esperaba su café. Draken solo esbozaba una sonrisa mientras la escuchaba-

- ¿Tienes demasiado trabajo hoy? – Le pregunto y ella alzo una ceja. La barista la llamó y la castaña recibió los dos cafés agradeciéndole, para luego acercarse a la salida junto a el más alto-

- ¿Qué tienes en mente Ken chin? –

Ambos reían sin parar mientras veían como un pequeño gatito intentaba cruzar la calle. El animalito no corría ningún peligro, pero verlo batallar contra las piedras hacía que el par de amigos se matara de la risa. Eso y la marihuana que se habían fumado. Mientras ambos reían, no se dieron cuenta como Sanzu, desde otra esquina los miraba.

- Oye – dijo riendo Draken. a él no le había pegado tan fuerte como a ella- ¿Vamos a renunciar, ¿no? –

- Yo creo que sí, todo se ha vuelto tan raro– sonrío Odette y tomó un poco de café, el cual ya estaba frio- ¡esta delicioooooosooo! – exclamó mirando el sol. Su vista fue nublada por la presencial burlona de Haruchiyo- ay no –

- Holaaaa – sonrío Sanzu mientras alargaba la última vocal- Si me dan de lo que consumieron no le diré nada a nadie…-

Odette miró a Draken de reojo, el cual se encogió de hombros y le pasó lo que le quedaba del cigarrillo. Casualmente, el efecto de la droga había hecho que disminuyera el miedo contra el pelirosa.

Un silencio abismal los atacó. Nadie sabia que decir y solo se miraban incomodos, entre ellos y el paisaje.

- Oye Sanzu…- comenzó la castaña y el ejecutivo la miró, acudiendo a su llamado-

- ¿Qué relación tiene Mikey con la secretaria de Kakucho? – soltó y Draken la miró extrañado. No entendía porque le estaba preguntando eso a su excompañero-

- Ah… - sonrío botando humo por la boca- ¿Tu fuiste quién los pilló, ¿no? – hizo una mirada picara y luego movió la cabeza, pensando. Draken la miró preguntándole que pasaba y ella negó con la cabeza, restándole importancia- seré honesto contigo, niña. Todos nos cogemos a las secretarias de los otros – los ojos de la castaña se abrieron de par en par, notablemente sorprendida- la mayoría de las chicas solían trabajar en pubs o eran prostitutas. Así las conocimos – volvió a tomar una calada del cigarrillo y luego lo tiró al suelo. Botó lo último que le quedaba de humo antes de hablar- tu eres la primera que no compartimos –

- Oye – Draken intervino. No le estaba gustando el tono de la conversación - ¿Usan a las mujeres como objetos? ¿qué …? –

- No Draken – Suspiró el pelirosa. Era una de las pocas veces que se le podía ver serio- Cuando empezamos el negocio, las chicas nos pidieron trabajar aquí, no les gustaba esa vida de mierda, supongo – se rascó la barbilla y prosiguió- Con el tiempo nos fuimos encontrando atractivos y una cosa dio a la otra y cada vez que tenemos ganas, cogemos. Claro, si ellas quieren. No estamos de acuerdo con la violación –

- ¡AHORA DICES ESO! – casi grito Odette y Draken asintió, apoyándola-

- Niña, jamás te habría tocado – el pelirosa la apuntó con el dedo y luego lanzó una carcajada que quizá para el era normal, pero sonaba siniestra- Mikey nos tiene prohibido acércanos a ti-

- Ya… - giró los ojos. Aún sentía rabia por lo que había sucedido- Intentaron matarme y violarme. Me tocaste indebidamente y lo sabes, Haruchiyo. No le restes importancia–

- Odette – comenzó hablando, mientras fruncia el ceño y se frotaba la frente- eres una maldita mocosa, no sé porque deposita tanto en ti… - susurró y luego sonrío como siempre. Sanzu el adulto se había ido y el sádico había vuelto- gracias por la droga, querido Draken – hizo una reverencia y se marchó, dejando al par de amigos extrañado-