¡Buenas a todos!
Ya estoy de vuelta, como cada semana. Había estado pensando en no publicar este capítulo todavía. No sabía si añadirle la siguiente escena o dejarla para el siguiente capítulo, pero finalmente he decidido dejarlo tal y como estaba porque el siguiente capítulo es algo que llevo maquinando en mi cabeza desde hace tiempo y quiero darle el tiempo y el mimo que necesita. Esto puede haber hecho que este capítulo sea más corto (y quizás menos interesante), pero creo que merecerá la pena.
No estoy muy segura de cuándo actualizaré de nuevo. Normalmente lo hago los domingos, pero el domingo que viene estaré de viaje, así que no podré escribir. Por otra parte, esta semana tendré menos trabajo y seguramente pueda adelantar a lo largo de la semana. Por lo tanto... la actualización del próximo capítulo será en fecha sorpresa (hasta para mí).
Dicho esto, gracias por leer y espero que disfrutéis con el capítulo 13 de esta historia. ¡Un saludo a todos!
CAPÍTULO 13: Las palabras que no dijimos
Cuando Izuku volvió a encender el móvil al día siguiente, tenía cinco llamadas perdidas y varios mensajes de voz de Katsuki. Tragó saliva y reprodujo el primero:
Oi, te dije que me llamaras cuando llegases. Ya deberías estar en casa. ¿Todo bien?
Lo que no sabía Katsuki era que Izuku había decidido cambiar de destino mientras compraba el billete de tren con el corazón hecho pedazos. Se había dado cuenta de que lo peor que podía hacer en esos momentos era quedarse solo. Necesitaba a alguien que lo abrazara y que lo aconsejara. Alguien que calmara sus penas. A la hora a la que Katsuki había mandado el mensaje, todavía se encontraba en el tren en dirección a Fujinomiya.
El segundo mensaje había sido enviado una hora más tarde:
Estoy intentando llamarte, pero tu móvil no deja de comunicar. ¿Dónde te has metido?
Izuku reprodujo el tercer mensaje:
Oye, estoy empezando a preocuparme. No coges el teléfono ni respondes a los mensajes. ¿Ha sucedido algo de camino a tu casa?
Cuarto mensaje:
Deku, ¿dónde demonios estás? Estoy empezando a pensar que puede haberte descubierto alguno de los hombres de Arata. Estoy jodidamente preocupado. Contesta nada más veas este mensaje, joder.
Un nudo se instaló en el estómago de Izuku. Reprodujo el siguiente mensaje:
¿Acaso estás enfadado? Cuando te fuiste, sentí que algo andaba mal, pero… ¿Hay algo que no me hayas dicho? ¡Si es así, da la maldita cara y dímelo, pero no me ignores! Prefiero eso a pensar que te haya pasado algo. ¡Joder, Deku!
Era el último mensaje de voz. Después de eso, Katsuki había escrito unos últimos mensajes que, por alguna razón, había preferido no decir con su propia voz:
Por favor, Izuku. Por favor.
Solo dime que estás bien.
Es lo único que necesito.
Una vez más, las lágrimas corrieron por las mejillas del héroe. Dejó el móvil encima de la mesa y se llevó las manos a la cara sintiéndose terriblemente culpable. Estaba haciendo sufrir a Katsuki por su sensibilidad y sus inseguridades. A esas alturas, no estaba seguro de si el hecho de ignorar sus llamadas había sido una forma de intentar protegerse a sí mismo de un amor no correspondido o un acto pueril en el que había intentado castigar al rubio con su indiferencia.
Rio de forma amarga. ¿Qué indiferencia? Lo que él sentía hacia Kacchan era cualquier cosa menos indiferencia. Estaba completamente enamorado de él y le dolía pensar que Katsuki no sintiera lo mismo. Apenas había podido dormir imaginando al joven en la cama con ese otro villano. Si ya lo había hecho otras veces, ¿por qué no iba a aprovechar la oportunidad ahora que tenían una casa enorme para ellos solos?
Se levantó y dio vueltas por el salón. Estaba siendo irracional y lo sabía. Por una parte, que hubieran tenido relaciones en el pasado no quería decir que las fueran a tener ahora. Por otra parte, si las tenían, él no tenía nada que reclamarle a Katsuki. Ellos no eran pareja, y Katsuki le había dejado muy claro que él nunca se embarcaría en una relación amorosa. Que hubiera demostrado celos hacia él y se hubieran acostado un par de veces no quería decir nada. El idiota había sido él, sin duda.
Cogió el móvil, dispuesto a contestar. Por un momento, pensó en llamarlo y decirle todo lo que tenía en la cabeza. Confesarle que lo amaba y que la incertidumbre de si su amor era correspondido o no lo estaba matando. Que se había puesto furioso con él de solo pensar que pudiera estar haciéndole a otra persona las mismas cosas que la noche anterior le había estado haciendo a él. Que su rabia había salido en forma de lágrimas que le habían drenado la energía, y a pesar de todo no había podido descansar desde que se había separado de él. Sin embargo, finalmente solo tecleó un breve mensaje y volvió a apagar el móvil para asegurarse de que Katsuki no pudiera contactar con él. No estaba preparado para enfrentarlo. Necesitaba un poco más de tiempo para aclarar sus ideas.
Estoy a salvo, decía el mensaje, porque no podía mentirle y decir que estaba bien. No lo estaba. Tenía el corazón destrozado y el ánimo por los suelos. Había perdido el apetito y el sueño, y solo tenía ganas de llorar. No, no podía decirle que estaba bien.
Sintió una mano en su hombro. Uraraka acababa de levantarse. Aún tenía puesto su pijama rosa de flores. Izuku le agarró la mano.
—¿Quieres desayunar? —le preguntó su amiga con una sonrisa.
Estoy a salvo.
Izuku había dicho que estaba a salvo, no que estuviera bien, lo que confirmaba su sospecha de que algo había pasado y el héroe no le había dicho nada. Había intentado llamarlo una vez más al ver el mensaje, pero había vuelto a saltar el buzón de voz. ¡Dios, ese héroe lo iba a matar de desesperación!
Eijiro caminaba a su lado por las calles de Shinjuku hablando sin parar, pero la realidad era que hacía tiempo que había dejado de escucharle. No podía hacer más que mirar el teléfono una y otra vez para comprobar que no hubiera ningún mensaje nuevo.
—De verdad, no sabes lo que me alegra tenerte de vuelta, Bakugo —captó su oído en una de las pocas veces que le prestó atención.
La idea original había sido quedarse en la casa de campo dos días más y regresar al tercer día, pero una vez que se fue Izuku, su humor se había agriado considerablemente y tener que permanecer allí tanto tiempo con Yukio se le hacía insoportable. Al final, su estancia se había reducido a un día y medio. Durante el desayuno le había contado su intención de regresar y se había puesto a preparar la maleta.
—Arata quiere hablar contigo tan pronto como regresemos —le había dicho Yukio tras telefonear al jefe.
Efectivamente, no habían pasado ni cinco minutos desde que había entrado por la puerta del hotel cuando uno de los hombres de confianza de Arata se acercó para decirle que lo estaba esperando. La conversación había sido breve, y sin embargo a Katsuki se le había hecho terriblemente larga. No veía el momento de abandonar aquella sala y dejar de fingir que en esas semanas no había ocurrido nada, que seguía siendo el mismo villano de antes.
—Espero que estas vacaciones te hayan servido para descansar y recuperar energías —le había dicho Arata.
Katsuki había asentido, cruzado de brazos. Apenas podía ocultar el odio que sentía hacia ese hombre, pero su acostumbrada seriedad lo ayudaba bastante.
—¿Te sientes preparado para volver al trabajo?
El estómago se le había revuelto ante esta pregunta. En esas semanas prácticamente había olvidado que era un villano. Deku se había encargado de agarrar su mano y conducirle por la senda que debería haber tomado en su adolescencia y cuyo futuro había truncado el hombre que se encontraba frente a él fumando un puro. Su traje de héroe se encontraba todavía en la maleta. Y aun así, no podía hacer otra cosa que asentir para que Arata no sospechara. Todavía no tenía un plan, y no creía poder tenerlo pronto teniendo en cuenta que Deku estaba desaparecido en combate.
—Cuando lo estimes oportuno —le contestó.
Arata había mostrado una sonrisa satisfecha.
—Te avisaré en cuanto tenga algún trabajo para ti. Puedes irte.
Puedes irte, había repetido en su mente. Estaba harto de recibir órdenes de ese imbécil. Estaba deseando que llegara el día en el que pudiera lanzarle una de sus explosiones a la cara al grito de: "¡No me digas lo que hacer!". Esperaba que ese día llegara pronto.
—Bakugo, ¿me estás escuchando? ¿Qué haces que no dejas de mirar el móvil?
Katsuki bufó y guardó el teléfono en el bolsillo trasero de su pantalón.
—No, no te estaba escuchando —reconoció mientras cruzaban un paso de peatones. Quería alejarse todo lo posible del hotel y de todo lo que tuviera que ver con Arata.
—Tío, esto es serio —lo regañó Kirishima—. Desde que me contaste todo lo que has descubierto, no he podido pegar ojo. Estaba todo el tiempo nervioso, haciéndome miles de preguntas, deseando hablar con alguien…
—¿Se lo has contado a los demás?
—No. Me dijiste que mantuviera la boca cerrada y así lo he hecho. Quería hablar contigo para saber qué es lo que vamos a hacer con todo esto.
—Ni yo mismo lo sé, Kirishima —gruñó.
Le daba rabia no poder concentrarse en todo aquel asunto. En su cabeza solo cabía Izuku en ese momento. No podía dejar de preguntarse si se encontraría bien, si de verdad estaría enfadado con él, si se encontraría en su casa. Había pensado en ir a buscarlo a su apartamento, pero el sentido común le había dicho que era mejor no actuar de forma precipitada por si Arata todavía estaba vigilándolo.
Mientras caminaban, miraba a su alrededor una y otra vez, pero no parecía que nadie les estuviera siguiendo. Quizás las palabras de Yukio habían calmado al yakuza y había hecho que dejara de desconfiar en él.
—Lo que no entiendo es cómo tú has recuperado algunos recuerdos mientras que los demás seguimos sin recordar nada —dijo Kirishima.
—Ayer estuve hablando con Sato.
—¿Con Sato? —repitió.
Katsuki asintió.
—Me explicó cómo funciona el quirk de Arata. Es capaz de borrar los recuerdos de nuestras mentes y de las personas cercanas a nosotros. Pero tiene que estar renovando su poder cada cierto tiempo para que no se pierda el efecto. ¿Te ha tocado la cabeza en estos días?
—¿La cabeza…? ¡Oh, ahora que lo dices…! Me mandó a hacer un trabajo. Algo fácil. Solo tenía que ir a llevar un mensaje a algunos enemigos de mafias rivales. Al regresar, me dijo que había hecho un buen trabajo y me dio unos golpecitos en la cabeza.
—Una excusa para tenerte bajo la influencia de su quirk. Tiene que tocarte la cabeza para poder usarlo. La última vez que usó su poder conmigo hace varias semanas, y será la última vez que lo haga. No pienso dejar que me ponga sus jodidas manos sobre la cabeza otra vez.
—Yo tampoco lo dejaré. Pero eso no es la solución a nada. Seguimos teniendo un problema enorme.
—Lo sé, lo sé… —respondió, volviendo a mirar el móvil.
—Pues no parece que te importe demasiado…
Katsuki paró de golpe. Se encontraban en un barrio bastante alejado del hotel. Había estado caminando sin pensar, solo con la intención de quitarse de en medio cuanto antes para poder seguir llamando a Izuku. Se preguntó si debía contarle a Kirishima todo lo que había ocurrido con el héroe. Al fin y al cabo, debía conocer la implicación que tenían el uno con el otro si todos iban a formar parte de un mismo plan para recuperar su vida anterior.
—Ven, vamos a tomar algo ahí —le dijo, señalando una cafetería cercana.
Kirishima lo siguió de cerca y se sentaron en una mesa apartada en el interior del recinto. Pidieron un par de zumos y Katsuki se preguntó por dónde debía empezar su historia. Ni siquiera sabía qué es lo que debía contarle y cómo. ¿Debía contarle únicamente que se había acostado con Deku, o también que se había implicado con él emocionalmente?
—¿Qué te pasa, Bakugo? —le preguntó Kirishima—. ¿Tiene algo que ver con ese chico, el héroe?
—Oye… ¿qué tal va la cosa con Mina? ¿Estáis saliendo oficialmente?
Kirishima se llevó una mano al pelo y un leve sonrojo apareció en su rostro.
—Sí, ella me lo pidió a la tercera cita. Me dijo que le gustaba desde hacía tiempo. Oye, pero ¿por qué desvías el tema?
—No estaba desviando el tema. Solo quería saber qué… qué se siente al querer a alguien de esa manera.
El pelirrojo enarcó una ceja.
—¿Por qué me preguntas eso? No es propio de ti. Deja de darle vueltas al asunto y dime de una vez qué es lo que ha pasado.
Katsuki bebió un sorbo de su zumo.
—Me he acostado con Deku —dijo finalmente.
—Oh… —dijo Kirishima—. Me gustaría decir que me sorprende, Bakugo, pero la verdad es que se notaba que te gustaba. Pude verlo en la fiesta en la que bailasteis juntos. Me sorprende algo más que él haya aceptado. ¿Y cuál es el problema de todo esto?
—El problema es que ahora no responde a mis llamadas. No sé nada de él desde que se fue de la casa de campo.
—¿Se enfadó cuando te marchaste después del sexo? Siempre te pasa. Deberías estar acostumbrado.
Katsuki respiró hondo y miró hacia otro lado.
—La verdad es… que no me marché.
Esto sí que sorprendió a Eijiro, porque se atragantó con el zumo de frutos rojos y tosió repetidas veces.
—¿Qué? ¿Te quedaste en la cama con él? Nunca antes lo habías hecho con nadie.
Katsuki se encogió de hombros. Tenía el ceño fruncido para enmascarar la vergüenza que sentía en ese momento.
—Tuve ganas de quedarme... —contestó.
Kirishima lo miraba con la boca abierta y los ojos ensanchados. Finalmente, sonrió.
—Bakugo… ¿acaso estás enamorado?
El corazón de Katsuki respingó dentro de su pecho y se pasó una mano por el pelo.
—¿Qué pregunta es esa?
—Una muy sencilla —rio Kirishima—. ¿Estás enamorado de ese héroe?
—Puede que la pregunta sea sencilla, pero la respuesta no lo es tanto. No… No lo sé, Kirishima. No sé qué es lo que me pasa con él.
El pelirrojo soltó una carcajada.
—Si me lo hubieran dicho, no me lo hubiera creído. Jamás hubiera imaginado que te viera enamorado, Bakubro.
—¡No he dicho que lo esté!
—Pero yo puedo verlo. Claramente. Nunca te había visto así por alguien. Eso solo puede significar una cosa…
—Da igual. De todas formas, no me habla.
—¿Qué es lo que ha pasado?
—Llegó Sato y me dijo que no le diría nada a Arata sobre Deku y sobre mí siempre y cuando Deku abandonara la casa. Tuve que decirle que se fuera.
—Oh, ya entiendo. Debe de haber pensado que Sato y tú tenéis algo.
Katsuki levantó la mirada.
—¿Eso crees?
—¡Claro! Si sabe la fama que tienes y te quedas solo con un chico tan guapo como Sato, ¿qué quieres que piense? Dime, Bakugo, ¿le has hablado de tus sentimientos? ¿Le has dejado claro tu interés por él?
—¿Acaso no estaba lo suficientemente claro cuando pasé la noche con él?
Eijiro se llevó una mano a la cara.
—Bakugo, has cambiado más de amantes que de calzoncillos. Obviamente no estaba lo suficientemente claro lo que sientes por él con solo llevártelo a la cama.
—¡Pero con Deku fue distinto que con los demás!
—¡Pero él no lo sabe, tío! ¿Cómo lo va a saber si no se lo dices? Ahora mismo debe pensar que ha sido uno más de los muchos que han pasado por tu cama y que Sato es el siguiente en la lista. ¿Sabe que él y tú os acostasteis durante un tiempo?
—¡No! Bueno… no tendría por qué saberlo. Yo no se lo he contado.
—Tienes que hablar con él y ser sincero.
—Eso quiero, pero no me coge el puto teléfono —gruñó, levantándose de la mesa y sacando el móvil de su bolsillo—. Voy a volver a intentarlo.
El móvil de Izuku volvió a sonar. Ochako había sido testigo de cómo lo había estado encendiendo y apagando cada dos por tres para revisar si tenía nuevas llamadas perdidas o mensajes. Finalmente, le había pedido que fuera a la tienda a comprar algunas cosas para que se relajara. Por supuesto, el móvil debía quedarse encima de la mesa. No hacía más que aumentar la ansiedad de Izuku y Ochako lo sabía. Por suerte, el móvil no había vuelto a sonar… hasta ese momento.
Ochako miró la pantalla. Volvía a ser Bakugo. No supo lo que la llevó a agarrar el teléfono, pero antes de que se diera cuenta, ya había contestado a la llamada.
—¿Deku? —La voz de Bakugo sonaba desesperada, nerviosa.
—No, soy Uraraka. Deku ha salido a comprar.
La voz al otro lado del auricular permaneció callada por unos segundos.
—¿Está en tu casa?
—Sí, ayer me lo encontré en la puerta cuando regresaba de trabajar. Estaba hecho un mar de lágrimas —no pudo evitar que estas últimas palabras salieran con cierto enfado—. No ha querido contarme lo que ha pasado. Cada vez que lo intenta, empieza a llorar otra vez… Te pedí que no le rompieras el corazón.
—Oye, ha sido todo un malentendido, ¿de acuerdo? —su voz sonó dura, con un matiz de dolor—. Izuku… Necesito hablar con él.
—Bakugo-kun, él ahora mismo no quiere hablar contigo. Ha estado evitando tus llamadas.
—¡Lo sé, joder! —masculló—. Mira, no era mi intención hacerle daño, pero quiero arreglar las cosas. ¿Podrías hacerme un favor?
—¿El qué?
—Sé que no contestará a mis llamadas, pero he visto que ha escuchado mis mensajes de voz. Voy a dejarle uno ahora. Por favor, asegúrate de que lo oiga. Si después de eso no quiere hablar más conmigo, no lo molestaré más.
—De acuerdo.
—Gracias —fue lo último que dijo antes de colgar.
Minutos más tarde, Izuku regresaba con un par de bolsas. Parecía más calmado y Ochako se preguntó de si debería romper aquella pequeña tregua diciéndole que Bakugo había vuelto a llamar.
El móvil volvió a sonar, esta vez con un sonido breve que indicaba que acababa de llegar un mensaje de voz. No hizo falta que Ochako dijera nada. Tan pronto como Izuku lo escuchó, se abalanzó hacia el teléfono y lo apretó entre sus manos al ver que era un nuevo mensaje de Katsuki. Suspiró y se llevó las manos a la cara. Ochako se sentó a su lado en el sofá y le acarició los rizos despeinados que caían por su cuello.
—Deberías hablar con él —le dijo—. Las cosas no se solucionan huyendo y tú nunca has sido un cobarde.
Después, depositó un beso en su mejilla y se fue a la cocina para dejarle intimidad mientras escuchaba el mensaje.
Izuku tragó saliva. Sabía que estaba sufriendo a lo tonto, pero cada vez que llegaba un mensaje de Katsuki su cuerpo temblaba pensando en el contenido del mismo. Se llevó el móvil a la oreja y reprodujo el mensaje.
Izuku…
El corazón del héroe respingó una vez más al escuchar la voz de Katsuki pronunciando su nombre.
Sé que ahora mismo no quieres saber nada de mí y, la verdad, ni siquiera sé si escucharás este mensaje. Solo puedo esperar que lo hagas. Ayer fui un idiota. Me di cuenta de que te pasaba algo y no te pregunté por qué te sentías mal. Creo que ya sé por qué es, y ahora me he dado cuenta de lo imbécil que fui porque… porque te debería de haber dicho que no quería que te fueras, pero que no tenía más remedio. Tendría que haberte dicho que si me quedaba en esa maldita casa no era por gusto. Tendríamos… tendríamos que haber hablado más, joder. No tuvimos tiempo. Todo pasó tan deprisa que…
Izuku, entre Sato y yo no hay nada. Lo hubo una vez, pero eso se acabó. Sé que es difícil creerme con mi expediente, pero… quiero aclarar las cosas. Quiero que hablemos cara a cara y seamos sinceros el uno con el otro. Sin embargo, aquí no cuenta solo lo que yo quiera…
Cuando estés listo para hablar, si es que alguna vez lo estás, mándame un mensaje o llámame a la hora que sea. Estaré pendiente al teléfono.
Izuku apagó la pantalla del móvil y suspiró.
—Kacchan…
Se levantó y se dirigió a su habitación. Se tiró sobre el colchón boca abajo y volvió a reproducir el mensaje. Se suponía que debía de sentirse mucho mejor después de todo lo que Katsuki le había dicho, y sin embargo seguía sintiendo un peso enorme en el pecho.
—El idiota he sido yo —se dijo.
Había sido un idiota por todo. Primero, por enamorarse locamente de Katsuki y pretender que él le correspondiera de la noche a la mañana. En segundo lugar, por encelarse a la primera de cambio. Y para finalizar, por haber preferido salir huyendo sin escuchar antes la versión de Katsuki.
Había actuado como un crío en cada paso que había dado y ahora lo estaba pagando. ¿Cómo podría volver a mirar a los ojos a Katsuki después de haberse comportado así? Lo amase o no, Katsuki no se merecía que se hubiera cerrado en banda a hablar con él. Lo había preocupado innecesariamente desapareciendo e ignorando sus llamadas. Había puesto sus propios sentimientos por delante de los del rubio.
—Tengo que volver a Shinjuku.
Tenía que enfrentar las cosas como un adulto y un héroe. Tenía que ver a Katsuki, mirarle a los ojos y preguntarle si sentía lo mismo que él. Si la respuesta fuera negativa, le rompería el corazón, pero al menos ya lo sabría y podría comenzar a recoger los pedazos y seguir adelante. Tenía que concienciarse de esa posible respuesta para actuar de una forma madura y serena. Era lo menos que merecía Kacchan.
Una vez que las cosas estuvieran claras entre ambos, podrían continuar con la misión. Porque si una cosa tenía clara era que no pensaba dejar de lado a Katsuki aunque sus sentimientos no fueran correspondidos. Ante todo, era un héroe y ese chico era su amigo. No iba a dejar que unos estúpidos sentimientos se interpusieran en su camino.
CONTINUARÁ...
