Capitulo veinte

Luego de un buen rato, Odette volvió a subir a la oficina. Yui guardaba sus cosas en una caja. Su rostro estaba con el maquillaje corrido y la nariz roja. Al ver a la castaña la furia cubrió sus ojos y casi se tiro encima de ella.

- ¡Todo es tu culpa, zorra de mierda! – le gritó y la de ojos café comenzó a mirar a su alrededor. Las demás secretarias y los ejecutivos presentes abrieron los ojos sorprendidos-

- ¿Qué te pasa? – frunció el ceño y sus mejillas se colorearon de rojo- ¿Por qué me tratas así? –

- ¿Qué está pasando aquí? – Sanzu, quién escuchó los gritos se acercó con una pequeña sonrisa en su rostro. Sabia perfectamente lo que sucedía-

- Yui me está atacando sin razón alguna…- murmuró Odette. Se sentía culpable, sabía que algo había hecho mal-

- Yui ¿podemos hablar un segundo? – Kokonoi abrió el despacho de Mikey, del cual el rubio también salió al escuchar los gritos-

- ¡Váyanse todos a la mierda! Y tú, Kokonoi, metete tus billetes por el culo – finalizó. Agarrando su caja y caminando hacía el ascensor. Mientras lo esperaba todos la miraban de espaldas asombrados-

Mikey les lanzó una mirada de advertencia y pronto todos comenzaron a trabajar nuevamente. Odette suspiró y lamentó que Draken se hubiese ido temprano ese día. Habría disfrutado ver como la enfrentaban.

Caminó hacia el despacho de Manjiro y cerró la puerta tras de sí. Luego, se sentó en su escritorio. El tenia las manos detrás de la cabeza, las piernas estiradas y los ojos cerrados.

- ¿Qué fue eso de allá? – preguntó haciéndose el tonto-

- ¿Qui fui isi di illi? – repitió Odette en forma burlesca- Sabes perfectamente que fue. Fue tu amante despechada –

- ¿Tu crees que tiene razones para estar enojada? – le dijo, abriendo los ojos y acomodándose para tocarle las piernas. La joven llevaba una falda en tabla de tartán rosa que le quedaba sobre la rodilla-

- ¡Oye! – le reclamó, alejándolo con el pie- tu y yo solo somos amigos. Si Yui se puso celosa es por cosas de ella… - sonrío y sin previo aviso, Mikey se paró y la besó-

Si dijera que no sintió nada, estaría mintiendo. La emoción de volver a tocar sus labios más la adrenalina de haber sido increpada tenia sus emociones a flor de piel. Instintivamente lo rodeo con sus brazos y profundizo el beso.

- Oye Mi…- Koko abrió la puerta y ambos se separaron abruptamente. Malditos, siempre los interrumpían. Odette se giró mirando hacia la ventana, ocultando la vergüenza. Manjiro carraspeó-

- ¿Qué pasa Kokonoi? – preguntó, acomodándose la camisa-

- Te traje el finiquito de Yui. Presentó su renuncia y me gustaría que lo firmaras para así mañana mandar a una de las secretarias a legalizar los papeles-

- Que rápido… - murmuró - Si, claro – asintió como si nada hubiese pasado y tomó el documento para firmarlo-

- Gracias – sonrío el de pelo negro y antes de cerrar se despidió-

El viaje junto a Mikey fue silencioso. Ambos intentaban luchar contra los demonios internos que habitaban en su cabeza. Odette tenia tantas preguntas.

- Oye, key…- lo llamó ella, con un apodo cariñoso. El ojinegro giró el rostro para mirarla levemente mientras volvía a enfocar su vista en la carretera- Hoy no tengo tantas ganas de ir a comer… preferiría hacer otra cosa… -

El de ojos negros iluminó su rostro y ella solo comenzó a reír. Quizá que cosa se estaba imaginando don impulsos oscuros.

Se demoraron más de lo esperado, debido a que tuvieron que cambiar la ruta encima. Llegaron a un departamento bastante neutro. Estaba ubicado en un buen sector, pero por lo que Odette sospechaba, Mikey nunca estaba ahí. Y a pesar del espacio, todo se sentía vacío y aburrido. Dejó su chaqueta en el perchero y entró un poco tímida. Cuando volvió a ver a Mikey luego de años, jamás pensó que alguna vez tendría dependencia económica.

- ¿Cómo lo conseguiste? - Le preguntó, mientras recorría el lugar. No era tan espacioso, pero si mucho más grande que el de ella- digo, ni tu ni yo nacimos en cuna de oro. ¿Cómo pudiste hacer tanto dinero? – Manjiro esbozaba una sonrisa mientras llenaba dos copas de vino-

- ¿No te gusta? – le preguntó, alzando una ceja y luego acercándose, entregándole una de las copas –

- Claro que me gusta – le respondió, recibiendo el brebaje y bebiendo un sorbo- Es solo que tengo curiosidad ¿Sabes? Me esforcé por seis años por tener una vida digna y terminé viviendo en un pequeño departamento en Tokyo – volvió a beber, está vez tragado amargo-

- ¿Quieres la verdad? – le dijo y ella asintió con la cabeza, intrigada - No tengo nada de dinero. Soy pobre como una rata – sonrío- Quién hace el dinero es Kokonoi. Yo solamente hago las conexiones y bueno, utilizo mi carisma… -miró su copa y luego le dio su primer sorbo- somos una sociedad. Ellos me designaron su líder y la verdad es que yo no soy nada…- su voz se comenzó a apagar y Odette dejó de lado ambas copas acercándose a él-

- Lo lamento, no pensé que esto te afectaría así. Discúlpame Mikey –

- Esto es realmente… deprimente – soltó, mirando hacía el piso y luego mirándola a ella-

- No seas tonto – murmuró Odette y lo abrazó, juntando su pecho junto al de él. Haciendo que ambos corazones sincronizaran su palpitar-

- ¿Qué opinas del departamento? ¿Te gusta la decoración? – le dijo él, contra su cabello, intentando cambiar el tema y ella negó-

- Le falta alegría… - respondió, apoyando su mejilla en el hombro de él-

- Quizá tu podrías ponerle color y estilo-

- ¿Y si le preguntas a Yui? ella también sabe mucho de estilo – Bromeó, separándose levemente. Ahora ambos se miraban cara a cara–

- Después de la escena que hizo hoy, no creo que quiera verme nunca más –

- Ya fuera de bromas y siendo honestos ¿La querías mucho? – Odette le prestó atención. Esta vez si quería saber con detalle que había sucedido-

- Nos conocíamos hace tiempo, pero nunca llegue a enamorarme de ella – se encogió de hombros y se acercó más, primero acariciándola de apoco y a medida que ella aceptaba, profundizaba la forma de tocarla-

- No hagas esto, Mikey…- murmuró con los ojos cerrados, sintiendo como dejaba besos húmedos por su escote -

Pensó que Mikey seguiría, pero para su sorpresa su siguiente movimiento fue distinto. La hizo caminar un poco y sentarse en el respaldo de su amplio sofá, se agachó a la altura de su entrepierna y le bajó las medias junto a las bragas. Con el tiempo se había vuelto más cuidadoso. Besó sus muslos hasta llegar a su entrepierna, depositando un beso en su clítoris, haciendo que la castaña gimiera suave.

- No quiero que hagamos esto, quiero que hablemos – le dijo, claramente siendo contradictoria entre su deseo real y lo que quería que el creyera que quería-

- Podemos hablar así … - le susurró contra su entrepierna y ella se estremeció al sentir su lengua recorrerla-

- Mikey… yo … -

Perdió todo tipo de raciocinio como cuando era una adolescente y se dejó abandonar por las emociones. Apretando el rubio cabello, mientras sus pezones se disparaban, sus caderas se movían y su cara enrojecía. Uno de los mejores orgasmos que había tenido en el último tiempo.

- Tan deliciosa como lo recordaba…- le dijo Mikey, mientras se levantaba y depositaba un beso en sus labios. Inmediatamente comenzó a desabrocharse el pantalón al tiempo que buscaba en la parte trasera de la prenda y sacó un preservativo. Luego de colocárselo golpeó su entrada dos veces e intentó entrar en ella –

- No… - lo detuvo la castaña mientras cerraba las piernas. El rubio la miró sin entender y ella le tomó la cara entre las manos- no quiero que me folles como a cualquier mujer… quiero si lo vamos a hacer, sea especial –

Odette sabía que un hombre sería capaz de decir cualquier cosa por follar, pero a pesar de que podría ser una mentira, quería escuchar esa mentira de la boca de Mikey y soñar por una vez con que realmente quería estar a su lado.

Mikey asintió y le tomó la mano. Odette se acomodó la ropa interior y caminó junto a el hasta su dormitorio.

- Estoy nerviosa… - murmuró la castaña mientras Mikey se subía encima de ella. Ambos se habían desnudado en un abrir y cerrar de ojos –

- No me digas que es tu primera vez… - bromeó el, acomodándose en su entrada y le besó la sien, entrando de una vez- también estoy nervioso…-

- Ouch… - se quejó ella y él paró, besando sus labios suavemente-

- ¿Te he hecho daño? – su rostro denotaba preocupación genuina. Odette negó con la cabeza, despejando el cabello de su rostro y lo volvió a besar, apreciando el momento – me moveré ¿está bien? –

La de ojos café asintió y en cuanto el empujó más dentro de ella, solo pudo tirar su cabeza hacía atrás, apreciando el placer.

- Mikey…- gemía ella contra su oreja, mientras el empujaba cada vez con mayor intensidad- te amo – le soltó entre embestidas y sintió como su cuerpo se congelaba un segundo. Había sido capaz de decir lo que no había nacido jamás decirle a Mitsuya. Ni con todo el esfuerzo del mundo, con Mikey había sido natural-

Manjiro o decidió ignorarla o no escuchó lo que le decía, pero simplemente siguió empujando hasta que ambos llegaron a sus propios orgasmos.

Se encontraban desnudos en la cama, haciendo cucharita. Mikey abrazaba a Odette por la espalda, mientras besaba su cabeza. Ella jugaba con las manos del rubio.

- ¿Te quedarás conmigo, esta noche? – le preguntó él, contra el castaño cabello-

- ¿Quieres que me quede está noche? – le respondió ella y giró su cuerpo, para mirarlo a los ojos. No se arrepentía de lo que le había dicho, pues se lo dijo con todo su corazón-

- Solo si tu quieres quedarte…- le susurró contra sus labios y la besó tiernamente-

- En ese caso, creo que es mejor que me vaya… - le dijo, acomodándose y tapándose con la sábana gris de satín que tenía el chico en su cama-

- No… - le tomó la mano él, tirando para que quedara encima suyo. Le despejó el cabello del rostro y volvió a besarla, ahora con mayor pasión, para luego abrazarla- No me dejes – murmuró contra su cuello-

- Tranquilo, me quedaré por hoy si eso está bien para ti-

Mikey sacó el rostro de su cuello y la miró a los ojos. Estaban aguados. Claramente se aguantaba las ganas de llorar. No importaba el tiempo que pasara, siempre sería un chico vulnerable.

- No, no – negó con la cabeza- me refiero a… no te vayas nunca– soltó de la nada. Sorprendiéndola de sobremanera –

- Yo… eh…- la castaña comenzó a titubear claramente asombrada –

- Te amo – le dijo, girando con ella, quedando encima y le quitó la sábana que la cubría, comenzando a besar su cuerpo, partiendo por su barriga – te amo – subió por sus costillas y luego a sus pechos – te amo – hasta llegar a sus labios- te amo

La confesión de Mikey le había llenado tanto el corazón como la cabeza de diversas emociones y por mucho que se le inflara el pecho de emoción, no podía estar con él. No importaba que sucediera. Mientras viviera una vida deshonesta, mientras no se tratará la cabeza y no mejorara como persona, no tenían un futuro juntos. Pero aún y todo su cabeza si barajaba la posibilidad de estar con él. Aún queriendo, no podía dejarlo.

- ¿Es en serio, Mikey? – le susurró, abrazándolo con todas sus fuerzas, queriendo retenerlo junto a ella por siempre, aun sabiendo que toda esta ilusión no duraría-

- Lo prometo – le respondió el, también en susurros, como si tuvieran miedo de que alguien más los escuchara y volvió a entrar en ella, está vez, con mucha delicadeza-

Odette miraba la ventana de su departamento mientras fumaba un cigarrillo normal. Kazutora le veía mientras se comía un Sandwich que le había preparado la castaña.

- ¿Qué es lo que crees que quiera Mikey realmente? – le preguntó por fin. La llamó indicándole que necesitaba ayuda en algo y ella lo había recibido amablemente –

- No lo sé – se giró, encogiéndose de hombros y se sentó juntó a él- la verdad, no sé ni porque me dejó entrar a trabajar con el desde el inicio…- dijo, botando un poco de humo por su boca-

- Yo sí – murmuró el bicolor y mascó un poco de su pan-

- ¿Cómo que tú sí? – La castaña se acomodó, mirándolo fijamente y apagó el cigarrillo –

- Bueno… - sonrío Kazutora y se rascó la nuca- Mikey trabaja con constructoras ¿eso lo sabes, ¿no? – La de ojos marrones asintió y mordió su labio superior- Bueno, alguien de ese rubro quería saber de ti y el hobbit este lo ayudó –

- Alguien de ese rubro… - murmuró ella y luego frunció el ceño- ¿Por casualidad el nombre de ese alguien es Sutemaru Watanabe? –

- ¡Si! ¡ese mismo! ¿Lo conoces? – dijo el bicolor emocionado. Había dejado su sándwich de lado y sonreía- como sabes, yo y Sanzu aún nos juntamos a consumir alguna que otra cosita y me pidió ayuda con algunas cosas, nada ilegal – le aclaró, como si consumir sustancias ilícitas fuese algo honesto - a cambio le pregunté porque Mikey te había pedido trabajar para él -

- Kazutora eres un imbécil, en serio – Los ojos de Odette habían cambiado, si fuese un ser sobrehumano habrían estado llenos de fuego-

- ¿Qué sucedió ahora? – dijo el chico, extrañado y un poco asustado-

- ¿Sabes cual es mi puto apellido? –

- ¿no…? – Kazutora frunció el ceño pensando. Odette no tenía rasgos japoneses y recordaba que era mitad francesa ¿Cuál era el problema? -

- ¡WATANABE! – Gritó y una ampolleta imaginaria se iluminó en la cabeza del muchacho-

La chica comenzó a respirar profundamente, intentaba no perder la calma, pero quería romper todo. Sabía que Manjiro trabajaba con Sutemaru, pero había pensado que era algo fortuito no que todo había sido producto de una planificación.

Se acercó al fregadero y tomó un vaso de agua lentamente. Intentaba armarse de valor antes de volver a hablarle a Kazutora.

- Tora… - lo llamó más tranquila luego de tragar el último sorbo del agua- ¿Esto significa que Mikey planificó todo? –

- No, no – movió las manos indicando que no era así pero luego comenzó a pensar- bueno, sí. Pero no como crees, verás… cuando lo fuiste a ver... – el actuar del chico demostraba lo nervioso y ansioso que estaba por revertir la situación. Sin saberlo, la había cagado- ¡realmente se sorprendió! Yo no pensé que tendrías la audacia de ir sola, pero olvidé lo cabezota que eras…. –

- Kazutora, dime si esto fue o no fue planificado, deja de darte tantas vueltas –

- Sí – asintió, finalmente derrotado – pero te prometo que hay una explicación para todo…-

- Comete el Sándwich tranquilo. Debo ir a hacer algo- le dijo y el frunció el ceño-

- No me digas que irás con Mikey…-

La castaña no le respondió y solo salió azotando la puerta. ¿Todo este tiempo, el imbécil de Mikey había planificado todo? ¿Tan hijo de puta era que no podía decirle la verdad?