¡Buenas!

Sí, ya estoy aquí... otra vez. ¿Qué puedo decir? Simplemente tenía demasiadas ganas de escribir y he aprovechado antes de que terminen las vacaciones. Ya el lunes vuelvo al trabajo, así que tenía que ponerme manos a la obra. Pues nada, aquí tenéis el capítulo 15. Espero que lo disfrutéis, como siempre. ¡Muchas gracias por vuestros comentarios! Me gusta mucho que comentéis lo que más os ha llamado la atención del capítulo.

¡Nos vemos en el próximo capítulo! (El siguiente sí será, seguramente, dentro de una semana)


CAPÍTULO 15: EL PACTO


—El jefe quiere verte.

Katsuki tuvo un mal presentimiento. Había entrado por la ventana de la habitación para no levantar sospechas después de pasar la noche con Izuku, y aun así, tan pronto como había llegado al hotel, unos golpes habían resonado en su puerta y uno de los hombres de confianza de Arata le había dado aquel mensaje. Lo que quería decir que lo habían estado esperando. Sabían que no se encontraba en el hotel y habían estado atentos a su llegada.

Caminó tras el hombre que había ido a buscarlo. Era un cuarentón de pelo engominado que solía ver cerca de Arata. Por su cabello rubio y sus ojos azules podía asegurar que era extranjero. No recordaba su nombre, pero en esos momentos poco importaba. Tenía un nudo en el estómago. Algo le decir que iba hacia la boca del lobo.

El extranjero llamó a la puerta y Arata les dio permiso para pasar. Como siempre, se encontraba junto a su escritorio. Un puro humeaba en el cenicero. Con una mano, atendía una llamada en el teléfono y con la otra bebía de una copa de licor. El hielo tintineó en el cristal cuando dejó el vaso vacío encima de la mesa. Katsuki se sintió asqueado de solo pensar en beber alcohol a esas horas de la mañana.

Con un movimiento de mano, le indicó a Katsuki que se acercara y tomara asiento. El extranjero se quedó a unos pasos por detrás de él, por lo que el rubio se sintió doblemente tenso. Arata colgó el teléfono y tomó una calada de su puro.

—Buenos días, Katsuki.

El chico gruñó. Odiaba que lo llamara por su nombre con ese tono paternal. Le resultaba repulsivo.

—¿Has dormido bien? —le preguntó.

Katsuki entrecerró los ojos. Era una pregunta trampa.

—Sí —masculló.

Arata clavó sus ojos en él.

—¿Dónde has pasado la noche, Katsuki? —Esta vez fue más directo.

—He estado con un chico —admitió—. ¿Algún problema con eso?

—Oh, por supuesto que no. Eres joven y tienes derecho a divertirte. El problema no es lo que haces, sino con quién lo haces.

Katsuki apretó los puños e intentó mantener cara de póker cuando el corazón le dio un vuelco.

—¿Vas a controlar ahora con quién me acuesto? —preguntó, intentando mantener una postura altiva.

Arata mostró una sonrisa felina.

—No hagas como que no sabes de lo que te estoy hablando, Katsuki.

—Es que no sé de lo que estás hablando.

—Miente —sonó la voz afilada del extranjero a su espalda.

Katsuki lo fulminó con la mirada.

—Oh, sí, permíteme que te presente formalmente a mi mano derecha —dijo Arata, señalando al hombre—. Su nombre es Thomas Hill y tiene el don de captar las mentiras que dicen los demás solo con escuchar su tono de voz y la vibración de sus cuerdas vocales. Cada vez que mientas, el señor Hill lo sabrá. Así que… ahora que tenemos las cartas sobre la mesa, supongo que podemos hablar con sinceridad y sin rodeos, ¿no te parece?

Katsuki ya no podía aguantar más la compostura.

—Tch, ¿tú quieres sinceridad? ¿Precisamente tú, que nos borraste la memoria a mis amigos y a mí, nos secuestraste y nos alejaste de nuestras familias? ¿Tú quieres sinceridad? Pues bien, aquí la tienes: eres un maldito hijo de puta.

Arata soltó una sonora carcajada. Apagó el puro en el cenicero y se levantó para dar la vuelta a la mesa y quedar más cerca de Katsuki, quien se levantó de un salto tan pronto como lo tuvo a unos centímetros de él.

—Por fin podemos hablar claro, ¿no es así? —le dijo—. Me gusta esa actitud tuya. Esa fuerza, ese arrojo, pero sobre todo ese poder tuyo tan destructivo y poderoso. Siempre me gustó, desde que te vi en el Torneo de la UA, y supe que te quería en mis filas. Supongo que, si sabes que borré tu memoria, también habrás descubierto parte de tu pasado, ¿no es así?

—No todo lo que me gustaría.

—¿Quieres que te devuelva tus recuerdos, Katsuki? Puedo hacerlo. Solo tengo que tocarte la cabeza —dijo, alzando la mano.

Katsuki se la apartó de un manotazo. Hill hizo el amago de avanzar hacia él, pero Arata se lo impidió con un mero gesto de su mano.

—¡No me toques! —exclamó, fuera de sí—. ¡No voy a caer en tus sucios trucos!

—No habrá trucos, te lo aseguro. Sé que a veces juego sucio, pero compréndeme: mandé a mis hombres por las buenas cuando te encontrabas en el segundo curso de tus estudios de héroe. Te pedí amablemente que te unieras a mí y te negaste. ¿Qué más podía hacer?

Katsuki sonrió de forma incrédula. La rabia y la frustración rezumaban por cada poro de su piel. Quería matarlo. Quería ponerle la mano en la cara a ese hijo de puta y explotársela de un solo disparo. Pero sabía que, si lo hacía, sus pocas oportunidades de conseguir un futuro se irían por la borda. Acabaría muerto a manos de los hombres de Arata o encarcelado por asesinato.

—¿Qué vas a hacer ahora que lo sé todo?

—Ofrecerte un trato.

Katsuki enarcó una ceja.

—¿Qué?

Arata se sentó sobre el escritorio y encendió un nuevo puro.

—Sí, un trato. Podría borrar tu memoria una vez más y comenzar de cero, pero me temo que eso será muy trabajoso y no estoy para perder más el tiempo. Así que te ofrezco un trato: tus amigos a cambio de ti. Si decides quedarte y seguir trabajando para mí, le devolveré todos sus recuerdos a tus amigos y los dejaré marchar sin ningún tipo de consecuencia.

El joven frunció el ceño, receloso.

—¿A todos?

—Sí. A Kirishima, Ashido, Sero, Jiro y Kaminari. Todos podrán volver a sus vidas pasadas. Y en cuanto a ti, no volveré a tocarte. Tus recuerdos irán regresando poco a poco, pero tendrás que permanecer a mi lado. No hace falta que sea aquí. Te daré una casa propia, si lo que quieres es intimidad. Pero tendrás que seguir trabajando para mí.

—¿Por qué tendría que conformarme con ser un villano toda mi vida cuando estaba a punto de convertirme en un héroe? —masculló, controlándose para no alzar la voz.

Arata suspiró.

—Katsuki, tú nunca tuviste madera de héroe —soltó. El chico respingó—. Tenías todo para serlo: fuerza, valentía, poder… Todo menos una cosa: corazón. Tu corazón nunca fue el de un héroe, sino el de un villano. Yo lo vi. Solo te interesaba el poder, ser el más fuerte, el más temido, el mejor de todos. Y yo te lo concedí. Nunca te interesó salvar a las personas. Nunca te comportaste como un héroe.

—¡Eso no es verdad!

—Ah, ¿no? ¿Quieres que te enseñe algunos recuerdos? ¿Quieres que te enseñe el maltrato al que sometías a tu amigo el héroe?

El corazón de Katsuki se encogió. A su mente llegó el sueño que había tenido la noche en la que había besado a Izuku por primera vez. Recordó cómo su yo adolescente había agarrado a un Izuku también adolescente por la ropa y lo había golpeado contra la pared violentamente mientras le pedía explicaciones sobre su ingreso en la UA.

Tragó saliva. Quería convencerse de que había sido un sueño. Solo un sueño. Pero en el fondo sabía que Arata estaba diciendo la verdad.

El mafioso vio su momento de debilidad y se acercó de nuevo a él.

—Déjame que te lo enseñe —le sugirió—. Será solo un toquecito. No sería suficiente para borrarte la memoria aunque quisiera.

Katsuki apretó la mandíbula y asintió casi imperceptiblemente. Arata alzó su dedo índice y tocó la frente de Katsuki durante un par de segundos. Pronto, se vio abrumado con todas las imágenes y escenas que volvían a su cabeza como si nunca se hubieran marchado. Volvía a verlas, nítidamente, como si hubiesen ocurrido hacía unos instantes. Se vio a sí mismo desde pequeño maltratando a Izuku, inventando un cruel apodo para él, llamándolo inútil.

Habían sido amigos durante mucho tiempo. Siempre jugaban juntos. Izuku lo seguía a todas partes con sus grandes ojos brillantes. Era un poco torpe, y Katsuki se reía de él, pero nada comparado con lo que vendría después.

Todo comenzó con un empujón después de saber que Izuku jamás tendría un quirk. Al empujón le siguió un puñetazo, después una patada en el estómago y finalmente utilizó su propio poder contra él. Y a pesar de todo, Izuku siempre le miraba de cerca, le seguía, le admiraba. A veces lo encontraba en un rincón llorando e intentando ocultar las quemaduras de sus brazos antes de volver a casa.

Las imágenes se repetían constantemente. Las palabras hirientes salían de la boca de Katsuki cada vez que podía y el héroe las asumía intentando mostrar entereza. Intentaba convencerlo de que era un inútil, de que no servía para nada y de que nunca podría llegar a convertirse en héroe. Todo a causa de su propia debilidad. Cada vez que veía cómo Deku se interponía entre él y una persona más débil y le plantaba cara le hervía la sangre. Lo veía temblando, con las lágrimas saltadas, deseando salir huyendo, y sin embargo nunca lo hacía. Siempre se plantaba ante él y defendía lo que creía correcto. Era en esos momentos en los que Katsuki podía ver ese corazón de héroe que decía Arata, ese corazón de héroe que él nunca tendría porque era un abusón y su fuerza y poder estaba por encima de todo.

Al final, siempre era él el que ganaba en una lucha totalmente desequilibrada a su favor, y Deku acababa tendido en el suelo con moratones y quemaduras por todo su cuerpo. Siempre se preguntó qué es lo que le diría a su madre cuando descubría esas heridas. Un día, se dio la vuelta un segundo mientras se marchaba del parque en el que había tenido lugar otro de sus enfrentamientos con el chico de ojos verdes para defender a otro niño. Su corazón se encogió cuando vio cómo se levantaba y mostraba una sonrisa al otro chico, que había quedado ileso gracias a él. Se preguntó cómo podía sonreír así después de lo que le había hecho.

A partir de ese día, decidió que no volvería a maltratar a Deku, al menos no físicamente. Se dedicaría a amargarle la vida únicamente de forma verbal. Lo humillaría, lo insultaría, incluso le diría que se tirara desde el tejado, pero no volvería a ponerle una mano encima a ese chico. Aun así, el maltrato psicológico al que lo sometió duró años, hasta que ambos comenzaron en la UA.

Sí, efectivamente y tal y como había recordado anteriormente, Katsuki le había salvado la vida a Izuku, y después de eso le había pedido perdón por todo lo que había hecho, pero… ¿había sido eso suficiente para enmendar sus errores de todos esos años?

—Sabes que todos estos recuerdos llegarán también a la mente de ese héroe, ¿verdad? —le dijo Arata, haciéndole despertar de sus pensamientos. Katsuki palideció—. Dime, Katsuki, ¿crees que Deku te amará después de recordar todo lo que le hiciste?

El corazón de Katsuki empezó a acelerarse y su respiración se agitó. ¿Qué pensaría Izuku de todo eso? ¿Cómo reaccionaría al conocer su verdadera naturaleza? ¿Qué haría, qué le diría?... ¿Cómo le miraría?

Sus manos temblaron.

—No importa —murmuró. Arata escuchó con atención—. No importará si después de esto no me ama más. Le conozco lo suficiente para saber que no me dejará tirado. Él… siempre pone el bienestar de los demás y su deber de héroe por encima de todo… Aunque aceptara tu trato, él nunca se rendiría conmigo…

Arata se llevó la mano a la barbilla, pensativo.

—En ese caso, tendremos que buscar una manera de que deje de molestar. ¿No te parece?

—¡No te atrevas a hacerle daño! —rugió Katsuki.

—Si no quieres que le haga daño, tendrás que apañártelas para que se aleje de ti. Mis amenazas no surtieron efecto con él la última vez que le pedí amablemente que se fuera de Shinjuku.

—Amablemente —repitió Katsuki con sarcasmo—. ¿Dejarle un ojo morado fue lo más amable que pudiste ser?

—Podrás averiguar lo amable que puedo ser si no consigues que ese chico se largue y no vuelva más—. Esta vez la amenaza había sido clara.

Katsuki apretó los dientes.

—¿Qué quieres que haga?

—Llámalo —ordenó—. Queda con él en un lugar en el que podamos vigilaros de cerca para evitar tonterías. Dile cualquier cosa que haga que no vuelva a molestarnos. Me da igual el qué. Si quieres, rómpele el corazón. Esa decisión te la dejo a ti.

—¿Cómo sé que cumplirás tu promesa de dejar marchar a los demás?

Arata le hizo una señal a Hill para captar su atención.

—Llama a Kaminari, Kirishima, Ashido, Jiro y Sero. Terminemos con esto cuanto antes—. Hill asintió y salió de la habitación diligentemente—. Bien, ahora llama a ese héroe y, después, dame tu móvil. No me gustaría que intentarais algo a mis espaldas. No sería conveniente para ninguno de los dos, ¿verdad, Katsuki?


Izuku ya había hecho varias llamadas cuando los recuerdos llegaron a su mente. Había hablado con All Might y le había explicado toda la situación. Después, había llamado a las agencias donde trabajaban sus antiguos compañeros de la UA y había contactado con Uraraka, Iida y Todoroki. En varias agencias le habían dicho que necesitaban pruebas contra Arata para poder actuar, pero eso no suponía ningún problema. Tenía toda la información de los archivos de la UA que confirmaban las identidades de Katsuki y de sus amigos. Eso era más que suficiente para abrir una investigación mayor y entrar en acción tan pronto como pudieran planificar algo en conjunto todos los héroes que estaban dispuestos a participar en la misión de rescate.

Quedó a la espera de la llamada de All Might, que había prometido hablar con los profesores de la UA. Acababa de colgar la llamada cuando sintió un pinchazo en el pecho que lo hizo estremecerse. De repente, todos los recuerdos que había recuperado Katsuki llegaron a su mente en un torrente de imágenes imposible de controlar. Se apoyó contra la pared mientras asimilaba todos aquellos sucesos y entonces saltaron todas las alarmas: algo había pasado. No era normal que hubiera recuperado esos recuerdos de golpe. Algo le había pasado a Katsuki.

—Kacchan…

Después de revivir esas imágenes, Kacchan debía de sentirse terriblemente culpable. Estaba a punto de marcar su número, cuando entró una llamada. Era él.

—¿Kacchan? ¿Estás bien? ¿Qué…?

—Deku —lo interrumpió. La seriedad de su voz y que volviera a llamarlo por su apodo hizo que su mal presentimiento se incrementara—, tenemos que hablar.

—De acuerdo… ¿Vienes a mi casa?

—No —sentenció—. Es mejor que nos veamos en otro sitio. ¿Conoces el parque que hay junto al centro comercial de la calle Matsuyama?

—Sí.

—Bien. Nos vemos ahí en media hora.

Y colgó. Izuku tragó saliva. Algo iba mal. Muy mal.

Corrió a su armario y se cambió de ropa tan pronto como pudo para salir corriendo hacia el parque. Prefirió no usar sus poderes para no llamar la atención, y sin embargo, todo el mundo se giraba al verlo pasar corriendo con la cara desencajada. No podía evitarlo. En ese momento estaba asustado de lo que pudiera pasar. Muy asustado.

Cuando llegó a su destino, Katsuki ya se encontraba allí. Se acercó y tuvo el impulso de lanzarse hacia él para abrazarlo, pero Katsuki lo detuvo con una mano en alto.

—Kacchan… ¿qué ocurre? —preguntó con un hilo de voz.

—He venido a despedirme, Deku.

Izuku palideció.

—¿Qué?

—He hecho un pacto con Arata. Soltará a todos: a Kirishima, Kaminari, Sero, Ashido y Jiro. Les devolverá la memoria y podrán volver a sus vidas. Todo a cambio de que yo me quede con ellos y siga trabajando como villano.

—¡Pero, Kacchan, tú no quieres eso! ¡No puedes sacrificarte a ti mismo por los demás! ¿Qué hay de tu futuro? ¡Tú quieres ser un héroe!

—Dadas las circunstancias, creo que es lo más heroico que podría hacer —comentó con un atisbo de dolor y frustración en su voz.

—¡Eso no es heroico, es estúpido! —exclamó Izuku—. ¡Un verdadero héroe nunca se rendiría! ¡No se dejaría chantajear!

Katsuki sonrió de lado y se acercó unos pasos más a él.

—Has recordado lo mismo que yo, ¿verdad? —le preguntó—. Si es así, te habrás dado cuenta de que yo jamás podría ser un héroe.

—¡Todo eso ya no importa, Kacchan!

—Te maltraté durante años, Deku.

—¡Todo eso está en el pasado! —dijo, agarrándolo de los brazos para hacerlo entrar en razón—. Tú ya no eres así. No dejes que Arata te manipule con algo que pasó hace años —suplicó—. Eres un héroe.

—No lo soy.

—¡Me salvaste!

—Deku, por favor, no lo hagas más difícil —le pidió, agarrando sus manos y soltándose de su agarre—. Solo he venido a despedirme y a pedirte que no vuelvas a buscarme nunca más.

—No puedes pedirme eso, Kacchan. ¿Acaso lo de anoche no significó nada para ti? ¡No puedes pedirme que simplemente lo olvide! ¡No voy a abandonarte, Kacchan! ¡Esto no es lo que quieres! ¡Sé que no es lo que quieres! ¿Por qué te estás rindiendo? ¡Tú nunca te rindes! ¡Yo no…!

—¡Deku!

—¡No me voy a callar! ¡No puedes…!

Iba a agarrar a Katsuki de la mano cuando el rubio le dio un empujón que lo hizo trastabillar y caer de culo. Katsuki levantó la mano, dispuesto a lanzar una explosión. Izuku se cubrió la cara con uno de sus brazos. Escuchó varias explosiones que se sucedieron una detrás de otra. Cuando acabaron e Izuku se atrevió a descubrirse, se dio cuenta de que Katsuki había apuntado a sus pies sin llegar siquiera a rozarle.

Alzó la mirada y se encontró con algo que le heló la sangre y le paró el corazón. Katsuki lo miraba con ojos suplicantes y un rictus de terror. Tenía la mandíbula y los puños apretados. Había algo que quería decirle y no podía. Se lo estaba haciendo entender con los ojos.

El humo de las explosiones se difuminó y pudo ver los huecos que habían dejado las explosiones en el suelo. Se dio cuenta de que formaban un dibujo irregular. Sus ojos se ensancharon: era un kanji. El kanji de la palabra "promesa".

—¡ALÉJATE DE MÍ, DEKU! ¡NO QUIERO VOLVER A VERTE! ¿ME HAS ENTENDIDO? —le gritó Katsuki, y por fin Izuku lo entendió todo. Había alguien vigilándolos. Había alguien analizando cada reacción y cada palabra de Katsuki para después poder contárselo a Arata.

Izuku lo miró a los ojos y asintió imperceptiblemente. Quería decirle que había entendido lo que quería decirle, que sería fiel a su promesa y no dudaría de él ni un instante. Pero sobre todo, quería decirle que continuaría con el plan y que no lo abandonaría jamás.

Katsuki pareció darse por satisfecho con su reacción, porque se dio la vuelta y salió del parque sin volverse a mirarlo. Izuku esperó unos minutos para levantarse. Con los pies, echó arena sobre el kanji que Katsuki había escrito sobre la arena simulando patear la tierra con frustración. Después, salió de allí vigilando que nadie lo siguiera.

Metió la mano en su bolsillo y apretó su móvil. Tan pronto como llegara a casa, llamaría a All Might. Tenían que acelerar los planes y comenzar la misión de rescate cuanto antes.


Todavía no había llegado a su casa cuando sonó su móvil de nuevo. Katsuki lo estaba llamando. Tomó aire y lo soltó despacio. Había algo raro en todo ese asunto. Si realmente lo tenían vigilado, ¿cómo era que lo estaba llamando?

—¿Kacchan? —contestó.

Pero la voz que respondió no fue la de Kacchan, sino una mucho más adulta y siniestra.

—Me temo que no soy "Kacchan". Aun así, espero que no tengas inconveniente en hablar conmigo, Deku.

Izuku intentó calmar los latidos de su corazón para que su voz no sonara temblorosa. Le habían quitado el teléfono a Kacchan. Solo esperaba que no le hubieran hecho daño.

—¿Eres Arata? —adivinó.

—Veo que ya me conoces. Supongo que Katsuki te ha hablado de mí.

—¿Dónde está Kacchan?

—Tranquilo, Deku, Katsuki está bien. Pero no es de él de quien quiero hablar. Te has estado entrometiendo en asuntos que me afectan directamente y, como podrás comprender, eso no me ha gustado.

—¿Qué es lo que quieres?

—Verás, Deku, aquí la cuestión no es lo que quiero yo, es lo que quieres tú. Y si lo que quieres es que tu madre viva un día más, irás a donde te indique.

El corazón le dio un vuelco. Al otro lado del teléfono, la voz de una mujer lloraba y suplicaba que no le hicieran nada a su hijo.

—¡Izuku, Izuku, no vengas, por favor! ¡No vengas!

—¿Mamá? ¡Mamá!

Los ojos de Izuku se llenaron de lágrimas. Su peor pesadilla se estaba cumpliendo. Recordó el sueño en el que tiraban a su madre desde la borda de un barco y pedía ayuda hasta que se ahogaba. Por su mente pasaron toda clase de horribles cosas que podrían hacerle a su madre y empezó a hiperventilar.

—¡No le hagáis daño a ella! ¡No tiene nada que ver en esto!

Sus gritos eran una mezcla de exigencia y súplica. Estaba aterrado. No podía perder a su madre. No quería que le hicieran daño. No a ella, a la mujer más buena del mundo, a la que siempre había estado ahí para él desde que su padre se había ido. A ella no podía pasarle nada.

—Te mandaré la ubicación en un momento. No hace falta que te diga que no quiero ninguna tontería, ¿verdad, héroe? Ya sabes cómo funciona esto. Nada de policía ni héroes secundarios. De otra manera, tu madre lo pagará —fueron las últimas palabras de Arata antes de colgar.

Continuará…