Capitulo veintiuno
Manejó furiosa por la carretera. Recordaba donde era la dirección gracias a su memoria fotográfica y porque había un centro comercial cerca.
Entró a la consejería y le dijo con un tono calmado al conserje que debía hablar con Manjiro Sano. El conserje lo llamó por teléfono y este accedió inmediatamente. No tenía idea lo que se le venía. Cuando finalmente la dejaron entrar su ansiedad bajó. Sí, se sentía miserable y sí estaba molesta, pero tampoco podía dejar que su Ello se sobrepusiera frente a la racionalidad de la vida. Suspiró unos segundos y tocó la puerta.
- Odie – le sonrío él, abriendo la puerta y avanzando para estrecharla entre sus brazos, aspirando su cabello por unos segundos-
- Necesito que me respondas algo y por favor sé sincero conmigo – Mikey alzó una ceja sin entender que sucedía y apoyó su rostro en el marco de la puerta-
- ¿No quieres entrar? Sería más cómodo para los dos…-
- No. No quiero entrar…- murmuró y luego cerró los ojos con fuerza-
- ¿Por qué? ¿Pasó algo? – le dijo él, con clara preocupación en su rostro. Se acercó a ella y le acarició el cabello. Su ceño estaba fruncido y se mordía el labio inferior-
Odette asintió con los labios apretados. Mikey la empujó levemente para que entrara y la ayudó a sentarse. Se alejó por unos segundos y luego volvió con una caja enorme. La castaña frunció el ceño.
- Sé que probablemente ha sucedido algo malo. Sé también que yo estoy implicado de alguna forma – Odette asintió y el sonrío levemente- Independiente de eso, quiero que sepas que una forma de ablandar mis errores es pensar en ti –
La joven lo miró. Al menos con su ingenio había logrado que un poco de su molestia se fuese. Se acomodó en la silla y sin decirle nada se cruzó de brazos, expectante.
- Bueno, sé lo mucho que te gusta el té y también sé lo mucho que me he equivocado… - sonrío nervioso- por esa razón, he comprado esta caja, la cual está llena de diversos tipos de té para que cada vez que quieras venir… tu –
Quería llorar. Quería abrazarlo. quería golpearlo y también quería decirle que era el imbécil más lindo al que jamás había conocido. Pero no podía. Había ido por una razón y debía ser sincera consigo misma.
- Mikey… ¿tu… planeaste todo desde el principio? –
El rubio abrió la boca un tanto sorprendido sin saber cómo responder correctamente a eso. La castaña se sentía dolida y él no sabía bien cómo manejarla.
- Sí – admitió por fin luego de unos segundos de silencio. Y ella solo puso soltar un suspiro de frustración. Las lágrimas comenzaron a desbordarse por sus ojos. No sentía rabia, al contrario, era decepción-
- Vale…- asintió y se levantó rápido de ahí, caminando hacía la puerta con rapidez-
- Odette, te prometo que puedo explicar lo que ha sucedido- Dijo, intentando acercarse, pero ella puso su mano entre medio, creando una distancia-
- Por favor, necesito espacio…-
- Pero…-
- Mikey… - le dijo ella, apretando los labios. Conteniendo el nudo que se había formado tanto en su garganta como en su cabeza-
Solamente pudo llorar con tranquilidad cuando entró a su auto. Mikey la había seguido, sin respetar su solicitud, pero ella fue más rápida y emprendió camino hasta el primer local que estuviera abierto a esas horas de la noche.
No se presentó en el trabajo al día siguiente, ni nunca más. Envío su renuncia con Draken, alegando que no tenía nada que volver a hablar con Mikey.
¿Qué era lo que tanto le dolía? El engaño. Utilizó su esfuerzo para hacer algo positivo por alguien a quien adoró en su adolescencia. Realmente quería ayudar a Mikey. Creía en que necesitaba ser salvado y creía en sus amigos cuando le decían que todo andaba mal. Jamás pensó que de todas las personas en el mundo a la que le mentiría seria a ella. A quién engañaría y usaría para sus propósitos.
Pasaron aproximadamente tres semanas hasta que volvió a verlo. No quería saber nada de él, pero como el buen tóxico que era, había movido todos los hilos posibles para saber en donde estaba y si se encontraba bien. Le había intentado dar espacio pues no quería asustarla, pero no estaba pudiendo más, la necesitaba junto a él.
Odette caminaba por su barrio. Había ido por un poco de café para poder despertar. Estaba trabajando de manera Online con algunos pacientes que había tenido, así justificando en porque se había encerrado en su casa el último tiempo. Esperaba a Draken, quién se había hecho un espacio para poder ayudarla a cambiar las cerraduras de su hogar. Estaba en proceso de cambiarse de casa. No quería participar en nada más de la Toman, pero mantenía un trato cordial con sus antiguos miembros.
Iba tranquila, casi llegando a su departamento cuando nada más ni nada menos que Manjiro Sano la interceptó.
No se venían hace un tiempo y el sentimiento que creía apagado seguía ahí. Su corazón se aceleró con fuerza cuando pudo verlo. Tenía una leve barba, su cabello estaba más largo de lo normal y se veía desaliñado. Casi como la primera vez que se habían encontrado.
- Mikey…- murmuró cuando lo vio parado como un pequeño pajarito, esperándola-
- Odie…- susurró el, acercándose sin permiso, estrechándola entre sus brazos-
- ¿Qué te ha sucedido? – le dijo, recibiendo el abrazo-
- ¿Podemos hablar un segundo? – Ella lo miró sin decir nada por un tiempo y el volvió a hablar- Por favor, déjame explicarme, te prometo que tengo razones para lo que hice ¿Podemos subir a hablar? –
- Yo…- mordió su labio con nerviosismo y luego soltó aire en forma pesada- Si, sí. Vamos-
No quería hacerlo, no quería hablarle, pero el chico se merecía una oportunidad. Debía darle el espacio para que se explicara y pudiese decirle lo que tanto le carcomía por dentro.
Entraron al departamento en completo silencio. Odette dejó su café de lado y comenzó a calentar agua en el hervidor. Hacía frío, sabia que el lo agradecería. Colocó unas galletas en un plato y se sentó a su lado. Prendió un cigarrillo por los nervios y miró la hora. Aún le quedaban cuarenta minutos antes de su primera sesión del día.
- Tu dirás, Manjiro…- dijo ella, dándole el pase segura. él en cambio se veía distante y apagado. En otro mundo-
- Lamento lo que sucedió Oddie – comenzó hablando con la voz ronca. Sus codos estaban apoyados en sus muslos y su mirada agachada- lamento que te hayas enterado por otros lados lo que hice… -
Evitaba mirarla a toda costa, por lo cual la castaña apagó el cigarrillo en el cenicero y se agachó en frente de él. Despejó el cabello de su rostro y pudo mirarlo como jamás lo había visto. Con lágrimas. Le acarició la mejilla. Mikey le tomó la mano y se la besó. Luego, con sus propias manos tomó las de ella y prosiguió.
- Sé que lo que hice estuvo mal. Lo sé. No hay justificación en ello, pero nunca dejé de quererte ¿sabes? – la castaña se alejó un segundo para buscar una servilleta y se la pasó, así el rubio se podía limpiar la nariz y el rostro. Ella volvió a su posición de cuclillas frente a él y Mikey se bajó de la silla, quedando frente a frente, ambos de rodillas- Sutemaru quería saber de ti, él es tu hermano y te extrañaba. Yo… yo no quería que lo perdieras como yo perdí a Shin y a Emma… yo quería que tu no tuvieras que pasar por eso – suspiró pausadamente. Hace un rato había dejado de llorar, pero su rostro se veía vacío- Yo te amo, Odette Watanabe, te amo como jamás he amado a ninguna otra persona en este mundo y daría mi vida por ti si eso te hace feliz. Lamento haberme demorado tanto en darme cuenta…-
Odette lo abrazó instintivamente y buscó sus labios con desesperación. Mikey le correspondió tomándola de la nuca profundizando. En ese momento lo había entendido. No importaba las razones, lo iba a perdonar de cualquier forma.
- Estas – comenzó a decirle el entre besos cortos- han sido… las tres… semanas… más… largas… de… mi vida –
- También las mías – le respondió Odette sonriendo y volviendo a besarlo mientras ambos comenzaban a quitarse la ropa-
- Te extrañé tanto… - susurró Manjiro una vez que la tuvo en el piso, solamente en ropa interior. Se alejó un poco y con ayuda de la joven bajó su calzón suavemente, besándole las piernas en el proceso y acercándose con sus manos a su vagina-
- Mikey… - gimió ella al sentir como el rubio le tocaba aquel punto que tanto placer le causaba- también yo… - murmuró con los ojos cerrados y apretando su labio inferior –
Manjiro se acomodó quedando a su altura, sin dejar de tocarla. Estaba de lado. Con una mano la masturbaba hábilmente y con la otra le acariciaba el cabello y el rostro. Odette al sentirlo abrió los ojos y le tomó la mano, parándolo de su labor. Se giró al igual que él, quedando los dos frente a frente y guío el miembro del joven hacía su entrada, sacándole un suspiro ahogado a ambos.
- No quiero solamente disfrutar yo, amor mío – Le dijo, acariciándole el cabello y dejando besos en su rostro-
Mikey asintió con los ojos cerrados y escondió el rostro en su cuello. Sus embestidas eran lentas pero fuertes. Tenia las pelotas llenas. Solo había estado deprimido sin ganas de nada más.
La fricción del pubis del rubio contra el clítoris de la castaña la estaban llevando a la gloria en pocos segundos. Ella también lo había necesitado muchísimo.
- Mikey… mikey… - gemía contra su oreja, aferrándose a su espalda y su cuello, mientras él la taladraba cada vez más fuerte. Apretando su culo con una mano y levantando con la otra una de las piernas de la joven para profundizar las estocadas- mierda…- mascullaba perdida en el placer, mientras el de ojos negros solamente podía gruñir primitivamente. La cogía dura y profundamente con los ojos cerrados y los músculos tensos-
Y se corrió, con fuerza en su interior. Gruñendo su nombre. Liberando todo lo que tenía acumulado durante semanas. Odette se corrió en un gemido fuerte, soltando unas pocas lágrimas por lo intenso y rápido del momento.
Se quedaron en una extraña posición por algunos minutos mientras ambos esperaban a que sus respiraciones se normalizaran. Había sido fuerte tanto física como emocionalmente para los dos. Mikey fue el primero en hablar.
- No quiero que te alejes de mi nunca más…- murmuró contra su cuello, dejando pequeños besos –
- ¿Es una promesa o una amenaza? – preguntó ella, con una sonrisa en su rostro. Fuese cual fuese la respuesta, a ese punto no le importaba-
- Ambas – le dijo el, en el mismo tono de broma y sacó su rostro del cuello de ella, para besarla nuevamente con ganas. Su teléfono comenzó a sonar y el momento se cortó- Espérame… -
Mikey se levantó. Odette lo miró desde el piso. Era delgado, pero tenía un muy buen culo. Hablaba por teléfono con Sanzu mientras se ponía de lado y ella pudo admirar sus facciones. Era perfecto, se dijo a si misma hasta que sintió como un líquido viscoso comenzaba a bajar por sus muslos.
- Mierda… - susurró mientras veía como el semen del chico bajaba lentamente. No habían usado protección-
Mikey al verla extrañada cortó la llamada y se acercó rápidamente a ella. Tenía el ceño fruncido.
- ¿Qué pasa? – le dijo el, claramente extrañado. Hace un segundo todo estaba bien-
- Hemos sido unos estúpidos –
- ¿eh? –
- ¡No usamos protección! – gimió señalándole su propia entrepierna llena de fluidos-
- Ah… - asintió el aliviado. Había pensado que algo grave sucedía- ¿Y eso qué? Tendremos los bebés más hermosos del mundo –
Y Odette lo quiso matar, pero de alguna forma no le importaba, pues sabía en el fondo de su corazón que desde el primer día que se enfrentó a él y por mucho que lo hubiese negado, su futuro estaba predeterminado al de Manjiro Sano.
